sábado, 31 de enero de 2026

LUGARES DE PASO (AFORISMOS EN ITALIANO)

Puntos de fuga
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

AFORISMOS  DE  JOSÉ LUIS MORANTE

Traducción al italiano de GIULIANA CALABRESE

 

 Minucia interna; no encuentro en mi interior nadie en quien confiar.

Minuzia interna: dentro di me non trovo nessuno di cui fidarmi.

 Si miras con atención el lugar que ocupas, donde estás no hay nadie.

Se osservi con attenzione il posto che occupi, dove sei tu non c’è nessuno.

 En el apagado discurrir del tiempo, adanes primigenios que aguardan todavía una manzana.

Nel placido scorrere del tempo, adami primigeni che attendono ancora una mela.

 En la madeja de la gratitud se apelmazan los hilos sueltos.

Nella matassa della gratitudine si addensano i fili sciolti.

 En la poesía bucólica, espontánea colaboración de una coral ecológica: piedras, juncos, pájaros y nubes…

Nella poesia bucolica, spontanea collaborazione di una corale ecologica: sassi, giunchi, uccelli e nuvole...

 Carne tranquila. Senectud.

Carne tranquilla. Vecchiaia.

 La poesía es un yo caligráfico, angustiado por su propia identidad.

La poesia è un io calligrafico angosciato dalla sua stessa identità.

 Punto de fuga. Nostalgia de un lugar que no existe.

Punto di fuga. Nostalgia di un luogo che non esiste.



viernes, 30 de enero de 2026

ELENA PRIETO URBANO. SÁTUR Y LOS AGUJEROS NEGROS

Sátur y los agujeros negros
Elena Prieto Urbano
Ilustraciones de Nacho Gómez
Ediciones Rojo y Negro, Colección Erizo Blanco
Valencia, 2026

 

LA MISIÓN DEL VERANO

  
   La barriada de la Elipa, en el distrito de Ciudad Lineal,  con una rica tradición histórica que se fortalece en el siglo XIX, cuando los terrenos pierden su condición de arrabal  para prolongar espacios en la periferia de la ciudad de Madrid, sirve de marco narrativo a la novela infantil  Sátur y los agujeros negros, amanecida literaria de Elena Prieto Urbano. La escritora madrileña, nacida en 1977, es maestra y Licenciada en Psicopedagogía por la Universidad Complutense y ha compartido en su itinerario personal el ejercicio de la docencia y la escritura, por lo que conoce muy bien los parámetros que definen las actitudes y valores de la infancia actual. Se percibe de inmediato en el transcurso narrativo de Sátur y los agujeros negros, un acierto editorial del sello Olélibros en su colección Erizo Blanco, ilustrado por Nacho Gómez.
   Para el lector atento no pasará inadvertida la cita del físico y cosmólogo Stephen Hawking: “Recuerda mirar arriba, a las estrellas, y no abajo, a tus pies”. El universo es un espacio infinito e inexplorado todavía y proclive al asombro. Un  laberinto dimensional que estimula la imaginación y cobija en sus agujeros negros realidades imposibles. Enriquece, por tanto, la visión más superficial, esa mirada apresurada que se llena con la realidad cotidiana y no encuentra altura.
  La escritora elige para dar verosimilitud y cercanía a la narración la primera persona. Así implica al lector como depositario de las aventuras de Inés, una niña “de diciembre” que vive con plenitud en la angostura del barrio. Hilvana un relato que mezcla instantáneas familiares y los trazos más singulares de un carácter rarito, si se compara con los éxitos sociales de Adriana, su amiga colegial, una experta sabelotodo que mira el entorno con la suficiencia de quien es rubia, guapa e inteligente, por lo que siempre está dispuesta a asomarse a la torpeza ajena con la prepotencia del agraciado por el destino.
   La voz narrativa se hace testigo y protagonista curioso de la vida sencilla de unas cuantas calles y de sus habituales moradores. El vecindario entremezcla sitios mágicos como el cine Galaxia, un lugar ligado a los primeros tiempos del ambiente vecinal y tiendas y plazas donde se mueve el tiempo laboral. Pero casi todo lo interesante discurre en el horario colegial, telón de fondo de una prolongada rutina que entremezcla un tiempo habitado por personajes reconocibles como Carlos y Adriana, en el que unen sus lindes infantiles pasado y presente.
   Todo da un estrepitoso giro cuando entra en escena el viejo Sátur, un hombre sabio fascinado por el universo, que derrama en sus palabras insólitas historias sobre los agujeros negros que, de inmediato, encienden la imaginación de los niños. Su condición de solitario dispuesto a compartir saberes concita la atención de jubilados y oyentes ocasionales. A ellos se suma de inmediato la pandilla de Inés, quien se convertirá en muy poco tiempo en ferviente admiradora de su sabiduría espacial y que transformará a la niña y sus amigos en aplicados espías, dispuestos a conocer la personalidad de Sátur en el barrio.
   La plaza del mercado es el lugar de encuentro de los amigos, cuando se liberan del ambiente de casa y de la vigilancia de los adultos. Allí inician sus tareas de espionaje y van sumando datos biográficos sobre el viejo Sátur, con la colaboración de los comentarios de otros vecinos y con sus propios descubrimientos sobre las actividades habituales del maduro científico. Poco a poco, se ganan su confianza y asumen los quehaceres de ayudantes dispuestos a colaborar en la construcción de un extraño vehículo espacial al aire libre, hecho con sillones desechados y una copiosa chatarra. Quiere construir una nave capaz de viajar al espacio y explorar algún agujero negro, donde descubrir algún planeta escondido.
   El regreso, tras el verano, depara a Inés y sus amigos desagradables sorpresas. Sátur ha desaparecido y nadie sabe la razón. Poco a poco la rutina diaria comienza a trastocarse con otras contingencias desagradables como la venta del cine Galaxia para convertir el local en centro comercial.  La realidad impone su crudeza y sus consecuencias no pasan inadvertidas para los paisanos. Poco a poco empiezan a tomar conciencia y se preparan las primeras movilizaciones. La fuerza de la razón no paraliza el desalmado progreso y el borrado de tantas vivencias comunes. Es la mano áspera de la globalización que niega cualquier utopía y enciende el compromiso vecinal.
   El quehacer creativo de Elena Prieto en Sátur y los agujeros negros tiene trazos muy claros: personajes cercanos, de carácter bondadoso, que encienden la empatía lectora, vocabulario coloquial para abordar tramas que enriquecen su trazado lineal con asuntos complementarios: la vida del barrio y sus relaciones vecinales, la importancia de la ciencia, los asuntos colegiales como la curiosidad, el estudio, pero también los abusos de algunos alumnos ante los más pequeños, y el cariño y respeto a los mayores que atesoran una gran experiencia vital. Son asuntos de cuidado perfil que apuestan por asentar en el discurso ficcional actitudes solidarias y valores éticos, como la amistad, el compromiso o el afán cultural.
   La realidad necesita un poco de asombro; el que deja Elena Prieto entre las páginas de su primer libro. Así que solo cabe celebrar la publicación y dejar un abrazo de enhorabuena.

