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viernes, 26 de julio de 2019

ROSARIO TRONCOSO. RELÁMPAGOS

Relámpagos
Rosario Troncoso
Prólogo de Itziar Mínguez Arnáiz,
Epílogo de Javier Gallego
Portada e ilustraciones de Deli Cornejo
Editorial Norbanova
Cáceres, 2019


APUNTES DEL CORAZÓN


   Desde aquel lejano despegue,  Huir de los domingos, que apareciera en 2006, Rosario Troncoso (Cádiz, 1978) ha ido tejiendo -laboriosa y ensimismada Penélope- un quehacer literario que abarca geografías creadoras diversas, como el afán poético, la escritura de artículos en prensa, la preparación de antologías y el impulso editorial de Takara. Así ha ido completando un autorretrato a mano alzada del que son señas de identidad el tono confesional, la presencia de la memoria, el rumor del conflicto entre el sujeto y entorno y las erosiones del transitar como agente incansable de grietas.
  Su nueva amanecida Relámpagos tiene un carácter misceláneo, como corresponde a esa bitácora interna que aglutina la caligrafía sentimental. Muestra el ritmo respiratorio de la reflexión “Después de la tormenta”. El epígrafe es empleado por la poeta y periodista Itziar Mínguez Arnáiz para exponer una síntesis implicada sobre la semántica de Relámpagos; es un dicho vivo, pronto, agudo e ingenioso; son cualidades aplicables a los distintos enfoques del decir breve, compartidas por el aforismo, el texto fragmentario y el haiku. Aquí, tras la portada de Deli Cornejo y las hermosas ilustraciones internas, conviven de modo natural, con una vecindad aplicada en fusionar textura emocional y laberintos del pensamiento. El prólogo comenta con acierto el tantear orgánico de este libro sin género que aborda los sustratos argumentales más transitados por la poeta.
  Cada sección plantea una afinidad semántica que arranca con dos citas representativas sobre el discurrir de las páginas. La de Luis Rosales constata la posición vertebradora del amor en la arquitectura existencial: “Lo que has amado es lo que te sostiene”; y la de José Luis Morante recurre al aforismo para recorrer la distancia invisible entre causas y efectos: “Ceguera: onda expansiva del fogonazo”. Son el germen del ideario de Rosario Troncoso que empieza a caminar con el apartado “Rayo que atraviesa”, un fragmento versal que recuerda a Miguel Hernández y que comparte espacio lírico con estos versos de Jesús M. Gómez  y Flores: “Relámpago azul, sobresalto / que sucede al sueño si no te hallan / mis dedos”.
   El aforismo contemporáneo vive un paréntesis de insólita fecundidad, se suceden nombres propios que arrancan senda en el género. Y a ellos se suman los frutos del apartado “Rayo que atraviesa” que responden a las llamadas del género con muy buen paso y con un innegable barniz lírico: “Estoy aprendiendo a vivir sin pensarte. Y he logrado grandes progresos: no estoy pensando en ti”;  “La pasión abre agujeros por donde entra la nieve”.
   Con frecuencia, la crítica ha señalado el impulso motriz que el adentro del sujeto poético adquiere en las composiciones de Rosario Troncoso; de nuevo se convierte en cartografía reflexiva en “De atmósfera  interior”, donde se recuerdan unos versos de Leopoldo María Panero: “Solo es hermoso el pájaro cuando muere / destruido por la poesía”. La existencia propicia un deambular paradójico que multiplica en sus itinerarios los contraluces; en esa contemplación que aglutina esplendor y ceniza, esperanza y pesimismo ante una realidad que no oculta sus socavones: “Con lo negro del futuro me pinto las pestañas”; “La paz. El equilibrio. La serenidad. La virtud de estar completamente muerto”; “Borrar también el olvido es la muerte verdadera”. Las palabras se hacen espejos donde se deposita la piel sin veladuras, aunque quien escribe conoce los riesgos de la sobreexposición: “Abuso de la primera persona: es una grosería desnudar el alma en otros cuerpos”.
   Tal vez para contradecir la presencia del yo excesivo, Rosario Troncoso recurre a la musa para denominar otra suma parcial de aforismos bajo el epígrafe de “Musa fragmentada”; se recordará que la musa es un ayudante a tiempo parcial del taller literario que ofrece asesoramiento gratuito e inspiración al paso y que tuvo en el movimiento romántico un prestigio insólito. Ahora la musa se ha fragmentado, suele llegar tarde y evidencia una voluntad soliviantada por los agobios. Como escribe Andrés Trapiello, enfermó de mudez. Con todo, es una cordial excusa literaria para un puñado de aforismos: “Si las musas dictan desde lejos se nos quedan los dedos fríos”, “En los talleres de poesía no se enseña el pellizco, el calambre ni la sutileza”; “Los cimientos de papel son los más sólidos”.  
   El apartado “Inventario de fragilidades” sustituye el destello aforístico por fragmentos reflexivos que a veces adquieren la densidad evocadora del poema en prosa. Así germinan rastros de vida que iluminan los cuartos de estar de la convivencia, sus ventanas y muros.
   Poeta siempre en guardia, Rosario Troncoso añade en “De cinco y siete y cinco” una coda en la que el esquema del haiku se convierte en único molde expresivo; así completa un libro que amplía con una lectura crítica de Javier Gallego. El poeta y editor literario es un atinado sondeador de la poética de Rosario Troncoso y acierta de pleno al argumentar que la brevedad del decir conciso propaga un destello que guarda el fogonazo del asombro. De esa luz cegadora y precisa que aporta claridad a las palabras se nutre esta compilación aforística que camina entre el poema y la prosa, entre la filosofía y el callar rumoroso del cauce lírico. Textos que revelan una pupila abierta a lo diario, que muestran que el yo emotivo necesita a diario tomar apuntes con el corazón, porque abrir los párpados es hacer huecos para que se cobije el mundo dentro.




