miércoles, 7 de octubre de 2020

RICARDO VIRTANEN (Ed.). LA SONRISA DE NEFERTITI

La sonrisa de Nefertiti
Los aforistas y la felicidad
Ricardo Virtanen (Ed.)
Apeadero de Aforistas, Cypress Cultura
Sevilla, 2020

 

MONEDAS DE ORO


   La idea de la felicidad, como estado de plenitud del ser humano, tiene un largo recorrido en la historia del pensamiento. Aristóteles y Epícteto abrieron las manos al brillo áureo de su posesión y alentaron de su presencia en el jardín de los placeres; mientras, Sócrates dejaba su estar en una penumbra densa, creada por las exigencias de la vida comunitaria, donde enmudecían las aspiraciones del yo individual. Voltaire, Kant o Shopenhauer multiplicaron los tramos reflexivos hasta hacer del solemne sustantivo veta indagatoria atemporal. Como sucediera con los moralistas franceses, o con el sentimentalismo exaltado de la tradición romántica, la cuestión se retoma de nuevo por Ricardo Virtanen (Madrid, 1964), poeta, ensayista, escritor de diarios y aforista, para componer la antología La sonrisa de Nefertiti, un monográfico sobre la felicidad en el que participan treinta y cuatro aforistas, casi todos con una compacta travesía creadora que conexiona diferentes géneros. Sin ánimo de alentar el cansancio erudito, el título recuerda a un personaje histórico, Nefertiti, quien entre las faraonas y sacerdotisas del antiguo matriarcado egipcio  protagoniza una significativa revolución cultural, un intenso quehacer político y religioso y político como corregente del faraón Akenatón. La epifanía de su sonrisa sería el símbolo del destino cumplido, que rompe el cerco de la situación secundaria del yo femenino en las antiguas civilizaciones. Abre camino al mapa de los seleccionados un breve prólogo de José Luis Trullo, editor y aforista. Analiza con excelente norte el conflicto definitorio de la dicha, que en sí misma habría de ser la meta natural de la existencia. Trullo recuerda que desde el despertar de las tradición occidental se ha diversificado el enfoque y la sensibilidad para asumir los rasgos centrales que definen el estado áureo del existir. Y esa pluralidad definitoria persiste en la amplia selección realizada por Ricardo Virtanen. No podría ser de otra manera. Si el aforismo exige un decir contenido y sereno que hace del intimismo y de la temporalidad núcleos argumentales básicos, el pensar subjetivo siempre recubre los tanteos reflexivos con el claroscuro de la incertidumbre y el cuestionamiento. La norma del orden alfabético marca la apertura de Enrique Baltanás, Javier Bozalongo, Carmen Canet, José Ángel Cilleruelo, o Jesús Cotta, Ellos perfilan los primeros contornos de un nombre de compleja construcción semántica: “La felicidad tiene algo de misterioso. Camina siempre a nuestro lado, pero nunca la vemos” (Baltanás); “La liebre y la tortuga: la felicidad y la vida” (Bozalongo); “La felicidad tiende a oscurecerse pero para eso está el interruptor de la luz” (Canet). El estar colectivo invita al sujeto a caminar en una doble dirección: por los tramos aleatorios del laberinto interior o por las aceras compartidas del territorio social. Ambas direcciones generan un enjambre emotivo y sentimental que haya sitio en el lacónico minimalismo de la escritura: “Las culturas solo pueden vivir restituyendo dos grandes mitos: Dios y felicidad” (F. Ferrero); “El ser humano puede encontrar la felicidad al encontrarse a sí mismo” (Dionisia García); “Fingimos la felicidad para no ser abandonados por la tribu” (Sergio García), “Sólo los desdichados saben apreciar, en plenitud, la dicha” (Mario Pérez Antolín); “A la auténtica felicidad le faltan los motivos, pero le sobran las razones” (F. Trull). La semántica mudable de los textos no excluye la contradicción o la paradoja: “La felicidad no es un horizonte sino una sima” (J. M. Uría); “Al menos, ser conscientes de que la felicidad es un aprendizaje” (Ricardo Virtanen). En este entrelazado de poesía y conocimiento que mide el pulso del buen aforismo se añaden algunos aforismos ya publicados de Miguel Catalán, Ramón Eder, Gabriel Insausti, Karmelo C. Iribarren, Victoria León, Carlos Marzal, Andrés Neuman y Benjamín Prado. Queda así, el mensaje coral de un estado anímico del ser cuya luz encendida es siempre transitoria y fugaz. Una forma de aprender que la tarea de sembrar esperanza basta a menudo para sentir en el propio pecho las cálidas arritmias de quien aspira, en contra de la lógica, a ser feliz.