JOSÉ LUIS MORANTE



 

 

 

 

 

 

  

jueves, 29 de enero de 2026

DESDE DENTRO

Renacida
(Osaka, 2025)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


 AFORISMOS DEL JARDÍN JAPONÉS

 

Hay biografías luminosas a las que una doble vida les parece poco.

 Persistencia del ojo para recorrer en la pared intacta una ranura.

 No sé fingir el paso cuando la conversación lleva al exilio.

 Pierdo palabras; pronto seré un diccionario deshabitado.

 La edad recicla la ternura en desuso.

 Existen muchas formas de soledad. En mí viven las más gregarias.

 Tras el despertar, qué eficaz la demolición de quien contradice siempre.

 La caligrafía en cursiva de la aurora imita la espontaneidad del niño que amplifica sonidos y oye la voz del mar en el caño oxidado de la fuente.

 En el callejón de lo cotidiano, en cualquier rincón, las huellas dactilares del absurdo.

 (De la antología 14 Aforistas 14, La Isla de Siltolá, 2025)




 

miércoles, 28 de enero de 2026

CHARCOS

Transparencia
Archivo Istockphoto

 

CHARCOS

 

   Mientras caminaba despacio bajo el paraguas recordó que de niña buscaba charcos para saltar sobre su transparencia. En su cara se dibujó una sonrisa. Siguió caminando y vislumbró un círculo de agua en medio de la calle. No dudó. Plegó el paraguas, lo dejó dormir unos minutos sobre la acera y ensayó un primer salto, y otro y otro, antes de que le faltara el aliento… Entre las punzadas de humedad se sintió renacida.  Recogió el paraguas y ya no lo abrió. En la tarea del regreso, pensaba en cómo justificaría ante el personal del geriátrico sus zapatos mojados. Daba igual si no hallaba una excusa. De niña, también creía en el final feliz.  

(Del libro Fuera de guion. casi cien microrrelatos)




martes, 27 de enero de 2026

EFECTOS VISUALES

Tras el cristal
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

EL LUTO DEL PARAGUAS

 

Días de lluvia; toda la semana bajo el luto del paraguas. Camino hasta empaparme y vuelvo a casa con una insolente alegría, como si las gotas borraran la inestabilidad emocional y las incertidumbres del ahora, atando el suelo a las nubes.

Percibo en su mensaje que mantiene un persiste empeño vanguardista para escribir sonetos y haikus en versión corta. A veces es conveniente guardar un indulgente silencio con la teoría.

 Me gusta cerrar el día frente al televisor, disfrutando de los estrenos de cine o de alguna serie, pero con frecuencia, me siento estafado por esas historias que caminan al mismo tiempo hacia arriba y hacia abajo y llenan la mirada de rendijas por donde llega el frío. Prodigan tomaduras de pelo, disfrazadas de finales abiertos. Son frutos de guionistas incapaces de resolver las nervaduras de peripecias y personajes. Al final cabe cualquier interpretación. Solo hay respuestas mutiladas. 

No comentaré nunca en mis opiniones a los amigos las erratas de sus libros. No quiero causar desazón. Están ahí, evidentes, tangibles, con la gabardina abierta del exhibicionista.

(Apuntes del diario)





 

lunes, 26 de enero de 2026

EL ARTE DE VIVIR LOS LUNES

Caligrafías
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

 
EL ARTE DE VIVIR LOS LUNES                             
 
El arte de vivir los lunes
requiere cierta práctica y algo de teoría,
saber de estratagemas y confabulaciones
y adjetivar la prosa cotidiana
con una terca voluntad de estilo.
Incontables acechan
los peligros desde el primer café,
crecen cuando un olor
anuncia escuetamente la leche derramada,
se reproducen con duración de días laborables
y en guardia se mantienen,
tal seguros precintos,
entre los pasajeros del tren crepuscular
que nos devuelve a casa,
al reclamo del lecho hospitalario.
El arte de vivir los lunes
sobrevive y se esconde
en vacuas reflexiones como ésta:
nada es eterno, salvo un lunes.
 
                      JOSÉ LUIS MORANTE
                      (De Población activa, 1994)



domingo, 25 de enero de 2026

EL RUMOR DE LA LUZ

Escalera de niebla
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana





                       Un poema no existe  si no se oye
                       antes de su palabra su silencio

                                JOSÉ ÁNGEL VALENTE


Alza sus brazos
la palidez del día.
Es cuanto queda.

   (Viajeros sedentarios, La Garúa, 2025)




sábado, 24 de enero de 2026

14 AFORISTAS 14 (ANTOLOGÍA)

14 Aforistas 14
Antología de aforismos inéditos
VV.AA
Javier Sánchez Menéndez (Selección y edición)
Ediciones de la Isla de Siltolá
Sevilla, 2025

 
 AFORISMOS DE JOSÉ LUIS MORANTE
 
El aspirante a personaje concede al ombligo un interés escénico.
 
