martes, 12 de abril de 2016

ÁNGEL MANUEL GÓMEZ ESPADA. LOS HIJOS DE ULISES.

Ángel Manuel Gómez Espada,
autor de Los hijos de Ulises 

INCERTIDUMBRE

Los hijos de Ulises
Ángel Manuel Gómez Espada
Prólogo de Pilar Adón
LeTour1987
Extremadura, 2016 (Segunda edición)

  Con portada inquietante se reedita Los hijos de Ulises, un poemario de Ángel Manuel Gómez Espada aparecido por primera vez en febrero de 2015. El libro cuenta con un introito de Pilar Adón que constituye un atinado elemento crítico. La escritora resalta el tenaz compromiso de una palabra que  habla de grietas e inconformismos, que recorre mapas para denunciar que muchos itinerarios son distancias hacia el vacío. Existir es dar brazadas sobre la gélida superficie de la incertidumbre.
   Los poemas de Ángel Manuel Gómez Espada, más allá de magisterios que buscan puentes entre lírica y prosa, tienen el tono solemne del versículo; suenan a palabra comunal que vela el interés del yo concreto para espaciarse en lo colectivo y ser testimonio de un espacio temporal. Si la lírica intimista focalizaba en su núcleo argumental la estatura de un personaje asomado al espejo del yo, el sujeto social necesitaba este reactivo, una poesía útil, que hace de sus sonidos imprecaución para que el amanecer encuentre la voluntad en pie y un sujeto activo: “A nuestra manera, también somos revolucionarios. / También luchamos, sufrimos y morimos./ Aunque seamos incapaces de recordar la causa de tanto aciago. / Aunque ni siquiera podamos recordar cuándo / pasará el próximo avión”.
  Ese papel, que inserta el grito personal en el coro, despliega en cada uno de los poemas el protagonismo compartido del nosotros. La existencia individual forma parte de una genealogía que va estableciendo en el devenir histórico indicios plurales; señales y heridas de un organismo social, donde se van entrelazando actitudes y roles.
  El trayecto continuo disemina los rasgos de una realidad que tiene como características el despliegue de la tecnología, el mercados aleatorio, la precariedad laboral, los titulares desmedidos de los medios de comunicación, los centros comerciales como templos del consumo… Ese era el espacio que había que recorrer y el formato existencial que había que aceptar sin un mínimo gesto de rebeldía. Perdido en el regreso, Ulises se hizo arquetipo de los que nunca encuentran la estela que conduce a Ítaca, de los que acumulan contingencias mientras en casa aguarda la fidelidad paciente de Penélope. Como si un fatum aguardara a sus descendientes, los personajes  de Ängel Manuel Gómez Espada vadean por los mismos mares. Tienen la apariencia de funcionarios que escuchan los cantos de sirena del trabajo estable y opositan pata huir de la crisis y certificar el vaticinio de la economía; o de seres frágiles  que vislumbran el suelo de un horizonte que solo es una capa de hielo. Cualquier ciudadano representa papeles secundarios; es símbolo de una situación de pobreza, aunque los sueños juveniles crearan espejismos en el estado de bienestar.
  Tras la lectura de Los hijos de Ulises es inevitable recordar el ensayo coordinado por Araceli Iravedra El compromiso después del compromiso. Allí se investigaba el papel de la literatura y el enfrentamiento entre la realidad y el sujeto en un sistema de mercado, con un estado de bienestar restringido. También los postulados del colectivo Alicia Bajo Cero o las convocatorias de Voces del Extremo. En todos latía el conflicto entre conciencia y razón poética. Y en ellos tendría sitio el desgarro poético de Ángel Manuel Gómez Espada, cuyos argumentos estéticos saben que cualquier estrategia es necesaria para hacer habitable la intemperie. Queda el verbo y la costa fértil de las utopías.


2 comentarios:

  1. Si señor! Ángel Manuel, orgulloso tienes que estar de esta fantástica reseña que ha hecho de tu libro José Luis. Enhorabuena!

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  2. Querido amigo, los méritos son del poeta; Ángel Manuel Gómez Espada tiene un largo trayecto literario en el que ha demostrado rigor, lucidez y sentido crítico. Así que encantado de adentrarme en su poesía. Un fuerte abrazo.

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