domingo, 13 de octubre de 2013

LAS COSAS NECESARIAS

Ávila, octubre de 2013


Las cosas necesarias

La nieve y el café,
porque la realidad es caprichosa
y se nutre de roces que suscitan
el parpadeo de la evocación.

Las plumas de escribir
con tinta azul,
un color prestigiado
que deja sobre el folio olor a cielo
y el sosegado tacto de la espuma,
cuando la bajamar.

Las gafas que esclarecen el pasado.
(Mis gafas nunca miran el futuro;
me provoca presbicia ).

El cuaderno de apuntes,
por si acaso el poema
asoma en el cristal, inesperado.

Y anclada en tierra firme
cualquier calle
del laberinto urbano,
con una dirección irreductible
que me lleve ante ti.

     (Del libro Ninguna parte,
      La Isla de Siltolá, Sevilla, 2013)

viernes, 11 de octubre de 2013

AFORISMOS DE OCTUBRE



Aforismos de octubre

Hierro galvanizado. La hormiga abandonó su galería y saca pecho. 

Alzó los ojos. Fijó su mirada en mí, como si me viese por primera vez. 

Hablo mucho conmigo. Pero no me entiendo. Vocalizo mal los afectos. 

Cuando el decaimiento golpea fuerte en el cristal del día, hay que estar prevenido, por si lo rompe.

Una vanidad sobria, de uso privado.

Racha; esa porción de tiempo en la que todo camina a tientas.

 

 

 

miércoles, 9 de octubre de 2013

EN LA LIBRERÍA ALBERTI


 

Antes de una lectura:
 
“ Porque la memoria es injusta, hoy quiero comenzar por el final, por anotar las deudas contraídas que deja en mis manos el libro Ninguna parte. Debo la respiración de sus poemas a Javier Sánchez Menéndez, poeta y editor sevillano, que abrió camino hasta La Isla de Siltolá. Lola Larumbe me abrió su casa, esta quietud de libros, hospitalaria y cómplice, donde he escuchado la voz de tantos amigos y maestros. Hoy conmigo, en la misma acera del afecto, Javier Lostalé, que dio forma y palabra a muchas horas de amistad. De mi estima por un puñado de nombres propios que me acompañó estos años dejo constancia en la dedicatoria, Y naturalmente, mi deuda con todos ustedes que hoy me acompañan y abandonaron en cualquier rincón el gastado papel de las excusas para viajar juntos hasta las impresiones y paisajes de Ninguna parte. A todos: muchas gracias...
Nos pasamos la vida buscando lo que no está en Ninguna parte. Todos perseguimos la quimera de la felicidad, esas huellas en la arena que al final de trayecto nos dicen que la meta fue cada uno de los pasos que hilvanamos para llegar hasta el final. Lo dijo Kavafis en un verso memorable que todos recuerdan y que da sentido a la amarga ceniza del adiós.
“Patologías”, la primera parte de este poemario sevillano está invadida por el desajuste existencial; la erosión del tiempo en el entorno más próximo y en la propia encarnadura incrementa la dependencia de lo fisiológico; el desgaste nos convierte en seres dependientes y vulnerables que hacen de la incomunicación una resignada espera en la que se va ratificando el final. La existencia entonces se torna oscuramente dramática y dispara el sentimiento de culpa.
Mucho más optimista, el segundo bloque, “Deshielo” hace del amor y la amistad una forma de estar en compañía y compensar carencias. Los sentimientos son hálito fundamental para seguir el viaje o para recorrer trayectos que mudan paisajes y afectos. Poemas para una habitación con luz.
La existencia, como decurso temporal, conlleva una inevitable cesación. El epitafio no es sino la voluntad de seguir hablando cuando consumimos el turno de palabra que de este modo se convierte en rebeldía frente al silencio.
Nunca entendí la poesía como algo misterioso e inefable, sólo al alcance de iluminados que esperan la azarosa llegada de la inspiración. Creo en ese trabajo intelectual que transforma lecturas y vivencias en expresión lingüística. Esta consideración del ideario poético está presente en el último apartado, “Y todo lo demás…” que difunde impresiones sobre asuntos internos de la literatura: el mensaje, la expresión comunicativa, la distancia entre idea y logro, la identidad del yo lírico…Literatura.
Pretendo que Ninguna parte, por su constitución interna, sea expresión fiel de una mirada de pautas crepusculares, cuyos contenidos mezclan imágenes y sentimientos. Son los ojos del ocaso, aunque no olvido que el anochecer siempre tiene un inseparable enlace con la amanecida, una íntima simbiosis. Nos quedan las palabras, los afectos y la esperanza.

ejemplares de Ninguna parte esperando lectores
Fotografía de Javier Cabañero
Javier Lostalé y José Luis Morante
Librería Alberti de Madrid
Fotografía de Javier Cabañero

 
 
 
 
 

lunes, 7 de octubre de 2013

UNA ENTREVISTA EXPRESS.



