miércoles, 6 de abril de 2022

EL TIEMPO A SORBOS

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A SORBOS
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
                                                                                                
Todo es siempre menos
 
JRJ
 
 
Extremó la prudencia verbal; no aventura palabras si no es en presencia de su diccionario.
 
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Afrontar sin amargura, sin gestos de abandono,  que lo que pensamos oculta lo que somos.
 
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Su cerebro contiene dos ideas; son tan opuestas que entre ellas cabe un sistema filosófico.
 
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Al florecer el día  rompe la quietud del reloj un aforismo. Sorbos cortos.
 
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Basta mirar la penumbra de alrededor para saber que no estoy.
 
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El puño cerrado de quien corta rosas.
 
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Una pobreza de hospitalidad irrefutable, capaz de ofrecer su vieja cama de faquir.
 
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El silencio y su fuerza de convicción. Sabe quién responde cuando nadie llama.
 
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El prudente convierte en coma cualquier punto final.


JOSÉ LUIS MORANTE


martes, 5 de abril de 2022

JOSÉ ANTONIO SANTANO. SILENCIO (POESÍA 1994-2021)

Silencio
 Poesía 1994-2021
José Antonio Santano
Estudio preliminar de Alfonso Berlanga Reyes
Editorial Alhulia
Colección Palabras Mayores, Poesía
Salobreña, Granada, 2021

 

SINGLADURAS AL PASO
 
 
   La compilación de la obra completa suele ser un empeño crepuscular. Germina cuando el taller del escritor pisa el movedizo suelo del silencio y necesita emplazar sobre un pavimento asentado y visible el legado en el tiempo. No es el caso de José Antonio Santano (Baena, Córdoba, 1957) cuyo itinerario poético, sin quiebras ni estridencias, sigue manifestando el latido vitalista de un quehacer sostenido, como constata la entrega Alta luciérnaga (2021), que busca estos días un lugar propio en las estanterías de novedades. José Antonio Santano, Licenciado en Filología Hispánica e impulsor de un quehacer poético abrigado por reconocimientos y premios en numerosos certámenes, reúne toda su producción, seleccionada en antologías y volcada parcialmente al francés, portugués, rumano, árabe y otros ámbitos idiomáticos.
  El volumen, que aglutina la poesía escrita entre 1994 y 2021, incorpora un análisis clarificador sobre el largo recorrido, firmado por el poeta y profesor Alfonso Berlanga Reyes. El vasto intervalo hace posible la aproximación temática y estilística, los hilos comunes que enlazan la heterogénea suma de entregas y el abanico de matices que singulariza cada propuesta. En síntesis, el prólogo vislumbra dos tramos en la cartografía del autor: el primero, formado por los seis libros que afloran entre Profecía de otoño (1994) y Razón de ser (2008); y una segunda etapa, de acompasada sensibilidad, que abarcaría desde Memorial de silencios hasta la obra inédita Sepulta plenitud. La interpretación es excelente; aunque no borra otros enfoques cómplices y enriquecedores. Sobre el perfil de la experiencia testimonial se van alzando los libros de amanecida. Después, el credo estético incorpora en su desarrollo un carácter más social que promueve una variación de credenciales de naturaleza lírica. En las salidas más recientes adquiere mayor peso lo reflexivo frente al intimismo, como si el caminar por el poema fuese impregnándose de despojamiento y desnudez, hasta llegar al silencio como culminación trascendida de la palabra. El denso estudio, un gran trabajo sobre la construcción fragmentaria del corpus, recorre cada epifanía verbal, apunta sugerencias y características y añade al final del texto la bibliografía completa del poeta cordobés.
   El conjunto permite una lectura paciente, para que vayan saliendo a la luz las secuencias creativas y las sensaciones que transmiten al lector. Así, la amanecida Profecía de otoño está marcada por la memoria y la evocación. Se transita por un paisaje vital asociado a los días azules de la infancia, cuajado de emotividad y onirismo, como si los estratos del afuera cercano hubiesen adquirido otra dimensión, que convierte a los gestos tediosos de la rutina en ventanas de descubrimientos. Los indicios cotidianos muestran, en sus aparentes mutaciones, un universo pleno de arquitectura y simetría emocional. El canto verbal se difumina en una disposición afectiva y testimonial hacia el pasado, donde habita, sin erosiones, la terquedad insomne de lo rutinario. Así se escribe una nueva poética de la visión en la que confluyen realidad e imaginación, un onirismo desplegado que enlaza con la sinestesia cromática de la introspección.
   En la estela lírica de José Antonio Santano el paisaje adquiere una focalización en primer plano; ya se ha hablado de ese ámbito de cercanía cuajado de elementos reconocibles, asociado al solar mediterráneo de la existencia. Un territorio de formas suaves que enlaza el llano y la campiña con planicies asociadas al cultivo de la vid, el olivar y los arbustos. Otras veces, la meditación sobre las tierras sureñas proyecta un territorio cultural, como sucede en el poemario Exilio en Caridemo, la denominación romana del Cabo de Gata, con lo que el lugar adquiere un sustrato mitológico, y una dimensión atemporal, con pulso y vida, asociada a lo antropológico. En Suerte de alquimia (2003) la tierra esboza su retrato real, como un mar de signos que se adapta al tiempo, en el que germina la vida cotidiana en medio de la oscura presencia de las sombras. Lo mismo sucede con Los silencios de la Cava (2015), donde se focaliza la miseria de la posguerra y la feroz lucha de supervivencia de muchas mujeres y madres, que acomodaron sus cuerpos al placer de los hombres, para sacar adelante una familia en extremas condiciones de pobreza.
  El trayecto privilegia también otros veneros temáticos como los afluentes de la memoria. La evocación de voces ausentes, cuyo recuerdo impregna la existencia y deja el amargo sabor de lo irrecuperable, está en muchos poemas del autor, tanto en entregas de la etapa inicial, como La piel escrita (2000), y en el balance de madurez La voz ausente (2017), donde la poesía enlaza silencio y muerte en el camino, hasta perfilar que solo existe la nada, un gran manto de ausencias y de olvido. Lo mismo se clarifica en Madre lluvia (2021), una de las cimas del autor que más convulsiona.
   Complemento de este incidir en la pérdida es la conciencia de temporalidad, entrelazada en algunos conjuntos textuales. El sujeto verbal adquiere en el transcurso del tiempo un perfil umbroso. Es portador de un colmado equipaje hecho de cansancio y desaliento. Al cabo, en la consumación de lo cotidiano se cumple la certeza de que toda la materia encontrará su lugar exacto en la ceniza. Todo parece inmerso en la quietud de una larga espera, como si fuese inminente un cambio, una mudanza, una larga ascesis que está ahí, inadvertida, bajo el amparo del silencio.
   El campo verbal muestra un horizonte de perspectivas plurales. Despliega situaciones, cambia de escenario y añade elementos azarosos que acuden al poema, como si pretendiesen descubrir el orden natural que oculta su epidermis. La voz se hace poesía capaz de convertir en sedimento perdurable el vitalismo ensimismado del tiempo, la tensión permanente entre la voluntad expresiva del lenguaje y las singladuras existenciales. El conjunto Silencio (poesía 1994-2021) refrenda una poética que humaniza la figura del escritor. Dicta claves interpretativas que se manifiestan entre el legado figurativo y la modernidad del pensamiento. Establece en su proceso creador puentes con la tradición, siempre entendida como concepto vertebrador. José Antonio Santano aporta una retina renovada y fuerte, en la que dialogan sincretismo, pulimiento en el tejido formal, y verbo ético. Personifica una tenacidad de savia y raíz, de árbol firme que mantiene en pie su fronda de verdad y belleza en el paisaje lírico contemporáneo.
 
