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viernes, 9 de mayo de 2025

LUIS ALBERTO DE CUENCA. HOMENAJE

Primer encuentro en Rivas con Luis Albero de Cuenca
(28 de septiembre de 1995)

HOMENAJE A LUIS ALBERTO DE CUENCA

 
   Para los que iniciábamos quehaceres literarios a mediados de los años 80, la promoción anterior, aglutinada en torno a la antología de Josep María Castellet, se definía con apelativos de eficiente precisión: novísimos, venecianos y esteticistas. Sería el libro La caja de plata, editado en 1984 por la editorial sevillana Renacimiento, el título que redefine el perfil literario de Luis Alberto de Cuenca, cualificado representante de la Generación del lenguaje en su nómina madrileña, antologada, con la benevolente pulsión poética de Vicente Aleixandre, al inicio de los años setenta por el profesor y ensayista Antonio Prieto.
   Aquel libro, escrito entre 1979 y 1983, se abría con una emotiva dedicatoria y contenía treinta y seis poemas con un envidiable instinto de conservación para perdurar en el tiempo. Se recordaban con facilidad por su nitidez formal y ritmo clásico, sintonizaban con un sentir mayoritario y creaban  una poblada epigonía juvenil a la que prestaban coordenadas para seguir ruta.
   Ateniéndome a un parcial encabalgamiento cronológico, unos años después conocí al poeta en el contexto de una revista, Luna Llena que amanecía en Rivas y fue la excusa para un almuerzo memorable al que asistieron, entre otros, Luis Alberto de Cuenca, Julio Martínez Mesanza y Luis Felipe Comendador. Después vino una larga entrevista para El Correo de Andalucía y la consolidación de una amistad que dura treinta años y que fue prodigando horas comunes en su biblioteca de la calle Don Ramón de la Cruz, en el céntrico barrio madrileño de Salamanca, jornadas de poesía en las mañanas lectivas de mi instituto, lecturas públicas en Rivas, encuentros como jurados de algunos premios literarios y citas de cercanía para entregarme, dedicados y en mano, sus nuevos libros sin virajes, caracterizados por la actitud emotiva, por hacer evidentes las líneas de conexión entre literatura y vida,  y por creer en la cultura como un espacio de convivencia en que caben afinidades y divergencias.
  Lleno de energía creativa, el poeta continúa escribiendo, ha compilado entregas y con serenidad preceptiva nos entrega los mundos y días de su impulso creador renovando en cada uno de nosotros esa cita pactada con la lectura. Por tan maravilloso legado acaba de recibir el XXXIV Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, un refrendo por su quehacer poético que nos llena las manos de admiración y alegría y que celebro con la mejor de las sonrisas.   
   Querido Luis Alberto, cualquier homenaje es transitorio, tu poesía no; construye realidad, forma parte de nuestros argumentos contra el tiempo. 

José Luis Morante






lunes, 7 de octubre de 2024

RICARDO VIRTANEN. HILO DE LLUVIA

Hilo de lluvia
Ricardo Virtanen
prólogo de Luis Alberto de Cuenca
Editorial La Garúa
Colección Haiku
Barcelona, 2024

  

INTERIORES DEL HAIKU

  

   Siempre es causa de asombro el vitalismo creativo de Ricardo Virtanen (Madrid, 1964). Es poeta, profesor universitario, músico, narrador, aforista y un referente fundamental de la cultura de Rivas, localidad en la que vive con su familia desde hace veinte años. En su trayectoria creadora como poeta ha dedicado a la estrategia expresiva del haiku un sostenido tiempo de cultivo, escribiendo los libros Notas a pie de página (2005), La sed provocadora (2006), Sol de hogueras (2010), Nieve sobre nieve (2017) y Llama de luna (2021). Una cosecha tan reseñable ha convertido a su autor en una presencia esencial en conocidas antologías del género como Un viejo estanque (2013). También ha impulsado la práctica de la estrofa entre sus alumnos de ESO preparando las ediciones Una flor amarilla (2022) y Bajo el cerezo en flor (2023).
   Tan sólido trayecto ha definido una estética de trazo clásico, que apuesta por los matices frente a la ruptura y la gratuidad experimental. Así lo atestigua también en un prólogo de cálido sustrato emotivo el poeta Luis Alberto de Cuenca: “Virtanen se atiene la mayoría de las veces a la más pura ortodoxia del haiku japonés, que ha de versar sobre un tema relacionado de uno u otro modo con la naturaleza, el paso de las estaciones y la observación del mundo circundante, sin permitirse en ningún momento (o casi en ningún momento, si queremos ser exactos), la efusión sentimental.”
   En efecto, en los cien haikus de Ricardo Virtanen, escalonados en tres apartados, es básico el registro sensorial; ese papel de quien integra los elementos del entorno, desde la continua vigilia de la percepción, en el preciso molde de las diecisiete sílabas.
   La sección inicial, “Inquietudes”, por su denominación, parece ubicar sus textos en un registro interior; pero de inmediato constatamos que los ciclos naturales asoman a cada instante: la lluvia, el rumor renacido de los pétalos en flor, la finitud de la belleza: “el crisantemo / se dobla en la maceta / como una ráfaga”, la fuerza sensitiva del entorno que desasosiega y abraza al mismo tiempo en el naufragio de los días, mientras una brisa conmociona, casi inadvertida, la quietud, como esa mano anónima que pasa las páginas del libro de la vida y su continuo despojamiento: “Llega septiembre. / Al borde del camino, / sólo unos cardos”. Casi todos los textos de este primer tramo dejan una sensación crepuscular, como si la vida atardeciera con prisa tras un horizonte deshabitado y quedara solo el silencio, la frágil silueta de una rama sin hojas: “Ya no se ven / huellas en el camino. / Nieve en la nieve”.
   La parte central se titula “Rumores” y se abre con citas de los clásicos  Shiki e Issa. Amanece en ellas una mínima fauna dispuesta a brindar compañía en el azaroso desplazamiento cotidiano. Luciérnagas, mariposas, grajos, pájaros, trazan en el aire leves itinerarios que siguen la dirección del viento. En este apartado emerge el haiku que da título al libro: “Bajo la luna, / el aullido de un perro. / Hilo de lluvia”. Los instantes de vida cobran protagonistas frágiles y cercanos y dejan al yo en la zona de sombras del poema; el yo no está sino para constatar los destellos de vida de la naturaleza que se mueven entre las sombras de los árboles. 
   El sustantivo “Presencias” agrupa los haikus que conforman el apartado final, esta vez bajo el eco sonoro de Santóka. Si el haiku es lo que sucede aquí y ahora, esa coma viva del tiempo, el registro tonal mantiene en calma el paso en los poemas; el pasado se marcha, pero su olor perdura, como si todo quisiera constatar su presencia cerca del testigo: “Coge la rosa / antes de que sus pétalos / estén en tierra”.
   Ya se ha escrito que en el taller creador de Ricardo Virtanen conviven varios géneros. Pero en esta vocación creadora el haiku es vértice preferente. Sin duda, en  su hechura formal y sensitiva, el madrileño es un maestro; uno de los mejores que pone en el mínimo esquema japonés una luna redonda, la sacudida de la plena luz.
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 

 
 
 
 

martes, 10 de septiembre de 2024

RICARDO VIRTANEN. HILO DE LLUVIA

Hilo de lluvia 
Ricardo Virtanen
Prólogo de Luis Alberto de Cuenca
Colección Poesía / haiku
Barcelona, 2024

