sábado, 1 de mayo de 2021

CARMEN CANET y ROSARIO TRONCOSO (Editoras): MATERNIDADES

Maternidades
Carmen Canet y Rosario Troncoso
  
(Editoras)
Prólogo de Carmen Alemany Bay
Fotografía de cubierta: Joaquín Puga
Sonámbulos Ediciones
Granada, 2021

 

A SOLAS, CONTIGO

 

   No había título mejor para esta compilación de voces impulsada por Carmen Canet y Rosario Troncoso. Treinta y nueve madres que escriben sobre su experiencia de la maternidad desde el poema, el apunte enunciativo, o los aforismos. Textos que provocan de inmediato un movimiento de traslación hacia la torrencial semántica del epígrafe Maternidades, reforzado por la excelente fotografía de Joaquín Puga que es otra baliza visual, otro poema sin palabras.
   Se me permitirá recordar que el núcleo argumental es un concepto vivo, inserto en el devenir histórico, y plenamente asociado en su esencia al rol femenino. Ser madre es confrontar todos los espacios de la identidad con un tiempo nuevo, abierto por el proceso del embarazo y las características cambiantes del parto y la crianza. De esta manera, la función procreadora implica una tarea privilegiada en lo personal y en lo social, exenta de cualquier subordinación. De la inigualable experiencia nace esta antología temática cuyo pórtico firma Carmen Alemany Bay. La introducción recalca la diversidad de enfoques, una zona de cruces nacida de una cronología que encierra casi sesenta años de diferencia entre Dionisia García, poeta que abre el libro, y María Agra-Fagúndez, última invitada. Por tanto: “Estas páginas son el resultado escrito de una misma experiencia; pero es tan rica, tan abrumadora, tan impactante (…) que no puede menos de conmovernos”. Es sencillamente, el milagro de la vida.
   Conviene adentrarse en las páginas de Maternidades desde una lectura terapéutica, contenida, dialogal, para que cada enfoque ubique estratos de intimidad para descubrir claves secretas. Así, la mirada lírica de Dionisia García sobrecoge, pues objetiva su enfoque con el anecdotario histórico de un tiempo de rabia e intemperie. También el sedimento de Juana Castro dibuja una realidad precaria en la que se hace luz el sacrificio y la entrega.
  Los trazos expresivos combinan estrategias en verso y prosa; del camino abierto de formas llega la evocación de Marta Cerezales Laforet, hija de Carmen Laforet, la inolvidable autora de la novela Nada, y de Cristina Cerezales Laforet, la nieta que dibuja en su memoria el papel de los libros y el aprendizaje de la lectura como puerta de conocimiento. La voz de Gioconda Belli airea la savia nutricia del legado memorioso en la tenaz perseverancia del recuerdo. También en Piedad Bonett y Ángeles Mora encuentra cauce el intimismo confidencial del hijo que poco a poco crece y gana autonomía para tomar la palabra con sus propias vivencias. Mónica Doña no se limita a la mera contemplación de la maternidad como legado de plenitud y clarifica sus efectos secundarios, en los que no falta la erosión del tiempo y su continuo caminar hacia la nada. Los poemas de Pilar Mañas se empeñan en abrir un nivel cognitivo a las sensaciones; es punto de partida que alumbra la percepción de un decurso temporalista donde se gesta la propia identidad.
  El necesario abrazo entre pensamiento y poesía del decir breve diseña las colaboraciones de Carmen Canet, cuyos aforismos moldean un diálogo interior, Anna Kullick Lackner, empeñada en dar una voz natural a la realidad de los hijos y a su presencia en lo cotidiano, o las líneas fragmentarias de Trinidad Gan, cuya prosa poética delata el temblor de los recuerdos, esas instantáneas de vida en la memoria con miedos y sensaciones que enriquecen las variantes y arritmias de lo imprevisible. La colaboración de Pilar Gorricho del Castillo tiene el desgarro de la autobiografía, esa incisión abierta del dolor que deja la pérdida, y siempre me parece esencial esa lucha verbal de Eva Vaz para desgarrar tópicos y mirar resquicios y asimetrías: ser madre es soportar el triunfo desdeñoso de la hija por ser más alta y sentir en el extravío  su prepotencia afectiva; es conocer de cerca la intemperie acariciando músculos y huesos.
  Maternidad es una compilación muy densa y es imposible ubicar cada texto con las coordenadas situacionales concretas; queda esta tarea en manos del lector que solo necesita saber que esta antología monotemática constituye en sí misma un tratado de interpretaciones y una mirada plural a los repliegues de la memoria. La existencia subjetiva, tras la maternidad, adquiere otro significado que conlleva otra manera de entender lo diario. Los poemas de María Rosal, el estremecedor apunte lírico fragmentado de Ana García Negrete, la orfandad de la sangre de Anabel Caride y la sospecha de que el destino traza su propio mapa de ruta, son pautas incisivas de la maternidad que siembran emoción y estremecen el pensamiento.
  El resultado de esta propuesta editorial de Rosario Troncoso y Carmen Canet  es un regalo de polivalencia y riqueza, de selectas visiones y singladuras vitales que resultan esenciales para seguir tensando el hilo de la vida, esa forma misteriosa y única de amanecer al día.

