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viernes, 7 de marzo de 2025

GIOVANNA BENEDETTI. VÉRTIGO DE MALABARES

Vértigo de malabares
Giovanna Benedetti
Prólogo de Pedro Crenes Castro
Editorial Doce Calles
Cuentos, Colección Gnomon
Aranjuez, Madrid, 2024

 

ACROBACIAS

 

   La escritora panameña Giovanna Benedetti lleva más de una década asentada en España. Doctora en Derecho y Ciencias Políticas, su quehacer literario integra una pluralidad de registros. Alumbra un amplio tapiz en el que conviven poesía, narración, ensayo, periodismo y artes plásticas. Su trabajo ha conseguido amplio reconocimiento internacional y es una de las personalidades más destacadas del presente poético hispanohablante. La sensibilidad de Giovanna Benedetti, en el río incesante de la lengua común, ha convertido la poesía en percepción y descubrimiento, en espejo refractario de la condición humana y en búsqueda incesante de la propia identidad. Su producción poética queda compilada en el volumen Después de los objetos (2017), con prólogo de la poeta Raquel Lanseros, quien percibe en la transparencia de esta verdad estética un aporte repleto de significaciones. En su palabra afloran las raíces de un pensamiento liberado, un ámbito donde la realidad se transciende y enriquece con un espacio onírico, cuajado de símbolos recurrentes, deambulando entre el silencio y la palabra.
   “Artista de todos los trapecios”, como define su quehacer literario Neco Endara, Giovanna Benedetti reúne en Vértigo de malabares un conjunto de once relatos, con prólogo de Pedro Crenes Castro. La introducción, con un nítido matiz poético, se titula “En el desliz de los cuentos”, una expresión extraída de una cita de la poeta. El aserto alude a la naturaleza de los cuentos; son espacios narrativos que muestran perspectivas de belleza mediante el cromatismo de los personajes, la honda musicalidad poética, y la inteligente conjugación de recursos figurativos y metafóricos.
   Desde el cuento inicial, “La mariposa blanca”, un relato extenso y fragmentado, resalta la maestría narrativa en la creación de una atmósfera alejada de lo figurativo. Los personajes tienen rasgos etéreos. Configuran una existencia de asombro, más tejida por la irracionalidad que por las percepciones sensoriales de lo doméstico. Entre los pliegues de lo cotidiano se asientan presencias oníricas, que fusionan estratos del tiempo.
   Se entrelazan los argumentos en un continuo nomadismo de interés que mezcla relatos más realistas y enunciativos con cuentos en los que prevalece el simbolismo y la persistencia de asuntos ficcionales. El texto que da título al conjunto, “Vértigo de malabares" tiene como ensanche temático el prodigio volador de una pareja de trapecistas. Poco a poco, el tiempo va minando sus habilidades cirquenses y se va perfilando,en sus contorsiones aéreas la incertidumbre de un estar presente que pronostica la definitiva retirada del espectáculo. Los incansables artistas del trapecio sortean en cada actuación la llamada del vacío. Pero el peligro siempre está ahí, al acecho, envuelto en un vértigo que trastoca la realidad y llena de espejismos los sentidos.
   En los episodios del libro Vértigo de malabares convive una innegable propensión a la diversidad. La voz narrativa sabe que cada relato diseña su propia estructura argumental. Es un espacio de acción que cobija lo inverosímil y las formas azarosas de lo ordinario. Esas reiteradas rutinas que se guardan dentro del círculo semántico de las palabras. En la rueda de asuntos, el conjunto no esconde el sentido abierto de lo social y el alarde prodigioso; el registro de lo contingente y ese estar tenebroso en manos del destino que hace de cada territorio un desconcierto. La originalidad del conjunto concentra un colmado laberinto expresivo, que alumbra sentimientos y reflexiones y enciende enciende curiosidad y asombro. Más allá de la observación subjetiva, cada relato traza la silueta de una íntima historia particular. Es una ficción hecha propuesta de conocimiento, donde se desvela el fondo significante del yo en el discurrir de la existencia.


