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jueves, 4 de abril de 2024

DIONISIA GARCÍA. EL PENSAMIENTO ESCONDIDO

El pensamiento escondido
Aforística completa
Dionisia García
Prólogo de Carmen Canet
Editorial Renacimiento
Colección A la Mínima, Serie Mayor
Sevilla, 2022

 

UNA GRIETA DE LUZ

  
    En el tramo final de siglo, Dionisia García (Fuente-Álamo, Albacete, 1929) estrenaba género al publicar en 1987 Ideario de otoño. Era la más temprana cosecha aforística; un surco abierto que concedía a la autora relevancia especial como iniciadora de esta estrategia expresiva ante la carencia de voces femeninas anteriores. El decir mínimo habría de adquirir en el trayecto literario de la escritora amplio desarrollo, como se vislumbra en El pensamiento escondido, recopilatorio de las tres entregas dedicadas al aforismo.
  La travesía es analizada en el proemio “Confidencias” por Carmen Canet, quien personifica la más persistente indagación del taller conciso de Dionisia García. La resonancia escritural perfila, en un juego de transparencias, la luz directa de la intimidad. Dentro del texto, la palabra confidencial es dueña de un enfoque comunicativo y compartido; aglutina situaciones sencillas y cercanas y abre senda a un horizonte reflexivo expuesto desde la hondura de la introspección. Como dicta la obertura de Carmen Canet: “Deja discretamente sobre el papel que sus palabras fluyan vitales, emotivas, profundas e imparables”.
   La acumulación de registros en Dionisia García es geografía integradora y prolífica. Aglutina caminos entre la poesía, la narración, el ensayo y los aforismos. En todos ellos, la existencia sirve para comprender escenarios y procesos de la realidad desnuda; el discurrir es trasunto de un espacio real paradigmático que tiene asienta localizaciones en ámbitos desperdigados por el mapa de lo laborable. La palabra nunca pierde su calidez doméstica para dar voz a protagonistas que congregan cercanía y sencillez, estar machadiano.
  La senda completa incluye, junto al ya citado comienzo Ideario de otoño, con nueva reedición ampliada en 1994, los libros Voces detenidas (2004) y El caracol dorado (2011). Sobre este contenido, Carmen Canet preparó la selección El hilo de la cometa. Antología esencial (1987-2011), editada por Libros al Albur en 2019. Todos constatan en su desnudez expresiva que “El aforismo no es un juego para decir algo. Puede llegar a quien escribe por vía intuitiva, o ser expresión de un pensamiento previo hasta considerar que el resultado puede ser válido. En su proceso viene a ser semejante al poema: hay que estar alerta.”
   Los pensamientos mínimos tienen preferencia por la forma directa; los enunciados son pasos cercanos a la biografía personal y exponen los efectos colindantes de las circunstancias. Los núcleos argumentales huyen de la estridencia; muestran contraluces y contrastes frente a las interrogaciones de la razón. Estas señales son percibidas por el proemio de Carlos García Gual a Ideario de otoño. El prologuista recuerda la tradición de un género con sus nombres esenciales a los que se añade el decir sentencioso de Dionisia García, desde la observación sutil, suave, irónica, como si las ideas se hubiesen instalado en los bajorrelieves del matiz. El transcurrir invita a la contemplación, al camino que enlaza el paisaje interior y las respiraciones de los elementos del entorno, siempre sometidos a las continuas metamorfosis de procesos naturales.
   El tumulto semántico acoge también referencias frecuentes al sentido y razón del hecho literario: “Las palabras nos ordenan, nos sitúan y alojan. Mal tratadas se vuelven contra nosotras”; “El estilo un poco gris –decía Baroja-  para que destaquen los matices tenues”. Placidez al visualizar la idea”. Este último texto pude muy bien definir los límites austeros de esta práctica minimalista y su complicidad, al asomarse al mundo, con la levedad de la  menudencia y sus grietas de asombro.
   Como ratifica la introducción de Voces detenidas la introspección se hace mirada interior. Pauta interrogaciones a través de la ironía, el desencanto y la esperanza, en torno a la condición humana. La escritura traza los rasgos de un autorretrato que intercala zonas oscuras y claridades. El yo percibe las voces detenidas del silencio, interpreta tras su indefinición genérica, esa parquedad narrativa, coloquial y directa que solemos hallar en el andamiaje del relato existencial. Los textos desandan el camino, cuestionan un pensamiento acomodaticio para dilucidar el sentido existencial; hablan de seres que deambulan buscando certezas y perciben el vivir despacio con sus asimetrías y relieves.
   La entrega El caracol dorado sirve de cierre a la compilación, tras un breve apunte de la autora donde comenta que el título nace de una impresión visual, cuando se despliega la amanecida. Se hace la luz y el aforismo ilumina los rincones del pensamiento para indagar sobre una realidad en vilo. La tarea impone una mirada insistente que se empeña en percibir el rastro de las cosas, los estratos de sus posibilidades y esos efectos secundarios que generan emoción y reflexión, la calidez de las palabras cortas y sus irisaciones.  
  Los aforismos de Dionisia García nunca son indiferentes a la historia menor, al poso anecdótico de apariencia insignificante. Saben que el lenguaje los dignifica y los convierte en compañías apacibles, en esos interlocutores de la inteligencia que fluyen con textura transparente, como un cauce incontenido de verdad y belleza. Tras su fragilidad evocadora, cada aforismo guarda la consistencia de un comienzo.

 
                                                                       JOSÉ LUIS MORANTE


 
 
 

jueves, 19 de octubre de 2023

HIRAM BARRIOS. UN NAUFRAGIO PERMANENTE

Un naufragio permanente
Aforismos 2013-2023
Hiram Barrios
Collage de cubierta de Carmen Canet
Editorial Libros del Aire
Colección Alto Aire
Boo de Piélago, Cantabria, 2023

 

LA DUDA EN PIE

  

