martes, 11 de agosto de 2026

FUERA DE LUGAR

Laberintos
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia


FUERA DE LUGAR

 

Tras el regreso, después del largo viaje, hay un tiempo propenso al desconcierto. En él me siento fuera de lugar, con las manos extendidas,  mostrando documentos invisibles a alguien que nos detiene en la frontera.

 Cada existencia oculta sus ángulos muertos, laberintos de niebla.

 El misterio de lo cotidiano requiere un semblante plural.

 Siempre está ahí. Conforma el cupo estable de amistades con ánimo de lucro.

 Rompen la tregua del sueño los dedos de la aurora. El día todavía está lejos.

 Ahí delante no hay nada salvo tú, una zona de sombra infranqueable.

Los tópicos se jaztan de su supervivencia.

Nadie como el silencio para eludir las frases hechas.


(Aforismos con ducha)




 

 

lunes, 10 de agosto de 2026

PENÉLOPE

La Iliada
Homero
Alianza Editorial
Madrid

 

       Penélope
 
 
Antes de que la rosa de los vientos
desperdigara por la lejanía
treinta y dos direcciones,
respirabas el afán de Penélope,
ese tejer paciente que adivina
cuándo se cumple el tiempo de regreso,
la destreza de Ulises con el arco,
la roja espera de los pretendientes.

(De La noche en blanco, 2006)





viernes, 7 de agosto de 2026

GOYA GUTIÉRREZ. CONJUNCIÓN DE LAS AGUAS

Conjunción de las aguas
Goya Gutiérrez
Prólogo de Neus Aguado
Ediciones Contrabando
Colección Marte 25
Valencia, 2025

 

SECRETOS DEL AGUA

   Goya Gutiérrez (Cabolafuente, Zaragoza, 1954), coeditora y directora de la revista Alga, profesora durante muchos años y poeta con un valioso tapiz lírico que integra, desde la carta de presentación De mares y espumas hasta el libro más reciente Pozo pródigo, más de una decena de poemarios, complementados con algunas plaquettes y con la práctica de otras facetas expresivas como la novela, los comentarios críticos y la fotografía.
  Las composiciones que aglutina Conjunción de las aguas acogen una precisa introducción de Neus Aguado, titulada “En esta casa transitoria”. El prólogo recuerda la tradición de símbolos que ha multiplicado el agua, como elemento primordial y generador, como elemento matérico capaz de moldearse en tres estados. Es asombro y temblor inaugural de claridad y transparencia del transitar existencial; aglutina lo emocional y sensitivo, las inquietas corrientes cambiantes que conforman la conciencia profunda del sujeto. Escritos desde la necesidad y la búsqueda, los textos para Neus Aguado ”fortalecen una voz madura, capaz de transitar entre lo explícito y lo oculto. Se escribe para explicar lo inexplicable y reivindicar la belleza y el amor de forma absoluta". Los versos se empeñan en “recordar que la belleza en su sentido más amplio habita en nosotros”.
  En todos los tramos orgánicos de Conjunción de las aguas emerge una semántica común: el agua representa el cauce existencial, vislumbra un fluir continuo. De este modo, prevalece una mirada introspectiva que aglutina sensaciones y aportes enunciativos. Así queda constancia en la sección inicial, “Aguas”, con citas de dos magisterios de la poesía simbólica: Juan-Eduardo Cirlot y José Ängel Valente. Los poemas aportan una mirada integradora al trazar el perfil indagatorio del sujeto poético; la introspección es una tarea básica del estar, un sentimiento primigenio que bucea en sí mismo para capturar el ansia de ser: “La poeta lo sabe   y hace que las palabras / se enciendan    que caldeando como estrellas/ puedan evocar    el tiempo que se estira / que se ciñe a tu cuerpo    y a tu mente”.
  Desde el trazado inicial, se hace palpable un culturalismo asumido como patrimonio individual: el largo viaje de Ulises a Ítaca conforma un recorrido cuajado de conocimiento. Quien retorna “debe anudarse al mástil de la corriente en curso para sobrevivir” y para no perder los destellos de luz de la mirada. Las posibilidades en el retorno se multiplican. Afloran espejismos y atajos de un viaje que, de cuando en cuando, retorna al pasado por la evocación para vislumbrar la casa abandonada y el resplandor dormido de otro espacio vital.
   Llama la atención en este primer apartado la recuperación de un recurso visual que ralentiza el verso y alarga su respiración: los versos integran espacios blancos que funcionan como silenciosas comas, como si la idea se fragmentara y quedara estática y congelada, tal vez cansada de ser en su interior un cauce fluyente.
   Ese recorrido por la semántica del agua se percibe como concepto contradictorio, capaz de enlazar epifanía y muerte, aurora inaugural y desapacible negrura.  Se suceden las paradojas y se constata que el agua se hace símbolo de esperanza. Su claridad es savia vigorosa y energía. Guarda dentro una pulsión capaz de revitalizar los días agostados y llenarlos de nuevos propósitos que sean sostén de belleza y vida.
  El apartado “Contracorriente” postula, tras las dos citas cuajadas de acierto de Piedad Bonnett y César Simón, la necesidad de crear un espacio habitable que conlleve la singularidad y tenga la extrañeza de la libertad. Se trata de gestar una identidad al margen. Buscar sitio a contracorriente. Quien recorre el fluir, moldea la voluntad capaz de sobrevivir en la intemperie y adentrarse en la memoria de la naturaleza para comprender “la suave cadencia de su voz”.
   El poema fragmentado “Márgenes” arropa un introito de contenido metaliterario. En los márgenes rezuman las palabras y su expresiva diversidad.  Allí están las voces explícitas y las reprimidas, las que profundizan en el desconcierto y la desolación y las que propagan dogmas y espejismos. Todas se dan la mano en su constancia verbal y sugieren permanencia y vitalismo en el cambiante florecer del lenguaje.
   La luminosa concisión del poeta venezolano Rafael Cadenas sirve de entrada a la sección de cierre “Conjunción de las aguas”.  La composición puede leerse como un conjunto de variaciones en torno al paralelismo entre agua y existencia. Cada tesela expresiva busca brillos mínimos en la permanencia de secuencias vitales. Los textos aportan al flujo temporal una significación de claridad perdurable y eclosión de vida. Las palabras pronuncian un conjuro poético que concede al yo el don de seguir, la resistencia a cualquier quebrantamiento.
   Goya Gutiérrez anota en una reflexión final su propio sesgo interpretativo de  Conjunción de las aguas. Todavía cercanos en el tiempo a la fecha de publicación del libro, los demoledores efectos de la dana que provocó muertes y destrucción en la Comunidad valenciana, la trama argumental hace del agua fuente de inspiración en un doble sentido: físico y simbólico. La escritura asume un concepto central del pensamiento de Zygmunt Bauman, desplegado en el ensayo Modernidad líquida: los cimientos clásicos de existencia y sociedad han perdido solidez, estabilidad y firmeza. Nos condenan a un estado de inseguidad e incertidumbre que provoca la fragilidad menesterosa de vínculos y afectos. Todo es un fluir precario, provisional, absurdo, que abre puertas a la soledad y a lo efímero. La realidad se hace sombra. Quedan las voces del poema para conjugar la esperanza, la libertad  de prolongar esperanzas y sueños, la puereza auroral de sostener el agua y trazar un cauce puro.


