lunes, 20 de abril de 2020

HÁBITO

Islas
Archivo
del
Blog del Fotógrafo



HÁBITO

                                                           Solo presencia que no ocupa espacio,
                                                       sombra o luz fiel, al borde de mí mismo

                                                                              ÁNGEL GONZÁLEZ

Solo mirarte 
hasta que nada quede.
Tú sumas todo.

                      (Inédito)



sábado, 18 de abril de 2020

JAIME GIL DE BIEDMA. DIARIOS

Jaime Gil de Biedma
Fotografía
de
LaVanguardia


LOS LÍMITES DEL YO



   Jaime Gil de Biedma preparó este recuento autobiográfico con voluntad crítica, con el firme propósito de que fuese un testamento de claves interpretativas. Esta valoración otorga al volumen Diarios (1956-1985) (Barcelona, Lumen, 2016) editado por Andreu Jaume, un espacio singular. Guarda, por tanto, íntima relación con Las personas del verbo, que aglutina el fondo lírico, y con El pie de la letra, donde se integran artículos y ensayos. La condensada  indagación intimista nace de un afán de “adiestramiento en la literatura”, como un sostenido ejercicio de aprendizaje y búsqueda de un lenguaje para precisar y comunicar las gradaciones de la experiencia. Las vicisitudes de imprenta son conocidas. En 1974 amanecía Diario del artista seriamente enfermo que más tarde, ya en 1991 y en edición póstuma, se integraría en Retrato del artista en 1956. Al perfil del poeta-poema se suman aquí los textos inéditos. Son dos diarios fechados en 1978 y en 1985 que constituyen, y otra vez recurro al contexto informativo del prólogo, el retrato tardío de una sensibilidad renacida tras una estrepitosa crisis de identidad, sin asiento en un entorno cívico convencional.
  En la organización de la obra percibimos el deseo de un orden; un afán de simetría por trazar con veracidad los afanes de un protagonista implicado, que inicia el recorrido biográfico con Retrato del artista en 1956. Es el tramo más vitalista; en ese tiempo el escritor está trabajando en “Las afueras”, conjunto poético integrado en la obertura Compañeros de viaje y comienza su relación con la Compañía de Tabacos de Filipinas, empresa familiar en la que desarrollará todo su periplo laboral, con numerosos viajes de negocios y una agenda vital de libertad y descubrimientos.
  Las anotaciones de Retrato del artista en 1956 se convierten en un atlas de geografía humana. En él emerge un yo en crecimiento con inquietudes literarias, muy cercano en lo intelectual al grupo de amigos de Barcelona, sobre todo a Carlos Barral. Dan fe de una intensa pasión por vivir. Los días en Manila muestran, sin sombras, una continua búsqueda de relaciones y encuentros sexuales, no carentes de morbo y confrontados con la moral católica. También aflora la conciencia social y la evidencia de una jerarquía asumida en la que cada vez soporta peor la prepotencia colonial, esa insólita desnudez de derechos que tiene la mano de obra indígena. Las secuencias refuerzan su rechazo a una forma de vida aristocrática que fomenta el poder económico desde la explotación de los más débiles y crea en su interior un acuciante vacío ante las severas condiciones de supervivencia de los más humildes.
  Desde la distancia, la realidad política española adquiere atinada definición. Se aprecia el desarraigo interno y la ausencia de peso en la política internacional que aísla al integrismo franquista. El poeta escribe: “España es un país enfermo, enquistado en sí mismo”.
  La misión de Jaime Gil de Biedma en la Compañía General de Tabacos de Filipinas se expone en el informe sobre la administración general, un texto de fuerte contraste con la perspectiva general del diario. Se trata de un trabajo técnico sobre la fisonomía de la empresa, sus activos mercantiles y el funcionamiento operativo del personal. Apenas queda sitio para el enfoque confidencial que solo retorna en el apartado “De regreso en Ítaca”, cuando la estancia en Filipinas concluye. La implicación con la geografía asiática fue intensa. Mas el poeta ampara una sensibilidad mudable y las nuevas anotaciones acogen el clima de relación, las lecturas y el afán literario. Sitio especial concede a su temporada de convalecencia en la Nava de la Asunción, un municipio próximo a Segovia, a causa de la tuberculosis. El moroso discurrir mesetario ralentiza las horas y da ocasión a un análisis del yo verdaderamente demorado que integra facetas diversas, desde la sexualidad apaciguada hasta los problemas de composición, o las acuarelas familiares que permiten conocer el retablo de presencias cercanas y su empatía.
   Más que las vicisitudes del ego son los trabajos y días literarios los que rigen el enfoque tonal de Diario de “Moralidades”, segmento que abarca desde 1959 a 1965. El cauce vitalista, no exento de polémica por una sexualidad desbocada y oscura, se hace remanso sedentario para adentrarse en la conversación pausada entre biografía y escritura. Lo que se estima ahora es el apunte de taller, aunque de cuando en cuando desgrane  textos  que bosquejan rutinas de la casa.
   En esos meses concluye varios proyectos, entre ellos un ensayo crítico sobre Jorge Guillén, publicado en 1960. Es la etapa de definición del grupo de Barcelona a través de gestos colectivos como el homenaje en Colliure a Antonio Machado, en el vigésimo aniversario de su muerte, la preparación de la antología de Josep María Castellet, o la realización de lecturas y encuentros que dan a  conocer emergentes idearios estéticos.
