viernes, 13 de marzo de 2020

ELENA ROMÁN. NOVEDADES: AYER

Novedades: ayer
Posible antología 2008-2019
Elena Román
Ediciones Liliputienses
 Cáceres, 2020


EN CONSTRUCCIÓN


   En sitio visible dejo dos circunstancias que, de inmediato, sorprenden al acercarse a la cartografía poética de Elena Román, nacida en Córdoba en 1970 y con domicilio habitual en Toledo por quehaceres laborales desde 2006: la voz llega al ahora con una fecundidad sin quiebras ni estridencias; y en sus salidas se muestran coordenadas singulares, donde verso y prosa establecen una sosegada convivencia de forma natural. Recuerdo que, hace unos años, Carlos Jiménez Arribas y Marta Agudo abordaron la mejor introspección teórica hasta la fecha sobre el poema en prosa; incidían en su naturaleza contradictoria y su desarrollo histórico. Estas constantes vitales siguen vigentes. como se verá al abordar la obra de Elena Román que amanece con Veintiún bisontes (2008), carta auroral compuesta por entero de poemas en prosa. Se elige la voz directa del sujeto implicado para enumerar circunstancias y sensaciones con un tono narrativo que deambula por una realidad distorsionada.
   Los poemas iniciales trasmiten un discurrir fluido y vitalista. Sus párrafos están hechos desde una construcción reiterativa. Muestran una dicción limpia, alejada del espesor hermético, que se acerca al planteamiento biográfico. El poema nace por acumulación, como si diera forma a un entorno expresivo que aglutina en su voluntad de ser elementos dispares. La línea de horizonte se define por asociaciones insólitas, con una fuerte textura metafórica, que convierte el fluir existencial en una larga senda de diálogo y conocimiento. La escritura testifica, constata gestos, como si ofertara la suma de causas y efectos que deshilvana la percepción. La meditación sobre el trayecto ofrece un balance de extrañeza. Nada sucede, salvo lo contingente; nada es simple ante los sondeos de la razón y todo demanda su mecánica de azar y absurdo antes de sumergirse en las páginas escritas del silencio. La superficie argumental despliega situaciones que definen las asimetrías de nuestro tiempo: los malos tratos, la supervivencia de los vendedores ambulantes, el acoso sexual y otras actitudes que marcan cicatrices en la piel social de un tiempo ensimismado y fragmentario, que parece carecer de lógica.
   Hay una evidente continuidad formal en los textos acogidos en la entrega A propósito de los cuerpos (2008), aunque el trayecto argumental se centra en el cuerpo de forma monográfica. Cada parte sugiere una reconstrucción verbal: frente, manos, espalda, oído, muñecas, sangre… Pero la originalidad anula de inmediato cualquier postulación previsible. El yo fisiológico se hace lenguaje para acarrear ángulos inéditos con enfoques irónicos o pulsiones dialogales que convierten cada parte de la materia viva en una tesela renacida.
   Reconocido con el XXV Certamen Andaluz de poesía Villa de Peligros, Diario de un ascensor en un bloque de dos plantas con azotea supone un cambio posicional en la escritura para asentar el discurrir del sujeto hablante en el verso libre. Sin embargo, la significación, el sentido y la estética de Elena Román no cambian; solo introduce modulaciones nuevas para hacer del amor, el deseo y el eros las claves temáticas de las composiciones.
  La arqueología poética de Esta dichosa ansiedad doméstica, ganador del III Premio Internacional de Poesía Blas de Otero, indaga en la textura relacional del entorno cotidiano. Los objetos se personifican para adquirir un significado simbólico que expande indicios y claves en el fluir de la temporalidad, construyendo un diálogo emocional y filosófico con la identidad. El título del libro aparecido en el catálogo de Olifante en 2011, Destrucción de algunos tópicos sobre lo incierto parece argumentar un cierto abandono de la percepción matérica y un sondeo en el lenguaje como espacio receptivo de sensaciones. Cada concepto define un semillero de lugares comunes que la originalidad expresiva de Elena Román se empeña en desmontar con mágicas incisiones en las que se refugia lo paradójico, la imaginación con sus capas más profundas y un cultivo de imágenes que fortalece otros significados.  