   El lector persistente suele plantearse esas dudas inquietas que empujan al libro. Advierte que entre las páginas buscan sitio dos posturas confrontadas en torno al quehacer creador: la aceptación o el cuestionamiento. De la primera nace una literatura enunciativa y sedentaria, satisfecha con los trazos que guarda la cortesía del espejo; que hace de la realidad llanura propicia para que todo emprenda un itinerario natural, un inventario de hábitos sin variaciones, los previsibles acordes de un pentagrama amarillento. Nace de la segunda postura –el cuestionamiento- una búsqueda continua, un viaje sobre el pavimento mojado de las palabras, un sitio donde todo en la página es fragmentario y mudable. Y aquí, como un zapador en la trinchera, deja su rastro el aforismo, la concisión introspectiva que no teme el salto al vacío ni el fondo sombrío de la hendidura.
   Hiram Barrios (Ciudad de México, 1983) hace mucho tiempo que forma parte de la eclosión aforística peninsular. Su escritura refleja un perfil plural que integra la edición creativa, la práctica de la traducción al italiano y el ejercicio de la docencia como catedrático universitario. Completó su formación en Letras y se especializó en Literatura Mexicana por la UAM. Comenzó pronto a difundir  creaciones y su fértil producción se expande en publicaciones de Hispanoamérica y Europa mediterránea. Desde el italiano, ha volcado al español a Edoardo Sanguineti, R. Roversi, Donato di Poce y Fabrizio Caramagna. Preparó Voces paranoicas, antología bilingüe de Eros Alesi (2013) y trabajos como El monstruo y otras mariposas (Ensayo, 2013) y Apócrifo, entrega de aforismos de 2014. Un año después editó Lapidario, balance de aforistas mexicanos que tuvo en España una extraordinaria repercusión, y en 2019 editó Aforistas mexicanos actuales. En Disparos al aire. Antología del aforismo en Hispanoamérica (Trea, 2022), otro hito del ensayista, reúne las voces esenciales de la escritura abreviada en América Central y América del Sur. Tantos aciertos le otorgan un lugar de relevancia entre los especialistas de la microliteratura.
   Como aclara de inmediato la mínima nota de autor, Un naufragio permanente. Aforismos (2013-2023) compila una selección concisa de una década, revisando y ampliando el material publicado en las entregas Apócrifo (2014, 2018), Artimañas (2021), junto a una representación textual de la antología Silenzi scritti. Aforismi. Antología Bilingüe Italiano-Spagnolo (2020) y un conjunto de inéditos “de corte experimental”, según el sugerente etiquetado del escritor.
   Antes de vadear por los ejes temáticos del decir breve, quiero resaltar la atractiva cubierta de Carmen Canet, otro de los nombres centrales del aforismo actual y directora de la colección Alto Aire. La escritora de Granada nos deja un collage cuajado de color, afín a la sensibilidad impresionista. También sorprende, como sucede en algunos libros del aforista Ramón Eder, la mínima ilustración monocromática de “Autorretrato”y el punto de ironía visual de la caricatura.
   Hiram Barrios ha definido el habla lacónica como una suerte de épica postmoderna. Una perseverante tarea para descubrir lo esencial, las formas ideales en un transitar proclive al desaliño de la banalidad, a los espejismos del presente y su particular geografía de saldos. De este modo, en el caminar de la creación, “el aforismo es atajo”. En él conviven el epitelio humanista y la reflexión donde respira el fluir de la conciencia: “El fracaso, cuando es contundente y sin aspavientos, tiene mucha dignidad”, “El aforismo no busca educar. Por eso es tan aleccionador”, “El aforismo sabotea la moraleja”. Este parco análisis de la naturaleza indagatoria del aforismo sirve de entrada a una compilación de textos mínimos donde la dispersión temática funciona como punto de encuentro. La curiosidad intelectual testimonia la diversidad; de este modo en los diferentes capítulos de Un naufragio permanente se escucha el rumor inquieto de una percepción en vigilia. Quien escribe mira, sondea las respuestas del silencio. El sujeto verbal personifica el lugar de la escucha. Camina a solas con su pensamiento. Dialoga consigo sin buscar respuestas. Deja que los enunciados sentenciosos dibujen el paisaje estacional de la interpretación. Al cabo: “Intrincar los enigmas tiene más sentido que tratar de resolverlos”.
   De cuando en cuando el habla lacónica sugiere un relato con personajes y argumento que se resuelve con la inmediatez de una microhistoria: “Niñería. Quería a toda costa ser un hombre”, “El choque. Caminé varios días para perderme; ¡ingrato destino!: terminé encontrándome”. Otras veces fecunda una grieta mental sobre la escritura, como sucede en el apartado “Tachaduras”. Allí lo metaliterario muestra una realidad cercana y transparente, que se mira en las aguas de la tradición y desmiente las propias certezas convocando al “Arte de borrar”: “Escribir y pensar son operaciones distintas. Pensar y borrar son la misma cosa”, “Borra las huellas para que las puedan seguir”.
  Un naufragio permanente recurre a rótulos orientadores para dar a su contenido la apariencia de un viaje reflexivo por andenes desperdigados. “Epitafios” ahonda en esa escritura que busca permanencia más allá de la finitud. Si el nihilista, como asevera un aforismo, es víctima propicia de su propio vacío, personifica también lo paradójico, el hecho de confrontar una realidad y su reflejo, de ubicar al escritor frente a su obra: “El librepensador. Luchaba por la verdad. Su obra lo desmintió”.
  Para quien esto escribe la sección “Manuscrito hallado en una botella” contiene una buena compilación de aforismos excelentes. Dejo una muestra: “La evolución es un fraude. Fracasamos como animales”, “No hay filosofía que pueda salvarte de ti”, “La inteligencia explica; la memoria implica”, o el esqueje verbal que inspira el título del conjunto: “La vida es un naufragio permanente; nunca dejas de hundirte”.
  Hiram Barrios sondea modelos expresivos formales para evitar la pulsión reiterativa de la frase aforística. En “El caminante y su sombra”, dedicado a Manuel Neila, otro gran impulsor del aforismo, ensaya la forma dialogal y el desdoblamiento entre enunciado y respuesta para que los aforismos personifiquen silencios escritos. En “Artimañas” y “Los hechizos de la noche” el destello conciso mantiene densidad reflexiva en su naturaleza filosófica, recordando el didáctico consejo de Nicolás Gómez Dávila: “Escribir corto, para concluir antes de hastiar”. Y en “Autoservicio” se extrema la apariencia gráfica, como si el escritor convocara la perplejidad del lector para completar los mínimos enigmas expresivos. También acentúa su apariencia de caligrama la secuencia verbal “Cuatro claves y un distractor” con disposiciones visuales aleatorias para cada uno de los textos que parecen conceder al mensaje un segundo plano.
  Cada antología es un muestrario de fragmentos que trata de convertirse, desde la brújula del azar, en un todo unitario. Un naufragio permanente aspira a ser una caja de resonancia en el tiempo, la bitácora de un itinerario que ha hecho del decir breve una estrategia expresiva testimonial y directa, en continuo peregrinaje interior, donde todo está en discusión. Sólo la duda sigue en pie.
 
 JOSÉ LUIS MORANTE





martes, 19 de septiembre de 2023

MÓNICA DOÑA. OSCURA HIERBA

Oscura hierba
Mónica Doña
Nota de contracubierta de Ángeles Mora
Ediciones Sonámbulos
Granada, 2023



GOLPES DE LUZ

  

   Hace muy pocos meses apareció la antología Esta voz que me escribe (La Edad del Agua, 2022), una compilación de voces femeninas de Granada, con texto de introducción de Luis García Montero y notas finales de Francisco David Ruiz. En las páginas de aquella selección, junto a Ángeles Mora, Carmen Canet, Ioana Gruia, Teresa Gómez y Trinidad Gan, estaba Mónica Doña porque no puede entenderse su cosecha obra lírica sin el entorno vitalista y pleno de luz de la ciudad de la Alhambra. Nacida en Jaén, pero residente en Granada desde los primeros pasos del siglo XX, comienza su práctica poética en el año 2000 con el poemario Nueve lunas que, tras un largo silencio de más de una década, expande límites con las entregas La cuadratura del plato (2011), Adiós al mañana (2014), ¿Quién teme a Telma & Louise? Mundo fantasma.
   En todas estas amanecidas se percibe una voluntad estética figurativa y una dicción limpia e intimista. La poeta bebe en las aguas transparentes de la poesía de la experiencia y hace de la temporalidad y lo cotidiano estratos argumentales básicos, junto a la huella fuerte del cine y su lenguaje visual. En la nueva entrega  Oscura hierba emplea como única cadencia versal la frágil estrategia del haiku. Ángeles Mora, en su sabia nota de contracubierta, advierte que Mónica Doña se acerca a la tradicional estrofa japonesa con el verbo conciso de un golpe de luz. Desde la brevedad de los tres versos explora los contraluces cambiantes del entorno; nunca describe sino que indaga dentro para percibir latidos y vibraciones. De esta mirada nace el haiku como escueto fogonazo de un paisaje interior que va mostrando rincones del yo, para establecer la senda caligráfica del tiempo. Mónica Doña precisa el contorno semántico de Oscura hierba como una compilación de instantes poéticos, donde es perceptible la aleación entre pensamiento y filosofía para buscar la imagen “sorprendente y magnética” en la mínima arquitectura verbal del haiku, entre las contingencias anímicas de la subjetividad y la cartografía de un espacio cotidiano cambiante que respira habitado por la paradoja y la inquietud existencial.
  Mónica Doña organiza los haikus en tres secciones. En la primera, “Caída libre”, que se abre con una cita de Miguel Hernández, se busca el tono narrativo del testigo que enuncie de forma directa, sin interrupciones digresivas: “Me baño y miro / los ojos transparentes / de las burbujas”, “En la laguna / la grulla equilibrista / alza una pata”, “Nunca están solas / las cerezas van siempre / de dos en dos”.
   Llega al lector el deje manifiesto de una percepción cerrada, sin líneas colaterales.  En este apartado destacan las pinceladas poéticas nacidas de la contemplación de un cuadro. La pintura se vuelve hilo argumental para ver a cada artista más allá del epitelio cromático, para interpretar los parámetros estéticos que convocan a la emoción.
   La poeta, en el tramo central “Oscura hierba” que da título al libro, no duda en afrontar el otoño de la incertidumbre que dispersa el discurrir. La naturaleza es plenitud, pero también contorno de sombra, finitud, estar transitorio: “Pasos efímeros. / la arena de las dunas / no deja huellas”, “Obsceno octubre / bajo las arbledas / que se desnudan”, “Entre dos luces / todo cambia. Me acoge / la oscura hierba.”
  Los trazos insomnes de “Caligrafías” cierran las páginas de Oscura hierba. Con ese sentimiento de comunión directa con el instante y las formas que nos rodean hasta donde alcanza la vista, la mano de Mónica Doña escribe. Hace de cada haiku una manera de estar. No hay imperativos urgentes sino itinerarios sensoriales. Se incorporan al patrimonio cognitivo de quien vive la existencia como un caminar hacia el asombro y la experiencia, esa entera verdad del tiempo que se escribe para dar fe de vida: “Cualquier fisura / puede albergar semillas / que un día brotan “.
 

