lunes, 8 de noviembre de 2021

UN RUMOR TIBIO

Viaje
Celebrate Urban Birds

 

Un rumor tibio;
en la rama dormida
vibran dos alas.

         (Inédito)


domingo, 7 de noviembre de 2021

ARISTAS CON FILO

Invierno

 

ARISTAS CON FILO

 
Los que viven el tiempo en un compás de espera, ante el plato colmado del conformismo, y los que viven. Prefiero el segundo menú, por más que mis hábitos padezcan el confinado sedentarismo de la lectura continua. Sí, definitivamente me gusta la intemperie, las aristas con filo, la mejilla colorista del frío.
 
 
Apuntes para un taller de aforismos en torno a la teórica del género: “Mantengo en el tiempo una conversación heterodoxa con el aforismo. Me gusta percibir su talante y su filosofía, esa impregnación de cualidades en el pensamiento, al adentrarse por los minifundios temáticos de la realidad, sin perder la memoria de sí mismo.
   Al aforismo no le asusta prodigar pasos en el extravío. Caminar es fluir, fecundar una densa corriente desde la contención y el equilibrio. Da voz a un hablante que argumenta con dicción introspectiva e intimista, como si encendiese un foco de expresión en el trazado de una senda emocional y autobiográfica.
   El aforismo es hondura y espejo, donde la razón de ser abre la puerta al ser de la razón; un paradójico retorno al logos, una apertura”.
 
En algunos amigos, no exentos de claridad racional y espíritu crítico, detecto un pesimismo creciente, como si al final del día esperase el desguace. Un estado de ánimo similar a la deriva del 98, tras la crisis colonial, al pesimismo histórico del fracaso monárquico, al tenebrario de la dictadura, o el estallido económico de la construcción. Pesimismo perpetuo que pone luto en lo diario e impregna el aliento como la cebolla.
 
No le gusta la poesía contemporánea, dice. Y escucho sin inmutarme la sandez, la carencia total de criterio, el lugar común; la poesía contemporánea es un mural repleto de diferencias, no una pared blanca de gotelet. Sus relieves son tantos que no merece perder dos minutos en quien no lee y posa los codos de la nadería verbal de la autocontemplación.

Tras coger las manzanas del huerto pusimos lumbre y la casa olía a encina y a castañas asadas. En un desvío del atardecer se perdió la sensación del presente.

(Notas del diario)




sábado, 6 de noviembre de 2021

JULIO CÉSAR GALÁN. CON PERMISO DEL OLVIDO

Con permiso del olvido
Antología poética (1996-2020)
Julio César Galán
Prólogo de Antonio Ortega y Marco Antonio Núñez
Epílogo de Eduardo Espina
Pre-Textos, Colección La Cruz del Sur
Valencia, 2021
 