Discreto, en la mirilla de la mañana pide asilo el esqueleto de un dinosaurio.
 
Mientras se aquieta la bruma, el sol es una lámpara minúscula, de segunda mano.
 
Los insectos sobre la tierra fría del sendero.  Soledad camuflada de vida.
 
La trastienda mental de quien sustituye amigos por animales domésticos.
 
Como gesto de autoprotección, espío los versos sueltos de mi vecindario.
 
La rutina carboniza el asombro.
 
Aquel vegano mantenía un oficio rentable con sus contradicciones; practicaba la ganadería extensiva.
 
Guarecidas en la laringe, las fibras del hambre se digieren mal.

Aforismos inéditos
 
 

viernes, 23 de enero de 2026

CASA VACÍA

Japón interior
(Mayo-Junio, 2025)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

CASA VACÍA

 

   En esta casa ya no vive nadie pero están todos los moradores que ocuparon sus habitaciones. Escucho su fisiología desperdigada en pasos, susurros, toses o gemidos. De cuando en cuando callan, como si se hubiesen mudado por unas horas a otro lugar. Pero siempre regresan. Esta noche olvidaron cerrar la puerta de la entrada y apagar las luces. Alguien me despertó. No supe qué decir; me siento un extraño ocupando una casa vacía. Ellos me reconfortan y justifican mi presencia: “alguien debe soñarlos”.


Fuera de guion. Casi cien microrrelatos

Editorial Lastura, Madrid, 2024



jueves, 22 de enero de 2026

HETERÓNOMOS

Desdoblamientos
Fotografía publicitaria
de
Internet

 
 
 
HETERÓNOMOS
 
 
Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto, que firmaran con los ojos,
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cuál fue la última causa
que les diera la vida.
 
Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita, día y noche,
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer,
y por lo mismo
nada en el mar de una sabia ignorancia.
(“Acaso sea el invierno…
es razón suficiente para explicar el cosmos “)
Y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.
 
A veces llora y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio,
donde  inicia el galope un sentimiento
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre, cansado,
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil
unas livianas gotas de mi nube.
 
El que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte ese pan y esta sal
que, bajo el brazo, trae la vida;
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera,
al doblar una esquina,
y tras justificarme torpemente
(“hallé la puerta abierta
y me aburría…”)
me despido gozoso y luego marcho
-el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero-
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.
 
                                          
                               JOSÉ LUIS MORANTE
                        Rotonda con estatuas, 1990





miércoles, 21 de enero de 2026

CON ÁNIMO INESTABLE (Entrevista)

Vivir en Rivas
Fotografia
de
Adela Sánchez Santana

 

CON ÁNIMO INESTABLE

 (Entrevista a JOSÉ LUIS MORANTE)

 

Por LE PETIT COMITÉ

 

   Con un itinerario plural que suma poesía, crítica y aforismos, José Luis Morante (Ávila, 1956) entrelaza en las entradas de su blog el ánimo inestable de la creación, reseñas, poemas, microrrelatos…El resultado es una propuesta rica en matices que varía casi a diario y que dura más de una década.

 Tanta actividad… ¿No se cansa?

 JLM.- Sí, mucho; la literatura es un espacio tan amplio que recorrer sus sendas a diario aboca en el cansancio; me acuesto pronto y esas primeras horas del sueño son esenciales para recuperar fuerzas y ánimos; después me despierto con las primera claridad. Madrugo, empiezo la tarea y, de nuevo, al despedirse el día, siento los genes de un hombre cansado que repite hábitos sin variar puntos y comas.

 En el blog “Puentes de papel” casi todos los contenidos se ven desde la poesía…

 Intento ser variado en las entradas, pero la poesía me parece el género esencial; es el que condiciona mi propio recorrido creador  y el que regula las lecturas diarias; dedico muy poco tiempo a la novela y más al ensayo crítico, aunque los libros que dejan más felicidad entre mis manos son los de poesía.

 ¿La poesía mantiene esa identidad de ser palabra en el tiempo?

 La definición de Antonio Machado no ha perdido vigencia; pero hay otros enfoques que no tienen fecha de caducidad y complementan la profundidad del poema: el compromiso, el canto elegíaco, la introspección, el yo solidario, el juego verbal, la imagen, la cata aforística… Y siempre hay lugar para el descubrimiento de nuevos territorios poéticos: Miguel Martínez, Julio Trujillo, Josefina Aguilar, Gerardo Rodríguez Salas, Gabriela Kizer... 

 En un ambiente tan pasajero como las vacaciones navideñas o el tiempo de playa, ¿puede seguir con sus hábitos literarios?

  La playa es la verificación melancólica de que soy un “animal de costumbres”. Mis hábitos no son estacionales, sino energía en préstamo que renuevo a diario. Soy una especie de monotonía existencial. Una verificación melancólica de lo previsible y la costumbre. Así que en mi maleta siempre hay sitio para el cuaderno de notas y el ordenador. Son el cepillo de dientes y la ropa interior del pensamiento.

 En sus lecturas, ¿algunos títulos en especial?

   No soy de los lectores que buscan el panorama insólito. El tiempo ha cimentado en mí una tradición literaria en el que reinciden voces de todas las épocas. Me gustan los regresos de la relectura, volver a leer las mismas “palabras de familia tibiamente gastadas” capaces de dar a lo conocido un matiz nuevo, una formulación original. Pero la actualidad también impone lo inmediato: así que ando y desando los capítulos de La península de las casas vacías de David Uclés, vuelvo a los aforistas franceses de Un monstruo incomprensible, una edición preparada por José Luis Trullo, o disfruto con la poesía de Rosabetty Muñoz. La gastronomía literaria tiene una variedad incontestable.

 El mar como escenario, ¿qué sugiere?

