miércoles, 27 de abril de 2016

ALEX CHICO. POSDATAS

Sesenta y cinco momentos
en la vida de un escritor de posdatas
Alex Chico
Ediciones de la Isla de Siltolá
Sevilla, 2016

POSDATAS

  Casi coincidiendo en su epifanía con la edición de Un hombre espera, Alex Chico (Plasencia, 1980) compila sus consideraciones sobre el lenguaje en un volumen de título dilatado: Sesenta y cinco momentos en la vida de un escritor de posdatas. El aserto invita a descubrir de inmediato la identidad de ese misterioso escritor,E.P. y, de paso, a investigar su práctica creadora, resumida en este inventario de poéticas.
  De este modo la posdata, coda reflexiva del epistolario, se convierte en suelo central del proceso comunicativo y en una fragmentada formulación del ideario estético. En la tradición literaria, las poéticas en prosa sacan el músculo ensayístico; mantienen ese prurito intacto de complejidad, como si la semblanza del poema dependiera de una trama oscura, repleta de líneas y matizados. Alex Chico recurre a un sujeto ficcional en el que se fusionan en un mismo propósito autor y personaje, y con sus apuntes traza un espacio de pensamiento en torno a tres vectores: el deambular de la memoria, la pertenencia a un lugar y los meandros de la creación literaria. Con ellos organiza un tratado que, con mínimos elementos, consigue un mensaje didáctico y metaliterario. Para dar más verosimilitud a la identidad heterónima, busca en el prólogo una conexión afectiva con la poeta Laia López Manrique y con el escritor de microrrelatos Ginés S. Cutillas; además en la compilación de fragmentos añade la procedencia bibliográfica de cada texto, por lo que el recorrido creador de E.P. sugiere un notable inventario de títulos.
  Hasta el momento el corpus literario de Alex Chico ha crecido de forma plural, englobando facetas como crítica, poesía, relato, ensayo y novela. En un empeño tan diverso, estas anotaciones clarifican sobre todo su labor poética, integrada por las entregas La tristeza del eco, Dimensión de la frontera, Un lugar para nadie y Habitación en w, a las que se añaden tres cuadernos. Tantas sendas permiten constatar la vigencia de algunos signos referenciales y refrendados en las posdatas.
  El contenido del breve volumen obedece a un discurrir aleatorio; en él encontramos nítidos aforismos que enmarcan diversas actitudes ante el hecho creador: “Lo peor de un escritor es que piensa que todo le pertenece”. También hallamos textos que indagan en la ontología del texto, en esa verdad de la creación que tantas veces huye del final previsible, como si fuera ajena la brújula que marca el final de ruta: “La creación literaria supone una particular caída al vacío. La función de la escritura sería trasmitir lo que encuentra en ese descenso”. No falta el préstamo literario, ese refrendo de la opinión individual en el lago en calma de la biblioteca. Retornan remozadas ideas de  Maurice Blanchot, Charles Simic, Seamus Heaney, Kipling, o Raúl Zurita.
 Así encuentra desarrollo un título que hace de la reflexión personaje principal, como si los fragmentos formaran el manifiesto personal de un poeta que se presenta a sí mismo. El yo indagatorio actúa bajo la discreta transparencia de una máscara en la que suena limpia y natural la voz de un narrador que convierte cada posdata es una cerilla encendida, en una amanecida breve que tiende sobre las cosas un epitelio de lucidez.



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