 

 


martes, 6 de octubre de 2020

EL NÍSPERO SECO

Con mano alzada

 

EL NÍSPERO SECO

 

   Hace años que el níspero está seco, con ramas desgarradas y un rijoso tronco. Durante meses, el árbol muestra una atrofia cansada, dispuesta a ser leña. Pero le gusta cumplir su compromiso natural y en los días finales de junio ahuyenta el vacío de las ramas hojas con una intensa cosecha frutal. Con mano alzada, los pájaros y yo compartimos sus frutos, ilesos y dorados. Después el níspero recompone, paciente, su sequía. Cede ramas para que el largo invierno haga su nido en ellas. 

(De Cuentos diminutos)



 

 


lunes, 5 de octubre de 2020

EL CRISTAL DE LA RÉPLICA

Claridad

 

MÁS ALLÁ DE LA RÉPLICA

sé lo que sé, e ignoro si he sabido

VICENTE ALEIXANDRE

   Mantiene una lucidez extraña. Solo aparece cuando no hay nadie alrededor. En compañía, sus réplicas son prolijas especulaciones.

  La voracidad digital alienta un semillero abierto de actitudes: humor, inquietud, rencor, desprecio, ternura, alegría, desánimo, sospecha… Son semillas que exponen en público el sustrato interior de una identidad. Al cabo, “Dime qué sentimiento quieres crear en el otro y te diré quién eres”.

  Más allá de las conversaciones, tarda en desvanecerse la sensación de dolor cuando nos contradicen los que amamos. Como si la lógica argumental fuera un peso muerto que aplasta los afectos y no dejase respirar.

  Mi sinceridad necesita una enérgica corrección. Debo callar más, hacer caso al letal silencio del escepticismo.

(Apuntes del diario)

 


domingo, 4 de octubre de 2020

NUBES DE PASO

Amanecida

 

EN VUELO

Cuando se vuela,
el aire es el camino;
nube, la meta. 

               (inédito)


sábado, 3 de octubre de 2020

UNO MÁS

Viaje ártico
Imagen
de
Vix.com

                                                                  UNO MÁS

   En la trama erudita que puso como epílogo de La tierra baldía, T. S. Eliot anotó los desajustes psicológicos causados por las penosas expediciones polares. Shackleton y sus hombres padecieron extravíos, severas arritmias y espejismos. La propia identidad parecía desdoblarse, como si cada flanco evidenciara la compañía de uno más; alguien que animaba en silencio a no desfallecer del todo. Padezco el mismo síndrome. Cuando alzo los párpados, tras el temprano requerimiento de la luz, estoy conmigo.

(De Cuentos diminutos)

 

 

 


jueves, 1 de octubre de 2020

APUNTES AL PASO

En la aurora
Fotografía
del
Archivo general de internet
 

APUNTES AL PASO


 Los desnortes son inevitables también en la amistad inteligente.

De cerca, la perfección se desactiva.

Esas opiniones que al ser expuestas levantan una colina de babel.

En el pesimismo el método más eficaz de orientación es caminar hacia la alegría.

 Cada calle tiene la espesura de un silencio polar.

 Tantos estímulos demuestran que el arte procede de la realidad.

 En la amanecida, el paraíso sigue ahí. Hay que buscarlo.

 En el último esfuerzo de cada vuelo está lo inacabado, esa incertidumbre que obliga a pronunciar otro deseo: hay que volver.

