martes, 12 de junio de 2018

LUIS RAMOS DE LA TORRE. EL SACRAMENTO DE LA MATERIA

El sacramento de la materia
Poesía y Salvación en Claudio Rodríguez
Luis Ramos de la Torre
Prólogo de Miguel Casaseca
Piediciones, La Huella de la Palabra, 2017




CLAUDIO RODRÍGUEZ: EL CANTO A CUESTAS


  Carme Riera, en un ensayo clásico sobre el Grupo catalán de los Cincuenta, denominó a los integrantes de aquella promoción poética “Partidarios de la felicidad”: El aserto hacía justicia a un vitalismo existencial colectivo que nunca se durmió en la grisura fría del franquismo. Aquella nómina, diversa y comprometida, galvanizó la estela lírica de la posguerra en el discurrir del medio siglo, y contribuyó a crear un magisterio incansable, cuyos efectos secundarios se escuchan en la cronología del ahora. Sin los nombres cimeros de esa promoción, la poesía de la experiencia o la línea clara hubiesen dibujado una caligrafía mucho más superficial y esteticista.
  Algunos poetas, como José Ángel Valente o Claudio Rodríguez, nunca se sintieron cómodos en la originaria foto de grupo y optaron por singularizar su aportación literaria; pero a pesar de esa voluntad de individualización, cumplen los rasgos generaciones básicos: participación en acontecimientos generacionales comunes como el Vigésimo aniversario de Antonio Machado en Colliure en 1959, la influencia del entorno en la intrahistoria biográfica, similar ideología, o la publicación en proyectos editoriales comunes. Además de los lazos afectivos mantenidos durante mucho tiempo con sus integrantes, como la amistad con Ángel González.
  El ensayo El sacramento de la materia. Poesía y salvación en Claudio Rodríguez de Luis Ramos de la Torre subraya la vigencia del legado y analiza conceptos estéticos esenciales de su antropología poética. Basado en la tesis doctoral, Luis Ramos de la Torre (Zamora, 1956), poeta, cantautor y Doctor en filosofía es un especialista en la obra de Claudio Rodríguez, sobre la que ha publicado aproximaciones en distintas revistas culturales. Esta prospección en la geografía del zamorano discurre por itinerarios convergentes entre filología, literatura y pensamiento filosófico. Busca una poesía centrada en la existencia a través de algunos ejes como el canto, la celebración, la salvación y el amor que constituyen las notas conceptuales más características. Son conceptos que también justifican el título, tomado del poema “la mañana del búho” de Casi una leyenda (1991). Vaya por delante, que en el aserto no hay ningún sentido religioso sino matérico; la poesía se postula como salvación de la realidad, como elevación de lo transitorio hacia un plano de permanencia natural.
  El decurso lírico de Claudio Rodríguez nunca es extravital; da fe de vida de las preocupaciones de una sensibilidad individual que entiende la poesía como participación de un organismo activo ante un mundo en construcción. El caminar reflexivo del ensayista advierte en esta poesía un indicio esencial: el amor. No es un sentimiento inalterable; las relaciones con la alteridad no están exentas de ensimismamiento y soledad. La afirmación sensitiva adquiere en ocasiones un epitelio de orfandad. En él se impone el lapidario magma informe de la incertidumbre.
  En las preocupaciones vitales y poéticas se percibe un discurrir lineal, un trazo ordenado  y coherente que hilvana las entregas en el tiempo. Así lo manifiesta el mismo poeta: “El pensamiento poético realmente ha variado muy poco. Los temas siguen siendo prácticamente los mismos; lo importante es la aventura del lenguaje y del pensamiento a través de la palabra. No se trata de hacer una ecuación, ni de decir: esto es así por las siguientes razones. Se trata de ver cómo las palabras van creando no solo el pensamiento sino la emoción y la contemplación sensorial”.
   Conviene recordar que el paréntesis histórico de los años cincuenta, germina un debate estimulante basado en una dualidad: el concepto de poesía como comunicación o como conocimiento; la cuestión sembró abundantes páginas de divagaciones, comentarios y juicios. Claudio Rodríguez –y así lo recalca el poeta Rafael Morales- añade un recodo nuevo: la poesía como salvación, refugio o encuentro con la verdad de su propio ser y de la existencia. Nace así un nuevo enfoque, cargado de significación, que convierte el poema en casa habitable. La palabra resulta experiencia clarificadora, que busca coherencia entre trayecto existencial y escritura.
   Luis Ramos de la Torre explora el proceso poético de Claudio Rodríguez como un caminar abierto hacia la luz. Su estudio completa un retrato fuerte del personaje verbal a partir de una cronología creadora siempre plena de imaginación y belleza. Su primer paso, Don de la ebriedad comienza cuando el poeta contaba diecinueve años. Desde aquel libro, que ganó el Premio Adonais en 1953, labra un itinerario que completan Conjuros (1958), Alianza y condena (1965), El vuelo de la celebración (1976), Casi una leyenda (1991) y concluye con Aventura, libro póstumo. En su búsqueda de significado y sentido, El sacramento de la materia documenta una minuciosa indagación en la experiencia creadora que busca la pervivencia del canto, el afán de salir a la serenidad de la contemplación. A esa claridad que sabe que “la vida no es poesía, pero la poesía es vida; y si no, no es nada”.


   

2 comentarios:

  1. Querido José Luis, como tú bien sabes, la poesía de Claudio Rodríguez es un lugar necesario al que seguir acudiendo para hacernos mejores. Tus palabras son de ánimo y cercanía, y eso ayuda a construir nuestro camino. Entre poesía y amistad pasea el hombre, buen trayecto. Gracias por la consideración poeta. Buen día!

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    1. Gracias a ti por ese excelente sondeo en los estratos literarios de Claudio Rodríguez; así que un fuerte abrazo y ojalá mi lectura resulte de tu interés. Feliz jornada.

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