JOSÉ LUIS MORANTE



viernes, 5 de julio de 2024

RAQUEL LANSEROS. EL SOL Y LAS OTRAS ESTRELLAS

El sol y las otras estrellas
Raquel Lanseros
XXVI Premio de Poesía Generación del 27
Editorial Visor, Colección Visor de Poesía
Madrid, 2024


 

VOLVER AL DÍA

 
 Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973) estrena El sol y las otras estrellas, entrega poética reconocida con el XXVI Premio de Poesía Generación del 27. Un hito más que se suma a una identidad literaria de trazos firmes, cuya obra poética tiene carácter de centralidad y constituye uno de los aportes básicos de la poesía contemporánea. Así se percibe en los frecuentes estudios y antologías que integran su ideario, en la poblada nómina de reconocimientos a su obra o en la versión de sus poemas a diferentes ámbitos lingüísticos.
   La poeta se inspira en un verso de Dante Aligheri, el inolvidable autor de la Divina Comedia,  para hilvanar un poemario que hace del amor el campo semántico referencial. El motivo, de amplia tradición literaria, busca singularidad y establece nuevos itinerarios y matices para iluminar una travesía existencial siempre marcada por lo transitorio.
   La apertura “Oda a la creencia” postula una sensibilidad formal reiterativa; los versos se construyen sobre la idea de la fe -una fe terrenal, sólida, que busca plasmar la lealtad a una creencia, y sus mutaciones en el discurrir, desde esa persistente inocencia inicial hasta el escepticismo de la experiencia que impide que el sujeto vuelva a sentir aquel soplo de vida y esperanza en manos de una realidad marcada por la contingencia y lo gregario. El amor confirma una sobrecarga de efectos secundarios. El puente hacia el otro anticipa una identidad renacida. Postula incertidumbre y desconcierto por la fuerte vinculación afectiva. Y exige a quien habita su entorno una constante vigilia.
  El intimismo confidencial de Raquel Lanseros en torno al amor no se limita solo a la relación de pareja. Añade una perspectiva abierta que enfoca también la figura de la madre y su entrega abrumadora. El estar materno es un cuerpo de letra grande, un titular vital que abre el surco de la entrega total en cada instante hasta desvanecerse, con el empeño de “Amar sin abarcar / pero permaneciendo”.  La deuda de gratitud filial no finaliza aquí, aflora también en el poema “Ese maldito día que exijo no vivir”, construido en torno a la idea insoportable de la despedida final y la ausencia, en ese tiempo sin argumentos que se define como “Ley de vida”.
  El amor resguarda el ahora, como si todo lo vivido se sometiera a un código secreto que estructura y ordena bajo el arbitrio de una sentimentalidad impulsora y diversa. Aglutina esperanza y construye los cimientos fuertes que sostienen la casa del futuro. Es un lugar de esperanza que se hace inmune a las erosiones y desgastes de una conciencia mudable. Su tacto impregna cada amanecida, como un ser poderoso y ubicuo: “Es el amor, anfitrión permanente / música orbicular y soberana. / Es el amor, soy yo / eres tú, son todas las criaturas. / Amor, eterna rosa con su trono / que solo ven los sabios y los niños.”.
   La hermosa elegía “Llama azul”, que entrelaza versos en castellano y alemán, formula esos nutrientes dubitativos que contiene el estar enamorado. Las imágenes se suceden para constatar ese diálogo interno, mantenido con la luz. Así lo confirma la fecunda terminología en la que el amor es lumbre, lámpara de fuego,  destello encendido, vértigo… Son coordenadas de un imaginario hiperbólico, que toma distancia frente al férreo cartabón de lo previsible y consumen la normalidad sin matices de lo racional.
   El sol y otras estrellas suma pasos argumentales en los que el verso libre deja sentir su huella de continuo. Su libertad formal aglutina sensaciones y pensamientos, emoción y dudas. Son contados los casos en que la poeta emplea estrofas cerradas, como  el soneto “Lo llaman desencanto”, cuya lectura deja un preciso aire clásico; de esta presencia del legado canónico se nutre también el soneto “Desprendimiento” que lleva un subtítulo clarificador: “Revisitación libérrima del Siglo de Oro”. El cuidado formal ensaya otras propuestas expresivas como el poema en prosa, empleado en la composición “El secreto de los ángeles”, una hermosa composición que prologa una cita de Novalis.
   La vereda lírica de la poeta está repleta de nombres clásicos, el paratexto emana de la tradición y acumula magisterios referenciales, desde la presencia auroral de Dante Aligheri hasta el rumor crepuscular de Kafka, hecho casi una advertencia aforística: “Todo lo que amas se perderá pero al final, el amor volverá de otra manera”. Dispersos entre las composiciones del libro resuenan los pasos  de Goethe, Ovidio, Eliot, Dostoievski, Novalis, Shakespeare, Juan Ramón Jiménez o Borges. Sin embargo, el excedente culturalista nunca pierde la naturalidad expresiva y la dicción de línea clara, la voz hospitalaria que comparte reflexiones y vivencias con palabras de piel transparente.
   El lenguaje pone luz al estar ensimismado, deja la voz dormida para que un día sea discurso de clausura que ponga un espejismo de vida en la ceniza, una ilusión fraudulenta de tiempo perdurable. El amor alimenta el sueño fértil de la gratitud a quienes nos precedieron  en la tarea de dar vida e identidad al otro; así se plasma con excelente tino en el poema “Dos almas tutelares”.
   La celebración creadora de esta entrega suma sensaciones que dejan en el respirar un aire nuevo. La escritura moldea el balance; forja un sueño  de “roca y azucena” que hace del amor centro propicio. Sin su energía y su insólita fuerza “El sol no existiría ni las otras estrellas”.
 