viernes, 7 de julio de 2017

ITZIAR MÍNGUEZ ARNÁIZ. QWERTY.

Qwerty
Itziar Mínguez Arnáiz
La Isla de Siltolá (2º Edición, julio 2017)
Sevilla 
PULSAR LAS TECLAS

   Que la poesía alguna vez deje de ser un género minoritario y clandestino depende de muchos factores –sí, no descubro nada porque todos sabemos que el poema se siente cómodo en lo umbrío y en la incertidumbre-, uno de los cuales es que llegue a sus destinatarios sin formatos herméticos. Viene bien que se formule en voz clara, que sea ágil para buscar el cuerpo a cuerpo con el lector y que disperse en su formulación un diálogo vivo que deje entre las manos intimismo, sinceridad, emoción y un patrimonio de vivencias compartidas. Son cualidades que habitaron en el cauce lírico de Gloria Fuertes, de quien se cumple ahora el primer centenario,y habitan en los enunciados poéticos de Itziar Mínguez Arnáiz (Barakaldo, 1972). Licenciada en Derecho, guionista de televisión, narradora y autora de una extensa labor poética que tiene asiento en casi una docena de antologías y que ha merecido distinciones como el Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma o el I Premio de Poesía Nicanor Parra.
  ¿Y qué es Qwerty?  Recurro de inmediato, como  un alumno avispado que busca luz en el Rincón del Vago y anoto: “Es la distribución de teclado más común. Fue difundido y patentado por Christopher Sholes en 1868. Su nombre proviene de las primeras seis letras de la fila superior de sus teclas”. Y ya resuelto el enigma del título continúo un poco más: “El empleo de las nuevas tecnologías ha cambiado nuestra forma de escribir, pero también nuestra percepción de las palabras; el efecto qwerty es un fenómeno según el cual las palabras que emplean letras ubicadas en la parte superior del teclado tiene una valoración más positiva”.
   Solo queda adentrarse en la escritura de Itziar Mínguez Arnáiz y comprobar si las especulaciones científicas son flores de un día o si el poema, más allá de los efectos secundarios del naufragio digital, mantiene su propia razón de ser, como el tipo de letra es otra opción individual y el poema es lo que permanece oculto entre las palabras para que aparezca en la pantalla del ordenador, más allá de cualquier sentido literal, haciéndose fuerte, ocupando un lugar, como la representación exacta de una mínima verdad y de un puñado de belleza, como una figuración en la que hablan con libertad erratas y palabras para difundir sus pensamientos.
   Los poemas de Qwerty recuerdan aquella paradoja tantas veces oída al hablar de los medios de comunicación: el medio es el mensaje. Con íntima unidad desgranan el latido afanoso del teclado para ir redactando con la tinta viva del oficio el mundo digital que pone en pie la ilusión del poema. A veces con la magia de una imagen que llena el breve texto de sugerencias y otras con la ironía interpretable de la creación literaria que no postula dogmas sino incertidumbres en DIN A 4: “Que sea ésta/ mi única frontera: / las paredes de un folio en blanco / a punto de llenarse”.
   En su frágil formulación es capaz de abordar cuestiones perdurables en el tiempo que así adquieren el formato de una hoja perenne, como “la utilidad de la poesía”. Sobre la misma han formulado juicios una larga tradición de poetas, que han dejado respuestas memorables. Aquella de Cocteau: "la poesía es necesaria, aun cuando no sepamos para qué”; o la de Luis García Montero: “la poesía solo sirve para cortarle la cabeza a un rey o para seducir a una muchacha”. Itziar nos deja su propia conclusión: “Servir / no sirve para nada/  como casi todo lo bello./ Unos pocos privilegiados / viven de ella / la mayoría / vivimos para ella”.
  Itziar Mínguez Arnáiz opta por una poesía sin retóricas, inmersa en el coloquialismo de la normalidad; sus versos suenan a verbo laboral, dejan la impresión de que cada poema es un apunte biográfico, una respuesta al paso que se formula por ensayo y error. Desde esa tensión con lo tangible el poema propone una reflexión para uso público, un espejismo, un pulsar nuevo en el teclado que mantiene alineado en la fila de siempre esa extraña palabra, qwerty, letras que buscan moldes de poemas pequeños y habitables, que caben como un sueño entre las manos.  


