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miércoles, 14 de enero de 2026

JOSÉ LUIS TRULLO. UN MONSTRUO INCOMPRENSIBLE.

Un monstruo incomprensible
Retablo de moralistas franceses 1600-1850
José Luis Trullo (editor)
Traducción de José Luis Trullo y Miguel Ángel Real
Editorial Renacimiento
(Colección A la mínima)
Sevilla, 2025

 

RETABLO CON FIGURAS

 
   En el aleatorio recorrido de la brevedad por la calzada de la Historia advertimos que, con frecuencia, la concreción enunciativa del aforismo está marcada por el carácter didáctico. Es una estrategia con dimensión colectiva; pretende transmitir una normativa ética, un conjunto de principios de validez común. De este empeño reglado de socialización se nutre parte del legado aforístico clásico. Desde Grecia y Roma la escritura hiperbreve expande, sobre la mesa del lenguaje, indagación cognitiva y conciencia moral. El espíritu renacentista supone un cambio de rumbo al introducir la perspectiva humanista. Se revaloriza el logos en el análisis de la moral cívica y la conducta humana.
  La indagación en la textura existencial del hombre común consolida la voz confidencial con las aportaciones de Francesco Guicciardini y Baltasar Gracián. Este será el principio necesario que hará de los moralistas franceses, durante los siglos XVII, XVIII y mediados del XIX,  un episodio central de la consolidación normativa del género.
  El aserto “Moralistas franceses” merece un breve análisis del editor. El término es de origen latino, “More” (costumbre) y define el propósito de orientar actitudes mediante principios estables. Los moralistas juzgan la conducta humana, constatan sus disonancias y apuestan por enaltecer una dimensión colectiva en la que prevalezcan vectores como el bien, la belleza y la verdad. Ese sería el hilo conductor del grupo de pensadores, florecido en territorio francés, seleccionado por el antólogo, y traducido al castellano en común por José Luis Trullo y Miguel Ángel Real, profesor, aforista y traductor con amplia experiencia en el legado cultural francés.
  Presencia imprescindible en la consolidación del decir conciso actual, José Luis Trullo (Barcelona, 1967) es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Y realizó estudios de Doctorado en Filología Románica. Su activismo creador impulsa un taller plural que engloba poesía, traducción, aforismos y análisis críticos. Es editor de la revista Humanistas, director del apartado de aforismo de la revista Culturamas y colaborador de otras cabeceras digitales.
  El espacio lacónico estudiado incluye a Madeleine de Souvré (1599-1678), La Rochefoucauld (1613-1680), Blaise Pascal (1623-1662), La Bruyère (1645-1696), Vauvernagues (1715-1747), Malesherbes (1721-1794), Chamfort (1741-1794), Rivarol (1753-1801), Jouvert (1754-1824) y Chateaubriand (1768-1848). Son rutas consolidadas con fuerte repercusión posterior. El antólogo, tras el mínimo apunte biográfico, se centra en la pulsión de cada autor para dar breves trazos del discurrir vital. Todos rastrean nuestra condición transitoria y el sentido existencial del ser. En la remansada superficie del discurrir critican la convivencia social, empeñada en anteponer el interés individual a la relación colectiva. Cada legado toma conciencia y se hace registro en la introspección. condiciona, en mayor o menor medida, la lucidez estética y la perspectiva escritural.
   La escasez de voces femeninas de la tradición aforística convierte casi en un gesto subversivo la apertura de la selección con Madeleine de Souvré, marquesa de Sablé. La aristócrata alentó el más celebrado salón literario de su tiempo y escribió máximas o sentencias morales con aliento irónico. Puede considerarse, por tanto, precursora de grupo. Su quehacer conciso parte de la reflexión interior, del conócete a ti mismo, para, de ese modo, ser capaz de asomarse a los demás. Pretende clarificar la grandeza del entendimiento indagando defectos y virtudes de cada conciencia.
  La escritura de La Rochefoucauld se define como “Máximas de un hombre desengañado”. Su breve libro Reflexiones o sentencias y máximas morales explora con ironía y honestidad ese entorno de fingimiento y desolación de la plaza pública que disimula escombros, inmundicias y sinuosidades, detrás del escenario de las apariencias. El amor propio mitiga esas cicatrices de la experiencia vital que desazonan. Su mordacidad descubre que la verdad está lejos del ideal y la mentira coloniza campos enteros de la vida social y afecta a los trazos del propio sujeto que habita nuestros espejos.
  El genio humanista de Blaise Pascal, quien tuvo una esmerada formación intelectual, se aplicó indistintamente a ciencia y religión.  Las convicciones se acogen en “Los pensamientos de un alma en vilo”. Pese a su temprana muerte, dejó una heterogénea herencia como físico, matemático, inventor, teólogo y filósofo. El desasosiego religioso impulsa su cercanía al debate teológico de la Abadía de Port-Royal. Como caña pensante, el hombre personifica una amalgama de creencias y afectos; la conciencia personal con frecuencia se ve contaminada por las sombras. La nada parece ser el destino final de la existencia. El libro Pensamientos enaltece la necesidad de Dios y la fuerza salvadora de la religión. Solo la búsqueda sincera de la verdad concede reposo al desaliento.
   El anhelo de verdad está muy presente en la filosofía de La Bruyère, cuya obra, un conjunto de piezas literarias breves, ajusta sus trazos al retrato de sociedad, hecho con cercanía e indulgencia. Miembro de la Real Academia desde 1673, su exitoso balance literario justifica la consideración de ser una voz fuerte, capaz de reflejar el carácter moral de los contemporáneos. Su libro es el espejo de una época. Incansable observador, La Bruyère descarga en el sujeto la capacidad de ser testigo sensible de la realidad. Así se fortalece una visión crítica que depura lo que ve y multiplica interrogantes existenciales.
  El aporte intelectual de Vauvenargues, persistente lector de Plutarco, se estudia en Introducción al conocimiento del espíritu humano, seguida de algunas máximas y reflexiones. Las anotaciones objetivan, con sencillez y profundidad, el conocimiento del ser y del mundo, buscando un equilibrio de moderación entre luces y sombras, entre visión candorosa y nihilismo. Considera que la razón necesita el pulso sentimental para no ser áspera y fría. Las capacidades cognitivas alumbran claridad. Dado que nuestro entendimiento es insuficiente, hay que cultivar la voluntad y poner luz a la incertidumbre con espíritu reflexivo y tolerante.
   Jurista, político y consejero real, Malesherbes tuvo una participación social muy notable en el ambiente cultural de la época. Polemista y defensor de la libertad de prensa, murió guillotinado en el negro periodo de terror de la Revolución francesa. Con sensibilidad clásica, sus máximas convierten razón y justicia en asideros intelectivos. Al cabo, “las mayores verdades son en general las más sencillas”. En ese camino singular del entendimiento los textos sapienciales conforman un discurso de prudencia y espíritu tolerante.  
  El apartado dedicado a Chamfort recuerda el temprano reconocimiento por sus poemas y piezas teatrales. La mala salud condicionó una persistente melancolía y un ánimo pesimista. El instructivo moralista percibió en primera fila el desvarío jacobino de la Revolución francesa y su empeño en  hacer del precipicio un andén de llegada. Las máximas y reflexiones difunden una gélida desolación. Su pensamiento expande una incontinente tormenta de sombras. La voluntad de las palabras es estéril, no cura los más doloridos sentimientos. Las máximas y pensamientos de Chamfort son la estela de un hombre vencido; la amargura de un enfoque pesimista, como si la presencia de alguna esperanza no fuera sino un espejismo que se obstina en mentir a cada instante.
   La vida de Rivarol fue una continua búsqueda de fortuna. Ensayista y panfletista, sus máximas se leen como “los pensamientos de un espíritu inquieto”. Fue un enemigo declarado de la revolución francesa, lo que impulsó su persecución y exilio, hasta el definitivo asentamiento en Berlín. Su brevedad está marcada por la claridad y el rigor. Deja patente su ingenio, y una inconfundible mezcla de ironía y humor. La filosofía de Rivarol entiende la vida como una floración de frustraciones, un cúmulo de estaciones de paso que espera ese tren que no lleva a ninguna parte, salvo a los trampantojos de la esperanza, esas oquedades ilusorias de lo temporal.
  Joseph Jouvert personifica un incansable compilador de aforismos. Sus teselas representan el vínculo de transición entre los moralistas franceses y la naciente sensibilidad del romanticismo. Convergen en la escritura lacónica de Jouvert filosofía y poesía; el empeño de brevedad y la precisión más extrema. La sensación que deja la lectura de Jouvert es que los grandes temas de la conciencia humana necesitan el amparo reflexivo del pensamiento. Todo lo que pensamos es preciso pensarlo con el ser completo; con el alma y el cuerpo porque ser natural en el arte es ser sincero.
  El romántico Chateaubriand, personaje de exaltada biografía, firma la cosecha mínima final. El autor de Memorias de ultratumba promueve en sus fragmentos aforísticos el análisis de la vida social con resentimiento, como si el quehacer colectivo estuviese amenazado de continuo por un principio de destrucción. Entiende que las mejores quimeras de la existencia son inalcanzables porque la naturaleza humana está marcada por la miseria y no por cualidades superiores como el genio y la virtud. 
   Un monstruo incomprensible toma su título de un pensamiento de Blaise Pascal. El yo pensante es un principio generador de contradicciones e incertidumbres, por más que la razón se empeñe en ordenar el pensamiento. Con nitidez y armonía, José Luis Trullo deja un ajustado registro nominal de los moralistas franceses y de su destacada voluntad de penetrar en el fondo de la condición humana. Un itinerario de voces consolidadas que ensancha el camino lector mediante el sentimiento y el paso libre y ligero de la inteligencia.
 
