lunes, 9 de marzo de 2020

FER GUTIÉRREZ. TODOS LOS FEBREROS CADA DIECIOCHO

Todos los febreros cada dieciocho
Fer Gutiérrez
La Garúa Poesía
Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 2020
 AUSENCIA

                      

   La primera publicación de un poeta deja en letra minúscula los méritos personales adquiridos –premios, reconocimientos, colaboraciones…- y sitúa la biografía en el centro de la indagación. Sobre todo si quien pisa el umbral ya ha dejado en el discurrir temporal las apresuradas aceras juveniles para instalarse con sedentaria calma en la madurez. Nacido en Badalona en 1965, Fer Gutiérrez, tras integrarse en algunos proyectos digitales como La libélula  vaga, Por qué tiemblan y Obituario, y ceñir su voluntad exploratoria a otros cauces, como el plural homenaje a Federico García Lorca, impulsado por Karima  Editora. Ahora, en el despertar de 2020, nos deja la compilación Todos los febreros cada dieciocho, un libro concebido como una propuesta introspectiva, elegíaca e intimista.
  La fecha del aserto se convierte en núcleo reflexivo que provoca el vendaval de la memoria. También la lírica dedicatoria es clave de lectura: “A ella / árbol palabra camino”. Refrenda esa insistente sensación de pérdida la cita de Federico García Lorca: “El grito deja en el viento / una sombra de ciprés.” Son indicios esenciales que vitalizan la mirada sentimental. Con ella arranca una salida hilvanada con poemas muy breves. Contienen versos despojados en los que la imagen cobra un evidente protagonismo expresivo: “Al irte / lo incurable me llueve una desnudez / que no cierra / se hace herida / un aguacero de amapolas”. La brevedad y el latir fragmentario se refuerzan con sangrados que ralentizan la lectura, como si fuese necesario rememorar, tomar aliento, mitigar la voluntad de seguir. Desde el principio la experiencia del dolor deja un matiz crepuscular en las palabras que marcan la soledad del sujeto poético y su relación con el lenguaje.
   El entorno solo se vislumbra con aproximaciones esporádicas. El recuerdo trastoca esa firmeza del estar solitario: “Muero todos los febreros / cada dieciocho / al despertar / de cada muerte / he aprendido a hacer un silencio en la piel / a dejar escapar / un pedazo de mí / sin preguntar”. Descubrimos que todo el apartado “El pájaro que fui” muestra un entrelazado unitario en el que se acoplan la soledad, la ausencia y el dolor: Son sensaciones que conforman una premisa conceptual arraigada en la conciencia: la pérdida. En ese estar se elabora toda la percepción del entorno y sus manifestaciones explícitas. Es el lugar de la evocación.
   Se inicia la segunda sección “La ausencia que eres” con unos versos de Vladimir Holan inspirados por la dimensión del dolor.  La compleja relación con esa incisión en lo emotivo desemboca en un lacónico vacío que moldea el conocimiento ajustado de la ausencia: “Esperar de mis grietas / la existencia de un poema / que engulla cualquier carencia”. Las palabras comparten los apresurados escenarios del recuerdo y la obsesión: “Nadie está a salvo de los recuerdos”, aunque la corriente discontinua de vida laboral imponga su calendario de rutinas y obligaciones.
     En Todos los febreros cada dieciocho la quietud de la casa vacía se convierte en angosta pasarela por donde cruza la soledad. Es el espacio íntimo donde únicamente cabe una realidad ensanchada: la ausencia, el rastro de un tiempo perdido en el azogue gris de los espejos hecho de sensaciones y añoranza, de amor y vida.


                                                     

2 comentarios:

  1. Qué maravilla leer a Fer leído por ti.
    Un abrazo

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    1. Muchas gracias Gabriela Rosas, la editorial La Garúa es un proyecto cultural de primer grado que apuesta por voces inéditas como Fer. Un libro lleno de intimismo sobre la pérdida que hace grande la elegía. Fuerte abrazo querida poeta.

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