JOSÉ LUIS MORANTE



sábado, 4 de febrero de 2023

ROSARIO TRONCOSO. NO ES LOCURA, ES CLARIDAD

No es locura, es claridad
Rosario Troncoso
Ediciones de la Isla de Siltolá / Aforismos
Sevilla, 2023

 

RASTRO DE AUSENCIAS
 
 
 
   Cualquier senda literaria tiene mucho de exploración y búsqueda; de voluntad que sale al paso, dispuesta a adentrarse en recorridos que propicien un retrato más nítido y preciso del taller, en su empeño de enlazar sensaciones, pensamientos y actitudes: “Escribir es ensanchar la mirada”. Rosario Troncoso (Cádiz, 1978), docente de Educación Secundaria de Lengua Castellana y Literatura, editora, articulista y gestora cultural mantiene en su presencia una creación abierta que conjuga géneros como la poesía, el comentario de prensa, la crítica y el aforismo, aunque sus itinerarios expresivos disgregan entre sí un diálogo abierto, sin disonancias.
  Su producción concisa amaneció con la entrega Relámpagos (2019). Algunos textos se integraron poco después en la antología 11 Aforistas a contrapié (Ediciones Liliputienses, 2020). Aquellos pensamientos lacónicos aglutinaban fragmentos reflexivos, anotaciones autobiográficas, impresiones de ambiente, versos sueltos y algunos haikus; en suma, una travesía por la dicción sapiencial marcada por la pervivencia del lirismo y un claro epitelio afectivo.
   Retorna al quehacer hiperbreve con la entrega No es locura, es claridad, una compilación definida, con hermosa precisión, por Carmen Canet, en su texto de contraportada: “como en un atlas de geografía humana nos despliega las pequeñas cosas de la existencia”. En la perspectiva escritural de Rosario Troncoso se sientan en la misma mesa la experiencia vital, el sentido común como brújula de regulación del estar diario y la nostalgia de un tiempo edénico, asociado en general a los días de infancia y a la plenitud auroral de la niñez.
   Con citas de Emile Cioran y Javier Sánchez Menéndez, Rosario Troncoso emprende ruta con el apartado “Certezas feroces”, al que añade la voz de Luis Rosales que recuerda “Quien no duda nunca, se miente a sí mismo”. Desde ese estado de introspección que suma resonancias interiores para definir las coordenadas propias, la escritora explora y descubre los relieves anímicos del mapa personal. Encerrada en su propio fluir, la conciencia trata de hallar el equilibrio básico que aporte una identidad nítida y luminosa: “Cuánto de ti en los ojos de los otros”. Se sabe vulnerable y frágil, hecha cristal en las manos del tiempo y en la percepción del otro. La existencia recrea con demasiada frecuencia un movimiento pendular entre el amor y el dolor y en esa trayectoria se ubican abundantes certezas de la escritora, esos estados anímicos marcados por la perplejidad: “He aprendido a vivir sin pensarte, ahora no estoy pensando en ti”, “Nada como el dolor, para amar lo que no duele”, “Prender, arder, desprenderse”, “Si han brotado las alas duele más la condición de pájaro”, “El más profundo desconcierto está en despedirse, otra vez, de quien ya se había ido”.
   Recordé, al inicio de esta reseña el tacto lírico de estos aforismos; Rosario Troncoso argumenta el pensar tras una sensibilidad poética que busca claridad en la belleza: “Los lugares más hermosos son sueños que no recordamos al despertar”, “Su boca en mi espalda cose mi corazón”; “Cuando el abismo sea la sombra propia se ha de abrir el pecho al más mínimo destello de luz”, “La libertad duele porque está hecha de heridas”, “No temo que me hieran, temo cómo seré yo después de la herida”.
   La crecida digital ha volcado en las redes un reguero de asuntos personales que, por su exposición, se convierten en muestrario público de lo privado, aunque sean evidencias intangibles, fantasmales, huidizas. Aun así, mantienen una pulsión social estridente. De esa circunstancia de hace eco la escritora para moldear impresiones reflexivas que adquieren la condición de reflejos del yo: ”Amor Instagram: no soy capaz de soñarte sin filtros”, “Firmeza en los planteamientos: filtrado de individuos sobrantes”; “El onanismo en las redes sociales se ha convertido en un valor a compartir”. Rosario Troncoso vierte en sus aforismos la experiencia digital y una fuerte mirada crítica, pocas veces benevolente, como si personificara una sensibilidad de náufrago que advirtiese sobre el tejido frágil de ilusiones y sueños: “Si constantemente hay que demostrar inteligencia a los demás son los demás los que deben demostrarla”, “A veces creemos ser espejo para alguien y solo somos espejismo”, “Exigimos a los demás que sean oasis para nosotros, mientras ofrecemos un erial”.
   La carga explícita del título, sirve de apertura también a la sección final. De nuevo la soledad y el ensimismamiento dictan la caligrafía escritural de un presente de inquietud y melancolía, donde los sueños tienen vuelos rasantes y donde la voz de la razón contradice idealizaciones y esperanzas: “El estado de ánimo es una lámina frágil en manos de los demás”; “Locos y pájaros no tienen miedo a las alturas”, “Se debe amarrar bien la cordura: es volátil”. Queda a solas la orfandad del solitario. El empeño de quien despliega el mapa del corazón para asumir, como un legado básico, hecho de aspiraciones quebradas, que “Crecer, mirar y no volverse loco es el verdadero éxito de la vida".

        
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
 

martes, 10 de mayo de 2022

DIONISIA GARCÍA. VUELO HACIA DENTRO

Vuelo hacia dentro
Dionisia García
Prólogo de Consuelo Ruiz Montero
Editorial Libros del Aire
Colección AltoAire
Boo de Piélagos, Cantabria, 2022

 

TRAS  LO VIVIDO

 

