viernes, 22 de mayo de 2020

ARTE Y VIDA

Arte y vida
(El pensador)
 Auguste Rodín)



DON JUAN

                        La vida imita al arte

                              ÓSCAR WILDE

Un día la pasión no es más que un resto,
una filosa esquirla
que la tarde enmohece.
La realidad futura se convierte
en solar insalubre;
un mercadillo antiguo
en el que trapichean los recuerdos.

Cuando no queda nada
respirar es un modo de esparcir la ceniza.

El reguero biológico malvive en su estiaje,
se cansa y aborrece.

Aquí la vida desconoce el arte.

                      (I42 REVISTA CULTURAL, nº 5,
                          abril-mayo-junio, 2020)


         

jueves, 21 de mayo de 2020

DE ESPALDAS

Andar a solas
Fotografía
Archivo Pixabay.com

DE ESPALDAS


   La separación multiplicó vicisitudes de plomiza oscuridad. La vida en pareja reiteró repertorios de gritos disconformes, silencios, quejas, cansancio y limo. Juntos consumieron una gastada hoguera que llenó de humo el discurrir. Sobre la piel de cada uno se grabaron los confines del otro con la grafía honda y compleja del dolor. De memoria, se aprendieron por dentro.
   Un día inconcreto, el sistema tensional encontró la salida de urgencia del olvido. La historia común se hizo arqueología. Ahora los dos simplifican el pasado. Es una periferia del presente que aconseja soportes defensivos: solo aman de espaldas.

(De Cuentos diminutos)



miércoles, 20 de mayo de 2020

GUIJARROS VERBALES

Quiosco de actualidad
Archivo
de imágenes
de
Internet



AYER, AHORA

Seamos realistas, pidamos lo imposible

Mayo de 1968 


De la paranoia de algunos mandatarios internacionales y de su incapacidad para afrontar la crisis sanitaria del virus lo más razonable es sembrar silencios, aunque sus actuaciones tendrán un torrencial fluir de vidas humanas. Qué perversión negar la existencia de la enfermedad para justificar su ineptitud.

Una expresión de la ministra Irene M. que antepone el blindaje ideológico al quehacer solidario del político: “Hay que buscar la salida antifascista de la crisis”. Asunción de un comunismo tardío y artrítico como hoja de ruta. Y olvido de que la inteligencia debe buscar respuestas tranquilizadoras, no sembrar las aceras de guijarros verbales.

La política actual sufre una epidemia de parásitos.

No sé si acierto si ante algunos mensajes de cortesía digo la verdad; tal vez no, se puso de moda el cinismo en los albores de la vida social y sigue alumbrando a diario con su sol de circunstancias. Pero la verdad es que me preocupa mucho la otredad de la ética, el pensar que los comportamientos honestos son quehacer ajeno.

Las ausencias de amigos y conocidos van dejando su estela de dolor casi a diario; El frágil absoluto del yo acumula numerosos talones vulnerables. Y la muerte lo sabe. por eso vence siempre.

El prolongado encierro nos somete a un dilema hamletiano: guardar la forma física o el músculo psíquico. Hay que elegir…

Apuntes del diario



martes, 19 de mayo de 2020

DÍAS CON NUBES

Sol negro
Fotografía
del
Archivo Flickr


DÍAS CON NUBES

                                                  Roto el tiempo

                                     ENRIQUE BADOSA

Con sus valijas
de soledad y espera
alzan los hombros.


lunes, 18 de mayo de 2020

ÓSKAR RODRIGÁÑEZ FLORES. BARRO LÍQUIDO

Barro líquido
Óskar Rodrigáñez Flores
Editorial El Búho Búcaro Poesía
San Sebastián de los Reyes, Madrid, 2020 (2ª edición)