JOSÉ LUIS MORANTE  
 


 
  

jueves, 18 de diciembre de 2025

AFORISTAS 2025 (Entrevista de José Luis Trullo)

AFORISTAS 2025
Dirección y coordinación: JOSÉ LUIS TRULLO
Edita: Cypress Cultura
Sevilla, noviembre de 2025 

 

Entrevista de JOSÉ LUIS TRULLO (Fragmento)

 1.      ¿Cuándo empezó su relación con el aforismo y cómo ha ido evolucionando a lo largo del tiempo? 

  No soy un adelantado; ratifico el lugar común de que el aforismo es curva pronunciada del camino de madurez. Hubo un tiempo de convivencia liviana, casi inadvertida. Como esa relación, civilizada y cortés, que mantienen los vecinos que comparten, de cuando en cuando, conversaciones de ascensor. Empecé a escribir con ánimo de publicación a mediados de los ochenta y la poesía asumía entonces el papel de protagonista principal. Gracias a ella llegué a la obra de autores que también escribían brevedades, como Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Carlos Edmundo de Ory, José Ángel Valente…

  Ya en la amanecida digital, en la primera década del siglo XXI empiezo a escribir textos concisos de forma habitual. Muchos son borradores desechados. Otros aparecen en el cuaderno Sueltos, editado en 2007. Mi apertura aforística es Mejores días (2009) y con él abro una etapa de absoluto compromiso con el género, tanto a nivel teórico e investigador, como a nivel práctico que, felizmente, perdura. En casa, la brevedad es continuo alboroto. Un sostenido picotear en los estantes de la biblioteca. Releo mucho a autores clásicos, pero también a mis coetáneos. 

2.  Su aforismo posee un perfil propio muy marcado, en el que el concepto se viste de un ropaje poético muy característico. ¿Qué influencia ha tenido su práctica poética en su cultivo del género breve, y cómo ha influido (si lo ha hecho) el aforismo en su quehacer lírico?

    Entre la poesía y el minimalismo conciso no hay lindes claras; son evidentes las zonas de intersección. Tiene usted razón; mis aforismos buscan un ropaje poético a las ideas, fruto tal vez de los magisterios que han fortalecido sus contenidos. Ser poeta aporta un enfoque designativo, una manera de mirar y entender. La poesía transciende la realidad, sondea el más allá de lo aparente. Y el aforismo participa de la misma pulsión. Los dos son escrituras ascendentes. Buscan cotas del camino ontológico y escalan. Del pensamiento conciso toman mis poemas la precisión, la sobriedad de la palabra, la limpieza expresiva de las ideas y los motivos recurrentes centrales: la sociología de las relaciones humanas, el transitar del tiempo y el análisis de la identidad. El aforismo enseñó al jardín lírico la importancia de las labores de poda.

 3. ¿Coincide con quienes tildan el auge del aforismo en nuestro país como una moda pasajera, alentada por las redes sociales? Y si disiente de este dictamen, ¿a qué atribuye dicho auge?

 El futuro del aforismo desconoce la ropa de entretiempo; su oceanografía está despojada de contingencias personales y de caprichos algorítmicos. Es una estrategia cognitiva que alienta la introspección y la hondura, el viaje interior hacia el ser, no hacia el estar. La textura del aforismo no depende de la temporada climática. No mendiga ocurrencias digitales. Es reflejo de una tradición que aglutina un abrumador legado de pensadores y civilizaciones. Es verdad que las redes han facilitado el vuelo libre de la brevedad; pero como escribe Ramón Eder el aforismo tiene una levedad inconmensurable. La gracieta, el chistecillo existencial y la frase solemne son escenarios deshabitados.

4. Los aforistas parecen, parecemos empeñados en encontrar antecedentes, maestros y precursores en el pasado con una fruición que para sí quisieran otros géneros, cuya obsesión más bien parece diverger, tal vez no de la tradición, pero sí de la generación inmediatamente anterior: ¿cuál puede ser la explicación a este comportamiento?

 El reconocimiento de las influencias a veces imita un surtido de mercadillo de barrio. Su eficacia es especulación más que realidad, al menos si nos atenemos a los magros frutos de las publicaciones que generaron. Si en poesía, los hijos de Borges son multitud inabarcable; en el aforismo los parientes -hijos, nietos, biznietos y tataranietos de Gracián, los moralistas franceses, Cioran y Nietzsche - conforman un árbol genealógico tan frondoso, que entierra en sombra el resto del jardín. El patrimonio lector es un quehacer a largo plazo; se necesitan muchos años de trabajo, soledad y paciencia; cualidades poco compatibles con la aceleración vital de nuestro tiempo y la enfermiza manía de estar al día. Es más habitual la lectura de las novedades de contemporáneos que la inmersión en títulos clásicos, lastrados a veces por su aire de ápoca. Hay mucha invención de precursores a espaldas del precursor, mucha moneda a cara o cruz flotando en aire...

 

 Entrevista completa en  AFORISTAS 2025, Págs 101-105



miércoles, 16 de abril de 2025

MANUEL FERIA. EL RÍO DE LA PERPLEJIDAD

El río de la perplejidad
Maanuel Feria
Prólogo de Javier Recas
Apeadero de Aforistas
Sevilla, 2023

