viernes, 29 de abril de 2016

AFORISMOS DE AMANECIDA

Amanecida

AFORISMOS DE AMANECIDA


En cada itinerario hay quien restringe la verdadera senda; invita a buscar rutas alternativas.

La amnesia aporta tranquilidad a la respiración de los recuerdos.

El agónico vocacional tiene una visión cabizbaja de la realidad inmediata.

Alguien, liberado de ideologías, tendría que reflexionar sobre el nomadismo ideológico.

Cerca del mar todo se borra, salvo el silencio roto y el efecto emocional de la contemplación.

Tiene un sentido del orden y de la etiqueta  impropios de sus años. Colecciona  poemarios. Los agrupa por colores, los colores por épocas; las épocas por tendencias, las tendencias por autores; los autores por el estado de conservación de su pelo. Apunta a crítico literario.

La crítica debe cultivar el pudor. El elogio gratuito suena a sarcasmo.

El corazón celoso hace recuentos de futuras pérdidas.

La orfandad del solitario es el epitelio de la ternura.

Ideas de saldo; necesitan un lenguaje primario, como esos productos de consumo que se adquieren en los minoristas chinos.

Para los que piensan que el suicidio es una posibilidad razonable, la vida se alimenta de fracasos.


(De Motivos personales, Sevilla, 2015) 







miércoles, 27 de abril de 2016

ALEX CHICO. POSDATAS

Sesenta y cinco momentos
en la vida de un escritor de posdatas
Alex Chico
Ediciones de la Isla de Siltolá
Sevilla, 2016

POSDATAS

  Casi coincidiendo en su epifanía con la edición de Un hombre espera, Alex Chico (Plasencia, 1980) compila sus consideraciones sobre el lenguaje en un volumen de título dilatado: Sesenta y cinco momentos en la vida de un escritor de posdatas. El aserto invita a descubrir de inmediato la identidad de ese misterioso escritor,E.P. y, de paso, a investigar su práctica creadora, resumida en este inventario de poéticas.
  De este modo la posdata, coda reflexiva del epistolario, se convierte en suelo central del proceso comunicativo y en una fragmentada formulación del ideario estético. En la tradición literaria, las poéticas en prosa sacan el músculo ensayístico; mantienen ese prurito intacto de complejidad, como si la semblanza del poema dependiera de una trama oscura, repleta de líneas y matizados. Alex Chico recurre a un sujeto ficcional en el que se fusionan en un mismo propósito autor y personaje, y con sus apuntes traza un espacio de pensamiento en torno a tres vectores: el deambular de la memoria, la pertenencia a un lugar y los meandros de la creación literaria. Con ellos organiza un tratado que, con mínimos elementos, consigue un mensaje didáctico y metaliterario. Para dar más verosimilitud a la identidad heterónima, busca en el prólogo una conexión afectiva con la poeta Laia López Manrique y con el escritor de microrrelatos Ginés S. Cutillas; además en la compilación de fragmentos añade la procedencia bibliográfica de cada texto, por lo que el recorrido creador de E.P. sugiere un notable inventario de títulos.
  Hasta el momento el corpus literario de Alex Chico ha crecido de forma plural, englobando facetas como crítica, poesía, relato, ensayo y novela. En un empeño tan diverso, estas anotaciones clarifican sobre todo su labor poética, integrada por las entregas La tristeza del eco, Dimensión de la frontera, Un lugar para nadie y Habitación en w, a las que se añaden tres cuadernos. Tantas sendas permiten constatar la vigencia de algunos signos referenciales y refrendados en las posdatas.
  El contenido del breve volumen obedece a un discurrir aleatorio; en él encontramos nítidos aforismos que enmarcan diversas actitudes ante el hecho creador: “Lo peor de un escritor es que piensa que todo le pertenece”. También hallamos textos que indagan en la ontología del texto, en esa verdad de la creación que tantas veces huye del final previsible, como si fuera ajena la brújula que marca el final de ruta: “La creación literaria supone una particular caída al vacío. La función de la escritura sería trasmitir lo que encuentra en ese descenso”. No falta el préstamo literario, ese refrendo de la opinión individual en el lago en calma de la biblioteca. Retornan remozadas ideas de  Maurice Blanchot, Charles Simic, Seamus Heaney, Kipling, o Raúl Zurita.
 Así encuentra desarrollo un título que hace de la reflexión personaje principal, como si los fragmentos formaran el manifiesto personal de un poeta que se presenta a sí mismo. El yo indagatorio actúa bajo la discreta transparencia de una máscara en la que suena limpia y natural la voz de un narrador que convierte cada posdata es una cerilla encendida, en una amanecida breve que tiende sobre las cosas un epitelio de lucidez.



martes, 26 de abril de 2016

LA CASA VACÍA

Por los caminos de Ulloa
Fotografía de
José Manuel Vilaboa

CASA VACÍA


  En la casa ya no vive nadie. Solo está la neblina, esos moradores que ayer ocuparon las habitaciones. Bajo la luz tenue del alba, si franqueo la puerta quejumbrosa, escucho su fisiología desperdigada e invisible en pasos, susurros y gemidos. De cuando en cuando callan, como si se hubiesen mudado por unas horas a otro lugar.
  Pero siempre regresan. Esta noche olvidaron cerrar la puerta de entrada y apagar luces. Alguien me despertó. No supe qué decir; me siento un extraño ocupando una casa vacía. Ellos me reconfortan y justifican mi presencia: soy quien los sueña.

