sábado, 8 de abril de 2017

EL BIÓGRAFO DE JORGE LUIS BORGES

Jorge Luis Borges

EL BIÓGRAFO DE BORGES


   Labró durante diez años una minuciosa biografía de Jorge Luis Borges. Mientras alentó el proceso, se encerró en la buhardilla, ahuyentó compromisos y afectos. Día a día, consultó ensayos, cuentos, ediciones conmemorativas, reseñas y panegíricos circunstanciales que glosaban el periplo exitoso. Tras la enésima corrección de pruebas, se editó la obra y descansó.
  Nunca más refugió su tiempo bajo el techo de tinta de aquel libro. Ignoró siempre que contenía una errata paradójica. Trastocó fechas; anticipó la muerte en Ginebra ochenta y siete años antes del nacimiento en Buenos Aires. Un lapsus que no hubiese disgustado al mismo Borges.

                                                     (De Cuentos diminutos)


viernes, 7 de abril de 2017

JORGE BARCO INGELMO. RITMO LATINO

Ritmo latino
Jorge Barco Ingelmo
XVPremio Emilio Alarcos
Visor, Madrid, 2017

EL SOPOR DEL SPLEEN

   Nacido en Salamanca en 1977 y perteneciente por las fechas de publicación de sus poemarios a la generación digital que inaugura el nuevo milenio, Jorge Barco Ingelmo  comienza senda con el libro Algún día llegaremos a la luna, aparecido en 2008. Tres años más tarde firma un poemario de título sugerente, Vivimos encerrados en burbujas transparentes. Y tras ganar el XV Premio Alarcos de poesía ubica en los estantes una nueva entrega, Ritmo latino. Son muestras de un itinerario pautado que impulsa una mirada introspectiva y una crónica del ahora, como si fuesen fotografías con exceso de luz, secuencias diluidas por el escepticismo existencial.
  La apertura textual con cinco citas parece reafirmar una tradición dispar y heterodoxa; cada escritura muestra sus referentes con la calidez del homenaje a las raíces. También asume que la propia voz es un material moldeable y repleto de sustratos diversos. Ahí están Georges Bizet, Mateo, Billie Jean King y Carlos Boyero. Mucha gente.
  Pero el culturalismo de púlpito desaparece de inmediato al adentrarnos en la entrega. La voz verbal de Jorge Barco Ingelmoemplea el tono natural de un coloquialismo que busca un escenario dialogal. Y en ese marco, se empeña en comentar las imágenes de lo cotidiano con su estela de fugacidad transitoria, con su vestimenta de moda de temporada y el espíritu gregario del sedentarismo asimilado: “Sin embargo me dices que eso se llama moda / y que la gente cambia según se va llevando. / No juzgan, solo siguen los preceptos ajenos. / Toca el flautista y todos van detrás”
  Esa crítica al inadvertido acoplamiento en la mansedumbre de lo diario también se enmarca en el propio espejo. En su pulida superficie está la mirada del joven poeta persuadiendo a la confianza del editor, con el léxico displicente de un comercial que busca colocar su producto en el mercado, subrayando especulaciones y bonanzas. En el poema crece la ironía hasta el sarcasmo y convierte al lenguaje en parodia: el poeta cualquiera no busca la verdad y la belleza, ni tiene la pupila ideal de quien mira la amanecida con un esteticismo idealizado; es un ser vulgar, un correcaminos ofuscado por llegar al cuerpo de letra de la imprenta. Es una manera de calcular el peso lapidario de lo real, Ese "colegueo" también presente en otros poemas que glosan el pragmatismo del ahora y su empeño en conseguir la plaza fija y ahuyentar el trabajo precario.
  La mirada crítica acompaña con frecuencia las horas del protagonista. Y es la ironía su mejor estrategia expresiva. Escueta y lúcida, con la fuerza tenaz de un aforismo, así aparece en “Estado de gracia”: “Hay banqueros tan pobres / que tienen que comer / el caviar con las manos”. De nuevo encuentra formulación propicia en “Reminiscencias”: “Aunque no lo parezca / y ya nadie se acuerde, / nosotros un día, /  hace no tanto tiempo / fuimos futuro”. También lo percibimos en “Pantomima” cuyo hilo argumental es el epitelio que recubre la vida social, donde parece obligatorio disfrutar de una felicidad por decreto.
   En el espacio poético contemporáneo, el clima social ha propiciado el uso de aportes poéticos como la ironía, la crítica o ese humor cervantino que confunde realidad e imaginación. Son claves de nuestro ahora que  amanecen en el dormitorio del poeta y exigen abrir ventanas para que inunde la habitación el aire fresco de la calle, un ritmo latino que proviene de cualquier radio puesta en el patio trasero, o de las clases de zumba de un gimnasio cercano. Jorge Barco Ingelmo supera el spleen con la media verónica de lo paradójico; convierte sus versos en eficaz expresión de un tiempo a medio construir, que vuelve sus ojos a la fronda elegíaca del pasado porque no confía mucho en un porvenir que siempre llega tarde.   