BALANCE

   Hay escritores que difunden, tras el tiempo ensimismado de la obra, una empatía natural, una lluvia en cursiva que empapa cualquier fronda. Su descubrimiento es una hendidura de alegría, que cobija la inteligencia y ocasiona gratificantes sensaciones de asombro. Así me sucede con el proyecto aforístico de Manuel Feria (La Laguna, Tenerife, 1949), Catedrático universitario de Farmacología y apasionado cultivador de la brevedad. Los fragmentos reflexivos del profesor canario nunca tuvieron prisa por visitar la imprenta. Llegan, con morosa cadencia, en plena madurez, alojados en cuatro entregas: Verlas venir (2015), En ascuas (2017) Diccionario imaginario de un irónico (2018) y Fe de vida (2023). Cada salida comparte la convivencia de la escritura mínima con las ilustraciones del artista visual Antonio Mauro García “Fanega” (La Laguna, 1952) y el cuidado molde de la diseñadora y maquetadora Irene Antón. Con el laborar común la publicación refleja singularidad y sello personal. Para el autor escribir es vivir, recuperar efímeros indicios desperdigados en el transitar. Desde la introspección, los libros sugieren un enfoque hacia las circunstancias, un estar lleno de vigilia y búsqueda, capaz de discernir la complejidad del ser humano. Su compromiso con el mapa de lo que sucede entrelaza emociones y pensamientos acumulados por la experiencia existencial.
   Sobre el balance del aforista, Javier Recas, el ensayista contemporáneo más cualificado en la teórica de lo conciso, edita y selecciona apuntes mínimos referenciales de la travesía creadora en la antología El río de la perplejidad. La compilación se incorpora al imprescindible catálogo de Apeadero de Aforistas y tiene como umbral el extenso estudio “Una radiante ironía”. Desde el comienzo de su análisis, el estudioso da solidez a la idea de que Manuel Feria es un autor a trasmano, ajeno al habitual afianzamiento de la estrategia expresiva mediante el quehacer editorial, los concursos literarios o la difusión en redes y publicaciones. La observación acerca al pensamiento el discurso fragmentado de lo que sucede. Y en ese estar tras la transparencia del cristal prevalece el detalle a contramano, el frescor del instante. Como advierte el investigador y filósofo, el recorrido interior no se disfraza de retórica cultural; no se busca la ornamentación verbal sino el vuelo alto de la intuición, las salpicaduras transparentes de la agudeza, “el río de la perplejidad”. No son rasgos únicos: el laconismo de Manuel Feria, sutil y luminoso, permite conocer un suelo argumental rico en estratos. En sus teselas se abrazan instantes evocativos y vibraciones. Alientan la simbiosis entre el oficio de vivir y la razón de escritura.
   Obviamente, el microtexto es un género cuajado de humanismo donde el sujeto siempre está presente en su doble condición temporal y metafísica. En ambas germinan temas universales como el amor, el deseo, el dolor, la vejez, el lenguaje o la muerte. Son sustantivos que se acercan a la pronunciación moralizante y al tono grave de lo solemne, como si revolotearan en ellos los pájaros de la transcendencia. Sin embargo, como apunta el prologuista, el enfoque desdeña púlpitos y busca el suelo firme de lo racional, el humor y la ironía: “A un gordo hay que conocerlo en ayunas”, “Antes del auge de la informática los ángeles ya estaban en la nube”, “Todos envejecemos, pero algunos se lo toman como algo personal”, “La incineración te dará la despedida más calurosa”. Son rasgos que potencian la mediación cercana entre hondura filosófica y calado lírico. Confieren también un posicionamiento ético, una defensa de principios y valores que tiende al compromiso y la marcada posición vital.  
  La nota a la edición explica el muestreo en la selección de cada libro. El río de la perplejidad es un botiquín básico de la obra aforística de Manuel Feria, todavía inédita en su mayor parte. Por tanto, Javier Recas, fuera de las autoediciones, nos deja la primera versión del despertar y reajusta los logros recurrentes. De este modo, la primera parte selecciona casi noventa aforismos de Verlas venir la entrega más temprana, donde se contenían las coordenadas que marcan huellas. Quien percibe interpreta una conciencia frente a la incertidumbre: “Uno no puede huir de sí mismo sin caer en el otro”, “Profundiza y discreparás”, “Para esconderse de uno mismo no hay que ir muy lejos”, “La soledad es la falta de uno mismo”. Son anotaciones que recuerdan la reconstrucción de una autobiografía con secuencias dispersas.
  Ese alguien, con aire de familia entre el escritor y el ser biográfico, aborda en el segundo conjunto aforístico Ascuas el recorrido entre luces y sombras de lo cotidiano; la expresión del entorno tiene una apariencia de grisura, pero vivir es siempre un proceso de conocimiento, una luz encendida que aleja la propia oscuridad: “Vivo en ascuas por saber si soy prueba o error”. ”Esté donde esté, sólo estoy de paso”, “El futuro suele decepcionar a la esperanza”. El cauce existencial se identifica como uno de los vértices centrales de este tramo y en su propuesta retornan recursos habituales de Feria, las fluctuaciones argumentales y lecturas irónicas de la paradoja, y la conciliación de contrarios. Los pensamientos muestran la geometría variable de un entorno que expande incertidumbres y despierta las inclinaciones subjetivas.  El destino es proclive al azar. En su dermis duerme la hermética caligrafía de lo que no tiene respuestas. Así nace una metafísica de la duda, las convicciones que apenas encuentran sistematización.
   Los aforismos de definición de Diccionario imaginario de un irónico exploran cavidades semánticas. Buscan rupturas del sema establecido y abren grietas para cobijar significados nuevos. Es el mismo propósito que alumbrara el quehacer de uno de los precursores de este formato aforístico, Ambrose Bierce; pero es también un acercamiento a nombres contemporáneos de interés como Miguel Catalán. Más que la definición precisa, interesa el vuelo del tiempo y sus versiones lúdicas. Abundan las comparaciones, metáforas, imágenes y es habitual el recurso al oxímoron. Así se logran efectos de perplejidad, dotando al decir conciso de las voces fuertes de la imaginación y lo hipotético: ”Adúltero. Alma de abeja”, “Almohada. Confidente de la otra mejilla”, “Bandera. Tela de colores representativa de los peores instintos de un colectivo”.
      Más cerca de la geografía humana de lo colectivo está la entrega Fe de vida. Sus apuntes componen un poblado testamento social, encendiendo farolas en los callejones de la convivencia. Tras conocer los propios límites, la complejidad ambiental requiere salir fuera. Airear conciencia y entendimiento. El vislumbre racional percibe la escucha del paisaje humano. Son continuas las mutaciones de la identidad que convierten al nosotros en un personaje desdoblado. Mientras las pupilas reflejan espacios habitables para la meditación y el paseo, “el buen aforismo reduce la realidad a su máxima expresión”. En Fe de vida abundan los fotogramas con mirada crítica, que buscan los relieves del dibujo final, las asimetrías del tapiz: “Los mediocres cazan en manada”, “Beberse de un trago la juventud produce resaca en la madurez”, “La masa diluye la razón”. Frente a una sociedad llena de asimetrías y crudeza se manifiesta el rumor fuerte de una filosofía crepuscular. El pensar propio ha hecho suya la idea de que el estar cotidiano se debate entre el espejoy la confrontación abierta con lo indefinido.  
   En los textos sentenciosos de El río de la perplejidad, aportados por la destreza intelectiva de Javier Recas, vislumbramos una resignificación permanente, una pluralidad de vías de sentido. Más allá del discurso cerrado  de una artificiosa realidad, emergen claves interpretativas que conforman una peripecia analítica, ese empeño continuo de dislocar los ateridos miembros de lo gregario y hablar de lo imposible; de aquello que no se puede decir. El yo afronta el destino con la incertidumbre de salir a un día de límites difusos donde es preciso rastrear la improbable destilación del devenir.
 
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
     https://archive.org/details/manuel-feria-el-ri-o-de-la-perplejidad
 

lunes, 3 de marzo de 2025

EMILIO LÓPEZ MEDINA. ORIGEN Y RAZÓN DEL AFORISMO

Origen y razón del aforismo
Emilio López Medina
Nota prologal de José Luis Trullo
Cypress Cultura
Sevilla, 2025