   Es el tiempo de escritura de Compañeros de viaje, su carta de presentación. Las anotaciones revelan la lenta elaboración de los textos, el pulido final y el sesgo racional de una obra que va creciendo con lentitud, muy lejos de la intuición sentimental, con un sólido trabajo de organización.
   Por otra parte, los contactos con Carlos Barral, Josep María Castellet y otros poetas del medio siglo facilitan el conocimiento público de sus creaciones. Son días de cielo claro. Cuando arranca 1960 sus apuntes lectores gestan un criterio crítico pleno de solidez. En él, Antonio Machado adquiere una significación tutelar, que influye en una expresividad directa y en el sentido ético del poema; lo mismo sucede con los compañeros de viaje. Con afines supuestos estéticos forjan el catálogo de la colección Colliure, que habrá de convertirse en pórtico editorial de la lírica del grupo. También es valorado de forma positiva Luis Cernuda; en cambio cuestiona las últimas salidas de Juan Ramón Jiménez.
   El periodo acogido discurre hasta 1964 y en él perduran los peculiares caracteres del ego, aunque los párrafos se hacen más esquemáticos. En ellos se alternan los estados de ánimo, las crisis físicas y amorosas, las lecturas y los avances de poemas que van adquiriendo todos los elementos de la versión final. Asimismo prosiguen los contactos promocionales y el deambular por enclaves peninsulares, con especial incidencia en la costa. La identidad del yo se asienta en claroscuros que transmiten su inestabilidad afectiva. Mientras lee a Catulo y los poemas epigramáticos de la Antología palatina que servirán para encontrar el tono de “Pandémica y Celeste”. Cuando arranca 1964, vislumbramos síntomas mudables en la persona. Se remansa su intemperancia polémica, siempre dispuesta a la confrontación, y eso permite una meteorología relacional más estable. Se consolidan ramas esenciales: Jaime Salinas, Esther Tusquets, Gabriel Ferrater, Juan Marsé… Un escogido listado de nombres propios que aglutinará esfuerzos e  itinerarios editoriales comunes.
   Este litoral en calma también tiene borrascas, como el fallecimiento de Joan Petit o la muerte de Luis Cernuda, cuyo legado siempre será un hito referencial. Son meses también de provechoso quehacer: los versos de “Pandémica y Celeste” pulen aristas con un sostenido afán reflexivo. De nuevo, el discurso verbal está marcado por la razón de una exigencia máxima que analiza avances y movimientos, articula secciones, evitando espejismos aleatorios con una organización interior que sostiene el desenlace.
  El calmo acontecer amansa la inquietud erótica. Ahora sus desvelos sentimentales están cuajados de moderación filosófica. Sobre la mesa están las páginas abiertas de Corpus Barga, Gombrowicz, Villalonga, Sartre o Isherwood. Es un tiempo claro y benigno en el que se va gestando el libro Moralidades con calculada lentitud.
   De cuando en cuando la serenidad bascula hacia la apatía. Su exigencia crítica es extrema, lo que le provoca paréntesis de desmoralización, cuando los proyectos no adquieren solidez y coherencia. Su falta de interés afecta sobre todo a los entornos literarios y a su presencia activa en foros sociales. En cambio, le gusta meditar sobre la intrahistoria colectiva: ecos de las revueltas universitarias, huelgas asturianas y el sostenido caos ideológico del franquismo que diluye las líneas de fuerza del poder político.  
  En el diario de 1978 la textura de la realidad ha sufrido significativas quiebras. Desde 1972, en los estertores de la dictadura, viaja al litoral porque adquirió una casa en Ultramort, en la comarca del Empordà y allí fija su retiro residencial. Se asienta la convivencia sentimental con Josep Madern, salvo algunos esporádicos encuentros ocasionales y sus preocupaciones cotidianas se mantienen, tanto en la empresa, como en el taller de autor, que acrecienta enlaces con la segunda generación poética de posguerra
  De cuando en cuando, los síntomas de la enfermedad condicionan su salud o empujan a temporadas de ánimo sombrío. Pero la radiografía general de este periodo se expone con tranquila objetividad, como si fuese trazando una estela de sueños cumplidos, a pesar de su conocida inestabilidad emocional.
   Poco a poco adquiere su pleno sentido un verso premonitorio: “Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde”. El invierno vital establece una perspectiva crepuscular en la que el sujeto adquiere razón de una travesía transitoria. Se recupera de una fatigosa bronconeumonía que acentúa su humor sombrío. Los años cumplidos comienzan a sumar erosiones. La historia del país tras la muerte de Franco entra en un interludio complejo donde no siempre se sortean los resabios franquistas. Varias notas reflejan la detención del dramaturgo Albert Boadella por la representación de la pieza teatral La torna. El director será sometido a un severo proceso judicial, tras un consejo de guerra.
   Retornan los hábitos, viaja de nuevo a Filipinas y asume responsabilidades empresariales. Cada vez muestra una mayor dependencia afectiva de Josep M., pero sus vaivenes emocionales persisten. Incluso el diario se convierte en una enojosa tarea obligatoria que solo retoma en 1985, cuando se le diagnostican los primeros síntomas del sida. Las páginas autobiográficas de 1985 son la crónica del viaje final hacia ninguna parte.
  El hábito del diario requiere coherencia y dejar que pase la tentación continua de embellecer el pasado. La escritura de Jaime Gil de Biedma abre los ojos con la claridad apacible de la amanecida y en ella se diluyen los límites del yo para convertirse en literatura y existencia, sin trasfondo, con la respiración ajustada de quien cumple trayecto hasta la última estación.


