viernes, 15 de marzo de 2024

EL COLOR DEL SILENCIO

El color del silencio
Fotografía
de
Cris Aparicio
(Madrid, 2024)

 

EL COLOR DEL SILENCIO

Callo mucho conmigo,
cuando no necesito el hilo medular de las palabras.
Me gusta compartir el despliegue del frío
o calcular la usura de mis rasgos tras el velo de sombras.
Nunca veo el círculo de luz
que migra ensimismado
dentro de la absorbente pupila de las cosas.
Tengo mirada líquida.
No despejo mis nubes;
quiero verter la lluvia
en el hondo misterio de las desolaciones,
como si fuera un signo que despliega
la masa fibrilar de los significados.

Todo reconsidera un linaje vacío.
He buscado refugio en ese hueco
del que ya , sin fisuras, formo parte.
La nada es otro modo de empezar.

        (Del libro Nadar en seco, 2022)

jueves, 14 de marzo de 2024

DOBLE CARA

Simetrías
Imagen
del Archivo
Depositphotos

 

DOBLE CARA

 

   Dedicó la aventura laboral de su existencia a la creación de un espejo de doble cara. Buscaba en su constancia  una superficie dual, donde se reflejara el rostro de quien se mira y la visión completa de la espalda, ese conjunto de trazos desconocidos que están ahí y conforman una suposición. Creía que la imagen es y no es, que yuxtapone lo evidente y lo probable, la claridad y la tiniebla, lo expuesto y lo invisible. Una hendidura de luz escoltada por grietas de sombra.

(De Cuentos diminutos



 

miércoles, 13 de marzo de 2024

UN HUECO EN LA PUPILA

En la pupila
Fotografía
de
Cris Aparicio


AÚN TE DESCONOZCO
 
No niego la esperanza,
pero nunca me tiende su solidaria mano
y ya me gustaría –como antaño a los pícaros-
cambiar si no de oficio de condición al menos.
Como suele ser norma,
hoy también ha fallado el desenlace
que vertebra la página del día.
Otra vez estoy triste; aún carezco
de imprescindibles labios
para firmar con nadie una posible tregua.
Cuando espesó la noche
acogió mi pletina la acuática de Haendel
y he recorrido hipótesis,
buscando explicaciones de papel.
Desconozco tu nombre,
no sé medir el hueco que cabe en tu pupila.

     (De Enemigo leal, 1992) 


martes, 12 de marzo de 2024

JUEGOS DE INGENIO

Con los ojos abiertos
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

                                               UN PAISAJE MORAL

 
Más allá del abrupto nomadismo de las filias y fobias, el pacto de soledad con la escritura, su caminar furtivo.
 
La falsa verdad de algunos premios literarios donde el clamor amañado de las monedas anula cualquier sonido poético.
 
Qué porvenir sombrío abren esos consejos que buscan la yugular.
 
Con el tiempo, todas las generaciones literarias enferman de esclerosis múltiple.
 
Mi juego de ingenio preferido es cerrar los ojos.
 
Hay silencios que tienen el vicio de la elocuencia.
 
Cuánto mérito en los que escriben sonetos cortos y haikus largos.
 
Cada cínico soporta la sombra de una sinceridad voluntariosa.
 
Es un ejemplar único de egorrentista; su yo nunca descuida la alta cotización.


(En defensa propia)


lunes, 11 de marzo de 2024

POESÍA CONTRA EL OLVIDO: 11- M



ESCRITOS CON DOLOR
 
Madrid, once de marzo (Poemas para el recuerdo)
Edición de Eduardo Jordá y José Mateos
Pre-Textos, Valencia 2004.
 
11-M ( El Sornabique -7)
Edición de Luis Felipe Comendador
LF Ediciones, Béjar, 2004
 
11-M: Poemas contra el olvido
Edición y coordinación de José Paz Saz y Manuel Rico
Bartleby, Madrid, 2004.
 