MOLDES DEL YO


    A veces la lectura de una trayectoria poética se ralentiza porque su perfil biográfico se asocia a un determinado campo laboral que casi monopoliza los rasgos; así me sucede con Óskar Rodrígáñez Flores, Diplomado en Osteopatía, Técnico en Comercio Internacional e impulsor y coeditor de la editorial Búho Búcaro de Poesía. El madrileño ha mostrado su fertilidad creadora en un corto espacio de tiempo firmando los poemarios Memento mori (2016), Loco Lúcido (2017), y  Evoluzione dell’Amore (2018), junto a la entrega Dos poetas en el espejo, escrito con Pilar S. Tarduchi, y Poesía transoceánica, en colaboración con Guillermo Lopetegui. Precisamente es este último poeta quien abre las páginas de la plaquette Barro Líquido, reeditada por segunda vez en marzo de 2020.
   El título Barro Líquido emplea la apertura semántica del oxímoron para acentuar la naturaleza anfibia del elemento, su mestizaje contradictorio entre la claridad transparente del agua y la opaca solidez moldeable del limo. Sobre este aporte conceptual se escribe el prólogo “Amor de barro” de Guillermo Lopetegui. El poeta resalta la capacidad simbólica de la expresión, su disposición a fusionar la voluntad del artesano con el quehacer matérico para dar forma y expresión. Así la palabra y el verso, así el poema y su mapa dispuesto para aglutinar el sustrato informe y darle voz de tango, cadencia inaugural para el dolor, el desencanto, la soledad o la espera. Son sensaciones del desasosiego que definen el conjunto de poemas de Óskar Rodrigáñez Flores. La poesía alienta una indagación en los laberintos interiores de la identidad y una inmersión en la conciencia para descifrar los propios enigmas. 
   El prefacio del poeta y crítico Manuel Quiroga Clérigo parte del quehacer editorial conjunto con Pilar S. Tarduchy para adentrase en las raíces de los progenitores literarios que dan fuerza y volumen a la travesía personal; al cabo, el mismo Óskar Rodrigáñez Flores abre su libro con una conocida cita de Borges que enaltece la condición lectora sobre cualquier otra seña de identidad del escritor. Desde ese territorio germinal la poesía del madrileño sondea espacios de sensaciones que dan senda libre a la experiencia vital y a sus claroscuros; los efectos erosivos de la decepción y el tiempo conviven con la pulsión emotiva y las razones del corazón. 
   Los poemas iniciales presentan una epidermis reflexiva; quien comparte las líneas de escritura de la intimidad vive en la incertidumbre, se siente a sí mismo como un muñeco de arena moldeado por manos ajenas que deja atrás un existir compartido para habitar ahora un presente de ausencias, un estar en el que cobra fuerza la evocación de otros días. La búsqueda tenaz del sujeto solo encuentra entre sus manos desolación y amargura, como si el amor fuese un espectro, un espejismo del tiempo que se ha ido borrando poco a poco. Todo es recuerdo, melancolía, el humo manso que asciende desde un despertar de soledad que ha perdido la inocencia de los pasos comunes.  
   Pero el clima nocturnal de muchas composiciones no anula la claridad posible del amanecer; el amor perdura, tantea la azarosa distancia del regreso, vivifica en la sorpresa nocturna de la caricia, se hace deseo y reencuentro o se contrae hecho dolor, como atestigua la composición “Dolor sombrío”. Entre el creer y el no creer deambulan las palabras; desde esa duda llegan los recuerdos de un tiempo compartido y llega también el cansancio que sugiere la rendición y el abandono.
   Sorprenderá el poema “Síndrome tóxico”, que se aleja de la temática amorosa general del poemario para recordar una dolorosa contingencia sanitaria que afectó a muchas familias en nuestro territorio nacional. El año 1981 fue testigo de la muerte de miles de víctimas por el envenenamiento masivo del aceite de colza. De tanto sufrimiento y dolor nacen los versos que hablan de muertes inocentes, personas discapacitadas e inocencias perdidas.
   Es solo un intervalo temático en un hilo argumental marcado por las variaciones anímicas del amor; o  del desamor porque los últimos poemas “Tu levedad”, “Soledad perenne” y “Ültimo olvido” la cicatriz se va cerrando para dar paso a un vacío, a la levedad de una estela que se hace nube invisible. El estar desapacible perdura; en el último olvido el presente abre sus manos para hacerse evocación y el resplandor callado del recuerdo. Lo vivido no es más que barro líquido, un molde extraño que se ajusta a las ásperas manos del tiempo. 



domingo, 17 de mayo de 2020

EL PARAGUAS

La otra cara del sueño
Fotografía
de
Archivo general de internet

EL PARAGUAS

  Cada noche deja el paraguas, enhiesto, como un ciprés pequeño que buscara raíces, entre la cama y la mesilla. Su sombra vertical contrasta con la claridad de las sábanas. Entre el ir y venir del sueño se filtra la lluvia. Mientras duerme, siente una humedad contradictoria que eleva al techo la temperatura corporal. Solo el cobertor asume el desajuste.

