miércoles, 2 de septiembre de 2026

NADAR EN SECO

Las Cogotas
(Poblado vetton de Ávila)
Fotografía
de
Rubén Sánchez Santana

  

NADAR EN SECO

 

 

El tiempo que no tuve nada en seco.

En él cada brazada recolecta

los acordes secretos de la profundidad.

De cuando en cuando,

rasgan la superficie huecos húmedos

de cuyo fondo emergen

estelas de luciérnagas.

Mas un sudor salobre

desdice la quietud,

impulsa cercanía

hacia el contorno exacto del trascielo.

 

No dejo que el cansancio me carcoma.

Sacudo el agua ausente.

En los brazos maltrechos

hay jirones de mí.


                          (Del libro Nadar en seco)





martes, 1 de septiembre de 2026

JORNADA LABORAL

Días laborales
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

JORNADA LABORAL

 

  Nunca hay excepciones. Cuando habla consigo miente a cada instante. Eso le obliga a un inacabable fingimiento para demostrar que se cree a sí mismo. Su cuerpo sobrelleva un gravoso cansancio. Envejece en silencio. Desempeña a diario una doble jornada laboral.

 

(De Cuentos diminutos)




lunes, 31 de agosto de 2026

EZEQUÍAS BLANCO. CONSTRUIRTE UN ABISMO.

CONSTRUIRTE UN ABISMO
POESÍA AGRUPADA 1975-2025
Ezequías Blanco
Prólogo de Pascual Izquierdo
Huerga y Fierro Editores
Colección Signos
Madrid, 2026

 

LOS TRABAJOS DEL VERSO

 
  La identidad poética de Ezequías Blanco (Paladinos del Valle, Zamora, 1952), catedrático jubilado de Lengua y Literatura, lector incansable y humanista, ha adquirido en la última década una incontestable solidez por su fuerte presencia cultural y el ritmo de publicaciones. Cuando todavía es reciente la amanecida de Décimas para Sara, lírico homenaje a su nieta, aparecen reunidos sus itinerarios poéticos en el volumen Construirte un abismo. Se trata del legado de cinco décadas de escritura, con pórtico de Pascual Izquierdo, un lienzo crítico limbado de claridad y hondura.
  Antes de recorrer el amplio espacio versal del poeta, una vez más es necesario recordar la irrepetible estela, como director e impulsor durante treinta años de la revista en papel Cuadernos del Matemático, que el zamorano, asentado en la localidad madrileña de Getafe, coordinó en las aulas del Instituto de Enseñanza Media y Bachillerato Matemático Puig Adán. El desbordante sumario de colaboradores y la multiplicidad de enfoques y géneros son persistente historia viva; una valiosa expedición de la literatura contemporánea. En su larga travesía, Cuadernos del Matemático conjugó espacios creativos heterogéneos y se convirtió en memoria e identidad intergeneracional, donde aportaron propuestas escritores maduros y reconocidos, junto a voces aurorales que encontraron comprensión, empuje y puertas abiertas a la voluntad de habitar el lenguaje. Pero las variadas tareas al frente de aquellas páginas no mermaron la fértil cosecha de entregas. Su obra explora poesía, narrativa, edición y relato.
  Este largo viaje de crecimiento literario personal ubica en su apertura el ensayo “Ezequías Blanco, poeta poliédrico”, un sondeo crítico de Pascual Izquierdo, poeta, ensayista y una de las voces más destacadas de la literatura de viajes. El trabajo explora en su entrada los hilos biográficos, con el convencimiento de que la mirada lírica está íntimamente conectada con las contingencias vitales. Vida y lenguaje se enlazan para dibujar los rasgos expresivos de un poeta nunca ajeno al discurrir del tiempo. Desde la aparición de los versos más tempranos, en los ambientes universitarios de Salamanca de los años setenta, el taller escritural multiplica fuentes de inspiración. Como han reiterado algunos críticos, en Ezequías Blanco confluyen riberas de la tradición clásica y rincones de renovación vanguardista. En la línea temporal, el poeta protagoniza un viaje singular que aglutina diversidad, intensa y sutil, gracias a un atinado patrimonio lector y un enfoque verbal que hace de la ironía recurso expresivo irónico habitual, capaz de encender, desde la cercanía, la complicidad del lector. En el quehacer poético se construye una poética desde la genealogía, con pupila irónica y descreída. Los versos de “Poesía de la experiencia” lo recuerdan: “No ejerce sobre ti atracción otra corriente / que no sea la corriente del río. / Ni otra luz te deslumbra que no sea / la luz de la naturaleza. / No te asombra otro rito que no llegue / del tesoro sencillo de la vida”. El entorno convoca con pulsión intensa, ajeno a condimentaciones sospechosas.
  La percepción de quien escribe deambula entre una mirada de esperanza y futuro y un pensamiento crítico, a veces ceñido de escepticismo. Pascual Izquierdo explora con sosiego la cadencia de publicaciones, para abarcar todas las entregas y dejar constancia de sus rasgos comunes. Así se va moldeando la capacidad de búsqueda del paramento expresivo, con sus variaciones formales y su maraña de estratos que aglutinan estrofas cerradas, verso libre y prosa poética.
  La edición Construirte un abismo acerca los trabajos del verso a una tarea cuyo pactado colofón es el salto al vacío. Sin duda, una manera simbólica de definir el fondo negro del futuro. Nadar en la corriente del tiempo supone aceptar que somos material perecedero, trazos inacabados que se empeñan en dejar a su paso evocación, recuerdos de cielos cambiantes y rescates de ausencias. La epifanía del yo es un lejano regreso al origen. La voluntad de ser certeza y polvo, empeñada en sospechar que vivir es renacer, dar vida a un espejismo recobrado.
  La palabra viva de Construirte un abismo invita a una reflexión profunda sobre el escritor y las coordenadas personales que marcan su lugar propio en la sociedad literaria. Ajeno desde su amanecida a grupos y etiquetas modales, aunque abierto a la inserción activa a procesos escriturales y al seguimiento de nuevas perspectivas, la trayectoria de Ezequías Blanco alienta una conjunción de materiales expresivos, recursos, moldes y migraciones argumentales.
  En el propósito comunicativo se percibe el valor de lo heterogéneo. La convivencia entre el nítido realismo, de aire tradicional. con poemas de mitigado culturalismo que aluden a las fluidas aguas de la tradición. Lúcido y vitalista, el hablante poético trata de explicar lo inexplicable, el enigma que late en la poesía.
  Siempre conscientes de la presencia inmarchitable del fluir, las palabras habitan una cotidianidad transcendida, que convierte al poema en grieta del pensamiento. Los recorridos verbales encienden una luz de mediodía,. Completan una cumplida cartografía de vivencias y sensaciones, nubes bajas para que la emoción se haga lluvia y claridad, e impulse el canto.
  Los poemarios de Ezequías Blanco nos dejan la mirada clarividente de la reflexión. Abren sus argumentos a una realidad construida desde la memoria, como si el pasado fuera siempre venero de experiencia. De allí surge un mundo transitorio y mudable, pero que mantiene encendida una lumbre cerca. Esa hoguera donde crepitan sensaciones y recuerdos, que oxigena con su caligrafía el aire del poema.