    Aunque el ánimo no podrá acostumbrarse nunca a la gratuidad de la acción terrorista y el pensamiento racional anula cualquier indicio que intente justificar la autoría intelectual del atentado, llegará un tiempo en el que el once de marzo en Madrid será un suceso pretérito, difuso, en el que cueste ubicar las circunstancias, los nombres de las víctimas, o las dimensiones de la tragedia. La memoria tiene esos mecanismos de defensa para disfrazar las aristas más rechazables de la condición humana y la vorágine del devenir en la gran ciudad restablece, con enfermiza urgencia, el hilo de continuidad tras las conmociones. Sin embargo, para que el olvido no se instale en el territorio de lo cotidiano y haga de la historia una página de signos desvaídos, se han publicado tres volúmenes que contienen unos centenares de poemas. Todos están escritos con dolor.
    Son muchos los nombres que se repiten y casi todas las generaciones en activo están  presentes en este gesto de solidaridad y esperanza;  todos somos pasajeros en los trenes de cercanías que sufrieron la barbarie del fanatismo.
   Madrid, once de marzo, subtitulado poemas para el recuerdo ha sido coordinado por Eduardo Jordá y José Mateos. El conjunto, presentado por la editorial Pre-Textos, parte de una idea de la librería madrileña Rafael Alberti que al día siguiente del atentado colgó en sus escaparates los lamentos y despedidas de poetas y madrileños anónimos. Tal iniciativa desbordó las previsiones de los organizadores y cuajó en una obra que contiene poemas escritos en todas las lenguas del estado y en la que comparten página clásicos como José Antonio Muñoz Rojas, nombres ilustres de la generación del cincuenta como José Manuel Caballero Bonald y poetas que todavía no han traspasado el umbral de los veinte años como Elena Medel; entre los tres, más de cien voces que han dejado las huellas del dolor en textos en los que predomina el desgarro y en los que las preguntas esenciales, una vez más, se quedan sin respuesta.
   11-M es la escueta leyenda de portada con la que la revista Los cuadernos del Sornabique nos deja un monográfico para coleccionistas, por su hermoso diseño, que cuenta con el blanco y negro de dos jóvenes fotógrafos, Javier Cabañero Valencia y Fernando Sánchez Fernández. Los objetivos miran, sin truculencias ni amarillismos, con panorámicas donde la normalidad impone su ritmo diario; los paisajes de la desolación se van llenando de seres anónimos que abandonan su silencio en los asientos y pasillos de los nuevos trenes. Y después, versos que reivindican, desde la palabra, la dignidad del hombre y su derecho a vivir en paz, una aspiración que ya no tiene el amplio listado de víctimas que cierra el número.  El director de la publicación, Luis Felipe Comendador, -cuyo poema ha sido musicado por el cantautor onubense Javier Díaz- como han hecho los editores de las otras publicaciones reseñadas, destinará los beneficios del número a asociaciones de afectados y a los familiares de víctimas del terrorismo.
   La editorial Bartleby  es la responsable del ultimo libro comentado,  11-M: poemas contra el olvido que ha sido coordinado por Pepo Paz y Manuel Rico. Como los anteriores, nació de la urgencia y del lamento anónimo de un tiempo detenido. Asume una respuesta inmediata que nos sitúa al lado de las víctimas y remarca la frontera contra la virulencia de lo macabro. En la reacción no se oye una sola modulación; cada poema es un estado de ánimo: desolación, condena, horror, sufrimiento, necesidad de sobrevivir... Plural relieve de un paisaje emocional. El cierre no es un vengativo ajuste de cuentas o la persecución de otra forma de pensar sobre la que llueven tantos lugares comunes y recelos ante la discrepancia; es expresión de angustia y canto a la vida desde la tolerancia cultural, desde la integración y el mestizaje, con un texto del marroquí Abdellatif Laâbi.
   Los libros comparten propósitos de cohesión para cerrar la puerta al discurso apocalíptico y al mar de asfalto de un pesimismo cuyos rasgos concretos son los efectos del atentado. El derribo requiere una reconstrucción de las ideas y de la sensibilidad. La conciencia poética está enmarcada en el tiempo que le ha tocado vivir; el acto de escritura es una oportunidad para conocer un horizonte reflexivo común, que sale del ensimismamiento y muestra su adhesión al pálpito del entorno.
   Sentimientos en forma de palabras solidarias para buscar un hueco en la memoria, para reiterar, en la desolación y en la impotencia, en la angustia, aquellos versos de Blas de Otero: aunque haya desaparecido la risa y la ternura se desangre por una cicatriz abierta al miedo, nos queda la palabra.
 
