viernes, 16 de octubre de 2020

ACERCA DEL SUEÑO (TRADUCCIÓN DE MIGUEL ÁNGEL REAL)

Niñas en el mar
Joaquín Sorolla
(Óleo, playa de Valencia, 1909)

            

ACERCA DEL SUEÑO
                            
                      A Irene

 

Qué es el sueño, preguntas,
con la abrumadora ingenuidad
de quien me presupone una respuesta.
Y yo salvo el escollo
modulando una frase convulsa
en la retórica de los desconciertos.
Te digo: el generoso don
que la fatiga obtiene de la noche,
una brizna de luz escalando la sombra,
el envés de una historia
cotidiana y absurda;
tú misma, hija mía,
cada palabra tuya, cada gesto.
No sé si el sueño
es potestad del hombre
o comparten los sueños animales y cosas.
Ignoro de igual modo qué hilo teje
su textura de seda,
qué alzada confabula
su hermética apariencia
o qué brújula guía
la estela de sus viajes.
Sé que hay sueños tristes y gozosos,
oscuros y diáfanos,
ocasionales y obsesivos;
sé también que hay sueños tan hermosos
que el tiempo los indulta y perseveran,
y no envejecen nunca.
 

 AUTOUR DU REVE

A Irene

 

Qu’est-ce que le rêve, me demandes-tu,
avec la naïveté accablante
de celle qui présuppose ma réponse.
Et j’évite l’écueil
en modulant une phrase convulsée
dans la rhétorique des désarrois.
Je te dis : le don généreux
que la fatigue obtient de la nuit,
un brin de lumière qui gravit l’ombre,
l'envers d’une histoire
quotidienne et absurde ;
toi-même, ma fille,
chacun de tes mots, chaque geste.
Je ne sais pas si le rêve
est l’apanage de l’homme
ou si les animaux et les choses partagent les rêves.
De même, j’ignore quel fil tisse
leur texture de soie,
quelle hauteur trame
leur présence hermétique
ou quelle boussole guide
le sillage de leurs voyages.
Je sais qu’il y a des rêves tristes et joyeux,
sombres et diaphanes,
occasionnels et obsédants ;
je sais aussi qu’il y a des rêves si beaux
que le temps les gracie et ils persévèrent,
et jamais ils ne vieillissent.
 
II

 

    Para Ana


Hay sueños que una noche
consumen su existencia
y otros que se prolongan con los días.
Simulan los primeros
una especie común de lepidópteros
y acaban siendo pasto
del trastero y del polvo,
como un experimento vanguardista.
Levísimos planetas alumbran los segundos,
como estrellas fugaces que convocan
múltiples y azarosas travesías.
Ante nuestra mirada sus figuras componen
un paisaje celeste,
intangible materia en sereno reposo,
donde habita la luna del deseo.
 
 
 
II
     Pour Ana
 
Il y a des rêves qui, une nuit,
consument leur existence
et d’autres qui se prolongent avec les jours.
Les premiers ressemblent
à une espèce commune de lépidoptères
et ils finissent par être la proie
du débarras et de la poussière,
comme une expérience avant-gardiste.
Les autres éclairent de très légères planètes
comme des étoiles filantes qui convoquent
des traversées multiples et hasardeuses.
Devant notre regard leurs figures composent
un paysage céleste,
matière intangible au repos serein,
où habite la lune du désir.
 
 
                                          (De Causas y efectos, 1997)

Traducción al francés de Miguel Ángel Real

 

jueves, 15 de octubre de 2020

VICENTE ALEIXANDRE. EL VIGÍA EJEMPLAR

El vigía ejemplar
Vicente Aleixandre (Sevilla, 1898- Madrid, 1984)
Archivo personal del poeta 

 

LA POESÍA DE VICENTE ALEIXANDRE

  

