domingo, 31 de marzo de 2024

UN ZUMBIDO DE AVISPA

Catedral de Ávila
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


UN ZUMBIDO DE AVISPA 


 
El egoísmo hace del yo apócope del nosotros.
 
Tiene una memoria prodigiosa, capaz de hacer real una mentira.
 
En el trasfondo del azar dormita un orden secreto, una simetría que pauta planteamiento, nudo y desenlace.
 
La autobiografía convierte a otro en protagonista.
 
Los minimalistas dogmáticos pueden confundir un haiku con un cantar de gesta.
 
Los cementerios de coches abundan del retorcimiento manierista.
 
Los viajes largos en los niños desperezan el pasmo; en los adultos, el cansancio.
 
El agónico vocacional tiene una visión cabizbaja de la realidad inmediata.
 
Cerca del mar todo se borra, salvo el silencio roto y el efecto emocional de la contemplación.
 
Aforismo, un zumbido de avispas.
 
 (Selección urgente)


 
 
 

sábado, 30 de marzo de 2024

CARTA A UNA DESCONOCIDA

Sabor amargo
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

AÚN TE DESCONOZCO
 
No niego la esperanza,
pero nunca me tiende su solidaria mano
y ya me gustaría –como antaño a los pícaros-
cambiar si no de oficio de condición al menos.
Como suele ser norma,
hoy también ha fallado el desenlace
que vertebra la página del día.
Otra vez estoy triste; aún carezco
de imprescindibles labios
para firmar con nadie una posible tregua.
Cuando espesó la noche
acogió mi pletina la acuática de Haendel
y he recorrido hipótesis,
buscando explicaciones de papel.
Desconozco tu nombre,
no sé medir el hueco que cabe en tu pupila.

             (De Población activa)


viernes, 29 de marzo de 2024

ÁRBOLES QUE DEJAN VER EL BOSQUE

Tala
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

  

 
A SORBOS
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
                                                                                               
Todo es siempre menos
 
JRJ
 
 
Extremó la prudencia verbal; no aventura palabras si no es en presencia de su diccionario.
 
***
 
Afrontar sin amargura, sin gestos de abandono,  que lo que pensamos oculta lo que somos.
 
***
 
Su cerebro contiene dos ideas; son tan opuestas que entre ellas cabe un sistema filosófico.
 
***
 
Al florecer el día  rompe la quietud del reloj un aforismo. Sorbos cortos.
 
***
 
Basta mirar la penumbra de alrededor para saber que no estoy.
 
***

El puño cerrado de quien corta rosas.
 
***
 
Una pobreza de hospitalidad irrefutable, capaz de ofrecer su vieja cama de faquir.
 
***
 
El silencio y su fuerza de convicción. Sabe quién responde cuando nadie llama.
 
***
 
 
El prudente convierte en coma cualquier punto final.


jueves, 28 de marzo de 2024

JAVIER RECAS. EL ARTE DE LA LEVEDAD

El arte de la levedad
Javier Recas
Cypress Cultura
Colección Scripta manent
Sevilla, 2021

 

