lunes, 16 de diciembre de 2019

ÁNGELES MORA (ENTREVISTA)

Ángeles Mora (Córdoba, 1952)
Premio Nacional de Poesía 2016

 ÁNGELES MORA, PREMIO NACIONAL DE POESÍA

Entrevista de JOSÉ LUIS MORANTE


Aunque nació en Rute (Córdoba), el trayecto literario de Ángeles Mora se vincula con la ciudad de Granada. Allí llegó a comienzos de los años ochenta, cuando la ciudad vivía una auténtica eclosión creadora con los poetas de la otra sentimentalidad, y allí obtuvo su licenciatura en Filología Hispánica. La poeta consiguió en 2016 el Premio Nacional de Poesía por su poemario Ficciones para una autobiografía (Bartleby, 2015)

 -El premio invita a recorrer de nuevo el dilatado pasillo del recuerdo. ¿Cuándo comienza su escritura?

Comencé a escribir cuando era una adolescente, después de mis primeras lecturas. Escribía ingenuos poemas que poco a poco fui reuniendo en dos primeros cuadernos de aprendizaje, De ellos surgió un primerísimo libro ya muy olvidado y otro de canciones, que no llegaron a publicarse. Más tarde trabajé un poco más y recuperé parte de esos poemas en un libro titulado Caligrafía de ayer, que se publicó en mi pueblo natal, Rute (Córdoba), en el año 2000. Pero, en serio, comencé a escribir a finales de los años 70, después de que pasaran mis años que llamo de “vida oculta”, tras mi primer matrimonio y mis tres hijos que nacieron rápidamente. Durante un tiempo me dediqué únicamente a ellos. Cuando llegué a Granada, en el año 79, tenía muy avanzado ya mi primer libro: Pensando que el camino iba derecho, un libro donde empecé a romper con mi inconsciente poético esencialista juvenil, porque ya había comenzado a leer a poetas como Eliot, Gil de Biedma, Ángel González, Brecht, Emily Dickinson, aunque aún no había comprendido bien el lugar donde, poéticamente hablando, me hallaba. Por eso en ese libro a veces los poemas se me escapaban, se me iban por las ramas… Con lo que también empecé a romper en ese libro fue, desde luego, con mi inconsciente vital, porque ya me había dado cuenta de que la vida no era como me la habían pintado. No lo era para nadie, pero mucho menos para una mujer. Por eso el primer título que le puse a ese libro era “Donde da la vuelta el corazón”. Y por eso en ese libro hay poemas como “Claudicar y muriendo” donde ya hablo de algo que se cae irremediablemente.

-A comienzos de los años 80, la poesía española vivía una amplia brecha con la generación novísima. Granada se convirtió en epicentro de la Otra sentimentalidad, alternativa estética que después dio origen a la poesía de la experiencia. ¿Qué pervive de aquella etapa?

