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miércoles, 3 de abril de 2024

UN PAÍS EXTRANJERO

Amanecida 
(Bangkok, Tailandia, 2017)

 UN PAÍS EXTRANJERO


En sueños imagino
un país extranjero.
Aventuro curiosas vestimentas,
la piel oscura de sus moradores,
los gobiernos, las rancias dinastías,
los complejos oficios
que erosionan los brazos de sus gentes,
el borbotón sonoro de los zocos,
las ruinas semiocultas,
las viejas e imborrables tradiciones
-ascuas que encienden calles y avenidas-
y el singular acervo
que un tiempo codicioso colecciona
en los estantes de sus bibliotecas.
En sueños me reclama un paso fronterizo.
Diligentes guardianes a mi paso levantan
las últimas balizas de un yo contradictorio
que no tiene pasado ni futuro.
Enfermo de impaciencia,
en duermevela insomne,
con la mirada limpia de los niños,
me dispongo a sellar el pasaporte.

   (De la antología Apuntes de supervivencia, 1997)



lunes, 11 de marzo de 2024

POESÍA CONTRA EL OLVIDO: 11- M



ESCRITOS CON DOLOR
 
Madrid, once de marzo (Poemas para el recuerdo)
Edición de Eduardo Jordá y José Mateos
Pre-Textos, Valencia 2004.
 
11-M ( El Sornabique -7)
Edición de Luis Felipe Comendador
LF Ediciones, Béjar, 2004
 
11-M: Poemas contra el olvido
Edición y coordinación de José Paz Saz y Manuel Rico
Bartleby, Madrid, 2004.
 
    Aunque el ánimo no podrá acostumbrarse nunca a la gratuidad de la acción terrorista y el pensamiento racional anula cualquier indicio que intente justificar la autoría intelectual del atentado, llegará un tiempo en el que el once de marzo en Madrid será un suceso pretérito, difuso, en el que cueste ubicar las circunstancias, los nombres de las víctimas, o las dimensiones de la tragedia. La memoria tiene esos mecanismos de defensa para disfrazar las aristas más rechazables de la condición humana y la vorágine del devenir en la gran ciudad restablece, con enfermiza urgencia, el hilo de continuidad tras las conmociones. Sin embargo, para que el olvido no se instale en el territorio de lo cotidiano y haga de la historia una página de signos desvaídos, se han publicado tres volúmenes que contienen unos centenares de poemas. Todos están escritos con dolor.
    Son muchos los nombres que se repiten y casi todas las generaciones en activo están  presentes en este gesto de solidaridad y esperanza;  todos somos pasajeros en los trenes de cercanías que sufrieron la barbarie del fanatismo.
   Madrid, once de marzo, subtitulado poemas para el recuerdo ha sido coordinado por Eduardo Jordá y José Mateos. El conjunto, presentado por la editorial Pre-Textos, parte de una idea de la librería madrileña Rafael Alberti que al día siguiente del atentado colgó en sus escaparates los lamentos y despedidas de poetas y madrileños anónimos. Tal iniciativa desbordó las previsiones de los organizadores y cuajó en una obra que contiene poemas escritos en todas las lenguas del estado y en la que comparten página clásicos como José Antonio Muñoz Rojas, nombres ilustres de la generación del cincuenta como José Manuel Caballero Bonald y poetas que todavía no han traspasado el umbral de los veinte años como Elena Medel; entre los tres, más de cien voces que han dejado las huellas del dolor en textos en los que predomina el desgarro y en los que las preguntas esenciales, una vez más, se quedan sin respuesta.
   11-M es la escueta leyenda de portada con la que la revista Los cuadernos del Sornabique nos deja un monográfico para coleccionistas, por su hermoso diseño, que cuenta con el blanco y negro de dos jóvenes fotógrafos, Javier Cabañero Valencia y Fernando Sánchez Fernández. Los objetivos miran, sin truculencias ni amarillismos, con panorámicas donde la normalidad impone su ritmo diario; los paisajes de la desolación se van llenando de seres anónimos que abandonan su silencio en los asientos y pasillos de los nuevos trenes. Y después, versos que reivindican, desde la palabra, la dignidad del hombre y su derecho a vivir en paz, una aspiración que ya no tiene el amplio listado de víctimas que cierra el número.  El director de la publicación, Luis Felipe Comendador, -cuyo poema ha sido musicado por el cantautor onubense Javier Díaz- como han hecho los editores de las otras publicaciones reseñadas, destinará los beneficios del número a asociaciones de afectados y a los familiares de víctimas del terrorismo.
   La editorial Bartleby  es la responsable del ultimo libro comentado,  11-M: poemas contra el olvido que ha sido coordinado por Pepo Paz y Manuel Rico. Como los anteriores, nació de la urgencia y del lamento anónimo de un tiempo detenido. Asume una respuesta inmediata que nos sitúa al lado de las víctimas y remarca la frontera contra la virulencia de lo macabro. En la reacción no se oye una sola modulación; cada poema es un estado de ánimo: desolación, condena, horror, sufrimiento, necesidad de sobrevivir... Plural relieve de un paisaje emocional. El cierre no es un vengativo ajuste de cuentas o la persecución de otra forma de pensar sobre la que llueven tantos lugares comunes y recelos ante la discrepancia; es expresión de angustia y canto a la vida desde la tolerancia cultural, desde la integración y el mestizaje, con un texto del marroquí Abdellatif Laâbi.
   Los libros comparten propósitos de cohesión para cerrar la puerta al discurso apocalíptico y al mar de asfalto de un pesimismo cuyos rasgos concretos son los efectos del atentado. El derribo requiere una reconstrucción de las ideas y de la sensibilidad. La conciencia poética está enmarcada en el tiempo que le ha tocado vivir; el acto de escritura es una oportunidad para conocer un horizonte reflexivo común, que sale del ensimismamiento y muestra su adhesión al pálpito del entorno.
   Sentimientos en forma de palabras solidarias para buscar un hueco en la memoria, para reiterar, en la desolación y en la impotencia, en la angustia, aquellos versos de Blas de Otero: aunque haya desaparecido la risa y la ternura se desangre por una cicatriz abierta al miedo, nos queda la palabra.
 