  Las imágenes del mar dibujan el panorama insólito, el encanto ideal de lo lejano, Los colores impregnan la retina, proponen un largo viaje hacia la belleza. En el litoral abundan los instantes de una realidad significativa donde el paisaje deviene experiencia estética. Su continuo vaivén nos define: somos un peso leve en un espacio de continuo fluir. Pero hay también un mar interior, un páramos ocre que recorre las ciudades castellanas y que alarga itinerarios históricos. A él retorno con frecuencia. Ávila está en el corazón.

Gracias por esta visita a la biblioteca y por los libros de regalo. Asusta un poco la cantidad de lecturas pendientes...

Gracias a vosotros y mucha suerte en esas oposiciones. La enseñanza es una tarea muy hermosa. Y sí, abruman mucho las lecturas pendientes. Así que hay que volver a la tarea.




 

martes, 20 de enero de 2026

FANTASMAS

contraluz
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

FANTASMAS
 
   Sin saber el motivo, guardo desde niño todos mis fantasmas. Mi precaria economía de certezas sugiere que tal vez perduran, ajenos a cualquier variación, porque nacieron en un tiempo de asombro y atestiguan la configuración exacta de lo perecedero.
   Sus pasos huelen a caserón deshabitado. Mientras leo, ocultan entre las páginas del libro el cobijo de voces donde se traspapela la nostalgia. Juntos percibimos el repliegue del día en el crepúsculo y la arisca llegada de la noche. Nada codician, salvo la larga deuda de seguir conmigo. Son el tazón de caldo que bebe mi alegría.


 Cuentos diminutos



lunes, 19 de enero de 2026

TACHADURAS ( NOTAS DEL DIARIO)

Andar a solas
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 
TACHADURAS
 
Soy un diletante a quien da pereza emprender la tarea de rehabilitar algunas amistades convertidas en pedregal.
 
El escepticismo siembra artrosis en el pensamiento.
 
El crítico hace apología de la ambigüedad con un lugar común: “estilo peculiar”. Cuando nos cae encima no sabemos si acudir al servicio de urgencias del centro de salud, o al confesionario de una iglesia, para que nos den la absolución.
 
A diario en las redes sociales, el botón del pánico. Alguien enciende un mechero para quemar una identidad y de inmediato un voluntariado entusiasta muestra su disposición a ser verdugos. Es gente en apariencia normal, que guarda dentro el más oscuro de los ascos.
 
Aprendo a abrir el paraguas en el orvallo de la adversidad.

(Apuntes del diario)




 

domingo, 18 de enero de 2026

TENSAR EL ARCO

Pulso firme
Imagen de
Malheatre.fr




Tensar el arco.
Que viajen en la flecha
certeros ojos

                                      (Viajeros sedentarios)

 


sábado, 17 de enero de 2026

LA SEMILLA

Barbecho
Archivo Freepick

 
LA SEMILLA
 
En la fragilidad de la semilla
hay un rumor en curso
donde pliega sus alas el prodigio.
En él escarban
futuro las raíces
y vislumbran los troncos
tercas ramas
que buscan en el aire
el golpe sostenido de la luz.
 
Somos en la semilla
reflujo de estaciones
y sombras anegando
un tragaluz con pájaros.
 
A resguardo, consigo,
suelo adentro,
en la semilla insiste
el pulso cardinal de otra semilla.

                              (Inédito)




viernes, 16 de enero de 2026

PLANOS CORTOS

Paseo con Woody Allen
Oviedo con lluvia
Fotografía de
Adela Sánchez Santana

PLANOS CORTOS
 
Hay traslaciones existenciales coherentes, que no amortiguan nunca su compromiso con la mentira, esa verdad distinta.
 
*
 
En Jerry Lewis y otros cómicos ocurrentes son gemelos el sentido del humor y el sentido del ridículo.
 
*
 
La incertidumbre del final abierto ilumina este pensamiento de Hegel: “Pensar el límite es traspasarlo”. Concluir es principio, sembrar una semilla, una raíz aérea.
 

Hecha de nada, esa lesiva imperfección del crimen perfecto.
 
*
 
Palabrería visual con tendencia al hacinamiento.
 
*
 
Mientras veo cine histórico, como topo cava dentro el “no fue así”.
 
*
 
Hay guiones tan empinados que mueren en el comienzo del pasamanos.
 
*
 
Un temperamento ecuánime; despoja la ficción de lo imaginario. 

(Del libro de aforismos PLANOS CORTOS)





jueves, 15 de enero de 2026

PADRÓN MUNICIPAL

Voces y ecos
Fotografia
de
Archivo Freepick


 

PADRÓN MUNICIPAL

 

  En la casa del tiempo, ellos habitaron esperas sin regreso. Encontraron a solas el lugar. Julio Cortázar era escritor porteño; había nacido en Bélgica y residía en París. Con precisión de niebla, Jorge Luis Borges hizo suya la patria de Ginebra, un reducto con lago que nunca detectó su ceguera argentina y su apariencia inglesa. Cansado del paisaje y sus latidos, Juan Carlos Onetti se quedó en la cama; guardaba en la mesilla un billete de ida desde Montevideo hasta Santa María. Alejandra Pizarnik sigue ausente en el bosque materno del poema. Afloran en el padrón municipal, itinerarios de vivos y muertos. Son memoria. Siluetas en el aire que ahora buscan la nada y el silencio entre mis libros.


(Del libro Fuera de guion (Casi cien microrrelatos)



 

                                                     

 

miércoles, 14 de enero de 2026

JOSÉ LUIS TRULLO. UN MONSTRUO INCOMPRENSIBLE.

