sábado, 11 de abril de 2020

AL OTRO LADO DE LA LLUVIA

Tiempos líquidos
Arquivo
de
internet


AL OTRO LADO DE LA LLUVIA


Todo lo sólido se desvanece en el aire

K. Marx


   Seguí casi al completo la sesión parlamentaria del Congreso. Desde las aguas revueltas de los intereses partidistas los apoyos son hilos frágiles, telarañas viscosas. Algunos socios de la investidura socialista como Bildu, BNG y ERC evidencian el limo de su ética y muestran el alto proceso de putrefacción de su ideario político. Llama la atención su iniciativa en el Senado para que el delito de odio a la corona no exista, ni el delito de odio a España. Quieren rencor y asco gratis, para que todo huela como su cuarto de baño. También llevan a la otra orilla de la gratitud las actuaciones del ejército, al que miran como un cuerpo represor en vez de percibirlo como un garante de la solidaridad interterritorial y como una respuesta de intervención inmediata en labores humanitarias.

   Frente a esas semillas de destrucción, tan erosivas y deleznables, qué necesario en la izquierda el patriotismo constitucional. Entender la patria como un espacio de encuentro, como una geografía de construcción plural.

   El relato cursivo de la lluvia en las ventanas opta por el tono sentimental de la elegía. Se hace visible la ausencia de quienes compartieron instantes de felicidad. Son esas vivencias en común las que se guardan contra el abrasivo efecto de los días.

   La realidad busca un sostenido contraste ficcional y un muestrario de estados de ánimo en los protagonistas. De inmediato, hay que buscar sitio a la esperanza. Hay mucho que hacer en el regreso. Mientras, toca esclarecer certezas. Al otro lado del cristal teclean los dedos azarosos del porvenir.

(Apuntes desde el encierro)






viernes, 10 de abril de 2020

SIHARA NUÑO. CERDO CON MONÓCULO

Cerdo con monóculo
Sihara Nuño
Editorial La Tinta del Silencio
Colección La Nave insólita
Ciudad de México, 2019


DÍAS EN TRÁNSITO


   Tras el decir fragmentario de Enormidad (La Isla de Siltolá, 2018) que supuso su primera amanecida en el aforismo, Sihara Nuño (Ameca, Jalisco, 1986) retorna al quehacer conciso con la entrega Cerdo con monóculo, acogida en la colección de narrativa breve La nave insólita. El volumen integra como prólogo “La magia de lo cotidiano”, una mesurada interpretación de Alejandro Barrón, quien aglutina todo el proceso creador de Sihara Nuño como facetas complementarias de un único cuerpo. Pienso lo mismo; la grafía poética, ficcional o aforística son eslabones engarzados. Solo difieren en la estrategia expresiva porque comparten la indagación y el matiz, la reiteración de sustratos argumentales y el enfoque personal en esa búsqueda del equilibrio justo en las palabras. Como si los géneros rompieran costuras para sumar territorios expresivos “desde un principio de continuidad”.
  Así sucede con los fragmentos de Cerdo con monóculo que admiten una catalogación difusa: aforismos líricos, prosa poética, narrativa microficcional, apuntes autobiográficos, apostillas sobre datos culturales renacidos, observaciones del espacio social compartido o vetas indagatorias en el discurrir del yo colectivo. Este inadvertido verso de Alejandro Barrón  sintetiza el libro al completo: “Exilio, memoria, lejanía”.
   El pensar del sujeto ensimismado se hace anotación y memoria de lo transitorio en un marco en continuo movimiento: el transporte público. Da lo mismo que el medio sea el tren, el avión, la camioneta o el ferri; en los usuarios conviven los tanteos del recuerdo y los vaivenes exaltados de la imaginación. En cada recorrido la rutina diaria sostiene cimientos de lo aleatorio. Desde este discurrir en tránsito se abre cauce una observación reflexiva que anota las sensaciones entornales y los fondos interiores de la realidad. Los indicios recogidos por la percepción nunca se despojan de la probabilidad de ser extraños espejismos que el tiempo sostiene, con fecha de caducidad. En su análisis conviven la ironía y el estar conforme, la meditación y un tono de sosegada distancia que merece el escueto enunciado de una investigación policial. Las secuencias son “casos”, laberintos vitales que requieren el hilo de Ariadna del pensamiento. Me permito adjuntar un par de ejemplos al amparo lector: “Caso deshabitado”: “La vida es mordaz. No disminuyo su virulencia pero algunas veces suceden cosas agradables y nos negamos a verlas. Por ejemplo, un asiento vacío”. O este nuevo caso titulado “Nostalgia”: “Hay viajes de los que no volvemos aunque estemos a tiempo en el andén”.
  El análisis crítico del aforismo contemporáneo exige una permanente codificación. Pero es un empeño prometeico. Como un guijarro el verbo sentencioso no tiene un molde único, salvo ese laconismo expresivo que se empeña en dar savia a las raíces de lo inesperado. El decir breve de Sihara Nuño incide en la pluralidad de ingredientes: apuntes del trayecto experiencial, microficciones narradas por el son objetivo de un narrador omnisciente, y destellos reflexivos que iluminan la piel opaca de lo cotidiano. Pautas y alegaciones de la inquietud laborable. Tanteos interpretativos de un pasajero del lenguaje que jamás sabe cuándo llegará a su destino; que toma asiento y convoca al azar para una lectura estimulante. Porque “hay viajes que ocurren a pesar de nosotros”.






