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martes, 10 de diciembre de 2024

ANIVERSARIO

Puente Golden Gate
San Francisco, California, USA
SEPTIEMBRE DE 2024 

NUEVA CREACIÓN


        10 de diciembre de 1978


Si me hallaras vacío,
solitario y absorto,
con el  alma sin lastre
que asegure lo humano,
como grano de arena
al vaivén de la espuma,
frágil cometa leve
en los aires perdida,
ámame dulcemente,
sobre todas las cosas,
como si fuera barro,
una estatua olvidada
que requiere tu soplo
para vivir de nuevo.

     (Del libro Rotonda con estatuas, 1990)





miércoles, 25 de septiembre de 2024

CASA ABIERTA

Casa Museo de Antonio Machado 
(Segovia)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 
DESDE MI SOLEDAD A TI CAMINO
 
Desde mi soledad
voy a tu encuentro,
con la justa impaciencia
de quien regresa a casa.
A cuestas traigo
herrumbres y estiajes,
algún dolor disuelto
llenando la mochila.
No rescatéis mis huellas;
viene conmigo el aire
y fueron los testigos
incontables insomnios,
menas de albura y sombra,
noches frías, palabras y silencios.
 
Desde mi soledad
a ti camino,
con la certeza intacta
de que tú mientras tanto
inventas el andén que ha de acogerme. 

(Del libro Rotonda con estatuas, 1990)


 

sábado, 3 de agosto de 2024

MUJER SEDENTE

Mujer sedente
Parque del Retiro de Madrid
Escultor Sntiago Cota Vaqué

 

REPLIEGUE TÁCTICO EN LA NADA
 
Estatuas,
cada una de vosotras acaso
 es copia exacta de un gesto perdurable
que merece ser huésped
del arca de Noé de la memoria;
solo me otorga a mí
carnet de residente en este parque
la aceptación sumisa del olvido.
En el naufragio restos;
el sabor denso de las amanecidas
arrastrando erosiones
hasta el cuarto de baño.
Y allí
-vulnerado reducto-
encadenar los ojos a un espejo
salpicado de herrumbre
que mide el deterioro
hasta ponerme triste,
siendo entonces urgente
la tibia absolución de un puñado de agua.
Bostezaba la urbe.
La calle estaba recién puesta,
resplandeciente y dócil,
huérfana de papeles y hojas mustias.
Me sonaban los pasos a verso en  asonante.
Luego era el ruido
estallando en mi terca soledad,
un paréntesis lleno
de estúpidas acciones sin sentido,
rotas, de cuando en cuando,
por el ring estridente del teléfono…
Al piso regresaba, cabizbajo,
enfundado en un traje de preguntas
cortado a la medida de un jugados de basket.
Una tarde sin fecha
me coroné de ortigas y dispuse
este rincón recóndito.
Mi estancia entre vosotras
es un repliegue táctico en la nada.   
 
           (De Rotonda con estatuas, 1990)







domingo, 10 de marzo de 2024

ÍNVENTAR UN ANDÉN

Escrito en el agua
Tailandia

 

DESDE MI SOLEDAD A TI CAMINO
 
Desde mi soledad
voy a tu encuentro,
con la justa impaciencia
de quien regresa a casa.
A cuestas traigo
herrumbres y estiajes,
algún dolor disuelto
llenando la mochila.
No rescatéis mis huellas;
viene conmigo el aire
y fueron los testigos
incontables insomnios,
menas de albura y sombra,
noches frías, palabras y silencios.
 
Desde mi soledad
a ti camino,
con la certeza intacta
de que tú mientras tanto
inventas el andén que ha de acogerme. 

    (Rotonda con estatuas, 1990)
 

viernes, 9 de junio de 2023

HETERÓNOMOS. TRADUCCIÓN DE MIGUEL ÁNGEL REAL


HETERÓNOMOS
 
 
Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto, que firmaran con los ojos,
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cuál fue la última causa
que les diera la vida.
 
Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita, día y noche,
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer,
y por lo mismo
nada en el mar de una sabia ignorancia.
(“Acaso sea el invierno…
es razón suficiente para explicar el cosmos “)
Y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.
 
A veces llora y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio,
donde  inicia el galope un sentimiento
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre, cansado,
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil
unas livianas gotas de mi nube.
 
El que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte ese pan y esta sal
que, bajo el brazo, trae la vida;
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera,
al doblar una esquina,
y tras justificarme torpemente
(“hallé la puerta abierta
y me aburría…”)
me despido gozoso y luego marcho
-el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero-
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.
 
 
 
HÉTÉRONOMES
 
 
En moi cohabitent, voués
à une immense routine sédentaire,
le moi qui pense et l'autre, mon apparence.
Un pacte, qu'ils avaient signé des yeux,
les oblige
à se respirer l'un l'autre dans une certaine tolérance,
et tous les deux ont été exemptés
ne serait-ce que de mentionner
quelle fut la dernière cause
que leur a donnée la vie.
 