Cuando llegué a Granada y conocí a Álvaro Salvador, Luis García Montero y Javier Egea y me hablaron de Juan Carlos Rodríguez, de “La otra sentimentalidad”, etc. me sentí cerca de ellos, porque también yo traía una herencia común a la que ellos habían recibido. Me refiero, como he dicho antes, a la lectura de poetas que pensaban que la poesía no podía reducirse a ser una mera expresión de la sensibilidad sino que había que tratar de “decir cosas” en poesía. Eliot, Gil de Biedma, Brecht, Emily Dickinson son ejemplos de la necesidad de decir “ideas poéticas”, de plantear en el poema el “yo ficticio” y utilizar el lenguaje cotidiano, porque no tenemos otro. Así que yo me sentía cercana a ellos. Luego vinieron las clases en la Universidad, las conversaciones poéticas, el estudio…
Sí, Granada removió el ambiente poético del país. Aquella fue una etapa importante, crucial, para el nuevo rumbo que había de tomar la poesía. La otra sentimentalidad supuso un vuelco radical entonces a la manera de entender la poesía y la literatura en general. Como muy bien sabemos nació de las enseñanzas y la manera de analizar el hecho literario del profesor Juan Carlos Rodríguez, que en la Universidad de Granada nos enseñó a leer los textos de otra manera, a indagar en el inconsciente ideológico que los sostenía, los producía. También a no dar el yo por presupuesto, a pensar que somos producto de una determinada concepción histórica de las relaciones sociales, de una ideología que nos entra desde que nacemos por la misma piel. En nuestra poesía intentábamos romper con ese inconsciente ideológico que nos domina, que aprendemos desde que tomamos la leche materna. Las mujeres lo intentábamos desde nuestra particular condición, desde las circunstancias especiales que vivimos. Nunca saldremos de la trampa ideológica en que vivimos si no rompemos las dicotomías que plantea la burguesía capitalista: privado/ público, razón/ sensibilidad. Las mujeres lo teníamos peor porque siempre fuimos destinadas a lo privado y a la sensibilidad, frente a lo público y la razón, que eran del hombre. Si nos quedamos en el yo que nos construye el inconsciente ideológico de la familia, las relaciones sociales, etc., nunca romperemos esta historia de explotación en la que vivimos (más las mujeres, pero también los hombres)

 -¿Se reconoce en aquella fotografía de grupo de la poesía de la experiencia?

Esas fotografías de grupo en el fondo no existen. Son etiquetas que te cuelgan, una manera de despersonalizarte. Yo sé lo que aprendí en mis estudios y en la práctica poética de aquellos años. Sé lo que me proponía conseguir para llegar a tener mi propia voz, para buscarme poética e ideológicamente. Después de mi paso por la universidad de Granada, por supuesto hubo una ruptura en mi posición poética, en el sentido de que yo no quería situar la palabra poética en un lugar incontaminado ni sublime. La quería hacer terrenal, llevar al espacio de la razón, también de la emoción, por supuesto. La poesía necesita intensidad, emoción. Quería que la poesía me dijera cosas sobre la vida y no que se convirtiera en un esteticismo vacío. Frente al esteticismo prefería una especie de épica cotidiana.


-Tanto en lo personal como en lo literario, su vinculación con el profesor Juan Carlos Rodríguez fue máxima. ¿Qué aportó el ensayista al discurso poético de la lírica granadina?

Creo que esta pregunta ya te la he ido contestando en las anteriores. En La canción del olvido, que fue el primer libro que publiqué, después de conocer a Juan Carlos Rodríguez, primero como profesor y después en un aspecto más personal, quise olvidar muchas cosas, empezando por mi educación sentimental. Las mujeres de mi época crecimos con un inconsciente que nos situaba como objetos de los demás, más que como sujetos de nuestra historia. Las mujeres pertenecíamos al ámbito de lo privado (como la poesía, por otra parte) y los hombres al ámbito de lo público. Esa dicotomía privado/ público fue una de las cuestiones ideológicas que “La otra sentimentalidad” pretendía derribar en su práctica. Ni el amor, ni la mujer ni la poesía pertenecen exclusivamente al ámbito de lo privado. Tal vez convenga, pensábamos, sacar nuestro amor a la plaza pública y tal vez se convierta así en el espacio de las preguntas, de la reflexión y el encuentro.

-En muchos de sus versos, ¿es la autobiografía el punto de partida?

Lo que yo creo es que un poema siempre surge de una imagen, de una idea, siempre tiene que ver con nuestra vida, con la manera personal de ver la vida y reflexionar sobre ella. Mi poesía siempre ha ido hacia donde ha querido mi conciencia. La conciencia que tengo del mundo y de mí. Nunca he escrito poesía como consuelo sino como búsqueda, como quien tiene necesidad de saber o de “saberse”, porque la poesía es una forma de buscar el sentido de la vida. No importa tanto de dónde arranca un poema sino hacia dónde te lleva. Siempre digo que el poeta se interna en el poema como quien se abre camino en un bosque con la luz y el cuchillo de la palabra. Cada paso es un verso. Importa el final, pero también el camino.