 

jueves, 9 de abril de 2020

CIUDAD ADENTRO

Calma gris
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

Ciudad adentro

                     
Una vez más regreso a la ciudad de siempre.
Descifro con premura
un largo itinerario de recuerdos,
mientras sube, con ardor renovado,
la hiedra de otros días
desde un lejano sueño hasta la boca.
Pero nada es igual, aunque contemple ileso
el dócil deterioro,
antiguos edificios maquillados de tiempo.

No logro adivinar qué signos, qué paredes
ocultan las hogueras del pasado.
No hay rastros inmutables, no hay indicios
de una felicidad remota en la memoria.
Cuánta mano vacía, cuánta ausencia;
quedaría conforme siquiera vislumbrando
una imprevista huella, algún reflejo.
Se reiteran mis pasos por calles desoladas,
mi soledad se enquista en noche,
suena el reloj de un campanario,
aburrido neón de pupila naranja
vierte sobre mi busca un guiño cómplice
y una difusa luz precede al día.

La llegada del alba desvanece
esa ciudad cuyo nombre es olvido.

                      (De Mapa de ruta, 2010)


                   






miércoles, 8 de abril de 2020

PIEDRAS SOBRE PIEDRAS

Grasilla silvestre
(Aragón, rutas a pie)


PIEDRA SOBRE PIEDRA


  Piedras sobre piedras se construye el tiempo, como una grasilla silvestre que crece en la oquedad oculta de la roca. Es casi el primer mes de encierro en casa y el discurrir no cesa de interrogarme. Mis dudas son cáusticas y ejercen entre sí una fuerte competencia. Todas están en ese balneario invernal del escepticismo. Casi nadie sabe lo que sucederá después.

Miro la mañana y no se ve a nadie en la calle. Es lo habitual en estas urbanizaciones de periferia en cuya languidez doméstica habría que sembrar un poco de humor caribeño. El jardín, tras las últimas lluvias, lo intenta, pero el verde brillante necesita el colorista cromado de pensamientos, tulipanes y rosas. Y los viveros están cerrados.

Aprovecho esta quietud terapéutica para quemar los ojos en las páginas de libros y periódicos digitales. Al final la opción me nubla el ánimo. Solo percibo encuadres de una arquitectura desenfocada que legitima mis incertidumbres.

Crecen en torno los humillados y ofendidos, a pesar del incansable quehacer literario. Con frecuencia se quedan los hilos sueltos que propician el ajuste de cuentas. Son los oscuros efectos secundarios de lo no hecho.

(Apuntes para el diario)



martes, 7 de abril de 2020

ENCUENTRO

Exilio
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

ENCUENTRO


    Habitó un cuerpo de talla media, con estados ocasionales de funcionamiento variable que se fueron deteriorando por el uso: otitis, miopía, musculación escasa. Pero aguantó con entereza el definitivo declive, tras el accidente mortal de hace seis años.
   Al recorrer una calle comercial, pese a su palidez desaliñada, lo reconocí de inmediato, frente a un escaparate. Al verme, tras el largo exilio subterráneo, él también ensayó un gesto de perplejidad y reiteró mi silencio. Como yo, venía del pasado y las facciones preservaban rasgos peculiares. En el irreversible desorden del tiempo, no merece la pena ningún cambio. La vida es una cicatriz que no se cierra.