 José Luis Morante




domingo, 30 de agosto de 2026

EL TIEMPO EN LA PARED

Latidos
Fotografía publicitaria
Archivo general de Internet


                                                                             RELOJES

 

Aquel invierno adquirió un domicilio antiguo; un caserón de piedras frías y cimientos gastados, que se silueteaba sobre el roquedal. Llenó sus habitaciones de relojes artesanales, adquiridos en los mapas abiertos de sus viajes. Todos funcionaban, pero las agujas nunca coincidían en la hora marcada. Deduje que el dueño buscaba una estrategia misteriosa para que pasado, presente y futuro cohabitaran en el mismo espacio. Cada latido atestiguaba la vida de aquel sitio, clausurado y angosto. Allí el tiempo transcurría ajeno a sí mismo, en una trayectoria circular e interminable, sin el riesgo de ninguna huida.


(De Fuera de guion, Ediciones Lastura, 2024)




sábado, 29 de agosto de 2026

PRUDENCIA VERBAL


 

 

 
A SORBOS
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
                                                                                                
Todo es siempre menos
 
JRJ
 
 
Extremó la prudencia verbal; no aventura palabras si no es en presencia de su diccionario.
 
***
 
Afrontar sin amargura, sin gestos de abandono,  que lo que pensamos oculta lo que somos.
 
***
 
Su cerebro contiene dos ideas; son tan opuestas que entre ellas cabe un sistema filosófico.
 
***
 
Al florecer el día  rompe la quietud del reloj un aforismo. Sorbos cortos.
 
***
 
Basta mirar la penumbra de alrededor para saber que no estoy.
 
***
El puño cerrado de quien corta rosas.
 
***
 
Una pobreza de hospitalidad irrefutable, capaz de ofrecer su vieja cama de faquir.
 
***
 
El silencio y su fuerza de convicción. Sabe quién responde cuando nadie llama.
 
***
 
 
El prudente convierte en coma cualquier punto final.



(Aforismos de Oficio de callar, Mahalta, 2026)




viernes, 28 de agosto de 2026

JAIME GIL DE BIEDMA. LAS PERSONAS DEL VERBO

lAS PERSONAS DEL VERBO
Jaime Gil de Biedma
Carme Riera y Féix Pardo (Editores)
Ediciones Cátedra, Colección Letras Hispánicas
Madrid, 2024

 

EN UN VIEJO PAÍS

 
   Ningún colectivo poético del siglo XX ha suscitado más empeño crítico que la generación del 50, o del Medio Siglo. Sobre las trayectorias de sus componentes más destacados, como de La Escuela de Barcelona, estricto círculo relacional que sirvió de núcleo germinal de la promoción,  han versado investigaciones plenas de lucidez y acierto de Carme Riera. La escritora y académica impulsa, en los últimos meses de 2024, esta edición crítica sobre Jaime Gil de Biedma en colaboración con Félix Pardo con el título Las personas del verbo, conocido aserto de la poesía reunida, escrita entre 1965 y 1981, una parca aportación de menos de cien poemas. Completan la obra literaria del autor barcelonés las traducciones de Thomas S. Eliot, Isherwood y Bertolt Brech, esta última en colaboración con Carlos Barral, los ensayos de crítica literaria reunidos en El pie de la letra (Crítica, 1980) y los controvertidos diarios. El autor impulsó un quehacer de ritmo lento, una propuesta unitaria que reflejaba el interior de su propia existencia: “Al fin y al cabo, un libro de poemas no viene a ser otra cosa que la historia del hombre que es su autor, pero elevada a un nivel de significación en que la vida de uno es ya la vida de todos los hombres, o por lo menos –atendidas las inevitables limitaciones objetivas de cada experiencia individual- de unos cuantos entre ellos.” Además abandonó la escritura en su primera madurez, en 1981, cuando apenas contaba cincuenta y dos años de edad.
   Jaime Gil de Biedma nació en Barcelona en 1929 y falleció el día 8 de enero de 1990, tras una grave enfermedad, algunos años después del cierre de su edificio poético, clausurado con el libro Poemas póstumos. Pero el magisterio de su voz no ha hecho sino acrecentarse hasta consagrar al escritor como columna central del canon poético contemporáneo. La breve introducción trata de documentar los años aurorales, sobre todo valiéndose de cartas personales y documentos de archivo. También sondea las claves de su amistad con Carlos Barral, iniciada en los años universitarios de Barcelona y la amanecida de su periplo poético. La poesía se convierte en una persistente obsesión por más que considerara el oficio de poeta como un trabajo inexistente que había que paliar con empleos más lucrativos y prestigiosos, desde el punto de vista social.
   Si obviamos los tanteos de aprendizaje y los anticipos en revistas, la crecida poética empieza en 1953 con el cuaderno Según sentencia del tiempo, una brevísima colección de doce poemas: Ya en 1959, se edita el libro Compañeros de viaje, obra en la que se perciben las características y temas básicos de su ideario: tono conversacional, referencias autobiográficas, marco urbano, continuo enlace entre vida y literatura y un fuerte sentido crítico de la realidad social y política. E poeta advierte además de una significativa transformación en su retina estética: “de una actitud de filiación simbolista, se desemboca en una estética basada en la experiencia y en una determinada situación histórica”. En Moralidades (1966), un libro publicado en México para evitar las mutilaciones de la censura, la influencia de Blas de Otero y Luis Cernuda afianza el vertido intimista del hablante lírico, hasta crear un clima de confidencialidad. La primera persona del singular se muestra en el espejo con la cercanía de quien traspasa la senda evocativa de instantáneas vitales y emociones. En ese libro están composiciones como “En el nombre de hoy” , “Barcelona ya no es bona o mi paseo solitario en primavera” y “Pandémica y celeste”, acaso uno de los poemas más apreciados por el poeta. En estas composiciones aflora con fuerza la conciencia social y el resentimiento de clase. Esta edición incorpora la plaquette Cuatro poemas morales, publicada en 1961. El libro Poemas póstumos se publicó, en su primera edición, en 1969, con una dedicatoria a Gabriel Ferrater. En él se incluye “Contra Jaime Gil de Biedma”, donde la voz poética se desdobla para argumentar contra la propia existencia con un feroz rechazo de la rutina existencial y sus sórdidos ejercicios al dictado. La primera edición sólo consta de doce poemas, pero el número de composiciones aumentaría hasta veintisiete poemas en la segunda edición de la poesía reunida. Sin duda, el ambiguo título está relacionado con el poema “Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma” y con esa filosofía que hace de la escritura permanencia y salvación de nuestra finitud.
  El rótulo Las personas del verbo vería la luz en 1975, publicado por Barral en Barcelona. En 1982 se hace una nueva compilación definitiva de sus poesías completas, con una nota autobiográfica en contraportada, que también se reproduce en la presente edición de Carme Riera y Félix Pardo.
   El completísimo aparato crítico apenas se detiene en la biografía, bien conocida por trabajos de Javier Alfaya, Carme Riera, Pere Rovira y la semblanza, no exenta de sombras, que Miguel Dalmau publicó en 2004. En cambio, partiendo de la segunda edición de Las personas del verbo (Seix Barral, Barcelona, 1982), supervisada por el propio Jaime Gil de Biedma y, por tanto, considerada como definitiva, se hace un enorme calado de las variaciones textuales, la puntuación, la reducción de citas y las mutaciones que suprimen versos e incluso poemas. El análisis afecta a cada una de las entregas y también a los poemas publicados de forma autónoma.
    El poeta reside en el último tramo de su vida en Ultramort (Girona), alejado de los cenáculos más relevantes de la actualidad literaria. “Escribir un puñado de buenos poemas es lo único que de verdad importa en la vida”. No quiere ser poeta sino poema. La escritura concluye aceptando la propia identidad y las cicatrices que ha causado el discurrir: “Envejecer. Morir / es el único argumento de la obra”
  
