martes, 12 de marzo de 2013

CAFÉ CON JAVIER BOZALONGO




 El itinerario creador de Javier Bozalongo (Tarragona, 1961)  comienza con el poemario Líquida nostalgia, en 2001, al que siguen Hasta llegar aquí y Viaje improbable. Su última entrega, La casa a oscuras consiguió el Premio Jaime Gil de Biedma. Es el responsable del proyecto Valparaíso Ediciones.
 
¿Cómo nace este nuevo sello editorial?
Como iniciativa fundamentalmente dirigida a publicar en España autores hispanoamericanos que no han alcanzado difusión en nuestro país, sin olvidar a los grandes nombres de la literatura ni las traducciones.
¿Qué géneros pretende cubrir?
De momento hemos lanzado la Colección de poesía, pero estamos trabajando en nuevos proyectos: narrativa, infantil, estudios literarios... que se irán incorporando poco a poco a Valparaíso.
¿No asusta el nefasto clima de pesimismo que soportamos a diario? ¿No teme al permanente estado de conflicto entre la poesía y el mercado?
Las épocas de crisis también lo son de oportunidades, y no debemos cejar en el empeño de que la poesía ocupe el lugar que merece.
De los títulos editados hasta la fecha, ¿cuáles son los que singularizan el perfil de Valparaíso?
Por su vocación americana, 10 de los 13 títulos aparecidos están escritos por poetas de allí, de México a Brasil, de donde procede Lêdo Ivo, que falleció en Sevilla unos días después de corregir las pruebas del libro, por lo que lo sentimos como un homenaje a su persona. Entre los más recientes, los emocionantes poemas de guerra escritos por Izet Sarajlic, Sarajevo.
¿Qué novedades esperan a los futuros lectores?
En marzo aparecerá el último poemario de Eduardo Chirinos, 35 lecciones de biología (y tres crónicas didácticas), que da buena cuenta de la altura de su autor. También se pone a la venta un libro mítico en México, y no publicado en España, El tigre en la casa, de Eduardo Lizalde.


¿Afecta la dirección editorial a su dedicación a la poesía?
Por razones evidentes paso muchas horas leyendo libros de poemas, corrigiendo pruebas y todo lo que rodea a la labor editorial, pero procuro buscar los momentos propicios para la escritura. Acabo de terminar un libro y ahora toca esperar a que recorra su camino y se publique.  
 

www.valparaisoediciones.com

Valparaíso Ediciones
C/ Profesor García Gómez, 6, 1º
18004 Granada
 
 

 

domingo, 10 de marzo de 2013

TELARAÑAS.

Fotografía de Francisco Díaz de Castro, 2009


TELARAÑAS:

     (A Juan M. Velázquez, por hacerme sentir un secundario de lujo)

 Soy parte de su vida, me dice, abstraída en la telaraña.

 Amanece. En el cristal de la buhardilla el abrazo tibio de un sol cordial. Se nubla pronto.

Mi calle tiene cara de municipal con cuaderno de multas.

Lluvia sin olor. Entre dos cuerpos un deseo neutral.

Con un buen libro actúo como un pasajero impaciente. No dejo que se duerma.

¿Por qué lo sencillo es siempre tan complicado?
 
Una amistad discreta, con hule de plástico y sopa de sobre.

Cuando me visita la incertidumbre, vacío en el correo la bandeja de entrada. Después coloco en cada mensaje no leído las palabras justas.

sábado, 9 de marzo de 2013

DESPISTE.

Fotografía de HILARIO BARRERO

DESPISTE

   (Para Fernando López-Guisado)
 
   Había fallecido en un cuarto decrépito, un día de noviembre del otoño pasado. Fue una circunstancia imprevisible de la que nadie en la ciudad tuvo certeza hasta hoy. Esta mañana alguien tocó sus pies y estaban fríos, con una sospechosa posición de muerto.
    En el transcurso de estos meses labró con mano decidida el triste páramo de lo laborable. Mantuvo el silencioso estar de siempre e igual gesto de soledad distante.
 
 
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viernes, 8 de marzo de 2013

FIDELIDAD A LA MONOTONÍA

( "Abstracto", acrílico sobre lienzo, Diego Gallardo)
Fidelidad a la monotonía

   Rezuma la nostalgia e importuna el regreso.
Hay que volver a casa,
a que otra vez despliegue la rutina
su ajada vestimenta y nos acoja.
   La casa es un planeta a la medida
-un verso semejante describió otro regreso...-
y sus muros preservan
el oro sobrio de lo cotidiano,
cuya renta permite vivir con cierta holgura
y a menudo con gozo.
   A la llegada, como feliz presagio,
el sendero olía a lluvia
y un renacido sol oreaba los muros.