Entrevista Express a José Luis Morante

José Luis Morante presenta en la librería Alberti, de Madrid, su poemario “Ninguna parte” (Editorial La isla de Siltolá-Colección Tierra nº4) En él nos muestra el camino recorrido, un entendimiento del ser desde una perspectiva emocional. Retazos de su vida en cada  verso.
Pregunta: El libro se divide en cuatro partes. Patologías, Deshielo, Piedra caliza y Todo lo demás. La primera parte se fragua a raíz de una hospitalización en la que, según cuentas, reflexionas sobre la fragilidad de la vida. ¿Existiría “Ninguna parte” si no se hubiera dado esa circunstancia?
JLM.-  Es verdad que el libro tiene una clara conexión con una etapa biográfica; por tanto los poemas serían otros. Pero el paso del tiempo y la meditación sobre la pérdida son motivos recurrentes de mi escritura. Ya se sabe; somos el tiempo que nos queda.
Pregunta: En una entrada de tu blog lanzas una pregunta "¿Para quién escribo?" y tú mismo  respondes “Acabo aceptando que no sé para quien escribo. Continúo buscando respuesta” No ha pasado mucho tiempo desde que salió a la luz “Ninguna parte” pero tras leer las primeras opiniones y tener contacto con los lectores, ¿crees haber encontrado una?
JLM.-  Mi habitual torpeza tampoco esta vez ha encontrado vetas nuevas; aún así, creo en la escritura como necesidad y suelo escribir porque forma parte de mi forma de entender la vida diaria. Que además de encontrarme conmigo mis libros encuentren nuevos lectores es un premio personal al trabajo diario y una alegría.
Pregunta: “Ser poeta es un oficio artesano que requiere unas gotas de talento y un puñado de voluntad. Y sembrar las palabras con mucha ternura.” Esta hermosa frase la he encontrado en uno de los muchos comentarios con los que nos deleitas a tus seguidores. “Ninguna parte” es una poemario que te ha llevado cinco años escribir. Ser poeta es un oficio difícil y duro que además de sentimientos requiere mucha disciplina ¿Cuánto de cada cosa vamos a encontrarnos en él?

JLM:- Trabajo en la escritura todos los días. Muchas horas. Tengo  una clara tendencia a perderme  entre libros y la lectura forma parte vital de mi existencia. Leo, escribo, rompo, cambio, leo, escribo…. Son ciclos continuamente renovados que exigen un poco de luz y que a veces logran plasmar lo que realmente quería.  No creo en el genio sino en el artesano que labora.
 
Pregunta: “Náufrago” es un poema que nos habla de la posesión como algo pasajero, efímero. “Nueva York” se muestra ante tus ojos con la sorpresa del viajero de paso que ansía verlo todo sin buscar nada en especial. Los dos son viajes, cada uno en un plano distinto de la existencia, el emocional y el físico ¿Existiría “Ninguna parte” si no convivieran estas dos maneras de viajar?
JLM.- Me acuerdo de aquella idea de Kavafis: “Ítaca es el camino”. Estoy de acuerdo, la vida exige un desplazamiento continuo, sea interior o exterior. Ambos itinerarios aportan felicidad y conocimiento, desolación y sombras. Así que hay que seguir viajando.
Pregunta: “Después de tanto buscar/ Nunca sé lo que busco” ¿”Ninguna parte” como destino o como sentimiento de no llegar nunca al lugar deseado?
JLM.- Como ambas cosas, un libro es una conversación en voz baja que permite la cercanía de gente como tú; los andenes que prefiero no son espaciales sino sentimentales y afectivos. Soy más feliz cuando estoy cerca de mis amigos.
Gracias a José Luis Morante por darme la oportunidad de colaborar en su blog. Ha sido un placer.

Dolores Leis Parra
escritora

                   

sábado, 5 de octubre de 2013

KARMELO C. IRIBARREN. LUCES.