(Aforismos con sol)



miércoles, 30 de septiembre de 2020

FERNANDO ARAMBURU. PATRIA

Patria
Fernando Aramburu
Tusquets, Colección Andanzas
Barcelona, 2016
 

EN EL LABERINTO ROJO

 

  Pocos términos contienen la ambigüedad semántica del sustantivo “patria” y son escasos los nombres comunes que han prodigado más argumentos para la demagogia, el fanatismo y las convicciones totalitarias. La palabra abona el suelo yermo de una realidad nublada. Sin embargo, sus letras definen una localización de coordenadas precisas. La patria es el lugar común de la convivencia, esa plaza pública que aglutina una identidad colectiva y mestiza, hecha hombro con hombro en el discurrir del calendario. Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959), licenciado en Filología Hispánica, y residente en Alemania desde 1985, donde trabaja como profesor de español en la localidad de Lippstadt, es autor de una extensa obra en prosa iniciada en 1997 con  Fuegos con limón, obra ganadora del Premio Ramón Gómez de la Serna. Su recorrido literario aglutina ficciones y cuentos. El escritor titula Patria su última novela, una recreación repleta de verosimilitud de la vida en Euskadi tras el anuncio de la banda terrorista ETA de poner fin a su tenebroso fanatismo. A partir de ahí se abre un ahora complejo; caben distintos enfoques al abordar los cambios de un trayecto común, transformado en espeso laberinto. En el escenario vasco toma sitio una terrible representación entre asesinos, callados, indiferentes y víctimas. Todos deben realizar gestos añadidos al alero de lo necesario: el reconocimiento del daño, el perdón y la necesidad de salir adelante, sin que el resentimiento sea la brújula que incomode la paz social. En ese contexto histórico se sitúa la dolorosa historia de Bittori, una mujer viuda que regresa al pueblo tras el anuncio de la tregua para abrir la puerta del pasado y rememorar los acontecimientos que llevaron al asesinato de su marido. El supuesto justiciero es hijo de los amigos de siempre; pared con pared, fue cavando el largo túnel hacia el independentismo radical, llenando la mochila de la sinrazón con palabras justificatorias: patria, liberación, independencia, lucha social, fuerzas de ocupación en Euskal Herria. Es difícil adentrase en la lectura de Patria sin tomar partido ideológico. Los capítulos exigen una parada obligatoria en ese largo tiempo que llenó de atentados las calles, con el silencio de tantos cómplices, con la mirada hacia otra parte de los que dejaron solos a quienes señaló la diana. Fernando Aramburu abre el argumento de alta temperatura dramática a una concurrida plaza de actores, para que cada uno juegue el papel asignado por su propia conciencia. Pero en esta coral sobresale con singular relieve la entereza de Bittori, la viuda del Txato. Su regreso provoca de inmediato la inquietud de los otros figurantes del drama como sus hijos, Xabier y Nerea, o el heterogéneo vecindario del municipio. El vacío a su alrededor es visible, y los gestos ambiguos de los equidistantes, como el cura Don Serapio, que establece una cínica teoría de cristiano que perdona y se resigna y antepone la conveniencia política a la auténtica fe cristiana, aunque sea bajo el disfraz de la reconciliación. También el empeño de Miren, la madre del terrorista Joxe Mari de alinearse en el espejismo de la lealtad ideológica para no ver la sangre en el comportamiento de su hijo o para argumentar el asesinato de su antiguo amigo como un acto necesario de la lucha armada. La novela de Fernando Aramburu vuelve los ojos a un periodo convulso muy cercano en el que entremezclaron intrahistorias individuales y los pasos torpes de una cronología social cuyas heridas no han cicatrizado, un tiempo en el que el fanatismo nacionalista hizo del terror un argumento político, con el silencio de muchos ante el laconismo inmutable del tiro en la nuca. Y aún así, “hay que llenar la vida de argumentos, tener un orden una dirección, poner a cada amanecer un motivo de veras estimulante para saltar de la cama, si no con ilusión al menos con energía e impedir que de pura inactividad se te anquilosen hasta los pensamientos” (p. 476).