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domingo, 8 de febrero de 2026

OJO SIN FONDO

Resquicios
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

OJO SIN FONDO

 

Todo se precipita en un ojo sin fondo

 

OCTAVIO PAZ

 

Se desplegó la luz entre la noche inmóvil y me desperté. La inocua claridad mostró un espacio todavía sin nadie. Indeciso, comencé el día buscándome.

 

(De Cuentos diminutos)

domingo, 9 de noviembre de 2025

OJO SIN FONDO

 

Balaustrada
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana




OJO SIN FONDO
 
Todo se precipita  en un ojo sin fondo
 
OCTAVIO PAZ
 
  Se desplegó la luz entre la noche inmóvil y me desperté. La inocua claridad mostró un espacio todavía sin nadie. Indeciso, comencé el día buscándome.


(Fuera de guion, Lastura, 2024)




jueves, 31 de octubre de 2024

TRAS LA TORMENTA

Desolación
Fotografía
de
Diario de Jaén

 


 OJO SIN FONDO

Todo se precipita en un ojo sin fondo

OCTAVIO PAZ

 

   Se desplegó la luz entre la noche inmóvil y me desperté. La inocua claridad mostró un espacio todavía sin nadie. Indeciso, comencé el día buscándome.

 

(Del libro de microrrelatos Fuera de guion, Lastura, 2024)



domingo, 24 de septiembre de 2023

OJO SIN FONDO

Catarata
Archivo
de internet

 

OJO SIN FONDO

 Todo se precipita en un ojo sin fondo 

OCTAVIO PAZ

   Se desplegó la luz entre la noche inmóvil y me desperté. La inocua claridad mostró un espacio todavía sin nadie. Indeciso, comencé el día buscándome.

 

(De Cuentos diminutos)

miércoles, 19 de octubre de 2022

BÚSQUEDA

Ausencia
Archivo general
de internet

 

OJO SIN FONDO
 
Todo se precipita en un ojo sin fondo
 
OCTAVIO PAZ
 
   Se desplegó la luz entre la noche inmóvil y me desperté. La inocua claridad mostró un espacio todavía sin nadie. Indeciso, comencé el día buscándome.
 
(De Cuentos diminutos)


sábado, 1 de enero de 2022

OJO SIN FONDO

Amanecida
Fotografía
del archivo general de internet

 

OJO SIN FONDO
 
Todo se precipita en un ojo sin fondo
 
OCTAVIO PAZ
 
   Se desplegó la luz entre la noche inmóvil y me desperté. La inocua claridad mostró un espacio todavía sin nadie. Indeciso, comencé el día buscándome.
 
(De Cuentos diminutos)


miércoles, 1 de abril de 2020

OJOS SIN FONDO

Aleteos
Archivo
de Internet



OJOS SIN FONDO

Todo se precipita en un ojo sin fondo

OCTAVIO PAZ

   Se desplegó la luz entre la noche inmóvil y me desperté. La inocua claridad mostró un espacio todavía sin nadie. Indeciso, comencé el día buscándome.

(De Cuentos diminutos)





sábado, 22 de junio de 2019

LA BUENA COMPAÑÍA

Sílabas negras
Fotografía
 de
Diario Femenino


COMPAÑÍA

                                                    espiral de quietud y movimiento

                                                                           OCTAVIO PAZ


La luz dibuja
una sombra dormida
detrás de mí.




martes, 11 de junio de 2019

MARIO URQUIZA MONTEMAYOR. PIEDRA DE TOQUE

Piedra de toque
Mario Urquiza Montemayor
Buenos Aires Poetry,
Colección Pippa Passes
Ciudad de Buenos Aires, 2019


