jueves, 30 de abril de 2015

AFORISMOS CON SAL

Playa de San Lorenzo, Gijón. Fotografía de Adela Sánchez
AFORISMOS CON SAL

                                             Para Carmela Rey

. Solvente y plena, la realidad es simultánea al texto.

. Hay epítetos que viajan en clase preferente disfrazados de una textura dócil.

. Náufrago. Heterónimo del pesimista.

. Elogio ese espíritu disponible de la imaginación para suplir carencias.

. El mejor cierre de una elegía es la añoranza, el ilusorio deseo de retorno.

. Desmemoria. Dónde se ubica ese lugar al abrigo de la intemperie.

Motivos personales
José Luis Morante
La Isla de Siltolá, Aforismos
Sevilla, 2015

miércoles, 29 de abril de 2015

ISMAEL ALONSO. DE LA LUZ Y OTRAS AUSENCIAS

De la luz y otras ausencias
Ismael Alonso
Bohodón Ediciones
Tres Cantos, Madrid, 2015

A SOLAS CON EL FRÍO
 
  Aunque la narrativa es vértice central en el recorrido del segoviano  Ismael Alonso (Fuente el Olmo de Íscar, 1974), su escritura busca  entornos renovados en otros géneros como la lírica. Tras las novelas Algún día, La hija de la lluvia, y Tierra eres, ahora compila sus poemas en  De la luz y otras ausencias, libro que adelantó varias composiciones en revistas digitales y en antologías de poetas contemporáneos como En legítima defensa, impulsada por la editorial Bartleby.
   La cita prologal de Antonio Machado nos parece un pequeño guiño hacia el receptor sobre las afinidades de Ismael Alonso con la tradición meditativa y sentimental que busca sus argumentos en acontecer del yo y en el cauce manso de lo temporal. En el largo viaje del protagonista verbal, las instantáneas reflejas secuencias vividas. Las palabras describen estados de ánimo del sujeto inmerso en las aceras de lo cotidiano. Allí están marcados los pasos del dolor y la pérdida, esos contraluces  que dictan la caligrafía del fracaso. Así lo refleja el arranque,“Regreso”: “Después del dolor / todo vuelve a su ser / y después de la vida / todo vuelve a su ser; / y después de las palabras / y del vuelo de la materia / sin que pase un minuto / sin pensar en ti. / Como ves, he vuelto, / alumno aplicado en nombrarte / todo cuanto es fracaso “.
  El devenir diario, casi inadvertido, como una leve estela en el agua, va consumiendo su transcurso hasta dejar entre las manos de cada identidad un poso de ceniza. Un rastro gris que invita a preguntarse si, después de todo, la existencia no es sino un vago espejismo de límites difusos, que apenas nos deja formular un deseo:: “Que no muera el afán; / que no haya copa rota, / gorrión de nieve, candil / en tempestad / que siga la secreta senda “.
   Solo los sentimientos y solo las palabras son capaces de construir refugios hospitalarios contra el cierzo y la neblina. Esa es la razón de ser de la escritura: disponer de un poco de claridad en la memoria, encender la luz de la amanecida capaz de serenar la incertidumbre. El tramo central del poemario “Diario de una máscara”, que arranca con una cita del poeta elegíaco Francisco Brines, acentúa el tono autobiográfico. El recuerdo y la memoria se convierten en los muros más sólidos contra el tiempo y lo que fuimos se hace protagonista vivencial del ahora. Adentrarse en el pretérico supone recorrer un camino de vuelta, reconstruir sensaciones y afectos, dar voz a las pérdidas, a lo celebratorio y a la claridad azul de la esperanza. En estos pomas también adquiere relevancia mayor la cercanía del paisaje, esa geografía mesetaria y campesina que laboraron sombras cercanas con las manos humildes del trabajo.
    El discurso sobre el ser transitorio y su temporalidad –tan definitorio en poetas actuales como Eloy Sánchez Rosillo- sirve de cierre al último apartado, “Las palabras cansadas”; la voz incide en lo vivido como si el tono del hoy anunciase una visión crepuscular, el sonido apagado de lo que concluye. El poema una vez más se hace –como subrayó en perdurable axioma Antonio Machado- palabra en el tiempo. Ismael Alonso habla con el rumor de la incertidumbre, rescata en De la luz y otras ausencias lo que ya no está y deja en tierra firme, con tacto emotivo y precisa cadencia, esa rutina frágil que se fundió en la nada del poema.   

martes, 28 de abril de 2015

EN MEDIO DE LA CALLE

En medio de la calle (Ávila, 2015). Fotografía de Adela Sánchez
EN MEDIO DE LA CALLE

                                              Nell mezzo del cammin di nostra vita
                                                                       DANTE ALIGHIERI
Dudas y errores
en medio de la calle,
como turistas.

