miércoles, 7 de diciembre de 2016

MANUEL NEILA. LA LEVEDAD Y LA GRACIA

La levedad y la gracia
Aforistas hispánicos del siglo XX
Manuel Neila
Editorial Renacimiento, Los Cuatro Vientos
Sevilla, 2016

CAMINOS DEL AFORISMO

   Pocos  críticos se abren paso en los caminos del aforismo contemporáneo con el entendimiento y la solvencia de Manuel Neila (Hervás, Cáceres, 1950). Ligado desde su juventud al ambiente universitario asturiano, se estrena como poeta con el libro  Clamor de lo incesante, que promueve su inclusión en la antología Las voces y los ecos, de José Luis García Martín. Tras una severa pausa creadora, el escritor reabre taller en el comienzo de los años noventa para protagonizar un fecundo itinerario en varios géneros, poesía, páginas autobiográficas y ensayo.
  El volumen La levedad y la gracia agrupa sus investigaciones en torno al aforismo, un género que radiografía en profundidad; para el poeta el texto breve no es una simple moda sino una estrategia expresiva sobre cuya evolución temporal ha preparado estudios dispersos en publicaciones como Turia, Clarín o Cuadernos Hispanoamericanos. La autonomía de cada sondeo concede a los capítulos el interés de lo diverso. No es una monografía coherente sino una secuencia de bifurcaciones cuyo nexo común es el aprecio aforístico. Arranca con una parada obligatoria en la semántica y caracterización del género y en su estar fronterizo entre el pensamiento y la poesía, entre la filosofía y la nota sociológica. De este carácter deriva un discurrir que carece de límites precisos, más allá de su estructura cerrada, y del uso de una terminología condicional y renovada en el tiempo. En su caminar, el aforismo inicia en Grecia su recorrido para perdurar en la Roma clásica y para fortalecerse en su cultivo como expresión del pensamiento medieval y renacentista. pero serán los moralistas franceses los que conceden a su práctica una solidez desconocida y asociada al pensamiento ético. El género llega  a los tiempos modernos como una práctica transversal que aglutina disertaciones de distintas ciencias, aunque siempre caracterizado por su carácter subjetivo y por la fragmentación enunciativa de su discurso. Son cualidades que impulsan un horizonte temático desplegado en ámbitos lingüísticos donde van apareciendo nombres propios que cultivan el aforismo con singular categoría. Ahí están los frutos de tantos autores que sondean el sentido del mundo y que convierten en tradición un discurso lógico renovado, un pensamiento ligado a la búsqueda de respuestas y actitudes morales. Otro apartado, titulado “Formas breves, aforismos, máximas y fragmentos” insiste en la naturaleza del aforismo y en su compleja sistematización en un único enunciado; ese esquema léxico ha prodigado análisis diversos que son útiles para entender el carácter mudable  y los factores que permanecen en su estela.
  Así arranca el aforismo moderno que aglutina en su cultivo un pensamiento universal, donde caben las cuestiones centrales del pensamiento occidental: la fragilidad de la razón, las inquietudes de la conciencia, las relaciones del yo con el ser solidario, las áreas metalingüísticas o el pensamiento crítico. Manuel Neila recoge un canon aforístico del siglo XX que amanece en el cambio de siglo, con la superación del monolitismo decimonónico y el despliegue de una cronología propicia a la crítica y a la fragmentación; construye una forma de pensamiento que encuentra en la parquedad formal una amplia cosecha reflexiva. El aforismo hispano integra en su esencia un carácter lírico en la práctica escritural de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, estelas que encontrarán seguimiento en autores como José Ängel Valente o Carlos Edmundo de Ory. En otros casos, se percibe una orientación metafísica, visible en José Bergamín, Ramón J. Sender y Max Aub, y continuada en Juan Gil Albert. Tratamiento específico merece la greguería de Ramón Gómez de la Serna, cuyo ludismo verbal y su riqueza metafórica conllevan un espacio propio y singularizado, aunque en algunos momentos se despliegue hacia el formato aforístico.
  Neila también sitúa en este mapa la aforística de Santiago Ramón y Cajal, cuyo perfil científico ha subordinado su aporte literario. Los aforismos de Charlas de café desprenden una lógica bienhumorada y cordial, pero disuenan en un legado tan bien representado como si fuese un paréntesis que no acaba de encajar en este canon. En cambio, es clarificadora la mirada a José Bergamín, acaso el aforista mejor dotado de su generación. Sus cohetes –título tomado de Charles Baudelaire- evidencian influencias de Jean Cocteau y Max Jacob, entre otros, y en ellos reposan los vectores de una ideología mudable, acorde con un periplo biográfico incardinado a un tiempo histórico. Para José Bergamín “Existir es pensar y pensar es comprometerse”. También es analítica la apertura a Ramón J. Sender; la pericia narrativa del aragonés no impugna su labor breve que está recogida en dos entregas, junto al volumen póstumo Toque de queda, con derivaciones más crepusculares, escritas con un aire interior más profundo. Otro referente de la historia aforística hispana es Ángel Crespo.  Neila incide en el carácter continuista de los aforismos de Crespo y su relación con la máxima neoclásica y el fragmento romántico. En ellos la imagen adquiere preponderancia, no se elude el discurso intimista y existe un nítido pensamiento sobre la temporalidad. El poeta manchego firma dos colecciones aforísticas, Con el tiempo, contra el tiempo y la invisible luz; ambas serán reeditadas por Pilar Gómez Bedate en un único volumen, Aforismos (1997), enriquecido con algunos inéditos.
  Si el legado poético de Antonio Machado conforma una tradición fuerte, cuyo magisterio es columna vertebral de la estética figurativa y del realismo coloquial, el pensamiento machadiano sirve de umbral para sacar al día el aforismo del siglo XX. Con su aire de filósofo estoico, que mira el entorno con benevolencia, Antonio Machado, a través de su alter ego Juan de Mairena, reflexiona sobre vecvtores centrales de la existencia y hace de la poesía palabra en el tiempo.
   Se me perdonará, para no dilatar esta reseña de manera excesiva, no interpretar con paso demorado en otros dos estadios reflexivos del trabajo de Manuel Neila, el aforismo hispanoamericano y el retablillo de aforistas contemporáneos. En el marco geográfico de la otra orilla selecciona el trabajo intelectual del cubano Enrique José Varona, el escueto pensar de Antonio Porchia, calabrés trasladado a Argentina en su etapa juvenil, donde impulsó su escueta obra y su notable presencia en el clima cultural, y la voz de otro moralista notable, el colombiano Nicolás Gómez Dávila, un tradicionalista exaltado. La selección de autores contemporáneos sabe a poco, como si fuese un simple ojear que acerca la voz de Ramón Eder, Eugenio Trías y Ángel Guinda, una mínima representación para una etapa áurea del aforismo, como demostró la antología de José Ramón González Pensar por lo breve, impulsada por Trea. 
  La levedad y la gracia permite sopesar el amplio centro que el aforismo actual ocupa en la ciudad del ahora, incide en los autores más relevantes de las dos orillas, Latinoamérica y el territorio peninsular. Y define la exigente voluntad de rastreo de Manuel Neila, su meticulosa disección de esta literatura del fragmento, ya sin matices, el crítico más importante del género.