                                                                               
JOSÉ LUIS MORANTE


 
 
 
 
 
 
 
 
  

domingo, 10 de marzo de 2024

ÍNVENTAR UN ANDÉN

Escrito en el agua
Tailandia

 

DESDE MI SOLEDAD A TI CAMINO
 
Desde mi soledad
voy a tu encuentro,
con la justa impaciencia
de quien regresa a casa.
A cuestas traigo
herrumbres y estiajes,
algún dolor disuelto
llenando la mochila.
No rescatéis mis huellas;
viene conmigo el aire
y fueron los testigos
incontables insomnios,
menas de albura y sombra,
noches frías, palabras y silencios.
 
Desde mi soledad
a ti camino,
con la certeza intacta
de que tú mientras tanto
inventas el andén que ha de acogerme. 

    (Rotonda con estatuas, 1990)
 

sábado, 9 de marzo de 2024

SARA VANÉGAS COVEÑA. FLOR DE ARENA

Flor de arena
(Selección poética)
Sara Vanégas Coveña
Imágenes de Fernando Espinosa Chauvin
Ediciones Línea imaginaria
Centro Editorial La Castalia
Quito, Ecuador, 2023



 

GOTAS DE SOL

 

   El balance Flor de arena permite un plano general de la escritura de Sara Vanégas Coveña (Cuenca, Ecuador, 1950), muro vertical del espacio lírico latinoamericano actual. Doctora en Filología Germánica, con intensa formación humanística y  amplio dominio idiomático, es poeta, ensayista, investigadora, promotora cultural y docente universitaria. Su cercanía creadora ha generado un fecundo trayecto cuya obertura es la entrega 90 Poemas, editada en 1980. El quehacer completo abarca más de cuatro décadas, un ancho intervalo cuajado de reconocimientos y con amplia presencia en abundantes antologías.
   Eugenia Washima añade a la compilación el prólogo “La música sumergida en la poesía de Sara Vanégas Coveña", partiendo de una consideración vertebradora: la estructura poética como “búsqueda incesante de la perfección formal y la experimentación”. Un propósito que se tiende a alcanzar desde la desnudez y la intensidad, con mínima cimentación versal, donde se podan lo anecdótico y la dicción prosaica y predecible. Queda entonces un entramado simbólico, hecho de concisión y levedad.
   Las palabras no describen, sugieren, alimentan la elusión; de este modo, la bellísima expresión “Flor de arena” reivindica el espacio onírico de lo intangible. Una floración inexplicable y enquistada en lo etéreo que contrapone realidad matérica a una dimensión transcendente e imaginaria, asentada en la contemplación interior.  
  La propuesta poética comienza con el libro PoeMAR (2000), un conjunto de textos que convierte el paisaje líquido en una analogía desplegada de plenitud y belleza. La indagación se hace hondura fundacional y transcendente; adquiere una dimensión reveladora, como si nos mostrara horizontes imaginarios, sin coordenadas. Cada poema cultiva la dimensión minimalista de un pensamiento, una grieta de belleza condensada.
  Junto al mar como referente básico del sustrato argumental, emerge una meditación sobre la finitud y la condición crepuscular de la existencia. Con amplia vía metafórica se perfilan estados como la soledad, el vacío, la ausencia, la muerte, el olvido o la falta de asideros sentimentales que aboca en el desamparo.