SONDEOS


   La consolidación del aforismo, como género relevante del espacio literario actual, ha superado cualquier sensación de contingencia. La estrategia expresiva se muestra con insólita claridad. Lo aseveran algunos hechos objetivos tales como el número de publicaciones y la extensa nómina de practicantes que cultiva el formato breve. Un ejemplo más del saludable estar del laconismo es el nacimiento de una nueva colección, impulsada por el aforista y editor José Luis Trullo, destinada a plantear un enriquecimiento conceptual del género y nuevas reflexiones teóricas sobre sus coordenadas estéticas.
   La colección se abre con la entrega Origen y razón del aforismo de Emilio López Medina (Jódar, Jaén, 1946), licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia y doctor por la de Granada que ha impartido clases durante años como profesor titular, en la Universidad de Jaén. La conciencia vigilante del autor se bifurca desde hace muchos años como creador e investigador. Ambas facetas mantienen un largo caminar en el tiempo. La producción acerca un colmado balance con títulos como El arte jovial (2017), Del amor y todo lo que le es propio (2018), La verdad de la belleza  (2021), El mundo que se abre (2023) y el proyecto Las siete bestias, una heptalogía en curso de publicación. El quehacer integra además libros monográficos sobre la vejez, el sentimiento amoroso, la conciencia artística y otros ejes meditativos como el enfoque metaliterario. El aforismo retorna sobre sí ante el mirador abierto de la razón  para explorar otros territorios conceptuales, como la belleza, la ética, el entorno colectivo de la sociedad y la filosofía.
   Origen y razón del aforismo, que cuenta con una breve nota del editor comentando las características de la colección y el planteamiento argumental de las primeras entregas, estructura su brevedad en torno a tres apartados referenciales: origen y balance histórico del aforismo, claves de la razón aforística y una compilación de textos sobre el destello lacónico y su persistente cercanía a la introspección filosófica. El escritor concede al libro un claro sentido didáctico; hace de cada tramo un recorrido al paso de claridad y conocimiento que nunca pierde su textura de cercanía.
  Para el escritor, la raíz del aforismo está ligada a la filosofía de los presocráticos (VII-VI a. J. C.).  El decir sentencioso comienza con sentencias de naturaleza ética, e independientes de la religión. El género se va transformando en el tiempo y amplía su cuerpo semántico hasta definirse como un pensamiento breve y completo, de fondo filosófico y precisa estructura. La inquietud investigadora de Emilio López Medina explora después las claves de la razón aforística y su consistencia etimológica. Para el filósofo el aforismo plantea un conocimiento estructurado de la realidad desde el logos; un propósito que abre un largo camino de conocimiento donde el aforismo adquiere formulación literaria a partir de la experiencia de la realidad y la razón deductiva.
   El cierre de Origen y razón del aforismo condensa una breve selección de pensamientos breves que añade matices sobre las conexiones entre el aforismo y la filosofía. El aforismo profundiza y plantea la cosmovisión reflexiva de la conciencia convertida, a juicio de Emilio López Medina en caja de resonancia del mundo, siempre espacio indefinido de voluntad y representación, y la naturaleza humana. 



JOSÉ LUIS MORANTE



lunes, 28 de octubre de 2024

MIGUEL ÁNGEL ALONSO TRECEÑO. AFONÍAS


Afonías

Miguel Ángel Alonso Treceño
Apeadero de Aforistas
Sevilla, 2024

 

LA VOZ DORMIDA

 
  Aunque la amanecida literaria de Miguel Ángel Alonso Treceño (Avilés, 1970) comienza en 2016 con el libro Cinco, siete, cinco, muestra de haikus editada por Camelot, la senda minimalista de este asturiano, licenciado en Químicas e Historia, y graduado en Historia del Arte, y profesor de Fotografía en la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad natal, impulsa dos compilaciones aforísticas: Conciencia (2019) y Misceláneas (2022). Son salidas que exploran los recursos argumentales del molde breve con el objetivismo lúdico de la ironía y el perfil indagatorio de quien habita en un tiempo extraño, habituado, como asevera el tenebroso nihilismo de Cioran, a los desastres inútiles, capaces de provocar un desencanto innato y una tristeza temprana.
 Afonías es nueva brisa; llega a los escaparates de novedades desde Apeadero de Aforistas, el incansable catálogo que coordina José Luis Trullo y en el que numerosas voces nuevas siguen enriqueciendo el respirar conciso. Miguel Ángel Alonso Treceño nos deja un libro breve que yuxtapone textos sin tramos diferenciadores, aunque de cuando en cuando hay rótulos de subtemas como “Atrapasueños”, “Celda de aislamiento”, “Alma” o “Alquimia”. La senda pensativa muestra un camino continuo que elige el tono confidencial, como forma de revelación preferente del yo. Las anotaciones se inscriben en un amplio proceso cognitivo de exploración y conocimiento, de felicidad comunicativa por su huida de la jerarquía grandilocuente. Tienen, por tanto, un enfoque clásico en su recorrido, con un notable apoyo en el pensamiento filosófico al intentar mostrarnos la sensibilidad del ser, superando cualquier afonía.
   El laconismo atiende siempre a la voz interior para pulsar los estados de ánimo y aventar una mínima crónica personal: “La tristeza decidió al instante escribir algunos versos”, “Estoy a mis cosas, que como son sólo mías, no son sólo cosas”, “Lo que conozco no es distinto de lo que soy”, “Como aún no sé bien lo que busco, lo busco desesperadamente por todas partes”. Las palabras abren un espacio reflexivo de aprendizaje que mira hacia la línea de horizonte del hablante interior, donde la incertidumbre es punto de fuga de una apacible soledad.
  Es sabido que, lejos de cualquier brújula predecible, la trama concisa se compone de planos superpuestos. Las preocupaciones semánticas deambulan, establecen itinerarios de ida y vuelta, se contradicen y añoran llanuras distantes en las que brotan otros universos, como si el pensamiento estuviese construido en espirales de humo: “En el límite de la luz, la ondulación de un grano de arena”, “Más allá de los límites del átomo, otro universo en expansión”, “Cuando camino no voy pensando cómo o por dónde caminar. Cuando camino sólo voy pensando cómo o en qué pensar”.
   El escritor recuerda que “Las mejores viejas ideas siempre parecen nuevas”; detrás de la obra en marcha del autor que amanece está el legado lector de aquellas presencias intactas que precedieron su voz: “Gracias a las ideas ajenas tengo las mías”. Miguel Ángel Alonso Treceño dicta un pequeño homenaje a Antonio Porchia, el clásico aforista de Voces y el poeta sin versos que miraba hacia fuera para percibir la vida dentro y emprender su personal camino hacia lo invisible; pero resuenan otros nombres especulares como Amiel y Jaime Fernández.
  Es necesario clarificar ideas. Lo paradójico establece una cercanía natural entre derivaciones en apariencia confrontada, pero con afinidades casi imperceptibles: “A cambio de ser escuchado, les dices todo lo que quieren oír”, “Ha decidido no moverse. Las placas tectónicas que están bajo sus pies, el planeta, la galaxia, el universo… Todo se mueve. Pero él ha decidido no moverse”, “Me escondo, pero no por temor a ser encontrado: por temor a encontrar”. Así nace un pensamiento equitativo, entre sombra y luz, que quiere iluminar los puntos ciegos, meter el dedo en la llaga para saber si todavía la sensibilidad se mantiene.
   La voz que habla en Afonías clarifica, empuña un laborioso lápiz introspectivo para caligrafiar ideas en palabras. Sabe que el pensamiento se contradice a sí mismo a la hora de formular sus argumentos, despereza sueños y percibe que el  reverso de la verdad es la duda y que en ella adquiere solidez y armonía la casa del pensamiento, en su continuo diálogo con el tiempo. Caminar hacia dentro es la mejor manera de superar afonías, de alejarse de cualquier superficie.
 
 

                     JOSÉ LUIS MORANTE




miércoles, 8 de mayo de 2024

FRANCISCO FLORES PAREDES. UN TIRO AL PIE

Un tiro al pie
Francisco Flores Paredes
Edición de José Luis Trullo
Apeadero de Aforistas
Sevilla, 2024

 

OLOR A PÓLVORA

 
 
