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martes, 4 de agosto de 2026

JUAN RAMÓN MANSILLA. Nước (Cuaderno de Vietnam)

Nước (Cuaderno de Vietnam)
Juan Ramón Mansilla
Poema de contraportada: José Luis Morales
Fotografías de Juan Ramón Mansilla
Ediciones Búho Búcaro de Poesía
Colección Plaquette Poesía, nº 66

INVITACIÓN AL VIAJE

  
   Nacido en la localidad conquense de Tribaldos, en 1964, y docente de larga práctica en las aulas, como profesor de Historia, Juan Ramón Mansilla cobija una poblada senda de entregas poéticas, iniciada en el umbral de siglo con Los días rotos y El rostro de Jano. Ambas salidas abrían cauce a una voz figurativa, alejada del hermetismo experimental, que confiaba en los poemas como espacios comunicativos de claridad en el avance argumental. Un propósito estético que ha sido santo y seña de todo el legado poético del autor hasta el libro Manual para sacar un conejo de la chistera, editado por Mahalta en 2025 en el catálogo poético que dirige, con atinado rigor, el poeta Francisco Caro.
  La plaquette Nước (Cuaderno de Vietnam), cuya traducción literal sería Agua (Cuaderno de Vietnam) recupera en el subtítulo una explícita invitación al viaje, entendido con una doble polisemia: como desplazamiento y recorrido de un espacio geográfico concreto; y como metáfora existencial que convierte el latido diario en constante fluir: “Duermes.  La arcilla que somos se hace ala”. La emotiva dedicatoria de esta selección poética insiste en esa doble semántica: “Para Maite, compañera de ese viaje y de este más largo de la vida”.
   Las citas, extraídas de nombres propios de canon oriental, profundizan en el concepto de viaje, más allá de la mera observación de las características topográficas. No es una apropiación sensorial sino un proceso que transforma la percepción en paisaje interior, en profundidad y estado de ánimo. Juan Ramón Mansilla aporta además un buen puñado de fotografías. Las imágenes construyen secuencias al paso, componen un paisaje vitalista, enlazando detalles fugaces que, de este modo, adquieren quietud y permanencia. Ante el viajero se expande un territorio nuevo, ajeno al hábito y la costumbre, a la música callada de lo cotidiano: “Esta mañana han prolongado los mirlos / su canto. ¿Presienten que nos iremos / y, durante unos días, nos faltará su música?”. Así comienza un nuevo estar del protagonista lírico, inmerso en las contingencias del transitar; una geografía desconocida que añade a la retina nuevas sensaciones. Todo es apacible amanecida. Una epifanía luminosa que contrasta con la grisura previsible y la anemia del gastado presente, cuyo horizonte deja en ocasiones la sospecha de ser una línea perdida en el cansancio, con la desolación de un territorio inhóspito.
  En el poema “Pagoda del pilar único”, bajo la luz cognitiva del budismo, el lenguaje de la introspección tiene un efecto germinativo. La palabra busca la esencia invisible de los elementos del entorno; su razón de ser; esas respuestas que cobijen unas briznas de luz tras el cristal de la conciencia. Los versos conjugan sucesivas preguntas ante  la fugacidad del tiempo, aunque también sean efímeras tentativas de la madurez, ante la presentida ceniza existencial en los dedos del aire. También la escritura no es más que un cúmulo de papelería dispersa y volandera. De esa sensación de vulnerable levedad de la materia se moldean algunos haikus: “Hojas de otoño. / Tirados en el suelo / cuántos ocasos”; “Cauce del río. / Encima de la luna / croan las ranas”.
   El conjunto poético Nước (Cuaderno de Vietnam) integra poemas inspirados en la toponimia del paisaje; pero también composiciones que dibujan el curso del pensamiento. Bajo el amparo de la memoria se cobijan lugares de paso que respiran la brisa de un aire sosegado. En ellos, la luz se hace presente, abre una ventana al conocimiento. Quien ha sumado pasos en amorosa compañía, retorna con la sensación de ser otro en el sostenimiento de la identidad, de haber purificado su existencia y haber cauterizado la sed. 