 
JOSÉ LUIS MORANTE


 
 
 

 

martes, 2 de julio de 2019

RAQUEL LANSEROS. MATRIA

Matria
Raquel Lanseros
Premio de la Crítica 2018
Editorial Visor
Colección Palabra de Honor
Madrid, 2018


EPIFANÍAS


  La singular exploración creadora de Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973) constituye uno de los aportes básicos de la poesía contemporánea. Así se percibe en los frecuentes estudios y antologías que integran su ideario, o en la versión de sus poemas a espacios lingüísticos como el inglés. Y se determina también al publicar su último trabajo, Matria, en la mejor colección del momento, Palabra de Honor, en cuyo catálogo figuran nombres que conforman núcleos referenciales: Ángel González, Luis García Montero, Joan Margarit…, autores  que nunca están lejos del enfoque de la poeta.
  Hace algún tiempo Raquel Lanseros empleó el neologismo Croniria  para dar voz al poemario aparecido en 2009. La palabra aludía al abrazo entre cronos –tiempo- y onirismo –sueño- y revelaba un campo semántico donde deambula una sensibilidad marcada por lo transitorio; era un soplo de fuerza para expandir los límites de una realidad limitada por lo gregario. Ahora reitera el acierto en el empleo de la palabra Matria. El sustantivo anticipa una síntesis conceptual entre madre y patria, dos entidades que postulan la condición del regazo y la fuerte vinculación afectiva. Añade además la contraposición entre el entorno individual familiar y el estar del afán colectivo, una constante en Raquel Lanseros, cuyo intimismo confidencial abraza una perspectiva integradora con los asuntos sociales más relevantes, los que añaden los cuerpos de letra grande a los titulares de prensa.  
  La autora de Matria resguarda en las citas prologales una musicalidad precursora y diversa. Aglutina el espíritu indagatorio de Rosalía de Castro, el aporte matérico del cuerpo de Ingeborg Bachmann, la voluntad de trazar itinerarios explícita en Rosario Castellanos y la conciencia mudable de lo temporal que rastrea Li Qingzhao. Son voces que impregnan la amanecida con tercas preguntas que rompen el rígido esquema de la quietud. De esos nutrientes dubitativos  mana el poema inicial, “La loca más cuerda”. De inmediato, el aserto mantiene un diálogo interno con el dictum teresiano que definía la imaginación como la loca de la casa del yo. Y así lo confirma el devenir intimista. El recorrido por los laberintos singulares de la identidad propicia la convivencia con el delirio y el extravío. Son coordenadas que toman distancia frente al férreo cartabón de lo racional.
   Esa estela en el agua de lo imaginario postula una amanecida. Es una puerta al asombro que suma pasos cielo arriba, con la fuerza de dejar su huella sobre el barro originario, sustrato que aglutina sensaciones y pensamientos, emoción y conocimiento. En el lecho de niebla del conformismo, la epifanía concede una localización precisa a la celebración, a ese momento álgido en el que se manifiesta y se revela el mundo, asociado a la luz : “Y qué gozosamente, con qué brío / uno se da de bruces con el mundo / y antes de comprenderlo ya lo ama”.
  Pero Raquel Lanseros sabe que el yo ensimismado y autosuficiente es un espejismo, una ilusión fraudulenta. Por eso su poesía trasciende el ego reductor para emprender rutas compartidas con lo colectivo. La convivencia es tarea que aglutina el sueño fértil de los que nos precedieron y el sabor nuevo de las identidades que se van sumando, ya sean inmigrantes, mestizos, hermanos o pasos renacidos que secundan, desde el recuerdo y la melancolía, el sitio del origen. Es la suma de sensaciones que moldea el balance, ese paréntesis vital que cierra la biografía.
   Por su deconstrucción, el poema “Europa” adquiere una insólita fuerza expresiva. El ritmo del texto tiene una respiración entrecortada. Disemina las sílabas de forma aleatoria, siembra blancos y parece discurrir a tirones. Ese ensamblaje fragmentario describe una realidad que presenta un equilibrio frágil, porque sus materiales son heterogéneos y amenazan una continua desintegración. El poema testifica un tiempo desnortado. Proliferan las ideologías disgregadoras y los sistemas conceptuales que actúan como virus; la verdad no es un sistema orgánico de dogmas sino un informe conjunto de postulados que sufre una completa desfiguración. La actualidad de Europa es intemperie, un cúmulo feroz de alambre de espino y fronteras cerradas, un Mediterráneo con marejada fuerte. Guarda en su seno el silencio de los ahogados que creyeron en una tierra de promisión; y un rumor de barricadas y trincheras que amenaza con dinamitar la convivencia, envueltos en la bandera del fundamentalismo nacionalista; muros que fomentan la diferencia y la segregación, el odio al otro. 
   No pasa inadvertida la voluntad formal. Aunque el poema en verso libre es molde habitual, se emplea en ocasiones el esquema cerrado del soneto, por ejemplo en “Fuego mutilado” o se recurre al inglés para globalizar la lectura en composiciones que añaden como una nota a pie de página la traslación al castellano. También la rima machadiana de las coplas y su aire popular suena en el poema “Coplas del pensamiento poliédrico” un alegato contra el rigor del dogma y un subrayado del carácter parcial de la verdad.: “Qué gran verdad absoluta / es cada verdad parcial / el joven sueña con aire / y  el viejo con respirar”
   Cuestión básica del afán poético es buscar entre las aguas del verso la razón del poema, el misterio primigenio de las palabras. De nuevo la pregunta “¿Para qué la poesía?” y el afán de subrayar su poso necesario, su búsqueda tenaz de la verdad. Los versos abren capturas invisibles de matices, ahuyentan soledades, muestran la humilde voluntad del instante en el país de las ideas.
   La poética de Raquel Lanseros pone piel a las concepciones objetivas del yo abstracto para hablar de un protagonista verbal varado en medio de la herencia y el ambiente. Los versos se revisten de interioridades y voces solidarias que ponen anclajes sobre una realidad líquida y transitoria, con síntomas de inseguridad crónica. En Matria el andar de la intrahistoria y la extrañeza de la maternidad, los dogmas deshabitados y los dedos inquietos de la búsqueda. Siempre poesía escrita con el afán imperativo de la amanecida.


