lunes, 10 de mayo de 2021

JULIO MAS ALCARAZ. RITUAL DEL LABERINTO

Ritual del laberinto
Julio Mas Alcaraz
Epílogo de Jordi Doce
Bartleby Editores
Madrid, 2021


 EL SUEÑO DE OTRO

 
   Licenciado en Ciencias Económicas, Master of Arts in Filmmaking por la London Film School, guionista, productor de cortometrajes, cineasta y poeta, Julio Mas Alcaraz (Madrid, 1970) respira un vitalismo poliédrico singular, a trasmano de etiquetas generacionales. Su corpus poético arranca con la entrega Cría del ser humano (Vitruvio, 2005), un empeño de búsqueda entre los límites de la realidad y el espacio imaginario. Su segunda aparición lírica, El niño que bebió agua de brújula, con liminar de Antonio Gamoneda, suscitó un fuerte temblor mediático, siendo elegido como uno de los mejores libros del año. Casi una década ha tardado Julio Mas Alcaraz en dejarnos su nuevo fruto, Ritual del laberinto, que ha optado, por no condicionar la mirada lectora con el prólogo contextual. Por eso ubica la mirada crítica del poeta, traductor y ensayista Jordi Doce en el epílogo, como expresiva conclusión final.
   En Ritual del laberinto percibimos un desarrollo orgánico secuenciado en torno a dos nombres propios, Lucía y Lorea. Ambas identidades cruzan un puente temporal que rebobina el pretérito para aportar instantáneas vitales rescatadas por la memoria. De ese quehacer ensimismado de reconstrucción y sentido nace el aporte de Lorea y su retorno al espacio germinal de Lucía, la casa familiar. Los pasos de Lorea suenan a incertidumbre; llegan con la lluvia triste de la angustia y el empeño en sobreponerse al vacío y la ceniza: “II”: “Cómo entrar por primera vez / a un bosque calcinado”. El rumor fuerte de la evocación da forma narrativa al reguero de imágenes perdidas, a esa caligrafía de humo de un enfrentamiento fraticida, nunca apagado. Volver a vislumbrar las paredes derruidas del ayer es dar voz a Lucía en el pueblo y a teselas de la memoria personal que tienen un doloroso significado: las despedidas, los días del prisionero, la definitiva derrota y el musgo sucio de la sangre, el afán por seguir con las tareas de la madre solitaria, el rencor y el desamparo ante los registros y las fosas comunes. Son latidos de la memoria con la necesidad de recordar para que la barbarie no conozca el tamo simulado del olvido. El apartado “Lucía en el tren” es la crónica implicada del testigo, la temperatura de escarcha que tienen los espacios de la derrota: los campos de prisioneros, las cunetas, los orfanatos y ese invierno perpetuo que recubre la orfandad de los niños. Solo las metáforas pueden ocultar esta ausencia tenaz de cualquier sueño, cuando la vida se abre paso.
   Frente al discurrir lineal, Julio Mas Alcaraz opta por fragmentar el material enunciativo y alternar en el marco del poema la presencia de las dos protagonistas, dando fuerza al diálogo cálido de la comprensión y la complicidad. En el poema III de “Lorea en casa” leemos: “Lucía: / Somos dos aves que se encuentran / volando en sus respectivas bandadas / y se reconocen iguales / y se miran sin opción de pararse / mientras cruzan  el mar / en dirección opuesta”. Los poemas construye un paisaje diacrónico que baliza el itinerario y permite entender los complejos momentos existenciales: “Lucía hacia el puerto”, “Lucía y el barco” buscan el hilo esencial de una historia que entrelaza lo personal y lo colectivo en el tenebrismo de un tiempo histórico en el que los niños han perdido su inocencia para ser esa parte anónima y diluida que los sueños cobijan. Cada incidente anecdótico del viaje busca su propio modo de trascender: las preguntas de la mujer ciega, el entierro del viejo solitario o esa lejana visión del horizonte dejando a lo lejos el manso color de la esperanza: “XI”: “El mar es el silencio que se expande“.
   Los lugares del poema crean escenarios de vuelta y espacios compartidos; por eso, también Lorea se asoma al mar para percibir en su perfil abierto un refugio de símbolos capaz de transformar lo aparente. Sobrecoge la intensa emoción que da vida a cada identidad, reflejado en el cierre del poema “V”: “El asombro de ser / cada una, un sueño de la otra”. El significado de la realidad se vela para dar paso a un decir cuajado de imágenes oníricas, hecho de instantáneas expresionistas, como en el apartado “Lucía en el bosque” o en la sección “Lucía retorna al pueblo”. Los poemas deambulan por el discurrir imaginario de lo biográfico, por una incitación a lo abismal que contempla un mundo aleatorio y subjetivo del que solo es partícipe la conciencia del sujeto.
  La coda crítica “Palabras mensajeras” escrita por Jordi Doce subraya ese diálogo a dos voces, abuela y nieta, y esa superposición de estratos temporales y sintetiza los rasgos de una escritura que deslumbra “por su mezcla personalísima de precisión y voluntad metafórica, brevedad aforística y sentenciosa y desbordamiento expresionista”.
  La poesía de Ritual del laberinto recuerda un paisaje verbal hecho de soliloquios recorriendo a solas angostos pasadizos hacia la noche de los significados. La escritura protagoniza un largo viaje temporal hacia la inexistencia. Hace de la memoria un líquido amniótico, una matriz tibia que preserva el ámbito de otra identidad. Los poemas construyen un cerco invisible para que los recuerdos sean cálidas revelaciones, el hilo argumental de un relato que preserva su intensidad descriptiva y testimonial, su intimismo profundo. Las palabras no callan, convocan la ausencia, para que la voz no sea pasado y vuelva; sea ahora y regreso, como el fluir del agua que corre bajo el suelo.
 