-¿Es correcta esa apreciación crítica que entiende Ficciones para una autobiografía como un desahogo biográfico, como una fusión entre sujeto verbal y yo real?

Eso es una tontería. Yo no lo he leído en ninguna de las críticas que se han publicado sobre este libro, y quien lo piense no tiene verdadera idea de lo que es expresar directamente tus sentimientos y lo que es la elaboración literaria, la construcción de un poema a partir de imágenes vitales, reales o supuestas. Este libro tomó la forma de una autobiografía fictiva (aunque no en un sentido lineal), hurgando en los rincones de la memoria, del presente o del pasado para reflexionar, una vez más, sobre nuestra vida y adónde nos lleva el ambiente en que vivimos, la educación que recibimos, el “yo” que nos construye el inconsciente ideológico de que hablaba al principio. Este libro comienza con un poema que se refiere a mi nacimiento (mal puede nadie recordar su nacimiento), pero ahí comienza la autobiografía fictiva que propongo, partiendo de imágenes de mi vida (en realidad podrían ser de cualquier vida) para que me lleven a una reflexión sobre el mundo en que viví de niña y en el que vivo de mujer. Cada poema de este libro supone una elaboración poética que trata de reflexionar sobre nuestra vida y nuestras contradicciones. Como bien dice la cita del principio, de Philippe Lejeune, “Toda autobiografía implica un pacto con el lector”. Esta autobiografía también supone ese pacto con el lector, pero el añadido de “Ficciones” da otro giro al asunto: bajo la apariencia autobiográfica lo que busca es la verdad que crea cada poema. Finalmente como dice la cita de Blas de Otero con que se cierra el libro: “Esta es la historia de mi vida, / dije, y tampoco era”.
Este es un libro elaborado durante varios años. Venir a decir ahora que es un desahogo biográfico me parece demasiado simple o mal intencionado.

-Otro elemento central de su poesía es la identidad femenina, el continuo debate sobre su rol social. ¿Hay margen en el poema para la cuestión de género?

También he hablado algo de esto en las anteriores preguntas. Naturalmente que sí, y en este libro yo trato esa cuestión en varios poemas. Unas poetas han abordado este tema de una manera y otras lo han hecho de otra. Históricamente, podríamos decir que la mujer tuvo que hacer un doble distanciamiento para entrar en ese universo poético que parecía reservado solo para el hombre (las llamadas románticas del XIX fueron pioneras. Y no digamos Rosalía de Castro, que pasó ampliamente de ese “terreno acotado” que se concedía a las poetisas): la mujer tuvo que distanciarse primero de su propio inconsciente que le decía que ella pertenecía al mismo ámbito –el del sentimiento, la sensibilidad, lo sublime- que la poesía. Es decir, distanciarse primero de su educación sentimental para entrar en el ámbito de la razón, el mismo que el hombre siempre se reservó para sí, desde que se consideró sujeto. Pero las mujeres, a veces, utilizamos ese lugar femenino para deconstruirlo con distanciamiento y con ironía. Por ejemplo, es lo que yo hice –o intenté hacer, al menos- en mi poema “Gastos fijos”, del libro La dama errante

-¿Todavía hay factores que condicionan la historia de la participación femenina en el campo literario?

Sí, todavía, al menos en el asunto de la visibilidad y la consideración social, a las mujeres que escribimos nos cuesta más cualquier logro. Aunque yo, realmente, este año no me puedo quejar, porque recibir el Premio Nacional de Poesía es un honor que me ha hecho muy feliz y me ha recompensado del poco eco que otras veces han obtenido mis libros. Este logro, desde luego, lo dedico a la lucha de las mujeres por la igualdad, también en este terreno, ese campo literario de que me hablas.

-El entorno digital es signo de identidad de nuestro tiempo. ¿Cómo afecta a su escritura?

Creo que no afecta a mi escritura. Tal vez puede ayudar a la visibilidad. Eso sí. Pero tampoco tanto.