JOSÉ LUIS MORANTE



viernes, 30 de abril de 2021

MEDIODÍA EN EL PARQUE

Simetrías
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia
 

MEDIODÍA EN EL PARQUE

 

. La gente de espíritu cívico busca en medio del parque pasos de cebra.
 
. El pacto autobiográfico en la escritura. Esa forma de contar una vida de verdad, donde casi nada es cierto.
 
. Existir no es más que ir dejando las huellas en su sitio.
 
.  Habla mucho, con palabras cuyo significado está en paradero desconocido.
 
.  Mal sumados, el pensamiento y la emoción crean la sospecha de una doble contabilidad en el poema.
 
. Si callo, me repito.

(Aforismos a solas)


jueves, 29 de abril de 2021

DANIEL ZAZO. SINGLADURAS

Singladuras
Daniel Zazo
Editorial Páramo
Valladolid, 2021

TIERRA IGNOTA

 

   Esta tercera entrega de Daniel Zazo (Ávila, 1985), tras Que ardan los fuegos, libro epifánico editado en 2017, y La periferia del deseo, su primera incursión en el catálogo de Editorial Páramo, busca en su planteamiento un mapa de ruta que encuentre para los itinerarios del yo cauces de introspección y experiencia. Así lo corrobora el collage de portada y el selecto aporte de citas nucleadas en torno al viaje, con magisterios de intensa permanencia: Konstantino Kavafis, Anne Carson, Jack Kerouac y Fernando Pessoa.
   Si el desplazamiento reivindica en su transcurso la fuerza para cambiar la textura completa de la identidad es necesario, antes de partir, adentrarse en el propio pensamiento, dar voz a los prolegómenos del discurrir. Así se titula el apartado auroral compuesto por un único poema “Travesía”, en el que aflora la necesidad de una conciencia nómada para renunciar a la sedentaria quietud del conformismo: “Emprender la travesía como quien, / con paso firme y con los ojos cerrados, / se arroja huérfano y sin saber nadar, / desde un farallón alejado de la costa / a los profundos abismos del piélago”.
   El afán metaliterario se convierte de inmediato en razón argumental; así tiende sus versos el apartado “Periplo” que sale al día con una poética;  en ella se constata la incertidumbre del perímetro escritural, esa necesaria actitud de búsqueda que sondea la superficie y nunca toca fondo. Con un claro propósito enunciativo, los poemas van planteando un clima lector donde el fluir aloja los matices: la percepción en la ventana del campo abierto, las provisiones necesarias para nutrir la senda, la compañía y la caricia, o el sustrato cultural que rescata los pasos de la tradición, como dejan constancia los versos de “Odiseo” recuperando el demorado regreso de Ulises al lecho de Penélope. Daniel Zazo es un lector que asume la profunda metafísica del libro y recupera numerosos personajes imaginarios para que sus regresos constaten incisiones meditativas. Al manso despliegue versal llegan los pasos de Lemuel Gulliver, Bastian, Santhi Andía o Lord Jim, cómplices pasajeros de la página escrita que enlazan imaginación y realidad como geografías trasversales.
   Otro tejido fuerte del poema es el erotismo como canto y celebración y la mirada a la historia como página abierta a la interpretación ética, o el propio papel activo del yo zarandeado por un tiempo extraño, que erosiona la piel cálida de las utopías. En el poema “Mi generación” se guardan las cicatrices abiertas de lo contingente; la caída de las torres gemelas, la educación sentimental o esos hitos de la memoria como el movimiento social del 15-M que definen un lapso temporal, tan igual y distinto a los que le precedieron.
    Al hilo de Cernuda, Daniel Zazo argumenta que la única patria es el cuerpo; desde esta idea se escribe el homenaje a la coherencia ideológica y personal del progenitor del poema “Apátrida”, un rechazo a la establecida intemperie de las salvas de cuartel y una reinvención de la ternura que hace de los sentimientos el más tácito premio en la quimera gris de lo real. Si los afectos son incansables estímulos del viaje, como lo son la música y el diáfano cristal del entorno, en el cuaderno de bitácora quedan los lugares del poema, sendas que buscaron su ubicación precisa en la memoria. Queda también la semántica fuerte del peregrinaje como intacto símbolo de la existencia: “Vivir es sorprender al murciélago en pleno vuelo / y apoderarse del pálpito del albatros / ante la inminente llegada del huracán. / Es volver a los diecisiete en una noche de cencellada, / desvelar lo invisible en los vértices del cuerpo / y encontrar en el absurdo la lógica de todos los sentidos”.
   Como estación final del poemario Daniel Zazo deja dos enclaves verbales, el esqueje de “Legado”, solo formado por dos versos que parecen reivindicar la desnudez como único patrimonio del viaje; y la sección “Coda”, subtitulada “La jaula invisible”, que clausura el poemario con los trazos de este tiempo de clausura y pandemia, una realidad colectiva que ha quebrado el vuelo libre y que ha cambiado las rutinas diarias, siempre necesitadas del asombro y lo inesperado. Ya casi es costumbre la sombra y el silencio, esa singladura sin pasos que deja en nuestras manos la ceniza.
   Singladuras se construye con un claro sentido unitario, a partir de los significados connotativos del desplazamiento. Viajar, más que una aleatoria suma de pasos, es adentrarse en los itinerarios del pensamiento; es interiorizar los estímulos y sensaciones que depara el caminar para percibir, con la mansa caricia del regreso, que espera a los que vuelven el final del túnel, el súbito destello del comienzo.
 