    La experiencia literaria de Dionisia García (Fuente Álamo, Albacete, 1929), en su pluralismo y diversidad, está marcada por la poesía como piedra de toque. Así se constata en Atardece despacio, volumen que acoge el cuerpo poético completo; una  producción contundente, que compila más de cuatro décadas de escritura. Es el balance de una entrega incansable, que aún prosigue, si nos atenemos al abanico de poemas de Mientras dure la luz (2021).
   Pero la mirada creadora deja sitio al aforismo, estrategia expresiva capaz de penetrar el epitelio del ser y mostrar su textura más humana. En el laconismo sapiencial queda expuesto el núcleo interior que aglutina incertidumbres y angustias, ideales y ceniza, recuerdos y la hermosa desnudez de la esperanza. La dicción minimalista se hace meditación y memoria. Indaga en el patrimonio de la sensibilidad. Alumbra una identidad en el tiempo. El presente esconde la frágil verdad del existir, la advertencia intacta del tránsito. El yo es un pasajero fugaz del transcurrir y así lo constatan, en términos literarios, las sucesivas entregas de aforismos Ideario de otoño (1987), Voces detenidas (2004), El caracol dorado (2011) y El hilo de la cometa. Antología esencial (1987-2011), balance personal con selección y prólogo de la aforista, crítica y ensayista Carmen Canet.
  Del itinerario aforístico de Dionisia García se nutre Vuelo hacia dentro, una selección que moldea con las teselas de la brevedad una manera de estar. Día tras día, el tiempo expande imágenes y símbolos cercanos, perfila contrastes, presenta la realidad como una ficción narrativa que construye espejismos en el horizonte y ubica en el pensamiento la ventana abierta de la incertidumbre. El lenguaje del existir tiene la cadencia de un canto polifónico. Y así lo manifiesta la fuerza ordenadora de este conjunto de casi seiscientos textos breves, donde a juicio de Consuelo Ruiz Montero, Catedrática de Filología Griega de la Universidad de Murcia, resalta un incansable diálogo con la naturaleza y el clamor palpitante de la propia travesía vital como camino de aprendizaje y veta profunda de enigmas y lucidez. El yo no tiene más estrategias que la reflexión y la interiorización de una realidad transcendida, que se vislumbra auroral y estética, dispuesta a la construcción continua de un universo mudable.
   El aforismo deviene claridad y espera, busca el umbral del entendimiento: “Escribir es estar al acecho de lo probable”, “La pasión por la escritura va con la vida, si ésta lentece el impulso se agosta”. Con aparente ligereza, las evidencias muestran pacientes su telaraña relacional con el sujeto verbal. Toca descubrir desde la percepción ese entorno natural que propaga enclaves para la imaginación y para la búsqueda de sentido de una realidad tangible. Quien se asoma a lo diario, se afana en preservar su misterio: “No me gusta leer a filósofos que lo tienen todo claro”, “Si desechamos las ideas difíciles de comprender, y no insistimos en ellas, corremos el riesgo de quedarnos en blanco y tener que volver a empezar”, “Nuestro caminar, de un solo recorrido, es cercenado por banalidades, controversias, espacios perdidos. ¿Qué nos queda?”.
   La memoria cultural se convierte en un claro del bosque, repleto de referencias que propician con su rescate estados de ánimo próximos a la evocación y la nostalgia. Dionisia García muestra un cúmulo de experiencias lectoras que invitan al balance: “Shakespeare se defiende como puede en esta época, porque estamos en otra cosa”, “Montaigne ha pasado todas las revisiones con excelencia. En estos años ha quedado para las citas”, “Charles Dickens es ese autor que tenemos en el “cuarto de atrás”, y lo aireamos de vez en cuando para nuestro bien.”, “Antonio Machado es un surtidor inagotable. A él vuelvo de vez en cuando para refrescarme”.
   Los aforismos de Dionisia García integrados en Vuelo hacia dentro avanzan con mirada múltiple. En su vocación indagatoria disciernen sobre la riqueza de matices interiores y externos que a diario percibe el camino existencial. En el fluir de la conciencia hay una sensación de madurez y culminación de destino, la serenidad de haber llegado, siempre con incertidumbres, tanteos y dudas, y consciente también de nuestra condición efímera: “Desde que somos conscientes de nuestra finitud, alojamos su realidad y ensombrecemos el camino”, “Tener la maleta hecha no está de más”. La selecta aforística de Dionisia García ensancha senda cívica, constata plenitud y conocimiento, la palabra viva que levanta el ánimo y agradece “la caricia de ser”.
 
José Luis Morante





viernes, 4 de marzo de 2022

RAMÓN EDER. AFORISMOS Y SERENDIPIAS

Aforismos y serendipias
Ramón Eder
Editorial Renacimiento
Colección Los cuatro vientos
Sevilla, 2021

LAS PACES CON LA VIDA

                                                        

   Poco dado al dogmatismo teórico, en el blog “Puentes de papel” Ramón Eder (Lumbier, Navarra, 1952) realizaba un mínimo acercamiento reflexivo al aforismo y a su vibrante despegue en el presente. El breve texto “Los apogeos intermitentes del aforismo” alertaba sobre los vaivenes presenciales de la voluntad lacónica y sus posibilidades de fulgor y marginación. Y asociaba ese estar de movimiento pendular con una etapa histórica de transición, donde el suelo de la certidumbre se convierte en espejismo movedizo que moldea la verdad y media del pensamiento en media verdad.
   De esa tensión polarizada entre fugacidad y permanencia se nutren los retazos verbales de Ramón Eder. El navarro muestra un decidido empeño por convertir la estrategia expresiva del habla lacónica en monopolio expresivo, aunque no reniegue nunca de un trayecto plural, cuya travesía inaugural dejó los poemarios Axaxaxa mlö (1985) y Lágrimas de cocodrilo (1988) y el libro de relatos La mitad es más que el todo (1988). Después, la cosecha minimalista y lapidaria copa por completo el trabajo de taller con casi una decena de estaciones al paso, algunas de especial calado como Palmeras solitarias,  reconocida con el Premio Euskadi de Literatura, 2019.
   En el caminar a solas del aforismo en busca de lo inesperado emerge una voz singular en la que toma asiento una reconocible caligrafía semántica, moldeada en torno a la existencia cotidiana y los dispares relieves de la realidad. La meditación fragmentada desgrana semillas verbales a partir de nutrientes expresivos como la intimidad confidencial, el humor, la ironía benevolente y la paradoja. Así se fortalece una inteligencia creadora que aglutina las entregas La vida ondulante (2012), Aire de comedia (2015),  Ironías (2016), Palmeras solitarias (2018), Pequeña galaxia (2018), El oráculo irónico (2019) y Café de techos altos (2020). Una amplia muestra de tan encomiable producción se compila en Aforismos del faro de la Plata (2022), con edición, selección y prólogo de Carmen Canet, profesora, aforista y excelente sondeadora del minimalismo verbal.
  La edición, con magnífica fotografía del autor de David Herranz y una escogida estela de viñetas que reordena la separación de secciones, ubica como farol de entrada un humorismo del inagotable Mark Twain: “Las mejores arrugas las producen las sonrisas”. Y añade una nota explicativa sobre “El aforismo serendipia”; Eder focaliza una estela del laconismo que aporta el reflejo de lo inesperado, ese instante varado en los relojes que convierte en compañía la casualidad y el hallazgo feliz por accidente. La sección “Aforismos de la Zurriola”, resguarda a los aforismos bajo las sombrillas playeras de Donostia, para reflexionar sobre la naturaleza literaria del género. Ramón Eder exige al habla concisa inteligencia, humor, ingenio y la carga justa de simbología que anule la banalidad de la ocurrencia.” En el aforismo el fondo y la forma son inseparables”, “El aforista es una mezcla de filósofo sin sistema y de poeta sin ripios”, “Todo libro de aforismos es un cajón de sastre”.
   Se advierte de inmediato que el escritor sabe que la pulsión vitalista del texto breve cobija ingenio, ese chispazo de la inteligencia que nunca concede sitio a lo previsible. Cada aforismo bordea la cuneta que enlaza realidad e imaginación, Es grava suelta y arbustos silvestres; un suelo firme, pero irregular, en el que se dibuja la sombra del discurrir diario: ”Cometemos el error de pensar que estar vivos es normal y corriente cuando es excepcional y asombroso”. En efecto, las aceras del día depositan situaciones, actitudes y pensamientos que van tejiendo la minúscula telaraña del asombro en la limpia nitidez del aire.
   Desde la luz encendida de la reflexión, se van alzando espacios de diversidad, como quien mira por la ventana y vislumbra una calle concurrida, donde cada instantánea es autónoma y exige una atención perpleja. La voluntad del texto suma recuerdos lectores, contingencias del ánimo y vivencias sentimentales que buscan integrarse en el balance existencial de la memoria: “Los hay que están enamorados pero son asintomáticos”, “Algunos se casan porque necesitan una madre”, “La paradoja de la vida es que hay que vivir como si fuéramos libres sabiendo que no lo somos”, “Cuando se construyeron las primeras cabañas de dos pisos ya algunos empezaron a soñar con rascacielos”.
   La sociología, el sentido lírico y la ironía son destellos continuos en la escritura de Ramón Eder. Proporcionan una naturalidad expresiva que, de inmediato, suscita el asentimiento y, no pocas veces, la sonrisa o el cálido abrazo lector: “Tenemos el dudoso honor de vivir en la época más próspera y más pueril de la historia”, “Creo que ser español para un español es más complicado que ser portugués para un portugués”, “El latín de las misas católicas lo entendía todo el mundo porque se sentía el misterio y así se comprendía todo”, “Las redes sociales de internet han modernizado el linchamiento”, “Lo malo de los atajos es que a veces nos hacen más corto un maravilloso camino.”, “A los narcisos les acaba haciendo el espejo la autocrítica”.
   El escritor rompe la monotonía con un amplio crisol temático. En él cristaliza, con voz serena e incisiva, la líquida realidad del discurrir. Aflora en los textos la carga interior del fluir reflexivo. La observación de quien percibe convierte cada instante en una parada emocional. El enunciado es compartido desde la razón como un frágil dominio sin pretensiones ilusionistas, aunque con la certeza de que “el escritor que innova es el que nos enseña a mirar de otra manera lo de siempre”, y de que “No gustar a los malos lectores es tan importante como gustar a los buenos”.
   Ramón Eder cierra su entrega con un abanico de serendipias. El escritor asocia el código comunicativo del habla concisa con el hallazgo y sus variaciones semánticas. Explora la oquedad azul del aire que suspende el misterio. Quien escribe busca rescoldos, manchas amarillas que diluyen las sombras; la esencia destilada del sol en la rendija.
 