                                                                                                           JOSÉ LUIS MORANTE


                                                                             

jueves, 27 de agosto de 2026

EL ÚLTIMO EN SALIR APAGA LA LUZ


 

EL ÚLTIMO SIEMPRE APAGA LA LUZ

 

Quienes pasan mucho tiempo solos

terminan teniendo un oído muy fino 

DJUNA BARNES

 

  Con los que oímos mal, (Y cada vez peor, como es mi caso), se pueden mantener dos actitudes: esgrimir con la voz prepotente de la hartura el “que no te enteras”, “ya te lo he dicho”, “a ver…”, “yo no hablo a voces…” y dejar en el rostro la mugre entumecida de la estupidez; o sencillamente repetir de nuevo e improvisar una explicación porque las palabras nunca necesitan agrandar carencias sino conformar rincones afectivos. Ambas actitudes, más que succionar en el ánimo de las cicatrices auditivas, definen a quien las esgrime. Los malos gestos son espejos fangosos de nuestra identidad.

 Los conflictos ideológicos se suceden y esa es una de las cualidades de los regímenes totalitarios. Son cepas víricas de increíble propagación, con dolorosos efectos secundarios. Lo que lleva a la política autonómica y nacional a ser calamitosos muestrarios de improvisadores.

   Desde el cristal limpio de la responsabilidad personal también se puede colaborar al bien común: hay que seguir las recomendaciones de la sensatez al pie de la letra. Son necesarias. Los fanatismos no admiten ninguna libertad individual; el negacionismo como ideología es desnudez mental.

   Se escucha a diario el conocido temblor de la ausencia. Los que faltan son un hueco que no desiste en mantener su sitio.

  Cada vez más insufriles sus digresivos razonamientos, dictados por el impudor de su ego, nace completa la genealogía natural de su masa encefálica: es un aplicado epígono de la estupidez.

     Son los poemas los que van sembrando indicios evidentes en el lector: una lírica despojada, esencial, que confía en su cierre en el enunciado aforístico y que incide en sus temas en el muestreo reflexivo de la peripecia existencial del sujeto verbal. En el evento digital, la propia imagen está falta de luz y la voz casi no se oye. Un desastre que los amigos disimulan con el entusiasmo del apoyo incondicional.

  Las palabras exploran, miran dentro, buscan la improvisada lección de lo diario, reconocen humedades y sombras; miden el trazo firme de las arrugas y constatan que es preferible seguir e intentar, poco a poco, la búsqueda de tierra firme.

 

(Apuntes del diario)

 

 

miércoles, 26 de agosto de 2026

ISABEL MARINA. MUJER FRENTE AL ESPEJO

Mujer frente al espejo
Isabel Marina
El Sastre de Apollinaire, Colección Poesía
Madrid, 2026

  