   En el ensayo Dios es azul. Poesía y religión en la Generación del 27[1] la profesora e investigadora Nuria Rodríguez Lázaro indaga el aleatorio marco que define el concepto «Generación» cuando se aplica a la nómica poética del 27. El aserto grupal no se formula hasta los años cincuenta y, aún entonces, fertiliza incontables reparos críticos. Solo adquiere solvencia si se asume como estrategia de análisis para abordar con mirada totalizadora un contexto histórico que nunca niega la individualidad. Al cabo, cada poeta vive desde los límites del yo su experiencia creadora. Personifica un exilio interior que aglutina carga autobiográfica –el transcurso existencial abastece incansables veneros temáticos- y los incontenibles trasvases relacionales entre sujeto y entorno. Es en la intersección de ambos núcleos donde precisa se revela la identidad pautada del escritor en el tiempo. La fisonomía colectiva requiere cierta fe en el conjunto de rasgos comunes que, conforme a las tesis de Julius Petersen, expuestas en su obra Filosofía de la Ciencia Literaria[2], abarcarían estos factores: a) herencia o continuidad de carácter y espíritu con magisterios y predecesores del canon, b) fecha de nacimiento coincidente, punto de partida en un mismo año o en años muy próximos, c) homogeneidad formativa y afinidad de sustratos educativos integrados en las escalas mentales, d) comunidad personal y vivencias histórico-culturales compartidas, e) experiencias generacionales y creaciones coetáneas que conforman y abarcan una etapa evolutiva simultánea, f) existencia de un guía organizador, modelo o mentor, y de ideales determinados, que conceden al intervalo temporal significación, g) cultivo de un lenguaje trasversal, concebido como organismo vivo y con metabolismo mudable y activo; y por último h) anquilosamiento o presencia crepuscular de la generación precedente. Conviene meditar cómo se reafirman estas cualidades en la voz de cada poeta y en su carácter reflexivo e introspectivo. En la voluntad común del 27 la conciencia de grupo y amistad está presente en los recuerdos autobiográficos y en las variadas manifestaciones escritas de sus integrantes. Así lo reflejan los prolijos epistolarios, donde se hace sustrato la voluntad de recalcar, con más o menos intensidad, una estela común, y se percibe en las abundantes dedicatorias mutuas a medida que el quehacer creador afronta iniciativas y deja constancia de la pluralidad estética. El poeta y ensayista Francisco J. Díaz de Castro analiza así la vigencia del aporte plural:   

              El hecho de que no se resistieran al uso –ajeno y propio de la palabra “generación" a  la vuelta de pocos años pudo deberse a varias razones a la vez. Una de ellas, a la modernidad de un concepto que tanto Miguel de los Santos Oliver, como Azorín, como Ortega, entre otros, había esgrimido para sustentar una visión de la literatura reciente y que, entendido de manera laxa, les ajustaba bien. Otra posible razón obedece a una estrategia literaria nada ajena al diverso propagandismo de las vanguardias, que en ellos estaba reforzado por el intenso sentido de amistad.[3]

    En esa convivencia de contemporáneos que constituye casi una actividad permanente, Vicente Aleixandre conforma una personalidad paradigmática. Ilustra en el conjunto el maltrecho continuismo poético que provocó la Guerra Civil de 1936-1939 y el inacabable itinerario de la dictadura. Con sitio propio en el entorno anquilosado de la España interior del franquismo, se convertirá en figura esencial con un resonante itinerario creador que culmina con la concesión del Premio Nobel de Literatura. Desde su sedentario estar en la casa de Velintonia 3, en el madrileño Parque Metropolitano, creó durante medio siglo un ineludible punto de observación de la realidad poética española. Fue el vigía ejemplar. Escucha y centinela siempre insomne, y generoso mentor de amanecidas poéticas...".

VICENTE ALEIXANDRE: el vigía ejemplar

JOSÉ LUIS MORANTE

Université Jean Monnet

Saint Etienne

Congreso: NUEVAS PERSPECTIVAS SOBRE LA GENERACIÓN DEL 27



[1]  Nuria Rodríguez Lázaro, Dios es azul. Poesía y religión en la Generación del 27, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2015.

[2] Julius Petersen, Filosofía de la ciencia literaria, México, primera edición en castellano en Fondo de Cultura Económica, 1946.

[3] Francisco J. Díaz de Castro,  Poesía, pasión de vida. Ensayos y estudios del 27, Málaga Centro Cultural de la generación del 27, 2001, pág.  13.