Chacun a déjà son enclave exacte :
le moi qui pense
habite, jour et nuit,
l'intimité de ces quatre murs.
Il ressemble à un enfant qui aurait oublié de grandir,
et pour cette raison
il nage dans la mer d'une sage ignorance.
(« C'est peut-être l'hiver...
c'est une raison suffisante pour expliquer le cosmos »)
Et il balbutie. Il rit.
Il se perd dans les miroirs. Il gesticule.
Il collectionne les souvenirs comme si c'étaient des coquillages
que l'oubli a enterrés.
 
Parfois il pleure et il porte le pull gris
de la mélancolie ;
il prend alors une feuille
oú un sentiment commence son galop
et il devient prisonnier d'une tristesse tenace,
jusqu'à ce que son regard se perde
et qu'il découvre, fatigué,
que dehors la pluie tombe
et que son profil est mouillé
par des gouttes légères de mon nuage.
 
Mon apparence
est sans cesse dans la rue.
Vous la connaissez tous
car elle partage avec vous tous ce pain et ce sel
que la vie apporte sous le bras ;
les doses quotidiennes
d'angoisse existentielle, de travail et de bruit.
Je trébuche avec elle
un après-midi quelconque,
au coin d'une rue,
et après m'être justifié, maladroit,
(« j'ai trouvé la porte ouverte
et je m'ennuyais... »)
j'en prends congé, joyeux, et je pars ensuite
-la démarche lente, les mains ensevelies
dans les larges poches de mon jean-
voir, tout simplement, le monde avec mes yeux.
  
         (De Rotonda con estatuas, 1990)



domingo, 15 de enero de 2023

ENTRE LA NIEBLA

Identidad
(Archivo general de internet)

 

 HETERÓNOMOS

 
 
Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto, que firmaran con los ojos,
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cuál fue la última causa
que les diera la vida.
 
Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita, día y noche,
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer,
y por lo mismo
nada en el mar de una sabia ignorancia.
(“Acaso sea el invierno…
es razón suficiente para explicar el cosmos “)
Y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.
 
A veces llora y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio,
donde  inicia el galope un sentimiento
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre, cansado,
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil
unas livianas gotas de mi nube.
 
El que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte ese pan y esta sal
que, bajo el brazo, trae la vida;
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera,
al doblar una esquina,
y tras justificarme torpemente
(“hallé la puerta abierta
y me aburría…”)
me despido gozoso y luego marcho
-el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero-
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.

                        De Rotonda con estatuas (1990)


 
                                         


lunes, 19 de diciembre de 2022

LLEGADA A LAS ESTATUAS

Otoñal
(Archivo de internet)


 

 

LLEGADA A LAS ESTATUAS
 
Cuando no supe de qué hablar con los hombres,
descubrí una rotonda y me dispuse
a enmudecer, sin más, entre sus piedras.
Respiré con deleite la tibia arqueología,
y supuse fecundo aquel silencio
por alguna sonrisa, en mármol cincelada,
y por ciertos residuos gestuales
capturados
en los periplos grises de los viernes.
Miraban recelosas las estatuas,
posando en actitud mesurada y distante,
tal precoces alumnos de liceo burgués…
Fue preciso
que tendiera mi mano
y dando tregua
a palabras, latidos, ademanes y toses
viví aquel primer día
de muerto
con recién estrenada compostura,
muy conforme.

    (De Rotonda con estatuas, 1990)



miércoles, 29 de junio de 2022

LA DOBLE IDENTIDAD

Convivencia


  

HETERÓNOMOS
 
 
Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto, que firmaran con los ojos,
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cuál fue la última causa
que les diera la vida.
 
Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita, día y noche,
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer,
y por lo mismo
nada en el mar de una sabia ignorancia.
(“Acaso sea el invierno…
es razón suficiente para explicar el cosmos “)
Y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.
 
A veces llora y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio,
donde  inicia el galope un sentimiento
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre, cansado,
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil
unas livianas gotas de mi nube.
 
El que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte ese pan y esta sal
que, bajo el brazo, trae la vida;
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera,
al doblar una esquina,
y tras justificarme torpemente
(“hallé la puerta abierta
y me aburría…”)
me despido gozoso y luego marcho
-el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero-
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.
 
                                         
                    (Del libro Rotonda con estatuas, 1990)



jueves, 23 de enero de 2020

HETERÓNOMOS

Otros pasos


HETERÓNOMOS


Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto, que firmaran con los ojos,
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cuál fue la última causa
que les diera la vida.

Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita, día y noche,
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer,
y por lo mismo
nada en el mar de una sabia ignorancia.
(“Acaso sea el invierno…
es razón suficiente para explicar el cosmos “)
Y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.

A veces llora y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio,
donde  inicia el galope un sentimiento
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre, cansado,
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil
unas livianas gotas de mi nube.