OFICIO DE SOLEDAD

 
   No deja de llamar la atención la precisa cadencia con la que van apareciendo los frutos poéticos de Isabel Marina (Avilés, 1968), periodista, firma habitual de publicaciones culturales como Anáfora, Cuadernos de Humo y Areté y columna firme que sostiene la travesía en el tiempo de la revista Ítaca. Desde su amanecida, Acero en los labios, que llegó a las librerías en 2016, ha construido un valioso retablo lírico, recorrido por un paseante que hace signos propios la introspección, la estrategia expresiva coloquial y el epitelio sentimental de las composiciones. Así se percibe, con notable madurez, en las salidas más recientes, Un árbol que tiembla (2022), poemario de claridad deslumbradora en torno al transitar del tiempo, y en Donde siempre es de día, una propuesta con más de cien textos, cuyo discurso expresivo asocia, de inmediato, el acto de escribir con una estrategia cotidiana de sanación terapéutica. El taller creador fortalece un sosegado viaje interior. Llena de brisa los rincones umbríos de la existencia. Atestigua que hay que seguir, aunque se vayan acumulando en las estanterías cotidianas decepciones y pérdidas; esas inevitables erosiones del deambular vital. La contemplación vislumbra un entorno receptivo donde el quehacer escritural se muestra como una ventana indiscreta que muestra las riquezas interiores de las casas y del propio yo. La mirada poética es “una forma de ordenar el caos que a todos nos acosa, como una forma de explicarse las maravillas y miserias del mundo, y explicarse también a sí misma”.
  Resalta en el paratexto la fuerza dialogal de las citas, que convierten al yo en destinatario del fluir pensativo. Los ecos de Marián Suárez, Ángeles Mora y Angelina Gatell ubican al protagonista verbal frente al espejo de la propia conciencia; es un observador de gestos, actitudes y sentimientos, un verificador de estados de ánimo.  El enfoque introspectivo cobra fuerza desde el primer poema. Quien trata de descubrir los propios contornos es consciente del transitar temporal y de ese largo recorrido en el que se van forjando ilusiones y sueños, decepciones y olvidos; las incertidumbres del vivir: “Un sol que se desvanece / y mira a través de mis ojos, / cuando está languideciendo / este oficio de soledad”.
  Sobrevuela en la escritura el rastro sensorial de lo perdido. Es un espacio íntimo, atravesado de silencio. Un entrelazado de recuerdos hecho elegía y evocación de espacios. Días ingrávidos que parecen abandonadas arquitecturas que se alzan en manos del aire. El poema se convierte en senda cognitiva; vuelve los ojos hacia adentro. Aglutina signos de divagaciones reflexivas en torno a la existencia. La realidad se muestra como un escenario incierto y movedizo en el que hace fuerte el compromiso de existir.
   La segunda sección, que aporta citas de Sara Teasdale y Julia de Burgos, tantea en su expresivo aserto el compromiso ontológico: “Ser”. La soledad es un territorio de búsqueda donde el yo propicia su propio lugar de encuentro. En las composiciones, el pasado enlaza con el ahora a través de esas incertidumbres para las que no hay respuestas. Los recuerdos se hacen materia borrosa y espacios de lindes imprevistas. La escritura vela por la coherencia de la identidad; se convierte entonces, en trinchera y resguardo de la materia sentimental que, poco a poco, amarillea y adquiere el color del otoño. Toca preservar la soledad, escuchar su armonía. Dar espacio a una nueva quietud donde cada instante conjuga un presente de aceptación y tránsito, de empeño por continuar ese viaje de única dirección. Toca “Centrarnos en el ahora / mirarnos frente a frente, / aceptar quienes somos. / Atrevernos a ser”. Las composiciones labran un camina hacia dentro, como si el destino personal exigiera coherencia y gratitud.
  En Mujer frente al espejo se hace fuerte una forma de estar en lo diario, una filosofía de asunción del destino que emparenta, en algunos momentos, con la aceptación que emerge en algunos poemarios de Eloy Sánchez Rosillo. Precisamente con citas de Joan Vinyoli y Eloy Sánchez Rosillo se abre el tercer tramo del libro, “Visiones”. Se va gestando así un dietario sentimental, sin el rigor de la anotación fechada, donde el temblor emotivo es elemento constante del transitar. El recuerdo sostiene. Se convierte en símbolo y estela imborrable. Es cartografía onírica, que guarda una entrañable fidelidad a lo que fue. La memoria despliega evanescencia, visiones fragmentarias. Se hace conjunción de nuestra condición transitoria, en la que se adivina a lo lejos el color crepuscular que encarna el adiós definitivo.
  Lo metaliterario se agudiza en el apartado “Santuario”.  El hecho de escribir encarna un sueño, una casa encendida, un santuario en el que se vive en continuo aprendizaje en el que se recorren escenarios culturales y paisaje interiores. Con ellos se construye un yo cambiante, que se hace encarnación de una cumplida experiencia vital desde las palabras: “Con las palabras vamos formando/ la escultura de los días. / Con ese material dúctil, maleable, / le vamos dado forma, como si fuera plastilina”.
    El conjunto de poemas “Epifanía” cierra el libro; la evocación renace, deja en sus dedos la claridad de la amanecida. El hablante verbal percibe el ahora y ese instante que exige su condición de ser, a pesar de esa certeza de apurar un tiempo transitorio. Pasado y futuro son ahora; corresponde caminar hacia un horizonte en fuga, un no lugar donde vamos cumpliendo anotaciones vitales
   Isabel Marina deja en Mujer frente al espejo una cálida muestra de intimismo meditativo. Las composiciones se asoman a la condición aérea del tiempo. Reflejan la percepción efímera que postula nuestra conciencia. Ese caminar especular hacia la desnudez, donde pliegan sus alas ilusiones y sueños.
 
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
 




 

martes, 25 de agosto de 2026

EN CLAVE AUTOBIOGRÁFICA: CUMPLEAÑOS


 
EN CLAVE AUTOBIOGRÁFICA
 
 
Yo nací (perdonadme) en el 56,
con la televisión en blanco y negro.
La plana realidad,
cobró lustre ficticio entre las vísceras
del dichoso artilugio.
Retraído el asombro,
poco tiempo después holló la luna
el ballet pintoresco del primer astronauta.
La guerra de Vietnam sembró de rojo
el miedo del monzón;
la tristeza alargó su cinta métrica
con inborrables signos,
y el niño que yo fui cruzó la calle
para desvanecerse
en lejanos andenes donde nunca hubo tren.
 
Como soplo de aire
que aventara las ramas,
tras una floración de duermevelas,
devanaron los años
una quietud insomne,
repleta de tareas.
Nada sobra al olvido.
 
Envejeció conmigo
la dudosa verdad de vuelo corto
 de todas mis certezas
y allí, frente al espejo, fui feliz
y me dejé caer sobre la hierba
del amor en sus brazos.
Ahora lo vivido es una polvareda
que se oculta detrás.
La nada vuelve.
 
Sigo al borde de mí;
se desgrana el racimo
y he cumplido setenta
Soy un mapa menguante
enclavado en la espera.
Ya no quedan preguntas perentorias.
El futuro es de otros.


      (Variación del poema "En clave autobiográfica" de Nadar en seco)




lunes, 24 de agosto de 2026

EL BIÓGRAFO DE JORGE LUIS BORGES.

JORGE LUIS BORGES
(Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986)
Retrato de Louis Monier, 1979 

  

El biógrafo de Borges

 

   Con monolítico afán, labró durante una década una biografía de Jorge Luis Borges. Se encerró en la buhardilla, ahuyentó compromisos, propició un divorcio, y consultó la incontinencia escrita sobre el autor: ensayos, cuentos, poemarios, reseñas, tesis, reescrituras y panegíricos circunstanciales. Tras la enésima corrección de pruebas, se editó la obra. En las librerías aquella novedad tuvo una presencia discreta y su autor nunca más hurgó entre las trabajosas páginas de aquel libro. Nadie percibió la única errata, una azarosa paradoja. En el paréntesis vital confundió fechas. Anticipó la muerte en Ginebra ochenta y siete años antes del nacimiento en Buenos Aires. Un lapsus ligero que hubiera entusiasmado al mismo Borges.

 (Del libro Fuera de guion, Lastura, 2024)





sábado, 22 de agosto de 2026

PAN CON MIGAS

Comiendo pan
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PAN CON MIGA
 
(Apuntes sobre el aforismo)
 
El yo plural
 
Cada sujeto personifica una identidad mudable, una vida ondulante, por decirlo con un aserto de Ramón Eder. La escritura aforística no pasa de ser la larga sombra de una fisonomía nómada que traslada la unicidad de lo diverso. Un estar en los extremos buscando el centro. 
 
Con Lemuel Gulliver
 
Cuando duermo, las miniaturas cognitivas de la biblioteca trasladan mis aforismos a Liliput, esa nación insular ficticia de ubicación aleatoria. Allí, sus claves interpretativas ganan altura.
 