PIEDRA DE TOQUE 

   Se me permitirá una leve digresión para recordar que el lingüista ruso Roman Jackobson, a quien Octavio Paz dedicó su poema “Decir: Hacer” de Árbol adentro, investigó en sus ensayos las distintas ondulaciones del lenguaje. Resumió su experiencia léxica en seis maneras de actuar, denominadas: función referencial, emotiva, estética, apelativa, metalingüística y fática. Con esta última, como aserto aglutinador, comienza el poemario Piedra de toque de Mario Urquiza Montemayor (Estado de México, 1994), cuya composición inicial se pregunta sobre la posible conexión entre el escritor y el receptor del mensaje. A través de ese sondeo, el territorio conceptual se convierte en un canal comunicativo abierto, que facilita el contacto social. Detrás de su quietud aparente, el silencio de las palabras expone la inadvertida luz que lo justifica: “Depende de ti, de mí y de la soberanía del poema; de buscar, de hacer, de deshacer y rehacer el poema en planos muy distintos. Porque el poema no es un objeto, ni la poesía un método. El poema es ante todo: voluntad de sacrificio.
   Pero el formato expresivo de la prosa poética de amanecida muda de inmediato para imitar la disposición visual del caligrama y llena los arenales de la página de espacios gráficos aleatorios. Los versos se quiebran, incorporan espacios blancos, asimetrías y escalones caligráficos que provocan en su lectura una relación quebrada, donde se asume el contenido del poema como un jeroglífico. El libro adquiere así un añadido experimental, ya que el entrelazado de palabras, por su impacto visual, parece dejar en un segundo plano el mensaje.
  Dentro de los poemas hay algunos referentes culturales como Vishnu, dios hindú que encarna en la mitología hinduista la preservación y la bondad, como deidad central de la Trimurti o “tríada divina”, pero el verbo reflexivo de Mario Urquiza Montemayor se basa más que en el legado de la tradición en la interiorización de la experiencia vital, que transforma las sensaciones en pensamiento. De esa cala en el intimismo nacen poemas como “Para volver a recordar” que emplea el molde habitual del verso libre, en donde el yo indaga en la memoria para capturar recuerdos que se van borrando en el discurrir.
   El escritor, ya con un amplio itinerario poético, aunque la mayor parte de su obra permanece inédita, es el fundador de la gaceta La experiencia de la libertad, una publicación digital inspirada en un dicho aforístico de Octavio Paz, quien define la poesía como experiencia de libertad. Y es evidente la asunción del magisterio de Paz también en el título de este poemario que toma su nombre de un poema homónimo de quien ha sido y es una de las figuras capitales de la literatura hispánica contemporánea. El breve aporte de poemas compilado en Piedra de toque se define desde dos núcleos reflexivos básicos: el lenguaje y el epitelio sentimental. Ambos son realidades interiorizadas que requieren la mano tendida del lector. Sin ella el yo nunca es otro, permanece encerrado en el cauce del ensimismamiento, sin la franja de luz de las palabras, percibiendo que la mutación o el cambio, esa hoja agostada de los calendarios, que transforma el vértigo de los cuerpos en umbral de la muerte,  es la única certeza. 



miércoles, 22 de mayo de 2019

JUAN PABLO ZAPATER. MIS FANTASMAS

Mis fantasmas
Juan Pablo Zapater
XLV Premio Ciudad de Burgos
Editorial Visor, Poesía
Madrid, 2019