jueves, 6 de agosto de 2026

MÁSCARA

Carnaval veneciano


 

 

MÁSCARA

Reposa en el sillón, inoperante,
mi trasnochada máscara de oficio.
Por su silencio asciende
la falsedad creíble,
el material que integra
lágrimas y sonrisas,
el que elude por miedo,
el que pone la brida en el galope,
el que nos colma el vaso
de sanas intenciones
y cordiales deseos,
el que deja razones suficientes
para justificar la amanecida.
 
Su logrado artificio
oculta las estrías.
Se hizo con materiales resistentes.
Con ella se completa mi disfraz.   

   (De la antología Mapa de ruta)



miércoles, 5 de agosto de 2026

MIRAR ATRÁS

Miradas
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

MIRAR ATRÁS
 
 
El pesimismo predice esos trayectos que acaban sin pasos.
 
*
 
Ser lo que uno es, sin fecha de caducidad.
 
*
 
Existir supone confianza en la racionalidad cartesiana del  caos.
 
*
 
En la prudencia de la poda, los huesos y cartílagos del crecimiento.
 
*
 
Soy un nómada obsesivo; me gusta huir de mí.
 
*
 
 
José Luis Morante
 
Aforismos DEL MAR
 
 
 
 
 
 
 

martes, 4 de agosto de 2026

JUAN RAMÓN MANSILLA. Nước (Cuaderno de Vietnam)

Nước (Cuaderno de Vietnam)
Juan Ramón Mansilla
Poema de contraportada: José Luis Morales
Fotografías de Juan Ramón Mansilla
Ediciones Búho Búcaro de Poesía
Colección Plaquette Poesía, nº 66