Intimismo
 
El tono confidencial habla de todos. Recrea el intimismo de un hombre concreto que habita callejones entre luces. Su estar en primer plano difunde rasgos de otros hombres concretos. Cada gota de agua imita formas, texturas y humedades de otras gotas.
 
 
En la diana
 
La conciencia reflexiva  coteja el entorno desde la síntesis. Constata un compromiso con las palabras. Da forma una meditación fragmentada. Lo mínimo es un dardo.
 
Vocación
No recuerdo una fecha exacta, pero los primeros aforismos de mi libro Mejores días (Mérida, 2009) nacieron hacia 2005, ya como textos autónomos para integrarse en un libro futuro. Antes escuché con frecuencia que muchos de mis poemas tienen un cierre aforístico; así que no fue una decisión brusca en la escritura personal sino un ejercicio de libertad y obediencia; de confianza en lo fragmentario para desobedecer la monotonía del todo desde las partes.
Elogio de la soledad
 
 En la soledad llama al timbre el decir breve. Suele presentarse con un detonante concreto: una vivencia, una lectura, un asunto laboral… Así alcanzan una primera redacción que después modifico varias veces. La intuición es una brújula perezosa y poco fiable, aunque siempre llena de matices. Con algo que decir.
 
Sobre el hermetismo
 
El enfoque de la frase corta requiere concentración, saber acotar el sentido. El aforismo no es un topo que busca sombras en medio de la noche.
Elementos de riesgo
 
La columna verbal del aforismo soporta dos elementos de riesgo: el sobrepeso y el esqueleto invertebrado.
 
Tradiciones
 
Las pautas arbitrarias del gusto propio se contrarrestan con la tradición. Mis estaciones de vuelta son mapas con una cartografía urbanizada. Friedrich Nietzsche, Elias Canetti, Wilde, o Chesterton no monopolizan mi trayecto; dejan sitio a los moralistas franceses, a clásicos y coetáneos que acercan al afán renacido de mis pasos el alborozo intacto de un descubrimiento. Ellos propician la voz cómplice, el verbo inconformista o la estricta reflexión.
 
Una novela de ideas
 
 Con tantas definiciones válidas, me gusta pensar que en esas convergencias y divergencias cabe la propuesta de entender el aforismo como una novela de ideas, una ficción cuyo narrador omnisciente es la conciencia del sujeto que deja hablar a sus convicciones éticas y estéticas y cuyo argumento entrelaza interioridad y exterioridad y soporta un continuo amotinamiento de los elementos textuales. El carácter autónomo de cada texto concede al hilo argumental un rumbo imprevisible.
 
Sin derroche retórico
 
En el centro indagatorio del aforismo la búsqueda de la transparencia, la voluntad de orden de los cantos rodados y la apelación a la empatía lectora sin derroches retóricos. Ascetismo verbal.
 
Procesos
 
Extendidos en el tiempo de la digresión, hay procesos tediosos y aburridos. El aforismo es el racimo, no la fermentación.
 
La vida es sueño
 
Calderón confinó en un aserto metafísico las vicisitudes del despertar: la vida es sueño. Y el axioma prosigue senda en el devenir. Se impone así la idea de la representación. La escritura necesita una máscara, un escenario que siembre pasos en situaciones ideales.
El aforismo testifica esas situaciones y es preciso elegir el disfraz del personaje. Toca ponerse el vestido pintoresco del payaso, el velo etéreo de la evocación o la chaqueta gris del moralista. Abro el ropero.
 
 
 

viernes, 21 de agosto de 2026

JAVIER MATEO HIDALGO. SINFONÍA PARA UN SOLO MÚSICO

Sinfonía para un solo músico
Javier Mateo Hidalgo
Prólogo de Daniel Huerta Goya 
Editorial El Sastre de Apollinaire
Colección Poesía
Madrid, 2025

 

QUEDA LA MÚSICA

 
    La poesía de Javier Mateo Hidalgo (Madrid, 1988) mantiene una nítida solución de continuidad, como si los cimientos del yo encontraran en el taller abierto una manera de recorrer lo cotidiano; una búsqueda de sentido de la condición existencial. La voluntad creadora fija lo efímero, trasciende la inmediatez perecedera. Profesor de Bellas Artes en un instituto público madrileño, crítico, dramaturgo y artista visual, la estela lírica de Javier Mateo Hidalgo alienta un discurso reflexivo que fortalece músculos con la experiencia vital.
   El paso armonioso de sus entregas conforma una travesía formada por dos tramos claramente definidos. Un tramo de formación y epifanía integrado por El mar vertical (2019), Ataraxia (2022) y algunos momentos de La imagen sonora (2023), aunque esta entrega puede considerarse una bisagra hacia el afianzamiento. Y una etapa de madurez que deja registros en Arquitectura del sueño (2024) y se fortalece en los conjuntos Novela (2024), y Exposición permanente (2025). A este intervalo creador se suma el libro que alienta esta reseña, Sinfonía para un solo músico, una compilación unitaria de poemas con un pórtico conciso de Daniel Huerta Goya.
   El texto alerta de la afinidad ética y estética con el autor y la existencia en su propuesta de dos núcleos temáticos esenciales: aditamento biográfico y soporte cultural. Son anclajes significativos que, en su condición semántica, muestran afinidades con el juicio crítico de José María Parreño, escrito para Exposicion permanente: “El poema enuncia tejidos de memoria y pensamiento y constituye nuestra única forma de fijar, transmitir y descifrar poesía”. Por tanto, nos hallamos ante una autobiografía ficcional repleta de vislumbres del ser. Un retrato íntimo del yo recreado con un tono meditativo, con pulsión vitalista y sensibilidad elegíaca. Javier Mateo Hidalgo recobra la entidad del pasado, vuelve los ojos hacia los repliegues de la confidencia para encontrarse consigo mismo.
   La introducción examina también el sesgo regulador de la música y su mano inspiradora para dotar a la escritura de un sosegado epitelio sonoro. Sobrevuela los sentidos la séptima sinfonía de Beethoven. Sus movimientos sirven para estructurar un poemario en el que la atmósfera sonora constituye una pulsión orgánica. Para el poeta la música es un paisaje vivo, cambiante, pleno de empatía sensorial, en el que se acumulan sensaciones empeñadas en perdurar. En él se ensamblan vivencias dormidas y sensaciones. Sus armoniosos pasos acogen secuencias del tránsito vivencial. Llenan de significado el tiempo oscurecido, mientras el poeta contiene el aliento para oír la voz de Whitman, Juan Jamón Jiménez y María Zambrano.
   Toca interpretar las partituras. Hay que improvisar escalas y arpegios desde la memoria. En el trasiego de lo cotidiano, repleto de mudanzas y cambios, el poema traza un camino interior. Es una forma de evitar la niebla del tiempo y su capacidad para borrar los pasos de la identidad. El recuerdo llena vacíos, descubre en la pared las huellas de un niño que se desplaza hacia el ahora.
  Cada movimiento abre el misterio. Despierta una respiración que se acompasa entre la obligación y el sueño. Pensamiento e imaginación moldean la belleza del mundo. La música pone voz y sensaciones. El yo poético se siente “un simple trasmisor de la voz de la música”.
   En una poesía enunciativa de aliento realista, donde el ideario versal niega sombras y hermetismos, sorprenderá al lector el perfil caligramático del poema “Diálogo entre el músico y sus instrumentos (Caligrama)”. Se trata de una composición que conjuga fuerza visual y enunciado narrativo.
   Tras la obertura, el libro deshoja destellos que conforman espacios simbólicos. En la segunda sección “Allegretto” resalta el tono emocional de lo biográfico y la captación de atmósferas: las amistades perdidas o recuperadas en el tiempo, la soledad del diferente en las gregarias aulas del instituto, y ese lento proceso de maduración personal, con recuerdos desperdigados en la brisa de los días.
   Poco a poco, el escritor expone con sinceridad las líneas maestras del libro. Así sucede en el poema “Pastoral impresionista”, donde escribe: “Aunque la estructura de este poemario / tiende a ser una falsificación / de la séptima beethoveniana, quiero hablar ahora…”. El comentario verbal no solo define los contornos del conjunto sino también concede un papel protagonista al legado cultural, a la hora de diseñar la escenografía interior y a la música, como desvelo emocional permanente.
  El apartado “Descanso” acentúa el registro evocador. En esa apelación a la memoria, cuajada a veces de sensaciones de soledad e incomprensión, se fortalecen el amor a la música, la literatura y los viajes en los que Italia, por su inagotable, friso cultural, se singulariza como escenario de felicidad gozosa.
   El cierre de Sinfonía para un solo músico, titulado “Presto”, corrobora que la caligrafía invisible de la expresión musical es la manera de transcender la abulia cotidiana. Reconforta el desfile de nombres propios de compositores y piezas inolvidables. El entrelazado de piezas y sensibilidades también articula la partitura vital, ”es embalse, lámina de azogue limpia”. Idealiza y convierte el amor en ensoñación.
   El poemario de Javier Mateo Hidalgo, sobre cualquier otra consideración, es un sostenido homenaje a la música. Cada audición se hace armonía y vuelo en el verso. Es una manera de buscar los sentidos ausentes de quien dispersó pasos en el tiempo y encontró un fondo sonoro que perdura intacto.