( De Población activa, Deva, Gijón, 1994)

miércoles, 6 de marzo de 2013

RAROS.

Nueva York, octubre 2011. Fotografía de HILARIO BARRERO

AFORISMOS CON NIEVE:
 
               (Para los que comparten la normalidad de ser distintos)
 
Soy tan raro que para reconocerme mi conciencia me pide el DNI.

Los pudorosos convierten sus confidencias en movimiento de ajedrez.

Asuntos personales que tienen la duración de un aforismo y menos contenido.

En invierno los sentimientos exigen estructuras elaboradas, escenarios con luz natural y narradores distanciados. Como esta fotografía de Hilario Barrero.

Se quedó solo. Ahora recupera minerales en la galería de los desafectos.

 Futuro; esa aspirina diluida en el agua fresca del fracaso.

Andar extraviado tanto tiempo me deja ante tu puerta. Llamo al timbre. Espero.

lunes, 4 de marzo de 2013

CARLOS IGLESIAS DÍEZ. UMBRAL.

 El niño de arena
Carlos Iglesias Díez
Deva, Gijón, 2012

   Con terco sosiego, la colección Deva, promovida por el Ateneo Obrero de Gijón, dirigida por el profesor, poeta y ensayista José Bolado –último Premio de la Crítica en el Principado de Asturias-, incluye en su catálogo la carta auroral de Carlos Iglesias Díez.
   Arropan esta entrega dos referentes amicales, Fernando Beltrán, que firma la solapa de inicio con un breve impresionista, y Rodrigo Olay, autor de un epílogo cernudiano sobre las contingencias de esta salida. El niño de arena  fecha sus poemas entre 2003 y 2011, y articula su evolución en tres apartados, “Los restos de la noche”, “Briznas” y “Puntos suspensivos”.
   Los versos optan, desde el inicio, por un formato breve, narrativo, con asuntos que entremezclan evocación y sugerencia, sin que halla un hilo argumental predominante ni una única perspectiva. El sujeto poético fluctúa entre la voz distanciada de la tercera persona y el uso de un tú dialogal que requiere un interlocutor cercano. En el primer conjunto poemático, “Los restos de la noche”  los versos confían su eficacia en novedosas imágenes, que generan en la lectura un asombro cómplice: “Quise hundir las manos/ en tu vestido negro/ y, al final,/ el tiempo/ me las cubrió de escamas.” El segundo apartado, abierto con una amplia cita del poeta Luis García Montero, se unifica desde el punto de vista formal por un mayor despojamiento, incluso en los títulos de poemas, que son siempre sustantivos con amplia carga semántica. Así lo percibimos en “Memoria”: “Los recuerdos, / observándome, / desde el ojo muerto / de un pez.” Los versos componen quietas instantáneas que resumen una secuencia vital, con una cercanía a la esencial filosofía del haiku.
   Resalta el papel que Carlos Iglesias Díez concede a la música de cantautor, tan definida por su empeño en unificar melodía sonora y contenido sociológico en las letras. Si Leonard Cohen firma el pórtico del poemario, en la primera parte se incluye un homenaje al desaparecido Antonio Vega, que puso voz a un tema generacional, “La chica de ayer”; el fondo sonoro persiste en otros poemas como “Chocolate” y “Futuro”.
   En el tramo de cierre, cuyo título, “Puntos suspensivos” nos deja la idea de un final abierto, de una futura senda que habrá de sumar nuevos pasos, se focaliza más el entorno, aunque siempre descrito de manera indirecta a través de un diálogo con los sentimientos en una contextura temporalista.
   El niño de arena es el umbral, preciso y acertado, a un territorio creativo en el que se nos da cuenta de las consideraciones de un yo que deja en palabras las interrogaciones de los días, esas filigranas que marcan la caligrafía de los sentimientos

 

sábado, 2 de marzo de 2013

AUTOBIOGRAFÍA

Madrid, 2013. Fotografía de Giuliana Calabrese. 
Autobiografía

También soy yo
por la fidelidad a mis contradicciones;
por permitir gozoso,
cuando las plazoletas solitarias
reivindican el silencio y la sombra,
que un recuerdo me asalte en el espejo
como un rastro de luz, leve, intangible,
e inicie una liturgia
de nombres, fechas, gestos
y túmulos de sueños,
nadando alborozados en el mar
de una cronología sospechosa.

Tanta dulce mentira esconde a otro.

   (De Causas y efectos, Sevilla, 1997)