(De Cuentos diminutos)


lunes, 25 de abril de 2016

BALLERINA VARGAS TINAJERO. ANTOLEJÍA

Antolejía. Poemas para limpiar el váter
Ballerina Vargas Tinajero
Ediciones Liliputienses
Cáceres, 2015
NAUFRAGIOS

  Estrategias comunicativas del lenguaje como la ironía y el sarcasmo requieren la tolerancia del interlocutor, una afinidad en el sentido dialogal que no siempre evita la confrontación receptiva. Más allá del ludismo y del enfoque coloquial debe existir en el poema un pacto de verismo capaz de transmitir emotividad, pensamiento y sentido crítico. Desde esa premisa inicio la lectura de Antolejía. Poemas para limpiar el váter. Es la amanecida literaria de Ballerina Vargas Tinajero (Sevilla, 1976), Licenciada en Periodismo y docente en ejercicio como Profesora de Lengua y Literatura en un instituto sevillano.
  El título, provocador y gallito como un gamberro adolescente, contrasta con la seriedad léxica de las citas, extraídas del armario incansable de Francisco de Quevedo y de Cavafis. Así comienza un discurso confesional que enlaza, al menos en apariencia, el recorrido biográfico personal y el rol del protagonista lírico. Directa, provocadora y con el puño alzado para el ajuste de cuentas, la voz verbal abre compuertas al remanso diario para que encuentren cauce las contradicciones del estado de ánimo.
  El yo bracea en las aguas sucias de la realidad y lo hace con la aspereza de quien no quiere que la debilidad se convierta en queja pusilánime. El rostro que se mira en el azogue gastado de la intimidad nada tiene en común con la vida en rosa de los mundos perfectos, donde cada sensibilidad ocupa silla en el lugar exacto de la costumbre y los objetos propician una delicada simetría de formas y colores en los domesticados sentidos que perciben. Quien mira no contempla la cuadrícula del sosiego sino un espacio repleto de fragmentos aleatorios, un mar en el que no es posible evitar el naufragio.
  Cuando Charles Baudelaire escribe Le spleen de Paris la deriva existencial en la urbe moderna encuentra los contornos que limitan su semántica. La bilis negra y la melancolía dictan su codificación poética. De ellas manan otros idearios que narran el hastío del hombre deshabitado; y en esa forma de entender la erosión del tiempo sobre la conciencia tiene nuevo cobijo la poesía de Ballerina Vargas Tinajero. En su retrato gris del desasosiego solo ha cambiado el latido cronológico y los referentes escenográficos que enmarcan el rostro cansado y ojeroso del perdedor.
  Antolejía  se convierte en la crónica de un deambular errático que hace de la sinceridad una simple cuestión de confianza. La luz de amanecida es un destello fatuo, difuso, perecedero y en él narra su estar una voz en vela, con el léxico crudo del desencanto. Lastrado por el propio peso de la identidad, no es posible volar; hay que permanecer a ras de suelo hasta la caída de sol, solo y desnudo de cualquier utopía, inmerso en el sopor de quien descubre a diario los rincones de un mundo lleno de nada.












     

domingo, 24 de abril de 2016

AGUSTÍN PORRAS. UNA ETERNA DESPEDIDA

Una eterna despedida
Agustín Porras Estrada
Prólogos de
José Cereijo y Luis Valdesueiro
Editorial Verbum
Madrid, 2016