FILOSOFÍA LACÓNICA

 
   Madrileño nacido en 1961, Javier Recas es Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y ejerce la docencia en un instituto de la capital. Su personalidad define a uno de los grandes estudiosos de la literatura breve, con una certera travesía de investigaciones. Es autor de las entregas Hacia una hermenéutica crítica (2006), Meditaciones de Marco Aurelio (2011), Relámpagos de lucidez. El arte del aforismo (2014), Una grácil y aguda miniatura (2020) y la edición Encuentros y extravíos. Aforismos de Mark Twain (2020). Los ensayos postulan redes interpretativas en torno al enunciado lacónico, como un despliegue de contenido sustentado en la fuerza de la razón, acorde con el entorno histórico y cuya claves expresivas radican en la intensidad y la decantación de lo mínimo en precisa síntesis.
   La entrega El arte de la levedad clarifica su aportación con el subtítulo Filosofía del aforismo y una introducción que muestra el lúcido conocimiento de esa relación natural entre el aforismo, que aspira a la verdad,  y el quehacer poético. Como insólitos misterios expresivos, escurridizos y complejos en su definición, nacen así las perdurables “islas de sentido entre dos silencios capaces de abrir nuevos horizontes, de movernos y conmovernos, de evocar y provocar, para entregarnos, tras el inicial deslumbramiento, el testigo de la reflexión” (P. 7). Comenta también el escritor que el diseño interno ha optado por acompañar las argumentaciones con una amplia colecta paremiológica, que hará más diáfana la trama, alejándola del púlpito académico. La espigada selecta de Javier Recas refrenda el norte del discurso crítico con admirable intensidad. Se convierte en una estela de sabiduría en el tiempo, cuajada de precisión y belleza tonal, que hace del aforismo “una inquebrantable voluntad de verdad, de concisa y desnuda verdad, intensa, provocadora, inquietante, radicalmente distinta del discurso argumentativo” (P.45).
   También esbozado en las líneas prologales, el recorrido de El arte de la levedad elige, para el estudio del pensamiento discontinuo, ocho sendas interrogativas básicas, secuenciadas en ámbitos autónomos. El análisis de la parquedad es el estrado de superficie de “En los márgenes del silencio”. En el avance alumbran otras indagaciones meditativas. Así sucede con el silencio, íntimamente asociado  a la desnudez extrema del aforismo. De la entidad del silencio, emerge en el primer capítulo un amplio espectro de posibilidades significativas. La palabra no pierde su fuerza cuando se hace generadora mudez, sino que adquiere carácter insondable.
   La obra valora, en segundo lugar, el modelo epistemológico, la carga conceptual del aforismo como campo verbal autosuficiente, capaz de diseñar en el despliegue una totalidad de sentido. Javier Recas no deja al margen los aforismos de extracción, tramos verbales espigados de obras mayores, cuyo despiece se ha convertido en “flores cortadas”, desgajadas por su expresividad sapiencial y plenitud expresiva. El capítulo “Cien rostros” es una galería donde se expone la diversidad del decir breve, esa superación del molde único para pluralizar codificaciones que expanden límites formales. El aforismo adquiere un carácter mutable; personifica un espíritu híbrido. El impulso creativo ha presentado una contundente variedad de registros, aunque preservando con fuerza su núcleo filosófico. Esta evolución hasta la modernidad constata la pérdida del alarde sentencioso y el aumento del ropaje subjetivo; más que una verdad universal con voluntad de ser “un enunciado con pretensión de universalidad e intemporalidad”, el aforismo intenta resolver las incógnitas existenciales del yo concreto.
    El valor cognitivo del aforismo acostumbra a mostrar en su superficie un epitelio poético. Del examen de esta cuestión se encarga el capítulo cuarto “Verdad poética”, que muestra una terna de perspectivas en torno a la condición lírica. Focalizar la relación entre filosofía y poesía requiere una tolerante lucidez porque los términos conjugan discordancias. El pensar filosófico se desvela desde el logos y la razón instrumental, en tanto la poesía, como machadiana palabra en el tiempo, es fundación del ser y forma de conocimiento desde el verbo.
   La tarea exploradora del género en su búsqueda de un persistente fondo semántico,  se desarrolla en el apartado “Cargas de profundidad”. La aparente naturaleza simple del decir breve, anuncia plenitud; como afirmaba Porchia “Lo hondo visto con hondura, es superficie”. La profundidad resulta compleja, requiere una agudeza sutil que no pierda la concisión e impulse la búsqueda; por tanto, es una actitud asociada al autoconocimiento, capaz de traspasar el epitelio de lo cotidiano y adentrase en ese sustrato velado del yo interior. Del despertar auroral de lo diáfano trata el capítulo “El embrujo de lo liviano”, capaz de moldear una contemplación estética de alcance desde la arquitectura verbal del aforismo. La humildad no resta, porque guarda un misterio intangible, pleno de sensibilidad y magia interna, que se hace escaparate de madurez. La sección “Vinos secos” emplea un símil ajustado para definir el trayecto vital como un curso bajo en la decepción y el vacío; el tiempo acaba calcinando las emociones, se hace vino seco que amarga el paladar y grava su acidez en la garganta; esa certeza crepuscular está presente en la tarea aforística de muchos clásicos que han convertido al aforismo en lacónica queja final; la vida es pasajera, devalúa posibles utopías  y marca un precio de cierre que cabe en la ceniza.
   La herencia meditativa del decurso aforístico en el tiempo histórico ofrece a Javier Recas un contenido que se convierte en sólida cimentación. El lector queda en suspenso ante el rescate sabio que muestra el cielo en calma de lo perdurable. Los máximos predecesores de la actual eclosión del aforismo reverdecen logros y ponen sus relámpagos de lucidez  para que aprendamos, como sugería Eliot, a decir lo justo y contemplar lo bello.
    La lógica de El arte de la levedad, que ubica como coda una trabajada bibliografía monográfica, capaz de recomponer grietas de un persistente vacío teórico, forja un mirador representativo. Su arquitectura integra sondeos conceptuales y el fluir de voces con sensibilidades asistemáticas, tradiciones experienciales diversas y contenidos heterodoxos. Javier Recas nos deja frente a un mar abierto; contempla con gozo el mediodía de un género, empeñado en el quehacer humilde de la agudeza. Ante el fragmentario litoral del mundo, se trata solo de percibir destellos.
 