 
BAJO LA LUNA

 
   Siempre es causa de asombro el vitalismo creativo de Ricardo Virtanen (Madrid, 1964). Es poeta, profesor universitario, músico, narrador, aforista y un referente fundamental de la cultura de Rivas, localidad en la que vive con su familia desde hace veinte años. En su trayectoria creadora como poeta ha dedicado a la estrategia expresiva del haiku un sostenido tiempo de cultivo, escribiendo los libros Notas a pie de página (2005), La sed provocadora (2006), Sol de hogueras (2010), Nieve sobre nieve (2017) y Llama de luna (2021). Una cosecha tan reseñable ha convertido a su autor en una presencia esencial en conocidas antologías del género como Un viejo estanque (2013). También ha impulsado la práctica de la estrofa entre sus alumnos de ESO preparando las ediciones Una flor amarilla (2022) y Bajo el cerezo en flor (2023).
   Tan sólido trayecto ha definido una estética de trazo clásico, que apuesta por los matices frente a la ruptura y la gratuidad experimental. Así lo atestigua también en un prólogo de cálido sustrato emotivo el poeta Luis Alberto de Cuenca: “Virtanen se atiene la mayoría de las veces a la más pura ortodoxia del haiku japonés, que ha de versar sobre un tema relacionado de uno u otro modo con la naturaleza, el paso de las estaciones y la observación del mundo circundante, sin permitirse en ningún momento (o casi en ningún momento, si queremos ser exactos, la efusión sentimental.”
   En efecto, en los cien haikus de Ricardo Virtanen, escalonados en tres apartados, es básico el registro sensorial; ese papel de quien integra los elementos del entorno desde la continua vigilia de la percepción en el preciso molde de las diecisiete sílabas.
   La sección inicial, “Inquietudes”, por su denominación, parece ubicar sus textos en un registro interior; pero de inmediato constatamos que los ciclos naturales asoman a cada instante: la lluvia, el rumor renacido de los pétalos en flor, la finitud de la belleza: “el crisantemo / se dobla en la maceta / como una ráfaga”, la fuerza sensitiva del entorno que desasosiega y abraza al mismo tiempo en el naufragio de los días, mientras una brisa conmociona, casi inadvertida, la quietud, como esa mano anónima que pasa las páginas del libro de la vida y su continuo despojamiento: “Llega septiembre. / Al borde del camino, / sólo unos cardos”. Casi todos los textos de este primer tramo dejan una sensación crepuscular, como si la vida atardeciera con prisa tras un horizonte deshabitado y quedara solo el silencio, la frágil silueta de una rama sin hojas: “Ya no se ven / huellas en el camino. / Nieve en la nieve”.
   La parte central se titula “Rumores” y se abre con citas de los clásicos  Shiki e Issa. Amanece en ellas una mínima fauna dispuesta a brindar compañía en el azaroso desplazamiento cotidiano. Luciérnagas, mariposas, grajos, pájaros, trazan en el aire leves itinerarios que siguen la dirección del viento. En este apartado emerge el haiku que da título al libro: “Bajo la luna, / el aullido de un perro. / Hilo de lluvia”. Los instantes de vida cobran protagonistas frágiles y cercanos y dejan al yo en la zona de sombras del poema; el yo no está sino para constatar los destellos de vida de la naturaleza que se mueven entre las sombras de los árboles. 
   El sustantivo “Presencias” agrupa los haikus que conforman el apartado final, esta vez bajo el eco sonoro de Santóka. Si el haiku es lo que sucede aquí y ahora, esa coma viva del tiempo, el registro tonal mantiene esa calma al paso en los poemas; el pasado se marcha, pero su olor perdura, como si todo quisiera constatar su presencia cerca del testigo: “Coge la rosa / antes de que sus pétalos / estén en tierra”.
   Ya se ha escrito que en el trayecto creador de Ricardo Virtanen conviven varios géneros. Pero en esta vocación creadora el haiku es vértice preferente. Sin duda, en  su hechura formal y sensitiva, el madrileño es un maestro; uno de los mejores que pone en el mínimo esquema japonés una luna redonda, la sacudida de la plena luz.
 
JOSÉ LUIS MORANTE

 
 
 



martes, 17 de mayo de 2022

LUIS ALBERTO DE CUENCA. DESPUÉS DEL PARAÍSO

Después del paraíso
Luis Alberto de Cuenca
Visor, Poesía
Colección Palabra de Honor
Madrid, 2021


LA PIEDRA DEL MOLINO


    La fuerza intelectual de Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950), desplegada en géneros y libros con sostenida cadencia, convierte su presencia literaria en admirable clave de profundo calado. Cada salida renueva la razón poética de una trayectoria, plena de raíces humanistas, que mantiene su apuesta por alumbrar una voz clara y comunicativa, asentada en el suelo clásico de la tradición, capaz de articular una existencia, emocionante e íntegra, y transformarla en poesía. El resultado es un largo recorrido jalonado de hitos como La vida en llamas (2006), El reino blanco (2010), Cuaderno de vacaciones, que obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 2014 y el extenso volumen Bloc de otoño, que reúne ciento veintitrés poemas escritos entre 2013 y 2017.
  Con fertilidad inagotable, Luis Alberto de Cuenca recoge en Después del paraíso la tarea poética realizada entre 2018 y 2021, distribuida en cinco epígrafes. Sirve de umbral una clarificadora nota autoral, cuyo contexto tiene vínculos estrechos con el tiempo de pandemia y el discurrir de estos dos últimos años de mascarillas y ensimismamiento. El paraíso, aquel lugar angélico y auroral, ya es solo un espejismo de la memoria cultural. El escenario se ha diluido en el tiempo. Ahora caminamos por trochas con nítidos meandros de luces y sombras, en la que impera el silencio de la incertidumbre. En esa noche oscura la poesía ha nacido como consecuencia directa de nuestro destierro para recordarnos que hubo un tiempo sin mácula, una albada de felicidad frente a los meandros de lo contingente, a esos “pánicos de lo cotidiano” que constituyen el áspero argumento del ahora.
   La dedicatoria del libro refuerza el sentido de la evocación, quehacer propicio para recuperar esa casa encendida que preserva el sentimiento: “Para Alicia en su cielo”. Así comienza un poemario cuya primera sección “Costa Smeralda” toma nombre de uno de los enclaves turísticos más celebrados del Mediterráneo, en Cerdeña. El lugar es imagen exacta, perdurable, de un paraíso natural por la belleza de las calas, la arquitectura habitable y el azul turquesa del mar. La plenitud visual cautiva; es capaz de reavivar el deseo y celebrar su pulsión vital, aunque sea de forma precaria.
  En el camino del poema se impone el mapa de la memoria; esa certeza de que vivimos un vadear donde languidecieron la esperanza y el favor de los dioses. Luis Alberto de Cuenca, que ha utilizado la estrofa japonesa con frecuencia, recurre al haiku encadenado para sembrar indicios sobre la naturaleza paradójica del amor, que apareja consigo la abierta hendidura del dolor. El formato subordina la fuerza expresiva del trío versal al contexto global del poema y añade además los efectos sonoros de la rima asonante. Esta exploración de moldes se percibe también en composiciones como “Eneasílabos”, un metro versal escasamente empleado en su poesía, que se ajusta mucho mejor a los alejandrinos y al experimentado endecasílabo; o en el rescate de estrofas cerradas como el soneto, con excelentes logros como “Todo es amor”.
  El otoño vital fortalece el escepticismo y la mirada al pretérito, dibujado con fuerza por el habitual legado culturalista. Se constata en composiciones  como “Teopompo y Filipo” y “Lo vivo y lo pintado”; pero el amor y la ternura conviven con enfoques más reflexivos sin ninguna aspereza, y dejan su magia reubicados en composiciones plenas de intimismo confidencial como “En tu armario ropero”.
  El conjunto “Epigramas amorosos” hace del otro enclave fuerte. Amar es renacer, poner en marcha un fluido cauce onírico, un impulso que va borrando contornos perecederos. Luis Alberto de Cuenca busca el tono celebratorio de la lírica amorosa para festejar la belleza y la plenitud del deseo, aleja la solemnidad y contrapone enunciación e ironía en la mirada intimista, como en “Teorema de Pitágoras”.
  Las secciones “Mientras duermo y otros poemas” y “Suite virgiliana” están marcadas por la variedad de sustratos del encierro pandémico. Lo que diluye cualquier grisura existencial y alienta el orden íntimo es la presencia de la amada, capaz de reverdecer claridades y sueños, pero también la copiosa biblioteca que despliega una cartografía cultural inacabable, junto a la fortaleza de la fe y el resguardo de la confianza en un Dios creador y discreto que alienta y protege con su desvelo a las criaturas. La reflexión etimológica sobre pánico muestra la sabia erudición del poeta y su capacidad para entrelazar el legado del libro con el tempus fugit de una “trastienda mental” teñida por la angustia, el ensimismamiento y los destellos de melancolía, provocados por el ámbito sombrío de la clausura ante el virus.
  En “Suite virgiliana” no se perciben bifurcaciones formales o quiebros en el itinerario. Las composiciones amanecen glosando la edad de oro, y en esa evocación de un tiempo áureo se retrata con trazos limpios el destino de ser, esa tarea que nos humaniza, entre el deseo, el azar, el trabajo y la muerte, que cobra en estos poemas un protagonismo central.
   En los versos de “Hojas sueltas”, la sección final, compila una convivencia heterodoxa de asuntos. Habitan en sus páginas poemas amorosos, donde se ensayan estrofas tradicionales como las coplas de pie quebrado, sonetos, himnos; en suma,  la realidad y el sueño de la infancia, la discreta normalidad de un solitario que toma el pulso a la vida diaria con la belleza perenne de los libros y el calor habitable de las palabras: “De nosotros depende que amanezca / del todo, sin reservas, para siempre, / y que el sol no se ponga,  y que podamos / salir del hoyo y trabajar en paz”.
 