JOSÉ LUIS MORANTE


 
 


domingo, 9 de mayo de 2021

EN TORNO AL CUERPO

Sueño intacto
Imagen
de
internet

 

EN TORNO AL CUERPO
 
Ser poeta hasta el punto de dejar de serlo
 
CÉSAR VALLEJO
 
 
El deseo, esa moneda que se lanza al aire y permanece flotando.
 
La voz dubitativa del pudor suena a invierno; escarcha la piel.
 
Si te miro, la pupila es incisión, herida.
 
Persuasión pedagógica de la paciencia; solipsismo solo atento al temblor sigiloso de  los astros.
 
Siempre en la mano, la pequeña magia del final.
 
Hay cuerpos que consiguen poner la noche en claro.
 
Esa parte de ti dispuesta a compensar la inoperancia cromática del día laborable.
 
El vaivén tranquilo del mar del tiempo intenta desmentir que soy un náufrago.
 
Mientras duermes  el misterio de la insinuación, el no sé qué que queda balbuciendo.
 
(Celebración de la primavera)
 
 

viernes, 7 de mayo de 2021

TASIO LUNA: entrevista a JOSÉ LUIS MORANTE


 

AFORISMOS CON SESIÓN CONTINUA

 

Tasio Luna
  
Casi de forma simultánea han visto la luz dos entregas aforísticas del poeta, profesor y crítico José Luis Morante. La primera, Migas de voz es una antología editada en México por la Universidad Autónoma nacional; la segunda obra, Planos cortos es un cálido homenaje al cine.
 
La tarea de practicar varios géneros, ¿de qué manera condiciona a sus aforismos?
 
Creo que cuando se entiende la escritura como una casa abierta, cada habitación cumple su doble condición de refugio y hospitalidad; en mis aforismos conviven rincones afines a la poesía y la crítica; todos partes de la misma experiencia biográfica y cultural, de un modo similar de interpretar el entorno y el tiempo histórico.
 
Sus poemarios trasmiten un fuerte eco autobiográfico, ¿sus aforismos también?
 
Ningún género puede velar la pulsión expresiva que dicta sus renglones; la identidad respira también en los aforismos, comparte instantáneas, recuerdos, miedos, incertidumbres; en suma, la conciencia en marcha del sujeto que escribe.
 
¿Era previsible esta aparición estelar del decir breve en las primeras décadas del siglo XXI?
 
Hay una tendencia impostada que asocia el aforismo al despertar digital; la verdad es que en todos los periodos de la historia se han cultivado distintas formas del decir breve: sentencias, epigramas, refranes, aforismos; la celeridad de internet ha potenciado la fragmentación y la celeridad de los mensajes, pero el género tienen una intensa tradición en la literatura.
 