viernes, 5 de diciembre de 2025

FÉLIX MARAÑA. VIVIR ENTRE COMILLAS

Vivir entre comillas
Félix Maraña
Prólogo de Javier Martín
Plaquette de Poesía, nº 60
Ediciones Búho Búcaro
Madrid, 2025 

 

ARTESANÍA VERBAL

 
   El volumen El bosque no es un árbol repetido, editado con escueta belleza por el sello editorial madrileño Huerga y Fierro, fue mi primer paso para recorrer el itinerario creador de Félix Maraña (León, 1953), poeta, periodista y editor que ha desempeñado un inagotable quehacer en los periódicos del grupo Vocento y en la gestión cultural del País Vasco. No niego, por tanto, que he llegado muy tarde a su lectura, por más que la cafetería digital de Facebook nos haya hecho tertulianos habituales. Ahí está su arranque lírico en 1981, cuando amanece Ataduras de la noche y aquí respira mi voluntad de recuperar el tiempo perdido – por más que mi mesa de trabajo muestre un rimero de lecturas pendientes e imposibles compromisos.
  El aspecto formal de Vivir entre comillas merece por sus cualidades un intervalo reflexivo. Con renovada ilusión y gusto subjetivo singular, la estela de plaquettes de Búho Búcaro, que empujan, alientan y diseñan Pilar S. Tarduchy y Óskar Rodrigáñez, elige como cubierta una caricatura del autor, dibujada en 2024 por Iván Tamayo. Debajo, un hermoso subtítulo nerudiano: Veinte poemas de amor y otras canciones sin fecha. No es el único regalo sensorial de los editores. Se reproducen también una viñeta en blanco y negro realizada por Joaquim Aubert Puigarnau “KIM”, de 2008, y otras con líneas de Concetta Probanza, Javier Etayo e Iván Tamayo, que quitan seriedad al meritorio currículo del escritor, tan justamente premiado y reconocido por su espíritu de tolerancia y la incansable labor integradora.
 El cantautor de Pamplona Javi Martín añade como prólogo un apunte afectivo con voz directa y textura sentimental. El introito deja sitio a una selección poética que refuerza la plenitud expresiva y la fuerza comunicativa del yo poético. Habla un sujeto hecho al compromiso crepuscular, la voz crítica y el recorrido por los desalientos de la actualidad diaria. Como escribe el autor: “un soplo en la conciencia del mundo; una leve incisión en el jeroglífico del tiempo”. De este modo, se van sumando poemas de gozosa diversidad sobre la condición existencial, o temas que salen al paso en la intrahistoria variada de la vida social: la pena de muerte en USA, la condición transitoria, los asuntos contables del calendario o el deambular cansado de la esperanza, ya con frío en la musculatura.
  El avance de la  plaquette permite la respiración remansada de otros retratos visuales, trazados por Jorge Oteiza, Jaime Capdevilla, Menta, Javier Mateo Hidalgo, Jesús Zulet, Adolfo Luzuriaga y José Antonio Fernández. Igualmente, se van acumulando dedicatorias personales que abren la ventana al paisaje de afectos de Félix Maraña.
  Queda subrayado que el poeta tiene una sorprendente capacidad tonal para variar registros y utilizar formatos clásicos que alternan con composiciones en verso libre. El poeta es un artesano de las formas. Una voluntad literaria que se apropia de la fuerza expresiva de la poesía para recolectar un puñado de intenciones y certezas. El devenir vital es un asunto serio que no elude erosiones y pérdidas y la conciencia fuerte de que todos estamos en tránsito. Así lo ratifica el soneto final expuesto en la contracubierta y dedicado a la memoria del cantautor extremeño Pablo Guerrero. Somos polvo; la primavera pasa. Guardamos dentro una condición transitoria, ceniza que aventará el viento del olvido. Así que corresponde vivir entre comillas, dar testimonio de una sensibilidad meditativa y humanista, incisiva e irónica que siembra en el poema fragmentos de vida, las notas pensativas de una canción de autor.