jueves, 6 de abril de 2017

SOLO UN DESEO

Alcazaba de Trujillo, Cáceres
(Abril, 2017)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana


DESEO

                                                      Ojos que a la luz se abrieron
                                                               ANTONIO MACHADO

Y cada día
que un sol limpio caliente;
luz habitable.




miércoles, 5 de abril de 2017

LA CRÍTICA VALORATIVA

Regreso al pupitre

LA CRÍTICA VALORATIVA

La moral del escritor no está en sus temas
 ni en sus propósitos
sino en su conducta frente al lenguaje

OCTAVIO PAZ

   Durante cuatro décadas, casi,  formó parte de mi tarea docente la valoración del aprovechamiento académico de los alumnos. Así crecían con aire de objetividad y sentencia los largos inventarios de notas, ese trajín de exitosos sobresalientes, notables a celebrar, bienes equitativos, suficientes raspones e insuficientes con pasaporte de regreso en septiembre.   
   Más humilde, el ejercicio crítico dedica su fuerza expresiva a dar cuenta pública del gusto lector. Nace así la opinión impresionista, que trasmite las sensaciones personales y el diálogo interno con los libros, o la crítica académica, más minuciosa en los rastreos, empeñada en explorar la arquitectura literaria al completo con su inventario de materiales, grúas y poleas.
   Queda por dar forma a la crítica valorativa; es volver al pupitre, un gesto que tiene algo de voluntad testamentaria y trébol de cuatro hojas; por eso merma tanto su práctica en mi blog, porque me parece un tanto cáustico establecer líneas divisorias entre si y no. Nunca lo pasé bien dividiendo a mis alumnos entre apto y no apto. Y no quiero sentir esa conmoción en la poesía. Prefiero hablar de impresiones lectoras y de los buenos libros que me gustan. Lo demás es silencio.   




martes, 4 de abril de 2017

JOSÉ MARÍA CUMBREÑO. EDICIONES LILIPUTIENSES

Novedades de Ediciones Liliputienses
(Un regalo de José María Cumbreño)

MAPA POÉTICO DE LILIPUT

  Todo encuentro es el relato de una confirmación y el manifiesto vitalista de nuevas incertidumbres. Así que tenía ganas de coincidir sin horarios con José María Cumbreño, poeta, impulsor de Ediciones Liliputienses y persistente convocante de “Centrifugados”, encuentro anual de literatura periférica (aunque el término es aleatorio y nunca se sabe dónde está el centro y dónde las afueras, porque con permiso de Jaime Gil de Biedma y de Pablo García Casado “estar en las afueras también es estar dentro”).
   Un viaje personal a Cáceres para participar en la Feria del Libro de Trujillo me concedió la oportunidad de la cita pactada y una tarde de amistad y poesía que paso a describir sin más esgrimas caligráficas que la gratitud y el afecto. Tras el paseo urbano por la ciudad y su casco antiguo, con despliegue de historia y vida, el poeta sacó de la chistera de la generosidad más de una decena de libros de poesía que puso en mis manos con la sonrisa de quien dice: disfruta sin más. Y mi silencio perplejo fue sumando datos de ediciones recientes y aprendiendo la orografía lírica de Liliput. Está llena de vértices y núcleos porque José María Cumbreño se ha propuesto saltar al otro lado del castellano para unir en su editorial autores relevantes como Eduardo Chirinos, Marcelo Díaz u Omar Pimienta, con casi recién llegados como Daiana Henderson o Valeria Román Marroquín que todavía no cumple los veinte años. Son salidas no reductivas; en la cartografía liliputiense también hay plaza para realidades de nuestro entorno, como Juan Carlos Mestre, Elías Moro, Pablo Fidalgo Lareo o Miriam Reyes.  Títulos y autores que dieron para una jugosa conversación sobre el panorama creador y sus líneas de fuerza, mientras se calentaba la cerveza y se quedaba frío el té con limón.
   José María Cumbreño tiene una percepción profunda del momento literario actual; sabe seleccionar aperturas, derivaciones y descubrimientos sin la imposición de un restrictivo canon estético. Los que están son y escriben.
  Solo me queda ahora ir conociendo estas novedades con el gesto tenaz del lector que busca ángulos abiertos. Y lo haré. Ya despliego sobre mi mesa de trabajo la claridad festiva del verano, un resplandor de tinta.