ENCUENTROS Y AUSENCIAS


   Juan Pablo Zapater (Valencia, 1958), director de la revista literaria 21veintiún-versos y de sus colecciones Cuadernos y Plaquettes protagoniza un acercamiento muy personal a la literatura, con el ritmo pautado del goteo. Su obra auroral La coleccionista (Visor, 1990) consigue el Premio Fundación Loewe a la Creación Joven y excelentes palabras críticas de Octavio Paz, destacada voz del jurado. Era un tiempo de plena vigencia de la poesía de la experiencia en la que abren estelas muy significativas amigos del poeta como Carlos Marzal y Vicente Gallego, pero el caminar en solitario de Zapater opta por un largo intermedio de silencio que no se rompe hasta 2012, cuando publica  La velocidad del sueño en la editorial sevillana Renacimiento. Esta segunda entrega obtuvo al año siguiente el Premio de la Crítica Valenciana. Siete años después sale, tras conseguir el Premio Ciudad de Burgos, Mis fantasmas, un poemario de plena madurez, hecho de encuentros y ausencias.
   Antes de abordar el despliegue argumental del libro quiero resaltar la llamativa cubierta de la artista conceptual Carmen Calvo, que muestra una sugerente consonancia con el título en su entrelazado visual de realidad y onirismo. Como si fuese un reflejo especular, el yo pierde sus rasgos tras la máscara para cobijar en su interior un poblado núcleo de niebla e incertidumbre. Desde su compañía, la voz del hablante poético reflexiona: “Mis fantasmas no dan pavor alguno, nací y amé por ellos, y son parte del vuelo y las cadenas de mi vida”.
   El escritor compila los textos en tres epígrafes casi complementarios al definir la marea existencial como un vaivén que prolonga patrimonios afectivos y pérdidas. En “Apariciones” el recuerdo fundamenta la sensación de estar inmerso en una temporalidad que solo perdura un instante: “Inesperadamente / la juventud tomó cualquier camino / y se extravió de mí”. Así la identidad se va moldeando como si fuera barro hasta construir un espacio interior, un vacío en el que se van adormeciendo las vivencias y los afectos. En este tramo se cobija uno de los textos esenciales del libro “Relato fantasma” que, tras la cita de Gabriel García Márquez completa un homenaje al entorno familiar repleto de belleza y textura emotiva:” y me trae las ventanas luminosas / orientadas al este, / a mi padre sentado en su butaca / con traje azul marino / releyendo un periódico a la espera / de que obre mi madre ante el espejo / el sencillo milagro / de volverse más bella todavía”
   La sensibilidad del poeta abre una etapa de contemplación crepuscular, como si el discurrir fuera acercándose a un cauce de sombras que pone en la mirada una plástica de grises que anticipa el vacío. La luz del día, casi inadvetida, se va diluyendo. Y es necesario abordar el tiempo renacido como un don que nos da mediodías habitables: “Lo vital es el día, nuestro día, / ese vaso de luz que nos bebemos / y se vuelve  colmar cada mañana”.
  Bajo el aserto “presencias”, los poemas centrales describen la mirada testimonial de la contemplación. En torno al yo deambulan las calladas presencias que dialogan con el pensamiento y los sentidos: el amor,  con sus aleatorias circunvoluciones en el ánimo; la poesía como fondo de interrogantes, que tan plena expresión consigue en el poema “Otra cita con ella”; la belleza, siempre pulsión para abordar los mínimos elementos del entorno con las manos abiertas de la plenitud; o la presencia insustituible de los afectos que un día dejan las tazas vacías de la rutina para emprender en libertad el viaje existencial del yo consigo mismo.
   Juan Pablo Zapater hace un guiño a las tres heridas hernandianas –la vida, el amor y la muerte- para dejar como estación de llegada los poemas de “Visiones”, cuyo centro semántico es la disolución: “cada día que vuela / es un pájaro menos”. Así va llegando el final de ruta que siembra en el ánimo un poso de tristeza y una cartografía de soledad callada: “Os hablo de la muerte, de ese baile / sin música y sin pasos ensayados, / un vals al que los guantes del vacío / te invitan cualquier día y ya no puedes / excusarte en los giros que te quedan / por dar entre los brazos de la vida”.
   Mis fantasmas plantea una indagación en el camino de ser con la magia de las palabras. Desde esa libertad de la escritura los poemas adquieren una textura meditativa, que enfoca la condición humana como un abrazo de vivencias y recuerdos que nos lleva a ese momento íntimo en que el hombre se mira en el espejo y descubre su retrato cumplido, la aceptación de quien se descubre inmerso en ese sueño que es vivir.

             

viernes, 8 de marzo de 2019

OJO SIN FONDO

Despliegue
Imagen de
Nomad Bubies



OJO SIN FONDO

Todo se precipita en un ojo sin fondo

OCTAVIO PAZ

Se desplegó la luz entre la noche inmóvil y desperté. La inocua claridad mostró un espacio todavía sin nadie. Indeciso, comencé el día buscándome.

(De Cuentos diminutos)




miércoles, 9 de enero de 2019

OJO SIN FONDO

Ciudad sin nadie
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia



OJO SIN FONDO

Todo se precipita en un ojo sin fondo

OCTAVIO PAZ

Se desplegó la luz entre la noche inmóvil y me desperté. La inocua claridad mostró un espacio todavía sin nadie. Indeciso, comencé el día buscándome.