   Poco a poco emergen nuevas presencias en torno al aforismo, género que sigue mostrando una prolífica ambición expandida. Francisco Flores Paredes (Torremejía, Badajoz, 1961) cursó la licenciatura en el área de ciencias de la salud y ejerce como médico, labor que compagina con el quehacer literario. El despertar creador tiene su aurora en la novela A las ocho me visten de hombre, publicada por Círculo Rojo en 2016, apertura ficcional con continuidad en las narraciones breves de Relatos de una pandemia  (2020) y en su primera inmersión en el laconismo verbal Aforismos, anaforismos y otros artefactos, que también llega a imprenta en 2020.
   La concisión expresiva vuelve al taller de trabajo en la entrega Un tiro al pie, una propuesta editorial de José Luis Trullo, incorporada al poblado catálogo de Apeadero de Aforistas. El autor elige como gratificante compañía a dos consolidados nombres del presente conciso: Elías Moro y Miguel Ángel Arcas, dos autores que añaden al intimismo confidente de la brevedad la frescura y transparencia de la ironía, el humor y ese punto de recelo crítico que requiere la orfandad social.
   Con el paso ligero de la idea despojada, Francisco Flores Paredes busca perfilar destellos verbales siempre sentados a la diestra del sentido común; son atinadas reflexiones que se enroscan sobre sí mismas: “Todo niño contrariado se convierte en adulto por un momento”, “El silencio también puede llegar a ser erudición”, “La fe es una larga ruta que camina hacia la duda”, “Más humano que errar es fracasar”. Extraigo ejemplos en los que se hace patente el matiz filosófico, esa carta de navegación del yo pensante cuando busca dentro las persistentes interrogaciones del discurrir.
   Los buenos libros de aforismos conceden a la textura argumental enfoque abierto. El yo reflexivo se pone frente a la ventana en muchos textos, como si necesitase percibir las asimetrías del entorno. El pensamiento se desboca y amplía su radio de acción. El conjunto mezcla texturas con voluntad propia y ánimo de perderse en laberintos inexplorados. Las redes argumentales sondean lo metaliterario, ese estrato en el que la escritura indaga su naturaleza: “Del aforismo al haiku solo hay un continente de distancia”, “Hay escritores muy cultos que saben leer y escribir”, “Toda idea se asienta en el vacío previo que otra dejó”, “A muchos aforismos, ya en el último borrador del libro, les asalta el miedo escénico”, “Todo poema se sitúa en un punto equidistante entre el cielo y el olvido”, “La inspiración es la energía potencial del arte. El trabajo y la constancia, su energía cinética”. Y especial acierto tiene esta incorporación a la desaforada estela nominal del género: “Ahorismo: aforismo actual y exacto en tiempo y forma.”
   Otros breves son líneas de pensamiento con un claro carácter enunciativo. En sus contenidos reverberan los reflejos de la contemplación: “El color gris no es tan triste. Representa la oscuridad con vocación de luz”; la sombra fértil de la meditación ética: “La verdad es una preciada joya con tantas réplicas como almas cobija la tierra”, o esas puntadas de ironía que convierten la solemnidad en suelo raso: “La maldad está plagada de inconformistas”, “Las cuchilladas amorosas son una prueba de supervivencia extrema. Ni te imaginas lo que el alma puede aguantar sangrando”, “El prepotente es un blanco fácil”, “El futuro se compone de muchos presentes inexactos” o este consejo de botiquín de primeros auxilios: “Si cargas toda tu ira contra la vida corres el riesgo de pegarte un tiro al pie”
    Hablaba, al iniciar esta reseña, que a las compilaciones de aforismos les sienta bien el traje de la cordura, ese empeño del pensamiento para que las palabras respiren en armonía al romper silencios ensimismados. Para que quede cerca el ápice de sabiduría de algunas certezas. El sujeto verbal que deambula por los textos mínimos de Un tiro al pie  practica la empatía. Deja en sus palabras esa carga de aprendizaje que nos lega lo efímero, los recorridos de la vida al paso en una geografía contingente y con contornos poco definidos. Muy atinados estos monólogos comunicativos de una soledad que busca en la atardecida algo de luz en los paisajes del pensamiento.
 

 

JOSÉ LUIS MORANTE 




 

lunes, 23 de octubre de 2023

DEMETRIO FERNÁNDEZ MUÑOZ. PUNTALES DE LA BREVEDAD

Puntales de la brevedad
Aforistas en construcción
Demetrio Fernández Muñoz
Ediciones Cypress Cultura
Colección Délfica
Sevilla, 2023

BALANCE

 

   Los paisajes interiores de la microliteratura peninsular serían más sombríos y difusos sin la constancia del investigador alicantino Demetrio Fernández Muñoz (Villajoyosa, 1987), doctor en Filología Hispánica, profesor de instituto, ensayista, poeta y vértice impulsor del portal digital del Instituto Cervantes del Ministerio de Cultura y Deportes, dedicado íntegramente al minimalismo verbal. Su estudio, ya referencial, La lógica del fósforo: claves de la aforística española, práctica literaria elaborada como tesis doctoral, fue publicado en común entre Apeadero de Aforistas  y Cypress Cultura en 2021 y constataba la entidad creciente del decir breve y su presencia vertical. Con similar textura, aunque con un empaque teórico más liviano, Puntales de la brevedad hace balance de un momento áureo del legado lacónico, seleccionando pasos hiperbreves de veintiún practicantes del género en el tiempo digital.
  La cronología  del aforismo aporta en el momento presente un cultivo casi desaforado, que le concede una importante entidad. Ya no se trata de una estrategia expresiva secundaria sino de una poblada red de tramos cognitivos que ha propiciado colecciones, entregas, premios y eventos públicos. Este resurgir no solo sucede en España, ahí están los estudios de Hiram Barrios sobre la aforística mexicana y de Hispanoamérica, los de Víctor Guédez en Venezuela o las antologías sobre la fortaleza del aforismo contemporáneo en Italia.
   El texto de introducción aglutina cuatro apartados indagatorios que sustituyen la solemnidad del dogmatismo argumental por una saludable textura confidencial. Demetrio Fernández Muñoz se adentra en la diacronía del aforismo en el intervalo temporal del siglo XXI, una etapa de bonanza que ha consolidado la autonomía del género. El laconismo ya no es una viruta de taller. Despliega carácter y sensibilidad. Explora y propone pinceladas meditativas. Los textos mínimos son paseantes nómadas que retornan hacia dentro; germinan en la mirada interior; son cosecha que guarda las reflexiones, vivencias y emociones  al moldear la sensibilidad del hablante conciso.
   El estudioso considera “pistoletazo de salida” el año 2013, cuando aparece el Premio Internacional José Bergamín de Aforismos, impulsado por la editorial Cuadernos del Vigía, un monográfico de la revista Ínsula sobre el activismo lacónico coordinado por la profesora y poeta Erika Martínez y sobre todo la edición del estudio antología de José Ramón González Pensar por lo breve. Aforística española de entresiglos (1980-2012). Aquel análisis dibujaba una detallada cartografía de la brevedad y ponía lindes a la dimensión colectiva del periodo. Sin embargo, el estudioso advierte que, más allá de los cantos de sirena y el conformismo celebratorio, la solidez de esta estrategia expresiva y su sentido perdurable solo  se conseguirán “con una voluntad constructiva y rigurosa”.
   La sensibilidad humanista del formato breve acoge un espacio de conocimiento y búsqueda. Se manifiesta en la actualidad en una notable cantidad de colecciones y proyectos en los que participa un copioso inventario de editoriales con nítido impacto en la pantalla cultural del presente. Los singulares aportes fragmentarios, implicados en un nomadismo continuo, deambulan entre la intimidad y la experiencia; convierten las nuevas entregas en un poblado panorama de asombro que ilumina con su onda expansiva el cansado discurrir de lo diario.
   En medio de tanto mediodía no faltan los cirros y así lo subraya el prologuista recordando algunas de las máculas expuestas en su día por José Luis Trullo: la falta de crítica, la autocomplacencia y reiteración epigonal, la pésima distribución de novedades y la anorexia de un mercado con mínimas ventas. Pero la realidad está ahí, sin ningún epitelio apocalíptico, como constata la amplia selección de nombres que cierra esta entrega. Los aforistas en construcción aportan un selecto muestrario capaz de refrendar el renacimiento y garantizar un futuro con caminos francos y mensurables.
 También una biografía puede ser retórica. El ensayista reconstruye cada periplo biográfico esencializando con escueta precisión. Añade además algunas notas que particularizan cada ideario estético y suma unas decenas de aforismos de cada elegido. Se incluye a Miguel Ángel Arcas, Carmen Camacho, Carmen Canet, Jesús Cotta, Eliana Dukelsky, Ramón Eder, Aitor Francos, Gabriel Insausti, Emilio López Medina, Lorenzo Oliván, Carlos Marzal, José Mateos, Fernando Menéndez, José Luis Morante, Manuel Neila, Mario Pérez Antolín, Javier Sánchez Menéndez, Felix Trull, Juan Manuel Uría, Juan Varo Zafra y Ricardo Virtanen. Sin duda, una selección muy relevante, donde también se puede especular con algunas ausencias como Dionisia García, Ramón Andrés, Luis Felipe Comendador o León Molina.
   Demetrio Fernández Muñoz concluye su estado de cosas con una certeza diáfana: el esqueje verbal se ha hecho adulto y ratifica esta convicción con tres razones de peso: “el reconocimiento literario, la búsqueda de pertenencia a una tradición y la conformación de poéticas y trayectorias propiamente aforísticas por parte de los autores”. Son raíces de arraigo que dejan constancia de la dimensión creciente del formato, de ese temblor de verdad que convierte el aforismo en lengua natural capaz de ampliar la conciencia y reivindicar el valor absoluto de lo humilde. 
 