 

JOSÉ LUIS MORANTE



miércoles, 27 de marzo de 2024

ESPEJISMOS DIGITALES

Pórtico de San Vicente
(Ávila, 2024) 

 

ESPEJISMOS DIGITALES

 

Descubro a diario que la comunicación digital es una tierra pequeña donde no cabe nadie. Los mensajes privados crean una sensación de cercanía aparente,  dibujan trampantojos que alumbran una mirada cómplice, dispuesta a abrir la conciencia a los desconocidos, como si fueran protagonistas de una relación real, cimentada en el tiempo. Todo es falso, un espejismo que siembra de inmediato la tachadura, la decepción, el bloqueo.  De pronto el ocaso. Al otro lado no hay nadie. Solo un frío de nieve que no quema las manos.

Notas sueltas.



lunes, 25 de marzo de 2024

TRAS EL INVIERNO




TRAS EL INVIERNO

 
 
Hay una generosidad periférica, que regala lo que no tiene.
 
***
 
 El polen en suspensión de la vanidad degrada la espina dorsal de los espejos.
 
***
 
El águila percibe en el recio grafismo de las rocas la posibilidad de hacer un nido.
 
***
 
En el decurso de esas horas donde  la estética de la luna prescinde de cualquier retórica.
 
***
 
Tan fuera de contexto como mirar desde  una cafetería las minucias de alguna despedida de soltero. 
 
***
 
Lo constato. Soy un desertor de casi todo. Salvo de ti.
 
***
 
Sus caricias restriegan.
 
***
 
Esos críticos que prodigan matices orales entre la v y la b.
 
***
 
Originalidad, cristales rotos que no repiten trazos.
 
***
 
La intuición de los que se equivocan y exploran estrecheces de otras rutas también falsas.
 
***

    

sábado, 23 de marzo de 2024

MIGUEL CATALÁN. EL ÚLTIMO PELDAÑO

El último peldaño
(miscelánea)
Miguel Catalán
Edición de María Picazo y José Luis Morante
Editorial Verbum
Madrid, 2022

 