-Respiramos una etapa histórica compleja, que ha introducido en el discurrir existencial los titulares de la actualidad, esa respiración entrecortada de un tiempo social en conflicto. ¿Se puede o se debe reivindicar la poesía desde lo público?

Yo diría que se puede y se debe. Dentro del deber de un intelectual está cuestionar lo que existe, si no está de acuerdo con el sistema de dominación en el que vivimos. Hubo un tiempo en que se habló de “poesía comprometida” y otra que consideraba ese compromiso como rebajarse, porque creía que la poesía pertenecía a un terreno superior, incontaminado por lo público. Pero nada existe hoy “incontaminado” por lo público. En el fondo, comprometidos estamos todos. Por acción u omisión. Creo que la poesía puede y debe implicarse en esa lucha ideológica. Creo que debe intentar, al menos, “crear saber”, por así decirlo, para ayudar a cambiar el mundo.

                                                      JOSÉ LUIS MORANTE

La entrevista se publicó en 2016 en las páginas de la revista Clarín, con motivo de la concesión del Premio nacional de Poesía. Hoy se recupera cuando la escritora dona su legado literario al Instituto Cervantes, como acto de homenaje y reconocimiento. 




domingo, 15 de diciembre de 2019

RESIDUOS DE LA MEMORIA

Navadijos
(Otoño, 2019)
Fotografía
de
Rubén Sánchez Santana



AFORISMOS  DE  JOSÉ LUIS MORANTE

Traducción al italiano de GIULIANA CALABRESE



Minucia interna; no encuentro en mi interior nadie en quien confiar.
Minuzia interna: dentro di me non trovo nessuno di cui fidarmi.



Si miras con atención el lugar que ocupas, donde estás no hay nadie.
Se osservi con attenzione il posto che occupi, dove sei tu non c’è nessuno.


En el apagado discurrir del tiempo, adanes primigenios que aguardan todavía una manzana.
Nel placido scorrere del tempo, adami primigeni che  attendono ancora una mela.


En la madeja de la gratitud se apelmazan los hilos sueltos.
Nella matassa della gratitudine si addensano i fili sciolti.



En la poesía bucólica, espontánea colaboración de una coral ecológica: piedras, juncos, pájaros y nubes…
Nella poesia bucolica, spontanea collaborazione di una corale ecologica: sassi, giunchi, uccelli e nuvole...


Carne tranquila. Senectud.
Carne tranquilla. Vecchiaia.



En las conversaciones con desconocidos los intermediarios más eficaces son la elusión y el silencio. 
Nelle conversazioni con gli sconosciuti gli intermediari più efficaci sono l’elusività e il silenzio.



La poesía es un yo caligráfico, angustiado por su propia identidad.
La poesia è un io calligrafico angosciato dalla sua stessa identità.



La autonomía imaginativa del sueño requiere folios blancos por su inclinación a lo imposible.
L’autonomia immaginativa del sogno necessita di fogli bianchi per la sua inclinazione all’impossibile.



El subconsciente poético confía en el potencial de los precursores.
L’inconscio poetico confida nel potenziale di chi ci precede.



Punto de fuga. Nostalgia de un lugar que no existe.
Punto di fuga. Nostalgia di un luogo che non esiste.



viernes, 13 de diciembre de 2019

PEJK MALINOVSKI. DIGTERNE / POETAS

Digtere / poetas
Pejk Malinovski
Traducción de
Daniel Sancosmed
Edición  bilingüe de Chamán Ediciones
Colección Chamán ante el fuego
Albacete, 2019