[4] Luis Cernuda, «Vicente Aleixandre» (1950), recogido en Prosa II, en Obra completa volumen III, edición a cargo de Dereck Harris  y Luis Maristany, Madrid, Ediciones Siruela, Colección Libros del Tiempo, 1994, pág. 201.


miércoles, 14 de octubre de 2020

LOUISE GLÜCK. ARARAT

Ararat
Louise Glück
Traducción de Abraham Gragera
Editorial Pre-Textos, Colección Cruz del Sur
Valencia, 2008

 

ROMPER LO FRÁGIL

  

   La concesión del Premio Nobel de Literatura de la Academia Sueca genera una incontenible tormenta verbal que suele ser más riñas de gatos que opiniones y vislumbres inteligentes. Eran candidatos transeúntes Adonis, Margaret Atwood, António Lobo Antunes, Anne Carson, Haruki Murakami o Javier Marías. Pero la ganadora anunciada el día 8 de octubre de 2020 fue Louise Glück, poeta y ensayista norteamericana de reconocido palmarés cuyos libros están en el catálogo de Pre-textos desde hace casi dos décadas. Gracias al traductor de Ararat, el poeta Abraham Gragera conocí la poesía de Louise Glück (Nueva York, 1943) a finales de 2008. En una grata tertulia madrileña, donde intercambiamos libros, Gragera recalcó el ideario figurativo y el aire frágil de aquellos poemas donde lo autobiográfico se convertía en vigoroso argumento. Así que para introducirse en el faro de Louise Glück, formado por una decena de poemarios, entre los que sobresalen Praderas, Ararat, Averno y El iris salvaje, es recomendable sondear en elementos biográficos que tienen una simbiosis misteriosa con el material poético. Nacida en la metrópolis, pasó una ensimismada primera infancia en Long Island de contornos sombríos, trazados por el fallecimiento de una hermana antes de que ella naciera, que disolvió la armonía familiar. Tejió silenciosamente una fuerte voluntad lectora, que creció en la adolescencia cuando se diagnosticó una anorexia incontrolada. La enfermedad exigiría un prolongado tratamiento de psicoanálisis y la interrupción de su formación académica en Columbia. En este tiempo es cuando aflora su poesía,. cuyo despertar poético supone una imitación de los modos poéticos de William Blake, T.S. Eliot y W. B. Yeats. La prolongada soledad y la terapia le permiten una indagación profunda en las secuencias vitales y un cuestionamiento del clima relacional. Esas dolorosa incisiones no se oculta tras nubes metafóricas, sino que la palabra se convierte en terapia objetiva, como escribe en la indagación crítica Educación del poeta o en el rescate evocativo de Ararat, cuya configuración explana las relaciones familiares, la extrañeza, la sensación de estar fuera de sitio, el proceso erosivo de lo cotidiano y el precipicio final. Son aspectos descritos, como subrayaba la comunicación de Anders Olsson, presidente del comité del premio Nobel, con austeridad minimalista, que enuncian enfoques de grisura desde una ética muy exigente que busca trascender el intimismo emocional. Por tanto, la clave argumental de Ararat es la familia, grupo de cohesión donde los vínculos afectivos exigen una intensa relación, como parte del crecimiento personal. Pero la perspectiva de Louise Glück en estos poemas es el desasosiego, una relevante vigilia que revisa grietas y necesidades nunca cubiertas. El yo poético muestra una potente capacidad observadora que asimila y rechaza secuencias vitales. Así amanece un método reflexivo que cuestiona la realidad interna del núcleo familiar. Cada miembro ha sido expulsado del paraíso para afrontar sufrimientos y absorber sentimientos contradictorios. Así se gesta una identidad separada, un esqueje no exento de frustración que busca clarificar su experiencia emocional. Ararat propicia una imagen autobiográfica en la que el hablante lírico intenta romper su fragilidad. Su voz revisa estereotipos sin estridencias, con un lenguaje lacónico, sin la tela cálida de los adjetivos. Como ha manifestado, al comentar su estética despojada, Louise Glück hace poesía en el páramo verbal: “Me atraen las elipsis, lo no dicho, la sugerencia, el silencio elocuente y deliberado. Lo que no se dice, para mí, ejerce un gran poder: a menudo desearía poder hacer un poema completo con este vocabulario. Es análogo a lo invisible, por ejemplo, al poder de las ruinas o las obras de arte dañadas o incompletas”. Poesía que hace de la humildad una aspiración mística y una cicatrización, para que las palabras encuentren su lugar y su afán de conocer. Latido humano y sangre tibia que surgen de la vida y la experiencia de un yo ubicado en el caos, que se sabe fuera de lugar y se amarra al poema y la esperanza.




