jueves, 31 de octubre de 2013

MAREA BAJA



MAREA BAJA

         Para los que permanecen, en la marea baja 


Hace de la inteligencia un instrumento rudimentario.

Días en que la convivencia tiene un radio de alcance limitado

Descubro la conexión entre el cielo y el cieno.

Sentí el suelo firme, mientras nadaba.

También en el manicomio una cabeza es la más lúcida.

Aguzo el oído, para no escuchar lo que dicen.

Y lo peor, reprochan la alegría.

 

 

 

martes, 29 de octubre de 2013

ANTOLOGÍA DE LA POESÍA LATINA

Antología de la poesía latina
Selección y traducción de
Luis Alberto de Cuenca y Antonio Alvar
Alianza Editorial, 2013 (Tercera edición)
 
POESÍA LATINA

   Alianza Editorial reedita por tercera vez Poesía. Antología de la poesía latina, un trabajo de Luis Alberto de Cuenca y Antonio Alvar, dos apasionados de la herencia de Grecia y Roma, editado en 1981 en "El Libro de bolsillo". Se trata de un amplio recorrido por la lírica de Roma que así revitaliza sus más logrados frutos para seguir vigente y perpetuar un magisterio mantenido en todos los tramos de la historia.
   En el prólogo, el poeta  Luis Alberto de Cuenca comenta el movimiento pendular de la creación poética entre la intimidad del sujeto y el ser objetivo de la épica. De ambas perspectivas se nutren los poemas compilados en este libro, correspondientes a un marco cronológico que abarca desde el siglo III a.C. hasta el siglo IV, cuando el declive y fragmentación del imperio romano ya es un hecho. En este florilegio está representada la poesía arcaica, continuadora del periodo helenístico. Los más madrugadores trabajos en lengua latina se sienten arropados por el influjo cultural griego y helenístico, con quien mantienen un claro paralelismo. Estos tanteos cuentan con autores como Livio Andrónico, Nevio, Plauto, Terencio y Lucilio. Siguiendo un hilo cronológico, la guirnalda acoge a los dos máximos poetas del periodo republicano, Lucrecio y Catulo; el primero compuso el mejor poema científico de la literatura romana, De rerum natura, donde expone, con exaltado entusiasmo, sus teorías filosóficas; Catulo, declarado seguidor de Safo y de la poesía alejandrina, hace de la confidencia íntima, expuesta con emoción y sinceridad, un venero llena de vida y centrado en el hombre.
   Pero el pasaje más poblado de la muestra lo forman las personalidades literarias de la época imperial: Virgilio, Horacio, Ovidio, Marcial, Ausonio… Son hitos creadores que consignan la máxima expresión de la poesía en Roma. En ese tiempo áureo se trazan nuevos itinerarios que habrán de cobijar al espeso ramaje del futuro. La muestra Poesía. Antología de la poesía latina se centra sobre todo en la traducción de composiciones, aportando mínimas referencias biográficas; no se pretende elaborar un manual lírico de la etapa sino ofrecer a los lectores una selección relevante.
   Los disparatados programas de los niveles educativos Medio y Superior han condenado a las lenguas clásicas a la categoría de rarezas improductivas que apenas copan algún rincón oscuro del currículo. Tan peregrina senda deja a la literatura actual sin un conocimiento claro de su cimentación. Así que Poesía. Antología de la poesía latina merece todo nuestro aprecio porque hace asequible el conocimiento didáctivo de un tramo esencial en la pautada evolución de la historia literaria europea.

domingo, 27 de octubre de 2013

CON LUZ ARTIFICIAL

 
Fotografía de Hilario Barrero, 2013

CON LUZ ARTIFICIAL
 
Si leer significa una escapatoria, ¿de quién huyo? 

Una línea de prosa eficaz y emotiva: la lluvia del domingo.

Ramas quebradizas, astilladas antes de que fueran árbol.

Cuido la fisiología maltrecha de la vejez, su continua agitación mental, las palabras entumecidas de un tiempo sin alegaciones.

 Hoy me desperté con un verso entre los dedos. Era la avanzadilla de un poema.

 El gesto teatral de tantos ideales de solidez gaseosa.

 Es tonto. (Siempre que puedo evito los superlativos).

 

 

 

viernes, 25 de octubre de 2013

PALABRAS SUELTAS

José Luis Morante, 2013.
Fotografía de Roberto Parra.


Palabras sueltas

Intenté recordar las palabras propicias
para cerrar un libro
según especifica la hermenéutica,
ese idioma secreto
donde juntos conviven
razón y sentimiento.
Pero la trascendencia del afán
alejó el horizonte;
desperdigué mis pasos
por una orografía de cenizas y polvo.
Tampoco mis sentidos,
débiles por los años,
mejoraron el logro.

En las postrimerías
todo quedó en sonidos
que se deshilachan,
el vuelo corto de palabras sueltas.

   ( Ninguna parte,
     La Isla de Siltolá, Sevilla, 2013)   

miércoles, 23 de octubre de 2013

RICARDO VIRTANEN. LUZ NATURAL.