JOSÉ LUIS MORANTE




 

jueves, 20 de agosto de 2026

GENTE COMÚN

Vintage
Archivo general de internet

 


                                           Hablar poco  es lo natural.
                                           Por eso
el torbellino no dura toda la mañana
ni dura todo el día la tormenta.
 
                        Lao  Zi
 
El pensamiento más fugaz obedece a un dibujo invisible
y puede coronar, o inaugurar, una forma secreta.
 
                        Jorge Luis Borges
  7


GENTE COMÚN

 

La escritura y yo, versión literalista del matrimonio, restaurante discreto en el que sólo hay sitio para dos comensales.

Alguien escribe. Soy parte de la trama. Un personaje episódico.

En la lisura del cristal, los aspersores del jardín difunden transparencia en el corazón del verano. Pienso en aquella línea de Jorge Luis Borges: “No pasa un día en el que no estemos, un instante, en el paraíso”.

Que el desconcierto no sea obstáculo interpuesto; camina junto a él.

Estoy aquí. Aunque desconozco la localización exacta del aquí.

Colecciona fósiles. Quiere entender el discurrir del tiempo sin la nebulosa atribulada de lo inmediato.

Como Narciso, hice del espejo un lugar de introspección.

Ejemplos del vacío, las estatuas carecen de secretos.





miércoles, 19 de agosto de 2026

POÉTICA

POEMA

 

     
 
E-mail
 
El mensaje conciso,
sin tallo emocional,
sin hojarasca;
sólo el misterio
de la transparencia
y el hilo concesivo
del discurso coherente.
Que el teclado perciba
desnudez, eficacia,
y la respuesta fiel
del mensajero.
 
           JOSÉ LUIS MORANTE

martes, 18 de agosto de 2026

RODOLFO SERRANO. HOTEL EN LAS AFUERAS

HOTEL EN LAS AFUERAS
Registro de viajeros
Rodolfo Serrano
Prólogo de José Luis Morante
Lastura ediciones
Madrid, 2025

 

