martes, 30 de marzo de 2021

EN EL CHARCO

Boca abajo
de
internet

 

EN EL CHARCO

 

   Mientras camina despacio, bajo el paraguas,  recuerda que de niña buscaba charcos para saltar sobre su transparencia. En su cara se dibuja una sonrisa. Sigue sumando pasos distraída y vislumbra un círculo de agua en medio de la calle. En su oquedad contiene un mundo boca abajo de plenas sensaciones. Apenas duda mientras pliega el paraguas y lo deja dormir sobre la acera. Ensaya un primer salto, y otro y otro, antes de que le falte el aliento… Entre las punzadas de humedad  del pecho asmático se siente renacida.
   Recoge el paraguas y ya no lo abre. En la tarea del regreso no sabe cómo justificar ante el personal del geriátrico los zapatos mojados. Otra vez sonríe. Da igual si las excusas recuerdan oscuros callejones sin salida. De niña, también creía en el final feliz.  

(De Cuentos diminutos)


lunes, 29 de marzo de 2021

SUSANA BENET. FALSA PRIMAVERA

Falsa primavera
Susana Benet
Libros Canto y Cuento
Colección de Poesía
Jerez de la Frontera, 2021

  

FRESCA LUZ


   El cauce lírico de Susana Benet (Valencia, 1950) mantiene un sosegado fluir en voz alta, con amanecidas como Faro del Bosque, Lluvia menuda, Huellas de escarabajo, La Durmiente, La enredadera, Grillos y luna y Don de la noche. Son estaciones de un trayecto que expande delicada sensibilidad, acercamiento contemplativo al entorno natural, una forma expresiva que tiende las manos al propósito comunicativo, y un sustrato intimista de indagaciones reflexivas. En suma, las pulsaciones de una conciencia lúcida, atentas al vitalismo misterioso de cada momento, como si el poema fuese también una manera tensional de aprender lo secreto desde la imaginación y el lenguaje.  
   La hermosa colección de poesía que coordina José Mateos acoge, en este tiempo pandémico, la entrega Falsa primavera, cuyo epígrafe acrecienta una leve estela de desconcierto y espejismo en el carácter auroral de la estación, nunca exenta de un estar transitorio. Como es sabido, las citas encierran en sí mismas claves lectoras y predisponen al recorrido verbal. Susana Benet ha seleccionado un elenco diverso, Eloy Sánchez Rosillo, Jane Kenyon y Li Qingzhao, aunque conectado al percibir el entorno como un patrimonio sensitivo y dispuesto para la implicación sentimental.  
   En la poesía de Susana Benet la percepción mantiene un ritmo lento, de elaborada cercanía a los elementos del paisaje, siempre proclives a la trabazón entre mirada y reflexión especulativa. Lo mínimo es evocación y sugerencia, una propuesta interpretativa. Leemos en el poema de apertura “Flor púrpura”: “Tan pequeña y humilde, y sin embargo, / al fondo del abismo, el poderoso mar, / tendiéndose a sus pies, / con su elevado canto la acompaña”.
   Es inevitable asociar el taller literario de la autora con el cultivo de formas breves como haikus y  tankas, registros expresivos en los que Susana Benet es reconocido enclave esencial. En Falsa primavera de nuevo disfrutamos del cálido impacto de los esquemas japoneses y sus coordenadas indagatorias. De inmediato hallamos el devenir del tanka “Un año más / la flor de Pascua, el gato. / Pero esta vez / un espacio vacío, / el aire de una ausencia”; o la leve textura de estos haikus: “Motas de polvo. / Una brizna de luz / enciende el aire”, “Regreso a casa. / El color de la hiedra / ya no es el mismo”; “Mientras las riego / cabecean las hojas, / agradecidas”. También lo cotidiano se hace núcleo referencial del pensamiento estético que busca la profundidad matérica de lo elemental en una evocadora sugerencia. Siempre desde el despojamiento y la contención, las palabras desvelan el misterio de esa verdad sencilla que impulsa lo diario: “Pero no existe nada que no sea / una mínima parte de otro rostro / armónico, total, inabarcable”.
   En el proceso cognitivo del sujeto verbal, la mirada desempeña un papel básico. Percibir enlaza apertura y claridad, un entrelazado de quehaceres activos que se recoge en leves apuntes visuales, donde buscan el permanecer de las mutaciones, los pasos de un discurrir cambiante. Los días regalan fugaces pertenencias, mientras siguen caminando hacia adelante. Lo recuerda el poema “Mirada”: “Absurdo frenesí / que impulsa nuestros ojos / a girar y girar / en caprichosa danza, / mientras la mente absorta / se adentra en un profundo / vacío sin figuras”.
   Las hermosas instantáneas focalizan también la ausencia y nos dejan la callada presencia de José Luis Parra, íntima amistad de la escritora, que ha rescatado su poemario póstumo La hora del jardín. La meditación elegíaca “Humo” se adentra en el recuerdo y recupera los emotivos trazos de las tardes comunes: “No estás aquí, tan solo  queda / una delgada sombra / al lado de la mesa donde tú / antaño te sentabas”.  
   Los poemas de Falsa primavera son chispazos de luz fresca. Dan voz al pensamiento de un estar solitario, sacudido por ese vaivén de ráfagas heladas y esperanzas, que busca amparo a los altibajos existenciales en el interior de las palabras. Y lo hace a través de un lenguaje confidencial, introspectivo, atento a esos enlaces entre lo previsible y lo extraordinario que aprende las cosas desde dentro. Una primavera que se tiende al sol para aguardar el tiempo de los frutos.

