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El arte de la levedad Javier Recas Cypress Cultura Colección Scripta manent Sevilla, 2021 |
FILOSOFÍA LACÓNICA
Madrileño nacido en 1961, Javier Recas es Doctor en Filosofía por la
Universidad Complutense de Madrid y ejerce la docencia en un instituto de la
capital. Su personalidad define a uno de los grandes estudiosos de la
literatura breve, con una certera travesía de investigaciones. Es autor de las
entregas Hacia una hermenéutica crítica (2006),
Meditaciones de Marco Aurelio (2011),
Relámpagos de lucidez. El arte del
aforismo (2014), Una grácil y aguda
miniatura (2020) y la edición Encuentros
y extravíos. Aforismos de Mark Twain (2020). Los ensayos postulan redes interpretativas
en torno al enunciado lacónico, como un despliegue de contenido sustentado en
la fuerza de la razón, acorde con el entorno histórico y cuya claves expresivas
radican en la intensidad y la decantación de lo mínimo en precisa síntesis.
La entrega El arte de la levedad clarifica
su aportación con el subtítulo Filosofía
del aforismo y una introducción que muestra el lúcido conocimiento de esa
relación natural entre el aforismo, que aspira a la verdad, y el quehacer poético. Como insólitos
misterios expresivos, escurridizos y complejos en su definición, nacen así las
perdurables “islas de sentido entre dos silencios capaces de abrir nuevos
horizontes, de movernos y conmovernos, de evocar y provocar, para entregarnos,
tras el inicial deslumbramiento, el testigo de la reflexión” (P. 7). Comenta
también el escritor que el diseño interno ha optado por acompañar las
argumentaciones con una amplia colecta paremiológica, que hará más diáfana la
trama, alejándola del púlpito académico. La espigada selecta de Javier Recas refrenda
el norte del discurso crítico con admirable intensidad. Se convierte en una
estela de sabiduría en el tiempo, cuajada de precisión y belleza tonal, que
hace del aforismo “una inquebrantable voluntad de verdad, de concisa y desnuda
verdad, intensa, provocadora, inquietante, radicalmente distinta del discurso
argumentativo” (P.45).
También esbozado en las líneas prologales, el recorrido de El arte de la levedad elige, para el
estudio del pensamiento discontinuo, ocho sendas interrogativas básicas,
secuenciadas en ámbitos autónomos. El análisis de la parquedad es el estrado de
superficie de “En los márgenes del silencio”. En el avance alumbran otras
indagaciones meditativas. Así sucede con el silencio, íntimamente asociado a la desnudez extrema del aforismo. De la
entidad del silencio, emerge en el primer capítulo un amplio espectro de
posibilidades significativas. La palabra no pierde su fuerza cuando se hace
generadora mudez, sino que adquiere carácter insondable.
La obra valora, en segundo lugar, el modelo epistemológico, la carga
conceptual del aforismo como campo verbal autosuficiente, capaz de diseñar en el
despliegue una totalidad de sentido. Javier Recas no deja al margen los
aforismos de extracción, tramos verbales espigados de obras mayores, cuyo
despiece se ha convertido en “flores cortadas”, desgajadas por su expresividad
sapiencial y plenitud expresiva. El capítulo “Cien rostros” es una galería
donde se expone la diversidad del decir breve, esa superación del molde único
para pluralizar codificaciones que expanden límites formales. El aforismo adquiere
un carácter mutable; personifica un espíritu híbrido. El impulso creativo ha
presentado una contundente variedad de registros, aunque preservando con fuerza
su núcleo filosófico. Esta evolución hasta la modernidad constata la pérdida
del alarde sentencioso y el aumento del ropaje subjetivo; más que una verdad
universal con voluntad de ser “un enunciado con pretensión de universalidad e
intemporalidad”, el aforismo intenta resolver las incógnitas existenciales del
yo concreto.
El valor cognitivo del aforismo
acostumbra a mostrar en su superficie un epitelio poético. Del examen de esta
cuestión se encarga el capítulo cuarto “Verdad poética”, que muestra una terna
de perspectivas en torno a la condición lírica. Focalizar la relación entre
filosofía y poesía requiere una tolerante lucidez porque los términos conjugan
discordancias. El pensar filosófico se desvela desde el logos y la razón
instrumental, en tanto la poesía, como machadiana palabra en el tiempo, es
fundación del ser y forma de conocimiento desde el verbo.
La tarea exploradora del género en su búsqueda de un persistente fondo
semántico, se desarrolla en el apartado
“Cargas de profundidad”. La aparente naturaleza simple del decir breve, anuncia
plenitud; como afirmaba Porchia “Lo hondo visto con hondura, es superficie”. La
profundidad resulta compleja, requiere una agudeza sutil que no pierda la
concisión e impulse la búsqueda; por tanto, es una actitud asociada al
autoconocimiento, capaz de traspasar el epitelio de lo cotidiano y adentrase en
ese sustrato velado del yo interior. Del despertar auroral de lo diáfano trata
el capítulo “El embrujo de lo liviano”, capaz de moldear una contemplación
estética de alcance desde la arquitectura verbal del aforismo. La humildad no
resta, porque guarda un misterio intangible, pleno de sensibilidad y magia
interna, que se hace escaparate de madurez. La sección “Vinos secos” emplea un
símil ajustado para definir el trayecto vital como un curso bajo en la
decepción y el vacío; el tiempo acaba calcinando las emociones, se hace vino
seco que amarga el paladar y grava su acidez en la garganta; esa certeza
crepuscular está presente en la tarea aforística de muchos clásicos que han
convertido al aforismo en lacónica queja final; la vida es pasajera, devalúa
posibles utopías y marca un precio de
cierre que cabe en la ceniza.
La herencia meditativa del decurso aforístico en el tiempo histórico
ofrece a Javier Recas un contenido que se convierte en sólida cimentación. El
lector queda en suspenso ante el rescate sabio que muestra el cielo en calma de
lo perdurable. Los máximos predecesores de la actual eclosión del aforismo
reverdecen logros y ponen sus relámpagos de lucidez para que aprendamos, como sugería Eliot, a
decir lo justo y contemplar lo bello.
La lógica de El arte de la levedad, que ubica como coda una trabajada bibliografía
monográfica, capaz de recomponer grietas de un persistente vacío teórico, forja
un mirador representativo. Su arquitectura integra sondeos conceptuales y el fluir
de voces con sensibilidades asistemáticas, tradiciones experienciales diversas
y contenidos heterodoxos. Javier Recas nos deja frente a un mar abierto; contempla
con gozo el mediodía de un género, empeñado en el quehacer humilde de la agudeza.
Ante el fragmentario litoral del mundo, se trata solo de percibir destellos.
JOSÉ LUIS MORANTE