sábado, 12 de diciembre de 2020

LEOPOLDO MARÍA PANERO. LA MENTIRA ES UNA FLOR

La mentira es una flor
Leopoldo María Panero
Nota de edición: Ángel L. Prieto de Paula
Prefacio: Davide Mombelli
Huerga y Fierro
Colección Rayo Azul Poesía
Madrid, 2020

 

HETERODOXIA

 

   El día 5 de marzo de 2014 fallecía en Las Palmas de Gran Canaria Leopoldo María Panero. El poeta tenía sesenta y seis años cuando concluía el largo viaje de su heterodoxia vital, entendida mejor desde las claves del psicoanálisis que desde la norma social, y de su ruptura con cualquier canon literario. Fomentó de continuo el mito del poeta maldito, aunque estuviese incluido desde su inicio en la emblemática antología de José María Castellet Nueve novísimos poetas españoles (1970), selección que marcaría el paso fuerte de la generación del lenguaje.
   La materialidad textual de Leopoldo María Panero formula ahora, gracias al quehacer editorial de Huerga y Fierro, una coda conclusiva con el poemario La mentira es una flor, entrega compuesta por cincuenta poemas inéditos. Parece necesario recordar que todo el cauce lírico paneriano promueve vectores tensionales que crean una inquietante extrañeza. En sus exploraciones, el decurso verbal alumbra el territorio del subconsciente y rompe la estructura lineal de la lógica. Los poemas deambulan con un fluir libre, desde la trastienda de una interioridad atormentada. Hijo del poeta Leopoldo Panero y de Felicidad Blanc y hermano de poetas, su biografía fue muy polémica, fue encarcelado en su juventud por su militancia política en la izquierda, se le diagnosticó esquizofrenia y pasó largas temporadas encerrado en hospitales psiquiátricos, aunque protagonizó una intensa vida literaria y fue  considerado por una larga senda de admiradores arquetipo del poeta transgresor.
  La nota de contexto del profesor y crítico Ángel Luis Prieto de Paula refrenda que este libro póstumo es un todo orgánico, con sentido unitario, que confraterniza con otras salidas del poeta en la utilería expresiva, las sendas argumentales y la parquedad ortográfica que suprime signos de puntuación. Por su parte, Davide Mombelli, en su prefacio, opta por adentrase en el periplo creador e investigar las posibilidades significativas de la marginalidad de Leopoldo María Panero desde la expresión poética y no desde los lugares comunes emanados de su postura vital. Lo que perdura es la obra, no el contingente biográfico. El enfoque no niega el sentido autobiográfico de muchos poemas y la abundante intertextualidad engarzada en la obra y perceptible también en los títulos. Por ejemplo, La mentira es una flor es un posible débito a la lírica de Jaime Gil de Biedma que alude a la ficcionalidad de la escritura y a su capacidad de crear verdad y belleza.
    Si el discurrir temporal hace de la memoria un páramo baldío, la palabra se hace necesario refugio para detener ese largo viaje hacia el silencio. Pero el recorrido poético de Leopoldo María Panero no enuncia o describe. Manifiesta una fe provisional en el cauce libre de la palabra, capaz de encadenar un monólogo incontinente y sometido de continuo a interpretaciones alógicas. En los poemas conviven realidades y márgenes, pensamientos reescritos y vuelos oníricos que acrecientan las posibilidades del lenguaje con una obstinada inclinación a lo simbólico y al sinsentido de lo caótico.
  La composición inicial recurre al referente cultural de Peter Pan para sondear las posibilidades de una etapa auroral que mantiene la retina limpia en el tiempo. Explorar la luz sin mácula del pensamiento es acrecentar la ruina de la edad y el desconcierto de la finitud. Nada queda en el yo de los campos semánticos del niño sino el horror de estar vivo, el claroscuro de la vida al paso.
   El son monologal suena reiterativo y denso, con la huella marcada en una indagación que tantea en lo oscuro. La escritura –qué expresionismo de imágenes- deja en el folio un reptar viscoso de gusano, como si alimentara el magma amorfo de la pesadilla y la sención conclusiva de que “el poema es un féretro para no soñar” sino para buscar la quietud y el silencio, la cercana presencia de la muerte. Es constante en las composiciones la sensación de delirio, el sabor amargo que deja en las palabras un zumo agrio de incertidumbre y soledad.
  En el libro se muestra la palpable solidez de aportes textuales ajenos. El arraigo del préstamo persigue, sin comillas ni signos de separación, una integración natural. hay ecos de la Biblia, Ausiàs March, Eliot, Pound, Borges o coetáneos generacionales. Sus entresacados sirven de aliento o inspiración, subrayan instantáneas del pensamiento conformando una densa biblioteca de la memoria. También ideas y núcleos argumentales de los poemas propios adquieren nueva vestimenta formal.
   La entidad expresiva del poema cobija enigmas y misterios, digresiones extrañas que apuntan a la insomne verdad de la locura. Por ello, resulta inevitable recordar que la esquizofrenia origina una pérdida de contacto con la realidad, aunque las percepciones sensoriales se mantengan.
   Escueta en su trazado lógico y con un magma de imágenes sorprendentes, la poesía de Leopoldo María Panero mantiene en su cadencia una agitación dolorosa y vibrante. Los argumentos de La mentira es una flor no tienen un trazado definido, propenden a la interpretación. Forman parte de una identidad desconcertante que sabe que la matriz autobiográfica es oscura, camina por el borde de lo posible y soporta el estado de sitio de lo caótico. Solo cabe la recuperación momentánea de lo vivido en el poema como una forma de quemar la realidad y la degeneración progresiva de la conciencia: “La vida es una úlcera en la sien del papel”.


 JOSÉ LUIS MORANTE





 

2 comentarios:

  1. Gracias. Tengo pendiente su lectura. Alguien que ha leído todos sus libros, me lo recomendó, también. Dicen que es un libro que habla de ruinas; ruinas que no acabaron de caer; que cayeron y después edificaron una casa sin pies ni cabezas, aparentes, pero con grandes ventanas y puertas por donde indagar y aprender incluso a sobrevivir. Me parece genial esto último. Quizá es un libro para resucitados y faltos de huesos.
    Lo leeré pronto. Gracias.
    Saludos.

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    1. Qué excelente lógica premonitoria; aciertas plenamente; es un libro escrito desde la trastienda de la razón, sin el esqueleto de la impostura que todos nos cobija a diario; sus poemas son descarnados y feroces, porque tienen una matriz biográfica de la que no se puede desprender. Así que es un libro necesario, para conocer mejor el desasosiego existencial. Un fuerte abrazo y bienvenida a estos puentes de papel.

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