BOSQUE ADENTRO

   El amplio intervalo temporal que acoge la antología Con permiso del olvido de Julio César Galán (Cáceres, 1978), acotada entre 1996 y 2020, permite conocer con minuciosa perspectiva una modulación incesante. La obra asienta su razón de ser en la autoexploración lingüística y en el propósito transgresor, no exento, en ocasiones, de opacidad por el uso de una simbología hermética. Así lo ratifiqué en su día al comentar la selección propia Ahora sí, donde estaban representadas cinco entregas del autor, con apertura crítica de Antonio Ortega. Buena parte de la senda argumental del estudioso se reitera en el umbral “La escritura de Julio César Galán. Apuntes para una topología poética” escrito en colaboración con Marco Antonio Núñez. Gran especialista en la travesía versal de Julio César Galán y en su concepción constructiva, Antonio Ortega, junto a Marco Antonio Núñez, recuerda dos aspectos que permiten una interpretación programática de esta arquitectura. Por un lado, el magma conceptual de una identidad que supera el enclaustramiento limitado para transformarse en urdimbre de un relato diseminativo; el yo genera variaciones, se disgrega en entidades autónomas separadas entre sí, que adquieren un perfil de singularidad polifónica. La segunda clave advierte sobre la dimensión formal del texto, desde su presentación gráfica hasta el potencial de tramas referenciales. Con ambos asideros el breve ensayo sondea los pasos cronológicos del poeta y la progresiva solidez de la pulsión creadora ante lo contingente. La excavación ratifica el tanteo, habla del inacabamiento del poema y de la incierta realidad proteica del espacio exterior.
   El fresco indagatorio conecta con la praxis textual cuyo paso inicial es El ocaso de la aurora (2004) publicado en su día con una introducción de Miguel Ángel Lama. Quedan fuera los libros de poesía firmados con los heterónimos Luis Yarza, Pablo Gaudet y Jimena Alba; son propuestas que han disuelto la monotonía de una identidad concluida y deslían en el afuera poético sensibilidades complementarias. Con criterio retrospectivo, la primera página, la ya citada epifanía El ocaso de la aurora se considera una insinuación de signos, un cumplido segmento de aprendizaje donde se refugia el fluir de la conciencia y su magma de pérdidas, olvidos e incertidumbres hasta asumir una soledad progresiva, huérfana de certezas. Será reescrito parcialmente en Tres veces luz (2007), salida impulsada como nuevo empeño de claridad auroral. Los poemas iniciales dejan una sensibilidad evocativa e intimista, que humaniza las cosas y borra distancias entre la esencia interna del hablante verbal y el territorio entornal, como espacio de contemplación y quietud. La dimensión del contexto es percibida desde una observación meditativa que agrieta la superficie y se hace profundidad. En un diálogo lúcido que debe superar en el tiempo la sensación de continua irrealidad. El poema se hace ascensión cognitiva, busca altura sobre el nivel del mar, un aprendizaje de las distancias que enseña a caminar, desde la constancia, hacia un horizonte lejano, sin la necesidad de mirar hacia atrás.   
  La tercera página Márgenes fue reconocida en 2012 con el Premio Villa de Cox. Las composiciones dan voz a una senda existencial de continua mudanza, lumbre y luz renacida. Es tiempo de amor y calma, propicio a la rememoración y la esperanza. La plenitud sentimental es canto y júbilo que hace de la otredad paisaje franco donde buscar respuestas; casi la edad del paraíso; los versos son canto celebratorio, pupilas con la alegría por dentro.
  La voz que gesta Inclinación al envés (2014) quiebra el conformismo y rompe enlaces con el cauce anterior. Como si el poeta abriese un nuevo ciclo, al que se sumarán en el tiempo El primer día Testigos de la utopía, las directrices del poema son definidas como “poesía non finito”. Se muestra a través del esbozo,  del boceto, mediante imágenes que parecen inacabadas y de sentido abierto. El texto retiene los momentos del proceso creador. Se guardan versos desechados o, mejor, versiones expresivas que descosen un único sentido; y se añade a pie de página  la punzada estricta de una idea objetivada. Las notas conforman ceniza digresiva que diluye los límites concretos del texto. El poema profundiza significados, como si velase claves u optara en el avance por desaprender y preguntarse de nuevo. La línea de horizonte argumental abre fisuras para alojar la enfermedad y el horror. Solo las palabras abrigan. Solo el poema, en cuya escritura se hilvanan fragmentos críticos, teselas metaliterarias o impresiones personales que clarifican la naturaleza del título; de este modo Inclinación al envés no es sino el empeño de fusionar en un punto de encuentro la sensación de estar dentro o fuera, la idea de hacer visible lo invisible mediante variaciones, tanteos y reescrituras, asumiendo que, más que la consumación del resultado, el proceso es el fin.
   El primer día (2016) opta por una intensa libertad transgresora. Desde la ruptura, recupera textos antiguos y los somete a revisiones y reescritura para asumir sensaciones atemporales. La textura absorbente del pasado humedece el ahora y construye planos simultáneos. El verso es posibilidad, despliegue de conexiones, caligrafía de una escritura subjetiva, barroca, intertextual, que deforma el sentido lógico para abordar itinerarios alternos –poesía non finita, intrapoesía, poesía especular…-, reconstruidos con el despliegue de elementos que convierten al poema en un espacio maleable con pluralidad significativa.
   Percibo en el aserto Testigos de la utopía (2017)  una semántica de esperanza y cumplimiento. Con él aborda Julio César Galán un núcleo básico, el viaje migratorio, una incisión autobiográfica en Argelia y Mallorca en un tiempo arrumbado por los desajustes económicos y la aleatoria distribución del mercado laboral. De este modo la existencia se hace errancia y nomadismo en un territorio donde se acrecientan el desarraigo, la condición de extranjería y el estar solo. Del mismo modo, escribir el poema es tantear materiales y mostrar la travesía procesual; es fluir y alejarse, crecer con otra savia que busca puntos de fuga.
   El volumen anticipa composiciones de un próximo libro, Un adiós abierto, cuya disposición formal concede la apariencia de una yuxtaposición de textos que proponen conexiones insólitas o aperturas de sentido aparentemente caóticas. El tratamiento discontinuo de asuntos alienta más la sensación que la glosa, como una destilación de la conciencia en la que se licúan recuerdos, voces del afuera, evocaciones o estelas oníricas. 
   El poeta y ensayista de Montevideo Eduardo Espina añade un epílogo interpretativo en torno a la hermenéutica innovadora de Julio César Galán y a su libre albedrío rupturista. De alguna manera dialoga con Correos a los editores (2021) propuesta ensayística aparecida casi al mismo tiempo de Con permiso de olvido que abre interpretaciones y expone procesos constructivos a partir de respuestas editoriales. La obra se construye a partir de cartas con tonalidades alternas que capturan rechazos, sugerencias, asentimientos y propuestas, en suma; el peso del lenguaje dialogal.
   La antología Con permiso del olvido nos adentra en una poética signada por el riesgo y la singularidad. Exige un lector activo que no acomode su percepción a la semántica impuesta por el manso cauce de la tradición, y desdeñe el empleo de una terminología asentada en un contexto histórico concreto. El conjunto hace visible la realidad indagatoria del avance y la asunción de incógnitas en la resolución formal y en las rupturas de sentido. Poesía indefinida, signada por la metafísica del boceto, que hace de la escritura un espacio abierto, tensional, ajeno al perímetro. Poesía germinal de sorpresa y asombro, que nunca olvida aquella amonestación de Frank O’Hara:”No seas aburrido, no seas flojo, no seas trivial”.