 (De Cuentos diminutos)



sábado, 16 de mayo de 2020

KARMELO C. IRIBARREN. SAN SEBASTIÁN BLUES

San Sebastián Blues
Karmelo C. Iribarren
Prólogo de José Luis Cancho
Papeles mínimos / Poesía
Madrid, 2020



GRADACIONES Y PASOS


   La estimulante presencia de Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959) en el laberinto poético actual es un hecho, pese a la indigencia mental de algunos críticos, ya sea a través de la significativa producción reunida en Poesía completa (1993-2018), impulsada por Visor en 2019, o en compilaciones parciales como La ciudad (2014), Pequeños incidentes (2016), Amor, ese viejo neón (2017) o Los cien mejores poemas de Karmelo C. Iribarren (2018), selecciones que despliegan claves interpretativas de distinto alcance teórico. A estas valoraciones de trayecto se suma ahora San Sebastián Blues, editado con su sobria elegancia en Papeles mínimos. El título de la antología suena a jazz y concede a la ciudad natal del poeta un singular espacio trascendido que acumula gradaciones y pasos. Con ese fondo azul en la pupila se escribe la condensada indagación intimista de José Luis Cancho, autor del apunte “Alzar un plano”. La mirada omnisciente recupera el contexto existencial del poeta y las mudanzas de su sensibilidad. Cancho nos deja en sobrios trazos la identidad de un paseante que recorre su entorno cívico convencional con itinerarios imprevisibles, como si ese avanzar a la deriva quisiera calibrar a cada paso la dimensión del tiempo.
  En la organización de la obra percibimos el deseo de que estén representados en la antología todos los poemarios, incluido Un lugar difícil (2019) y tres poemas inéditos. Desde esta voluntad camina la veracidad del protagonista implicado, moldeando casi un nuevo libro que muestra la soledad como estación final. La etapa de madurez traslada la conciencia del sujeto a las afueras; la voz se hace más introspectiva, menos dispuesta a prestar atención a las naderías de la calle. El hablante verbal reivindica su derecho a vivir en tierra de nadie, practicando el patriotismo de la indiferencia. Sabe que su tiempo es otro. Deja en reposo el atlas de geografía humana de la vida social, como si el polvo superficial de las apariencias hubiera sido borrado y solo quedase al descubierto la claridad de la indagación, el autorretrato del sujeto ante sí mismo con la voz sabia del amanecer.
  Desde la distancia del recuerdo, las señas de identidad del entorno adquieren una atinada definición. El enclave norteño se define por la galerna, la presencia de la bahía, la mirada estival de los cuerpos al sol de los bañistas, los puentes, el río, los bares del casco viejo, o el teclear intenso de la lluvia. La implicación del espectador es fuerte. Así se despliegan las anotaciones que acogen el clima de relación entre sujeto y entorno. Las composiciones recuerdan mínimas acuarelas que hacen de cada poema, lejos del apunte de taller, un cálido bosquejo del discurrir.
   Los versos revelan la lenta elaboración de una vivencia y el pulido final. El sesgo narrativo de mínimas secuencias existenciales. Son poemas de cielo claro y expresividad directa, ajustando los pasos de un personaje reconocible. En él perduran los peculiares caracteres del ego, aunque los párrafos se hacen más esquemáticos. Se alternan los estados de ánimo, las leves descripciones, las lecturas reflexivas del silencio. Son avances que van adquiriendo todos los elementos en la versión final de la identidad del yo y en los claroscuros que transmite su geografía afectiva.
   Karmelo C. Iribarren es un magnífico creador de ambientes. Sus poemas configuran atmósferas tangibles con pinceladas incisivas, capaces de convertir la gastada realidad cotidiana en un símbolo resistente al devenir temporal. En las composiciones de San Sebastián Blues la ciudad cristaliza como una presencia viva, estimulante, contradictoria, que ofrece a los desplazamientos un espacio de libertad, la soledad en compañía que cada día despunta a plena luz. Me gusta mucho la poesía de Karmelo C. Iribarren, su verdad conjetural sin artificios, su forma de decirnos sin lenguajes cifrados que vivimos una fuga en solitario, donde la derrota aguarda siempre como estación final. 


                                                                                            JOSÉ LUIS MORANTE