INVITACIÓN AL VIAJE

  
   Nacido en la localidad conquense de Tribaldos, en 1964, y docente de larga práctica en las aulas, como profesor de Historia, Juan Ramón Mansilla cobija una poblada senda de entregas poéticas, iniciada en el umbral de siglo con Los días rotos y El rostro de Jano. Ambas salidas abrían cauce a una voz figurativa, alejada del hermetismo experimental, que confiaba en los poemas como espacios comunicativos de claridad en el avance argumental. Un propósito estético que ha sido santo y seña de todo el legado poético del autor hasta el libro Manual para sacar un conejo de la chistera, editado por Mahalta en 2025 en el catálogo poético que dirige, con atinado rigor, el poeta Francisco Caro.
  La plaquette Nước (Cuaderno de Vietnam), cuya traducción literal sería Agua (Cuaderno de Vietnam) recupera en el subtítulo una explícita invitación al viaje, entendido con una doble polisemia: como desplazamiento y recorrido de un espacio geográfico concreto; y como metáfora existencial que convierte el latido diario en constante fluir: “Duermes.  La arcilla que somos se hace ala”. La emotiva dedicatoria de esta selección poética insiste en esa doble semántica: “Para Maite, compañera de ese viaje y de este más largo de la vida”.
   Las citas, extraídas de nombres propios de canon oriental, profundizan en el concepto de viaje, más allá de la mera observación de las características topográficas. No es una apropiación sensorial sino un proceso que transforma la percepción en paisaje interior, en profundidad y estado de ánimo. Juan Ramón Mansilla aporta además un buen puñado de fotografías. Las imágenes construyen secuencias al paso, componen un paisaje vitalista, enlazando detalles fugaces que, de este modo, adquieren quietud y permanencia. Ante el viajero se expande un territorio nuevo, ajeno al hábito y la costumbre, a la música callada de lo cotidiano: “Esta mañana han prolongado los mirlos / su canto. ¿Presienten que nos iremos / y, durante unos días, nos faltará su música?”. Así comienza un nuevo estar del protagonista lírico, inmerso en las contingencias del transitar; una geografía desconocida que añade a la retina nuevas sensaciones. Todo es apacible amanecida. Una epifanía luminosa que contrasta con la grisura previsible y la anemia del gastado presente, cuyo horizonte deja en ocasiones la sospecha de ser una línea perdida en el cansancio, con la desolación de un territorio inhóspito.
  En el poema “Pagoda del pilar único”, bajo la luz cognitiva del budismo, el lenguaje de la introspección tiene un efecto germinativo. La palabra busca la esencia invisible de los elementos del entorno; su razón de ser; esas respuestas que cobijen unas briznas de luz tras el cristal de la conciencia. Los versos conjugan sucesivas preguntas ante  la fugacidad del tiempo, aunque también sean efímeras tentativas de la madurez, ante la presentida ceniza existencial en los dedos del aire. También la escritura no es más que un cúmulo de papelería dispersa y volandera. De esa sensación de vulnerable levedad de la materia se moldean algunos haikus: “Hojas de otoño. / Tirados en el suelo / cuántos ocasos”; “Cauce del río. / Encima de la luna / croan las ranas”.
   El conjunto poético Nước (Cuaderno de Vietnam) integra poemas inspirados en la toponimia del paisaje; pero también composiciones que dibujan el curso del pensamiento. Bajo el amparo de la memoria se cobijan lugares de paso que respiran la brisa de un aire sosegado. En ellos, la luz se hace presente, abre una ventana al conocimiento. Quien ha sumado pasos en amorosa compañía, retorna con la sensación de ser otro en el sostenimiento de la identidad, de haber purificado su existencia y haber cauterizado la sed. 


lunes, 3 de agosto de 2026

PARADOJAS

Paisaje interior
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia


 
PARADOJAS
 
Los códigos cifrados.
El pájaro y la jaula.
La lluvia en los poemas.
El mar de tierra adentro.
La ceguera y los libros,
aquella afinidad entre mi padre y Borges.
La idea que cobija el borrador.
Esa ilusión etérea de las cosas reales.
Las rosas sin olor, las flores secas.
El tiempo y la quietud de cada instante.
La luz y el corazón de las tinieblas.
Los días que amanecen y no estás.

                  (Del libro Nadar en seco)



domingo, 2 de agosto de 2026

SANTOS DOMÍNGUEZ. LA HERIDA Y EL CUCHILLO

La herida y el cuchillo
Santos Domínguez
XXVIII Premio de Poesía
Ciudad de las Palmas de Gran Canaria
Ediciones La Palma
Colección Ministerio del Aire
Madrid, 2026
 

UNA HOGUERA DE LUZ

  
   Un luminoso texto de apertura del poeta sevillano José María Jurado, titulado “El guardián del fuego”, propone una temprana indagación de La herida y el cuchillo, nuevo libro de poemas de Santos Domínguez (Cáceres, 1955), reconocido con el XXVIII Premio de Poesía Ciudad de las Palmas de Gran Canaria. Ratifica la introducción: “Los poemas de Santos Domínguez, por la claridad y precisión de las palabras escogidas, por su dicción serena y su arquitectura equilibrada y solemne, sugieren una escucha hipnótica y sinfónica”.
   El título del poemario procede de un verso de Baudelaire “Soy la herida y el cuchillo” y agrupa un material poético organizado en tres apartados: ”Quemadura de sombra”, “Marca de aire” y “Una luz extranjera”. Desde las composiciones iniciales se percibe que el autor impulsa su escritura bajo el resguardo de la tradición literaria, siempre presente en citas y conocidas asociaciones expresivas. Así, el primer poema toma como aserto el celebrado título de Tomas S. Eliot y un inspirador verso de inicio para definir un paisaje verbal de pulida dicción y atmósfera sensorial. La poesía emerge desde una ambientación onírica, con personajes como la Sibila, El Rey Pescador, Artur Rimbaud o la poeta Anise Koltz, para transmitir la oscura cicatriz en la que el tiempo difumina vivencias y recuerdos. Lápidas, entierros, tumbas grises y ausencias dan un aire solemne a la despedida final; llenan los colores opacos del día de pompa y circunstancias para hacer del olvido el último lugar habitable. La existencia insiste en diluirse y formar parte de una densa niebla de olvido.
   El poema rastrea las estelas biográficas de aquellos que llegaron a la estación final para sentir que ahora el cansancio, por fin, ha encontrado sosiego. Lo vivido amalgama una sombra confusa que diluye límites y confunde, por ejemplo, la belicosa fuerza del troyano y la quietud de Ovidio en Ponto Euxino. El final de la vida es el aire vacío, igualatorio, que a todos nos espera. Un jardín otoñal donde encuentran cobijo las ausencias: “Con negra quemadura, /  nos apuñala el tiempo profundo de las sombras”.   
   Las composiciones de este primer apartado mantienen un aire solemne de elegía y despedida, encauzan aportes culturales y acogen una dicción selecta y luminosa, de vibrante cadencia musical, como si pretendieran cauterizar olvidos y alejar el sitio final, esa funesta geografía de la ausencia que aguarda a nuestra efímera condición.
   Las composiciones reunidas en la sección “Marca de aire” alientan un yo poético reflexivo, empeñado en formular, desde la soledad precaria de quien busca con el corazón y la cabeza, la estela incierta del propio destino. Alrededor, alza su tributo al continuo fluir un paisaje en ruinas, que es memoria de un tiempo de esplendor y ahora simbólico que recuerda nuestra condición transitoria. La realidad se muestra, dispuesta al ejercicio de la contemplación: “En los ojos del hombre la luz es un espejo / opaco y luminoso, / un cristal transparente, la delicada piel / de un mundo que respira incansable en el lienzo / y siempre estuvo aquí.”. Queda la belleza del arte, su manera de estar en cuadros y esculturas, como encendidas antorchas que iluminan símbolos e historias, esa estela de sueños escrita sobre el agua. Las distintas secuencias acercan con frecuencia conceptos esenciales como desolación, tiempo y muerte; la plenitud solo dura un instante; pronto esconde su fulgor para mostrarse como una raíz seca que dejó de existir: Quedan “La desazón, los límites, las interrogaciones / de un mundo doloroso incomprensible”
  El tramo de cierre, “Una luz extranjera” retorna a la memoria callada de las cosas. El tránsito temporal cambia el paso y lleva hasta la atardecida, pero no hay queja; queda la plenitud gozosa de los días, la quietud de esas sombras que van copando los espacios crepusculares de la existencia, que ponen distancia y silencio en las horas.
   Santos Domínguez deja en La herida y el cuchillo  una emotiva meditación sobre la condición de ser. Lo hace con la intensidad emocional de quien concentra en cada verso la calma y serenidad de la palabra justa, ajena a la estridencia biográfica, para que sea símbolo y conocimiento, un crecer en el tiempo, agua y claridad en lo hondo.