DESDE EL PONIENTE

  
   Una luz amarilla y gastada alumbra la distancia entre la madurez y el camino de vuelta de la senectud. Es un recorrido vital que enseña a bajar la voz y moldea, en la esfera de todos los relojes, el instante gastado de un presente continuo. Ya no resulta necesaria la prisa. El ahora convierte su cronología en un lugar doméstico, una sala de estar con ventanas a la memoria y con tertulia sensitiva con el pasado. Lo vivido muda en constante página en reconstrucción, donde todo tiene la textura de lo contingente. Solo las cuestiones esenciales de cada ecuación diaria preservan las incógnitas sin resolver.
   La palabra poética se convierte en crónica vital. Mira, con los ojos casi cerrados, un futuro que se diluye lentamente, mientras sus pasos rezagados conducen a ninguna parte. Mañana es un horizonte especulativo, un tranquilo páramo mesetario ajeno al maquillaje ampuloso y grandilocuente de la celebración. El pensamiento secuencia su fluir apoyado en la lógica de lo real, en la percepción sensible que depara el juego de impresiones de lo cercano. Así que la poética se convierte en una invitación a la confidencia sobre los procesos vitales que conducen al escepticismo y la decepción, al umbral del olvido.
   Siempre que regreso al quehacer literario de Rodolfo Serrano (Villamanta, Madrid, 1947) el yo poemático muestra un cálido carácter confesional. El poema se convierte en un espejo privado que necesita ahondar en lo que permanece y en la validez de la experiencia. Los versos alumbran un espacio compartido, una senda llena de sensaciones que recorre los paisajes interiores de la naturaleza humana. La voz explora los rasgos del sujeto marcados en el tiempo e indaga en la identidad de quien sale a descubierta desde la meditación para acercarse a sí mismo.
   Abunda en el poemario Hotel en las afueras la soledad desnuda de quien hace recuento de algunos paraísos perdidos: el amor, la belleza, la pasión, el deseo o aquellas arquitecturas sentimentales que cobijaban sueños, ilusiones y esperanzas.  La voz de quien recapitula sobre la existencia como estela de adversidad y pérdida. Casi todo lo que tuvimos está detrás. El acontecer dibuja los relieves de un áspero mundo que muestra las cicatrices del trascurrir, mientras sobrevuela un aire denso, de melancolía y nostalgia. La felicidad parece una vivencia ajena, un reflejo fósil encerrado en resina. Como sugiere el título, se busca un refugio compartido, una trinchera a resguardo para suturar las heridas abiertas y proseguir ruta en el tablero de lo cotidiano, con la esperanza puesta en la evocación, aun cuando la memoria haya convertido en hábito la tristeza como ensimismada compañía. Toca vivir rebobinando fragmentos, siendo fiel en lo posible a los restos del naufragio.
  Los lectores que busquen la razón del poema en Hotel en las afueras percibirán en la sensibilidad de Rodolfo Serrano una nítida cercanía con los poemas de Raymond Carver, el poeta que vivía la esperanza como una función esencial de la conducta diaria, como la búsqueda de algo indefinido que detendría el tiempo, como sucede en los reductos visuales y el cromatismo frío de Edward Hopper. Añadiría también, en la afectuosa genealogía de magisterios, a Ángel González, el inolvidable poeta de la generación del medio siglo, autor de Palabra sobre palabra, y a Karmelo C. Iribarren, siempre aplicado en el terco quehacer de inventar al lenguaje una barra de bar con lluvia fuera, un centro indispensable de emoción. Son poetas que, en el deambular de la conciencia y en su capacidad de comprender, abren una ruta de salida, un minifundio que cura la cellisca desapacible de la soledad, un espacio de penumbra y sueño donde el camarero sabe los nombres de pila de sus parroquianos y deja la penúltima por cuenta de la casa.
    El cuerpo no se acostumbra nunca a dormir solo. Necesita el oxígeno del poema para buscar un hueco a los andenes solitarios donde solo la niebla espera la llegada del último tren; donde las habitaciones de una noche prestan la mano alzada de sus espejos a los desconocidos; o  marcan la silueta de un cuerpo tumefacto que muestra en su epidermis las magulladuras de los sueños que nunca alzarán vuelo. Cae la tarde; con el pulso tembloroso de la melancolía, una mano cansada escribe versos de amor y de nostalgia, historias de pasiones inventadas en las que se abrazan sombras invisibles.
   En los registros de la poesía meditativa nunca tienen problemas de convivencia la filosofía existencial, hecha de certezas provisionales, y la llama encendida de los sentimientos. La buena poesía nunca se sale por la tangente; es una suma al contado de latidos asimétricos, pensamientos y sueños dispuestos a arrimar el hombro a los muros de la realidad. Y esa lluvia de polen deja su evidente resultado en Hotel en las afueras, donde cada poema nombra con lucidez las páginas manoseadas de lo cotidiano. La conciencia del personaje lírico encaja con la vestimenta del perdedor. Alguien que se mueve a contracorriente, sin nadie al lado en quien depositar un brazo sobre el hombro. Apura a solas el cigarrillo de la resignación, como si entre la noche hubiera consumido una historia de amor que se diluye con la luz del día. Si duele, queda el poema, los silencios escritos que dicta el corazón. Cae la tarde y alguien escribe sobre la piel de la añoranza, mientras contempla el vuelo de algún pájaro sin nido. En su mirada, la encendida plenitud de quien aspira un resplandor de amanecida porque “la vida, y el poema y los amores / son, todo,  sombras, de la misma luz”.    
     
JOSÉ LUIS MORANTE



 

Rivas, primavera de 2024

lunes, 17 de agosto de 2026

PELDAÑOS

Ascensión al vacío

 
 PELDAÑOS

Alguien
            cae
     en
         su
primera caída
 
ALEJANDRA PIZARNIK
 
 
Inadvertido nadie, ángel que acaba de llegar y ya regresa.
 
 
Durmió en la umbría de lo real un largo sueño y amaneció cubierto de musgo.
 
 
Anda cerca. La voz del ramaje predice la música del vuelo.
 
 
En la lisura del espejo las plumas son esquirlas.
 
 
En la enésima inmersión aprendió a  aletear bajo el agua
 
Con dedos de aurora moldeó un sueño: se hizo hombre.
 
 
Cansancio. Alas cosidas.
 
 
A la intemperie, el ángel solo practica el vuelo raso.
 
 
He visto un nuevo poblador de azules. No es igual que yo. Sus alas son más sólidas. Se llama Ícaro.
 
 
Desnudez; el excesivo equipaje ralentiza el vuelo.
 
Sentido de lo mágico. el pez volador quiere ser ángel.

(Aforismos en la escalera)




sábado, 15 de agosto de 2026

POESÍA Y CRÍTICA

Recorridos

 

LA CRÍTICA COMO PLACER LECTOR


   En su tarea de hacer lectores, la crítica traza juicios sobre la realidad literaria, pero también construye trampantojos y confunde al lector cuando se pliega a intereses editoriales concretos; el crítico entonces se convierte en un hacendoso comercial que puerta a puerta enaltece las invisibles cualidades de un producto.
 
   Ya he comentado en varios sitios las razones privadas que justifican mi dedicación a la crítica. La lectura frecuente de autores como Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Jaime Gil de Biedma o Luis Cernuda propician la idea de que la escritura de varios géneros convive sin problemas de vecindario y es un hecho natural en la tradición literaria. Poesía y crítica en mi caso se ensamblan sin disidencias; la crítica no es un subproducto, prolonga el pensamiento teórico dedicado a mi propia poesía. El quehacer crítico debe ejercerse sin ningún dogmatismo, sabiendo que la obra literaria tiene un sentido plural y que los aportes de nuestra visión analítica tienen una vigencia limitada y parcial. El crítico es un lector intuitivo que poco a poco completa una personalidad intelectual.     
 
   El ejercicio de la crítica me ha deparado momentos de gran felicidad y ese es uno de sus efectos más reseñables; casi tanto como algunos sujetos comunes de carne y hueso, ha marcado mi vida el persistente contacto con identidades imaginarias con un alto poder de persuasión que han clarificado y dado consistencia a las relaciones de mi yo con los otros.
   En tiempos  de incurable materialismo es hermoso pensar que la lectura nos concede la posibilidad de construir un abismo; de sustituir el mundo real por un mundo ficticio.


(Apuntes sobre la crítica)



viernes, 14 de agosto de 2026

EL IMPOSTOR

El otro
Madrid

 

EL IMPOSTOR

 

Un sueño es la mitad de una realidad

JOSEPH JOUBERT

 

   Sin ángulos muertos, se vio a sí mismo en los meandros del sueño prodigando actitudes insólitas. Cerró los ojos ante la imagen patibularia. Su comportamiento estaba lejos del molde de rigidez victoriana que se atribuía. Era un impostor. Debajo de la historia existencial permanecía el registro intacto de otra biografía. Necesitaba una purificación extrema, mientras sentía en el pecho la punta de aguja de la desolación. Empezó por no respirar. Ahora sabe que solo cuando duerme es él. En el sueño en silencio retornan las cosas a su funcionamiento natural.


