viernes, 2 de mayo de 2014

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ. LA MUERTE OCULTA.

La muerte oculta
Javier Sánchez Menéndez
Prólogo de Antonio Colinas
Epílogo de Tomás Rodríguez Reyes
Vitela/Poesía, 2014

RINCONES DE LA NOCHE
 
   Lo suelo comentar con los amigos, como curiosidad entomológica: la reedición de poesía actual es una anomalía porque el mercado se ha asentado en la indigencia. Así que el encuentro en los escaparates, por segunda vez, con el poemario La muerte oculta, cuya amanecida en la colección Arca del Ateneo de Córdoba se realizó en 1996, es fuente de alegría y justificado motivo para emprender la lectura. Su autor, Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964) ha multiplicado presencia en el circuito literario, como editor de la Isla de Siltolá, escritor activo en varios géneros, e impulsor de una obra en marcha, con recientes entregas como la antología Por complacer a mis superiores y el volumen en prosa Él libro de los indolentes.
   El poeta gaditano apenas ha modificado, salvo algunas variantes formales, el poemario La muerte oculta, que edición incorpora prólogo de Antonio Colinas y epílogo de Tomás Rodríguez Reyes. El liminar “Para revelar lo verdadero”, firmado por el poeta novísimo subraya  como rasgos identitarios la claridad, la simbología y la contenida emoción de una entrega que ha aguantado con entereza el vendaval del reloj. Coincido con las aseveraciones de Colinas y coincido también con  la autorreflexión de Javier Sánchez Menéndez cuando define esta salida como un contacto final entre la poesía y la vida.
  La semántica del breve poemario es nocturnal. La palabra del hablante lírico elige rincones de sombra para reformular un discurso reflexivo sobre la existencia; los versos tienen el son conclusivo del epitafio, como si persistiera en el aire la sensación de acabamiento y finitud. La conciencia del sujeto dibuja en la retina el angosto cerco de una realidad senil y mustia, que induce al pesimismo. La materia se impone; aquel verso de Novalis realza su certidumbre: “Buscamos por todas partes lo infinito, / y no encontramos sino cosas”.
   De ese estado de decepción se nutre el apagamiento de la voluntad de ser; el andar resignado no es más que una estrategia de un sueño crepuscular, de la tangible presencia del fracaso. Pero el tiempo prosigue su manso itinerario y se abre la claridad; tras el alba se diluye esa sensación de estiaje y cansancio de una memoria hecha lugar sumergidos para cobijar el amor, la plenitud de la belleza, la senda recorrida hacia el otro o el resplandor del tiempo.
  El arranque está hecho de introspección y ensimismamiento, mientras que las composiciones del segundo apartado recurren a referentes culturales. El monólogo dramático concede sugerentes identidades a la voz poemática para recorrer con las palabras un tiempo de amor y sueños, y para alcanzar en los poemas postreros una identidad de sombra. Toda la sección gira en torno a la noche, entendida como amor y discordia, como destino conclusivo y fin de viaje, donde la oscuridad impone su silencio.
   Clausura esta entrega de Javier Sánchez Menéndez el texto de Tomás Rodríguez Reyes, un análisis sobre la simbología del poemario y su sentido de lo poético, siempre inadvertido y más allá de lo racional, ese viaje circular que lleva desde la noche a la claridad, a esa muerte oculta que no está hecha de finitud sino de disolución profunda e interna.
  La muerte oculta, tras su salida en 1996, sumió al autor en un largo silencio literario. Hoy llega su voz como si aquel silencio fuese una epifanía germinal, el retorno feliz de quien regresa, desde un territorio inexplorado, con un equipaje de palabras repleto de belleza y poesía.  
 

2 comentarios:

  1. Leo con mucho interés tus comentarios y presentaciones literarias, sobre todo si son de poesía, y voy tomando nota de tantos libros por leer.
    Gracias, José Luis.

    Un abrazo.

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    1. Fanny, ya te lo he comentado otras veces -pero lo reitero con gusto para que yo mismo no lo olvide- , una de las funciones principales del lecor de poesía es alzar la voz sobre aquellos libros que merecen la pena, sobre poemarios que hablan de esas dudas diarias que van dejando los días vividos. Javier es autor de una intensa obra que no debes perderte. Abrazos y un cordial saludo.

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