Feria del Libro de Madrid, 2008, con Ricardo Virtanen



 RICARDO VIRTANEN

Hace algunos años, en 2007, decidí dejar la coordinación de la revista literaria Prima Littera. Había perdido la ilusión necesaria para encabezar aquel proyecto, estaba cansado con demasiadas sendas por recorrer al paso, y percibía cerca el amargo rocío de la desconfianza. Además mi retirada había encontrado el relevo perfecto para pilotar Prima Littera: Ricardo Virtanen. Era un profesor recién llegado a Rivas, con fuerte vocación literaria y un currículo de confianza. Prima Littera no volvió a visitar la imprenta y Ricardo nunca fue el coordinador necesario para reflotar aquellas páginas, pero aquella contingencia no importó para que hiciéramos juntos un largo recorrido vivencial. De nuevo este jueves- 24 de octubre, a las ocho de la tarde- compartimos micrófono en el Centro Cultural Federico García Lorca (Rivas-Urbanizaciones)  para presentar su diario Cuaderno de interior y un documental inspirado en el libro y elaborado por nuestra amiga común Candela Arevalillo.
En esa autobiografía editada por Baile del Sol se habla de libros inéditos, de grupos musicales y de la melancolía de ida y vuelta que circula, con música de jazz, directa a Rivas. En Cuaderno de interior habita también el misterio diario de la amanecida, esa suma de instantes transitorios que miden los relojes.

lunes, 21 de octubre de 2013

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ. AUTOBIOGRAFÍA.

El libro de los indolentes
(I.- Encuentro en Camarinal)
Javier Sánchez Menéndez
Imagine cloud editions, La Florida, 2013 
 

AUTOBIOGRAFÍA Y ESTÉTICA

 
   El faro Camarinal, en la punta de Gracia, es un lugar propicio para practicar la contemplación y el pensamiento. Situado en la bahía de Cádiz, en el Parque Natural del Estrecho, tiene mucho de paisaje mágico, donde es posible la convivencia entre seres reales y ectoplasmas, entre la realidad y el sueño. Allí, el poeta y editor Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964), recrea los exteriores de su obra El libro de los indolentes que, en anotaciones breves y escuetas, deja un retrato autobiográfico y estético de su protagonista.
  Cualquier diario busca la verosimilitud a través de referentes geográficos concretos. Quien haya visitado aquel expresivo litoral abierto al Atlántico no dejará de pensar en la armonía de pueblos como Tarifa o Zahara, en el legado arqueológico de Bolonía y en las playas ventosas de Caños de Meca, Atlanterra o de los Alemanes. Pero el autor repuebla ese escenario, perceptible y sensorial, con seres de naturaleza difusa, que permiten la especulación imaginaria del lector. De inmediato, el título remite a un fruto de la prosa narrativa de Luis Cernuda, “El indolente”, relato que habla de Sansueña, un pueblo ribereño en el mar del sur transparente y profundo, refugio para sobrellevar la calima veraniega.También el protagonista de El libro de los indolentes, en los aledaños de Cabo Camarinal, busca el íntimo sosiego con la naturaleza y el diálogo con libros clásicos.
  Comparte sus horas la identidad difusa de los indolentes, sólo entrevista en párrafos sueltos y certeros. Un indolente es la irrealidad, acaso aquellas especulaciones del imaginario que conllevan la posibilidad de dar vida a cualquier sueño. Otros indolentes sería las mutaciones en el tiempo del propio yo que todavía hallan cabida en algún pliegue de la memoria. Por el contrario, los siniestros personifican el prosaísmo de la realidad, los seres que nos rodean con sus intereses, la gente sórdida que tantas veces personifican nombres propios cercanos.
   He hablado de diario para definir este cajón de sastre que es El libro de los indolentes, pero no de un exhaustivo recuento de pormenores biográficos. En los breves capítulos conviven las anotaciones descriptivas del paisaje y las actividades cotidianas en las que el yo organiza su quehacer diario. No faltan los juicios de valor sobre la poesía contemporánea. Sorprende que un editor que pone el máximo esfuerzo, en pilotar las ediciones de la Isla de Siltolá condene al limbo de lo inane a casi toda la poesía contemporánea. de la quema de rastrojos se salva su particular mitología: Claudio Rodríguez, Nicanor Parra, Luis Rosales, Juan Ramón Jiménez… Lo demás, una simple columna de humo dispuesta a disolverse en el espacio y montones de ceniza.
   También resalta la tendencia a postular certezas estéticas que trazan las coordenadas de la propia creación; su idea de la poesía y su dedicación a obras en marcha como Fábula, un conjunto de diez libros en torno a la lírica y al acontecer existencial.
   El libro de los indolentes puede desconcertar al lector desprevenido, que se empeñe en especular sobre la naturaleza de indolentes y siniestros, sobre las fuentes de invención –si cronopios o famas de Cortázar, si aquellos inmortales de Jorge Luis Borges, si un homenaje cernudiano. Yo me quedo con el placer de una prosa poética  donde se define la personalidad humana y literaria de Javier Sánchez Menéndez, su franqueza al abrazar esa mística de la renuncia porque casi nada merece la pena, pero hay que seguir.

  

domingo, 20 de octubre de 2013

CON OLOR A CASTAÑAS ASADAS

El Soto, Ávila, octubre, 2013


Con olor a castañas asadas

      A Pilar Blanco, a quien debo carta 

En los soportales, el olor a castañas asadas. Signo germinativo, como la magdalena de M. Proust.

Si el fruto es carnoso, es más profunda la oquedad del parásito.

Acumula errores, como un ejercicio de libertad.

Por la tarde, la realidad adquiere temple de tormenta.

En ellos todo es mentira; pero fingen no saberlo.

Digo aquí  y la falta de concreción me concede un amplio espacio físico.