(De Cuentos diminutos)




lunes, 7 de mayo de 2018

JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN. EL CAZADOR Y LA PRESA

Dedicatorias
Con José Luis García Martín, en casa
(Rivas-Vaciamadrid)
Fotografía de
Cristian David López
  


EL CAZADOR Y LA PRESA

La libertad no es más que la distancia
entre el cazador y la presa

Bei Dao

Es tan erosivo y subterráneo que ser buena gente lo considera una parodia.

*

Tiene la temperatura emocional de un cubito de hielo. Pero en él no clarean las gotas de agua. Todo es barro.

*

En línea con su actitud vital,  la escritura hostil necesita sangre; busca la yugular.

*

Meritocracia: la soledad estéril, el mal carácter, la mirada baja y el ocasional ajuste de cuentas.

*

Las efigies son pretenciosas; estiran la mirada más allá de su alcance.

*

Hay amistades que cumplen la edad del soneto y necesitan estrambote.

*

Descarto el razonamiento personal sobre sus objeciones críticas y su severidad formal. Solo se escucha a sí mismo. Tiene un oído disciplinado y elusivo que ignora al otro por omisión.

*

Sus reseñas tienen miga, aunque llena de moho.

*

Lo recuerda Jordi Doce en  su maravilloso Libro de los otros.  Con evidente amargura, tras un texto difamatorio, Octavio Paz llamó al poeta Robert Bly “El porquero de Minnesota”. Yo no llego a tanto, pero aprecio en su labor crítica cierta inclinación natural a caminar entre los cubos de basura.

*

Matizar y atizar. En su parte de bajas, un círculo expansivo: Carlos Bousoño, Francisco Brines, Ángel González, Féliz Grande, Pere Gimferrer, Guillermo Carnero, Luis Antonio de Villena, Andrés Trapiello, Karmelo C. Iribarren… Yo, también.
El taxidermista, feliz, cuelga en las paredes trofeos disecados.

*

El rencor, la quema de ilusiones ajenas y la estupidez no aumentan la inteligencia, aunque saben moldear espejismos: disimulan ante el espejo la baja estatura.

*

Sospecho que escribe bajo efectos secundarios, mientras sufre un cólico nefrítico o alguna oclusión intestinal por basura curricular.

*

El yo es otro; el día que escribí estos aforismos era más García Martín que Morante Martín. A ver si supero pronto este trastorno bipolar...


(De mi Agenda del resentimiento)


    


domingo, 20 de agosto de 2017

VÍCTOR FUENMAYOR. BEBER DE LA SOMBRA

Beber de la sombra
Poesía reunida 1986-2017
Víctor Fuenmayor
Oscar Todmann editores
Caracas, Venezuela, 2017
 
