jueves, 18 de junio de 2020

ISABEL REZMO. OPIUM

Opium
Isabel Rezmo
Editorial Nazarí
Colección Daraxa
Granada, 2019 

VUELOS DE LUZ



   En Isabel Rezmo (Úbeda, 1975) nunca decae una activa vocación indagatoria. Impulsa la práctica de talleres literarios, la gestión cultural, el afán colaborador en revistas y la mirada poética. Tantos enfoques conforman un cuerpo unitario en el decurso existencial, donde se van secuenciando las sucesivas entregas. La primera de las cuales, Paisajes de una dama (2013), se reeditó de nuevo en 2019, año de amanecida del poemario Opium. Es un conjunto de poemas integrado en la colección Daraxa de Editorial Nazarí y dedicado a Inma J. Ferrero, poeta, directora e impulsora de la revista digital Proverso.
   El título del poemario recordará a algunos lectores una ficción ya clásica del poeta y novelista Jesús Ferrero, quien publicó en 1985 un relato de iniciación sobre los misterios del deseo y sobre las huellas sentimentales que el contacto con el otro deja en nuestra piel. Sin embargo en las citas de apertura solo se oye la voz de dos referentes culturales, Vicente Aleixandre y Jean Cocteau, dos autores pasionales que casi nunca eluden la celebración del cuerpo y sus convulsiones en el ánimo del yo.
   Isabel Rezmo vuelca su discurrir reflexivo en poemas en prosa. Esa estrategia expresiva crea un ritmo de serenidad y andar lento, de búsqueda indagatoria en el pensamiento del vuelo de luz de lo vivido.  Desde el ocaso, en esa acuarela suave que diluye el discurrir del día, se van acumulando los indicios del pensamiento. El recuerdo adquiere la fuerza del sedimento donde se asientan los pasos de la incertidumbre; no hay camino trazado sino una senda oculta de tanteos que puede concluir en el abismo. La escritora también recurre al verso libre para acometer las mutaciones del ánimo, esa sensación de inquieta soledad, de habitar un tiempo de crisálidas.
   En el avance del poemario queda patente la dimensión metafórica y la inclinación del poema al velado enunciativo para que emerja un claro aporte surrealista –aquí si se percibe el magisterio del Vicente Aleixandre de Pasión de la tierra y Espadas como labios. La imagen, los nexos lógicos o las relaciones semánticas crean una expresión más hermética, como si el hilo argumental impulsara una realidad distorsionada por el onirismo: “Morir. He muerto. / Casi a las dos después de este cancionero. / Las pisadas mojan los parques / a la altura de mi cadáver. / El trino diluido en los tejados a las ocho menguante”.
   Isabel Rezmo nunca deja al sujeto poético a la intemperie; le hace depositario de un sentir pleno que elude su condición perecedera y forzada a la extinción para que cuaje en su existencia un erotismo sensorial que contagia el lenguaje. Queda patente en estos versos iniciales del poema XLVII: “Se mueve tu piel / labio a labio, / espuma a espuma en el vientre. / Se mueve en dos segundos certeros / de la boca a otra boca, / a otra ingle, / a otro tacto. / Se mueve solo / al pie de una cintura / amotinando la muerte".
    En cita de J. Cocteau, acogida en el libro, se clarifica la semántica de opio como una revelación, como un impulso revolucionario, como una fuerza de mutaciones y cambios. De esta manera el opio se hace símbolo también de la propia escritura poética.  Quien habita el poema no deja certezas sino implosiones que estallan dentro y transforman la identidad. Tras la creación va emergiendo el vacío, la sensación de soledad extrema que se hace piel en el espíritu del yo. El tramo de cierre ya no busca la potencia germinal del amor sino la brusca senda del pensamiento. Ese trayecto descubre la radical soledad del sujeto, cuando la religión tradicional no propaga  sus dogmas. Sobrecoge la voz despojada de creencias y se alerta también sobre la conciencia social al reivindicar un estar igualitario y digno, lejos de esas sombras marginales que empuja la pobreza. Como en Miguel Hernández, gime el dolor del hombre de carne y hueso y la conciencia de esa soledad que va apagando en la memoria recuerdos y vivencias hasta convertirla en un espacio en blanco.
  Fiel a unos esquemas expresivos singulares, Opium de Isabel Rezmo es una escalada de interrogantes. Sus claves apuestas por un lenguaje que entremezcla intensidad emotiva y un discurrir pautado por el ideario surrealista. Los poemas ponen techo al amor como paisaje de gozo celebratorio. Pero también a un existir tortuoso que percibe un ahora convulso. El respirar diario acrecienta la impotencia del sujeto ante un paisaje moral ruinoso, donde la palabra toma cuerpo para resistir. Al cabo, como escribiera J. Cocteau, la poesía es una actitud, una rosa inclinada, una ética.

José Luis Morante


   






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