 
JOSÉ LUIS MORANTE
Revista Clarín, nº 158, pp 78-79,
Marzo-Abril de 2022



        
 

jueves, 9 de enero de 2020

LUIS ALBERTO DE CUENCA. BLOC DE OTOÑO

Bloc de otoño
Luis Alberto de Cuenca
Visor, Colección Palabra de Honor
Madrid, 2018


CUADERNO DE VIDA

   Casi desde la amanecida, en los años setenta, los trabajos y días de Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950) mantienen una presencia fuerte en el marco novísimo, aunque es el libro La caja de plata (Renacimiento, 1985) el que concede a su voz relieve singular al conseguir el Premio de la Crítica. Aquella entrega mostraba las cartas estéticas del poeta, su apuesta nítida por una línea clara y comunicativa que se prolonga en el tiempo, con encomiable paso, hasta el ahora. El resultado es un trayecto jalonado de hitos como La vida en llamas (2006), El reino blanco (2010), o Cuaderno de vacaciones, que obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 2014.
  El volumen Bloc de otoño reúne ciento veintitrés poemas escritos entre 2013 y 2017. Tal cantidad nos habla de una fertilidad inagotable que se presenta distribuida en cinco apartados cronológicos. La estructura expande diversidad de intereses argumentales, reconstruye el  proceso poético y traza la evolución en el tiempo de una lírica que nunca pierde su aire urbano y su hiperrealismo expresivo.
   Sirve de pórtico a esta entrega una clarificadora nota de autor. Se enuncia en ella que en el agrupamiento se opta por el tiempo de escritura como marca de acogida, desde la creencia de que es el trayecto existencial y los meandros de lo contingente los que constituyen el único argumento de un libro de poemas. También comparte otro pormenor: fue el director de cine José Luis Garci, amigo personal del poeta, el que sugirió el uso de la palabra bloc, término propicio a la evocación.
   En el intervalo digital del presente, la pantalla encendida del ordenador constituye la herramienta de trabajo habitual y se ha convertido en mapa de la memoria. El bloc, como conjunto de hojas de papel superpuestas para escribir o dibujar, casi ha desaparecido; tiene el formato de notas volanderas que recuerdan lo contingente. Pero no ha perdido la emotiva semántica de sembrar indicios del pasado. Y es este sentido el que Luis Alberto de Cuenca concede al título, una expresión rememorativa que además abre el matiz crepuscular de la madurez. El otoño vital fortalece el escepticismo y la mirada a otro tiempo. Por otra parte, también es un guiño culturalista a Sonata de otoño de Valle Inclán, una obra querida por el poeta que forma parte de esos tesoros culturales de su extraordinaria biblioteca personal.
  El primer conjunto “Se va haciendo de noche” se fecha en 2013. El complejo pensamiento de la madurez mira el mundo con una percepción no exenta de pesimismo que marca los renglones de la caligrafía vital. La sensación de pérdida se convierte en signo constatable del discurrir. Poco a poco la felicidad va borrando contornos. Aunque Luis Alberto de Cuenca no busca el tono declamatorio de la queja, intimista y subjetiva, sino la expresión de un estado de ánimo que moldean, al unísono, peripecia biográfica y aderezo culturalista. Así se percibe en poemas como “Inútil prima Vera” donde se recurre a la máscara de un personaje interpuesto a través del monólogo dramático.
   El avance del libro viene marcado por la variedad de sustratos, lo que diluye cualquier monotonía, y deja espacio a la sorpresa. Son temas, por ejemplo, una reflexión sobre un libro como La historia interminable, un sueño, las cartas amorosas que alguien olvidó en los cajones del pasado, la reivindicación del legado cultural germánico, el recuerdo de lecturas infantiles que abrieron el repertorio de la imaginación en los hijos del poeta, o esa nueva formulación del tempus fugit que contiene el poema “Se va haciendo de noche”, escrito con un destello de melancolía provocado por el avance crepuscular de la penumbra en contornos y formas.
  Ni en “La montaña” (2014), ni en los apartados siguientes se perciben bifurcaciones formales o quiebros en el itinerario. Las composiciones tienen un carácter único. En ellas se retrata con trazos limpios una nítida suma de varia intención. Habitan en los versos, en grata convivencia, la realidad y el sueño. Y se intercambia su presencia con una discreta normalidad. En el poema “Sueño de Paco Rico” aparecen las extrañas flores del onirismo; su sensibilidad deja en la cercanía el recuerdo de otro poema muy conocido del autor –al cabo cada poeta es un conjunto de obsesiones que inciden para perdurar- que lleva por título “Hoy he tenido un sueño con amigos”. Y que es también un homenaje explícito a esas presencias afectivas que jalonan el itinerario biográfico. La atmósfera cognitiva de los sueños y sus derivaciones emocionales crean una percepción enriquecida; lo real se expande a través de una imaginación activa que es el germen lírico de composiciones como “Sueño del jardín sin retorno”, “Sueño del dragón bibliotecario” o “Sueño del Grial de la amistad”. En ellas conviven evocaciones, actitudes vitales y esa carga simbólica que sostiene en el tiempo lo contingente, el burbujeo de lo perecedero.
   La escritura como palimpsesto muestra una filosofía de la composición que   se mantiene intacta en los tramos de Bloc de otoño hasta el apartado de cierre, “”Quiero decirte algo”. El poeta no duda en iluminar la voz propia con el rescate de otros poemas de voces del canon. Y ese gesto potencia el nacimiento de nuevos versos, impregnados de la mirada subjetiva y de renacidos efectos lectores. Es también una forma de homenaje al apacible hemisferio de la biblioteca, “ese lugar donde no pasa el tiempo que nos va aniquilando” y en el que toman posesión a diario mitos y sueños.
   La dicción coloquial que habita en los versos de Luis Alberto de Cuenca contiene un fuerte entrelazado culturalista. La incansable sabiduría del investigador, traductor, ensayista y filólogo siempre alza vuelo, pero lo hace con una sensibilidad exenta de púlpito y gravedad conceptual. Y con frecuencia, compartiendo referentes culturales con humor e ironía, con ese escepticismo que hace juego a las aleatorias caligrafías de la existencia.