JOSÉ LUIS MORANTE



 

 

 

miércoles, 16 de febrero de 2022

RAMÓN EDER. LOS APOGEOS INTERMITENTES DEL AFORISMO

Ramón Eder (Lumbier, Navarra, 1952)

                                                       

LOS APOGEOS INTERMITENTES DEL AFORISMO

 

   El aforismo alcanza su esplendor de manera intermitente ya que, después de sobresalir culturalmente durante cierto tiempo, suele pasar a una discreta marginación como si les resultara irritante a los lectores por su característica brillantez cegadora. Generalmente suelen volver cuando la sociedad está al final de una época dando paso a algo nuevo, siendo el aforismo el género literario filosófico que mejor relata ese caos intelectual propio de las épocas de transición. Después, una vez cumplida la misión de analizar las nuevas medias verdades y las nuevas verdades y media se va apagando otra vez y vuelve a refugiarse en unos pocos escritores que mantienen la lucidez lacónica en sus irónicas bibliotecas.

   Y así permanece el aforismo, orgullosa y solitariamente, hasta su próxima apoteosis que es lo que está ocurriendo ahora mismo en nuestra caótica actualidad en la que el mundo viejo está muriendo y el mundo nuevo aún no se manifiesta con claridad, lo cual ha ocasionado la típica confusión en la que los aforismos han vuelto a brillar como estrellas.

 

Ramón Eder

 

 Para quienes busquen saborear el agua limpia del aforismo, Ramón Eder es venero esencial, un clásico del ahora que goza del reconocimiento general. Tras su entrega Aforismos y serendipias (Renacimiento, 2021), se compila un amplio muestrario de su obra en la antología Aforismos del faro de la Plata (Libros Alto Aire, 2022) con selección y prólogo de Carmen Canet.


sábado, 1 de mayo de 2021

CARMEN CANET y ROSARIO TRONCOSO (Editoras): MATERNIDADES

Maternidades
Carmen Canet y Rosario Troncoso
  
(Editoras)
Prólogo de Carmen Alemany Bay
Fotografía de cubierta: Joaquín Puga
Sonámbulos Ediciones
Granada, 2021

 

A SOLAS, CONTIGO

 

   No había título mejor para esta compilación de voces impulsada por Carmen Canet y Rosario Troncoso. Treinta y nueve madres que escriben sobre su experiencia de la maternidad desde el poema, el apunte enunciativo, o los aforismos. Textos que provocan de inmediato un movimiento de traslación hacia la torrencial semántica del epígrafe Maternidades, reforzado por la excelente fotografía de Joaquín Puga que es otra baliza visual, otro poema sin palabras.
   Se me permitirá recordar que el núcleo argumental es un concepto vivo, inserto en el devenir histórico, y plenamente asociado en su esencia al rol femenino. Ser madre es confrontar todos los espacios de la identidad con un tiempo nuevo, abierto por el proceso del embarazo y las características cambiantes del parto y la crianza. De esta manera, la función procreadora implica una tarea privilegiada en lo personal y en lo social, exenta de cualquier subordinación. De la inigualable experiencia nace esta antología temática cuyo pórtico firma Carmen Alemany Bay. La introducción recalca la diversidad de enfoques, una zona de cruces nacida de una cronología que encierra casi sesenta años de diferencia entre Dionisia García, poeta que abre el libro, y María Agra-Fagúndez, última invitada. Por tanto: “Estas páginas son el resultado escrito de una misma experiencia; pero es tan rica, tan abrumadora, tan impactante (…) que no puede menos de conmovernos”. Es sencillamente, el milagro de la vida.
   Conviene adentrarse en las páginas de Maternidades desde una lectura terapéutica, contenida, dialogal, para que cada enfoque ubique estratos de intimidad para descubrir claves secretas. Así, la mirada lírica de Dionisia García sobrecoge, pues objetiva su enfoque con el anecdotario histórico de un tiempo de rabia e intemperie. También el sedimento de Juana Castro dibuja una realidad precaria en la que se hace luz el sacrificio y la entrega.
  Los trazos expresivos combinan estrategias en verso y prosa; del camino abierto de formas llega la evocación de Marta Cerezales Laforet, hija de Carmen Laforet, la inolvidable autora de la novela Nada, y de Cristina Cerezales Laforet, la nieta que dibuja en su memoria el papel de los libros y el aprendizaje de la lectura como puerta de conocimiento. La voz de Gioconda Belli airea la savia nutricia del legado memorioso en la tenaz perseverancia del recuerdo. También en Piedad Bonett y Ángeles Mora encuentra cauce el intimismo confidencial del hijo que poco a poco crece y gana autonomía para tomar la palabra con sus propias vivencias. Mónica Doña no se limita a la mera contemplación de la maternidad como legado de plenitud y clarifica sus efectos secundarios, en los que no falta la erosión del tiempo y su continuo caminar hacia la nada. Los poemas de Pilar Mañas se empeñan en abrir un nivel cognitivo a las sensaciones; es punto de partida que alumbra la percepción de un decurso temporalista donde se gesta la propia identidad.
  El necesario abrazo entre pensamiento y poesía del decir breve diseña las colaboraciones de Carmen Canet, cuyos aforismos moldean un diálogo interior, Anna Kullick Lackner, empeñada en dar una voz natural a la realidad de los hijos y a su presencia en lo cotidiano, o las líneas fragmentarias de Trinidad Gan, cuya prosa poética delata el temblor de los recuerdos, esas instantáneas de vida en la memoria con miedos y sensaciones que enriquecen las variantes y arritmias de lo imprevisible. La colaboración de Pilar Gorricho del Castillo tiene el desgarro de la autobiografía, esa incisión abierta del dolor que deja la pérdida, y siempre me parece esencial esa lucha verbal de Eva Vaz para desgarrar tópicos y mirar resquicios y asimetrías: ser madre es soportar el triunfo desdeñoso de la hija por ser más alta y sentir en el extravío  su prepotencia afectiva; es conocer de cerca la intemperie acariciando músculos y huesos.
  Maternidad es una compilación muy densa y es imposible ubicar cada texto con las coordenadas situacionales concretas; queda esta tarea en manos del lector que solo necesita saber que esta antología monotemática constituye en sí misma un tratado de interpretaciones y una mirada plural a los repliegues de la memoria. La existencia subjetiva, tras la maternidad, adquiere otro significado que conlleva otra manera de entender lo diario. Los poemas de María Rosal, el estremecedor apunte lírico fragmentado de Ana García Negrete, la orfandad de la sangre de Anabel Caride y la sospecha de que el destino traza su propio mapa de ruta, son pautas incisivas de la maternidad que siembran emoción y estremecen el pensamiento.
  El resultado de esta propuesta editorial de Rosario Troncoso y Carmen Canet  es un regalo de polivalencia y riqueza, de selectas visiones y singladuras vitales que resultan esenciales para seguir tensando el hilo de la vida, esa forma misteriosa y única de amanecer al día.