martes, 13 de octubre de 2020

EL PASADO AL BORDE

Palacio Real de Madrid
Patrimonio Nacional


 EL PASADO AL BORDE


 He vivido los escuetos fastos del Día de la Hispanidad desde la playa, mirando el mar. No porque niegue el pasado; en absoluto. Durante décadas he sido profesor de Geografía e Historia y una y otra vez, en cada curso docente, he repetido acontecimientos y secuencias colectivas. Ahora, un revisionismo zafio y analfabeto pone el pasado al borde del precipicio. Como si un jardinero tarado cortara la raíz del árbol más hermoso del jardín para volcar su fronda hacia el suelo. 

Otro borde al borde: el presidente mexicano exigiendo perdón al pueblo español por el hecho histórico ocurrido hace quinientos años. Estaría bien establecer un protocolo previo en la Unesco o en Naciones Unidas que diga desde cuando y quien están obligados a la concordia; porque todas las civilizaciones han basado sus conquistas en la fuerza. Sucede desde la Edad de los Metales en la Prehistoria y con todos los pueblos del mundo. El populismo solo ve carencias en los otros. Nunca efectos positivos. Solo errores, nunca aciertos. La demagogia solo ve titulares de prensa.

 Sombras que van creciendo en mí. Ocupan la oquedad de lo perdido. En el poema "España", que publiqué hace un par de años en la revista Ínsula percibía las carencias de un afán colectivo. Hoy son tan evidentes que convierten la idea de país común en un estercolero, desde el descrédito institucional hasta el activismo erosivo de la periferia. Todo a peor y sálvese quien pueda.  

La ausencia parece derogar cualquier duda. Pero sigo preguntando: ¿Dónde están las respuestas?

Una fuerte certeza de orfandad. El autoexilio de antiguos amigos deja en ocasiones una temperatura ártica. Sé que algunos regresarán. Pero todo será distinto.

(Apuntes del diario)

 

 

 

 


domingo, 11 de octubre de 2020

FLORACIONES VERBALES

Respirar la luz
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

FLORACIONES VERBALES 


Soy tan raro que para reconocerme mi conciencia me pide el DNI.

Hay relaciones personales que tienen la duración de un aforismo y menos contenido.

En la madurez los sentimientos exigen estructuras elaboradas, escenarios con luz natural y narradores distanciados.

 Se quedó solo. Ahora recupera rastros de sí mismo. 

El pudor convierte a la confidencia en un movimiento de ajedrez.

Presencias como reglas ortográficas; compañeros de viaje que son comas, puntos finales y puntos suspensivos.

Carpe diem. Quemó todas las naves y, mientras duró el incendio, percibió su calor.

Un presente incierto, con zapatillas y sin afeitar.

La voluntad del cínico prefiere ideologías de alquiler.

(Aforismos con luz)  


viernes, 9 de octubre de 2020

MARINA CASADO. ESTE MAR AL FINAL DE LOS ESPEJOS.

Este mar al final de los espejos
Marina Casado
Premio Carmen Conde de Poesía 2020
Ediciones Torremozas
Madid, 2020

