lunes, 17 de julio de 2017

ALFONSO BREZMES. ULTRAMOR.

Ultramor
Alfonso Brezmes
Renacimiento, Colección Calle del Aire
Sevilla, 2017

MIRAR EL FRÍO

    Vuelvo al hecho poético de Alfonso Brezmes (Madrid, 1966). El escritor cuenta con un breve y atinado recorrido creador que sale al día en 2013 con La noche tatuada y se prolonga en 2015 con Don de lenguas, ambos libros, como el que ahora nos ocupa, en la editorial sevillana Renacimiento. Con tan ligero bagaje machadiano y sin el paraguas crítico de la edad temprana ni el paternalismo benevolente que recibe la primera escritura juvenil, Alfonso Brezmes ha logrado convertirse en una presencia firme del ahora y en un gozo lector que remite a una tradición figurativa de la que Luis Alberto de Cuenca podría ser uno de sus referentes más cercanos. Naturalmente, hablo de tradición realista sin mimetismos con la interpretación lineal sino como página en construcción, como magma interpretativo.
 Una cita de Kafka abre el propósito escritural de Ultramor. En ella se cobija la paradoja, una de esas esquinas habituales de la vida al paso: “A partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar”. El vértice reflexivo de Kafka casa bien con la escritura meditativa de Alfonso Brezmes y su empeño en habitar la incertidumbre desde una palabra sin certezas, que redefine especulaciones y que sospecha de entrada que el patrimonio de dogmas personales está abocado a diluirse en la devastación de la costumbre.
 Abre el poemario una advertencia al lector sobre el propósito de la escritura, más que una postulación es una manera de insistir en que los contenidos semánticos conllevan siempre un sustrato emotivo que evita la asepsia y el despojamiento de la intimidad. El poema deviene afán y búsqueda, un deambular aleatorio en el que se va gestando un entrelazado relacional con los significados de las cosas: “No es mucho lo que pido. /Oblígame a decir lo que no sé, enséñame a escribir  mi nuevo nombre. / Puede que alguna vez acierte sin saberlo” La escritura por tanto no testifica, no es un ideario objetivo de percepciones sino un proceso indagatorio que concede una nueva identidad, que abre puerta al asombro y la iluminación, que deja entre las manos los signos dispersos de un bosque invisible.
  No hay un único hilo conductor en las composiciones de Ultramor, un neologismo que sugiere un viaje sin andenes, más allá de la norma, como si escribir y vivir, esas dos actitudes de la libertad en ejercicio se abordaran desde el rechazo con lo establecido. Somos en cuanto rechazamos el conformismo ante el agujero negro de lo real para dar forma a las nuevas visiones sobre las cosas que postulan los poemas. Como advertía Juan Ramón Jiménez la escritura recrea la esencia de las cosas, busca formas que eleven lo posible a un nuevo vuelo.
  En la mirada lírica de Alfonso Brezmes el onirismo es una constante. Lo tangible no se asienta en las formas sensoriales sino que es una construcción simbólica que deja abierto su espacio interior a la interpretación. De este modo, los sustratos reales no son, solo parecen, siembran accesos y bifurcaciones. Así que los habitantes del poema, esas presencias que deambulan por el agua cambiante del discurrir, nunca saben qué lado del espejo ocupan, qué desorden culmina su argumento.
 
 

2 comentarios:

  1. Me encanta Alfonso Brezmes, me encanta tu reseña José Luis! Tengo sus libros.
    Feliz semana para ti,
    Sandra.

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  2. Coincido en tu gusto lector, Sandra. La poesía de Alfonso Brezmes es muy personal. Y agradecido por tu amistad.

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