miércoles, 23 de octubre de 2013

RICARDO VIRTANEN. LUZ NATURAL.

Feria del Libro de Madrid, 2008, con Ricardo Virtanen



 RICARDO VIRTANEN

Hace algunos años, en 2007, decidí dejar la coordinación de la revista literaria Prima Littera. Había perdido la ilusión necesaria para encabezar aquel proyecto, estaba cansado con demasiadas sendas por recorrer al paso, y percibía cerca el amargo rocío de la desconfianza. Además mi retirada había encontrado el relevo perfecto para pilotar Prima Littera: Ricardo Virtanen. Era un profesor recién llegado a Rivas, con fuerte vocación literaria y un currículo de confianza. Prima Littera no volvió a visitar la imprenta y Ricardo nunca fue el coordinador necesario para reflotar aquellas páginas, pero aquella contingencia no importó para que hiciéramos juntos un largo recorrido vivencial. De nuevo este jueves- 24 de octubre, a las ocho de la tarde- compartimos micrófono en el Centro Cultural Federico García Lorca (Rivas-Urbanizaciones)  para presentar su diario Cuaderno de interior y un documental inspirado en el libro y elaborado por nuestra amiga común Candela Arevalillo.
En esa autobiografía editada por Baile del Sol se habla de libros inéditos, de grupos musicales y de la melancolía de ida y vuelta que circula, con música de jazz, directa a Rivas. En Cuaderno de interior habita también el misterio diario de la amanecida, esa suma de instantes transitorios que miden los relojes.

lunes, 21 de octubre de 2013

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ. AUTOBIOGRAFÍA.

El libro de los indolentes
(I.- Encuentro en Camarinal)
Javier Sánchez Menéndez
Imagine cloud editions, La Florida, 2013 
 

AUTOBIOGRAFÍA Y ESTÉTICA

 
   El faro Camarinal, en la punta de Gracia, es un lugar propicio para practicar la contemplación y el pensamiento. Situado en la bahía de Cádiz, en el Parque Natural del Estrecho, tiene mucho de paisaje mágico, donde es posible la convivencia entre seres reales y ectoplasmas, entre la realidad y el sueño. Allí, el poeta y editor Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964), recrea los exteriores de su obra El libro de los indolentes que, en anotaciones breves y escuetas, deja un retrato autobiográfico y estético de su protagonista.
  Cualquier diario busca la verosimilitud a través de referentes geográficos concretos. Quien haya visitado aquel expresivo litoral abierto al Atlántico no dejará de pensar en la armonía de pueblos como Tarifa o Zahara, en el legado arqueológico de Bolonía y en las playas ventosas de Caños de Meca, Atlanterra o de los Alemanes. Pero el autor repuebla ese escenario, perceptible y sensorial, con seres de naturaleza difusa, que permiten la especulación imaginaria del lector. De inmediato, el título remite a un fruto de la prosa narrativa de Luis Cernuda, “El indolente”, relato que habla de Sansueña, un pueblo ribereño en el mar del sur transparente y profundo, refugio para sobrellevar la calima veraniega.También el protagonista de El libro de los indolentes, en los aledaños de Cabo Camarinal, busca el íntimo sosiego con la naturaleza y el diálogo con libros clásicos.
  Comparte sus horas la identidad difusa de los indolentes, sólo entrevista en párrafos sueltos y certeros. Un indolente es la irrealidad, acaso aquellas especulaciones del imaginario que conllevan la posibilidad de dar vida a cualquier sueño. Otros indolentes sería las mutaciones en el tiempo del propio yo que todavía hallan cabida en algún pliegue de la memoria. Por el contrario, los siniestros personifican el prosaísmo de la realidad, los seres que nos rodean con sus intereses, la gente sórdida que tantas veces personifican nombres propios cercanos.
   He hablado de diario para definir este cajón de sastre que es El libro de los indolentes, pero no de un exhaustivo recuento de pormenores biográficos. En los breves capítulos conviven las anotaciones descriptivas del paisaje y las actividades cotidianas en las que el yo organiza su quehacer diario. No faltan los juicios de valor sobre la poesía contemporánea. Sorprende que un editor que pone el máximo esfuerzo, en pilotar las ediciones de la Isla de Siltolá condene al limbo de lo inane a casi toda la poesía contemporánea. de la quema de rastrojos se salva su particular mitología: Claudio Rodríguez, Nicanor Parra, Luis Rosales, Juan Ramón Jiménez… Lo demás, una simple columna de humo dispuesta a disolverse en el espacio y montones de ceniza.
   También resalta la tendencia a postular certezas estéticas que trazan las coordenadas de la propia creación; su idea de la poesía y su dedicación a obras en marcha como Fábula, un conjunto de diez libros en torno a la lírica y al acontecer existencial.
   El libro de los indolentes puede desconcertar al lector desprevenido, que se empeñe en especular sobre la naturaleza de indolentes y siniestros, sobre las fuentes de invención –si cronopios o famas de Cortázar, si aquellos inmortales de Jorge Luis Borges, si un homenaje cernudiano. Yo me quedo con el placer de una prosa poética  donde se define la personalidad humana y literaria de Javier Sánchez Menéndez, su franqueza al abrazar esa mística de la renuncia porque casi nada merece la pena, pero hay que seguir.

