lunes, 27 de noviembre de 2017

ÁLVARO GUIJARRO. SIGLO XXIII

Siglo XXIII
Álvaro Guijarro
Ediciones de la Isla de Siltolá, Poesía
III Premio de Poesía joven Antonio Colinas
Sevilla, 2017

PRESENTE, MAÑANA

   Casi siempre que se presenta una antología deja una estela de nombres propios que no tardan en abandonar la foto de grupo para definir su singularidad creadora. Álvaro Guijarro (Madrid, 1990)  forma parte de dos propuestas colectivas, Tenían veinte años y estaban locos (2011), muestra coordinada por la poeta y editora Luna Miguel, y Los poetas de la senda (2014), selección de Chema Rubio que tuvo como detonante inicial un homenaje  a Miguel Hernández, y es autor de un puñado de títulos de poesía, TránsitO, Colorofilia, La postpunk amante de Tiresias, María Eugenia y Poliedro. Además completa su estela creadora con la imagen fotográfica y colabora con frecuencia con poemas en revistas digitales.
  Con un título que sugiere futurismo y espera, Álvaro Guijarro reúne en Siglo XXIII casi una treintena de poemas que abordan una indagación en el tiempo. Su mirada no es complaciente ni tiene la sosegada cadencia de lo previsible. El poeta prefiere el ritmo fragmentado de lo discorde para alumbrar una cosmogonía doméstica que se va construyendo con percepciones difusas y elementos contradictorios que apenas se integran en el pensamiento, como un trazo caduco y destinado a la disolución.
  El poema entonces no se recrea en la descripción de un entorno habitual sino en una instantánea extraída de cualquier retina visionaria. Ya no hay paraísos perdidos sino itinerarios existenciales sin brújulas que marquen el norte que apenas entienden la relación de causas y efectos que proponen los días.
   La composición homónima condensa la pulsión general del poemario. Los versos de “Siglo XXIII” reconstruyen un ambiente de soledad en compañía, hecho de ruidos e interferencias. El entorno se muestra caótico e inaprensible. Está ahí, obligando al sujeto verbal, a captar sus fisuras y sus huecos, como un escaparate que se muestra ante el pensamiento.
  Esa percepción de lo cercano nutre el sentido crítico de poemas como “Generacional”. La experiencia directa suscita un conocimiento de primera mano de la fragilidad de aspiraciones y utopías. El tópico desenlace de tantos sueños es la umbría de cualquier vertedero. En “Crónica del término medio” se abren los claroscuros existenciales de la incertidumbre, y en “La potencia del presente” habla un escepticismo que toma el pulso al desencanto, como si al desvelar su esencia quedase al descubierto su vacío.
  La poesía de Álvaro Guijarro busca la diferencia. Es subjetiva y filosófica en la percepción de conexiones entre realidad y lenguaje. Nunca se recluye en el habitual propósito comunicativo ni en el lirismo atardecido de la complacencia sentimental. Los poemas indagan itinerarios apenas insinuados por el criterio personal. En el panorama renovado de voces emergentes la potencia verbal del madrileño pide turno mientras disecciona y experimenta, camina sobre el filo del sentido y la sugerencia del ángulo muerto.  

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