JOSÉ LUIS MORANTE






miércoles, 1 de febrero de 2023

PUBLILIO SIRO. SENTENCIAS

Sentencias
Publilio Siro
Introducción de Javier Recas
Edición y revisión de José Luis Trullo
Traducción de Francisco Navarro y Calvo
Cypress Cultura
Sevilla, 2022

 

EL SABER ÚTIL

  
 
    En el andamiaje teórico del aforismo, como estrategía expresiva que vive una época de esplendor, Javier Recas (Madrid, 1961), Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, pintor, coordinador de ediciones críticas y ensayista, se define como un pilar central. Su talante investigador sobre el legado sentencioso conecta con el mundo clásico, las grandes figuras del pensamiento occidental y con hitos de la literatura breve, desde Marco Antonio a Mark Twain; en suma, una certera travesía de investigaciones. El humanista y filósofo mantiene una consolidada trayectoria que integra las entregas Hacia una hermenéutica crítica (2006), Meditaciones de Marco Aurelio (2011), Relámpagos de lucidez. El arte del aforismo (2014), Una grácil y aguda miniatura (2020) y la edición Encuentros y extravíos. Aforismos de Mark Twain (2020). Son trabajos con una perspectiva ecléctica. Postulan un cúmulo interpretativo en torno al enunciado lacónico, como un despliegue de contenido sustentado en la erudición y en el conocimiento del entorno histórico.
   Por su interés histórico y literario, Javier Recas impulsa la edición de Sentencias de Publilio Sirio, un personaje tal vez nacido en Antioquía (Siria) hacia el año 85 A.C. Esclavo en su juventud, logró pronto emanciparse como liberto por su inteligencia y condición natural. En Italia se hizo dramaturgo y en el año 46 fue llamado a Roma para participar en los juegos públicos celebrados para lucimiento y homenaje del emperador. Resultó vencedor con sus mimos y su fama sería recordada durante décadas. Apenas se conserva algún fragmento de su extensa obra; en cambio sí se han preservado las sentencias, breves, aleccionadoras y propicias a ser formuladas con frases de impacto, lo que propició la difusión y permanencia. Su aportación fue muy valorada en la tradición gnómica. Forjó una estela de admiradores en el tiempo como Séneca, Petronio, Aulio Galio, San Jerónimo y Erasmo de Rotterdam, editor de las sentencias de Publilio en 1514.
   El lúcido quehacer se resume en más de setecientos textos breves en los que sobresalen la textura poética y una relación natural con la condición moral. Las sentencias aspiran a la verdad desde la concisión y no contradicen muchos de los principios morales del cristianismo, lo que revalorizó el legado de esta escueta sabiduría sentenciosa. Como islas de sentido, las sentencias abordan “cuestiones relevantes para el ser humano”, esos ámbitos complejos en su definición como el honor, la muerte, la vida social, las virtudes, los papeles sociales… Fortalecidas por el legado filosófico griego y la oralidad de la sabiduría popular, nacen así las teselas verbales con un fuerte aporte didáctico y epitelio sapiencial, como testigos del pensamiento y la reflexión ética.
   Las argumentaciones de esta colecta paremiológica optan por la brevedad. No hay disertaciones, solo el propósito de acertar con una exposición inmediata y diáfana. La fuerza de los asuntos refrenda consejos y enlaza discursos éticos con admirable intensidad. El devenir lacónico se convierte en una estela de sabiduría en el tiempo, cuajada de precisión y belleza tonal: “Todos estamos igual de cerca de la muerte”, “Quien discute con un ebrio, lucha con un ausente”, “No nos pertenece lo que es objeto de nuestros deseos”, “El sabio es dueño de sus pasiones, el necio su esclavo”. Ya se ha comentado que Publilio Siro opta por recorrer caminos indagatorios de largo recorrido como el amor, la amistad, las pasiones y ese amplio abanico de actitudes que sale al encuentro en la vida social. Algunos asertos han envejecido con el tiempo, ya que se han superado condicionamientos y estereotipos que definían una sociedad jerarquizada y patriarcal; pero muchos aforismos mantienen en el azaroso tránsito del tiempo su horizonte de verdad y belleza, su desnudez expresiva como reflejo de un pensamiento que manifiesta altura de espíritu y necesidad de emparentar el ánimo conforme, ese abrazo necesario, sin discordia, entre conciencia y logos. 
 

JOSÉ LUIS MORANTE


 

jueves, 22 de diciembre de 2022

EMILIO LÓPEZ MEDINA. EL MUNDO QUE SE ABRE

El mundo que se abre
99 aforismos filosóficos
Emilio López Medina
Prólogo de José Luis Trullo
Apeadero de Aforistas / Cypress Cultura
Sevilla, 2022

 

IRISACIONES

 

   Las paradojas del espacio cultural provocan estupefacción y asombro. En el cierre de año, la RAE acaba de incorporar al diccionario de la lengua la palabra aforista, un gesto de exasperante flojera mental y de notable desatino humanista, ya que al repasar las incorporaciones de los últimos años, se percibe un cúmulo de nadería marcado por la actualidad y la contingencia política del momento, así que la definición  del pensador aforístico llega en el mismo vagón léxico que palabras con pasmo como “rular”, “micromachismo”, “portuñol” o “gusa”. En fin, ya sabíamos que Emilio López Medina (Jódar, 1949) es aforista de techumbre alta y trayecto continuo, como ratifican sus numerosas entregas y el compromiso sostenido con el decir breve que va dejando rastros en las mejores compilaciones y antologías nacionales.
 La publicación El mundo que se abre  refrenda el carácter meditativo de sus breves con el subtítulo 99 aforismos sobre filosofía que impone activos criterios de pensamiento de estas teselas. Así se entenderá, sin ningún reparo, el material indagatorio que aporta una introducción de José Luis Trullo, también practicante del decir hiperbreve, editor y persistente estudioso del territorio conceptual lacónico.
   El texto de José Luis Trullo muestra la singularidad del autor y de una obra fragmentaria en continuo crecimiento: la meditada arquitectura expresiva y la sensación de que las piezas verbales recuerdan microensayos; son destellos empeñados en comprenden la realidad desde la intuición como principio germinal, aunque ese agujero iluminado requiera después un intervalo, para reajustar y pulir, para lograr una atinada vertebración estructural a la luz del día.
   Con una dimensión vital de la escritura que descree de géneros aislados y apuesta por la hibridez de espacios expresivos despoblados de límites, sin moldes de confinamiento, Emilio López Medina da la mano en El mundo que se abre a la razón como centro de gravedad y filtro de la crecida sensorial. Toca superar la fugacidad instantánea de las circunstancias y convertir el aforismo en espacio de encuentro entre la Filosofía y el Arte. La cosmovisión concisa del escritor adquiere un carácter introspectivo. Cristaliza un entorno, donde lo complejo es simple, y sondea relaciones con la propia existencia, impulsado por el quehacer lector de magisterios como Nietzsche y otros ángulos relevantes del devenir racional como Hegel, Fichte o Wittgenstein.
   Los intereses del filósofo transitan de continuo, cambian de itinerario para volcarse en la dinámica interna del aforismo y en la línea de sombras de su codificación; recuerda que la filosofía es una reflexión para resolver incógnitas de lejanía y concede a los elementos de la realidad un carácter simbólico y de apertura, más allá de las apariencias. La levedad de vuelo del aforismo es exploratoria, recorre las grandes cuestiones del transitar en el tiempo para asentarse más allá de la incertidumbre. Personifica al sujeto encerrado en su mundo y sumido en un interminable proceso de digestión mental: “Un aforismo no es solo un pensamiento más o menos agudo que te asalta, el aforismo es también toda una cosmovisión que te asalta en forma de aforismo. Y es que el hombre es una consciencia, una caja de resonancia del mundo y de la vida”.
   El mundo que se abre mantiene un evidente sentido orgánico en el que la filosofía aparece como ciencia de madurez y sosiego. No se trata de alumbrar dogmas ni de aceptar convenciones, sino de captar los matices cambiantes del pensar en el discurrir de lo cotidiano. La realidad es poliédrica y hay que recorrerla con el paso silente del conocer sus maneras y formas, su condición de paisaje abierto. Por eso, el cuerpo deshuesado del aforismo es también autodiagnóstico, una conciencia que no encuentra el punto final y  deja el rastro de claridad de unas gotas de agua mientras talla la roca.
 