                                                                            

jueves, 16 de abril de 2020

PUNTOS DE FUGA

A resguardo
Imagen
Archivo de internet



PUNTOS DE FUGA

Cuando conciliaba el sueño, permanecía insomne su inteligencia práctica.

El fulgor del adjetivo ciega el poema.

Activos habitantes de la ciénaga, los ajetreos del odio nunca cierran jornada laboral.

Refrenda la última resistencia de un castillo de arena frente al mar: persevera en la nada.

El verano y esos desnudos que eligen mis ojos para decirse.

En el aforismo grava suelta, que presiona los pies de quien camina.

Todos admiraban la solidez y el peso de sus opiniones. Él asentía, mientras ocultaba su petrificado cerebro.

Hay inteligencias livianas, casi invisibles. Buscan su imagen en el espejo de la prepotencia para no desaparecer entre la neblina.

 Sus racionamientos cumplen milenios. Usan el lenguaje de las piedras, un abecedario tectónico.

Quien quema el bosque sugiere ahora plantar arbustos sobre el tizne.

Soy el mismo, aunque la edad  borra senderos al deseo. Seca las sábanas.

(Aforismos de JOSÉ LUIS MORANTE)

miércoles, 15 de abril de 2020

CAMBIOS

En vuelo
Fotografía
de
National Geographic

CAMBIOS

Y apenas ha quebrado el día de verano

ERIK A. KARLFELDT

No sabe averiguar qué rasgos definen la propia identidad. Sigue sin comprender por qué cada vez que se mira en un charco descubre una versión libre del yo. Hoy se siente pájaro.