lunes, 9 de noviembre de 2015

ITZIAR MÍNGUEZ ARNÁIZ. CAMBIO DE RASANTE

Cambio de rasante
Itziar Mínguez Arnáiz
Baile del Sol, Poesía
Tegueste, Tererife, 2015

ARRUGAS EN LA PIEL DE LOS DÍAS


   Con una producción literaria que alterna narrativa, guiones para televisión y poesía, Itziar Mínguez Arnáiz (Barakaldo, 1972) inicia itinerario en 2006 con La vida me persigue, Premio Internacional Surcos. El libro encuentra de inmediato continuidad en Luz en ruinas, Cara o cruz, Pura coincidencia y Wikipoemia. Esta notable cosecha en apenas un lustro tiene amplia representación en las antologías y retratos de grupo que dibujan con trazo apresurado las bifurcaciones del ahora poético.
   Llego a la poesía de Itziar Mínguez Arnaiz desde el cristal limpio de su última salida, Cambio de rasante, un conocimiento tardío que justifica la digresión que sigue. Cuando se visita por primera vez el mapa creador de un poeta es casi un acto reflejo percibir en sus elementos la genealogía natural, el aire de familia con autores asentados en el canon. Así se descubre poco a poco el carácter epigónico del discípulo, los tramos de aprendizaje o se asiste a la felicidad de ver convertidos a los predecesores en un montón de arena maleable, dispuesto al uso inmediato en nuevas construcciones. Cambio de rasante incorpora en la dedicatoria inicial un nombre propio, karmelo C. Iribarren, que enciende las luces de situación del ideario poético de Itziar Mínguez Arnáiz. Pero son los poemas los que van sembrando indicios evidentes en el lector: una lírica despojada, esencial, que confía en su cierre en el enunciado aforístico y que incide en sus temas en el muestreo reflexivo de la peripecia existencial del sujeto verbal, sin circunvoluciones infantiles de piedra en el estanque, ni densidad  espesa de filosofía grandilocuente.
   El vocabulario entrelaza palabras conocidas, con el tacto lijoso del uso diario, que se ajustan en su parquedad descriptiva a la precisa configuración epidérmica de un guante de látex.
  Así que no es difícil sentarse para oír la verdad literaria del poema con la música  ambiente de una emoción compartida. Las palabras se pronuncian sin un gesto de altanería, con la terquedad que requiere afrontar el frío y la desolación de las horas laborables, para sacar la conversación  del punto muerto: “No me digas  que no es extraño / tenerlo todo / y no sentir nada / nada más que el pulso / acelerado del silencio / en tu garganta / boicoteando ese grito / que no termina de salir. “
  Las palabras exploran alrededor, se miran dentro, buscan la improvisada lección de lo diario, reconocen humedades y sombras, miden el trazo firme de las arrugas y constatan que es preferible seguir, intentar poco a poco el cambio de rasante y no hacer el itinerario inacabable o más complejo.
  El minimalismo expresivo se mantiene también en la estética del poema. Frente a la palabra concebida como búsqueda cognitiva, como terapia del discurrir inane o como empeño en dejar en tierra firme el carácter transitorio y fugaz de la condición humana, el escepticismo es la ropa gris  que resguarda el poema. Sin más. El yo desdoblado se responde a sí mismo en el azogue de los versos: “Por qué escribes / y para quién / qué pretendes encontrar / o esconder / cuando tengas respuesta a estas preguntas / aparca el boli / para siempre”
   La poesía de Itziar Mínguez Arnáiz muestra las arrugas de lo diario; hace una crónica sin titulares del roce, cierra los ojos cuando las sombras dejan en el instante algún sueño. y pone entre los versos un poco de ternura. Para que encuentre sitio el próximo minuto.