Parece  que es ejemplar la capacidad de escucha del aforismo; cualquier tema sirve…
 
Así es, el aforismo, como el poema o la reseña, es un hecho del lenguaje que admite cualquier hilo argumental, siempre y cuando se supere esa consideración que asocia el laconismo a la facilidad expresiva y la intuición; debajo de cada texto, por mínimo que sea, está la persistente labor del taller literario, su exigencia máxima en cada fragmento.
 
Cómo se gestó esa edición mexicana de Migas de voz.
 
Nació en 2017, cuando recogí una amplia selección de aforismos de los dos libros publicados y del inédito A sorbos, era la mejor manera de construir un mapa personal que subrayara las características reiteradas de mis aforismos. Y el profesor, ensayista y aforista mexicano Hiram Barrios impulsó la edición en una nueva colección, Esquirlas; la espera de tres años mereció la pena, el aspecto final es muy atractivo.
 
¿Y Planos cortos?
 
Es un giro fuerte en el trabajo personal, frente a la apertura temática aleatoria de mis anteriores entregas, supone construir un libro en torno al cine como núcleo único. Soy un cinéfilo antiguo y agradecido; en absoluto un experto en ese arte, solo un espectador que siempre halló cobijo en la butaca a oscuras.
 
¿No teme que la salida  de ambos libros a la vez solape reseñas o interfiera la distribución correcta?
 
No lo sé; en principio son ámbitos lectores distintos; Migas de voz está destinado al público universitario mexicano y no se distribuirá en librerías españolas, aunque mandaremos ejemplares a crítica y medios de comunicación; y hay que dar la batalla por Planos cortos que debe luchar contra la incertidumbre de la pandemia y la lánguida vida cultural del momento. Son retos que asumo con mucho gusto; siempre confío en la generosidad de los amigos y el incansable apoyo de los lectores.
 
TASIO LUNA





 

jueves, 6 de mayo de 2021

SEÑALES DE PASO

Tráfico fluido

 

SEÑALES DE PASO
 
El sentimiento de desolación, esa llave que solo cierra.
 
Los mejores aforismos tienen el trazo inconformista del grafiti.
 
Enmarcar la incertidumbre como un quinto punto cardinal.
 
Cada lunes inventa su oratoria.
 
Somos la intacta erosión que fuimos; seremos el polvo que ya somos.
 
Todo espíritu etéreo se vislumbra en su etapa ascendente.
 
Los que no saben ratifican con énfasis constante su ausencia de verdad.
 
Anima y da valor esa sospecha de que todos discuten contra mí.
 

(Aforismos de paso)


miércoles, 5 de mayo de 2021

HISTORIA DE DOS LIBROS: MIGAS DE VOZ y PLANOS CORTOS

Acogida
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

MIGAS DE VOZ, PLANOS CORTOS

 
   En un intervalo temporal muy breve han llegado a casa dos libros propios: Migas de voz y Planos cortos. El primero, Migas de voz es una antología de aforismos que aglutina una selección de mis dos incursiones iniciales en el género, junto a un muestrario de breves del libro inédito A sorbos; el trabajo se completa con un aporte teórico fragmentario que analiza esta forma expresiva que entrelaza pensamiento filosófico y mirada poética. El segundo, Planos cortos conforma un homenaje al cine a través del tiempo y aglutina un lustro de trabajo creador, aunque recoge sensaciones visuales, instantáneas biográficas y secuencias vivas del espectador agradecido que siempre fui.
  Quiero eliminar de inmediato cualquier sospecha de fertilismo verbal y de superficialidad editorial. No, ambos libros son la labor callada de muchos inviernos. Si la antología Migas de voz llegó a México en 2017 y ha dormido sosegada casi cuatro años, sin más respiración que ir puliendo textos para conseguir la mejor calidad expresiva, el volumen Planos cortos en sus trescientos aforismos ha consumido cinco años de escritura hasta dar cuenta de mi retina cinéfila y de la respiración en la zona de sombras de la gratitud.
   Poco a poco iré hablando del periplo singular de cada entrega y de su llegada a las librerías en un momento histórico tan complejo, pero asentado en el optimismo. Ahora solo toca dar las gracias a Hiram Barrios y a Álvaro Díaz Huici; a la Universidad Autónoma Nacional de México y a Trea Ediciones por su minuciosa paciencia, voluntad e impulso editorial. Hoy toca abrir las manos; hacer de buhardilla hospitalidad y refugio. Quiero sentir con todos el parpadeo de sorpresa y emoción que alumbra cada libro. 