JOSÉ LUIS MORANTE


domingo, 28 de marzo de 2021

PASOS EN LA DISPERSIÓN

Dsencuentros
Imagen
del Archivo general de internet


PASOS EN LA DISPERSIÓN
 

Firme conciencia del extrañamiento; soy un desertor, suelo vivir al margen de mí mismo.

Encontrar en primavera un trébol de cuatro hojas en un acto de justicia poética.

Es tan reservado que ni en los análisis médicos se muestran sus constantes vitales.

En los solares baldíos de la autoedición cabe cualquier cosa.

Hay días en los que no sé si me apoyo en la cornisa o en el vacío. 

Riega con lejía las volutas estéticas del presente.

(Aforismos dispersos)


sábado, 27 de marzo de 2021

OJOS SIN FONDO

Espectador
Archivo general
de internet


 

OJOS SIN FONDO
 
Todo se precipita en un ojo sin fondo
 
OCTAVIO PAZ
 
   Se desplegó la luz entre la noche inmóvil y me desperté. La inocua claridad mostró un espacio todavía sin nadie. Indeciso, comencé el día buscándome.
 
(De Cuentos diminutos)


viernes, 26 de marzo de 2021

DESDE LA CRÍTICA

Mi Arcadia desolada
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

DESDE LA CRÍTICA

 
   Estamos en obras en casa. Y eso condiciona mi trabajo lector de forma abrumadora. Solo dispongo de un mínimo rincón, mientras que libros y enseres se congregan por todas partes, solapando la calma diaria. Por eso he vuelto a meditar durante horas sobre el papel del crítico esa tarea a destajo que sustituye una lectura por otra en un mínimo intervalo temporal.
  Recuerdo que durante cuatro décadas formó parte de mi tarea docente la valoración del aprovechamiento académico de los alumnos. Así crecían, con aire de objetividad y sentencia, los largos inventarios de notas, ese trajín de sobresalientes jerárquicos, notables a celebrar, bienes equitativos, suficientes raspones e insuficientes, con pasaporte de regreso en septiembre.   
   Más humilde, el ejercicio crítico dedica su fuerza expresiva a dar cuenta pública del gusto lector. Nace así la opinión impresionista, que trasmite las sensaciones personales y el diálogo interno con los libros, o la crítica académica, más minuciosa en los rastreos, empeñada en explorar la arquitectura literaria al completo con su inventario de recalificaciones urbanísticas, materiales de derribo, andamios, grúas y poleas.
   Tras el encuentro pautado con el libro, queda por dar forma a la crítica valorativa que tiene algo de voluntad testamentaria y trébol de cuatro hojas; por eso merma tanto su práctica en mi blog "Puentes de papel"; porque me parece un tanto cáustico establecer líneas divisorias entre si y no. Nunca lo pasé bien dividiendo a mis alumnos entre aptos y no aptos. Y no quiero sentir esa conmoción en la poesía… Prefiero hablar de impresiones lectoras y de los buenos libros que me gustan. Dejo que sus páginas campen sosegadas. Y procuro eludir la respuesta callada de la decepción sobre los libros que no me gustaron, porque no debo herir a nadie que no sea capaz de ser exigente consigo mismo y hace pasar por literatura lo que es un simple abrazo de vocales y consonantes, con la benevolencia de la autoedición o de alguna editorial complaciente. La reflexión literaria pretende expresar mis vivencias de lector satisfecho. Lo demás es silencio. 