lunes, 27 de abril de 2015

ALFONSO BREZMES. DON DE LENGUAS

Don de lenguas
Alfonso Brezmes
Renacimiento, Sevilla, 2015 


DON DE LENGUAS
 
   A trasmano del entorno generacional al que se adscribe por su edad, la escueta biografía literaria de Alfonso Brezmes (Madrid, 1966) comienza en 2013, cuando recoge sus primeros textos en el libro La noche tatuada, amanecida en Renacimiento. La misma editorial acoge su segundo poemario, Don de lenguas, que tiene como pórtico una sugerente cita de Roland Barthes: “El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. Es como si tuviera palabras a modo de dedos, o dedos en la punta de mis palabras. Mi lenguaje tiembla de deseo”. El ámbito lingüístico trasciende la abstracción conceptual para convertirse en material tamgible, en puente sensorial capaz de provocar emociones.
   El poeta elige como paso inicial una poética inadvertida: la lengua adquiere vida propia, abandona la quietud del sujeto –inmóvil centinela de plomo- para trazar sendas multiplicándose en los lugares más dispares, hasta llegar de nuevo a quien le concede la voz, como si el soplo de la palabra renaciera y se hiciese lengua viva para iluminar.
   La expresión coloquial aporta intimismo a los poemas, los convierte en cercanas confidencias que admiten el trazo irónico, la sugerencia y el doble sentido. En “Sexo oral” el aserto sorprende al lector con la ruptura de su significado previsible para enunciar una mera operación lingüística empeñada en el quehacer de forjar una lengua nueva, capaz de cubrirnos con palabras. La semántica adquiere el rango de una segunda piel como un sueño que crease una realidad imaginaria cuyos pasos concitan otra realidad.
   Junto a este sustrato metaliterario de los poemas iniciales convive la mirada sentimental en la que está presente el deseo y el espacio común del nosotros, la soledad compartida que abre el manual de urbanismo de lo cotidiano. En el reloj del tiempo salen al paso las paradojas de la convivencia y los contraluces del estar: “Este coserse y este recoserse / y este irse despacio descosiendo, / como si una hilera aburrida / tirase de un hilo muy largo / para deshacer poco a poco el vestido / que ella misma había ido tejiendo, / hasta dejarnos de nuevo / completamente desnudos”. De igual modo, en los breves textos el protagonista lírico se hace reflejo para explorar la propia identidad y sumar pasos interiores. En esos itinerarios están los recuerdos que retornan callados o con la mirada amarilla del tiempo y están las enseñanzas del ahora, como percibimos en el poema “Ars Botanica”, con un lapidario enfoque reflexivo: “Hay algo épico en las flores. / Algo hermoso y terrible / ocurre entre sus pétalos / en el breve intervalo en que despiertan. / Un drama silencioso. / Como si la vida ensayase en ellas / antes de hacerlo en nuestros cuerpos”. Percibir es tomar conciencia del hilo frágil de lo transitorio, intuir la levedad del trazo que nos da sentido, como si nada sucediese mientras los días se gastan con el gesto cansado de la costumbre, en las nubes que pasan casi inadvertidas sobre los tejados.
   El lenguaje como instrumento comunicativo se convierte en eje de simetría del poemario. Si el primer apartado se denominaba “lenguas vivas” y concedía a la palabra un papel germinativo y potencial, el siguiente grupo de poemas, “Lenguas muertas”, aloja el escepticismo y la carencia, el tacto frío de lo concluido. En este tramo, el presente aparece como un espacio inhóspito donde la identidad transita “sin una pizca de fe”. El marco urbano es un lugar extraño, fiel a su propia opacidad. El poema “Don de la claridad” reescribe el verso más conocido de Claudio Rodríguez para contradecir su significado en un texto excelente, tal vez una de las mejores composiciones del libro, a la que pertenecen estos versos: “En lo visible habita lo invisible, / y gracias a su dócil transparencia / conseguimos a veces asomarnos / a la vida secreta de las cosas. / Nunca la claridad viene del cielo”·
   El ego poético se mira en el espejo del ser biográfico para encontrar en sus rasgos razonables parecidos, el aire de familia de quien comparte el azar lo diario, por ello el lenguaje adquiere un son existencial, un eco autobiográfico donde suena la vida al paso.
   La sección final “Ejercicios de lengua” (aunque el poemario concluye con el epílogo “Fe de erratas”) conjuga similares obsesiones. Los sentimientos expresan su peculiar gramática gastada; las palabras eligen los rincones del estar para describir sus coordenadas, para aprender el peso de sus paradojas o para entender que las frases hechas siguen renovando su sintaxis y sus reglas de estilo en el cansado cauce de los días.
   Sin ociosas soflamas, Alfonso Brezmes deja en Don de lenguas una voz reconocible, que busca sitio propio a través de un registro coloquial. En él caben ritmo, música y los matices  donde se abren paso sensibilidad e inteligencia. La emoción de lo entrevisto llega al lector con el tono cálido de la confidencia, con la cercanía de lo compartido. Poesía que se pronuncia con la voz natural de la belleza.