A MODO DE PRÓLOGO: ENTRE NOSOTROS

José Luis Morante

  
   Lúcido y pleno, Miguel Catalán (Valencia, 1958-2019) nos dejó cuando solo contaba sesenta y un años de edad. La enfermedad apenas le impidió caminar libremente entre sus folios en blanco. Estaba lleno de vitalismo y trabajó hasta la hora de ausencia. Tenía tanto por hacer que su fertilidad creadora no se apagó; mantuvo, como recuerda con emotivo temblor su compañera e incansable colaboradora María Picazo, la sensibilidad en vela.
   El espíritu humanista del escritor, profesor universitario, filósofo y ensayista pone de relieve una obra diversa que materializó distintas estrategias literarias. Son fragmentos del ser, teselas que conforman una labor caleidoscópica. Espléndido testimonio de ese taller plural es Seudología, una profunda investigación filosófica, compuesta por trece volúmenes, que hace de la mentira motivo de reflexión recurrente. Analiza la hondura de la falsedad en terrenos conceptuales como la ética, la sociología, la política, la convivencia interpersonal o la vida privada del sujeto. En su realización persistió durante veinticinco años de trabajo. El resultado es una argumentada propuesta filosófica, destinada a convertirse en un clásico temático. Ya lo es.
   No se puede interpretar el perfil intelectual del escritor sin asomarnos a la climatología variable de las ficciones. El historial narrativo del valenciano integra tres compilaciones de relatos y cinco novelas, la última de las cuales En estado de gracia fue publicada en 2021. En los itinerarios narrativos encontramos enlaces evidentes con las propuestas filosóficas, tanto en los esbozos de personajes como en los hilos argumentales. Están relacionados con preocupaciones existenciales, y con vidas al paso fortalecidas por el legado cultural y la búsqueda de sentido en el aleatorio trazado del discurrir. Otros espacios fuertes del molde literario son dos recopilaciones terminológicas, Diccionario de falsas creencias (2001) y el Diccionario Lacónico (2019). Ambos textos dejan catálogos de asombro; ratifican los equívocos del lenguaje y la tendencia a crear, más que certezas, espejismos verbales. El baúl de palabras de Diccionario Lacónico, impulsado por Ediciones Sequitur, suma de continuo; aglutina etimología, semántica, concisión poética, humorismo, greguerías y filosofía. Las definiciones recurren al orden alfabético tradicional para elaborar concentrados conceptuales, píldoras de pensamiento. De este modo, el significado de las palabras enfoca el contacto sensorial con el mundo y las cosas, con los ojos abiertos hacia dentro. En este sondeo, la percepción remueve el granero del idioma para que se muestren magmas en formación, sedimentaciones frente al lugar común. Cada definición postula una identidad conceptual trascendida, un esfuerzo capaz de mostrar relieve, que abre y convulsiona la imaginación. Nunca proclive al dogma,  Miguel Catalán sospecha que el brote germinal de Diccionario Lacónico está en el estudio de algún tratado de lingüística, pero es difícil no encontrar las fuentes primarias en Ambrose Bierce y en los autores epigramáticos del helenismo. No pasan desapercibidas tampoco en la condición didáctica de estos diccionarios las conexiones con el aula y la percepción de la docencia como una tarea de intercambio y aprendizaje, un diáfano diálogo con la inteligencia humanista y la humildad ética.
  En la casa de encuentros que constituye la obra de Miguel Catalán, el laconismo nunca está al margen. El corpus de la abundante práctica concisa se reunió en Suma breve. Pensamiento breve reunido (2001-2018) (Trea, 2018). La cosecha paremiológica abarca media docena de entregas escritas durante casi dos décadas. Integra los títulos El sol de medianoche (2001), La nada griega (2013), La ventana invertida (2014) y el aporte inédito que añaden tres conjuntos que anticiparon textos en revistas: Así es imposible, El altar del olvido y Paréntesis vacío. El conjunto define el ser ontológico del aforismo y su pautada senda como espacio de intersección entre literatura y filosofía. Así lo recuerda la apertura de José Montoya Sáez, quien también analiza el concepto de paradoja como implosión del lugar común. El habla lacónica interpreta ángulos inéditos, capta la significación de la experiencia en la condición de ser. Desde su inicio, la voz breve asume el desvelo incansable del observador. Sabe que el comportamiento del yo es reflejo de las actitudes aleatorias del otro; por tanto es necesario sondear su sentido para que el aprendizaje surta efectos interiores. Nada de lo humano resulta ajeno; de ahí que la ética sea relevante proceso reconstructivo, un ejercicio de tanteo y búsqueda en el que hay que asumir, como Marcel Proust, aquel buscador del tiempo perdido, que “cualquier idea clara tiene el mismo grado de confusión que las nuestras”.
  La cartografía meditativa añade aquí los aforismos póstumos acogidos en Suma y sigue (2019) y el material inédito rescatado por María Picazo, cuyo tallo argumental está marcado por la enfermedad. La conciencia otea un paisaje crepuscular, se enfrenta a las sombras de la última costa y siente próxima la gélida textura del anochecer. Más allá del contraste y del juego de palabras, los dardos verbales apuntan a una diana vertebradora que confirma la permanencia del ser frente a realidades mudables, propicias al desmontaje. La lógica interna del yo resiste la extrañeza, abre el paraguas frente a la intemperie y las contradicciones y defiende la razón como brújula para buscar el norte del sentido.
  En uno de sus aforismos inéditos, Miguel Catalán escribe: “Solo puedo hacer poesía de lo que amo desmesuradamente”. Aludía así a la intimidad del verso que identifica el fluir lírico con el cauce limpio de la emoción. Los poemas versos no aspiran a resolver acuosos enigmas del lenguaje; nacen a solas, del contacto físico y espiritual con una presencia insustituible; el texto se hace testimonio y estado fundacional de una convivencia compartida. Desde ese umbral abre sus versos por primera vez este puñado de composiciones. Muestran un registro conversacional, un diálogo entre el yo biográfico y los avatares del desdoblamiento amoroso. Amar nos hace otros; sobrelleva el discurrir bajo un cielo informe de nubes y claros que obliga a caminar bajo la introspección, siempre en asombro ante el misterio de la existencia.
   Cierra esta miscelánea una ronda de abrazos. La escritura de Miguel Catalán y su actitud cívica y ética ante el cuerpo social mantuvo un quehacer continuo de coherencia. Su actitud tuvo la claridad del manantial, esa hondura que aleja la sed y empuja a sumar sin cansancio pasos nuevos. Por eso han sido muchos los amigos que han colaborado en el aire encendido de esta evocación, convocados por María Picazo. En el tiempo lento del recuerdo, sus voces reunidas hablan de amistad, admiración y afecto. Y a ellas me sumo para hacer de las palabras una amanecida de complicidad y memoria. Miguel Catalán asiente desde lejos, con la misma sonrisa sosegada de siempre, mientras busca en silencio los ojos de María y deja en las palabras un último peldaño: “En la incertidumbre, se agradece el amor con caminos de largo recorrido”.
 
 
 
JOSÉ LUIS MORANTE