JOSÉ LUIS MORANTE


 
   

miércoles, 28 de abril de 2021

INDECISIONES

Paseo matinal
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

INDECISIONES

  
Es tan singular, que cuando corre a solas siempre llega segundo.
 
Para la confianza el desierto es también un refugio seguro.
 
Busca aguaceros que asciendan.
 
El paso sereno hace señas al abismo para que se aparte.
 
Tolerancia, respeto, solidaridad, coherencia… Esos conceptos que llegan sin resuello a la primera sílaba.
 
Duerme fuera, para cobijar la fragilidad de la noche entre sus brazos.
 
Narciso busca en los espejos un confinamiento estable.
 

(Inéditos en el parque)


martes, 27 de abril de 2021

ARIDEZ

Cauce seco
Fotografía
de internet

 

ARIDEZ

Pasa de largo
el frío de la acequia.
Libre, la sed.

            (Inédito) 

lunes, 26 de abril de 2021

RAFAEL SOLER. EL SUEÑO DE TORBA

El sueño de Torba
Rafael Soler
Olé Libros
Colección Vuelta de Tuerca / Narrativa
Valencia, 2021, 1ª edición 1983

 

UN TEMBLOR FRÍO

 

    Casi cuatro décadas después de su amanecida en Cátedra, El sueño de Torba, por jerarquía cronológica la tercera novela de Rafael Soler (Valencia, 1947), tras El grito (1979) y El corazón del lobo (1981), retorna al mediodía impulsada por el maravilloso compromiso editorial de Olé Libros. Cuidado artesano en el diseño formal, pasta dura, cubierta enlutada y cuerpo de letra de luminosa complicidad. El poeta de la muy recomendable trilogía Maneras de volver, Las cartas que debía y Ácido almíbar convoca, en reunión de urgencia, a un panel de personajes que todavía respira con oxígeno vitalista en los sedentarios refugios de la memoria.
  No escapa al lector el pulso justificativo del liminar recordando las contingencias de escritura y la singladura de aquella propuesta narrativa que agotó en poco tiempo sus dos primeras ediciones. En esa nota prologal respira la soledad del escritor de brújula; la vocación de rocoso superviviente de compromisos familiares y dispersiones sociales para habitar a solas la línea de sombra del taller literario.
  El hilo argumental amanece con un alborotado monólogo interior. El fragmentario dibujo de lo real convulsiona las galerías del recuerdo; libera instantáneas vitales en las que adquieren fuerza las voces de la rememoración. Con esta resonancia de fondo, se abre paso hasta el primer plano Jaime Sarduy, profesor de instituto, cuarentón con poco sentido práctico, sustituto ocasional del director del centro, coleccionista heterodoxo, paciente sufridor de ladridos y arañazos de la enfermedad de plomo, y protagonista de un periplo vital complejo, que necesita sueños, soledades y amantes para construir en la grisura existencial andenes nuevos.
  El tiempo accional bascula con apariciones y ausencias de personajes que ofrecen planos secuenciales yuxtapuestos y un deambular de identidades que deja trayectos entrelazados. Así conocemos los rincones umbríos de un entorno proclive a lo precario, tanto en el centro de trabajo, como en las relaciones familiares que jamás tienen la quietud estable de la felicidad.
