jueves, 27 de febrero de 2014

JAZZ Y POESÍA.

Fruta extraña
Juan Ignacio Guijarro (ed)
Fundación José Manuel Lara
Sevilla, 2013
JAZZ Y POESÍA
 
A Carmen Martínez Cal, por su interés
 
Jazz y poesía. Dos interlocutores cordiales que han protagonizado un incansable diálogo, lleno de enlaces comunicativos. A desvelar esa conversación, con música de fondo y escenario con focos, dedica una minuciosa investigación Juan Ignacio Guijarro, profesor titular de Literatura Inglesa y Norteamericana de la universidad de Sevilla.
La antología Fruta extraña, con el subtítulo Casi un siglo de poesía española de jazz, tiene como apertura un extenso liminar en el que se fijan las coordenadas básicas que definen la evolución del jazz. El género musical completa un recorrido lleno de ondulaciones, desde el ámbito claustrofóbico y marginal del club de barrio hasta la luz a mediodía de la plaza pública. Surgido en Nueva Orleans, en el albor del siglo XX, el jazz es una manifestación artística que poco a poco va copando espacios sociales cada vez más amplios.
Es en el contexto belicista de la primera guerra mundial cuando llega a las principales ciudades europeas. Propicia una revolución sonora que amplía la nómina de músicos norteamericanos con aportaciones autóctonas que suman riqueza y complejidad y fomenta el intercambio artístico entre sensibilidades y contextos diversos.; al mismo tiempo el jazz establece un incansable intercambio de quehaceres con otros lenguajes como el cine o la poesía.
Juan Ignacio Guijarro investiga el decurso cronológico del jazz en nuestro país, señalando artistas relevantes y centros situacionales de una música de creciente prestigio intelectual y cierra el libro con una colección de poemas que toman al jazz como pretexto aglutinador. Ha transcurrido un siglo y aquella música, con aire marginal y minoritario que prodigaba notas de desconfianza, se ha transformado en expresión cultural de honda influencia en el pensamiento cultural de nuestros días. Fruta extraña ratifica que la poesía no se ha quedado al margen, ni en sus aspectos formales ni en sus desarrollos temáticos. Por el contrario la presencia del jazz en los poemas es continua y activa y así prosigue en la década que abre el nuevo siglo.Billie Holliday, aquella vocalista legendaria, definió el jazz como una fruta extraña. Hoy, el paladar siente su pulpa creativa jugosa y digesta, un sabor hecho de tiempo para gustos amplios. Aquel ritmo musical sincopado de origen afroamericano ya es universal. Sabe a poesía.   
 
 

6 comentarios:

  1. Cómo si no degustar, por ejemplo, Rayuela de Cortázar...

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  2. Julio Cortázar amaba el jazz, disfrutaba de su anarquía sonora y de esa autonomía de cada tesela del gran mosaico de la música. Como "Rayuela", otro cuadro en el aire que exige lectores activos. Un fuerte abrazo y un placer encontrarte.

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  3. Muy buena tu reseña sobre este libro, en el que he tenido la suerte de participar. Qué lujo tener el jazz para tantos momentos especiales. Abrazos.

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    1. Lo es, María, el trabajo es ejemplar en muchos sentidos; además permite compartir páginas con poetas entrañables como tú, Enhorabuena. Y un abrazo como siempre lleno de afecto.

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  4. Y tienes razón respecto a los cuentos infantiles, no deberíamos meterlos en esto cuando tratamos de acusar a un adulto de la estupidez de tratar al resto como estúpidos, sino todo lo contrario.
    Yo mismo he jugado a esa baza fácil más de una vez. Por ejemplo en el caso Botella, que se creyó que era capaz de interpretárselos, a su imagen y semejanza, a los niños mejor que los propios niños.
    Un abrazo

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    1. Gracias por tus opiniones, querido amigo. Hoy toca jazz y el jazz siempre permite la conversación con la inteligencia. Ahí estamos, entre la poesía y el jazz, pero con la vista puesta también en el flamenco. Se marchó Paco de Lucía... se fue esa poesía escrita con las cuerdas de una guitarra. Abrazos de nuevo.

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