El que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte ese pan y esta sal
que, bajo el brazo, trae la vida;
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera,
al doblar una esquina,
y tras justificarme torpemente
(“hallé la puerta abierta
y me aburría…”)
me despido gozoso y luego marcho
-el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero-
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.


                     (De Rotonda con estatuas, 1990)






sábado, 13 de octubre de 2018

LLEGADA A LAS ESTATUAS

templos de Angkor
(Camboya, 2017)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana.

LLEGADA A LAS ESTATUAS

Cuando no supe de qué hablar con los hombres
caminé a una rotonda y me dispuse
a enmudecer, sin más, entre sus piedras.
Respiré con deleite la tibia arqueología,
y supuse fecundo aquel silencio
por alguna sonrisa en mármol cincelada,
y por ciertos residuos gestuales,
capturados
en los periplos grises de los viernes.

Miraban recelosas las estatuas,
posando en actitud mesurada y distante,
tal precoces alumnos de liceo burgués...
Fue preciso que tendiera mi mano
y dando tregua
a palabras, latidos, ademanes y toses,
viví aquel primer día
                                de muerto
con recién estrenada compostura,
harto conforme.

                   
                              Rotonda con estatuas (1990)




viernes, 26 de mayo de 2017

AQUEL DESCONOCIDO...

Escarcha


DESCONOCIDO


Fue su lecho una noche
aquel rincón de fronda
donde acuden las sombras en tumulto.
Y su dormir tenía
el sello del futuro en cada gesto.
Al alba despertó,
se restregó los ojos ateridos
y caminó, solícito, a mañana.
Cómplice de su dicha,
alcé la mano,
y no supe seguirlo sino de pensamiento:
-Pues la jornada es dura
y no habrá nadie esperando tu vuelta,
lleva siempre contigo
una abundante provisión de fe.

             (De Rotonda con estatuas, 1990)


domingo, 1 de enero de 2017

EL YO DE ARCILLA. NUEVA CREACIÓN

Espera


NUEVA CREACIÓN

                   Volver al día

Si me hallaras vacío,
solitario, distante,
con el alma sin lastre
que asegure lo humano,
triste grano de arena
que se bebe la sed,
una  cometa frágil
en las manos del viento,
ámame dulcemente,
sobre todas las cosas,
como si fuese barro
de una estatua olvidada
que requiere tu soplo
para vivir de nuevo

       (Rotonda con estatuas, 1990)


jueves, 24 de noviembre de 2016

ENTRE EL SER Y EL ESTAR

Un sitio propio


HETERÓNOMOS


Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto, que firmaran con los ojos,
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cuál fue la última causa
que les diera la vida.

Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita, día y noche,
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer,
y por lo mismo
nada en el mar de una sabia ignorancia.
(“Acaso sea el invierno…
es razón suficiente para explicar el cosmos “)
Y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.

A veces llora y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio,
donde  inicia el galope un sentimiento
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre, cansado,
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil
unas livianas gotas de mi nube.

El que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte ese pan y esta sal
que, bajo el brazo, trae la vida;
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera,
al doblar una esquina,
y tras justificarme torpemente
(“hallé la puerta abierta
y me aburría…”)
me despido gozoso y luego marcho
-el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero-
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.

        (De Rotonda con estatuas, Madrid, 1990)    



domingo, 2 de octubre de 2016

INDICIOS

Indicios del yo



HETERÓNOMOS


Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto, que firmaran con los ojos,
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cuál fue la última causa
que les diera la vida.

Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita, día y noche,
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer,
y por lo mismo
nada en el mar de una sabia ignorancia.
(“Acaso sea el invierno…
es razón suficiente para explicar el cosmos “)
Y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.

A veces llora y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio,
donde  inicia el galope un sentimiento
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre, cansado,
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil
unas livianas gotas de mi nube.

El que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte ese pan y esta sal
que, bajo el brazo, trae la vida;
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera,
al doblar una esquina,
y tras justificarme torpemente
(“hallé la puerta abierta
y me aburría…”)
me despido gozoso y luego marcho
-el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero-
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.


                              (De Rotonda con estatuas,1990) 


miércoles, 29 de julio de 2015

IDENTIDAD BIPOLAR

Paseo del faro, Oropesa del Mar
Fotografía de Adela Sánchez Santana
 
 
HETERÓNOMOS

Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto que firmaran con los ojos
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cuál fue la última causa
que les diera la vida.

Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita, día y noche,
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer,
y por lo mismo
nada en el mar de una sabia ignorancia.
(Acaso sea el invierno es razón suficiente
para explicar el cosmos).
y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.
A veces llora y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio
donde inicia el galope un sentimiento
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre cansado
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil
unas livianas gotas de mi nube.

El yo que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte este pan y esta sal
que bajo el brazo trae la vida;
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera
al doblar una esquina,
y tras justificarme torpemente
("Hallé la puerta abierta
y me aburría...")
me despido gozoso y luego marcho
-el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero-
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.

     ( Rotonda con estatuas, Madrid, 1990)