Un monstruo incomprensible
Retablo de moralistas franceses 1600-1850
José Luis Trullo (editor)
Traducción de José Luis Trullo y Miguel Ángel Real
Editorial Renacimiento
(Colección A la mínima)
Sevilla, 2025

 

RETABLO CON FIGURAS

 
   En el aleatorio recorrido de la brevedad por la calzada de la Historia advertimos que, con frecuencia, la concreción enunciativa del aforismo está marcada por el carácter didáctico. Es una estrategia con dimensión colectiva; pretende transmitir una normativa ética, un conjunto de principios de validez común. De este empeño reglado de socialización se nutre parte del legado aforístico clásico. Desde Grecia y Roma la escritura hiperbreve expande, sobre la mesa del lenguaje, indagación cognitiva y conciencia moral. El espíritu renacentista supone un cambio de rumbo al introducir la perspectiva humanista. Se revaloriza el logos en el análisis de la moral cívica y la conducta humana.
  La indagación en la textura existencial del hombre común consolida la voz confidencial con las aportaciones de Francesco Guicciardini y Baltasar Gracián. Este será el principio necesario que hará de los moralistas franceses, durante los siglos XVII, XVIII y mediados del XIX,  un episodio central de la consolidación normativa del género.
  El aserto “Moralistas franceses” merece un breve análisis del editor. El término es de origen latino, “More” (costumbre) y define el propósito de orientar actitudes mediante principios estables. Los moralistas juzgan la conducta humana, constatan sus disonancias y apuestan por enaltecer una dimensión colectiva en la que prevalezcan vectores como el bien, la belleza y la verdad. Ese sería el hilo conductor del grupo de pensadores, florecido en territorio francés, seleccionado por el antólogo, y traducido al castellano en común por José Luis Trullo y Miguel Ángel Real, profesor, aforista y traductor con amplia experiencia en el legado cultural francés.
  Presencia imprescindible en la consolidación del decir conciso actual, José Luis Trullo (Barcelona, 1967) es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Y realizó estudios de Doctorado en Filología Románica. Su activismo creador impulsa un taller plural que engloba poesía, traducción, aforismos y análisis críticos. Es editor de la revista Humanistas, director del apartado de aforismo de la revista Culturamas y colaborador de otras cabeceras digitales.
  El espacio lacónico estudiado incluye a Madeleine de Souvré (1599-1678), La Rochefoucauld (1613-1680), Blaise Pascal (1623-1662), La Bruyère (1645-1696), Vauvernagues (1715-1747), Malesherbes (1721-1794), Chamfort (1741-1794), Rivarol (1753-1801), Jouvert (1754-1824) y Chateaubriand (1768-1848). Son rutas consolidadas con fuerte repercusión posterior. El antólogo, tras el mínimo apunte biográfico, se centra en la pulsión de cada autor para dar breves trazos del discurrir vital. Todos rastrean nuestra condición transitoria y el sentido existencial del ser. En la remansada superficie del discurrir critican la convivencia social, empeñada en anteponer el interés individual a la relación colectiva. Cada legado toma conciencia y se hace registro en la introspección. condiciona, en mayor o menor medida, la lucidez estética y la perspectiva escritural.
   La escasez de voces femeninas de la tradición aforística convierte casi en un gesto subversivo la apertura de la selección con Madeleine de Souvré, marquesa de Sablé. La aristócrata alentó el más celebrado salón literario de su tiempo y escribió máximas o sentencias morales con aliento irónico. Puede considerarse, por tanto, precursora de grupo. Su quehacer conciso parte de la reflexión interior, del conócete a ti mismo, para, de ese modo, ser capaz de asomarse a los demás. Pretende clarificar la grandeza del entendimiento indagando defectos y virtudes de cada conciencia.
  La escritura de La Rochefoucauld se define como “Máximas de un hombre desengañado”. Su breve libro Reflexiones o sentencias y máximas morales explora con ironía y honestidad ese entorno de fingimiento y desolación de la plaza pública que disimula escombros, inmundicias y sinuosidades, detrás del escenario de las apariencias. El amor propio mitiga esas cicatrices de la experiencia vital que desazonan. Su mordacidad descubre que la verdad está lejos del ideal y la mentira coloniza campos enteros de la vida social y afecta a los trazos del propio sujeto que habita nuestros espejos.
  El genio humanista de Blaise Pascal, quien tuvo una esmerada formación intelectual, se aplicó indistintamente a ciencia y religión.  Las convicciones se acogen en “Los pensamientos de un alma en vilo”. Pese a su temprana muerte, dejó una heterogénea herencia como físico, matemático, inventor, teólogo y filósofo. El desasosiego religioso impulsa su cercanía al debate teológico de la Abadía de Port-Royal. Como caña pensante, el hombre personifica una amalgama de creencias y afectos; la conciencia personal con frecuencia se ve contaminada por las sombras. La nada parece ser el destino final de la existencia. El libro Pensamientos enaltece la necesidad de Dios y la fuerza salvadora de la religión. Solo la búsqueda sincera de la verdad concede reposo al desaliento.
   El anhelo de verdad está muy presente en la filosofía de La Bruyère, cuya obra, un conjunto de piezas literarias breves, ajusta sus trazos al retrato de sociedad, hecho con cercanía e indulgencia. Miembro de la Real Academia desde 1673, su exitoso balance literario justifica la consideración de ser una voz fuerte, capaz de reflejar el carácter moral de los contemporáneos. Su libro es el espejo de una época. Incansable observador, La Bruyère descarga en el sujeto la capacidad de ser testigo sensible de la realidad. Así se fortalece una visión crítica que depura lo que ve y multiplica interrogantes existenciales.
  El aporte intelectual de Vauvenargues, persistente lector de Plutarco, se estudia en Introducción al conocimiento del espíritu humano, seguida de algunas máximas y reflexiones. Las anotaciones objetivan, con sencillez y profundidad, el conocimiento del ser y del mundo, buscando un equilibrio de moderación entre luces y sombras, entre visión candorosa y nihilismo. Considera que la razón necesita el pulso sentimental para no ser áspera y fría. Las capacidades cognitivas alumbran claridad. Dado que nuestro entendimiento es insuficiente, hay que cultivar la voluntad y poner luz a la incertidumbre con espíritu reflexivo y tolerante.
   Jurista, político y consejero real, Malesherbes tuvo una participación social muy notable en el ambiente cultural de la época. Polemista y defensor de la libertad de prensa, murió guillotinado en el negro periodo de terror de la Revolución francesa. Con sensibilidad clásica, sus máximas convierten razón y justicia en asideros intelectivos. Al cabo, “las mayores verdades son en general las más sencillas”. En ese camino singular del entendimiento los textos sapienciales conforman un discurso de prudencia y espíritu tolerante.  
  El apartado dedicado a Chamfort recuerda el temprano reconocimiento por sus poemas y piezas teatrales. La mala salud condicionó una persistente melancolía y un ánimo pesimista. El instructivo moralista percibió en primera fila el desvarío jacobino de la Revolución francesa y su empeño en  hacer del precipicio un andén de llegada. Las máximas y reflexiones difunden una gélida desolación. Su pensamiento expande una incontinente tormenta de sombras. La voluntad de las palabras es estéril, no cura los más doloridos sentimientos. Las máximas y pensamientos de Chamfort son la estela de un hombre vencido; la amargura de un enfoque pesimista, como si la presencia de alguna esperanza no fuera sino un espejismo que se obstina en mentir a cada instante.
   La vida de Rivarol fue una continua búsqueda de fortuna. Ensayista y panfletista, sus máximas se leen como “los pensamientos de un espíritu inquieto”. Fue un enemigo declarado de la revolución francesa, lo que impulsó su persecución y exilio, hasta el definitivo asentamiento en Berlín. Su brevedad está marcada por la claridad y el rigor. Deja patente su ingenio, y una inconfundible mezcla de ironía y humor. La filosofía de Rivarol entiende la vida como una floración de frustraciones, un cúmulo de estaciones de paso que espera ese tren que no lleva a ninguna parte, salvo a los trampantojos de la esperanza, esas oquedades ilusorias de lo temporal.
  Joseph Jouvert personifica un incansable compilador de aforismos. Sus teselas representan el vínculo de transición entre los moralistas franceses y la naciente sensibilidad del romanticismo. Convergen en la escritura lacónica de Jouvert filosofía y poesía; el empeño de brevedad y la precisión más extrema. La sensación que deja la lectura de Jouvert es que los grandes temas de la conciencia humana necesitan el amparo reflexivo del pensamiento. Todo lo que pensamos es preciso pensarlo con el ser completo; con el alma y el cuerpo porque ser natural en el arte es ser sincero.
  El romántico Chateaubriand, personaje de exaltada biografía, firma la cosecha mínima final. El autor de Memorias de ultratumba promueve en sus fragmentos aforísticos el análisis de la vida social con resentimiento, como si el quehacer colectivo estuviese amenazado de continuo por un principio de destrucción. Entiende que las mejores quimeras de la existencia son inalcanzables porque la naturaleza humana está marcada por la miseria y no por cualidades superiores como el genio y la virtud. 
   Un monstruo incomprensible toma su título de un pensamiento de Blaise Pascal. El yo pensante es un principio generador de contradicciones e incertidumbres, por más que la razón se empeñe en ordenar el pensamiento. Con nitidez y armonía, José Luis Trullo deja un ajustado registro nominal de los moralistas franceses y de su destacada voluntad de penetrar en el fondo de la condición humana. Un itinerario de voces consolidadas que ensancha el camino lector mediante el sentimiento y el paso libre y ligero de la inteligencia.
 
