lunes, 12 de mayo de 2014

JOSÉ LUIS CANCHO. LENTO PROCESO.

Lento proceso
José Luis Cancho
Papelesmínimos, narrativa
Madrid, 2014 

EN CÍRCULO

   La actividad creadora de José Luis Cancho (Valladolid, 1952), que acoge hasta la fecha tres títulos, El viajero junto al mar, Grietas e Indicios, tiene inclinación manifiesta hacia la clave introspectiva, una estética minoritaria en la ficción actual, dada a estridencias y efectos especiales, pero que cuenta con valores, por ejemplo, tan estimables como José María Guelbenzu.
   En las estrategias de esta tendencia, el protagonista verbal suele ser un yo desdoblado que cataliza conflictos, pero la sinceridad confesional no debe leerse como página autobiográfica sino como transformación continua de lo real en materia narrativa que entrelaza invenciones y vivencias. El argumento tiende a ser una fermentación ensimismada que contempla los reflejos especulares del sujeto; se reconstruye la vida al paso de un espíritu nómada, con sus derrotas, desajustes, espejismos y construcciones.
    En la forja de expectativas y en su modo de enfrentarse a la realidad se define el retrato textual. La escritura perfila una presencia que prefiere los márgenes y que hace del estar solitario una actitud durable. Consume tiempo frente a sí mismo o frente a sus heterónomos, esas máscaras machadianas disgregadas que viven en plural cada existencia. Así sucede con la cuarta entrega de José Luis Cancho, Lento proceso, una novela breve escrita en torno al desplazamiento circular de un escritor que para romper su sequía decide recuperar un escenario del pasado, una playa semivacía y natural en Málaga. En ese rincón perdido esconde la inercia de tantos años de estiaje y da refugio a sus obsesiones. Aquel sitio dispara sus procesos mentales; la creación convive con largos periodos de silencio y meditación contemplativa. El primer gesto del viajero al elegir sitio en la playa es ubicar su mesa de trabajo junto a la ventana, para que en la retina convivan el folio manuscrito y el horizonte azul de mar en movimiento. En ese ámbito deshabitado sus necesidades encogen hasta escuetos parámetros de supervivencia. Pero logra desandar erl camino de silencio de tantos años y regresa con un manuscrito completado; ha construido una nueva obra.
    Los discurso interiores de Lento proceso enlazan los días del pasado y el ahora, como si ambos tiempos mantuviesen un diálogo abierto en el que regresan vivencias y encuentros. La madera del hoy encaja sus raíces en el pasado; por ejemplo en el acercamiento a los personajes femeninos en el que siempre es más importante el legado del deseo que la plenitud del encuentro físico o la constatación y madurez de la amistad. Los nombres propios, como Adriana, Carmen o Julia, acaban disueltos en el sosegado silencio de la distancia.
   Lento proceso  en su desarrollo argumental recurre al relato autónomo inserto en el cauce principal; de este modo, el lector puede seguir el hilo a los complementarios del yo, que buscan su papel y hablan con una voz llena de sonoridades. La introspección convive en ese largo viaje de ida y vuelta con la crónica del entorno familiar, llena de cicatrices y troquelada en tristeza y con ese diario de viaje que cada sujeto realiza en la búsqueda de realizaciones significativas. Una característica común que vincula al yo biográfico con cada uno de los personajes que habitan sus sueños. José Luis Cancho nos deja una novela compleja, en torno al diálogo entre escritura y vida, que es al mismo tiempo testimonio de un empeño y catarsis escrita.

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