JOSÉ LUIS MORANTE

  
 
 
 

viernes, 5 de noviembre de 2021

PREPARATIVOS

Cita previa
del
 Archivo Depositphotos

 

PREPARATIVOS

    Que salí a la calle mientras dormía, en esa soledad de quien tampoco va consigo. Que consumí lentitud, en un trayecto anodino entre edificios, para buscar el callejón silente donde, al cabo, concluir con alivio todos los actos que no tuvieron nunca olvido y me dejaron traumas recurrentes, un palpitar de inconfesables frustraciones. Que a pesar de cumplir tempranos requisitos y sumar voluntad, sueño y lectura en voz alta cuatro veces de aquel panel orientador del callejero urbano, el pasado mantuvo su liviandad errática. Y no llegó a la cita. Que esta noche también siguió distante y frío, anclado a una raíz oscura, insoportable.  

(De Cuentos diminutos)



 

jueves, 4 de noviembre de 2021

DESPLAZAMIENTOS

Otoño en los zapatos
Fotografía
de internet

 

MÁS ALLÁ
 
Caminar más allá, hacia dentro
 
El final de ruta añade a la topografía habitual una fotografía desenfocada del paraíso.
 
*
 
La indecisión transforma cada paso en cruce de caminos.
 
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El observador comprende cuando escucha la trama argumental del paisaje.
 
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Romeros digitales en el Camino de Santiago; peregrinos musculosos con equipación deportiva, publicidad en el casco y todo tipo de artilugios tecnológicos.
 
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Ítaca y el impulso del viaje. No la meta sino el recorrido.
 
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Se enamoró en plena escalada de la cara norte. Cota 2570. Músculos y nervios repetían que iba por buen camino.
 
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Sin regreso el viaje es estéril.
 
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Empleaba la lentitud del sedentarismo en diseñar rutas marítimas con olas fijas.
 
*
 
De algunos viajes vuelven otros.
 
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El exilio. Un bosque de árboles trasplantados y especies exóticas.
 
*
 
“Me gusta avanzar con paso firme”. Dijo frente al silencio de los acantilados.
 
*
 
Perseguir la estela del yo. Ir más lejos. Hacia dentro.
 
*
 
Ser testigo en el viaje de una realidad proteica, con haz y envés, ajena a la senda amañada del turista.
 
*
 
Antes de partir se apunta a un taller literario sobre el arte de novelar. Los recorridos aproximan pormenores reales y ficción.
 
*
 
El trayecto largo altera la identidad. La imagen en los espejos del hotel nunca es fiel al original.
 
(Desplazamientos)

 

miércoles, 3 de noviembre de 2021

PEPI BOBIS REINOSO. BAJO EL ÁRBOL PROHIBIDO

Bajo el árbol prohibido
Pepi Bobis Reinoso
Epílogo de Carmen Ramos
Ediciones en Huida
Colección Extravaganza-Poesía
Sevilla, 2021

 