POSICIONES DEL POETA


   En las páginas de la República el severo filósofo Platón fuerza el exilio de los poetas y los destierra de la ciudad ideal. Argumenta su expulsión por la impostura que se cobija en su quehacer y por los nocivos efectos de sus enseñanzas. De esta “condenación de la poesía” como la denominó María Zambrano deriva el cansado andar del poeta, su deambular errático por la periferia del pensamiento, lejos del núcleo básico de la filosofía.
   Pejk Malinovski (1976), poeta, traductor, documentalista, productor de radio y continuador de una saga familiar literaria irrepetible, niega el temperamento excluyente platónico para convertir su tercer poemario en zona de acogida. Abre puerta a las múltiples perspectivas que un yo lírico pueda protagonizar. Y lo hace mediante un largo poema fragmentario en el que cada gesto tiene su verso para perdurar, desde el que ama al que llega tarde a una conferencia y mira receloso la ausencia de público; desde el que escribe su número de teléfono sobre la servilleta manchada de café en una terraza hasta la poeta sadomasoquista que se ajusta el traje de cuero para convocar a su amante en un arrasador encuentro amoroso. Poetas, al cabo, capaces de aglutinar condición cívica y temperamento creador en un tiempo que ha despojado a la función del poeta de cualquier jerarquía intocable para dejar al protagonista del verso en las aceras de lo diario, sometido a ese azar erosivo de la temporalidad, lejos de cualquier mitificación épica.
  El escritor danés recurre a una figura de repetición, la anáfora, para subrayar el protagonismo coral de su poema. Todos los versos o cada párrafo versal tienen el mismo comienzo Digtere / Poeta; así que acierta plenamente el traductor Daniel Sancosmed en dejar que el sustantivo común resuma las circunvalaciones argumentales. Porque en el poemario no hay un camino trazado sino conexiones afines que van ampliando el diluido trazo de los poetas, como si se concentraran en un gran vestíbulo para sumar secuencias vitales, actitudes, pensamientos, quehaceres.
  Hace tiempo que el poema ha diluido cualquier molde reductivo para caminar por esa ambigüedad genérica de los géneros entrelazados; así que Poetas no se ajusta a ningún esquema versal, o mejor, emplea un esquema versal arbitrario que ajusta su enunciado a la respiración de la idea. De ese modo logra crear un fuerte afán exploratorio que a veces se transforma en mínimos microrrelatos, en pensamientos metapoéticos o en nítidas retornos de esos instantes vitales que parecieron hechos de grisura y que después se evocan con una sensación de cálida nostalgia.
   En ese deambular fragmentario, Pejk Malinovski resalta el encuentro del poeta con lo cotidiano, como si la realidad se empeñara en presentarse a sí misma como laberinto indagatorio de las palabras y buscase mostrar cada uno de sus ángulos muertos a la percepción lírica para  que se mantenga lejos del cómodo autoengaño de lo ideal. También se desliza en el recorrido del poemario un abrumador listado de referencias culturales, de poetas, lecturas, viajes o libros. En ese amplio listado culturalista se cobija una clave de lectura que no pasa desapercibida, aunque mude el género a la identidad: “A la poeta le encanta la libertad de los fragmentos seriales, catálogo de ideas, enfoques conceptuales”, métodos expresivos que pusieron en práctica escritores como Francis Ponge, Gertrude Stein, Joe Brainard o David Markson.
  El ideario estético de Digterne / Poetas recuerda una acumulación de ideas que abre los ojos para constatar que todo es poesía; que más allá de lo farragoso y pragmático que dicta el canon tradicional hay una lengua común, una semilla embrionaria que integra una densa radiografía de emociones, que hace del texto una coral improvisada, una pieza de jazz, un encuentro  plural en el que la inocencia del verso permanece.





           

jueves, 12 de diciembre de 2019

AL PASO

Alguien al paso


AL PASO

Mira el vacío en su plenario rostro

JOSÉ ANGEL VALENTE


Si escribir significa buscar sendas a los pasos que escapan, ¿de quién huyo?

Nunca pensé que aquella identidad fuera tan poco; el tiempo que duró cabe en un monosílabo.

Construimos ramas quebradizas, astilladas antes de que sean árbol.

Cuido la fisiología de la madurez, su continua agitación mental, la dermis entumecida de un tiempo sin alegaciones.

Hoy me desperté con un verso cruzando el paso cebra de mis dedos. Era la avanzadilla de un poema. Con letras de lluvia escribía otro sueño.