JOSÉ LUIS MORANTE
        

miércoles, 6 de marzo de 2019

MANUEL LARA CANTIZANI. HAIKUS DEL BUEN AMOR

haikus del buen amor
desde Lucena (y del mundo)
Lara Cantizani (Ed.)
Prólogo de Luis Alberto de Cuenca
Epílogo de Ángeles Mora
Lucena, 2019 


EL HAIJIN LARA CANTIZANI


  Debo mis primeras lecturas de haikus al poeta lucentino Manuel Lara Cantizani (Lucena, 1969). Con el profesor de Lengua y Literatura Castellana y Concejal de Cultura de su ciudad, aprendí a caminar por esta forma poética de aparente sencillez y severa pauta métrica, cuyo origen se remonta hacia el siglo XVI, aunque es previsible que existieran precedentes en el cauce oral de la literatura japonesa. Otro poeta, Josep M. Rodríguez me pidió haikus de mi autoría para una antología de contemporáneos, que se llamo Alfileres, y fue editada en la Colección Cuatro Estaciones del Ayuntamiento de Lucena. Así entré de lleno en contacto con las japonerías del municipio que no tienen parangón en ninguna otra localidad andaluza o peninsular. Poco a poco fueron manando libros colectivos escritos por alumnos de ESO y bachillerato como 11 de marzo. Antología de haikus desde Lucena (Béjar, 2004), Haikus del mal amor (Málaga, 2005) y Deshielo en primavera (2006). Mientras el poeta daba a imprenta once poemarios y su quehacer creador era reconocido con los premios de poesía Mario López, Ciudad de Burgos y el Premio de Poesía Mística de la Fundación Miguel Castillejo.
  Haikus del buen amor, aserto que se acompaña con la clarificación espacial desde Lucena (y del mundo) ha nacido por una dolorosa contingencia personal, que Lara Cantizani describe en su nota de autor. El día 30 de julio una resonancia magnética detectó un tumor cerebral y la forma inmediata de afrontar aquella realidad abrumadora fue escribir un primer haiku. De esa sencilla catarsis fue aflorando un animoso canto solidario hasta el 31 de agosto de 2018. Ese día se cerraba un libro editado por la Junta Local de Lucena de la Asociación Española contra el Cáncer. El volumen integra textos de 269 haijines, muchos de ellos escritores de amanecida que con su aportación manifestaban al poeta que no estaba solo, que alrededor la voz del haiku era un telegrama de esperanza, una razón de vida. Y contiene además otra centena de haikus de Lara Cantizani  que cuenta una historia de verdad, valentía personal y familiar y fuerza para encarar una enfermedad que exige fe, tratamiento y confianza en los buenos oficios del sistema sanitario español.  
  Luis Alberto de Cuenca ha empleado el esquema versal en su obra y apenas hace unas semanas que ha salido, con prólogo de Ricardo Virtanen, la compilación Haikus completos (1973-2018) en la editorial madrileña Los libros del Mississippi. Su prólogo es un abrazo, una esperanza, un empeño en seguir porque todos los hombres están hechos, como aseveraba W. Shakespeare, de la misma materia que los sueños.
  He comentado en otras reseñas y en encuentros con lectores y alumnos que “mi inclinación afectiva hacia esta forma lírica se cimenta en su brevedad. Asegura una intensidad gozosa. Y es pupila abierta para cobijar argumentos, mucho más allá de su supuesta condición de lírica estacional, por su carencia de artificio retórico y por la condición de chispazo inmediato". La mirada crítica aquí debe soslayar cualquier prurito de profesionalismo pretencioso y dejar que los textos manen solos, con esa voz natural que tienen las pulsaciones del corazón. Sin más, porque Lara Cantizani deja en el cristal del deseo estos leves trazos: “Busco en el haiku / equilibrio. Lo encuentro / en las palabras”.  
  Los haikus reunidos cuentan con un epílogo de la poeta Ángeles Mora. La premio nacional de poesía de 2016 resalta el imparable impulso de Lara Cantizani y esa imaginación creadora que regala fantasía, gusto y delicadeza tanto en los proyectos editoriales como en su órbita creativa. Esa faceta vital y esa capacidad de entrega se percibe también en el cauce de afecto que da vida a este libro, que une emoción y escritura en un deseo de esperanzada poesía.
  Matsuo Basho, hito esencial de la tradición literaria japonesa, definió el haiku como un camino de perfección. Que estos Haikus del buen amor, reunidos por una causa tan humana, por el sencillo deseo de que Lara Cantizani recobre la salud cuanto antes y vuelva a caminar al mediodía, sean un camino de esperanza, una fuerza, un abrazo.




domingo, 24 de febrero de 2019

LUIS ALBERTO DE CUENCA. HAIKUS COMPLETOS

Haikus completos
(1972-2018)
Luis Alberto de Cuenca
Edición y prólogo de
Ricardo Virtanen
Iustraciones:
Javier de la Rosa
Editorial Los Libros del Mississippi
Madrid, 2019

JAPONERÍAS


   El decurso estético de la generación novísima adquirió en la cronología de los años setenta un renovado impulso. Afloraron voces nuevas que han tenido en el tiempo vigencia perdurable. De ese grupo de autores resulta un vértice esencial la pujanza creadora de Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950). Con una personalidad humanista sólida y sorprendente, el escritor es Profesor de Investigación del CSIC y Académico de número de la Real Academia de la Historia. En él es parte irrenunciable la expresión literaria en todos sus ámbitos: poeta, ensayista, traductor y crítico, entiende la literatura como un espacio polivalente donde se yuxtaponen todos los géneros.
  Ahora aglutina todos los haikus dispersos en sus poemarios y escritos en casi cuatro décadas de quehacer poético, desde su eclosión como poeta en 1972 hasta el material inédito que deja la ventana abierta al taller del ahora. Lo hace en un título cuidado con mimo por Los Libros del Mississippi, un cauce editorial recién inaugurado por Antonio Benicio Huerga. El carácter orgánico de esta entrega cuenta con imprescindible prólogo del poeta, músico, profesor y ensayista Ricardo Virtanen.
   El trabajo introductorio refleja el sesgo evolutivo de la estrofa japonesa, con sus nombres más relevantes, aquellos que se han asentado en la memoria cultural, desde que el haiku se inicia como forma poética en el siglo XVI, tras desgajarse del waka o tanka y adquirir autonomía singular con  Bashô, Busón, Issa y Santoka, entre otros. Virtanen recuerda que fue José Juan Tablada quien introduce la estrofa en el ámbito del castellano y que en España adquiere una tímida presencia a principios del siglo XX, con Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, el ultraísmo y algunos poetas del 27.  La aclimatación definitiva comienza a mediados de los setenta hasta el boom de la generación digital, donde el terceto japonés ha adquirido un insólito cultivo, como género renovado. Una mirada retrospectiva a la historiografía de Luis Alberto de Cuenca sitúa el haiku de amanecida en Elsinore, lo que convierte al madrileño en uno de los cultivadores más precoces de su generación. Desde entonces, parece como si el minúsculo esquema protagonizara un largo silencio hasta 1996; para seguir después, con fervor indeclinable,  un periplo perenne en el cuaderno Resina fósil y otros haikus que en obras posteriores como El reino blanco y La vida en llamas se ha mantenido vivo. Virtanen sostiene que Luis Alberto de Cuenca cultiva el haiku  “desde un culturalismo heterodoxo hasta una cotidianidad subversiva”. Excelente mirada crítica que el lector refrendará en los textos seleccionados.
   La voz poética del haiku expande sus dos vetas argumentales básicas: la naturaleza y el discurrir temporal. Desarrolla con levísimas pinceladas nuevos tópicos, con frecuencia derivados del ámbito urbano que compone el ámbito vivencial del sujeto biográfico. También es gesto reseñable la huida del carácter trascendente de la estrofa para barnizar los poemas de comicidad, humor e ironía, ingredientes que añaden a los temas básicos del orientalismo un registro foráneo. Otro elemento renovador es el ritmo asonantado de algunos haikus. Da a la estrofa un carácter de oralidad próximo a la canción o la soleá, que se percibe con fuerza en el recitado oral.   
   En este paréntesis digital que define el primer tramo del siglo XXI, estamos en un periodo de plenitud. La literatura abreviada de Luis Alberto de Cuenca sigue un ritmo cotidiano y vitalista, lo que permite enriquecer el libro con algunos inéditos.  La compilación Haikus completos (1972-2018) define una propuesta de indudable interés. Se configura desde la diversidad. Remite de inmediato al carácter conceptista del aforismo y su lejanía de lo ampuloso; también al destello de lucidez inteligente que adquiere en el buen fruto un carácter canónico. Los textos muestra un quehacer rico, en el que caben la reflexión urbana, el trazo lírico, la expresividad lúdica, y la vibración metaliteraria. El carácter autónomo de cada texto concede al hilo argumental un rumbo imprevisible, pero en él siempre resuena el nítido magisterio de un poeta mayor, ubicado en el mejor núcleo de nuestra poesía.  



miércoles, 31 de octubre de 2018

LUIS ALBERTO DE CUENCA. BLOC DE OTOÑO

Bloc de otoño
Luis Alberto de Cuenca
Visor Poesía, Colección Palabra de Honor
Madrid, 2018