JOSÉ LUIS MORANTE




sábado, 1 de agosto de 2026

EL MURO

Muro disuasorio
Frontera entre Ceuta y Marruecos

 
EL MURO
 
No es mucho –nada tengo-;
estoy con los que miran
la palidez opaca y vertical.
Busco su enigma,
piel de  hendidura y roce,
en tanto la razón,
se vuelve fósil.
 
Solo el óxido asciende
hasta su altura.
Los días que amanecen requieren otra luz;
callados se preguntan
en qué lugar
camina el horizonte.
La distancia es ahora
el esqueleto gris de lo posible.
Aquí la transparencia
no moja las espaldas;
y tampoco sostiene
un reflejo de nubes,
las migajas del vuelo
 
Una lluvia de arena
dispersa sus indicios
y dibuja ceniza en nuestras espera.
Comienza la vejez
cuando no hay sueños.
Con despojos salobres
sedimenta el desierto
al otro lado.
Abrazaré mañana su vacío.
 

     (Del libro Nadar en seco)


 

viernes, 31 de julio de 2026

TEOREMA DE LA CONFIANZA

Con Gloria Díez y Juan José Martin Ramos
Biblioteca Mario Vargas Llosa de Madrid, 
4 de junio de 2026 

 

TEOREMA DE LA CONFIANZA

 

Confío en la existencia diaria, ese azar demediado entre intenciones y resultados.

Confío en la retina de aquellos que perciben un sol a medianoche.

Confío en las esfinges que no guardan secretos.

Confío en el sentido estético de los laberintos, en esa arquitectura que ubica en el sitio justo las entradas de urgencia.

Confío en la presencia incansable de lo que pasa desapercibido.

Confío en la inconsistencia de los ciclos que exploran lo real, ese deambular por los calendarios que lleva desde el almendro en flor a la rugosa cáscara del fruto.

Confío en los que abrazan cuando no estoy y me confunden conmigo.


(Aforismos  de gratitud)




miércoles, 29 de julio de 2026

CON LOS OJOS DE UN NIÑO

Mirar las cosas con los ojos del niño
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

PAN CON MIGA 

(Apuntes sobre el aforismo)

 

 

 El yo plural

 Cada sujeto personifica una identidad mudable, una vida ondulante, por decirlo con un aserto de Ramón Eder. La escritura aforística no pasa de ser la sombra larga de una fisonomía nómada, que traslada la unicidad de lo diverso. Un estar en los extremos buscando el centro. 

 Con Lemuel Gulliver

 Cuando duermo, las miniaturas cognitivas de la biblioteca trasladan mis aforismos a Liliput, esa nación insular ficticia de ubicación aleatoria. Allí, sus claves interpretativas ganan altura.

 Intimismo

 El tono confidencial habla de todos. Recrea el intimismo de un hombre concreto que habita callejones entre luces. Su estar en primer plano difunde rasgos de otros hombres concretos. Cada gota de agua imita formas, texturas y humedades de otras gotas.

 En la diana

 La conciencia reflexiva coteja el entorno desde la síntesis. Constata un compromiso con las palabras. Da forma una meditación fragmentada. Lo mínimo es un dardo.