JOSÉ LUIS MORANTE  
 


 
  

martes, 13 de enero de 2026

CALLES SIN NADIE

el rumor de la sombra


 
ALCANTARILLAS
 
 
Se aposenta la noche.
El rojo escalofrío
de una rata furtiva
distancia mi linterna.
 
Cerca suena un goteo
con trasiego de sístole.
Extraña percusión
que contamina
el manchón aterido de los muros.
 
Aquí  yace dormida la belleza;
su destello recuerda sin palabras
que ningún cielo existe.
 
En el hedor, la náusea,
el escorpión de los desasosiegos.
Pero nada socava
el afán de seguir.
 
Camino a tientas,
por las calles sin nadie
de la angustia.
Sé que soy mientras busco.

                       (Variaciones) 
 

lunes, 12 de enero de 2026

PUERTAS AL NORTE

liquidación por cierre
Archivo general de internet

 

PUERTAS AL NORTE

 

            Pensar más de lo que  encuentra ya pensado

 T. W. ADORNO

 
El aforismo aspira a la verdad, pero no es la verdad.
 
Los que al hablar de poesía hablan en prosa aspiran a ser poder literario, vivo e inmediato.
 
Despiertas y estás ahí, o no.
 
El entorno demuestra que ser normal es una figura distópica.
 
Si el desarraigo cobra forma, se me parece.
 
Soy un escritor realista. Sueño mucho.
 
La puerta y su perpetua discusión con la cerradura.
 
Desde hace años milita en el servicio incondicional de la estupidez.
 
También los afectos mantienen su vocación de austeridad.
 
 
 

domingo, 11 de enero de 2026

CICLO DEL AGUA

Artesanías
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


 

CICLO DEL AGUA

 

             Geografía íntima

 

    La frágil transparencia de aquel río se confundía con su piel desnuda. Era una cualidad que extremaba las sensibles respuestas a los cambios de temperatura. De madrugada, el agua era sólida; con las primeras briznas de sol se licuaba y a mediodía las altas temperaturas tejían en el cauce redecillas de niebla, en un artesanal proceso íntimo de nubosidad variable.