CUADERNO DE VIDA


   Casi desde la amanecida, en los años setenta, los trabajos y días de Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950) mantienen una presencia fuerte en el marco novísimo, aunque es el libro La caja de plata (Renacimiento, 1985) el que concede a su voz relieve singular al conseguir el Premio de la Crítica. Aquella entrega mostraba las cartas estéticas del poeta, su apuesta nítida por una línea clara y comunicativa que se prolonga en el tiempo, con encomiable paso, hasta el ahora. El resultado es un trayecto jalonado de hitos como La vida en llamas (2006), El reino blanco (2010), o Cuaderno de vacaciones, que obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 2014.
  El volumen Bloc de otoño reúne ciento veintitrés poemas escritos entre 2013 y 2017. Tal cantidad nos habla de una fertilidad inagotable que se presenta distribuida en cinco apartados cronológicos. La estructura expande diversidad de intereses argumentales, reconstruye el  proceso poético y traza la evolución en el tiempo de una lírica que nunca pierde su aire urbano y su hiperrealismo expresivo.
   Sirve de pórtico a esta entrega una clarificadora nota de autor. Se enuncia en ella que en el agrupamiento se opta por el tiempo de escritura como marca de acogida, desde la creencia de que es el trayecto existencial y los meandros de lo contingente los que constituyen el único argumento de un libro de poemas. También comparte otro pormenor: fue el director de cine José Luis Garci, amigo personal del poeta, el que sugirió el uso de la palabra bloc, término propicio a la evocación.
   En el intervalo digital del presente, la pantalla encendida del ordenador constituye la herramienta de trabajo habitual y se ha convertido en mapa de la memoria. El bloc, como conjunto de hojas de papel superpuestas para escribir o dibujar, casi ha desaparecido; tiene el formato de notas volanderas que recuerdan lo contingente. Pero no ha perdido la emotiva semántica de sembrar indicios del pasado. Y es este sentido el que Luis Alberto de Cuenca concede al título, una expresión rememorativa que además abre el matiz crepuscular de la madurez. El otoño vital fortalece el escepticismo y la mirada a otro tiempo. Por otra parte, también es un guiño culturalista a Sonata de otoño de Valle Inclán, una obra querida por el poeta que forma parte de esos tesoros culturales de su extraordinaria biblioteca personal.
  El primer conjunto “Se va haciendo de noche” se fecha en 2013. El complejo pensamiento de la madurez mira el mundo con una percepción no exenta de pesimismo que marca los renglones de la caligrafía vital. La sensación de pérdida se convierte en signo constatable del discurrir. Poco a poco la felicidad va borrando contornos. Aunque Luis Alberto de Cuenca no busca el tono declamatorio de la queja, intimista y subjetiva, sino la expresión de un estado de ánimo que moldean, al unísono, peripecia biográfica y aderezo culturalista. Así se percibe en poemas como “Inútil prima Vera” donde se recurre a la máscara de un personaje interpuesto a través del monólogo dramático.
   El avance del libro viene marcado por la variedad de sustratos, lo que diluye cualquier monotonía, y deja espacio a la sorpresa. Son temas, por ejemplo, una reflexión sobre un libro como La historia interminable, un sueño, las cartas amorosas que alguien olvidó en los cajones del pasado, la reivindicación del legado cultural germánico, el recuerdo de lecturas infantiles que abrieron el repertorio de la imaginación en los hijos del poeta, o esa nueva formulación del tempus fugit que contiene el poema “Se va haciendo de noche”, escrito con un destello de melancolía provocado por el avance crepuscular de la penumbra en contornos y formas.
  Ni en “La montaña” (2014), ni en los apartados siguientes se perciben bifurcaciones formales o quiebros en el itinerario. Las composiciones tienen un carácter único. En ellas se retrata con trazos limpios una nítida suma de varia intención. Habitan en los versos, en grata convivencia, la realidad y el sueño. Y se intercambia su presencia con una discreta normalidad. En el poema “Sueño de Paco Rico” aparecen las extrañas flores del onirismo; su sensibilidad deja en la cercanía el recuerdo de otro poema muy conocido del autor –al cabo cada poeta es un conjunto de obsesiones que inciden para perdurar- que lleva por título “Hoy he tenido un sueño con amigos”. Y que es también un homenaje explícito a esas presencias afectivas que jalonan el itinerario biográfico. La atmósfera cognitiva de los sueños y sus derivaciones emocionales crean una percepción enriquecida; lo real se expande a través de una imaginación activa que es el germen lírico de composiciones como “Sueño del jardín sin retorno”, “Sueño del dragón bibliotecario” o “Sueño del Grial de la amistad”. En ellas conviven evocaciones, actitudes vitales y esa carga simbólica que sostiene en el tiempo lo contingente, el burbujeo de lo perecedero.
   La escritura como palimpsesto muestra una filosofía de la composición que   se mantiene intacta en los tramos de Bloc de otoño hasta el apartado de cierre, “”Quiero decirte algo”. El poeta no duda en iluminar la voz propia con el rescate de otros poemas de voces del canon. Y ese gesto potencia el nacimiento de nuevos versos, impregnados de la mirada subjetiva y de renacidos efectos lectores. Es también una forma de homenaje al apacible hemisferio de la biblioteca, “ese lugar donde no pasa el tiempo que nos va aniquilando” y en el que toman posesión a diario mitos y sueños.
   La dicción coloquial que habita en los versos de Luis Alberto de Cuenca contiene un fuerte entrelazado culturalista. La incansable sabiduría del investigador, traductor, ensayista y filólogo siempre alza vuelo, pero lo hace con una sensibilidad exenta de púlpito y gravedad conceptual. Y con frecuencia, compartiendo referentes culturales con humor e ironía, con ese escepticismo que hace juego a las aleatorias caligrafías de la existencia.

        

lunes, 26 de junio de 2017

KARMELO C. IRIBARREN. MIENTRAS ME ALEJO

Mientras me alejo
Karmelo C. Iribarren
Prólogo de Luis Alberto de Cuenca
Visor, Poesía
Madrid, 2017
PASOS A DIARIO 

   Frente al ideal romántico de la imaginación en vuelo, la realidad despliega su conciencia de existir a ras de tierra, hecha de contradicciones y asimetrías. Y éste es el decorado habitual que recrea la escritura de Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959). Desde Bares y noches, muestrario de amanecida editado en 1993, el poeta ha firmado once libros de poesía y ha reunido sus composiciones en antologías como La ciudad, el volumen Seguro que esta historia te suena, que integra la poesía completa escrita entre 1985 y 2012 y anticipa numerosos inéditos o la selección más reciente, con prólogo de Luis García Montero, Pequeños incidentes; además ha explorado géneros con una saludable indefinición semántica como la autobiografía y el aforismo. En todas estas facetas creadoras se percibe una poética estrictamente personal, definitoria de un verbo individual, aunque claramente enmarcado en la línea realista. Así lo constata, al perfilar la sensibilidad del poeta, Luis Alberto de Cuenca en un prólogo sin arabescos, en el que resulta palpable su disponibilidad afectiva hacia los logros literarios del donostiarra: “Este nuevo libro de K. es tan sabio, sencillo, efectivo y emocionante como los anteriores. tal vez tenga un sabor otoñal que se deriva del paso de los años, pero eso es lo normal cuando escribimos desde la certeza, siempre agobiante de que nos queda menos tiempo, de que vamos haciéndonos mayores”.
  Los breves poemas de Mientras me alejo trazan una semblanza, una “foto de carne” del protagonista verbal, cercano y reconocible en sus actos cotidianos, que siempre adquieren una perfecta verosimilitud. Desde esos posos de verdad nos llega la crónica personal de un sujeto sin épica, que comparte con el lector la condición de hombre común y que se muestra tal cual es en sus palabras con la apariencia laboral del paseante cercano con quien compartimos un microrrelato, un incidente sentimental, una anécdota contada con escasa voz que corrobora los efectos secundarios del estar de paso.
   Desde ese patrimonio sosegado que nos deja en las manos las sombras del tiempo, sin ceremonias, casi inadvertida llega la conmoción del poema, como un soplo de aire todavía fresco, como el destello de una memoria selectiva. El tiempo se aplica en su discontinuidad natural de abrir los sentidos con impresiones sedentarias.
   Se ha dicho con frecuencia que el sistema poético de Karmelo C. Iribarren busca una expresión subjetiva y confesional a partir de unos puntos cardinales como el amor y los sentimientos, la visión del mundo a través de rostros anónimos que miran la vida con las manos en los bolsillos, o el fluir acompasado del recuerdo.
  En el ahora, nada es extraordinario; y sin embargo su inmediatez es punto de concurrencia para una meditación inagotable. Sin afectaciones, la escritura se hace reflejo de una realidad cuyos límites moldean el azar y la incertidumbre; todo es rutina, pero todo es aleatorio y propaga el temblor de lo desconocido. 
 Al hilo del reconocimiento público que ha adquirido en los últimos años la poesía de Karmelo C. Iribarren, el poeta podría haber optado por la mutación drástica y por los insistentes renuevos de la moda. Sin embargo sus poemas solo aspiran a presentarse con la cara de siempre, limpia, escéptica, algo crepuscular, sin maquillaje, acaso solo tras unas gafas de sol que conceden cierto cobijo anónimo, que le dan un aire de individuo enigmático, de alguien que sabe mucho de la vida.  