 Vocación

No recuerdo una fecha exacta, pero los primeros aforismos de mi libro Mejores días (Mérida, 2009) nacieron hacia 2005, ya como textos autónomos para integrarse en un libro futuro. Un anticipo se editó en el cuaderno Sueltos (Amargord, Madrid, 2006) Antes escuché con frecuencia que muchos de mis poemas tienen un cierre aforístico; así que no fue una decisión brusca en la escritura personal sino un ejercicio de libertad y obediencia; de confianza en lo fragmentario para desobedecer la monotonía del todo desde las partes.

Elogio de la soledad

 En la soledad llama al timbre el decir breve. Suele presentarse con un detonante concreto: una vivencia, una lectura, un asunto laboral… Así alcanzan una primera redacción que después modifico varias veces. La intuición es una brújula perezosa y poco fiable, aunque siempre llena de matices. Con algo que decir.

Sobre el hermetismo

El enfoque de la frase corta requiere concentración, saber acotar el sentido. El aforismo no es un topo que busca sombras en medio de la noche.

Elementos de riesgo

La columna verbal del aforismo soporta dos elementos de riesgo: el sobrepeso y el esqueleto invertebrado.

Tradiciones

Las pautas arbitrarias del gusto propio se contrarrestan con la tradición. Mis estaciones de vuelta son mapas con una cartografía urbanizada. Friedrich Nietzsche, Elias Canetti, Wilde, o Chesterton no monopolizan mi trayecto; dejan sitio a los moralistas franceses, a clásicos y coetáneos que acercan al afán renacido de mis pasos el alborozo intacto de un descubrimiento. Ellos propician la voz cómplice, el verbo inconformista o la estricta reflexión.

Una novela de ideas

Con tantas definiciones válidas, me gusta pensar que en esas convergencias y divergencias cabe la propuesta de entender el aforismo como una novela de ideas, una ficción cuyo narrador omnisciente es la conciencia del sujeto que deja hablar a sus convicciones éticas y estéticas y cuyo argumento entrelaza interioridad y exterioridad y soporta un continuo amotinamiento de los elementos textuales. El carácter autónomo de cada texto concede al hilo argumental un rumbo imprevisible.

Sin derroche retórico

En el centro indagatorio del aforismo la búsqueda de la transparencia, la voluntad de orden de los cantos rodados y la apelación a la empatía lectora sin derroches retóricos. Ascetismo verbal.

Procesos

Extendidos en el tiempo de la digresión, hay procesos tediosos y aburridos. El aforismo es el racimo, no la fermentación.

La vida es sueño

Calderón confinó en un aserto metafísico las vicisitudes del despertar: la vida es sueño. Y el axioma prosigue senda en el devenir. Se impone así la idea de la representación. La escritura necesita una máscara, un escenario que siembre pasos en situaciones ideales.

Disfraz

El aforismo testifica esas situaciones y es preciso elegir el disfraz del personaje. Toca ponerse el vestido pintoresco del payaso, el velo etéreo de la evocación o la chaqueta gris del moralista. Abro el ropero.

Respiraciones

Los aforismos respiran, como si concluyesen una inmersión bajo el agua de los significados y entraran en la luz, todavía con la humedad dormida en sus palabras.

En primera persona

El discurso principal de un libro de aforismos acepta bien el mirador directo de la primera persona; los incisos aislados nunca derogan el cauce principal que suele adaptarse al extraño viaje de la confidencia. A veces, la veracidad genera una obsesión de proximidad que hace aconsejable la laboriosa tarea del narrador omnisciente, a quien hay que exigir una claridad sin derroches retóricos.

Rayuela

Las compilaciones de aforismos son proteicas, abiertas, discontinuas, como la rayuela, ese juego infantil que se practica a saltos.

Estridencias

En la crítica aforística hay que desconectar de inmediato esa alarma interior del amiguismo. Más que aviso para despertar es estridencia y quiebra.

Hipótesis

El aforismo establece una hipótesis verosímil, una verdad creíble que desarrolla un cauce verbal construido desde la experiencia, sea ésta biográfica o literaria.

Mutaciones

El aforismo crece y evoluciona. Soporta las mutaciones del tiempo y no puede ignorar la piel fragmentada de la realidad. Cuando hace balance de su contingencia siente dentro la voz callada del superviviente.

Carta de navegación

En la escritura breve no es posible la desconexión vital; la estela autobiográfica es una brújula, una carta de navegación.                                                        

 

                                               JOSÉ LUIS MORANTE

(Madrid, 2019)

                                                

lunes, 27 de julio de 2026

FRANCISCO CARO. AQUÍ

Francisco Caro
(Piedrabuena, Ciudad Real, 1947)

  