(Aforismos en gris)





miércoles, 11 de diciembre de 2019

EFECTOS SECUNDARIOS

Desnudo
(Paseo del Rastro, Ávila)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


EFECTOS SECUNDARIOS

   Tenía la realidad tan unida a sus ramas que hubo que extirpársela mediante una compleja operación de otoño. Se quedó desnudo. En su copa duran todavía los efectos secundarios; dormita un cielo límpido que guarda provisor en su retina el vuelo de los pájaros.

(De Cuentos diminutos) 




martes, 10 de diciembre de 2019

HIRAM BARRIOS (ed.) AFORISTAS MEXICANOS ACTUALES

Aforistas mexicanos actuales
Antología consultada
Hiram Barrios (Ed.)
Libros al Albur
Apeadero de Aforistas
Sevilla, 2019


AUTORES DEL DECIR BREVE


   El atomizado caminar del aforismo en la tradición literaria hispana ha encontrado un ancho cauce creador en el despliegue del siglo XXI. Es un hecho, no un lugar común, que su cultivo ha prodigado títulos, cultivadores y muestras colectivas en el espacio peninsular. Pero la geografía del decir breve también aporta semilleros activos en otros ámbitos de Latinoamérica, como México. Así lo constató el profesor, ensayista y antólogo Hiram Barrios (1983) al preparar Lapidario. Antología del aforismo mexicano (1864-2014). El volumen compilaba un amplio florilegio de casi siglo y medio de cultivo. Era un magnífico mirador al pensamiento lapidario que ahora tiene continuidad en la antología consultada Aforistas mexicanos actuales.
   El texto introductorio focaliza, desde el título, el momento áureo del género. Vivimos una etapa “signada por la urgencia, la concisión y la diversidad” en la que el discurso fragmentado impulsa estrategias expresivas como la microficción, el haiku y la parquedad expresiva del aforismo, género que fomenta la mirada híbrida entre filosofía, crítica sociológica y apunte lírico. Este proceso expansivo se debe, según Hiram Barrios, a tres causas potenciadoras: la apertura editorial que acoge y fomenta el cultivo y la difusión de textos breves, tanto en los formatos tradicionales como en el activismo digital; en segundo lugar la consolidación del aforista, no como cultivador circunstancial del laconismo sino como creador que hace del fragmento una estrategia preferente; y, por último, el contexto de investigadores que aborda, desde los medios de comunicación o los estamentos universitarios, la cosecha aforística en condiciones de igualdad con otras estrategias expresivas, sin minimizar su validez literaria.
  La edición de Libros al Albur sitúa en el cierre los periplos bibliográficos de los escritores incluidos. Por ello, cada seleccionado se ordena por fecha de nacimiento y se justifica a sí mismo con los veinticinco textos aportados. La antología se abre con las decantadas espigas de Leonardo da Jandra (1951). y concluye con la amanecida de Víctor  Bahena (1993).
  Si en otros géneros como la poesía, se dan afinidades generacionales en los idearios estéticos, en el cultivo aforístico siempre predomina la sensación adánica, ese viaje en solitario que busca su voz en el entrelazado personal de experiencia biográfica y cultura. En las muestras queda patente la diversidad de enfoques. Entre las mínimas de Leonardo da Jandra la escritura asume la mirada social y el estrecho contacto entre escritor y personaje cívico; no falta tampoco la preocupación metaliteraria y el aporte ético que habla de un tiemplo complejo, con coordenadas cambiantes a la hora de proyectar el futuro. Raúl Acebes aliña su laconismo con una fuerte textura sentimental, pero vela lo autobiográfico con recursos como el humor o la ironía: “Sembró un huerto de árboles genealógicos”.