   La muestra poética del siguiente libro Más allá del agua, aparecido en 1998, aporta interrogaciones en torno al destino y la condición de ser. El hablante lírico deambula por un cambiante marco de representación, convertido en terco receptor de sombras. Captura sensaciones y esperanzas, silencios y voces que caen en el musgo frío de los significados: “las palabras: inútiles huesecillos de pez en la inmensidad del oleaje”. Especial mención merece el poema “La espera”, a nuestro juicio una de las mejores composiciones de la antología. Los versos dibujan la soledad como un lugar incierto, ubicado en la tensión. La intimidad busca senda para el encuentro común, pero la voluntad camina a destiempo y nunca es posible el abrazo; el amor se hace cruce de caminos e intersección de sombras, y el encuentro del yo consigo mismo es también un tanteo en la grisura neutra del espejo.
  Aunque con mínimo aporte textual, también está incluido Versos trashumantes-La flor de arena (2014). En la escritura persiste el enunciado fragmentario y la cadencia sálmica y pausada que propicia una atmósfera de evocación, ajena a escenarios concretos, como instantáneas de paisajes perdidos que recuerdan al desierto por su mutismo y soledad. Se percibe una clara sensación de continuidad en De la muerte y otros amores (2014). Persisten los itinerarios por ciudades de bruma y siglos, por geografías imposibles, como esas arquitecturas metafísicas y deshabitadas del pintor italiano Giorgio de Chirico, siempre alzadas con extrañas perspectivas.
   Al andar (2000) esboza sendas que hacen del tiempo un caminar de sombras buscando espacios y posibilidades. Solo la ausencia expande su rumor inadvertido, como si la condición del ser hilvanara paradójicos recorridos que solo es posible habitar en duermevela, en ese tránsito que esbozan juntos la vigilia y el sueño. El pensamiento echa al vuelo imágenes que parecen fragmentos de espejismos habitados. Pero también de espacios físicos que generan una nítida afinidad expresiva como la blancura de saurio de los Pirineos o la arquitectura histórica de Andalucía, siempre proclive a la mirada honda del discurrir temporal y al rescate de sus rincones más emblemáticos.
   Los poemas finales pertenecen a la entrega Entrelíneas (1987) y sus versos insisten en generar esas ilusiones que cuestionan la realidad. Nace así una belleza intangible, dispuesta al lenguaje de la percepción que conforma reflejos de lo que somos. De igual modo, Indicios (1988) enhebra composiciones deshuesadas al máximo, líneas que suturan el caminar del pensamiento como si apenas abriera la boca para dejar conciencia de un estar deshabitado. Con la precisa eficacia del aforismo cada poema parece reducido a un mínimo sentido. En Música de agua (2017) se acentúa el eco dialogal del poema; la palabra se hace meditación y cercanía, parpadeos de vida y de nostalgia. Las palabras callan la voz para oír lo inadvertido, un silencio que es símbolo del fluir y crece desde dentro. Crea un manto denso que se desplaza y cubre todo.
   Flor de arena suma a la poesía contenida las imágenes fotográficas de Fernando Espinosa Chauvin, cuyo trabajo visual, se ha expuesto en más de una docena de países, impulsando publicaciones y exposiciones siempre atentas a la experimentación visual y al desarrollo de nuevas técnicas fotográficas.
   La personalidad creadora de Sara Vanégas Coveña aspira a lo trascendente desde el verso lacónico. Lejos de lo anecdótico, la senda lírica se hace paradigma de concisión. Invita al silencio y elige la brevedad como estrategia cognitiva. Aventa formas expresivas que buscan su propia metafísica del silencio, ese lugar aleatorio y subjetivo, solo entrevisto por la callada conciencia del sujeto.


JOSÉ LUIS MORANTE