viernes, 2 de junio de 2017

KARMELO C. IRIBARREN. HACIENDO PLANES

Haciendo planes
Karmelo C. Iribarren
Editorial Renacimiento
Sevilla, 2016

RUMOR DE VIDA

   Leo Haciendo planes de Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959) como si fuese la primera vez que dialogo con la voz del poeta. No quiero adentrarme en este callejero poético con juicios previos, con esas miradas de autosuficiencia de quienes especulan con lo previsible. La sencillez es una tierra de nadie que suele alejar a los que buscan ostentosos escaparates de naderías Y mantengo esta actitud porque quiero recorrer los poemas de Karmelo C. Iribarren con el hedonismo satisfecho del que descubre una geografía literaria proclive al asombro y se siente en una isla; en ella, como un náufrago privilegiado, reivindica en soledad un carpe diem, reformulado con sereno intimismo por Luis Alberto de Cuenca en la cita de inicio: “Vive la vida con sus alegrías / incomprensibles, con sus decepciones / (casi siempre excesivas), con su vértigo”.
  De este ideario llega, con cadencia de fruto antiguo, la lluvia que resuena en el primer poema. Es un repicar suave, tangencial, que hace temblar el epitelio del tambor con el tacto personal y rutinario de lo cotidiano. Así nace el poema, un texto que tiene en su materia menguante el tono menor de la cercanía y que no inventa excusas para sentarse a una mesa común y compartir luces y sombras, ese rumor de vida de un destino sin secretos ni estridencias, formulado en la barra del bar, que mantiene la claridad del agua.
  De esa proximidad nace la certidumbre de que el entorno –lugar con grietas que tiende a la grisura y repite trajes laborales- está repleto de versos, una poesía que se ajusta a la media voz y que parece definirse con brillo precario. Karmelo C. Iribarren se sienta con ella para descubrir sus líneas esenciales, con formulación escueta y despojada, pero capaz de transmitir (no encuentro otra perífrasis para mi asentimiento) la emoción de lo auténtico.
  El poeta no niega que toda biografía bosqueja una labor de tramas conocidas y que su cumplimiento genera un punto de decepción. Por tanto es necesario que la existencia remonte vuelo, al menos en el poema. La vida casi nunca ofrece nada a cambio, obliga a acodarse en el escepticismo y hace que la ironía muestre al tiempo un itinerario continuo en el que los pasos marcados no tienen mucha trascendencia. Así va tejiendo en la progresión temporal su tapiz a de erosiones.
  Tras la lectura queda claro el punto de partida del poema: el ahondamiento en la expresión concisa, sin márgenes florecidos, solo una trocha central en la que van amaneciendo sensaciones que se ciñen de inmediato al discurso narrativo, con una continuidad natural. Una poesía donde suena la escala armónica de quien se sienta a observar el momento revelador de tres o cuatro callejuelas que resumen el mundo  y nos acerca las paradojas de una realidad compartida, que depara emoción y certidumbres. Lírica de focalización intimista que pone luz al manso discurrir de los relojes con la humilde voluntad de una cerilla.


                                                                  

sábado, 20 de mayo de 2017

LUIS FELIPE COMENDADOR. MAÑANA NO SERÁ NUNCA

Mañana no será nunca
(Antología poética 2003-2015)
Luis Felipe Comendador
Prólogo de Fernando Rodríguez de la Flor
Epílogo de Luis Alberto de Cuenca
Diputación Provincial
Salamanca, 2017

NICOTINA Y POESÍA
  
   El escritor argentino Adolfo Bioy Casares escribió que “el conocimiento del hombre no permite la previsión de su literatura”. Me toca disentir, aunque admire el talento de Bioy y añore su dúo dialogal con Jorge Luis Borges. Discrepo porque conocer a Luis Felipe Comendador (Béjar, 1959) ha sembrado de continuo claves de desciframiento de su producción poética, cuyo primer tramo compiló la antología Vuelta a la nada (El Árbol espiral, Béjar, 2002). Se ofrece ahora la poesía reunida editada entre 2003 y 2015, un quehacer que integra los libros El amante discreto de Lauren Bacall, (2003), Con la muerte en los talones (2004), El gato solo quería a Harry (2005), Esa intensa luz que no se ve (2007), Dientes de leche (2008), Los 400 golpes (2013) y Corre la voz (2015). Un paréntesis que concede al escritor un lugar propio en su generación, pese a su alejamiento de la sociedad literaria y a su estar silencioso en las contingencias de lo episódico, El bejarano es un outsider con la identidad de “un autor raro”.
   El trabajo de interpretación de esta caligrafía comienza por el título y la imagen de cubierta. Son dos elementos que no agotan su sentido literal pero que muestran una fuerte relación con el contenido: la imagen dibuja un rostro a punto de morder un anzuelo; y el aserto Mañana no será nunca no elude el pesimismo exacerbado de quien no encuentra ningún rastro de vida en el porvenir. Ambas claves predisponen a adentrase en las consideraciones de Fernando Rodríguez de la Flor. El profesor contextualiza el momento histórico en el que nace esta poesía, marcado por la crisis y la globalización. Un tiempo tenso que nunca enmascara su deambular desapacible, su fondo oscuro. Tal estado conlleva el descrédito de lo social y el trazo borrado de cualquier utopía: estar es sobrevivir, ponerse cada día la piel de los naufragios.
   Esta conciencia en proceso se traslada de inmediato a la entidad del sujeto verbal que habita en los poemas y las sombras mudables de su pensamiento; el yo se hace trasunto de un ser contemporáneo que expone su periplo biográfico en la desolación estéril de la derrota a partir de unos cuantos elementos de uso. Una de las columnas más relevantes de esta escenografía personal es el cine, trasunto de aquella caverna platónica, donde la presencia no es sino el sueño de una sombra, una emanación sobre la pared del fondo de contornos difusos. La gran pantalla está en los títulos del poeta y en la construcción de ambientes y argumentos que con frecuencia imitan la trama a resolver del cine negro. En esos callejones oscuros de la soledad el poeta construye su tentación reflexiva; allí aflora, entre la nicotina y los trazos de humo sucio, la certidumbre que mantiene vivo cada latido: estar vivo no es poner en pie un esqueleto resignado; es buscar un sin embargo, hacer de las palabras un refugio, aventar el amor y el estar solidario, pedir cuentas a los propios errores para salir al día con ánimo dispuesto a una nueva derrota.
   En El amante discreto de Lauren Bacall el amor y el deseo se hacen razón de vida para dibujar cerca un arquetipo de belleza, el mito se hace símbolo, impregna lo cercano y restablece un ahora habitable. Pero somos un ser para la muerte y a cada paso asoma la condición efímera. De esa conciencia de habitar la ceniza se nutre  la escritura de Con la muerte en los talones. Conciso y lapidario, el poema dibuja un estar provisional: “Atrapado en campo abierto, / con todo el horizonte / vestido para mí, / los caminos de ida son tantos…/ que no existen”.
   En los libros de Luis Felipe Comendador resuena fuerte la primera persona; habla el yo y en su densidad semántica la intimidad es un rasgo poético esencial. Para convertir ese intimismo en instrumento de revelación y verdad objetiva, el poeta recurre a estrategias de distanciamiento; se ha visto en los libros anteriormente citados y así sucede en las composiciones de El gato solo quería a Harry, donde de nuevo el cine pauta el cauce argumental, a través de personajes como Orson Welles, quien se convierte en callado receptor del soliloquio. El habla evocativa recupera vivencias, sensaciones o el extraño laberinto existencial que suma y resta su erosión en el tiempo.
   Como un viejo tronco que aguarda un brote estacional reverdecido, las obsesiones reinciden y se yuxtaponen los matices de su reconstrucción. Si en los días de infancia hay un sol áureo que va perdiendo brillo mientras se completa la educación sentimental, las secuencias de vida retornan para dejar su vuelo en los poemas de Esa intensa luz que no se ve como si fuese necesaria su presencia para mantener la coherencia. Esperar se convierte en sólida estrategia: “siempre la misma nieve / el mismo mar / el mismo decorado donde ser / o dejarse / donde vivir / o a tientas buscar causa o reposo / abismo, balsa o trono / libertad / pan / cadenas”.
   La poesía de madurez aprende a graduar las emociones, requiere construcciones más severas, aunque conserve el mismo protagonista y profundice en los fundamentos del ideario estético. De este enfoque participan, desde su particular topografía, los poemarios Dientes de leche, Los 400 golpes y Corre la voz. Los tres comparten una similar psicología del sujeto verbal, la eficacia de una expresión en la que nunca hay sitio para la digresión ociosa y el clima orgánico del conjunto.  
  No quiero cerrar esta lectura de Mañana no será nunca sin citar el apunte epilogal de Luis Alberto de Cuenca. El poeta deja claro su entusiasmo afectivo por una manera de ser a trasmano. Es consciente de la coherencia amical y de lo complejo que resulta en tiempos de corrección y escaparate exhibir a diario la sinceridad y las pancartas de los que denuncian, sin que ningún sometimiento merme la profundidad de su grito.
  En los hilos sueltos de Mañana no será nunca está el autorretrato de Luis Felipe Comendador, las repletas estanterías de esa biblioteca interior donde se guardan los libros vividos, aquellos que condensan la geografía de una decepción, la luz pequeña de un cigarro encendido, las ganas de vivir, su nicotina.       