   En el margen del aforismo al uso, Gabriel Trujillo Muñoz tiende al fragmento; su formulación busca el tono argumental o el enmarque contextual de su particular cuaderno ético. En sus breves se instala una notoria densidad reflexiva. Anna Kullick Lackner recobra el molde tradicional, ese decir despojado que enuncia con mínima expresión: “Es tan corta la vida y son tan grandes las bibliotecas…”; “El placer es el instante en que huye el escepticismo”.Armando González Torres muestra una gavilla de textos intimistas y melancólicos, que confrontan los espacios angostos del yo y su propósito comunicativo con la realidad circundante. También Jorge Fernández Granados busca, con sencillez, la indagación en el arte de vivir e integra sensaciones interiores, marcadas por una nítida soledad afectiva. La inquietud lacónica de Benjamín Barajas, poeta y ensayista, es bien conocida en España como referente central del aforismo mexicano contemporáneo. Sus frutos plantean un decir breve de búsqueda y tanteo, no persigue el tono didáctico de la respuesta sino la zona umbría de las preguntas, expande la voluntad de un escepticismo pesimista que desconfía del moralismo caritativo de los dogmas y del suelo firme del ahora; su paremia no acalla la voz porque sobre ella gravita el discurso de ser.
  En Merlina Acevedo se constata un continuo recurrir a lo paradójico: “Puedo explicarlo todo. No entiendo nada”; “El arte es la forma de nuestros huecos” Sus frases plantean un traslado de intereses que buscan una dicción despojada y natural. Mientras, el corpus textual de Amaranta Caballero Prado se singulariza por dar un título a cada breve; se crea así la sensación de ubicar sus aforismos en un espacio próximo a la microficción, como si esa clave marcase la pauta del desenlace. Por otra parte, hay en esta escritora cierta tendencia a resaltar aspectos lúdicos del lenguaje. También Federico Fabregat emplea el título, aunque su escritura es más despojada y directa y condiciona menos el clima emocional. Los asuntos argumentales insisten en las cualidades del existir y en esa frecuente confrontación entre la ética y lo social, una veta que acerca sus contenidos a la aforística de Erick Nolazco, en quien encuentran sitio los efectos de la temporalidad, los quehaceres introspectivos del yo y lo metaliterario: “El aforismo puede no ser verdadero. Mas su gran mérito no es la verdad sino su seducción”
  En el aforista más joven, Víctor Bahena, el espacio literario se convierte en núcleo argumental básico. El escritor, los quehaceres de su trayectoria, el lugar propio en lo social están presentes en su decir fragmentario: “La escritura no es un acto sedentario, por el contrario, su nomadismo nos conduce a través de las palabras e ideas”, “Me miro a través de los demás. ¿Mi estampa? Un sujeto turbio presto a estrechar la mano o propinar un puñetazo”.    
   El trayecto creador antologado por Hiram Barrios en Aforistas mexicanos actuales abarca una docena de autores nacidos entre 1951 y 1993. Queda expuesta una cartografía que se decanta por la diversidad y recorre surcos argumentales yuxtapuestos. Los elegidos convivan sinceridad, intuición y textura emotiva; dejan en el lacónico cauce del aforismo la subjetividad de un pensamiento a menudo marcado por la decepción existencial y las asimetrías de un tiempo que tantea en manos de la incertidumbre.



lunes, 9 de diciembre de 2019

EL REGRESO DE ADÁN

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EL REGRESO DE ADÁN

Siempre hay otro mundo. Está junto a ti.

JORGE FERNÁNDEZ GRANADO

   Ante el insistente empuje de la melancolía, una mañana Adán retornó al paraíso. Se adentró en sus espacios con la fuerza feliz de quien busca el lugar propio. No tardó en advertir que recorría un territorio de desposesión. Aquel sitio solo cobijaba abandono.
   En el centro del páramo se alzaba todavía el árbol del bien y del mal; miró aquella silueta y se hizo efectiva la soledad de un tronco calcinado y rijoso.
   No aguantó más. Bajó los ojos y convocó el olvido, como si el paraíso no hubiese existido nunca. Vencido su asombro, se precipitó hacia la salida. Sus pasos tropezaron con el ala inerte de algún ángel, el metal chamuscado de una espada herrumbrosa y una camisa oscura de serpiente.

(De Cuentos diminutos)