José Luis Morante




miércoles, 15 de noviembre de 2023

JAVIER DEL PRADO BIEZMA. GRUTAS Y GRUTESCOS

Grutas y grutescos
Javier del Prado Biedma
Poema de contraportada de Antonio Daganzo
Plaquette de poesía
Editorial Búho Búcaro
Madrid, 2023

 

MIRAR  DENTRO

 
   Con el personal diseño artístico de la poeta Pilar S. Tarduchy, llegan los nuevos cuadernos poéticos de Ediciones Búho Búcaro con nombres de alto interés literario como Teresa Gómez o Javier del Prado Biedma. Son muestras de excelente calidad que refrendan el papel imprescindible de la edición independiente y su continuo forcejeo con el mercado, a través de una voluntad férrea de seguir sembrando acotaciones dialogales con el lector, a pesar del habitual pesimismo que augura esos trayectos frágiles que acaban sin pasos.
  Hace ya una década que Javier del Prado Biedma (Toledo, 1940) me honra con su amistad. Escritor de largo recorrido, humanista y docente universitario, ensayista y teórico de la literatura con una incansable producción propia y autor de prólogos referenciales, ha dejado en la imprenta más de veinte entregas, multiplicando además varios centenares de artículos de investigación. Un sabio sin más que ha hecho del espacioso campo de la literatura una tarea fieramente humana y una rotunda afirmación de la inteligencia. ​
   Grutas y grutescos asume también el subtítulo de “Fantasías para niños y adolescentes sabios y perversos”. El introito aclara que el material poético procede de un rescate personal que integra las tempranas composiciones de Arqueologías del yo. Es, a juicio del autor, “un conjunto muy diferenciado de mis primeras canciones, sentimentales y pseudo-místicas, que era mi forma de crear poesía por aquel entonces”. Javier del Prado Biezma señala además dos cuestiones de notable calado: el asentamiento en la palabra del axioma vital y la importancia formativa de la música francesa de finales del siglo XIX y principios del siglo XIX de donde mana la idea de “suite” y su paralelismo en la poesía como material breve y fragmentario, dispuesto a componer grutas interiores y grutescos ornamentales.
  Los poemas mantienen títulos enunciativos que orientan cabos argumentales. En el comienzo del cuaderno “Suite de la gruta del amor desesperado” hallamos tres breves fragmentos que comparten temática amorosa. Su plenitud simbólica personifica en las palomas la libertad del vuelo, la fuerza de ser más allá de los ojos. El segundo fragmento, por su perfección formal, recuerda la cadencia musical de la suite: “Una sonrisa remota / erguía, flecha, su tallo, / sobre el lago de una boca… / Vibraba como una cuerda / de viola. “.
   “La gruta del olvido” enfoca la relación amorosa como un tesoro oculto y subterráneo, una barca ilusoria mecida por las olas sobre la superficie que, aislada e inasible, se va desvaneciendo en el tiempo. El apartado mantiene cierta continuidad de tono con “La gruta de la pureza”, cuyo formato dialogal da voz a elementos del entorno como el estanque o el ciervo, espectadores cómplices de la amada y de su persistente idealización: es aljibe de pureza, bebida fresca para los labios del poeta y flor que vela en las aguas del  reposo nocturno.​
  La idea central del amor percibe otros escenarios simbólicos como la luna, elemento central del universo imaginario de la noche que protagoniza canciones o baladas. También el viento como laberinto y sueño, o como tenaz causante de la música  Y a estos elementos de complicidad y compañía se suman la serpiente, la sombra, la música o los animales que pueblan las fantasías nocturnas.​
  Los poemas aurorales de Javier del Prado Biezma expanden una atmósfera onírica y celebratoria. Hacen del amor una búsqueda que aleja la soledad y abre ventanas a un imaginario a trasmano. Anulan referentes biográficos para añadir a las teselas dispersas del entorno una función poética. Abren márgenes y miradores para que las palabras se llenen de luz y depositen en el epitelio cálido de los sentimientos los fragmentos de un sueño.

JOSÉ LUIS MORANTE