viernes, 30 de enero de 2015

ALEJANDRO FERNÁNDEZ-OSORIO. MAGAYA

 
Magaya
Alejandro Fernández-Osorio
Impronta, Oviedo, 2014


OLOR A MANZANAS
 
 
  En la relativa modernidad del poema en prosa se dan cita dos estaciones de imprescindible recorrido porque han propiciado su asentamiento en la tradición: Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda. Ambos evitaron la ensayística complementaria sobre la entidad del género y los asuntos derivados de su empleo, el lirismo y la prevención ante lo prosaico, la adecuación a la idea narrativa y la exigencias técnicas. Son cuestiones de las que se deriva una práctica minoritaria del poema en prosa en el ahora. Alejandro Fernández-Osorio (Villayana, Asturias, 1984), autor de La exactitud del instante y Frontería emplea esa forma en su tercera salida, Magaya, una colección de poemas en prosa editada por Impronta con formato bilingüe, en bable y castellano.
  Un apunte de partida clarifica el sustantivo del título: “magaya es la masa de la manzana después de ser triturada, antes de exprimirla”. Esta oportuna aclaración recuerda también la semántica simbólica del nombre: “magaya es lo que vale y no vale. La posibilidad y el residuo”.
  Desde su apertura, el poemario se define como un cuaderno sentimental, construido con fragmentos. No son meros esquejes descriptivos sino alusiones meditativas que entremezclan experiencias vivenciales y reflexiones, con un lenguaje natural y comunicativo, rico en asociaciones para construir una nueva realidad.
  Asistimos en los textos a un ejercicio introspectivo, de recuperación de una tarea en la que habita el pasado. Son secuencias que dejan en el ahora la inmersión en otro tiempo que tiene algo de telurismo ancestral porque en él se define una conciencia colectiva, un rostro con facciones reconocibles, que conforta y crea una sensación de pertenencia.
   Frente a la habitual tendencia de utizar el callejero urbano como marco poemático, en la lírica de Alejandro Fernández-Osorio el territorio que habita la memoria es rural, un entorno que hace posible el contacto directo con la naturaleza, aunque en una sociedad global y tecnológica, prodiga síntomas de soledad y abandono. Aclaro que los poemas de Magaya nada tienen que ver con la poesía bucólica dictada por el escapisto de los que encuentran en el campo un paraíso perdido y hacen de la ciudad un decorado decadente.
   Magaya es un poemario de corte autobiográfico de quien se detiene en el tiempo para mirarse en los otros, para explorar la textura de esas raíces de hondo rumor humano que tiemblan invisibles, que ayudan a conocerse desde dentro y que sujetan firmes la existencia.
 
 

 

 

 

 

4 comentarios:

  1. como ya sabrás me encanta la poesía.
    Muy buena reseña Antonio, la tendré en cuenta.
    Cariños.

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    1. Gracias, Adriana, tenemos gustos comunes; también para mí la poesía es el género esencial. Aunque debo confesarte que la crítica y el aforismo tampoco me parecen desdeñables compañeros de viaje. Muchas gracias por tu compañia en estos puentes.

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  2. Pues me quedo intrigada con esa poesía en prosa de mi paisano Alejandro Fernández-Osorio, José Luis. He entendido perfectamente a todo lo que te refieres de que trata el poemario, ya que (creo) no me será lejano, al menos por compartir una tierra común.
    Disfruto muchísimo de tus reseñas amigo José Luis. Gracias por compartir.
    Saludos y que tengas un buenísimo fin de semana.
    Sandra Sánchez.

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    1. Querida Sandra, entrar en la escritura de este poemario es detener el tiempo y volver a un paisaje lleno de identidad, con olor a manzanas. Otros autores como José Bolado o Berta Piñán han dejado, con singular acierto, estelas semejantes. Magaya describe el horizonte de tus amanecidas. Gracias por tu continuo apoyo.

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