   

lunes, 3 de abril de 2017

JUAN DE DIOS GARCÍA. UN FOTÓGRAFO CIEGO

Un fotógrafo ciegoJuan de Dios García
Editorial Balduque S. L.,
Cartagena, 2o17

EL MITO DE SÍSIFO


   Los dos primeros poemarios de Juan de Dios García  (Cartagena, 1975) -la carta de presentación Nómada y su segundo paso Ártico- singularizaban un taller de escritura reconocible.  Componían un marco imaginativo que hilvanaba con los materiales del realismo una crónica del ahora; los versos trazaban su caligrafía desde la introspección irónica, con el tono natural de un sondeo coloquial. Al poeta, profesor y codirector junto a Ángel Luis Gómez Espada de la revista digital El Coloquio de los perros no le gustan nada las aceras grimosas de la solemnidad; en cambio se siente cómodo en la interpelación colectiva que busca el angosto sentido de la vida al paso. Para Juan de Dios García, escribir es entender; formular en sus horarios más preguntas que certezas, buscar el doble fondo de un transitar con itinerarios complejos.
   Esa sensibilidad expresada en el primer tramo de su itinerario creador, en el que junto a los dos libros citados hay que incluir varias plaquettes, cede su idea poética a la nueva entrega Un fotógrafo ciego, cuidada con mimo por la artesanía editorial de Balduque. Tal vez sea una coincidencia sin más, pero a muchos lectores el título les recordará la narrativa de Gesualdo Bufalino. En aquella novela el escritor siciliano inventaba un protagonista empeñado en ser espectador, actor y cronista de una representación moral y metafísica. Y ese enfoque argumental también recubre el epitelio lírico de Juan de Dios García.
   En Un fotógrafo ciego hay una clara apuesta por sacar hilvanes al mito de Sísifo, a esa voluntad empeñada en  hallar sentido a lo existencial. La vida diaria es un cúmulo de hábitos rutinarios que reiteramos desde la inercia; hasta que un día el ser dubitativo se sienta sobre la lógica y sondea cual es el sentido de sus actos sin recurrir al telón sublime de la trascendencia. De esa capacidad de aceptación propia, cuando el yo se hace consciente de su circunstancia, nace la idea de sentar en la mesa al absurdo como un invitado más en la cartografía del discurrir, así que no queda más remedio que buscar la luz desde el rincón opaco de un fotógrafo ciego.
   La poesía de Juan de Dios García tiene un fuerte sentido aforístico. Así se percibe desde el amanecer de su entrega. Leemos en “Política”: “La rama terminó por someterse / a la fuerza del viento. / Ni siquiera causó miedo el primer crujido”. En su desnudez el poema traza un amplio campo de reflexión. Y esta cualidad de ampliar las sendas meditativas con mínimos elementos de erudición conforma el ángulo abierto del poeta. Pero no se monopoliza la estrategia. Queda sitio también para el poema más narrativo que se desarrolla como un largo fotograma vivencial. De este tipo hay excelentes ejemplos como el poema “Hipo”, uno de los mejores del poemario. En él encontramos una voz intimista que clarifica el propio devenir con su vislumbre de sombras y obsesiones.
  El filósofo Rafael Argullol en su libro “El cazador de instantes” ya ensayó una respuesta sobre la travesía existencial: “la libertad es saber existir sin que un fin determine nuestra existencia”. De esa libertad de aceptar el presente como hablan también los poemas de Un fotógrafo ciego. Juan de Dios García rescata esas vivencias que invitan a pensar, reconstruye el pasado y hace de la grisura cotidiana contenido verbal. Así lo corrobora el cierre mágico del poema “Autorretrato”: Se me hace necesario el arte del insomnio, / un fotógrafo ciego me dispara. / Vivo en una península, / guardo una ciudad entera en mi cabeza / y siempre tengo sed”.

                                       

domingo, 2 de abril de 2017

AFORISMOS DE REGRESO

Aprendo a ver el bosque


AFORISMOS  DE REGRESO

A menudo la vida carece de sentido, es abstracta y compleja. La literatura no.

Considera cada libro como un ejercicio de aprendizaje.

Todo escritor soporta el previsible anclaje de la lectura.

La realidad tiene signos secretos.

Bajo la gota fría, el trazado del sendero se diluyó. Rumbo incierto.

Me gustan las noches de doble fondo, en las que caben vigilia y sueño.

Esa manía de la memoria de revisar apuntes atrasados.

Siempre que concluyo un libro, firmo con la escritura discreta del aprendizaje.

La verdad no es un área reservada para soledades ariscas.

Cuando avanzo hacia ti te desvaneces.

Consumo la relación incierta del autista y su temporada en el invierno.

Un porte sólido. De fantasma.

Cuando tenía veinte años, Jaime Gil de Biedma no era un poeta cualquiera. Era el poeta.

La biblioteca, ese amplio gremio de deudas contraídas.

Conspiración entre sustantivos comunes, verbos fríos y adjetivos ecuánimes.

Nombres propios que ya no recuerdo; el final de una biografía deja sitio para mucho olvido.