JOSÉ LUIS MORANTE



 
 

 

lunes, 4 de abril de 2022

EL PICAPORTE

Apertura
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EL PICAPORTE
 
 
Casi nonagenario
-después de quince años de ceguera-
la evocación a tientas del pasado
equivale en mi padre
a resistencia.
El ahora es relente,
una cronología que tortura
con terapias y síntomas,
e ignora el leve aroma
de las flores de invierno.
 
Mi sedentaria angustia,
a cuerpo limpio,
no deja de pensar en cómo observa
aquello que no ve;
con serena sonrisa
enumera detalles
que debieron ser ciertos
y yo escucho sonámbulo,
mientras cierro los ojos.
Todo pasó, no importa
si el pasado no asiente
o la estricta verdad le contradice.
 
A veces su mirada resucita.
Posiciona en un mapa
imágenes dispersas.
Su voluntad es luz;
es el tacto que gira el picaporte
para abrir desde dentro
la puerta infranqueable.
 
 
                   José Luis Morante
 
           (De Ninguna parte, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2013)



domingo, 3 de abril de 2022

OBJETOS DOMÉSTICOS

La buena compañía
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OBJETOS DOMÉSTICOS

Están hechos de reiteración y cercanía,
de un esplendor sencillo, de una nimia ternura.
Nos son imprescindibles al paso de los años.
Permanecen, morosos, perennes, vegetales.
Diseñan una decoración reparadora
que en cada sitio ofrenda serviciales regazos.
No discuten razones, fracasos, esperanzas.
Compartimos con ellos esas gotas de júbilo
que dan a lo vivido momentos memorables.
Dialogan con palabras de sonidos armónicos,
suenan a persuasivas, a dulces cantinelas.
Sus materiales unen pretérito y presente,
saltan hacia adelante, más allá de los riesgos,
como fuertes cornisas que soportan los brazos.
Si alguna vez nos faltan, sentimos la impostura
de ese desconocido que vive por nosotros.