(De Cuentos diminutos)


 

 

jueves, 13 de agosto de 2026

EFI CUBERO. RIZOMA

Rizoma
Efi Cubero
Introducción de Javier del Prado Biezma
Imagen de portada: Paco Mora
Editorial Mahalta, Colección Poesía
Ciudad Real, 2023

 

EL TRABAJO GUSTOSO

  
   Efi Cubero reúne en Rizoma una amplia muestra de su trayectoria poética, alentada por la jovencísima editorial castellano manchega Mahalta. Consigna un desvelado quehacer en el tiempo, pleno de pulsión emocional y estética. La poeta y ensayista de Granja de Torrehermosa organiza su mapa creativo en ámbitos temáticos, como si la materia verbal estuviera formada por estratos. Las capas sedimentarias alumbran indagaciones en las posibilidades del lenguaje y responden a claves existenciales, cuajadas de misterio, por las que el yo se adentra en sí mismo para dejar constancia de su identidad. El interminable fervor de Efi Cubero ha impulsado un balance creativo formado por las entregas Fragmentos de exilio (1992), Altano (1995), Borrando márgenes (2004), La mirada en el limo (2005), Estados sucesivos (2008), Ultramar (2009); Condición del extraño (2013), Punto de apoyo (2014) y Solo inclasificable 2021). Un largo proceso que aglutina también las composiciones inéditas, no conocidas en libro todavía.
  Efi Cubero acentúa el proceso para vivir la esencia de las cosas, esos temas centrales que conforman la compleja urdimbre de Rizoma. Los poemas se cobijan sin enunciar de qué libro proceden; conforman apartados que mantienen una sostenida unidad armónica: “Rizoma”, “Ver”, “Hora Prima”, “Travesía”, “Lugares habitados”, “Natura”, “Huellas”, “Creación” y “Amar”. De este modo, percibimos los muros de una casa de tiempo y de silencio, un ámbito transcendente empeñado en la persecución de la belleza. Efectos profundos y sutiles en la sensibilidad de un sujeto verbal con fuerte sentido de su autonomía estética.
  La introducción “Leyendo Rizoma, bajo el enigma del poema”, firmada por la palabra sabia del poeta, ensayista y profesor Javier del Prado Bizdma, yuxtapone sondeos interpretativos. Esboza un análisis de intensidad y concisión emotiva, en el que se desvela esa red transversal de los matices. Insiste el profesor en la semántica fuerte de “Rizoma” como “tallo subterráneo hinchado de jugo y de gérmenes de vida”; una proyección de la raíz hacia el mundo aéreo que mantiene su oculta esencialidad, su imprevisible dimensión extemporal. La palabra despliega un paisaje conceptual que desvela y muestra la piel abierta de la ontología, la plenitud intacta de lo oracular que se resiste a la brújula analítica del pensamiento y a su empeño de exactitud filosófica. La introducción nada deja en barbecho. Recorre con profunda conjunción estelar cada una de las secciones para determinar sus rasgos distintivos, sabiendo que la estructura es lo que permanece, más allá de la contingencia y lo coyuntural.
  La nota de la escritora responde, con didáctica concisión, al origen del título y a los criterios de selección de esta poesía de la extrañeza que aglutina como material magmático entorno natural, pensamiento filosófico, realidad transcendida, mística interior y decurso vital. Todos son lugares del poema, estaciones de llegada de la conciencia, pulsaciones de incertidumbre de las que emerge una poética y una disposición a la palabra: “La incertidumbre / es mirar más adentro / sin encontrarnos”.
  Quien escribe, pone en vigilia su forma de percibir y ver; se crea una disposición a la palabra, un estar a la espera que busca “enlazar lo distinto para unirse en un todo”. Desde la soledad y la extrañeza el sujeto verbal se hace voz, semilla germinal de una armonía íntima y sin contornos.
  Construir la escritura es dibujar un código de acceso al núcleo del silencio. Los poemas transcriben incertidumbres; se deslizan por una senda de evocaciones, imágenes y enunciados reflexivos. En las composiciones se hacen accesibles los afanes diarios de una perspectiva ecléctica, de una contemplación que se condensa, donde las certezas son un afán continuo de claridad y transparencia, es refugio pautado que protege y salva, que concede sentido a la volátil sombra del tiempo: “La mirada resuelve / la extrañeza de ser… / O el extravío”.
   En cada sección se exploran sendas argumentales en las que el devenir existencial se define como vértice central. Vivir es un caminar continuo, sin desplazamientos, que hace posible la revelación y el encuentro, la fugacidad de un tiempo en continuo deseo de huida. El incansable andar empuja a mediodías y ausencias, a percibir las marcas en el aire del azar que sostiene nuestros pasos. Junto al yo, el sueño de la naturaleza, la materia que aporta cercanía y conocimiento en la compleja urdimbre de su apariencia: “Por el delgado filo / de transparentes márgenes / busco cobijar los códigos brumosos / de la naturaleza que intento comprender.”
   En el variado contexto escritural de  Rizoma la preocupación metaliteraria está presente en “Sílabas”, “De paz”, o en algunos poemas del apartado “Creación” que definen una manera de mirar el mundo llena de lucidez, nunca abstracta o distante. La epifanía verbal es un proceso, el justo equilibrio entre trabajo, acierto expresivo e inspiración: ”Alumbrar, pulsar en lo acertado / para sentir el alma allí donde se oculta. / Aquí donde la vida se revela, / desnuda, intraducible…”
   El apartado final hace del amor camino propio. Un tantear continuo en la profundidad de la entrega, en el deseo y en el espacio simultáneo del nosotros, en la incansable travesía de las estaciones. Después de la partida queda el desvelo del recuerdo, la reivindicación de que en la ausencia también se permanece, tras los pasos inciertos de la evocación. El rumor elegíaco impulsa composiciones de fuerte calado sentimental; la voz de quien no está se retiene con la convicción de una vivencia permanente en “Fotografías”, “Sol”, “Partida” o “Soledad”.   
    Por la identidad poética de Rizoma asoma, vivo y pleno, el movimiento incesante de la belleza. La voz que aspira a llegar a ser. La ontología resiste la neblina diaria. Las palabras se deshojan; podan lo transitorio para mostrar una fondo de efectos profundos. Las floraciones versales contemplan un presente único en el que se entrelazan periplo biográfico y obra; el desvelo de la música callada de silencio, el intacto perfil que deja en la memoria un brillo inacabable.

JOSÉ LUIS MORANTE




 
 
JOSÉ LUIS MORANTE