jueves, 2 de junio de 2016

LUIS ALBERTO DE CUENCA. TRAYECTO CONTINUO

Luis Alberto de Cuenca

PALABRA DE AMIGO

   La primera salida a superficie de Luis Alberto de Cuenca se realizó en la muestra Espejo del amor y de la muerte, un volumen aparecido en la colección Bezoar que puede considerarse complemento de la célebre antología de Josep María Castellet  Nueve novisimos poetas españoles. Es un lugar común de la crítica que ese recuento marcó el rumbo en la poesía de los años setenta y convirtió el venecianismo en tendencia dominante. Pero el itinerario del madrileño pronto adquiere una personalidad propia y singularizada hasta convertirse en referencia de cualquier recuento.
   Existe en su poesía una evolución natural. El tramo epifánico, que representan Los retratos  y  Elsinore, forma una etapa estética y formalista que gira a comienzos de los ochenta hacia una poesía más decantada, de línea clara, sustentada en el trazo limpio y en la aspiración clarificadora. Sin embargo el material textual de cada etapa comparte abundantes aspectos formales y vetas temáticas. La dicción coloquial no es sino un depurado ejercicio intertextual en el que caben cultura clásica, cine, cómic y otras manifestaciones artísticas, forjadoras de una sensibilidad múltiple que el lector puede apreciar, en su justa medida, en la recapitulación Los mundos y los días.
   El quehacer literario de Luis Alberto es un todo orgánico hecho de géneros maleables. El poeta, traductor, crítico, académico y ensayista se ha convertido en guía de las últimas promociones, lo que ha dado lugar a un amplio horizonte de interpretaciones del que Alrededor de Luis Alberto de Cuenca es un didáctico ejemplo. En las palabras liminares el prologuista y antólogo Javier Vázquez Losada comenta cómo ha surgido esta miscelánea a partir de un dossier encargado para una revista digital. Tras ese cuaderno, las colaboraciones comenzaron a llegar hasta reunir más de un centenar de nombres entre narradores y poetas.
  Más que el ensayo riguroso, abunda el apunte circunstancial, el texto que justifica la relación personal con el homenajeado o las huellas de antiguas lecturas que propiciaron el primer acercamiento a un modo de escritura que enlaza con naturalidad experiencia e itinerario vital. La copiosa nómina de colaboradores da para muchos enfoques y quien se acerque al libro no quedará decepcionado.
   Que un centenar de letraheridos –asentados o en ciernes- se ponga de acuerdo para colaborar en la iniciativa de Javier Vázquez Losada es una anomalía sociológica que habla con toda claridad del talante intelectual del homenajeado, de su mano tendida sea cual sea el grado de afinidad estética. De ahí que entre las páginas de Alrededor de Luis Alberto de Cuenca sople la brisa del afecto: es un testimonio colectivo de amistad en voz alta.

                                                                                            
Alrededor de Luis Alberto de Cuenca
(Homenaje a Luis Alberto de Cuenca)
 Javier Vázquez Losada (prologuista y antólogo)
Neverland EdicionesMadrid, 2011




miércoles, 30 de septiembre de 2015

LUIS ALBERTO DE CUENCA. MERIDIANO CERO.