                         (De la antología Ahora que es tarde, 2020)  









sábado, 2 de abril de 2022

TERESA GARBÍ. EL AIRE ENCENDIDO

El aire encendido
Teresa Garbí
Editorial Renacimiento
Sevilla, 2022


 

AUSENCIAS
  
   Teresa Garbí (Zaragoza, 1950), es Licenciada en Filología Románica (1972) por la Universidad de Zaragoza y compaginó los estudios universitarios con el ingreso en la Escuela de Bellas Artes de San Jorge en Barcelona. En 1993 adquirió el doctorado en Filología Hispánica por la Universidad de Valencia, con la tesis titulada "Mujer y literatura". Ha sido Profesora de Lengua y Literatura española, docente en la escuela Superior de Arte Dramático de Valencia y trabajó también en la Biblioteca Valencia. Durante el largo periplo laboral, creó en 2013 Uno y Cero ediciones y ha impulsado una múltiple travesía creadora que aglutina estrategias expresivas como la poesía, el relato, el ensayo y, ocasionalmente, la traducción y el libreto para espectáculo La vida entornada, homenaje a Juan Gil-Albert.
   El volumen El aire encendido elije como senda expresiva la prosa poética. Se inicia con una ambientación reflexiva de Blanca Varela en torno a la muerte, y con otra cita paradójica de Ángel López García-Molins donde cobra espacio la mínima línea, oscura y diluida, que separa el estar dentro o fuera. La voz poética, como se percibe en el poema pórtico, asume el estar provisional del sujeto y ese estado de incertidumbre, cobijado en la conciencia. El discurrir camina hacia la ceniza, encara firme el estar final que nos convierte en un puñado de arena.
   El apartado “Tiempo lento” mira los elementos del paisaje y sus deslumbres. Conversa mudo con su quietud para adentrarse en la naturaleza invisible de las cosas. La voz se adentra en el silencio y despliega la luz de la inteligencia. Postula el paralelismo de ambas existencias; la marejada transitoria del ser y el estar mudo de la naturaleza, como señal de un tiempo inadvertido y permanente. El yo se desdobla para contemplarse a sí mismo. La introspección busca hondura y recorre itinerarios, acaso sin regreso, porque la partida está ahí, esperando esa ineludible transformación de la materia que  afecta a cualquier ser vivo. Respirar es brisa que ofrece su transitoria compañía.
   En la sección “Ausencia”, subtitulada “Temas y variaciones” se muestra un entorno que se asienta en la conciencia del respirar diario, como mero ejercicio de supervivencia. Más allá, el espacio celeste conforma otro territorio visual de insólita riqueza, en el que se cobijan los ausentes. Cómo buscar su rastro en las palabras. Cómo superar también esa conciencia de fragilidad que empaña cada percepción y que alumbra los objetos que nos sobrevivirán en el tiempo, cuando solo nos quede el resguardo de ser pálidas sombras.
  Las composiciones de El aire encendido recorren líneas de una evocación fragmentaria, en la que es posible capturar matices y emociones del latido del tiempo. La niñez se ha diluido para siempre, hasta convertirse en difusa intemperie. El recuerdo deja sitio a vivencias y sueños, a ese montón de arena que dispersa el viento y se hace perfecta comunión con los ausentes. No están, pero su hueco es vértice y prosigue dando sentido al tiempo: “Hay alguien allá que sabe y me pertenece”.
 

JOSÉ LUIS MORANTE  





viernes, 1 de abril de 2022

BODEGÓN

voz de los espejos
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BODEGÓN
 
   Marcia encuentra en un sueño los besos que no dio, y llena de humedad su piel dormida. En mitad de un silencio extenso y claustrofóbico, Lena cuenta la avalancha de pasos que exilia inadvertida su memoria. Impregnada de polvo, la moneda perdida reclama en el rincón la mano abierta que resucite el vuelo a cara o cruz. Una araña descifra el agujero que reabre la sombra en la pared.
   Pliegues de un bodegón que al deglutir el tiempo, exigen cada día esa porción exacta de asombro y extrañeza.
 
(De Cuentos diminutos)



 

miércoles, 30 de marzo de 2022

SOBRE EL AFORISMO

Planos cortos
José Luis Morante
Prólogo de Juan Varo Zafra
Ediciones Trea
Somonte-Cenero, Gijón, Asturias, 2021

 

SOBRE EL AFORISMO
 
 
  Mantengo en el tiempo una conversación heterodoxa con el aforismo. Me gusta percibir su talante y su microfilosofía, esa impregnación de cualidades en el pensamiento, al adentrarse por los minifundios temáticos de la realidad, sin perder la memoria de sí mismo.
   Al aforismo no le asusta prodigar pasos en el extravío. Caminar es fluir, fecundar una densa corriente desde la contención y el equilibrio. Da voz a un hablante que argumenta con dicción introspectiva e intimista, como si encendiese un foco de expresión en el trazado de una senda emocional y autobiográfica.
   El aforismo es hondura y espejo, donde la razón de ser abre la puerta al ser de la razón; un paradójico retorno al logos, una apertura.

JOSÉ LUIS MORANTE