martes, 3 de diciembre de 2019

JOSÉ MARÍA CUMBREÑO. CUADERNO DE VERANO

Cuaderno de verano
José María Cumbreño
Ediciones Liliputienses
Colección Los cuadernos ególatras
Cáceres, 2019


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  Casi como brújula esencial de sus itinerarios, Ediciones Liliputienses abre los brazos a la heterodoxia y al ideario estético al margen. Así ha ido construyendo una estela de publicaciones que plantean campos estéticos a contracorriente y que han buscado puerto entre los lectores españoles a poetas hispanoamericanos de calidad. El responsable de esta propuesta en el cuerpo de letra de la incertidumbre es José María Cumbreño (Cáceres, 1972), licenciado en Filología Hispánica, profesor de Educación Secundaria y Bachillerato, gestor cultural y cultivador de una literatura diversa que amplía recorridos en la poesía, el ensayo, la introspección biográfica y el cuento breve.
  El activismo docente de José María Cumbreño inspira el título de Cuaderno de verano, como irónico homenaje al docente exiliado en cualquier playa mediterránea que lleva en la mochila, junto a las chanclas y la cerveza fría, la libreta de asuntos pendientes, ese recuerdo de que el año docente ni se crea ni se destruye. Solo se transforma, como corrobora el paratexto que abre el poemario y que encuentra en esta cita de Albert Guinon su temperatura ambiente: “Gracias a la instrucción hay menos analfabetos y más imbéciles”.
  El poema entonces muda de amanecida en “Ejercicio de comprensión lectora” para que inteligencia y percepción dejen sus marcas en la piedra, digo en el pupitre. Liberado de anclajes, el poema recurre a la apertura del lenguaje plástico y a los aportes de lo visual: blancos, imágenes, prosificación descriptiva del verso y signos ortográficos que anulan los esquemas rutinarios de la composición. Añadiría de inmediato el humor, un humor de tebeo, una viñeta de diccionario sociológico que sirve para cartografiar las calles del presente con elementos y mensajes aparentemente inconexos, como si el azar propusiera integrarlos a todos en una historia lógica, con planteamiento, nudo y desenlace.
   Poesía visual que se formula como un crucigrama, que tiene como condición imprescindible la lectura activa de quien concluye cada uno de los antipoemas para moldear una interpretación con final abierto. José María Cumbreño no dicta versos, ni siquiera los escribe, pero deja página intacta para que otros lo hagan por él.
   Yo creo que a estas alturas de la reseña, el lector tiene derecho a saber de qué estamos hablando (aunque sea por aproximación y tanteo) y dejo uno de los textos(poemas)  de José María Cumbreño: “Busca información e indica el nombre de tres animales que al igual que las salamandras, ciertas tortugas y los poetas que consideren que se les hace de menos, segreguen sustancias venenosas para defenderse”; otro que también me ha llenado la cabeza de sugerencias: “Marca con una cruz la reacción química que mejor define la vida de una persona: a) combustión B) descomposición c) Desplazamiento d) Neutralización  e) Oxidación f) precipitación“. De los poemas visuales, el lector debe fiarse por omisión, porque mis capacidades plásticas son más bien discretas.
  Seguramente un lector lógico aconsejaría a José María Cumbreño que pasara todo a limpio, o que hiciese una segunda edición de este cuaderno ególatra que diese compañía al inicial con un cuaderno de instrucciones. Y el crítico erudito formularía con asepsia que el poeta recupere en septiembre como demostraría cualquier informe Pisa sobre el talante poético. A mí Cuaderno de verano me ha parecido una coreografía singularísima de momentos docentes, divertida y rompedora, aunque la poesía, acostumbrada durante tantos siglos a sentar la cabeza, haya saltado de inmediato por la ventana del aula.  Fuerte abrazo, poeta, una provocación como Dios manda. Una alegría de libro.
      

2 comentarios:

  1. Pero ese sacapuntas gigante me da miedo...

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    1. Es inofensivo, solo un espejismo que rinde homenaje a la escuela, a su experiencia y a la poesía que cobijan sus espacios. Fuerte abrazo.

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