8 comentarios:

  1. El aforismo sólo lo es si es afLorismo, o sea, si aflora como una impronta mágica que recoge y sintetiza iluminándola una parcela de la realidad vivida. El juego de palabras con afLorismo se debe a Carlos Castilla del Pino.

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    1. Así es, dentro de la abundante terminología que acompaña al género Carlos Castilla del Pino incluyó el neologismo con cierto espíritu de broma. como si pretendiese rebajar el tono solemne de lo lapidario. Siempre es una alegría constatar tu interés por los asuntos literarios. Un abrazo cordial.

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  2. Gran reseña, José Luis. Gran libro, del maestro Neira. Abrazos.

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    1. Muchas gracias de corazón, Nicolás; tus palabras me animan para seguir leyendo a diario con la voluntad incansable del primer libro. Manuel Neila vino a verme a Rivas para dejarme el libro y, en efecto, es un libro plenamente didáctico porque aglutina muchos de sus trabajos sobre el aforismo, un género en pleno desarrollo, con un vitalismo que asombra. Un fuerte abrazo.

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  3. Esto es una reseña y lo demás son tonterías, sí señor. Gracias, amigo, por tu rigor y claridad.
    Abrazo.

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    1. Hola poeta, como conoces el trabajo de Manuel Neila en torno al aforismo, entenderás mi lectura profunda del volumen. Sin duda es el crítico actual que mejor conoce las costuras del texto breve. Junto a José Ramón González ha puesto un poco de orden en una cosecha tan fértil que hay que desbrozar para dirimir voces y ecos... Un gran abrazo, Elías, y una alegría tu comentario.

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  4. Neila, perdón. Coincidimos en la centarl de Callao, el día que tu y yo nos conocimos personalmente.

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    1. Nosotros nos conocimos cuando yo llegué a Rivas, a finales de 1989; los dos hemos trabajado en centros educativos de la zona y hemos coincidido en muchas actividades culturales comunes. Eso me concede un mirador privilegiado sobre la escritura de Manuel Neila que, en los último años, tiene una exultante fecundidad. Abrazos grandes, Nicolás. Ese día de la presentación de ESTACIÓN POESÍA también tuve ocasión de saludar a Adolfo Cueto. Quién iba a pensar que se iría tan pronto. Descanse en paz, nos queda su poesía.

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