José Luis Morante


martes, 4 de mayo de 2021

PEDRO GARCÍA CUETO. FRANCISCO BRINES, EL OTOÑO DE UN POETA

Francisco Brines. El otoño de un poeta
Pedro García Cueto
Prólogo de José Luis Rey
Huega & Fierro Editores
Colección La Rama Dorada
Madrid, 2021

 

SED DE ETERNIDAD

                                                    
 
   El día 16 de noviembre de 2020, Francisco Brines (Oliva, Valencia, 1932) era galardonado con el Premio de Literatura en Lengua castellana Miguel de Cervantes. El jurado destacaba como clave básica la densidad expresiva de un itinerario poético que enlaza lo carnal y humano con la dimensión metafísica y espiritual del sujeto en el discurrir existencial, a través de una persistente aspiración a la belleza. Desde hacía años la propuesta del reconocimiento era clamor entre los habitantes de la ciudad poética. El premio es también un refrendo más a la generación del 50, un grupo insular que ha ejercido un incansable magisterio en el presente lírico, configurando una tradición plural, ramificada, hecha de elementos heterogéneos.
   El escritor Pedro García Cueto (Madrid, 1968), incansable investigador del pulso lírico mediterráneo, con trabajos referenciales como los dedicados a Juan Gil-Albert, compendia ahora  en Francisco Brines. El otoño de un poeta una amplia perspectiva crítica del mundo poético de Brines. Lo hace con un enfoque diacrónico que permite descubrir códigos conformadores y núcleos temáticos en la poética del autor, que ya ha protagonizado estudios clásicos esenciales como los de José Olivio Jiménez, el primer gran estudioso del poeta, Dionisio Cañas, José Andújar Almansa y José Luis Gómez Toré.
   Precede al trabajo un liminar del poeta José Luis Rey, quien subraya el recorrido de una obra, nunca separada del pulso vital, y su inclusión en la mirada elegíaca. En las palabras resuena la conciencia de lo transitorio y las pérdidas, aunque superando la subordinación al periplo biográfico concreto. Subraya el acierto de Pedro García Cueto al establecer en su andadura una correlación teórica y práctica, mediante una selecta antología de composiciones.
   El acercamiento comienza con los datos biográficos y la conexión literaria con dos precedentes esenciales, Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda, junto a la temporalidad meditativa de Antonio Machado. El estudioso recupera las trayectorias biográficas de estos hitos referenciales para buscar desde allí la conexión literaria y personal. En Cernuda, por ejemplo, encuentra un tema clave de Brines: el amor. Son estratos argumentales compartidos la arquitectura natural del paisaje, el erotismo como ideal pagano y hedonista, el vitalismo emergente del jardín, la presencia tamizada de la luz, o el tacto sensorial de la mirada, como fuente de sensaciones y conocimiento. Esos vértices no cierran otros referentes de la tradición como la lírica barroca o los asideros con sus compañeros de generación, Valente, Claudio Rodríguez, Ángel González o José Manuel Cabañero Bonald, dejando sitio también al intimismo biográfico de Jaime Gil de Biedma. En el libro en prosa Escritos sobre poesía española (1995) se recoge todo el material ensayístico de Brines y en él hay una intensa información de lecturas preferenciales: Pedro Salinas, Vicente Aleixandre, Juan Gil-Albert, Ramón Gaya, Carlos Bousoño Gastón Baquero y Vicent Andrès Estelles.
   El poeta deja una visión unitaria de su poesía en 1974. Tituló el conjunto Ensayo de una despedida, aserto que refleja como realidad primaria del ser la temporalidad; estamos hechos de pérdidas sucesivas. El sintagma se ha mantenido en ediciones posteriores que añaden nuevas composiciones y algunos cambios poco relevantes. Pedro García Cueto se adentra en los registros de Brines libro a libro, según el orden de publicación. Su paso inicial Las brasas (1960) obtuvo el Premio Adonais. Las composiciones de esta amanecida ya son elegíacas, aunque mantienen la intensidad vital. Están escritas desde la memoria de un sujeto que reflexiona sobre el pasado. Sentimientos y sensaciones se marchitan dejando en la ceniza una fuerte experiencia interior. En el presente, la esperanza no tiene sentido. Queda la serena aceptación de la soledad entre rescoldos y sombras, al recrear el trayecto que va desde la infancia hasta la madurez.