domingo, 26 de abril de 2015

SED EN EL BOSQUE

"Quietud". Fotografía de José Manuel Vilaboa
SED

                                         Solo la música del agua

El agua fluye
y queman las palabras.
Bebo silencio.
 

sábado, 25 de abril de 2015

JESÚS CÁRDENAS. SUCESIÓN DE LUNAS

Sucesión de lunas
Jesús Cárdenas
Anantes Gestoría Cultural, 2015
 


         SUCESIÓN DE LUNAS

   El escritor sevillano Jesús Cárdenas (Alcalá de Guadaíra, 1973), Licenciado en Filología Hispánica y profesor de Enseñanza Secundaria protagoniza un fértil periodo creativo. En menos de un lustro ha dejado en la imprenta cuatro poemarios a os que ahora se añade Sucesión de lunas, editado por Anantes. La salida adjunta un prólogo firmado por el poeta, novelista y crítico Manuel Rico, uno de los estudiosos que mejor conoce el mapa lírico del presente. Los que prefieran una lectura con referentes previos tienen en los párrafos del prologuista varias señales de situación; Rico recuerda el itinerario natural de Jesús Cárdenas en una lírica de “corte realista y transparente aunque sin desdeñar el destello imaginativo, casi irracionalista”, rumbo este último que parece acrecentarse en las composiciones de Sucesión de lunas, cuyos esquejes poéticos afloran desde el amor como gran árbol tutelar; también esboza la disposición orgánica del libro.
   Pero la charla sosegada con los versos siempre es personal, así que es recomiendo adentrase en los textos, tras las sugerentes citas de Pizarnik, Cernuda y Valente. El fragmento inicial “Un prodigio en la palabra” vela lo autobiográfico para centrase en las estelas que abre la palabra poética, cuyas imágenes se extienden en el sendero. Se apuntan las sensaciones que deja el percibir. Esas efímeras hendiduras de luz definen los cercanos paisajes descubiertos desde las palabras. El entorno contiene una faz mudable donde germina su pálpito plural. Quien contempla percibe el azar del aire, ese vuelo que enlaza hojarascas, polvo y ceniza, las presencias efímeras siempre huidizas y volátiles que tanto definen nuestra existencia como rumor de tránsito, un manojo de tiempo que acaso solamente perdura en la oquedad hospitalaria de los sueños. No es posible estar conforme en el ahora porque su espejo refleja soledad y desamparo; quien mira busca el inconcreto perfil de otra mirada.
   En la disposición interna de Sucesión de lunas la primera parte se decanta por dar voz al palpitar insomne de la soledad y su itinerario sentimental, siempre refugio y estación frente al incierto discurrir de lo transitorio. En el estar la palabra busca sitio, se hace expresión y símbolo de las horas deshechas, de aquello que envejece y declina. La voz abre caminos de regreso y apaga las preguntas.
   “Promesas de espejo” integra los poemas de cierre. En ellos prevalece como formato la prosa lírica para expandir el pensamiento de un sujeto verbal que mira el entorno desde la media distancia, con sosegada implicación. La existencia percibe alrededor signos cercanos que pasan a ser simples indicios de la memoria, igual que esos reflejos diluidos que dibuja la lluvia en las aceras. La mirada descubre ese color grisáceo de un cielo intempestivo que acentúa la sensación de soledad anclada en su propio silencio, vulnerable quietud que se refugia detrás del muro erosionado del recuerdo.
   En Sucesión de lunas Jesús Cárdenas dibuja un estar transitorio con olor a invierno, como si la epifanía de los sentimientos que trazan los puentes hacia el otro hubiese recorrido un itinerario vivencial, ya único patrimonio de la memoria, y tocase ahora dejar sobre la arena esa huella espiral del sujeto empeñado en descubrir la puerta de regreso.  



viernes, 24 de abril de 2015

ITINERARIO PERSONAL

"Páginas". Fotografía de Javier Cabañero

ITINERARIO PERSONAL

                        Para Óscar Martín Centeno

Hago el camino solo, con la devaluada seguridad de un móvil sin cobertura.

Capacidad intacta para percibir los invisibles movimientos de la inteligencia.

Su identidad confunde, como un efecto óptico.

El trazado ideal de una obra es la suma de tramos que se ensanchan.

Cuando se pide imaginación a la rutina, balbucea.

          (De Motivos personales, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2015)