Cuentos diminutos




 

 

sábado, 10 de enero de 2026

MARINA CASADO. EL MAR QUE NADIE MIRA

Un mar que nadie mira
Marina Casado
46 Premio Literario Kutxa Fundazioa
de Poesía en Castellano
Editorial reino de Cordelia
Colección Los Versos de Cordelia
Madrid, 2025


MAREA ALTA

   La propuesta literaria de Marina Casado (Madrid, 1989), profesora de Lengua Castellana y Literatura en un instituto público madrileño, Licenciada en Periodismo y Doctora en Literatura Española, conforma una inquietud creadora en mutación constante. El taller aglutina, con sosegada convivencia, poesía, narrativa, artículos de prensa, ensayo y crítica. Son puntos de horizonte que establecen un amplio campo de conocimiento al explorar las posibilidades objetivas del lenguaje.
   Su nuevo trabajo, El Mar que Nadie Mira, reconocido con el 46 Premio Literario Kutxa Fundazioa de Poesía en castellano, reproduce en su hermosa cubierta un fragmento de un cuadro de Edvard Munch, de quien son también algunas ilustraciones interiores, y muestra en el título un elemento de amplia fuerza simbólica: el mar, siempre dispuesto a la percepción del hablante lírico por su trascendida dimensión espiritual.
   Organizado en cuatro apartados, la primera parte, titulada con expresiva contundencia “El mar“, compila dieciséis composiciones, precedidas de una dedicatoria con emotivo epitelio sentimental: “A Fran, faro en la tormenta”, y de citas sensitivas de Rafael Alberti, Francisco Brines y María Victoria Atencia, que conectan entre sí porque hacen del vaivén azul de la marea clave argumental.
   Quienes hayan disfrutado de la poesía de Marina Casado, desde su etapa auroral, recordarán que sus textos despliegan una sensibilidad confidencial, una voz elegíaca, que hace del fluir temporal un vértice continuo de reflexión por su condición transitoria. La poeta retorna en Un Mar que Mira a percibir la existencia como una forma de enfrentarse a un tiempo escurridizo y cambiante, donde la escritura es lo que queda cuando desaparecen las vivencias. En esa caligrafía el sujeto percibe la vulnerable identidad y el carácter paródico de la realidad descubierta: “Mi historia es diminuta como un mundo. / En un instante descubrí / la hermosura y la muerte / dormidas sobre aquellas flores blancas.”.
   Los versos tienden al despojamiento para profundizar en la contemplación reflexiva y preservar un espacio interno marcado por el sueño y la idealización. Quien viaja por dentro cuida a resguardo un mundo propio de cristal, un territorio de asombro en el que sobreviven verdad y belleza. El cuerpo aspira a reconocerse en lo ideal, por más que marquen el territorio de lo cotidiano los límites de la memoria, los materiales de una evocación hecha de secuencias discontinuas. La luz encendida del recuerdo reconcentra el pensamiento; pero deja también pétalos de sombra, la inexistencia y la pérdida, como afirman los versos de “Un mar que nadie mira”: “La noche se ha despertado. / Imágenes sin nombre / dentro de la memoria, / mimetizan la luz / de todo cuanto amaba; / a hurtadillas, defienden / la persistencia inútil del recuerdo”.
  En el avance lector se impone la melancolía. Marca lo vivido como un jardín que se fue despojando hasta convertirse en un albergue lejano: “Otros sabrán de mí, porque me pierdo”. Cobra fuerza la figura del padre que impulsa la escritura de composiciones como “Vacas”, donde el asombro infantil es compartido con el lógico escepticismo paterno ante lo mágico. También “la muerte” habla de una ausencia que trasmite dolor y orfandad, esa escarcha invernal de quien no entiende el frío de estar solo. Convulsionado por la ausencia, el registro evocativo se hace meditación y nostalgia.
   La segunda parte del libro, “Escondites” dispone como entrada una cita de Ida Vitale: “Quedar sola, gritando como un árbol”. La cercanía del paisaje suma al periplo biográfico los reflejos de la pupila indagatoria. Los poemas describen con minuciosa insistencia los lugares de paso del pretérito, esos espacios que marcaron senda a la evocación. Las palabras del poema reconocen la fuerza introspectiva de otros días, como si volver los ojos permitiera recuperar el legado de luces y sombras del patrimonio sentimental.
   “Escondites” se cierra con tres poemas que nacen de referentes culturales: “Jim Morrison contempla El jardín de las delicias”, el poema “Edfu”, inspirado en el templo egipcio construido en la ribera del Nilo, y “Thot”, también dictado por la escenografía histórica egipcia.
   En el tercer tramo, “Los que duermen”, el afán del poema siembra certezas sobre nuestra condición temporal y transitoria. Dos sueños nos habitan: la finitud y el lenguaje que explica y da sentido. Los sedimentos vividos conforman los estratos del insomnio. Sus dibujos gastados habitan la sombra, ponen andamios a la melancolía y dejan en el pensamiento una noche enquistada.
  Desde la voz intimista de Pedro Salinas, abre su voz el apartado “Certeza”. El amor despliega su terapia y se hace amanecida. Es mano tendida que sostiene también en el derrumbe. Con un fondo de música, la calidez retorna, se hace fuego y temblor, latido solidario: “Nosotros solo poseemos el amor / y una paciencia demasiado frágil / para multiplicar los pájaros. / y conseguir que un día / este piso tan blanco, tan ajeno, / pueda llamarse hogar”.
   El poema “Génesis doméstico” es una hermosa evocación del comienzo. En la epifanía del amor, ya convertido en presencia fuerte, está todo por hacer. Poco a poco se pulen desniveles y sombras, se va amueblando el salón vacío de la soledad y se hace de las voces del corazón un anclaje que busca la calidez del mito, las mejores historias de amores y de amantes, capaces de dar lumbre al círculo polar.
   Entre la evocación y la elegía, Un Mar que Nadie Mira marca el discurrir de una emotiva biografía sentimental. Evoca las huellas paradójicas del existir, entre la pérdida y el comienzo, entre la fugacidad y esa pulsión de golondrina en vuelo que llamamos amor.

