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Falsa primavera Susana Benet Libros Canto y Cuento Colección de Poesía Jerez de la Frontera, 2021 |
FRESCA LUZ
El cauce lírico de Susana Benet (Valencia, 1950) mantiene un sosegado
fluir en voz alta, con amanecidas como Faro
del Bosque, Lluvia menuda, Huellas de escarabajo, La Durmiente, La enredadera, Grillos y luna
y Don de la noche. Son estaciones
de un trayecto que expande delicada sensibilidad, acercamiento contemplativo al entorno
natural, una forma expresiva que tiende las manos al propósito
comunicativo, y un sustrato intimista de indagaciones reflexivas. En suma, las
pulsaciones de una conciencia lúcida, atentas al vitalismo misterioso de cada
momento, como si el poema fuese también una manera tensional de aprender lo secreto desde la imaginación y el lenguaje.
La hermosa colección de poesía que coordina José Mateos acoge, en este
tiempo pandémico, la entrega Falsa
primavera, cuyo epígrafe acrecienta una leve estela de
desconcierto y espejismo en el carácter auroral de la estación,
nunca exenta de un estar transitorio. Como es sabido, las citas encierran en sí
mismas claves lectoras y predisponen al recorrido verbal. Susana Benet ha
seleccionado un elenco diverso, Eloy Sánchez Rosillo, Jane Kenyon y Li
Qingzhao, aunque conectado al percibir el entorno como un patrimonio sensitivo y
dispuesto para la implicación sentimental.
En la poesía de Susana Benet la percepción mantiene un ritmo lento, de
elaborada cercanía a los elementos del paisaje, siempre proclives a la trabazón
entre mirada y reflexión especulativa. Lo mínimo es evocación y sugerencia, una propuesta
interpretativa. Leemos en el poema de apertura “Flor púrpura”: “Tan pequeña y
humilde, y sin embargo, / al fondo del abismo, el poderoso mar, / tendiéndose a
sus pies, / con su elevado canto la acompaña”.
Es inevitable asociar el taller literario de la autora con el cultivo de
formas breves como haikus y tankas, registros expresivos en los que Susana
Benet es reconocido enclave esencial. En Falsa
primavera de nuevo disfrutamos del cálido impacto de los esquemas japoneses
y sus coordenadas indagatorias. De inmediato hallamos el devenir del tanka “Un
año más / la flor de Pascua, el gato. / Pero esta vez / un espacio vacío, / el
aire de una ausencia”; o la leve textura de estos haikus: “Motas de polvo. /
Una brizna de luz / enciende el aire”, “Regreso a casa. / El color de la hiedra
/ ya no es el mismo”; “Mientras las riego / cabecean las hojas, / agradecidas”.
También lo cotidiano se hace núcleo referencial del pensamiento estético que
busca la profundidad matérica de lo elemental en una evocadora sugerencia. Siempre desde el despojamiento y
la contención, las palabras desvelan el misterio de esa verdad sencilla que
impulsa lo diario: “Pero no existe nada que no sea / una mínima parte de otro
rostro / armónico, total, inabarcable”.
En el proceso cognitivo del sujeto verbal, la mirada desempeña un papel básico. Percibir
enlaza apertura y claridad, un entrelazado de quehaceres activos que se recoge
en leves apuntes visuales, donde buscan el permanecer de las mutaciones, los pasos de un discurrir
cambiante. Los días regalan fugaces pertenencias, mientras siguen caminando
hacia adelante. Lo recuerda el poema “Mirada”: “Absurdo frenesí / que impulsa
nuestros ojos / a girar y girar / en caprichosa danza, / mientras la mente
absorta / se adentra en un profundo / vacío sin figuras”.
Las hermosas instantáneas focalizan también la ausencia y nos dejan la
callada presencia de José Luis Parra, íntima amistad de la escritora, que ha
rescatado su poemario póstumo La hora del
jardín. La meditación elegíaca “Humo” se adentra en el recuerdo y recupera
los emotivos trazos de las tardes comunes: “No estás aquí, tan solo queda / una delgada sombra / al lado de la
mesa donde tú / antaño te sentabas”.
Los poemas de Falsa primavera
son chispazos de luz fresca. Dan voz al pensamiento de un estar solitario,
sacudido por ese vaivén de ráfagas heladas y esperanzas, que busca amparo a los
altibajos existenciales en el interior de las palabras. Y lo hace a través de
un lenguaje confidencial, introspectivo, atento a esos enlaces entre lo
previsible y lo extraordinario que aprende las cosas desde dentro. Una primavera que se tiende al sol para aguardar el tiempo de los frutos.
JOSÉ LUIS MORANTE