 SEDENTARIO MAR 

  Con madurez infrecuente, porque apenas sobrepasa la treintena, la singladura literaria de Marina Casado (Madrid, 1989) ya es una constante referencia entre las voces emergentes. Su fértil activismo es polisémico. Aglutina ensayos, la coordinación de varias antologías, y colaboraciones en prensa sobre aspectos culturales de Madrid, en el diario El País; pero el camino de la palabra que recorre con más entusiasmo es la poesía. Autora de Los despertares (2014), Mi nombre de agua (2016) y De las horas sin sol (2019), añade a su corpus lírico Este mar al final de los espejos editado por la emblemática Torremozas, tras ser reconocido con el Premio Carmen Conde de Poesía 2020. Alejandra Pizarnick hizo del poema una conciencia explícita; y a ella recurre Marina Casado para ubicar la apertura de Este mar al final de los espejos. El libro tiene como pórtico la composición “Tres espejos sonámbulos”, donde aflora un yo desdoblado en el espejo, que hace de su dibujo en el cristal una incisión reflexiva. Tiempo y noche crean el ámbito de un conocimiento y un estar en el que la razón poética se convierte en cumplimiento y destino. El poema sirve también como clave orgánica de los tres apartados iniciales. El primer espejo es oquedad y contenido; se titula “El hueco” y hace suya una cita de Rafael Alberti: “Es verdad que los fosos inventaron el sueño y los fantasmas”. En la realidad diaria convive lo diverso, como si el discurrir estuviese compuesto de inadvertidas floraciones; así, el espejo abre su fondo manso para dejar sitio al yo que fuimos, esa presencia casi borrosa que nos hace ser el trazo desvaído de un reflejo. También en su vacío, los pasos del ayer, aquella luz de una mirada limpia, que cobijaba miedos y veranos en la mano protectora, o las historias imposibles del corazón adolescente. Sueños con viajes y trayectos, hechos para el amor y la espera, aunque el certero instinto orientador de la decepción y el invierno apaguen pronto la esperanza. Prevalece en las imágenes de este tramo un pensamiento onírico, que guarda la fugacidad de lo transitorio o evoca secuencias que ya pertenecen a un calendario epocal, como el trágico final de John Lennon. La ausencia y el olvido se hacen vectores temáticos en la sección “Espejo II. La herida”. Constatan que la claridad ingenua de los sueños adquiere un perfil crepuscular. En el poema “El baile de los decapitados” el sugerente mundo de Alicia y sus maravillas es solo el aliento frío de las ilusiones marchitas y melancolía. La soledad del presente prodiga sensaciones de invierno, convocadas con excelente trazo en el poema en prosa “Noche ácida”, donde el estar conlleva una vigilia informe y “la memoria es un poco donde vivir a solas”, sin capacidad para conjugar los tiempos verbales de la amanecida. El epígrafe “Espejo III. La poesía” toma el pulso al estrato metaliterario y al lenguaje como punto de reflexión. No se dicta un ideario estético sino que se concibe el poema como un trayecto emotivo hacia el otro. Los versos convocan geografías de ausencia; a veces, concretas, como la que perfila el poema ”Madrid”; otras son territorios que siguen la estela de itinerarios existenciales; se hacen instantes vividos, como anticipa el guiño literario a Javier Egea, en el Paseo de los Tristes, o en aquella Roma de gatos y caminantes que se hace homenaje a Rafael Alberti.  La coda “Este mar al final de los espejos” se articula como un único poema fragmentado en el que el yo poético busca recuperar su espacio personal en el mundo, aunque sienta el hueco de la herida. La ausencia deja escarcha entre las manos; deposita en el hueco de un litoral sin nadie. En el temblor azul que cobija lo perdido, no hay respuestas para saber si el final es también apertura y comienzo: “Hay un mar al final de todos los espejos / donde mirar y recordarnos. / Llegará el día en que terminen los poemas / y una explosión azul, un precipicio, nos dirá lo que somos: se abrirán nuestros ojos / en los ojos del sol”. La poesía y el mar tienen la misma naturaleza, tangible y consistente. Los dos son símbolos inalterables de afirmación vital. Marina Casado lo sabe y lo celebra con un libro muy hermoso.




jueves, 8 de octubre de 2020

ARTILUGIOS Y MANUFACTURAS

Rastrillo
Imagen del
Archivo general de internet

                                                              MANUFACTURAS

   La continua fuerza de los sueños nocturnos de Melisa pone en fuga el despertar tranquilo. Cuando llega la aurora, comprueba que todos los objetos contenidos en las oquedades del dormir reposan, adheridos entre las sábanas. El duro contacto de la materia permanece inmóvil, fomentando un temprano desconcierto. Ahora agradece el rutinario asombro. Desde hace meses adquiere experiencia laboral en una tienda de manufacturas. Cada amanecer amplía estantes y capacidad operativa. Melisa sonríe; ahora es más firme su lejanía de la pobreza

(De Cuentos diminutos)