(De Cuentos diminutos) 





martes, 14 de abril de 2020

EL YO SUSCEPTIBLE

Ventana al yo
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


EL YO SUSCEPTIBLE

He abandonado muchos hábitos en la vida
y ya casi nada me falta

ANNA AJMÁTOVA

Soy un yo susceptible, con formato dispuesto al gusto ajeno, a quien los demás atribuyen rasgos caracteriales que no tienen ninguna sobrecarga en mis espejos. Seguro que ellos tienen razón; yo solo tengo dudas.

Hubo años que el sueño nocturno se prolongaba durante horas sin interrupción. Ahora me parece mentira, como si los recuerdos fuesen fotografías a destiempo, hechas con imágenes veladas o encuadres defectuosos.

Debo escribir un diccionario sobre el misterio intacto del conformismo.

La ridícula presencia de los intrusos que buscan plano en las conexiones en directo de los telediarios, como si aparecer un segundo al margen fuera tomar el pulso a la inmortalidad. Son las molestas huellas de una mano sucia en el cristal.

Esos sabios capaces de apagar la sed sin agua.

(Apuntes en el encierro)



lunes, 13 de abril de 2020

VERSOS-VERSUS-VIRUS (ANTOLOGÍA POÉTICA)

Versos-versus-virus
(Antología poética digital)
Edición de Pablo Blanco
Cubierta e ilustraciones de Mai Hidalgo
Maquetación de Alba Izquierdo
Valencia, 2020

PALABRAS FRENTE A LA NOCHE


   Un mínimo introito del coordinado de esta antología resulta la textura esencial de la palabra poética como un viaje de conocimiento  y diálogo con el otro. Las palabras abrazan. Tienden la mano. Visten al pensamiento. Y ese es el valor singular de esta selección poemática que llega a la oscurecida habitación del presente como una amanecida.
   Cuarenta y siete voces de dos generaciones en activo y distintos entornos geográficos aportan una escueta biografía personal y un único poema que busca las coordenadas causales del verso para que refrenden su dimensión habitable en un momento histórico proclive al ensimismamiento y con una sensibilidad cercana al desajuste emocional.
  Así se van sumando teselas personales para componer un espacio sentimental común, que se hace sosiego y riqueza cognitiva. Son los poemas los que deben ofrecer el verdadero rostro de la aurora. La escritura no es sino el reflejo de la conciencia que solo se remansa en su senda por la presencia de las ilustraciones oníricas y coloristas de Mai Hidalgo..
  Se me disculpara si no escribo la amplia redacción de participantes y solo resalto, por su cercanía afectiva y por la calidad de su aportación algunos nombres como Pilar Blanco Díaz, Blas Muñoz Pizarro, Ángela Serna, Pilar Verdú, Teresa Garbí, Víktor Gómez o José Antonio Olmedo López Amor. También  perduran tras la lectura por la mutación expresiva los aforismos de la esperanza de Roger Swanzy y la invitación al haiku estacional de Gregorio Muelas Bermúdez. Pero el listado de buenos poemas es mucho más amplio. Se puede resaltar una tendencia natural al poema corto y al uso de una dicción comunicativa que aborda el entorno como campo perceptivo. La mirada del hablante lírico despierta para trascender la epidermis de la realidad.
   La pandemia ha convulsionado la rutina diaria y nos ha sometido a un confinamiento inquieto que abre laberintos y preguntas en el campo introspectivo de la poesía y en el ánimo crepuscular. Afuera sobrevuela una innegable tristeza. Pero la poesía abre los ojos y las manos para hacerse fuente de renovación e impulso, razón de ser. El verso permite preservar la inocencia; percibir el entorno con los ojos claros del asombro. 


                                                                              JOSÉ LUIS MORANTE

domingo, 12 de abril de 2020

EN EL BORDE DEL TARRO

Viento a favor
Imagen
de
Enciclopedia de la Naturaleza



EN EL BORDE DEL TARRO


   La  talla ingenua del niño ha cumplido nueve años y desenrosca con maña inquieta la tapa del tarro. Sospecha que desde el interior saldrá un dragón contraído. Desecha el miedo y tiene suerte. Roza sus dedos el vistoso arco iris de un colibrí. Un instante después el aire muda de piel.

(De Cuentos diminutos)