   El transcurso temático de Autosuficiencia en la se define desde la introspección. El hablante lírico establece un fragmentado soliloquio con sus circunstancias para conocer las señales de vida. Así traza un mapa de singularidades que tienen un carácter dinámico y cambiante. Lo individual requiere interpretación porque en su textura respira lo transitorio. Esa mirada al entorno singular del sujeto se expande en Será genealogía (2012) al ámbito familiar. El retorno al pretérito contiene un intenso onirismo, como el desandar el tiempo necesitara la brújula segura de la imaginación. Todo es constatación del asombro, como ese retrato de “Ella era”: “Yo tenía una tía con patios. / Corría en ella el agua clara y vegetal. / Acudían a sus manos unos pájaros / que después no se marchaban de ellas / y mi tía, por eso, no tocaba las cosas: / las revoloteaba.”
   Los epígrafes parecen condensar una filosofía estética en movimiento. Así, Hombre desatornillando caminos  aglutina quehacer y voluntad en guardia. Una inmersión en los oficios para avanzar por rutas desconocidas. Todo, como el embarazo, es un proceso de mutaciones y perspectivas renovadas, como esos dibujos infantiles que se completan mediante una interpretación como si fueran mínimas historias que no requieren palabras. El onirismo narrativo prosigue en los textos de Hay menú económico con poemas de claras afinidades con la microficción. En ese espacio de intersección expresiva se postula la siguiente entrega, Ciudad girándose aparecida en Baile del Sol en 2015. Otra vez se vela la contingencia del yo para dejar el entorno en primer plano con una exposición de lugares sensitivos, que muestran sus latidos en las aceras mansas del fluir: la peluquería, el puerto, la comisaria, la tienda de relojes o el bar intercambian respuestas mudas sobre su activismo renovado a diario.
   Pan con pan  amanece en 2016. El tono confidencial del aserto aborda esas grietas del asombro que contradicen lo previsible. La temporalidad rompe su decurso lineal para yuxtaponer circunvalaciones y reajustar hábitos. Todo se aproxima a la incertidumbre de una realidad borrosa que abandona sus indicios en el poema. Lo insólito adquiere una textura rutinaria, como si estuviese abocado a la normalidad.  Ningún nombre define el subconsciente y el lenguaje secreto de los sueños mejor que el de S. Freud; así que el poemario ¿Qué hacer con Freud además de matar a Freud? sugiere un homenaje explícito a esas habitaciones interiores del surrealismo y a sus conexiones en clave con obsesiones, sentimientos y complejos vitales. Los poemas realzan un mundo de reflejos y opacidades. Se desplazan entre superficies y fondo para mostrar paisajes imaginarios que se acomodan en las composiciones para airear asociaciones y argumentos enunciativos.
   Los anticipos en revistas, antologías y otras publicaciones se agrupan en Bonus track, que resalta por su diversidad temática, aunque predomina el tono intimista, que hace materia de emociones y pensamientos. Entre sus textos breves resalta, pleno de acierto, el poema “En boomerang”: “La mujer que recorrió el mundo en boomerang / ha llegado al sitio / de donde partió: / a la mano que la quiere lejos”.
   El corpus completo de Elena Román, reunido en Novedades: ayer deja constancia de una escritura vitalista y existencial. Sus poemarios reiteran obsesiones, sorprenden por su manera de trastocar la realidad con elementos narrativos del subconsciente que se convierten en hábitos entrelazados a lo cotidiano. No hay solemnidad en el desarrollo verbal, sino un aire de naturalidad que empaña el absurdo con notables dosis de ironía, como si proclamaran su lucidez y su desconfianza hacia la propia identidad. Uno nunca sabe del todo si es una presencia viva o un frío maniquí de escaparate.



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