  La segunda entrega El santo inocente cambia de título muy pronto y se denominará Materia narrativa inexacta. Hallamos sombras del mundo clásico que hablan en monólogos dramáticos perfilando meditaciones. El sustrato común de la conciencia permite que el amor sea recurso liberador. Los poemas expuestos, “El Santo inocente”, “En la República de Platón” y “la muerte de Sócrates”, con la escueta voz narrativa del relato,  refuerzan la objetividad del discurso y ensanchan la visión del mundo.
   El itinerario se enriquece en 1966 cuando se edita Palabras a la oscuridad,  que se alzó con el Premio de la Crítica. El título sugiere que el misterio de la noche es interlocutor en quien se deposita la emoción del mundo, esas perdurables impresiones del paisaje de Elca, la inquietante presencia de los otros o las grafías desveladas de la soledad y la muerte.
   Aún no es un libro renovador. Aparece en 1971 e incorpora una importante veta satírica; predomina en él el conceptismo y el tono sentencioso. Hay abundantes procedimientos expresivos -parónimos, aliteraciones, rimas internas…- y utiliza un léxico novedoso, aunque también están presentes las habituales preocupaciones de Brines como el derrumbe continuo de la carne y la dolorosa cicatriz del fracaso. Insistencias en Luzbel (1977) aborda una metafísica centrada en el recorrido que va desde el engaño de la plenitud de la infancia hasta la nada. El latido diario se convierte en ensayo de una despedida; solo se vive plenamente en el breve sueño de los sentidos donde hay una ética de lo celebratorio, un estoicismo que indaga en el carpe diem; que conjuga presente y captación de la belleza.
   Sus últimos libros son el menguado patrimonio del tiempo y tienen la mirada crepuscular de la elegía. En El otoño de las rosas un viajero en la parte final de su periplo hace balance; el itinerario fue lo que vivió. El rescate es ocasión propicia para cantar el entusiasmo de haber sido.
   Un sujeto poético que advierte sobre la estéril razón de la existencia es el protagonista de La última costa. Ya el título sugiere la perspectiva desde la que están escritas las composiciones. Se divisa el inalcanzable litoral cuando el mar nos ofrece su  distancia, como si no fuera posible el retorno. El viajero lleva consigo la memoria que le permite recuperar el territorio de la infancia y recrear las sensaciones que en el pasado la definieron..
   La breve antología integrada, que se completa con inéditos del libro en preparación  Donde muere la muerte, alimenta unas cuantas certezas. Los cimientos de la obra son el fluir temporal y la belleza; el tiempo es tránsito que nos va despojando hasta el vacío final y la oscuridad de la nada. Al interrogar el entorno, la belleza preserva los reflejos de la infancia y la identificación del hombre con la naturaleza. En ambos temas cobra sentido la palabra poética que es revelación y vida. A través de la escritura se aspira lo real, una realidad creada y emotiva que trasciende el localismo; la palabra poética es también una respuesta vital que recupera el balance del pasado en el ahora. La conciencia no acepta el autoengaño, es conocimiento y voz del tiempo que encuentra en la escritura una superación del olvido, un plano de permanencia. Palabras que trascienden la mirada fría del tiempo, que contemplan al yo con la distancia de la incertidumbre, “como si nada hubiera sucedido”.
 
JOSÉ LUIS MORANTE


 
 


lunes, 3 de mayo de 2021

EL POEMA FELIZ

Nevada
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia


 

EL POEMA FELIZ
 
Cardinal necesario,
me aplico en escribir un poema feliz,
que mire con los ojos
claros del mediodía y difunda su júbilo.
Que salga indemne,
 y no contenga lastres
o  invente los remedios
contra el galgo famélico
de cualquier desazón.
 
Que asordine la angustia
y no pierda sus pasos
en la tierra de nadie
del chantaje afectivo.
 
Que tenga la avidez
severa de  los dioses
y doblegue
toda asepsia expresiva.
 
Que soporte la ley gravitatoria
y se mantenga etéreo
como un don disponible
que mira en el espejo
y todo empieza.  

   (De Ahora que es tarde)