COORDENADAS

 
Aquí
Francisco Caro
Mahalta Ediciones, Colección Poesía
Ciudad Real, 2020
 
   La labor poética de Francisco Caro (Piedrabuena, 1947) adquiere perfil definitorio en la antología Este nueve de enero, una compilación de trayecto, realizada en 2019. La selección recoge los poemas más conocidos y dibuja la evolución en el tiempo del dinamismo literario impulsado, con paso sosegado,  por el escritor castellano-manchego. En ese volumen se hacen suelo básico las resonancias del existir, esa expresión cotidiana, evocadora y reflexiva donde confluyen incisiones biográficas y el merodeo de la temporalidad. Así se define un ideario estético que fusiona intimismo y afán comunicativo, indagación en la identidad y esa ambivalencia contradictoria que propicia el diálogo entre sujeto y entorno, convertido en un refugio abierto.
   El poeta entrega ahora, en el complejo año de la pandemia que tanto ha transformado la condición de ser, el libro Aquí con una nota indicativa que advierte sobre la entidad literaria de esta obra. Las composiciones más tempranas se fechan en 1998 y las más actuales son de 2020; por tanto, a primera vista, no es un libro unitario sino un balance en el tiempo que postula una voluntad expresiva sostenida, articulada desde una expresión diáfana, desnuda y emotiva.
  El discurrir natural del poema deja como apertura una cita de Eliseo Diego: “Hay días en que el tiempo acude manso / y al lado de la luz”. Una reflexión relevante, empñada en recordar que la cotidianeidad del hablante lírico está siempre condicionada por la estela de contingencia y fugacidad del devenir. El ahora se percibe como un espacio de apertura, cuajado de vivencias aurorales que conforman la propia geografía del sujeto y las pulsaciones vitales del pensamiento: “Es aquí donde espero / a que nadie me nombre, a que calle / la prosa para siempre, aquí nací, en estas tierras cuarzo de interior…”. En la palabra se asienta la conciencia de pertenecer a un espacio afectivo, donde se entrelazan sensaciones existenciales que definen el presente como un tapiz sin brumas; un manantial de vida que siembra en las palabras frescor y transparencia, el rumor del origen. Evocarlo no exime de trazar una estela de leve melancolía. Los días de infancia, siempre alumbrados por la pura inocencia de la amanecida, son ahora un regreso cuajado de recuerdos. Desde esa voz evocadora nacen composiciones como “Verano de 1956”, “La fragua de Ángel” o  “El cine de Antonio”. Los poemas dibujan instantáneas pobladas por nombres propios que perduran, en las manos del tiempo, ocupando la escena de un modo personal y creíble, pleno de luz y mediodía.
  La presencia cálida del intimismo avanza en el cauce del tiempo hacia un verso más indagatorio, marcado por las dimensiones del discurrir vital. Cada amanecida es paradójica porque alienta una búsqueda de lo perdido y aporta un patrimonio afectivo en el que lo diario adquiere transcendencia y sentido. El poema construye, con serenidad y epitelio emotivo, su arquitectura de sensaciones. Quien vive yuxtapone búsquedas y sondeos, el veneno preciso de la decepción, la verdad sospechada de lo transitorio, la suma de derrotas que se van guardando en los rincones menos visibles su zumbido callado, su indolencia: “hoy que vuelvo / a escuchar su zumbido, su deseo / de paz o enemistades / ya sé que son las mismas, / que todo muere sé, que todo permanece, / que soy el mismo miedo, que acaso soy el mismo”.
  Al cauce central del temporalismo se adhieren otros sustratos temáticos, entre los que se vislumbra el afán metaliterario, si cabe, con un deje irónico, que resalta en la entrega Cuaderno de Bocaccio, aparecida en 2010, el mismo año de Paisaje (en tercera persona). Se divaga sobre los aspectos formales, la brevedad, el sentido comunicativo y dialogal de las palabras y esa noción conceptual de la escritura como proyecto inacabado, como conjetura que resguarda la luz debajo de la dermis oscura del sentido, sin tener que recurrir a aderezos retóricos ni trucos de magia. Alguna vez he leído que los versos figurativos amplifican el realismo desde la sugerencia. Es una excelente definición que hago mía de inmediato. El sujeto verbal no emplea un realismo enunciativo, busca para la arquitectura del yo protagonista andamios nuevos y anula marcas gastadas de etiquetas tópicas.
    En la práctica poética de Aquí la memoria es un epicentro fundamental, desde la sentida dedicatoria de la amanecida: “Con mis padres, Teresa y Leónides, en memoria. Con mis hijas, Ana y Julia. Antes, después”. Su paso indagatorio conecta pasado y presente, como orillas de un desahogo vivencial que nunca atenúa los pasos de la incertidumbre. Los poemas alzan andamios, van poblando la cartografía del recuerdo con los trazos cómplices de un yo cambiante que  salió a la mañana para percibir “el mundo en el instante que comienza”. Mientras, el tránsito diario dispersa las hojas de los días, esa fronda perecedera que abriga la condición de ser.



José Luis Morante



domingo, 26 de julio de 2026

JORGE LUIS BORGES

Jorge Luis Borges: Mitologías

 

Un instante con Jorge Luis Borges 

   Hoy, los ordenados libros de Borges me miraron con el ceño fruncido. Hace meses que no los leo. Acepté de inmediato culpa y desidia, aunque argumentando que mi admiración por el escritor argentino sobrevive con tenacidad. Y diseñé, en pocos minutos, un plan de relectura.
   Antes, reconstruiré antes la personalidad del argentino con libros de Marcos Ricardo Barnatán, Alberto Manguel y con  la primera edición en castellano de Un ensayo autobiográfico, texto ilustrado con más de un centenar de fotografías.
   En algún cajón de mi escritorio, un cuaderno manuscrito relata una evocación detallada de mi pasión por Borges, expuesta en artículos, reseñas y poemas, y alimentada por la creencia de que no existe en su literatura una sola página que pueda considerarse territorio estéril.  
  Me espera un largo viaje de retorno, un desandar el tiempo, en el que me conviene recordar que “leer es una actividad posterior a escribir, más resignada, más civil, más intelectual”.