JOSÉ LUIS MORANTE



sábado, 9 de enero de 2021

CARMEN CANET y ELÍAS MORO (Eds.) ESPIGAS EN LA ERA

Espigas en la era
Micropedia de aforistas españoles vivos
Carmen Canet  y Elías Moro
Apeadero de Aforistas
Sevilla, 2020
 
 

AFORISTAS EN ACTIVO

 

   Es evidente la buena salud del aforismo contemporáneo. Los primeros pasos del siglo XXI, en el espacio idiomático del castellano, pero también en otros entornos como Italia, Alemania, Francia o Gran Bretaña, han integrado en su discurrir una eclosión abrumadora del decir fragmentario, gracias a factores muy diversos. La insólita fluencia de colecciones, títulos, antologías, artículos monográficos, análisis y autores –resaltada por estudiosos como José Ramón González, Manuel Neila, Erika Martínez, Javier Recas Bayón, Demetrio Fernández Muñoz o Paulo Gatica- concede una solidez perdurable al esquema constructivo del aforismo y a su laconismo verbal, dispuesto a capturar la esencia del pensamiento con humildes elementos de uso. Es perceptible la vitalidad de vuelos en la variedad de estilos, puntos de vista, tendencias y sustratos argumentales. Así lo entienden también Carmen Canet y Elías Moro, dos autores con amplio trayecto en el género que coordinan juntos la edición de Espigas en la era, un despliegue nominal de más de cien aforistas españoles vivos.
  Este tiempo áureo no es flor de un día. Conviene recordar que la literatura fragmentaria es un producto histórico. Sus aleatorias codificaciones han estado presentes en los legados de todas las civilizaciones. Sus raíces fortalecen el carácter híbrido y un dinamismo trasversal que engarza pensamiento filosófico, tradiciones populares, enunciados éticos y literatura. Los textos paremiológicos constituyen una amalgama heterogénea que ha encontrado en el presente digital un cultivo insistente; de ahí la pertinencia de un proyecto didáctico como el propuesto por Carmen Canet y Elías Moro, que puede entenderse como una primera mirada a los poblados escaparates textuales del aforismo actual.
   En Espigas en la era firma el breve prólogo José Luis Trullo, persistente cultivador de la síntesis. El director y coordinador de la colección Libros al Albur y de la revista monográfica Elaforista.es ha impulsado abundantes proyectos de definición de la arquitectura lacónica que han contribuido al afán expansivo de títulos y autores. Pero todavía no exista un refrendo fuerte en el mercado; José Luis Trullo subraya que el acercamiento al libro de aforismos requiere una postura crítica y cuestionadora de lo subjetivo, en suma, un lector formado y selectivo que no busca rellenar tiempos de ocio.
   La pujanza del género enaltece el intenso trabajo de compilación que llevan a cabo Carmen Canet y Elías Moro, quienes recurren al orden alfabético para dar a los aforistas un trayecto orgánico. Cada autor aporta una mínima mochila textual, solo dos aforismos, lo que hace imposible el retrato estético de los seleccionados; o mejor, ubica estas espigas como selecta prueba de una mayor cosecha que necesita lecturas complementarias posteriores. Al tratarse de una cata de campos creadores activos, quedan fuera practicantes de nuestro tiempo como Miguel Catalán, Antonio Cabrera o  Eduardo García, que nos dejaron hace muy poco y cuya presencia sigue fuerte en los textos.
 En cualquier caso, se agradece este registro de urgencia que compone una información precisa del texto mínimo que tiene como objetivo complementario difundir el listado, desde la traducción, en otras cartografía creadoras. Hoy constatamos que ya llega a las librerías la versión al francés de Espigas en la era a cargo de la traductora Florence Real y del poeta y profesor Miguel Ángel Real. Con esta versión, que abre la puerta a otras como el inglés o el italiano, se hace evidente que el libro preparado por Carmen Canet y Elías Moro es una herramienta que ajusta el punto de mira. Propicia el disparo preciso y sugiere indagaciones posteriores del decir breve, ya dispuesto a asentarse por derecho en la plaza central del espacio creador contemporáneo.

José Luis Morante




sábado, 5 de diciembre de 2020

NO ES TIEMPO DE ABRAZOS

No es tiempo de abrazos
VV.AA. / Colectivo de fotografía AFOGRA
Prólogo de Javier Bozalongo
Sonámbulos ediciones
Granada, 2020

 

A PIE DE CALLE

 

   Aunque gestan vocaciones comunicativas dispares, el aforismo y la fotografía comparten la creación de un sentimiento de proximidad. Ambos borran distancias entre los ámbitos de la percepción sensorial y el pensamiento, creando un espacio nuevo en la intimidad del yo. Imágenes y palabras construyen la medida justa de un instante de asombro que transita por itinerarios emocionales. Desde ese fértil sendero de la colaboración que aúna posibilidades expresivas y estéticas llega el volumen No es tiempo de abrazos, impulsado con exquisito cuidado formal por Sonámbulos ediciones. El trabajo integra el sucinto legado aforístico de quince autores muy conocidos del decir breve, a juicio selectivo de la profesora, crítica y aforista Carmen Canet, y las fotografías de artistas integrados en el colectivo granadino AFOGRA.  
   Con perfilados contornos, la introducción del poeta, editor y aforista Javier Bozalongo dibuja las afinidades  pautadas del aforismo, como concisa propuesta verbal, y las fotografías, que permiten fijar la realidad desde la luz sobre una superficie sensible. Un absorbente reto que suma la sintonía de las dos disciplinas.
   Es necesario, aunque no habrá pasado inadvertido al curioso lector, refrendar la carga semántica del título en un momento colectivo marcado por la pandemia. El virus ha roto la normalidad para ensimismar lo diario y recomendar el mínimo contacto afectivo. Así pues, lo contingente se ha impuesto como categoría social inevitable: No es tiempo de abrazos. Asumir este lapsus sentimental en el discurrir provoca no pocos efectos secundarios y a su desarrollo estético se aplican aforistas y fotógrafos desde una perspectiva híbrida de palabra e imagen.
   La antología enuncia un sencillo núcleo de temas capitales que abre Carmen Canet y la fotógrafa María José González Almazán. En el vacío impuesto sobre calles y aceras, tantean las palabras su propio itinerario. Dice Carmen Canet: “Era una ventana que se asomaba a la calle para verla. Era una calle a los pies de una ventana que se empinaba para mirarla”. El inagotable espacio poético de Dionisia García ha abierto en paralelo una senda aforística del máximo interés; así que su presencia en el libro constata su voz fuerte, que aquí habla, con el abrazo visual de Diego Barroso, de desolación y soledad, del desconcierto irredento de la búsqueda y el refugio interior. La idea de ensimismamiento y clausura está presente también en el breve de Elías Moro: “Dar vueltas y vueltas en el claustro del propio pensamiento. Y no encontrar nunca la salida”, muy bien interpretado por la fuerza visual de Juan J. Márquez. La situación ha demostrado que el entorno se ha despojado de su sobrepeso de banalidad, y esa es la idea que alienta la mirada escrita de Erika Martínez y el instante capturado de Jesús Gil Corral. José Luis Morante ratifica la permanencia de lo paradójico, la contradicción y los contraluces que definen la voluntad del sujeto: “Esos pensadores profundos que se bañan donde la piscina no les cubre”, una estela argumental que refrenda en su imagen Mercedes Castro García. A una idea similar lleva el texto de Gemma Pellicer: “Ni siquiera la realidad soporta un buen análisis”. Javier Sánchez Menéndez añade en su decir el peso gravitatorio del silencio, ese estar que hace de la mudez la mejor palabra. En la clausura, se hace de la casa propia el refugio de la intimidad clausurada, una sensación que propicia el aporte de Felix Trull. Dicho pensamiento halla en Lorenzo Oliván, Mario Pérez Antolín y Sergio García Clemente otros matices: el olvido, el dolor y el reencuentro con la propia esencia del yo. El decir minimalista de Ramón Eder perfila un humorismo crítico: esa asunción de la rareza como nuevo hábitat natural de los apocalípticos. Junto a Manuel Neila e Isabel Bono, completan la entrega  nuevos aforismos enriquecidos por los sugerentes espacios visuales  de Lola Maleno, Joaquín Puga, Soco Martínez y otros miembros de AFOGRA.
   El compartir páginas de palabra e imagen en el libro No es tiempo de abrazos resalta el sustrato semántico de las teselas verbales. Borra líneas divisorias para mostrar las cadencias del yo subjetivo y su quietud concisa. Ese yo frágil que cobijamos en la identidad frente al rompiente mar de lo diario.


