sábado, 8 de febrero de 2014

TRINIDAD GAN. FIN DE FUGA.

Fin de fuga
Trinidad Gan
Visor, Madrid, 2008

FIN DE FUGA

   En las últimas décadas, la ciudad de Granada ha sido un incansable vivero de poetas y proyectos culturales. Con pautada renovación se suceden grupos y promociones que, poco a poco, dibujan una línea continua que yuxtapone itinerarios. Trinidad Gan (Granada, 1960) es un nombre emergente; en 2007 obtuvo el Premio de poesía “Cáceres Patrimonio de la Humanidad, circunstancia que propició la edición del poemario Fin de fuga sobre el que anotamos aquí nuestras impresiones.
   Estructurado en media docena de secciones, pero con una palpable unidad de tono, la entrega de Trinidad Gan aborda, con la voz directa de un intimismo coloquial, un viaje hacia los paisajes interiores del hablante lírico. No valen estrategias, sin saber las causas se suceden las pérdidas. De ese proceder elegíaco que fusiona  reflexión y vivencias se nutre una poesía donde lo contingente funciona como un verdadero epicentro temático.
   El devenir biográfico se abre camino en una temporalidad transitoria en la que son signos habituales la soledad y el latido ausente de lo que fue cercanía. Acontecimientos y cosas ya no son. Estar en el presente se antoja como un terco aprendizaje en las aguas mansas de un mar urbano. Otra vez la ciudad –habitual escenario de la poesía moderna, repleta de sujetos aislados y solitarios-  es el reflejo de los laberintos vivenciales. Se van borrando signos del legado sentimental del yo poético; en esta hoja de ruta incluso el amor se convierte en azaroso puerto inalcanzable. Sólo permanece un tránsito rutinario que entrelaza decepciones y olvidos, aleatorios pasos, perdidos en la sombra. La memoria resiste y recompone imprecisas señales. Bajo la luz de la extrañeza el ser consume la ingrata tarea de seguir a flote, con el dolor y la certeza de la podredumbre, con la esperanza de un renacer tangible.
  Entre los poemas de  Fin de fuga habita un indeclinable afán de preservar la identidad en los complejos devaneos de la existencia. Lo tenue está en la misma esencia del sujeto; su naturaleza es hueco para el recuerdo, vacío atemporal donde conviven el pasado y el ahora que consume horas adormecidas
   En el libro de Trinidad Gan  habita un registro meditativo. En él se interpreta la voluntad de un yo transitorio de seguir camino, con el paso natural de lo diario, resignado a un existir sin épica –el personaje común nunca es un héroe- donde logros como el amor son reducidos a polvo y ceniza por la erosión del tiempo. Lo mismo sucede con muchos sentimientos de ida y vuelta, apariciones furtivas que cumplen casi un ciclo natural.  En este fin de fuga nos quedan las palabras del poema, las que recrean esas percepciones fugaces, ese incansable tránsito de lo que huye.

 

2 comentarios:

  1. José Luis, con una presentación así, ¿quién no siente interés por leer ese libro?.Eres un verdadero poeta del verso y de la prosa.Nunca he leído un comentario de una obra que, por sí mismo, tenga un interés literario.Tienes frases muy poéticas y te felicito.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Fanny, sé que el afecto te hace exagerar las palabras, lo que anima doblemente a seguir apostando por la poesía. Tantos años de lectura van moldeando la forma de mirar los poemas. Para mí el descubrimiento de nuevos nombres siempre es un motivo de alegría. El itinerario de Trinidad Gan está hecho de emoción y afán comunicativo; te gustará. Feliz y lluvioso domingo.

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