José Luis Morante

  

jueves, 25 de marzo de 2021

SANTOS DOMÍNGUEZ RAMOS. REGULACIÓN DEL SUEÑO

Regulación del sueño
Santos Domínguez Ramos
XXIII Premio de Poesía Flor de Jara
Colección Poesía Diputación de Cáceres
Cáceres, 2021 


 

CARTOGRAFÍA DEL TIEMPO


   La personalidad literaria de Santos Domínguez Ramos (Cáceres, 1955) es sinónimo de agudeza crítica. El extremeño mantiene en el tiempo la condición de lector imprescindible del disperso panorama poético contemporáneo, con una sólida independencia de criterio. Pero es la poesía la que sirve de columna vertebral a su largo trayecto. El cauce lírico comienza a principios de los años noventa con Pórtico de la memoria y mantiene un pulso activo que integra más de veinte entregas. Sus poemarios proyectan una voz directa, asentada en la tradición,  con un fuerte acento coloquial que identifica en el ejercicio literario la textura sentimental del sujeto poético y las maneras de mirar un entorno en conflicto que exige interpretación y condiciona el recorrido existencial.
  La última labor poética de Santos Domínguez Ramos se integra en el libro Regulación del sueño, que obtuvo el Premio de Poesía Flor de Jara, convocado por la Diputación de Cáceres. El poemario abre su mirar con “Un sitio indiferente”, una composición que postula una reflexión crepuscular. El afán de mantenerse en vela frente a las sensaciones cotidianas requiere distanciarse de cualquier implicación intimista. El poema prólogo parece un aviso para caminantes y prepara la senda de la sección inicial “Canta una voz sin tiempo”; todos estamos marcados por lo transitorio. Somos la estela de ceniza que aventará el olvido, así que conviene no olvidar que “Ninguna voz es la tuya”, como escribió Antonio Machado.
  En los poemas emerge una escritura incisiva, de búsqueda. Tras un largo viaje introspectivo, hace un balance de ese sustrato de sombras que deja el decurso temporal. Habitamos una realidad el andén, alzada con materiales humildes. Vivir es ir sumando pasos y propósitos, muchas veces baldíos. El lector percibirá en la sección algunos referentes culturales que funcionan como detonantes argumentales. Así sucede en el poema “Nocturno del laberinto”, que integra dos monólogos dramáticos en boca de Asterión y Teseo; dos soledades abocadas al laberinto que hablan a solas de su estar existencial. El poso cultural se percibe también en poemas como “El templo vacío” y “Pompeya, 25 de agosto, año 79”, cuyos enfoques se acercan a un mayor objetivismo narrativo. Pero el apartado se desenvuelve con notable diversidad y en él se dibujan exploraciones verbales que conceden sitio a la evocación, el quehacer del artista o la plenitud oferente del paisaje, con poemas tan hermosos como “La lengua de las piedras”. En el segundo bloque de poemas “Desde un lugar opaco” los textos conforman un largo soliloquio fragmentado en el que se recorre un viaje circular desde lo oscuro. La nostalgia mantiene con luz la sustancia volátil de los sueños y el hueco de la ausencia que contiene los días lejanos que busca un refugio contra el tiempo.
   Aparece en los poemas de Regulación del sueño, última salida del quehacer escritural, un verso reflexivo, con frecuencia impregnado de imágenes oníricas, que recuerda el cambiante transcurso de la memoria y asume, con entereza, la condición temporal de la existencia. La poesía de Santos Domínguez Ramos busca en el sueño esa vigilia fértil que crece desde dentro para definir anotaciones vivenciales, sendas que se afirman como instantes varados para oír el silencio.



miércoles, 24 de marzo de 2021

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de internet

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Nadie es responsable de ser y aún menos de ser lo que es.
 
EMILE CIORAN

     La claridad del día hizo ostensible el desenlace. Inane y serio, advertí en el espejo del  discurrir diario la catástrofe: soy el exacto epicentro del vacío. Nadie detrás. 

(De Cuentos diminutos)