   Pero el escritor, junto al desarrollo de la trama, apuesta por la experimentación lingüística y la ruptura del enunciado lineal. Por ejemplo, en la segunda parte “La vuelta” concede continuidad a la historia como si fuera un relato dentro del relato, escrito por José Radek, un judío en el exilio, convertido en amigo confidente, mientras ejerce de librero en estado de ruina. El narrador anota los detalles ajustados que requiere el protagonismo de Jaime Sarduy, en su carnal romance con Teresa, una compañera de instituto a quien visita en el pueblo durante el periodo vacacional. Pero también fija en su quehacer literario los recuerdos de su propia historia y los apoyos previos de la escritura: organización de personajes, rasgos, reflexiones sobre el formato escritural, como el diálogo o las descripciones, y otros asuntos propios de quien se sienta a inventar una ficción y repasa sus claves.
   Así mismo, los capítulos muestran una confluencia de tiempos interpretativos, como si el discurso introspectivo del ahora nunca pudiera librarse de los efectos del pasado. El recuerdo es una forma de moldear las cicatrices vitales, esa codificación de actuaciones familiares que lleva en su desarrollo un notable resentimiento y el rictus patético de sentirse extraño en la propia casa. De ahí, ese continuo empeño de Jaime Sarduy de clausurar en el olvido pasos oscuros del ayer: los desencuentros familiares, la historia de Berta O´ Sullivan, el rolls, y otros elementos que contextualizan un tiempo de libertad y descubrimientos.
   El paso argumental del capítulo nueve emplea la prosa fragmentada del diario de Jaime Sarduy. Es tiempo de dar voz a la crónica personal en el regreso a casa. La voluntad, casi en estado febril, se aplica en reconstruir paciente el coche, convertido en herramienta del destino, busca piezas, también, de la historia personal, más con el ánimo de explicarse a sí mismo, que encontrar en esta tarea la verdad objetiva de los afectos familiares, causantes de tantos traumas.
   El sueño de Torba sorprende por la compleja construcción. En sus capítulos conviven el monólogo interior y los diálogos, las evocaciones y el presente para hilvanar un argumento proclive a las conexiones secundarias y al peso activo de los figurantes. Nace así una ficción que se hace fuerte en la tarea experimental de la palabra y en las paradojas que suscita ir descubriendo las señales explícitas de la dimensión inédita. Queda en esta propuesta narrativa de Rafael Soler un retrato de grupo en el que se acogen los pasos inconformes del amor y el deseo, la sal rutinaria y los recuerdos. Un estar transeúnte con sitio para las brumas y el naufragio. Aunque lleguen tarde, los sueños saben que nunca falta en el aleatorio viaje existencial el temblor frío de la decepción.
 
JOSÉ LUIS MORANTE


 

 


domingo, 25 de abril de 2021

EFECTOS SECUNDARIOS

Espejismos
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia
 

EFECTOS SECUNDARIOS

 

   Compartía con la realidad vínculos secretos que diluían los sueños en un vacío tranquilizador. Hubo que extirpárselos mediante una compleja intervención mental. El material operatorio evidenció algún fallo y nunca se aquieta el agua de los efectos secundarios. Ahora su cuerpo es un portavoz ensimismado, donde solo se escucha el acento confesional de los espejismos.

(De Cuentos diminutos)