Luis Alberto de Cuenca
Premio Nacional de Poesía 2015
   MERIDIANO CERO

   La creación en verso de Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950) ha dado pie a un buen número de ensayos y reseñas que constatan el lugar central, el meridiano cero de un corpus compilado con el rótulo Los mundos y los días. En él está la producción escrita entre 1972 y 1998,  editada por primera vez en noviembre de 1998. La colección agrupa los poemarios Elsinore y Scholia, con abundantes retoques, el cuaderno Necrofilia, La caja de plata, El otro sueño, El hacha y la rosa y Por fuertes y fronteras, junto a un grupo de composiciones, “El bosque y otros poemas”, que anticipa contenidos de Sin miedo ni esperanza. Queda fuera  Los retratos, libro inaugural en el que la sensibilidad novísima aireada por José María Castellet y las afinidades con la opulencia metafórica de Pedro Gimferrer enmascaran las circunstancias biográficas. Estudiosos como Juan José Lanz, Luis Muñoz, o Manuel Lara Cantizani hablan de un viraje pautado que comienza en el culturalismo y se adentra, a finales de los años setenta, en una vocación más elegíaca e introspectiva, centrada en los sentimientos del yo y en el acontecer circundante. En efecto, los últimos poemas de Luis Alberto de Cuenca modelan identidades creíbles y cercanas, capaces de emocionar y capturar el interés con asuntos cotidianos e inmediatos. Conviene recordar que en este cambio de rumbo hay una continua apropiación del pasado cultural, convertido en una íntima posesión del yo existencial;  la erudición es cultura viva, alienta matices y enfoques.
   Un aforismo de Juan Ramón Jiménez, casi contradictorio con su perseverante reescritura, argumentaba que “los libros hay que dejarlos que se hagan solos” y este pensamiento podría ser aplicable al poemario La vida en llamas, que obtuvo el Premio Ciudad de Melilla en la vigésimo séptima convocatoria. Es una  obra extensa, formada por ochenta textos escritos entre 1996 y 2005. Se inicia con una conocida poética del autor “Línea clara”, una defensa de un lenguaje comunicativo y discursivo, lejos de cualquier pretensión abstrusa; el poema establece con el receptor un diálogo intimista y directo. Es sabido que el término “línea clara” proviene del comic, una de los centros de atención del madrileño, que no duda en cerrar la composición con un explícito homenaje a Tintín, el personaje de historieta creado por Georges Remi, más conocido por su pseudónimo artístico, Hergé. El poema tiene una neta correspondencia con formulaciones en prosa realizadas por el autor en entrevistas y en sus escasos posicionamientos teóricos; en la revista Prima Littera escribía: “un trago de agua fresca en el desierto de la vida, que eso tiene que ser la palabra poética que se precie, lejos de misticismos bobalicones”.
   No hay en el avance de La vida en llamas una única senda argumental; prevalece un eclecticismo temático que se distribuye en siete apartados. El criterio cronológico explica el abanico de motivos e incluso la diversidad formal: “La canción de Feste” desprende el mágico encanto de la lírica popular; el siguiente poema es un monólogo dramático en boca del franciscano Odorico da Pordenone, un misionero que desarrolló actividades apostólicas en Oriente, y  protagonizó, como un Marco Polo con hábitos- un largo viaje, de casi treinta y tres años de duración.  Tras Luis Cernuda y Jaime Gil de Biedma, el monólogo dramático se instala en la lírica contemporánea; es un proceso de objetivación que permite al yo poemático convertirse en cronista eventual; los versos proporcionan juicios y hechos desde el interior de una identidad ficticia; de este modo se establece una relación directa con el receptor que genera una evidente simpatía en el proceso comunicativo.
    En el mismo apartado hay una elegía a José María Sert, artista del postmodernismo catalán que destacó en la decoración mural. Una circunstancia histórica ha condicionado la disparidad de juicios críticos sobre las realizaciones artísticas; Sert iniciaría en 1938 gestiones para que la Oficina Internacional de Museos, con sede en París, se implicara en el salvamento de las obras de arte amenazadas por los continuos bombardeos y participa en la posterior repatriación desde Ginebra, cuando concluye la Guerra Civil. Completan este grupo una reflexión sobre el sueño de Coleridge, una meditación a costa de un bajorrelieve asirio y otros poemas.
    Como se ha dicho, el poeta opta por dar al libro un carácter misceláneo; el poemario se nos presenta como un ejercicio plural en el que se  acumulan facetas. La sensibilidad poética de Luis Alberto de Cuenca otorga al decorado urbano un carácter más amable y lo convierte en escenario sentimental, incluso el laberinto subterráneo de alcantarillas y aparcamientos es más proclive a la fantasía que a lo sórdido. El lied relaciona poema y música y gozó con Shubert de notables innovaciones. Luis Alberto respeta el molde; los contenidos deben abiertos, emotivos y psicológicos, e incorpora los nuevos rostros de la modernidad; frente al ensimismamiento grisáceo y endogámico de lo cotidiano, la época heroica perdura en el imaginario con su huella de ideales y gestas.
    Un apartado completo nos presenta una veintena de haikus; en él se emplea esta estrofa oriental con un sentido nuevo; en Occidente ha perdido su intencionalidad originaria; ya no pretende glosar el eco de las estaciones ni añadir a un instante un fulgor sensorial. En la estrofa, los nombres propios crean un contexto cultural, una ambientación poemática: Perceval rescata el ciclo artúrico; Ulises, el personaje de la Odisea, convierte el itinerario en íntima travesía de la memoria, el trayecto une principio y final de la existencia. 
   En La vida en llamas  las señales comunicativa de la cultura se multiplican. “Psalle et Sile”, el poema de Calderón, como el “Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz es un precedente de la mística del silencio y está en los presupuestos teóricos de poetas como José Ángel Valente. Inspira la concentración meditativa de este haiku: “En el silencio/ de esa flor amarilla/ perdura el canto”.
    En “Pablo y Virginia” se acercan los personajes de ficción a lo biográfico. En las líneas introductorias a la edición de Vera y otros cuentos crueles, de Villiers de l´Isle, Alicia Mariño define a las figuras de Paul y Virginia como dos adolescentes angelicales que no conocen la presión del mundo exterior y mantienen una impoluta curiosidad por descubrir. Ambos están en la novela homónima de Bernardin de Saint-Pierre. Luis Alberto de Cuenca expresa de este modo su devoción por el conde de Villiers de l´Isle, sujeto de vida curiosa, enemigo de convenciones burguesas y uno de los precursores del simbolismo francés.
   Este breve esquema versal demuestra las posibilidades del haiku: “Abro la puerta// descubro que no hay nadie/ fuera ni dentro.” Con los títulos los poemas adquieren la apariencia de mínimas viñetas.
   Entronca “Crónica de sucesos” con la poesía urbana y el núcleo de relaciones que genera la convivencia diaria. Esos puentes entre el yo y el otro están muy perfilados en la relación de pareja que se aborda desde la ironía y el coloquialismo. El humor alienta en esas estampas fugaces que son fruto de lo contingente y que depositan en el discurrir una brizna de surrealismo, dando salida a impulsos que colisionan con el pensamiento racionalista. Todavía persiste en el poema esa querencia natural por la obra de Cirlot. En la serie “La mujer del vampiro” otra vez el cine actúa como río interno. La iconografía de  Drácula genera la composición inicial, a la que siguen secuencias donde el amor y sus variantes ocupan el primer plano. Así sucede en  “La casa de las fábulas”, “El ático” o “Difícil travesía”.
   El grupo de cierre se denomina “El jardín de Alicia” y su núcleo temático es el amor y el deseo. Relatan una historia sentimental de un alter ego vitalista y enamorado. Alicia es el nombre de la esposa del poeta y su marcada significación se percibe en la dedicatoria del libro, ella es “la reina del Karoo” que traslada el afecto a una lejana región sudafricana. La supuesta espontaneidad del apartado incorpora recuerdos y viajes y esos sueños que no se corrompen cuando llega la amanecida. La aparición de la amada   tiene el tamiz romántico de acontecimiento trascendental, aunque un deje irónico sirva de trasfondo al final feliz, tan propio de los cuentos de hadas. La otredad se idealiza y adquiere el porte de una diosa antigua, pero los sentidos filtran la realidad  y reconstruyen un entorno contemporáneo de canícula estival, carreteras vacías y raros transeúntes. La composición Political incorrectuss repasa alguno de los tópicos que dan una visión pesimista y desesperanzada de nuestro tiempo, frente al occidente clásico, de amplio legado cultural y cuna de civilizaciones, aparece un occidente todopoderoso, como ave de rapiña, empeñado en la explotación de otros continentes y sin ningún respeto por el medio ambiente. El yo poético cuestiona esas verdades de uso común y en su diálogo con la amada sigue percibiendo el aliento y los valores de la vieja Europa. El poema “No me las enseñes más” sirvió de título a una hermosa edición ilustrada por los dibujos de Antonio Garrido, que vio la luz en 2002, en la colección Libros del consuelo de Lf ediciones. La Venecia novísima, topónimo ineludible de la Generación del Lenguaje, deja paso a un desplazamiento geográfico en el que conviven exotismo y escenarios cotidianos como ámbitos de una relación sentimental, introspectiva y  libre de erratas. El texto final, “Fe de erratas” es una exaltación del amor idealizado. El intimismo biográfico del poema convierte la lírica en expresión sentimental.
   El lector sabrá disculpar este análisis demorado de La vida en llamas, pero  creo que es un libro central en la nueva concepción escritural del poeta madrileño: los dos últimos poemarios editados hasta la fecha repiten características: son libros extensos y misceláneos, divididos en apartados argumentales, con un epitelio cultural evidente y con un pensamiento reflexivo sobre el devenir existencial, no exento de humorismo y mirada escéptica.
   Así en El reino blanco, la tradición aparecía como plaza principal de la escritura, tanto en la forma -es el epigrama helenístico el molde formal más empleado- y el almacén de asuntos que toma sus materiales de los tópicos asentados en la cultura grecolatina, sobre todo en la poesía helenística. 
   La última entrega, editada en 2014, es Cuaderno de vacaciones . El extenso poemario ha sido reconocido con el Premio Nacional de Poesía 2015, siendo en palabras del jurado una compilación textual de gran fuerza emocional que vincula mitos y orígenes, devenir vital e imaginario, y se nutre de las fuentes de la modernidad". Un premio justo que pone a su autor entre los magisterios más evidentes de las últimas hornadas.
    La poesía de Luis Alberto de Cuenca, de orientación pluralista, constata una armonía vecinal entre el crear y el ser, da cuenta de una experiencia personal –no importa si vivida o imaginaria- con núcleos generativos que entrelazan lecturas y vivencias. En los poemas, sentimientos y emociones nos llegan a través de un discurso racional que prefiere el misterio de la claridad al código cifrado desde los supuestos de una sensibilidad coetánea. Queda lejos el tiempo de los héroes.