 
  
JOSÉ LUIS MORANTE


 
 

 

viernes, 23 de septiembre de 2022

HIRAM BARRIOS (Ed.) EL PLACER DE FASTIDIAR

El placer de fastidiar
Aforística italiana contemporánea
Hiram Barrios (Ed.)
Prólogo de José Manuel García-García
Epílogo de Armando González Torres
Apeadero de Aforistas
Sevilla, 2022

 

AFORISTAS ITALIANOS DEL AHORA

 

   El catálogo esencial sobre literatura concisa de la editorial Apeadero de Aforistas, que impulsa y dirige José Luis Trullo, presenta El placer de fastidiar, balance de la aforística italiana contemporánea a cargo de Hiram Barrios, académico, aforista, editor y traductor y uno de los centros orbitales de la consolidación del género. Con magnífica resolución formal, la propuesta es un recorrido de aproximación al taller creador de treinta nombres representativos del itinerario lacónico en Italia, ahora en plena proyección mediática por la eclosión de publicaciones, versiones a otras lenguas, la difusión en red y los nuevos espacios editoriales.
  El pórtico “Este libro que en tus manos tienes”, escrito por otro cultivador de teselas verbales, el profesor de New Mexico State University, investigador y aforista José Manuel García-García, recuerda los quehaceres compilatorios de Hiram Barrrios, y el acierto de ediciones como Lapidario. Antología del aforismo mexicano. Son meridianos indagatorios que, más allá de los condicionamientos geográficos y el fundamento local, rastrean el legado minimalista y exploran su polivalencia conceptual. El prologuista recuerda también la adecuación al género que tienen las antologías; son costa abierta a la brevedad y marco de difusión de una estrategia expresiva que requiere “un lector que acepta el juego del asombro, el razosoñador, (muy hermoso neologismo), que busca en el aforismo el equilibrio literario y filosófico. Que entiende la forma sintáctica y la idea expresada en ella, que acepta la condición liminal de la prosa poética, los filosofemas literarios, las máximas abreviadas.”
  Los integrados en El placer de fastidiar conforman los estratos más sólidos de una renovación generacional, aplicada en la confección colectiva de un mosaico de teselas singulares. Nace así una aportación cultural intersubjetiva, una coral de voces que ausculta las posibilidades del decir hiperbreve desde encuadres abiertos; al cabo, como ha sucedido en la historia, el aforismo es un género discursivo, un muestrario de atajos alternativos y, no pocas veces, contradictorios, según constatan recuentos clásicos como la de Gino Ruozzi, Scrittori italiani di aforismi, la scritura aforística de Giulia Cantarutti, o Retoriche della brevitá  de Maria Teresa Biazon, todos citados por Hiram Barrios en su introducción.
   El antólogo clarifica también el aserto elegido para la compilación. El título, extraído de un aforismo de Leo Longanesi, alude a las contradicciones que habitan en cada identidad y a esa rebeldía que zarandea marcos reductores para respirar por libre, mediante un pensamiento abierto al aire. La brevedad suma, ramifica posibilidades en la fragmentación y muestra las conexiones entre paradojas, humor, ironía y mirada crítica, esos ingredientes fastidiosos para los sistemas cerrados y convencionales.
  En el inventario están contenidas varias promociones en activo. Representan a juicio del antólogo una quinta parte de los cultivadores actuales. Como en cualquier proyecto semejante, es un horizonte parcial, selectivo, pero polisémico y colectivo, empeñado en una visión diferente de la realidad bajo el techado de la literatura portátil.
   Abre la estela nominal Giovanni Papini (1881-1956) con media docena de ejemplos mínimos, y con una sustantiva definición del vector aforístico: “Aforismo: una verdad dicha en pocas palabras, pero dicho de un modo que asombra a más de una mentira”. Solo otro nombre, Giuseppe Prezzolini (1882-1982) pertenece al tiempo decimonónico; el cuerpo central de elegidos camina por el siglo XX (Fausto Melotti, Leo Longanesi,  Alessandro Morandotti, Ennio Flaiano, Gesualdo Bufalino, María Luisa Spaziani, Alda Merini…). Otros practicantes seleccionados marcan trazos en en el tramo intersecular y en los albores del nuevo siglo. Entre ellos nombres tan celebrados como Donato Di Poce y Fabrizio Caramagna, bien conocidos ya por los lectores en castellano. En suma, décadas de confluencia escritural y continuo trenzado de itinerarios y líneas de luz.             
   El libro añade como coda final una noticia bibliográfica sobre el anticipo de la antología en el espacio digital con el título Fragmentos del mundo: antología del aforismo italiano, y el epílogo “Post-scriptum” firmado por Armando González Torres. Es un fragmento que sondea la superficie heterodoxa y subversiva del ideario lacónico y compone una reflexión de urgencia sobre el temperamento escritural de lo fragmentario, más allá de la sistematización orgánica de la literatura sapiencial.
   De inmediato se percibe que estamos ante un compendio cálido, de paso ligero, que calienta sus manos en el combustible expresivo del aforismo; que invita a seguir caminado en el silencio poblado de la levedad, esa superficie de soporte humilde en la que cabe el entorno intimista de la amanecida.
 
 
 JOSÉ LUIS MORANTE





  

sábado, 12 de febrero de 2022

MOMENTOS ( APUNTES DEL DIARIO)

La piel de la ciudad
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

MOMENTOS

(apuntes del diario)
 
 
   Hay que tomarse en serio el delirio político de López Obrador para que no se desplomen ni un milímetro nuestro cariño, nuestra afinidad cultural y nuestra admiración solidaria por el pueblo mexicano. El irritable presidente no siembra sospechas en vano. Detrás de sus verbosidades totalitarias están calculados intereses económicos personales. Lo de siempre: privilegios familiares, mordidas, chantajes a multinacionales y trato de favor a los que eternizan su poder político, mientras el foso umbrío de la desigualdad social, la desgarradora violencia contra las mujeres, la mínima libertad de prensa y los continuos asesinatos a periodistas, y el campeo impune de los grupos mafiosos de la droga son asuntos menores de su desgobierno. Tras los estallidos de rencor, solo  la sombra y la sospecha, ningún bien social; la mirada de un tipo infame y demagogo asomado al invierno.
 
  El aforismo como literatura reflexiva se convierte en suelo central del proceso comunicativo y de las estrategias expresivas de la creación. En marzo, el primer congreso nacional en las aulas universitarias de Madrid. Las poéticas breves sacan músculo; mantienen ese prurito intacto de complejidad en la voz de sus escritores más conocidos. Esencial el trabajo organizativo y la voluntad participativa del editor, aforista y gestor cultural José Luis Trullo.
 
  El sujeto ficcional fusiona en una misma identidad autor y personaje. Traza un espacio de pensamiento en torno a tres vectores: el deambular de la existencia, la pertenencia a un tiempo histórico y los meandros de la creación literaria. Con ellos adquiere verosimilitud, propaga cercanía en su otredad, pone luz en las palabras y en la razón de vivir.
 
  En el discurrir aleatorio del tiempo, pupilas de tristeza por la brújula que marca el final de ruta. No queda más camino. Adiós, Ángel Guinda, cuántas vivencias comunes remueven la memoria.
 