                                                                               
JOSÉ LUIS MORANTE


 
 
 
 
 
 
 
 
  

lunes, 11 de marzo de 2019

MADRID 11-M-2004

Pacto con la memoria
Fotografía de
Miskapturas Blog- WordPress.com


MADRID, ONCE DE MARZO, AÑO 2004

   Hace algún tiempo escribí el poema “Francotirador”. En su parte final incluía el siguiente verso: Las tragedias sin rostro no conmueven. Era voz contra la placidez de la sobremesa, en torno al vacío del televisor, capaz de digerir cualquier suceso sin inmutarse, mientras demora un café, como si el cristal de la pantalla garantizara la confortable seguridad de un mundo perfecto, guilleniano. Ironizaba sobre la disonancia de un simulacro de realidad en el que los comensales presencian con desgana una película de argumento verosímil, cuya acción discurre en un punto lejano. Pero el 11 de marzo de 2004 la desgracia esparció sus fragmentos entre manos vecinas, a escasos metros de nuestras puertas, desmantelando el orden rutinario. Las víctimas de la barbarie islámica tenían perfiles concretos, nombres, apellidos y parentescos cercanos, y se afanaban en lugares de trabajo ubicados en calles transitadas con frecuencia que podríamos describir al detalle. El timbre telefónico sonó varias veces a lo largo de la jornada, mientras los medios de comunicación precisaban las dimensiones de la infamia. Al otro lado del auricular voces amigas preguntaban con inquietud contenida cómo estábamos, recordaban instantes compartidos, dejaban unas palabras de ánimo. Aquel gesto causaba gratitud y al mismo tiempo perplejidad porque otros intuían que podríamos haber sido figurantes activos en ese escenario de la sangre. Acaso nos salvó una circunstancia menor: una huelga estudiantil, un cambio de trayecto para evitar el atasco, unas décimas de fiebre de un hijo pequeño, una opción cómoda de preferencia por el coche o un despertador que no sonó a tiempo. Signos cotidianos, caligrafía de la banalidad. Y todos nos sentimos sobrecogidos tratando de racionalizar lo irracional. Porque el dolor y la muerte, la barbarie y el asesinato, no responden a ninguna lógica, no transitan por itinerarios intelectivos. Carecen de justificación por más que se empeñen en aferrarse a postulados políticos o religiosos. Obedecen sin más a un animalismo primario y a la negación.
  Así estamos todavía, buscando sitio en la amanecida para continuar a pie y recuperar el voluntarismo de la normalidad. En esa búsqueda nos acompañan unos instantes de reflexión que exploran la condición humana y sus desgarros. Seguimos el trayecto que el dolor nos impone en una memoria colectiva de piel tumefacta, sometida a una cura de urgencia llena de apósitos y vendas. Al día siguiente llovió sobre Madrid, sinécdoque de todas las ciudades, como si la meteorología se empeñara en diluir las manchas bermejas del asfalto y en sumergir escombros en los sucios regueros de las alcantarillas y hubo masivas concentraciones bajo el luto de los paraguas, haciendo pública la repulsa y el rechazo frontal al terrorismo. Quedó un silencio espeso al final de la marcha que denotaba cansancio y el recogimiento de una sensibilidad maltrecha; un barro de tristeza salpicó paredes y escaparates. La penumbra invadió las barras sin clientes de los bares. La lluvia en los rostros se hizo y yo no sé si la lágrima fue lluvia, como en aquella composición de César Vallejo que hablaba de París y de la muerte. Pocas horas después, palabra sobre palabra, empezaron a escribirse estos poemas. Es el homenaje plural y la reivindicación en sílabas contadas de Los Cuadernos del Sornabique para que el olvido no sea la última estación de ese tren de cercanías en el que todos somos pasajeros.