CON VOZ DE TODOS

  Poeta, ensayista –con notables aproximaciones al discurrir biográfico y al legado literario de Gustavo Adolfo Bécquer- y editor de revistas literarias, Agustín Porras emplea como frontal de su libro de poemas más reciente un esqueje versal de Ángel Guinda: “Una eterna despedida”. Es una expresión enunciativa, sin ningún recodo semántico, que hace principio básico la aceptación de que el devenir no es sino un sino anunciado que va sembrando huellas hasta la última costa; caminamos para llegar a un refugio postrero donde nada perdura sino indicios de ceniza y vacío. 
  Esta propuesta reflexiva sobre nuestra conciencia integra como umbral dos prólogos. Los firman el aforista Luis Valdesueiro y el poeta José Cereijo. Los párrafos de Cereijo insisten en el carácter natural del lenguaje, de tal modo que la experiencia individual se comunica a través de un propósito intimista y coloquial, que pretende compartir un núcleo de sensaciones dictadas por la cercanía; el sujeto verbal habla con la voz de todos. Luis Valdesueiro se remonta al discurrir histórico de la literatura para recordar el origen oral de la poesía y su halo popular y anónimo. De ese manantial siempre propicio a la recitación y la memoria surge la copla, formato poético  que tiene como rasgo ideal el efecto emotivo, junto al carácter paradójico y el sentido irónico y vitalista.
  Con esos juncos, Agustín Porras entrelaza un poemario que bascula entre dos vértices temáticos: existencia y finitud. Dos veneros que amanecen con la línea recta de lo intuitivo, sin meandros herméticos, con una expresividad directa que amasa frutos con la experiencia saludable del realismo: “Aquel que vive con miedo / no hace falta que le expliquen / en qué consiste el infierno”; de ese afán didáctico de la copla que busca difundir una actitud están cimentados los versos de muchas composiciones;  también de la incertidumbre que genera el azar que guía el deambular por trochas azarosas: “Desde niño siempre supe / lo que debía de hacer. / Hasta hoy nunca lo hice. / ¿Me atreveré alguna vez?
 Las coplas de Una eterna despedida  se caracterizan por u efectismo expresivo. Niegan cualquier idealización conceptual para captar las palpitaciones del pensar, ese fulgor emotivo que crea en el ánimo efectos de luz y sombra, que enmarca las palabras del poema en la tarea de dar fe de vida, aunque seamos un destino pactado, un camino abierto al espejismo de la permanencia que asume en la última estación una certeza única.
  En este itinerario del yo hasta sí mismo no hay regreso.  


sábado, 23 de abril de 2016

TARDE EN MADRID: UNA VENTANA Y BORGES

Exposición sobre Jorge Luis Borges
(Con Herme D. Donis y José Luis García Martín)
Casa de América, Madrid
Fotografía de José Luis García Martín
TARDE EN MADRID

   Mañana laboral en torno a la animación lectora en el instituto, y tarde para el afecto en Madrid. Llego temprano para percibir la alegría de abril en el Parque del Retiro. No tarda Herme, a quien no veo desde hace unas semanas por sus problemas físicos. El reencuentro es una alegría porque nuestro abrazo es íntimo y frágil como un haiku. Cuando leo su poesía pienso en unas líneas del ideario estético de José Manuel Caballero Bonald: “El acto de escribir supone para mí un trabajo de aproximación crítica al conocimiento de la realidad y también una forma de resistencia frente al medio que me condiciona”. Es una afirmación atinada para la literatura de interiores de La vida en un instante. una muestra editada por Hilario Barrero que he traído conmigo para que me lo dedique su autora. Los vínculos con la estrofa japonesa perduran. La poeta cumple con riguroso horario el cultivo del haiku y hace de su aparición sosegada en el folio una tarea catártica. Desde hace años, se ha impuesto como primera obligación literaria matinal la escritura de un haiku, un ejercicio de legítima defensa que limpia los rincones del ánimo de las telarañas grises del estar.
   Llega también puntual el poeta y crítico José Luis García Martín, con traje, corbata roja y amplia sonrisa, como un invitado elegante que dejara en la agenda algún compromiso social para compartir unas horas de conversación sosegada. El Retiro, con el lago repleto de barcas con adolescentes y turistas, oferta un primer café con recuerdos e impresiones cinéfilas; y la cercana Casa de América, donde se conmemora el Día del Libro con recitales y exposiciones invita a disfrutar del inagotable ejemplo de Jorge Luis Borges, una devoción sostenida e intacta.
   Cada memoria personal registra, de forma discontinua, el transcurrir con algunas impresiones al paso. Queda la noche para seguir entre libros en compañía de algunos poetas de Re-generación  y queda esta fotografía de una tarde convertida en postal para el recuerdo. Es la euforia pequeña de la amistad, esa estela de quien no necesita alzar la voz  para dar gracias por la buena compañía, por seguir juntos bajo esa claridad manchada que anticipa la lluvia. 






  

jueves, 21 de abril de 2016

PESCADORES EN TIERRA

Atardecida (Playas de Cádiz)




PESCADORES EN TIERRA

Como nubes de paso se convocan
a la pálida luz de los ponientes,
cuando el viento despeja
los márgenes de arena
y las olas embisten a la tarde caída
con domesticada mansedumbre.
Dispersan aparejos de bambú,
cebos, linternas, termos,
y arrojan los anzuelos mar adentro.
Después callan y orean
el salpicar continuo mientras miden
la inmersión de los plomos.

No desfallece nunca su constancia;
aguarda la captura
de un monstruo fugitivo
refugiado en el sueño,
Moby Dick.


       (Poema de Dónde está el fuego 2, Nueva York, 2016
        Cuadernos de Humo, 10, ilustraciones de Hilario Barrero)