(De Cuentos diminutos)




lunes, 6 de abril de 2020

LAURA GIORDANI. MANCA TERRA

Manca terra
Laura Giordani
Prólogo de Yaiza Martínez
La Garúa Editorial / Poesía
Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 2020



SUELO BAJO LOS PIES



   Nunca he creído en la idea del creador desgajado del contexto teórico de la escritura. Además, el poeta es un ciudadano que vive con intensidad los pormenores diarios de la calle. Intenta reflejar en la página los rasgos figurativos y conceptuales de un entorno común que engloba el ser individualidad y la voz plural de lo colectivo. Por eso, antes de entrar en la materia verbal del libro Manca terra de Laura Giordani (Córdoba, Argentina, 1964), considero muy orientadora esta definición sintética, ubicada en la solapa del poemario sobre el quehacer, tan vinculado a lecturas, seminarios y talleres: “El lenguaje poético y la creatividad como instrumentos de resistencia del espíritu humano frente al arrase sistémico es el núcleo de su labor como escritora y docente”.
   Esa sensibilidad despierta y receptiva de Laura Giordani ha dejado en la última década seis poemarios, dos plaquettes y la voluntad inalterable de seguir andando por las aleatorias calles del poema con nuevos viajes como Manca terra. La apertura de Yaiza Martínez recuerda un antiguo sistema de signos irlandés denominado “Alfabeto de los árboles”. El conjunto gráfico representaba en el acercamiento comunicativo un doble sentido, literal y metafórico. Sirve para postular las vetas subterráneas que fertilizan la corporeidad frondosa de un decir poético que permita “la floración de la rama calcinada”. De ese íntimo proceso germinal debe emanar el itinerario vital de la naturaleza. Un abrazo cognitivo capaz de fortalecer el compromiso del sujeto con el lenguaje y con su concepción ética de la poesía, postura esencial en el núcleo filosófico de María Zambrano.
  El poema es un viaje hacia dentro. Desde la indagación que desconoce lo explícito se agita la profundidad para que emerja lo inesperado. Para ello, Laura Giordani busca en la naturaleza y, concretamente, en el hábitat entornal del bosque, una codificación de analogías y metáforas capaz de trasmitir desde el silencio la minuciosa red de los significados. Así se va gestando un discurso fragmentario con la claridad justa desde un destello auroral, una simple rendija que inaugura amanecidas y comienzos.
  En esas coordenadas singulares de la percepción el pasado retorna, evocador y fuerte, como una invitación a lo diáfano y a la mirada tranquila, cuando aún no se habían moldeado las sílabas maltrechas de la experiencia y estaban sin pronunciar palabras como ceniza, lágrima o caída. Entonces, el corazón ofrecía el resguardo del canto que emergiera sin mácula. De esa celebración inadvertida que da a la fragilidad de la escritura un epitelio de resistencia se hacen los poemas del segundo apartado que enfrentan al sujeto con la desolación de un tiempo de herrumbre. La escritura entonces tiende las manos a otra realidad ideal, como esos recuerdos que sobrevivieron al precipicio del entorno: una talla de madera, una postal escrita en un campo de concentración, un fragmento de poema en un saco de cemento o una mariposa dibujada en papel que duerme en un maletín de cuero… Tercos andamios en el aire.
   El tiempo nunca apacigua los pasos y es capaz de oír entre el silencio la partitura de una música que acompaña en el aire. Asumir que la tierra es escasa y deja la raíz al descubierto es afrontar que formamos parte de una evanescente comunidad que hace de la tecnología su becerro áureo y que cada vez, con sus miradores digitales, se aleja más del lenguaje natural del paisaje y nos niega el suelo bajo los pies.  Tal vez el neologismo “encielarse” defina en su semántica la necesidad de inventar en el páramo yermo de la realidad grafías de esperanza. Esa es la pulsión más estremecedora del lenguaje, como define este esqueje versal, tan lleno de belleza: “Quedarse / con lo que ardió / abreviado en un puñado de cenizas / -todavía tibias- / devueltas a la tierra para abonar / los árboles que todavía resisten en pie”.
   El volumen de Laura Giordani recoge como cierre las demarcaciones culturales que inspiran algunas composiciones. Los referentes ubican mejor un ideario que camina por las circunvoluciones de lo autobiográfico y el núcleo experimental de la escritura. Enuncia una posición introspectiva con mirada crítica frente a un mundo en crisis, y la exploración del yo femenino, cuyos contornos se recortan en la soledad de la historia. También reflexiona sobre ese momento íntimo de la creación capaz de sacudir el tiempo con la fuerza ensimismada del árbol, con ese afán inadvertido y subterráneo de quien busca entre la manca terra otra semilla.

JOSÉ LUIS MORANTE    

domingo, 5 de abril de 2020

INCONFORMISMOS

La piel de casa
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

INCONFORMISMOS

El corazón: cobijo exacto

LAURA GIORDANI



Un buen poema es una silla con respaldo, que deja el ánimo en posición correcta.

Solo; cansado de parecerme a mí.

Un día cerró la puerta. Nunca volvió a ver unicornios.

Aunque no esté, es uno de esos sueños que no se abandonan.

Entre los dos se hizo tarde muy pronto.

Los aforismos que prefiero transpiran un narrador que pisa el asfalto calado de lo real.

Somete su silencio a continuas revisiones.

(Aforismos de clausura)