  El yo indagatorio del diario actúa bajo la discreta transparencia de una máscara. Suena, limpia y natural, la voz de un narrador que convierte cada párrafo en una cerilla encendida, en una amanecida que tiende sobre las cosas un epitelio de lucidez.
 
Apuntes del diario
 

 

miércoles, 19 de enero de 2022

JOSÉ LUIS TRULLO Y EL AFORISTA



 

ENTREVISTA A JOSÉ LUIS  TRULLO

(Breve homenaje a la revista digital El Aforista)

 

Creada en 2015 por el ensayista, editor, aforista y gestor cultural José Luis Trullo, la revista digital EL AFORISTA se ha convertido en una publicación esencial sobre el arte del aforismo. Ahora, tras un lustro de recorrido temporal, cierra sus páginas, aunque los contenidos siguen en red a disposición de todos
 
1 - ¿Cómo surge la idea de la revista? ¿En qué medida confía en el aforismo como única estrategia expresiva  de la publicación?

Yo siempre he escrito aforismos. Mi diario literario –que empecé en 1992- está compuesto en ese formato, por inspiración directa de mis lecturas predilectas; es el caso de los publicados de Peter Handke, de Elias Canetti o de Joseph Joubert.  Ya en 1994 publiqué mi primer artículo en prensa sobre el aforismo (“¿Qué es un aforismo?”), y en 1995 hice otro tanto en las páginas de La Vanguardia con uno  titulado “Escrituras fragmentarias”, que aún puede consultarse en línea. Años más tarde, siendo usuario habitual de la red social Facebook, detecté una creciente presencia de aforismos de gran calidad literaria escritos por personas desconocidas para mí por aquel entonces, entre ellas, Manuel Neila, Miguel Ángel Arcas, Elías Moro o el propio José Luis Morante. Surgió entonces la idea de publicar la que yo creía iba a ser la primera antología del género en España, Aforistas españoles vivos, que en principio debía asumir Karima. La edición se retrasó por motivos que no vienen al caso, de modo que fundé Libros al Albur y, en el ínterin, José Ramón González sacó a la luz Pensar por lo breve, de una vocación mucho más amplia e integradora. Unos meses después, aparecía la mía y, para contribuir en su difusión, creé El Aforista. Poco a poco, lo que iba a ser un mero instrumento de promoción comercial fue creciendo entre mis manos, hasta convertirse en un escaparate del género más breve de todos los tiempos.

2 -  ¿Cuáles son las secciones que articulan la trayectoria de la revista?

Básicamente, tres: la recapitulación de los grandes autores del género (agrupados en “clásicos”, “modernos” y “actuales”), una sección de reseñas de novedades editoriales y otra de participación: “inéditos” y “entrevistas”, con un Cuestionario Chamfort al que he sometido a los principales referentes del género en España. Por lo que me cuentan lectores de El Aforista, para muchos se acabó convirtiendo en una referencia de uso habitual, y saber eso me animó a prolongarlo durante todos estos años, completándolo con secciones como la Enciclopedia de Libros Españoles de Aforismos, en la cual espigaba mis aforismos predilectos de más de cien títulos actuales.
 
3 – ¿Todo proyecto pretende cumplir una serie de objetivos básicos? ¿Cuáles eran los propósitos de EL AFORISTA?

Ante todo, compartir un entusiasmo. Creo firmemente que la alegría es expansiva y busca compañeros de viaje. El hecho de haber cultivado de manera solitaria y pertinaz un género considerado “menor”, y el encontrar a quienes también lo hacían con idéntica vocación, estimuló en mí la voluntad de divulgar la existencia de unos textos que, tiempo después, sigo estimando por su calidad literaria intrínseca. Aparte, puedo congratularme de haber servido como imán de talentos más o menos ocultos que, gracias a El Aforista y a Libros al Albur, han podido salir a la luz, como el caso de Francisco Ferrero, Emilio López Medina, Gemma Pellicer o Victoria León.

4 -  Quien haya seguido la travesía de estas páginas digitales, percibirá una fuerte  complicidad con la tradición. ¿Qué nombres preferentes sostienen la casa del aforismo contemporáneo?

Cada aforista tiene su propio panteón particular, qué duda cabe. En el mío figuran aquellos que ya cité anteriormente, junto a otros como Oscar Wilde, Fernando Pessoa, Paul Valéry o Émil Cioran. Personalmente, me decanto por los aforismos que comparecen entre las páginas del cuaderno literario, que es un formato que practico y que siempre me ha llamado la atención. Es más, pienso que es en esa sede donde el aforismo brilla con mayor intensidad, pues en la escritura diarística, un tanto silvestre y anómica, irrumpe con decisión y capacidad persuasiva.

5 – Otro contenido esencial ha sido el de dar visibilidad a nuevos descubrimientos literarios. ¿Qué autores nuevos le parecen dignos de seguimiento por su calidad?

Aparte de los que ya he citado, creo que son muchos los aforistas en activo que despliegan una singuladura personal, tan difícil de mantener en este ámbito. De entre los jóvenes, Rosendo Cid, un artista multidisciplinar al que he tenido el gusto de publicar un par de libros de aforismos, me parece que vuela a gran altura. Juan Manuel Uría, como él también pintor, Miguel Ángel Gómez o Paula Díaz Altozano son autores jóvenes con gran proyección. El haber podido dar a conocer a Manuel Feria, gracias a la intermediación de Mario Pérez Antolín, es algo de lo que me siento especialmente complacido. Carmen Canet practica un aforismo a ras de vida que me parece entrañable. Todos los nombres consolidados han aportado mucho al auge actual del aforismo en España y, entre ellos, no pocos de los que formaron parte de Aforistas españoles vivos: Neila, Arcas, Morante, Moro… Lástima no haber podido incluir a Fernando Menéndez, quien supone un auténtico “rara avis” en el género.

6 - Hasta qué punto ha marcado el despliegue de El Aforista su propio trabajo creador.

Relativamente. De hecho, más bien ha supuesto una especie de espejo a lo largo del camino. En este sentido, el uso diario de Facebook sí ha espoleado mi vertiente creadora, al permitirme compartir mis textos de manera prácticamente simultánea a su escritura, obteniendo un eco inmediato. Me gustaría aprovechar para romper una lanza en defensa de las redes sociales, pues debo a ellas el haber podido acceder a la inmensa mayoría de los autores con los que tantos proyectos en común hemos podido sacar adelante. Como tantas cosas en la vida, Facebook no es más que el uso que hagamos de él. Yo, desde luego, no me puedo quejar.

7 - ¿Favorece al minimalismo conciso el gran despliegue de autores y títulos? ¿En qué baremos debemos fijarnos como lectores y escritores para alcanzar un nivel elevado de calidad y honestidad en la creación?

La expresión lacónica acompaña a la especie prácticamente desde los albores de la civilización. Máximas, refranes, consejas, oráculos, siempre han constituido una suerte de asideros ante la incertidumbre de la existencia. Esa dimensión utilitaria acababa favoreciendo cierta selección natural de las mejores propuestas, no siempre literarias. En la actualidad, nuestro modo de vida ha favorecido la utilización de las formas breves (microrrelato y aforismo, principalmente) que, más allá de su rápida absorción, propician una deglución lenta y meditada. Esa es la grandeza de la brevedad: que no se agota en un apresurado usar-y-tirar, sino que exige volver a ella una y otra vez para tratar de captar sus más íntimas resonancias, por utilizar una afortunada expresión del gran José Mateos.

8 – El Aforista  finaliza trayecto. ¿Qué razones han forzado esa decisión?

No ha sido una razón forzada, sino una evolución natural. Como panorámica global, se puede decir que El Aforista ha cumplido con su misión. Ahora, cede el testigo a AFORIST@S, una publicación electrónica que, ya en su propia cabecera, muestra un carácter más plural y abierto, menos personalista. También he tenido en cuenta la necesidad de imprimir un nuevo impulso a las iniciativas en torno al aforismo: el “no dormirse en los laureles” implica, muchas veces, la necesidad de reinventarse, y así se ha hecho. Ahora, los aforistas cuentan con una nueva plataforma para dar a conocer sus propuestas. Creo que salimos ganando todos. Pero la última palabra la tienen, como no puede ser de otro modo, los usuarios.