Prólogo de la antología 11-M, El Sornabique -7, LF ediciones, Béjar 2004


lunes, 22 de diciembre de 2014

ANTONIO DEL CAMINO. PARA SABER DE MÍ.

Para saber de mí
Antonio del Camino
Libros del Consuelo, LF Ediciones
Béjar, 2014


RINCONES DEL YO

  La objetividad del cronista requiere asentamiento distanciado, la búsqueda de un mirador a resguardo para indagar desde lejos, sin tomar parte activa en lo que se cuenta. Desde ese enfoque, el título de este poemario, Para saber de mí, sugiere un verbo confesional, un muestrario de confidencias ante interlocutores receptivos. Así vislumbramos el nuevo libro de Antonio del Camino (Talavera de la Reina, 1955), autor de una obra lírica que aglutina más  media docena de entregas presentes en varias antologías.
  Antes de abordar el discurso poético de Antonio del Camino conviene recordar algunas pautas de su estética que perduran en su forma de entender la escritura. La voz poemática postula un discurso sentimental y emotivo que se acerca con ojos limpios para guardar memoria de los días. Es una lírica de línea clara y textura diáfana, que aborda el intimismo del yo frente a sí mismo para explorar los trazos de la propia identidad. En esta tarea, las palabras encuentran su razón de ser porque la existencia alcanza a través de ellas plenitud y significado. Los versos se convierten en huellas del discurrir, insuflan voz y latidos;  engloban en su semántica un significado plural: hallamos la voz del caminante y el eco del discurrir, la senda  y el espejo: “Hoy, sin embargo, mi caligrafía / insiste en adentrarse en los rincones / silentes del la sed. Así decido / traspasar el umbral de las palabras / y caminar, / para saber de mí”.
   Lo transitorio encuentra en el poema un lugar perdurable, un rincón diáfano en el que se remansa lo vivido. El verbo fortalece la identidad del yo, permite el sondeo en los estratos más profundos de la conciencia y emana hacia la luz como un manantial claro que comparte la sed, mientras aguanta los vaivenes del tiempo.
   Una y otra vez, se multiplican razones para el canto. La escritura deviene búsqueda y esperanza, un trazo marcado en la deriva que permite sumar pasos a una voluntad que preserva el pasado y sondea en el ahora itinerarios no hollados. En ese estar del sujeto en su continuo diálogo con el tiempo, la evocación es una seña de identidad. El rumor del tiempo nunca duerme, vela insomne para mostrarnos los retazos vividos, el ser de la nostalgia.
  Con claridad serena, el verbo de Antonio del Camino pronuncia afectos. Con voces cotidianas y esenciales dibuja las orillas del mañana, ese río del tiempo que nos lleva: “ Así es la vida: en resumidas cuentas, / el bagaje que cabe en la distancia  / que mide el tiempo mientras nos convive / desde que una brumosa madrugada / nos echamos a andar hasta que un día / sin rostro y sin edad el tiempo calla. “