MATERIA DE VIDA
 
 
   La densa biografía creadora de Víctor Fuenmayor (Maracaibo, 1940), Licenciado en Letras y Abogacía y Doctor en Semiología por la Universidad de París, abre una larga estela de más de tres décadas de dedicación a la poesía. Un verso de Octavio Paz inspira el título de esta compilación. Beber de la sombra, enlaza un recorrido lírico formado por dos proyectos inéditos, Vivo acallándome el grito y Beber de la sombra y dos conjuntos editados, Donde la luz me encarna y Libro mi cuerpo. Se gesta así senda hacia el origen que emplea el ahora poético de Víctor Fuenmayor como tramo inicial del volumen.
  Así pues el lector conoce de inmediato la última estación de este continuo proceso de conocimiento. Vivo acallándome el grito fecha su material inédito en 2017 y hace de la materia vital el sustrato primigenio del poema. Pero la voz verbal desdeña la pancarta de lo estridente. Tiene conciencia de su condición humilde y de que es un simple peón en el tablero del discurrir, es un hombre común que recorre las aceras sin atributos transcendentes; más que el grito es un oyente de los signos callados del silencio. En esos signos habita la belleza que es un don otorgado al pensamiento y está más allá de la materia, una abstracción que sobrevive a la disolución en las palabras. Desde esas palabras el sujeto verbal se define en el tiempo, aunque ese discurso aparece fragmentario y oscuro porque se proyecta con una luz oblicua: “Soy cicatriz reviviendo en cada tajo del corte de la / línea y del trazo de la letra doliente. Herida / profunda que cierra el ombligo de mi encarnación, / forzando la letra hasta vencer el cansancio del silencio “.  La existencia es un  largo trayecto de pasos perdidos sobre la piel de un mundo de afuera que va fraguándose, discontinuo y extraño. Estar es el vacío, conocer el dolor, sentir el magma herrumbroso de la muerte al final de un camino donde no hay luz; pero también es abrazar más formas, abrir puerta al deseo y hacer de la presencia de la belleza un punto central de sensaciones, una razón de asombro en el despertar.
  Cuando la voz poética y el yo real dialogan sobre la caligrafía de la intimidad, la composición adquiere el peso de un balance que da razón de vida desde la corriente de los recuerdos. Así sucede en poemas como “Dolor del respiro”, que recupera la pleurosía que marcó la infancia del escritor, o en los versos de “Puertas de escape” y “Calembe”. Esas voces de otro tiempo conforman un aprendizaje en el que, como un eco interior, se gesta la conciencia de ser.
  El segundo poemario inédito, Beber de la sombra se fecha en 2007. Arranca su caligrafía versal con el sosegado magisterio de Paz, que sirve de paso inicial: “el sol de mi escritura bebe sombra”. Desde la composición de amanecida se percibe en las palabras una travesía reflexiva que se empeña en moldear la identidad de una presencia que sirve de reflejo de otras identidades. Entre ellas, se define la imagen del amor, siempre con esas formas cercanas a la idealización en la que reserva sitio el deseo como descubrimiento y tierra prometida. El sentir amoroso es impulso que enciende las palabras, como si fuese la brújula que orienta o el eslabón que unifica las secuencias del discurrir; el amor da sentido a las sombras y se pone a resguardo en la memoria, como faro que ilumina el trazo legible de un largo viaje interior: “el punto central de un mapa de ternuras”.
   El breve conjunto de Donde la luz me encarna  se edita en Maracaibo en la amanecida de los años noventa. Su mínima extensión acoge algunos tópicos perdurables como la finitud, el amor y la muerte. Frente al versículo largo y demorado de su producción última, el despliegue narrativo del poemario se realiza a través de composiciones cortas, con mínima adjetivación, que dan fluidez al ritmo versal: “El tiempo / que eme encuentra de frente / es el mundo dejado / a mis espaldas”. Las palabras se visten de música y equilibrio, como si en la percepción del sujeto se diluyese lo aleatorio para que aflorara un renovado afán meditativo. En los versos hay una sensación de casa sosegada para que una presencia ausente se convierta en arquetipo de todos los rostros y en fuente de luz. Así lo certifica el poema V:  “Y no habrá eco / memoria ni forma / que sobreviva en ti / del gran olvido / sin que los signos / se internen  en tu carne / en lo que ya eres / sin serlo todavía”.
   El poeta se da a conocer a través de la antología 7 de 40, una muestra temprana impulsada por el entusiasmo grupal de 40 grados a la sombra, una tertulia de jóvenes autores que se da a conocer en 1964. Pero su carta inaugural no llega hasta 1991, aunque los poemas de Libro mi cuerpo fueron reconocidos con el Premio  de la Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre. Víctor Fuenmayor concede papel protagonista a la intimidad; el amor adquiere un primer plano. Es un folio en blanco en el que descubren los signos del recorrido sentimental hacia el otro. Para quien toma la palabra en los versos pensar el amor es descubrir que uno no es uno sino la pieza fragmentada de un comienzo que necesita encaje: “Uno se escribe / encerrándose en la cámara oscura, / buscando los surcos donde el grano / germine una palabra, un nombre, un rostro. / Uno espera eso / que da en el blanco / haciéndose uno la víctima / visceral y literal / que se ahoga en la cubeta / haciéndose la imagen”.
  Con enfoque retrospectivo, Beber de la sombra configura la fructífera vocación lírica de Víctor Fuenmayor. En sus páginas germina un afán permanente de explorar las posibilidades del lenguaje. En sus composiciones son estímulos la realidad próxima y el sustrato confesional pero también el discurso en sí y su carácter cognitivo, esa utilidad de la materia verbal para asentarse entre el espacio vital y sus contrastes. Poesía para perdurar, un surco abierto donde la cosecha madura.