JOSÉ LUIS MORANTE



miércoles, 13 de noviembre de 2019

MIGUEL CATALÁN. SUMA Y SIGUE

Suma y sigue
Miguel Catalán
Prólogo de Carmen Canet
Epílogo de José Luis Trullo
Ediciones Libros al Albur
Sevilla, 2019


INSISTIR, PERSISTIR


   El inesperado fallecimiento de Miguel Catalán (Valencia,1958-2019), Doctor en Filosofía, profesor universitario, ensayista y autor de una abundante producción paremiológica compilada en el volumen Suma breve (Trea, 2018) despertó el sentir solidario de muchos compañeros del decir breve que homenajearon Al escritor a través de las páginas de la revista digital El Aforista.com. Y sirve también de homenaje la compilación Suma y sigue –qué título más atinado- que se abre con una breve introducción de Carmen Canet titulada “La ética en persona”. Tan vehemente titulación refrenda la desconfianza en el ahora. Es sabido que vivimos un tiempo de valores crepusculares, que pospone los elementos actitudinales marcados por la ética, para enaltecer el positivismo funcional y el individualismo atroz que preside nuestro tiempo. Miguel Catalán era rigor y afecto, compromiso con el ser, alejado del estropicio bullanguero del estar.
  Carmen Canet recuerda la presentación de la antología Concisos en Madrid que supuso la posibilidad de intercambiar saludos y proyectos futuros con los antologados. Así nació ese intervalo afectivo y la colaboración en Diccionario Lacónico (Sequitur, 2019), una impresionante obra colectiva impulsada por Miguel Catalán que amaneció hace unos meses y en la que estuvo trabajando durante treinta años. Como recuerda la escritora almeriense asentada en Granada, era “un libro de amistad” de ingenio, de laconismo y poda., un ejercicio de reflexión que buscaba la esencia bajo el epitelio de las palabras.   
  El conjunto seleccionado en Suma y sigue, libro inédito que estaba en prensa cuando fallecíó el escritor, continúa perfilando la propuesta fragmentaria de Miguel Catalán. Como escribí en mis anotaciones sobre su obra aforística completa “permite definir con lúcida solvencia el carácter ontológico del aforismo y su evolución en el discurrir. El término siempre está vinculado a un territorio de intersección entre literatura y filosofía que es base común de todas las entregas”.
   En la contundente concisión de sus textos se acoge la verdad de la experiencia y se abre las manos a la formulación activa de la paradoja como contraste ante una realidad de límites difusos y de cimentación movediza. Las paradojas son semilla en los surcos sentimentales que enriquecen el barbecho de la temporalidad y son lluvia frecuente en los campos semánticos que aglutina la existencia en la plaza diaria de lo colectivo. Eso da pie a organizar los textos por enunciados representativos que ponen en su formulación una clave temática: “Amor atlético”, “Demasiada dignidad”, “Reminiscencias del bachillerato”, “Malas noticias para la posteridad”… Al percibir esos enunciados, asoma la cabeza la ironía, como si la partitura de la trascendencia se interpretara en tono menor, en ese tono que transforma el decir filosófico en hilachas de sentido común.
   Los nuevos aforismos de Suma y sigue postulan la complejidad del trayecto cotidiano; formulan un diálogo de asimetrías entre lo subjetivo y la realidad del entorno. Sus temas se asoman  a las costuras de la experiencia. Se llenan de matice, aunque estos a veces sean contradictorios o definan estados de ánimo dispares, como si en su amanecida la escritura plegara pasos a la condición de ser.
   Ya se ha comentado que el libro se cierra con un epílogo de José Luis Trullo, aforista, director de la mejor revista dedicada al género e incansable editor. Las palabras del andén final, acogidas bajo el epígrafe “Despedida (sin cierre)" recuerdan afectos compartidos, intercambios de libros y palabras de aliento en proyectos comunes, siempre alumbrados por la cartografía meditativa del aforismo. El coordinador editorial de Libros al Albur resalta la generosidad de Miguel Catalán y la particular estética del escritor en torno al decir breve: “Era el suyo un aforismo muy característico, que se aleja de las fórmulas clásicas para indagar en formatos mixtos”. Acierta plenamente Trullo en su mirada crítica; Miguel Catalán expande el aforismo y lo acerca a la cita o la reflexión sociológica, lo convierte en anécdota o suma a su carga expresiva enunciados lúdicos.
   Suma breve descubría el excelente volumen conceptual del decir fragmentario de Miguel Catalán y catapultó a su autor a las primeras filas de aforismo contemporáneo. Suma y sigue quiere ser una prolongación esencial, un mínimo muestrario que ahora ve la luz por primera vez y contiene la introspección reflexiva de un escritor múltiple, la palabra afectiva de quien insiste en alzar la voz en la oquedad poblada del silencio.



martes, 15 de mayo de 2018

CARMEN CANET. LUCIÉRNAGAS

Luciérnagas
Carmen Canet
Renacimiento, Colección A la mínima
Sevilla, 2018


GOLPES DE LUZ


  Pocos géneros captan con la lucidez del aforismo las telarañas de afinidades que van creciendo entre periplo biográfico, entorno social y quehacer literario. Las tres geografías semánticas conviven con naturalidad, se complementan y dan pie al inacabable fluir de argumentos que salpica las páginas.
   Por su altura verbal, pese a su disonante ausencia en alguna antología reciente, Carmen Canet (Almería, 1955), Doctora en Filología Hispánica y Profesora de Lengua y Literatura con décadas de práctica docente, se ha convertido en uno de los referentes esenciales de la práctica aforística actual. Aunque su periplo creador estuvo, durante años, ligado a la escritura didáctica y a la crítica, desde los años ochenta cultiva el conciso aporte de la escritura breve, aunque su primera entrega, Malabarismos, aparece en Valparaíso Ediciones en 2016. No tarda mucho en firmar un segundo aporte en la misma editorial, Él mide las palabras y nos tiende la mano, una selección aforística extraída de la obra de Luis García Montero. Completa el quehacer de la escritora la entrega Luciérnagas, trabajo que se suma al excelente momento que atraviesa el aforismo en castellano, con una sorprendente proliferación de autores y títulos.
   Creo necesaria, antes de recorrer las páginas de Luciérnagas, un apunte reflexivo. Manuel Neila, investigador del género y director de la colección A la mínima, sostiene que estamos en una etapa nuclear, de codificación estructural del aforismo. Yo comparto esta afirmación, pero es imprescindible recurrir al recorrido de la tradición en castellano. La máxima de Gracián “Lo bueno, si breve, dos veces bueno” pone la clave central del formato e inicia una estale que en el primer tramo del siglo XX encuentra cultivadores y magisterios como Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, José Bergamín o Ramón Gómez de la Serna. Todos ellos trascienden el solemne enunciado de la Academia sobre el aforismo y aportan al suelo argumental nuevos matices.
   Para Carmen Canet el aforismo es un golpe de luz, el cuerpo diminuto y luminoso de una luciérnaga. Del maravilloso acierto estético nacen los hilos sueltos de esta compilación, cuyos caracteres encuentran breve enunciado en el liminar: “Los aforismos deben tener una dosis necesaria para dialogar, ser esos instantes terapéuticos de carga amable, elegante, irónica y comprometida, con los que te sientes muchas veces identificado porque dicen verdades, que no te preguntan ni responden, que ofrecen pensamientos y sentimientos, y que muchas veces ofrecen bienestar. “  El significativo párrafo constata el interés de la autora en resaltar el esquema conciso, la pauta reflexiva y la presencia del humor, que no es sino un esfuerzo inadvertido para mostrar el primer plano de una sensibilidad convivencial.
    La escritora resalta mediante citas la conexión entre chispazo aforístico y luciérnaga. Cada apartado focaliza un paisaje afectivo de incertidumbres, sensaciones y apuntes visuales. Así se manifiesta una percepción inteligente que muestra un carácter versátil, aunque siempre marcado por la temporalidad y la lectura ética. Quien habla, da cauce a una identidad permeable que va ajustando sus relieves al devenir: “Apagaba sus silencios con el interruptor del diálogo”, “para recordar quien eres es necesario olvidar lo que otros dijeron que eras”, “A cierta edad algunas cosas están menos firmes, pero están más relajadas”. Son textos que dejan entre las manos una fuerte pulsión lírica, que reitera en su avance un amanecer de claridad emotiva: “Los silencios que se mojan con la lluvia, enmohecen”, “La piel de la tristeza necesita crema hidratante”.
   Un entorno de amplio tratamiento en Luciérnagas es el amor y la caligrafía que traza en el cuaderno relacional. Sus líneas postulan renglones afectivos que tienden a crear un ambiente sentimental diáfano. Pero la voz de la escritora pone en cuarentena cualquier romanticismo exaltado y no duda en marcar distancias con estrategias irónicas: “Era una mujer tan dulce que siempre usaba extensiones de cabello de ángel”; “A la antepenúltima etapa de una relación hay que entrar ya con el abogado”
   El buen libro de aforismos es siempre un poblado recuento de intereses. casi ningún asunto se diluye en lo marginal. Van emergiendo como archipiélagos las preocupaciones que definen nuestro tiempo: la sensibilidad femenina y su perenne lucha por dar solidez al estar cívico igualitario, el arte y sus bifurcaciones, la lectura metaliteraria que busca la razón de ser de la escritura breve o el pacto entre sujeto y sociedad como si fuesen territorios polares que se atraen o repelen…
   De esta atinada riqueza, propiciada por la psicología de una presencia implicada en la travesía existencial nace entre los breves fragmentos un decir cálido, una voz dialogal que se mira en el espejo gastado de lo diario y hace suya la imagen de esos versos lapidarios de Giconda Belli: “Soy la mujer que piensa. / Algún día / mis ojos / encenderán luciérnagas”.





