viernes, 24 de enero de 2014

ERIKA MARTÍNEZ. INTEMPERIE.

El falso techo
Erika Martínez
Pre-Textos, Valencia, 2013

UN RUMOR DE INTEMPERIE
 
   En Color carne, salida inicial de Erika Martínez (Jaén, 1979), se abre paso una voz intimista. Aporta un tono coloquial remozado en el que la ironía distiende la epidermis de algunos argumentos y deja un soplo fresco. Ese vitalismo de quien percibe cerca el color de la realidad se enmarca en un cuadro general realista que apuesta por el poema breve y el cierre conclusivo, próximo a la eficacia comunicativa de los aforismos.
  Son rasgos definitorios de un modo propio de entender el hecho literario que encuentra continuidad en su segundo peldaño, El falso techo, cuya incorporación más notable es el registro de la pérdida. Los contenidos enuncian el parte de lesiones de una generación que sumó voluntad y esperanza, mientras el itinerario se bifurca aleatorio sin que aparezca la estación final. Color carne tenía como apertura el poema “Genealogía”, donde el yo poemático sentía en su entorno una solidaridad cálida y comunal; El falso techo cuestiona ese engarce generacional que yuxtapone causas y efectos; a la cadena solidaria le falta un eslabón; se ha producido una ruptura, un estar aislado que implica pesimismo y desvalimiento. Esa es la sensación que desprende “La casa encima”. El discurso poético dibuja un estado social que no oculta una fuerte conciencia de naufragio. Si abres el armario descubres arrumbada la derrota, un estar que promueve sensaciones de culpa: la mancha de algo está ahí, densa, singular, reconocible, aunque no se entienda cómo llegó al tejido.
  El apartado “Segundo techo” concentra algunos poemas-relato (uso la denominación que algunos críticos aplicaron a la poesía más temprana de  Cesare Pavese), textos en prosa poética que reflejan fogonazos de lo cotidiano; son imágenes que niegan la indiferencia ante situaciones frecuentes del ahora que, de cuando en cuando, proyectan sus estrías de pobreza y miseria en los medios de comunicación. Son estampas protagonizadas por secundarios que los poemas acogen al abordar ese perpetuo conflicto entre lo social y lo personal en los distintos planos de un largo desplazamiento, un vuelo que va mudando su caligrafía para alternar situaciones de los demás e inflexiones del sujeto verbal. La transición parece tener una lectura alegórica: el pasajero de vuelo toma asiento, pero cuestiona el pilotaje; el pesimismo es la certeza de quien desconfía.
  En el tramo final la propia escritura se hace materia de introspección, las palabras no esconden esa necesidad de sondeo que quiere hallar sentido a su propia función: “Escribir es hacerle cosquillas / a las raíces de las cosas”.
   Los poemas de Erika Martínez golpean la mesa del ahora con la mano abierta. No hacen elegía de la pérdida, formulan desasosiegos e incertidumbres, se alejan del conformismo. La esperanza dejó sensaciones de cobijo y resguardo. Bajo techo, cualquier vida se siente firme, halla hospitalidad y permanencia. Pero la cubierta se hizo con materiales defectuosos y se resquebraja. Las sombras colonizan cada espacio, convierten lo habitable en intemperie.  Queda entonces – y El falso techo es claro ejemplo-  el consuelo tenaz de la mejor poesía, como la que firma Erika Martínez.    

2 comentarios:

  1. José Luis, con la reseña de esta y otras obras de la autora, me tientas a indagar sobre su poesía. Gracias por tu información.Hay muchos buenos poetas por conocer; no hay que quedarse en los clásicos o en los muy consagrados.
    Saludos.

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    1. Erika Martínez es una de las voces que están renovando el lenguaje poético actual. Merece la pena adentrarse en su geografía literaria. Seguro que no te decepcionará. Abrazos cordiales.

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