  

domingo, 20 de octubre de 2013

CON OLOR A CASTAÑAS ASADAS

El Soto, Ávila, octubre, 2013


Con olor a castañas asadas

      A Pilar Blanco, a quien debo carta 

En los soportales, el olor a castañas asadas. Signo germinativo, como la magdalena de M. Proust.

Si el fruto es carnoso, es más profunda la oquedad del parásito.

Acumula errores, como un ejercicio de libertad.

Por la tarde, la realidad adquiere temple de tormenta.

En ellos todo es mentira; pero fingen no saberlo.

Digo aquí  y la falta de concreción me concede un amplio espacio físico.

viernes, 18 de octubre de 2013

J. M. COETZEE. DESARRAIGO.

La infancia de Jesús
J. M. Coetzee
traducción de Miguel Temprano García
Mondadori, Barcelona, 2013
 


DESARRAIGO 
 

Nacido en 1940 en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), J. M. Coetzee, en largo interludio, alumbró una narrativa que se hace crónica descarnada de la segregación racial. En sus argumentos ponía ante los ojos comportamientos humanos conflictivos, con grietas y fisuras. Así sucedía en su título más celebrado, Desgracia. Pero su significativo legado, reconocido en 2003 con el Premio Nobel de Literatura, aglutina también autobiografía, ensayos, traducciones y artículos de prensa que trazan un perfil intelectual que no se siente ajeno a la fragilidad de certezas del presente y se hace cargo de una realidad diversa. Ahora retorna a la narrativa con La infancia de Jesús, una novela que emplea como idea central el desarraigo y cuyo título admite una aparente ambigüedad. En un escenario que no se concreta, el libro se asoma a los flujos migratorios que copan titulares y postulan esas contradicciones de la sociedad occidental que muestra rostros enfrentados, de bienestar y miseria.Un hombre maduro y un niño de poco más de cinco años llegan a un país desconocido. Buscan en un centro de acogida mejores condiciones vitales y hallar a la madre biológica del menor para que ambos puedan tener una relación natural. No son parientes, sólo se conocieron en el barco durante el viaje, aunque el pretendido tutor  ha hecho de la búsqueda un deber de conciencia. Los dos protagonizan un laborioso trajinar entre días insulsos, mientras se proporcionan refugio y seguridad. En la tierra de acogida, sólo la caridad escueta de algunos foráneos permite la supervivencia. Las paupérrimas condiciones existenciales se mantienen sin que la esperanza encuentre sitio. En el lugar denominado Novilla, los que están se limitan a proporcionar elementales ejercicios de ayuda social en los que se refleja una resignada conciencia cívica. Y los que llegan borran cualquier huella del pasado, como si sometiesen su identidad a una drástica mutación que hiciese del exilio y del olvido las claves de un impulso regenerativo que no desea repetir las antiguas vivencias. Así, los dos recién llegados comparten destino y van aprendiendo, poco  a poco, a sobrellevar carencias y a reemplazar sus ilusiones por una mansa resignación. Concentran sus energías en el ahora, envueltos en el tejido áspero de lo inmediato. Esperan que la voluntad de cualquier desconocido aliente una mejora, un mínimo logro,  o se abra un tramo temporal de felicidad. Incluso confían que una mujer, Inés,  escuche al corazón y acoja, sin preguntas, al pequeño como si fuese un hijo propio. Pero el acontecer diario no crea ni siquiera el espejismo del hogar, ni proporciona soluciones durables. En cada aurora siguen la inseguridad y la certeza de estar en un umbral que no franqueará ninguna entrada. El tiempo se ha atascado; el extranjero es una mácula que condena a ser marginado y excluido. Los ojos miran alrededor con una turbación honda, nunca encuentran la implicación emocional de quien está al lado. Las marcas fronterizas y los prejuicios no desaparecen.