(Apuntes del diario)







viernes, 24 de julio de 2026

INCENDIOS


 

INCENDIOS

 

 . Frustración ante la ignorancia e irracionalidad de quienes cada verano provocan los incendios que convierten nuestras provincias en territorio estéril.

 . El sofista Protágoras, uno de los inspiradores de la pedagogía, pensaba que el problema fundamental del ser es la educación. Tiene razón: nadie civilizado quemaría un bosque.

 .Todos los años idénticos titulares en los medios de comunicación: miles de hectáreas calcinadas y un espacio desértico, sin rastros de vida. Todos los años también la misma impunidad e idéntica impotencia ante la ausencia total de políticas preventivas.

 . Pesimismo antropológico: las buenas intenciones sobre la prevención de incendios se olvidan en invierno.

 . Sin medidas concretas en la vida comunitaria – reforestación, educación medioambiental, limpiezas y podas programadas, aclimatación de nuevas especies, responsabilidad penal y civil para los infractores…- estas mínimas reflexiones no son sino una queja insistente, mera palabrería.

 . En la retina, la equilibrada serenidad formal del bosque antes del fuego. Naturaleza muerta.

Apuntes del diario






 

 

 

miércoles, 22 de julio de 2026

CARICIAS CON SED

Confidencias
Fotografía
de
ADELA SÁNCHEZ SANTANA

 

DESDE LA ORILLA

 Las golondrinas no refrendan la caricia canicular, pero guardan el vacío del nido.

 Cuántos manantiales sin agua potable.

 Esas páginas impolutas y frías, sin glóbulos rojos.

 El aspirante a personaje concede al ombligo un interés escénico.

 Discreto, en la mirilla de la mañana pide asilo el esqueleto de un dinosaurio.

 Mientras se aquieta la bruma, el sol es una lámpara minúscula, de segunda mano.

 Los insectos sobre la tierra fría del sendero.  Soledad camuflada de vida.

 La trastienda mental de quien sustituye amigos por animales domésticos.

 Como gesto de autoprotección, espío los versos sueltos de mi vecindario.

 La rutina carboniza el asombro.

 Aquel vegano mantenía un oficio rentable con sus contradicciones; practicaba la ganadería extensiva.

 Guarecidas en la laringe, las fibras del hambre se digieren mal.

 

 Del libro  Oficio de callar, Mahalta, 2026




lunes, 20 de julio de 2026

PREPARATIVOS

Microrrelatos
Sala Miguel Hernández
Centro Cultural Armando Rodríguez Vallina
Rivas Vaciamadrid (Madrid)


PREPARATIVOS

    Que salí a la calle mientras dormía, en esa soledad de quien tampoco va consigo. Que consumí un trayecto anodino entre edificios para buscar el callejón más íntimo. Que quise concluir, con alivio, todos los actos que no tuvieron nunca olvido y me han dejado traumas recurrentes, un palpitar de inconfesables frustraciones. Que a pesar de cumplir tempranos requisitos, sumando voluntad, sueño y leer en voz alta aquel panel indicador del callejero urbano, el pasado mantuvo su liviandad errática y no llegó a la cita. Que esta noche también siguió distante y frío, como una raíz oscura, insoportable, que sostiene la nada.



 

  

sábado, 18 de julio de 2026

LO SOCIAL COMO COMPROMISO DE TODOS

Tareas del yo
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

LO SOCIAL COMO COMPROMISO

 
  Nunca he creído en el tópico del intelectual encerrado en la torre de marfil de su pensamiento. En cada sujeto conviven lo privado y lo público y es un estímulo de la vida diaria alentar estrategias de convivencia entre ambos espacios. Desde que inciara mi trabajo de escritor -ya cerca de cuarenta años de práctica literaria- soy testigo directo del yo colectivo y de la formación de las señas de identidad del nosotros. El ser concreto se expande en un territorio más amplio, en el que se configuran intereses, actitudes y causan ajenas a la individualidad y el conformismo. Sólo el trabajo con los demás revaloriza la utopía, nos hace protagonistas en el escenario de lo histórico. Somos individuos solidarios. Todo yo es otro.

JOSÉ LUIS MORANTE



 
                                                      
 

viernes, 17 de julio de 2026

FANTASMAS

Fuera de guion
José Luis Morante
Lastura ediciones
Madrid, 2024

 

FANTASMAS

   Sin saber el motivo, guardo desde niño todos mis fantasmas. Mi precaria economía de certezas sugiere que tal vez perduran, ajenos a cualquier variación, porque nacieron en un tiempo de asombro y atestiguan la configuración exacta de lo perecedero. Sus pasos huelen a caserón deshabitado. Mientras leo, ocultan entre las páginas del libro el cobijo de voces donde se traspapela la nostalgia. Juntos percibimos el repliegue del día en el crepúsculo y la arisca llegada de la noche. Nada codician, salvo la larga deuda de seguir conmigo. Son el tazón de caldo que bebe mi alegría.
 
JOSÉ LUIS MORANTE



jueves, 16 de julio de 2026

PRIMERA CLARIDAD

Aurora
Archivo general de Internet

 

CON LOS DEDOS ROSADOS

Hay biografías luminosas a las que una doble vida les parece poco.

 Persistencia del ojo para recorrer en la pared intacta una ranura.

No sé fingir el paso cuando la conversación lleva al exilio.