domingo, 28 de enero de 2018

CARMEN CANET (Entrevista)

Carmen Canet
Fotografía de
Joaquín Puga

Una conversación con Carmen Canet

Desde la publicación de su primera entrega aforística, Malabarismos (Valparaíso, 2016) Carmen Canet se ha convertido en una presencia habitual en las principales antologías del género. Nacida en Almería, pero residente en Granada donde forma parte de su inquieto tejido cultural, y profesora durante muchos años, la escritora prepara su segunda salida en la editorial Renacimiento.


La crítica ha sido la primera opción de tu itinerario creador. ¿Podrías resumirnos esa larga dedicación lectora?

He sido desde edad temprana una lectora incansable y me gustaba también escribir.

Comencé con la escritura en los últimos años de carrera con los estudios de dos revistas: “La Vida literaria” (1899), y “La Ilustración Católica” (1877- 1883), mi fascinación por el periodismo literario me llevó a estos trabajos que fueron mi tesina y mi tesis, publicados por la Editorial de la Universidad de Granada. Desde 1980 fui colaboradora de la Revista almeriense Andarax. Artes y Letras, donde entre otros artículos, tuve una sección que dediqué al estudio de las principales revistas literarias contemporáneas. Seguí y sigo con mi labor de crítica literaria, de investigación, con propuestas educativas y didácticas, así como colaboraciones con reseñas en distintos medios. El tema de las rutas literarias me ha gustado siempre y tengo varias publicadas. El estudio y  trabajos sobre  la escritura del aforismo, junto a la lectura de los grandes maestros me ha llevado, de forma natural a la tarea de escribirlos.

 Crítica, prosa didáctica, aforismos, poesía…Sobre tu mesa de trabajo una sosegada convivencia de géneros. ¿Cuál de ellos tiene el papel principal en tu escritura?

La  crítica literaria y el aforismo son ahora el centro de mi escritura, colaboro en varias revistas y suplementos de libros de algunos periódicos, asiduamente, y en el campo de la creación mi género es el aforismo. La poesía es mi pasión, escribo y  he colaborado puntualmente en antologías, acabo de participar en dos por temas solidarios. He tenido una etapa grande que me ocupó la elaboración de diversos trabajos y propuestas educativas y didácticas debido a mi profesión docente pero ahora es menor mi intervención en estas cuestiones.
                       
 Tu paso inicial, Malabarismos apuesta por un aforismo lacónico y contenido, que tenga el efecto de un destello. ¿Qué cualidades exige a este género breve?

En los tiempos que corren el aforismo está exento de retórica, grandilocuencia, de moralismo y didactismo que es la diferencia que existe con el clásico. En el aforismo contemporáneo estas formas breves son como comprimidos que deben de tener una dosis necesaria para dialogar, ser esos instantes terapéuticos de carga amable, elegante, irónica y comprometida. Por eso son ingredientes necesarios: la concisión,  la reflexión, el  humor, la crítica y la verdad. Deben acotar el vuelo de la mente con un léxico sutil, lúdico, lírico y social. No admiten una única lectura: con licencias, con palabras en libertad que nos llevan a la vez a la inmediatez y a la distancia, con genio e ingenio marcan el camino para descubrir otros senderos, dar que pensar y provocar e iluminar al lector. Al aforista le gusta estar al acecho, tropezar en la vida con ideas o imágenes inesperadas para luego plasmarlas en papel, pero son los lectores una vez aterrizadas los que logran que despeguen de nuevo y puedan volver a volar. El buen aforismo tiene que desprender sentimientos y pensamientos.

 Él mide las palabras y me tiende la mano rescata la aforística subterránea que encierra la obra de Luis García Montero. ¿Cómo nace ese diálogo literario con el poeta de Granada?

 Luis García Montero y yo nos conocemos desde finales de los 70 y fue en la Facultad de Filosofía y Letras de Granada cuando estudiábamos, sigo pues su escritura desde el principio.

Los lectores acostumbramos a señalar versos, solemos copiar citas, y descubres que hay frases anotadas que además de la belleza estética tienen una ética, y cuando te das cuenta que éstas tienen la instantaneidad, la concisión, la lucidez, el lirismo de los buenos aforismos, es cuando decido hacer este libro, y agradezco al director de Valparaíso Ediciones, Javier Bozalongo,  que acogiera esta idea.

Mi dedicación a la enseñanza de la Lengua y la Literatura, y en particular  al estudio del aforismo me llevaron de forma natural a esta grata tarea de entresacar de su obra literaria completa, versos y frases de sus poemarios y  novelas, frases que aisladas de sus contextos funcionan perfectamente como aforismos. Así que tomé como título un verso suyo que me parece significativo: “Él mide las palabras y me tiende la mano”, y, también, me tomé la licencia de exponer dichos versos y frases transcritos literalmente, éstos no modifican sus escritos, solo son citas que tienen vida propia. Y ésta es la relación, el diálogo de una lectora con su autor.

 La editorial Renacimiento saca a la luz tu nuevo trabajo aforístico. ¿Qué aporta respecto a tu primera entrega?

Mi nuevo libro titulado Luciérnagas, en prensa, sigue en mi línea aforística, son frases breves que buscan el cobijo en una ética poética y humana. Recorren las facetas cotidianas de la vida, con temas como el paso del tiempo, la soledad, el amor, la amistad y el gusto por las artes, en especial la lectura.  Tal vez son más reflexivos, y con más ironía. Lo que sí he querido hacer es más homenajes, y mostrar mi reconocimiento, en especial, a las mujeres. He pretendido también que hagan compañía, y que inviten a la conversación y al dialogo.
  
¿A qué se debe, para ti, la impulsiva cosecha aforística contemporánea?

El aforismo responde al aire ligero, fragmentario de nuestro tiempo. La verdad que está viviendo un momento feliz, es muy alentador el auge que tiene actualmente. Sabemos que ha existido siempre y que ha vivido épocas con mayor o menor intensidad. Las redes sociales han propiciado mucho estas frases cortas, a través de los tuits, los wattssaps. La rapidez y el ritmo que tiene nuestra sociedad hace que el escrito sea más breve, acercándose al slogan, al spot publicitario, pero no podemos confundir esta moda que está en la calle con el género aforístico que conlleva una técnica, y no debe caer en la ligereza y  trivialidad de lo espontaneo como ocurre en esos juegos de internet donde la frivolidad tiene cabida.

El presente parece un tiempo de grisura y demoliciones. ¿La escritura es el último refugio del yo frente a la crisis?
 
La escritura es un refugio, es una terapia, una necesidad para algunos, lo mismo que para otras personas es la música, la pintura, el baile, cada uno se crea su propio asidero para vivir más plenamente. Para mí es muy importante, sin la lectura y la escritura no podría respirar, pero necesito más cosas, pero sobre todo a las personas,  somos soledades compartidas.

Vivimos tiempos nublados con crisis donde nuestros jóvenes nunca hubiéramos pensado que podrían estar con tanto paro y trabajos precarios. Pertenezco a una generación luchadora que pensó que había logrado una mejora, y ahora advertimos que ha habido un retroceso que nos recuerda a nuestros años de juventud, y esto es muy triste, muy decepcionante. Soy muy vitalista, realista y a la vez idealista y sufro viendo el presente que tenemos, y lucho en la medida que puedo con la escritura y con mi comportamiento personal por avanzar dignamente hombres y mujeres y resguardarnos de esta intemperie en la que estamos sumidos.

(Entrevista inédita)