jueves, 17 de octubre de 2013

LA BIBLIOTECA Y EL ELEFANTE

Biblioteca del Centro C. Federico García Lorca 


LA BIBLIOTECA Y EL ELEFANTE
 
                        Para Rosa y Nuria, bibliotecarias 

" ... No es difícil pensarlo; soy de los que creen en una escuela imaginativa y transformadora, que asocie inteligencia y actividad intelectual. Sé que el proceso educativo necesita la continua presencia del libro. Si la enseñanza de la Lengua fomenta el entrenamiento verbal, el libro de lectura nos ayuda a entender los usos del habla y a expresarnos con precisión y claridad, a relacionarnos con las sendas de la realidad.
  El entorno ha cambiado y uno puede acercarse a la Lengua en compañía de nuevos formatos, con claro predomino de lo visual, pero la motivación, la voluntad y el papel social y comunicativo del lenguaje permanecen inalterables. Sólo mudan las estrategias. Y no conozco mejor estrategia para galvanizar una lengua viva que la biblioteca.
   Para enumerar sus funciones traigo a la memoria aquella vieja fábula del elefante indio, un cuento popular que reflexiona sobre la naturaleza de las cosas y nuestras impresiones sensoriales: “En un cercano bosque vivía una manada de elefantes. Alguno se acercaba a media tarde hasta las primeras chozas del poblado y, ante su presencia, eran muchas las recomendaciones maternas. Allí vivían cinco niños ciegos que empezaban a ir a la escuela. Un día preguntaron al maestro:”¿Qué es un elefante?” El maestro confiaba en la experiencia y se aproximó con sus alumnos a un elefante que pacía plácidamente. Fue dejando que cada niño ciego palpase al paquidermo. Uno tocó la piel rugosa del costado, otro la cola ondulante, otro la trompa, otro los colmillos y el último una oreja…Después se reunieron junto al maestro en un claro del bosque y relataron su impresión. El que acarició el costado dijo que el elefante era un muro; el que palpó la cola, una larga liana; el de la trompa habló de una serpiente; el del colmillo definió al elefante como una peligrosa lanza. Por último, el niño ciego que tocó la oreja creyó adivinar que era una palmera que aliviaba de las inclementes horas solares… “ Cada cual había experimentado con su tacto una sensación única y distinta.
Así que ya sabéis: la biblioteca es un elefante..."   

 
PD.- Charla inaugural del Club de Lectura en el IES Duque de Rivas (Rivas-Vaciamadrid)

miércoles, 16 de octubre de 2013

EROSIONES

El Bohodón (Ávila, 2013)

Patética

      Para Alberto Hernández

Salud intermitente;
se perciben los años en mi cuerpo,
un viejo caserón
de inseguros cimientos,
con rincones sin luz y ventanas claustrales,
en el que se recluyen decepciones
y unas pocas certezas.
Desprovisto y austero,
recompone la solidez interna.
Emergen los acuerdos
con deficiencias propias,
testimonios veraces
de un estado de espíritu:
hojas muertas, derrota.

  (De Ninguna parte, Sevilla, 2013)

lunes, 14 de octubre de 2013

VIDA LABORAL

Palacio de Versalles

 Vida laboral
 
    Hizo de su vida laboral una extravagante mezcla de oficios. Fue contador de granos de arena en el litoral mediterráneo, confidente de insomnes, chófer a pie, promotor de consuelos urgentes gratuitos y catador de brisas.
  Ahora practica una indigencia aristocrática: mendiga a las puertas de Versalles.