CERTIDUMBRES DEL TIEMPO
 

 
   Bajo el árbol prohibido supone la tercera publicación poética de Pepi Bobis Reinoso (Ciudad Real, 1952) quien, anteriormente, había colaborado en algunas antologías colectivas y había firmado las entregas El jardín de los instantes y (2017) y Nido de mirlos (2019). Al indagar en el ideario estético de la escritora afincada en Sevilla se percibe de inmediato que sus composiciones cumplen la nítida premisa de la transparencia y sugieren una cercana posibilidad de diálogo con el interlocutor verbal. El otro es tímpano dispuesto a compartir la textura emotiva de la existencia.
   La nueva amanecida  sale al día con dos citas contundentes: la de Julio Cortázar  difunde una semántica asociada a la voluntad de indagación que conlleva cualquier quehacer literario: “Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo / que andábamos para encontrarnos”: Y de la de Juan Ramón Jiménez es un remanso asentado en el canon literario contemporáneo: “¡No le toques ya más, que así es la rosa! Además integra, tras las efusivas dedicatorias, un breve introito autorial que clarifica en su trasvase la naturaleza de estas composiciones. “No hay, realmente, un hilo conductor que defina el tránsito de mis palabras, pero yo diría que es tan rojo como la sangre que me ocupa, tan fiel a mí, que no tendría con qué pagar tanta serenidad aprendida”.
   La lírica de Bajo el árbol prohibido está signada por la inquietud de lo vivencial. Alza un cuajado inventario de sensaciones que hacen del pensamiento un refugio interior. Aluden con voz reiterativa a las incertidumbres paradójicas que conforman los gastados estratos de lo cotidiano, siempre marcados por la huella transitoria del tiempo. Las cosas de la vida y la orfandad de quien respira el sosiego manso de lo transitorio nos exigen hacer del camino hacia el otro una emoción solar: “Mientras se alejaba el invierno / y siempre de la mano / echamos raíces en un jardín / donde cada primavera / huele a nosotros”. En ese rumor de tiempo que no cesa se van acumulando sensaciones de plenitud y belleza, de paciente reconstrucción de lo perdido, aquello que permanece en los recodos de la memoria para habitar la soledad. La evocación se convierte en surco generoso que preserva el aliento del pasado: “ Somos / la piel de un tambor / arrasada por las huellas / de una lluvia pertinaz / pasajeros inconscientes / en un tren de regreso / al origen de la vida”. A veces ese rumor adquiere el contorno humilde de la queja, de una cierta presencia de la resignación: “Somos supervivientes de una zozobra endémica”, enuncia el aserto que aglutina los poemas del segundo apartado. En él la conciencia del yo ensimismado difunde preguntas como hilos de humo que se pierden en el silencio, dejando el tacto gris de la memoria.
   La percepción de la esperanza presenta rostros de paisajes nuevos que zarandean los sentidos. Crean una cadencia amable, como si el trayecto biográfico interpretara un ciclo renacido que invita a volver a empezar. Los versos adquieren un ritmo intimista en el que se va gestado el proyecto común de la convivencia y su vaivén pendular. Al cabo, como concluye el poema “Observatorio”, con solemnidad aforística: “Muerte y vida confluyen para regresar”.
   El estar del yo percibe el necesario pago del peaje que espera en el crepúsculo, como si la disolución de la propia identidad dejara solo un callado hueco mientras los elementos germinales de la naturaleza vuelven a su sitio, convierten en hábito su quietud aparente. La poesía de Pepi Bobis Reinoso se sitúa frente al silencio para dibujar un trayecto cumplido de arcilla moldeable con los sentimientos. Existir es sentir, saber que bajo el árbol de la incertidumbre, los sentidos disponen de una estremecida percepción del tiempo. Asentar dentro del corazón esas imágenes que van acumulando en sus bordes amarillentos el dolor y la pérdida, la quietud del recuerdo y las caligrafías de la esperanza; el semblante de soledad de quien, ensimismamiento, ignora las respuestas ante un tiempo contradictorio y frágil, proclive a la tormenta.

JOSÉ LUIS MORANTE


martes, 2 de noviembre de 2021

ASIER, CONMIGO

Paseo de los Almendros
(Rivas Vaciamadrid, 2021)

 

ASIER
 
                 2.10.2021
 
El silencio de Asier
es floración del verbo
que doblega las sombras
y deja en la sonrisa
retazos transparentes.
 
Hoy es dos de noviembre,
y nos cubre la frente otro verano.
Ya templa el sol los vértigos del frío,
un paisaje con niebla que recuesta ternura.
 
Llega un gramaje nuevo
y tienta con su luz
el cansado presagio de los párpados;
semillas insistentes
de los sueños perdidos,
margen y desazón
del insomnio y la niebla.
 
El latido de Asier huele a pan blanco,
a jardines de rosas y tomillo.
Nada teje dilemas
mientras duerme, apacible.
Resplandece en sus manos
el sitio germinal de la inocencia.
 
            (Del libro Nadar en seco)