Las luces interiores
Karmelo C. Iribarren
Renacimiento, Sevilla, 2013

LAS LUCES INTERIORES
 
 La obra Seguro que esta historia te suena reúne el quehacer lírico de Karmelo C. Iribarren, nacido en San Sebastián en 1959. Editada por segunda vez en 2012, aglutina las entregas que preceden a Las luces interiores, desde el lejano cuadernillo, Bares y noches, amanecido en 1993. Entonces el realismo figurativo ampliaba sendas que cimentaron una corriente denominada, casi de inmediato y sin muchos matices, “realismo sucio” por las supuestas deudas con Charles Bukowski y Raymon Carver.
  El conjunto permite un ajustado perfil estético. Deja ante el  lector una estela continua, sin fisuras ni quiebros contradictorios. Secuencia libros con singular coherencia, aplicando matices y buscando la argumentación del poema en motivos como los paisajes urbanos, el devenir diario, la convivencia con los demás, los actos y pensamientos del sujeto frente a sí mismo... También en lo formal se enuncia, desde el inicio, una escritura sobria y precisa, una poda severa de retórica, una dicción comunicativa que deja campo a lo social,  y una supuesta fusión entre el personaje y el sujeto biográfico, aunque cada identidad aporta siempre el componente ficional y especulativo de lo imaginario.
   La salida de Las luces interiores, sólo un año después, alude a la capacidad del poeta para transmitirnos un modo escritural que requiere la inmediatez del mensaje. En los versos se entrelaza el ser fugaz del entorno y la necesidad de perdurar a través de un testigo dispuesto -el sujeto textual- que da cuenta de sus impresiones, con el énfasis en sordina: “Me senté/ en la terraza. / El silencio/ era absoluto. / Veía encenderse / y apagarse / las luces interiores / de las casas. / Un viento suave, / húmedo, / me acariciaba  / el rostro… / Es el mundo / -me dije, / y es un lugar / maravilloso.” Ese estado de felicidad transitoria supone una serena aceptación de la fragilidad existencial, una ausencia de resentimiento y la certeza de que el patetismo se lleva mal con la alegría de un sentir ético que no aguarda ninguna redención trascendente y se muestra conforme con la realidad, aunque esta se empeñe todos los días en revisar y corregir nuestros sueños. Lo que sucede está, es tangible y conforma una existencia que marca el paso con traje de calle y viste preocupaciones corrientes, que afectan a cualquiera.
   La poesía de Karmelo C. Iribarren se siente cómoda en los espacios reales, en un callejero que acoge en sus esquinas la disonancia y el desajuste, pero es capaz de percibir también una belleza sutil y matizada. Quienes habitan ese callejero transitan con prisa y sólo dejan el rastro leve de un instante. De esa senda de instantes está hecho el poema; como escribió Manuel Machado, en cita recogida como umbral de Las luces interiores, “lo importante/ es el instante/ que se va” y nos deja el chispazo de su conocimiento, ese mínimo estímulo que pone ante la mesa unas gotas de luz.

 

jueves, 3 de octubre de 2013

AMANECIDA.

Adela, St Augustine, Florida (agosto, 2013) 

Amanecida

     (Para Adela, en su cumpleaños)

La claridad de pronto,
al otro lado de la piel del día.
Permaneces
con los ojos abiertos
porque ignoras
si el sueño concluyó
o si la amanecida
es imagen neutral de la costumbre,
una verdad creíble.

Estoy despierto.
Mientras discurre el día
me acompañas,
a salvo del reloj.


   (De Ninguna parte, Sevilla, 2013
     Ediciones de la isla de Siltolá)

martes, 1 de octubre de 2013

LEÓN MOLINA. LLEGAR.

Llegar
León Molina
La Siesta del Lobo
Albacete, 2010
 

LEJOS 

   Publicado en 2010, Llegar es la cuarta entrega lírica del cubano León Molina (San José de las Lajas, Habana, 1959), afincado en España desde hace décadas y autor del corpus de poesía Señales en los Puentes, Breviario variable y El son acordado. El que aquí comentamos, Llegar es un conjunto poemático de aceptación y afinidad con un enclave reconocible por algunos topónimos y por la explícita nota de contracubierta que asocia la palabra con un canto de celebración a los paisajes de Nerpio, municipio albaceteño en la zona más meriodional de la provincia. Allí, en la pedanía de Yetas Nerpio, el sujeto biográfico suele refugiarse a menudo para disfrutar de un beatus ille horaciano, en contacto con la naturaleza serrana, en abierta armonía con un horizonte incontaminado que preserva intacto su limpio trato con formas de vida rural.
  El entorno comparte con quien se acerca a sus dones un vitalismo renovado presente en las estribaciones del terreno y en el puzzle natural de su geografía hecha con piedras moldeadas por el tiempo, líquenes, pájaros, matorrales y arroyos. Son interlocutores que hablan de tránsito a través de un diálogo abierto e invitan a la contemplación meditada y al recuento de indicios que habrán de preservarse en el recuerdo.
  El lugar no se percibe desde la objetivadora asepsia del observador directo sino con un ánimo implicado. El yo poemático deja hablar a la emoción inesperada con el verbo conciso de un apunte descriptivo o de una evocación.Son líneas claras, acuarelas verbales que adelgazan la expresión en el cierre de cada apartado con un manojo de textos próximos al aforismo, una seña de identidad que León Molina cultiva con destreza en los hilos digitales de internet.
  El tiempo personal se entrelaza al ser colectivo; el paisaje es también memoria de una ausencia en la que un día cumplieron andadura otras voces. Tras la derrota del vivir, ahora regresan para solapar presente y pretériro en un mismo espacio: una hendidura del terreno, las galerías exhaustas de una vieja mina, o el cortijo de muros semiderruidos son ecos de latidos que ahora habitan lejos, en la fragmentada memoria de quien los imagina.
   La voz poemática de Llegar revisa con serena aceptación el cúmulo de experiencias que enriqueció la andadura existencial. Testimonial y reflexiva, la palabra de León Molina medita el alcance de lo transitorio; saca a la luz el sustrato emocional que hace de la naturaleza una senda nutricia para regresar hacia el yo, ese paisaje natural siempre pleno de ambigüedad y misterio.