JOSÉ LUIS MORANTE



viernes, 9 de enero de 2026

DESAPARICIONES Y OCASOS

La luz sin nadie
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

DESAPARICIONES Y OCASOS

 

   Desde hace semanas, no estoy. Ignoro si mi ausencia es un ocaso transitorio, o una voluntariosa huida hacia los pedregales de ninguna parte. Así que ando aplicado, con los sentidos afanes que tengo todavía, en la tarea de encontrarme. No sé vivir a solas, sin esa voluntad que me despierta en medio de la noche recordando a media voz el inventario de asuntos pendientes.
   Durante algunos años pensé que daba cuerpo a un sujeto centrípeto e indivisible, destinado a vivir en el monolito de mi identidad. Nunca imaginé esa atracción interna por la vida nómada. Me doy prisa en la búsqueda, antes de que empiece a olvidar el campo ralo de mi ausencia. 

Cuentos diminutos







jueves, 8 de enero de 2026

JUAN ANTONIO MORA RUANO. DIOSES EFÍMEROS


 
Dioses efímeros
Juan Antonio Mora Ruano
Prólogo de Guillermo Fernández Rojano
Editorial Corona del Sur
Málaga, 2025

 

UN ÁRBOL DE VOCES 


   Guillermo Fernández Rojano (Jaén, 1957), Doctor en Filología por la Universidad de Jaén, profesor universitario, profundo estudioso del legado poético de José Viñals e impulsor de una travesía creadora que tiene su primera entrega en 1981, tras el viaje crepuscular del ideario novísimo, hace de la materia verbal una cala meditativa sobre la ontología del sujeto, desde un enfoque crítico, nihilista, y ajeno a cualquier conformismo burgués. El reconocido poeta andaluz es el encargado de escribir la introducción del poemario Dioses efímeros de Juan Antonio Mora (Andújar, Jaén, 1950), que cuenta en su presentación formal con la ilustración de cubierta e interiores de Rafael Toribio.
   La apertura de Guillermo Fernández Rojano advierte, de inmediato, de las mareas interiores que alientan la pulsión literaria de Juan Antonio Mora: la denuncia constante de un sistema económico y político desapacible, que solo genera riqueza y prosperidad en unos pocos a partir de la explotación de la mayoría y de la esquilmación sistemática del entorno natural y el patrimonio de sus recursos, y la necesidad de no ceder al derrumbe ético y hacer de la poesía resistencia, una forma de ser y de salir al día. Son dos motivos básicos que, con los habituales matices expansivos, han fortalecido una suma de entregas profundamente emocional y cercana. El poeta de Andújar singulariza una manera de habitar el poema que el poeta, ensayista y crítico Alberto García Teresa ha denominado, con precisa argumentación: “Poética de la claridad”. En este poner sobre la mesa las cosas claras colabora un suelo argumental que reitera componentes: la ciudad, las relaciones personales, el amor, las hendiduras de la memoria, la denuncia crítica ante los desajustes sociales y el desasosiego existencial.  Frente a esos dioses efímeros que se ofrecen como tablas de salvación en el naufragio, y siembran falsas esperanzas, desde la religión, la riqueza, o el consumo, la poética de Juan Antonio Mora se hace lumbre revolucionaria; los poemas convierten al sujeto verbal en un árbol de voces contra la injusticia que no se resigna al silencio; que participa en esa senda del nosotros. Vivir es trasiego diario en vigilia y búsqueda de un horizonte de esperanza.
  Como en libros anteriores, y de modo especial en las entregas El corazón del mundo (2023), Los sitios del dolor (2024), La ciudad y yo (2024) y El delirio de la palabra (2025)el poeta concede una gran importancia al pensamiento de los demás. Y emplea como estelas pensativas citas de abundantes autores del canon: Pascal, Pasolini, Tomás de Aquino, Agustín de Hipona, Francisco Umbral o de escritores cercanos a su entorno afectivo como Jorge Riechmann, Juan Carlos Mestre y Ricardo Virtanen, quien aporta un buen puñado de aforismos.
   Desde la necesaria orilla de lo emocional, tan evidente en la dedicatoria: “A Charo siempre y a mi hijo adorado”, con la estrategia expresiva del poema conciso, y con clara tendencia al decir lacónico del aforismo, la voz de Juan Antonio Mora escribe como composición de entrada “primer esbozo” (Canto inútil)”, el personal homenaje del poeta a las víctimas de la dana; los versos iluminan los claroscuros de tragedia  y muestran el dolor que intensifica la impotencia. Solo ante esa estela de delirio que busca esperanzas en la nada, las palabras muestran las obsesiones de la escritura para desplegar interpretaciones sobre la existencia, porque para el autor, los verdaderos poetas son aquellos que no les incomoda la verdad, cuando sufren la inestabilidad frágil de la vida; las dimensiones de un entorno que rebosa incertidumbre y arrincona a los pobres con una bochornosa especulación incesante.
   Queda el amor como un sueño revolucionario que da fuerza y compañía. Que da sentido a la  actitud indagatoria del sujeto que recorre un sendero de reflexión y utopía. El enamorado, convertido en observador y testigo del discurrir existencial, hace de la amada una fuente de luz, un símbolo de justicia, libertad y sueños en vuelo. El conjunto de poemas de Dioses efímeros, en su desnudez, comparte una sencilla cimentación formal. Afronta desde la soledad un nítido esfuerzo personal por hacer de la confidencia subjetiva una superación de carencias y una reflexión humanista. Quedan las incisiones de un horizonte verbal, ajeno a cualquier molde marcado por un ideario estético de rehumanización y compromiso.
   Juan Antonio Mora en la fertilidad incansable de su madurez literaria, redobla en los poemas de Dioses efímeros su confianza en la palabra como refugio del superviviente. Nunca se doblega a la triste respuesta del silencio. Cruza de nuevo el puente entre escritura y vida para fortalecer la cercanía del sujeto literario y su cálida fraternidad.. Nos queda el todavía, ese camino donde busca regreso la esperanza.

JOSÉ LUIS MORANTE