 Pierdo palabras; pronto seré un diccionario deshabitado.

 La edad recicla la ternura en desuso.

 Existen muchas formas de soledad. En mí viven las más gregarias.

 Tras el despertar, qué eficaz la demolición de quien contradice siempre.

 La caligrafía en cursiva de la aurora imita la espontaneidad del niño que amplifica sonidos y oye la voz del mar en el caño oxidado de la fuente.

 En el callejón de lo cotidiano, en cualquier rincón, las huellas dactilares del absurdo.

Habla poco de euforias infantiles. Fue un adulto inmaduro desde niño.

 Hay amanecidas que confían en la pericia de la imaginación para sobrevivir.


(Del libro Oficio de callar, Editorial Mahalta, 2026)



 

 

miércoles, 15 de julio de 2026

MIGUEL CATALÁN

Suma breve
Pensamiento breve reunido (2001-2018)
Miguel Catalán
Ediciones Trea / Aforismo
Somonte Cenero, Gijón, Asturias, 2018

 

ELOGIO DE LA PARADOJA

 
   El momento cenital del aforismo como estrategia expresiva tuvo en Miguel Catalán (Valencia,1958-2018) un cultivador vehemente. Doctor en Filosofía, profesor universitario, narrador y ensayista, su cosecha paremiológica abarca seis entregas dedicadas a la concisión expresiva. Todas se compilan en el volumen Suma breve. El trayecto completo abarca desde 2001 hasta 2018, un intervalo conformado por las ediciones El sol de medianoche (2001), La nada griega (2013), La ventana invertida (2014) y el aporte inédito que añaden tres conjuntos que anticiparon diferentes textos en revistas, Así es imposible, El altar del olvido y Paréntesis vacío.
  El conjunto permite definir, con lúcida solvencia, el carácter ontológico del aforismo y su evolución en el discurrir. El término siempre está vinculado a un territorio de intersección entre literatura y filosofía que es base común de todas las entregas. Así lo recuerda el texto de apertura de José Montoya Sáez, quien también examina de cerca el concepto de paradoja como implosión del lugar común. A través de la paradoja se puede expresar la constante fluctuación del entorno social y humano; de esta forma adquiere un notable potencial subversivo en la contundente concisión de sus reflexiones.
  El aforismo postula la complejidad de su contenido. Emprende en su decir una interpretación del sujeto y de la realidad externa, en la que sondea una continua búsqueda de sentido. Su exigencia estética se asoma a los estantes de la verdad, con lo que adquiere en su definición una cierta claridad metafísica al intentar captar la significación de la experiencia. El texto se llena de matices, de este modo, dentro del material común del género, cada libro presenta rasgos específicos, aunque estos a veces sean contradictorios o definan estados de ánimo dispares, como si en su amanecida la escritura plegara pasos a la condición de ser.
  Ya se ha comentado que el primer paso aforístico de Miguel Catalán es El Sol de medianoche. El fenómeno natural observable en las proximidades de las geografías polares ejemplifica bien antítesis y contrastes. Esa visión de lo claro en la noche, que prolonga el día entre la sombra. Desde el inicio, Miguel Catalán asume el desvelo incansable del observador. Sabe que el comportamiento del yo es reflejo de las actitudes aleatorias del otro; por tanto, es necesario sondear su sentido para que el aprendizaje surta efectos interiores. Nada de lo humano resulta ajeno; de ahí que la ética sea siempre un relevante proceso reconstructivo. Pero hay que evitar los juicios sumarios, revestir las opiniones de calidez y argumentar con el tacto sosegado de quien sabe, como Marcel Proust, que “cualquier idea clara tiene el mismo grado de confusión que las nuestras”.
  El corpus textual, tras la entrega epifánica, abre un largo tiempo de silencio de más de doce años, pero ese acantilado temporal no varía el paisaje y su cartografía meditativa. Como si quien escribe apostara por una senda coherente, los aforismos caminan de un asunto a otro, con un paso constante. De cuando en cuando varían los ingredientes para que nunca pierdan fuerza meditativa. O hacen del humor una ventana para que salga al día la carcajada:”ANUNCIO POR PALABRAS. Se pintan casas a domicilio”.
  Como un regalo lector se recibe el material inédito de Suma breve, cuya voz siempre en guardia otea el paisaje frente a la opinión recibida y común. Los textos, breves y lapidarios, aunque a veces con un tallo argumental que los aproxima al microrrelato, marcan linden a la experiencia en su etapa de madurez. Más allá del contraste y del juego de palabras, apuntan una unidad vertebradora que confirma la permanencia del ser frente a una realidad mudable, propicia al desmontaje. La lógica interna del yo resiste la extrañeza, abre el paraguas frente a la intemperie de la contradicción y defiende la razón como brújula para buscar el norte del sentido.
 Suma breve descubre el excelente volumen conceptual del decir fragmentario de Miguel Catalán. Apunta que la lógica no es un logro en sí sino una aspiración que se aplica en solventar las contradicciones de la existencia. sobrelleva el discurrir bajo un cielo informe de nubes y claros, que obliga a caminar bajo el paraguas desplegado de la introspección. Así nace un quehacer continuo, atomizado, fresco, que tiene la claridad del manantial, esa sensibilidad que aleja la sed y empuja a sumar sin cansancio pasos nuevos. 
 

JOSÉ LUIS MORANTE