 (Revista cultural  TURIA nº 131, pgs. 454-456)










domingo, 7 de abril de 2019

RAQUEL LANSEROS. ITINERARIO EN CLAVE POÉTICA

Raquel Lanseros
Fotografía de
Infolibre


RAQUEL LANSEROS EN CLAVE POÉTICA

   Ayer sábado, Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1973) fue galardonada con el Premio de la Crítica 2018 por su poemario Matria (Madrid, Visor Libros, Colección Palabra de Honor, 2018). Está en imprenta el nuevo número de la revista Turia, donde comento en profundidad esta salida, y es ahora el momento de abordar su itinerario en clave poética, para que reverbere fuerte ante el lector y aporte luz de mediodía, desplegando registros y sensibilidad.
 Ya es letra de manual que el cambio de siglo acoge una amplia conjunción de idearios. Es un interludio de enlace, donde no se percibe una tendencia central, que fije modas y directrices para mayorías, sino un cruce de caminos. Convive una búsqueda de sitios que se fortalece al paso, con nuevas entregas. Y es en este contexto polifónico, cumplido el primer lustro, cuando amanece la voz poética de Raquel Lanseros.
  La escritora es licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de León, ciudad donde discurrió casi toda su infancia y juventud. Un uso idiomático plural ha impulsado sus versiones al castellano, como traductora de Edgar Allan Poe y Gordon E. McNeer. Asimismo, colabora con reseñas y artículos en publicaciones escritas y digitales. Tras un paréntesis laboral en Murcia como Asesora de Formación de Idiomas y Programas europeos, ejerce la docencia en un instituto madrileño de Educación Secundaria y Bachillerato.
  Su libro inaugural, Leyendas del promontorio, editado en 2005, ofrece una mirada lírica proclive a la evocación; con verbo ajustado muestra las sensaciones que convoca  cualquier travesía temporal: espera, soledad, aislamiento y pérdidas. Para conocer la textura interna del hablante verbal, se indaga sobre una existencia que acostumbra a prodigar fragmentos de un pasado con aire de regreso. Nítido el ayer, dibuja trazos que adquieren nuevos cromatismos en los espacios del ahora. La travesía cotidiana asume una tarea artesanal, restauradora, en la que hay sitio para la esperanza, aunque sea costoso superar carencias: “Desnudo, abandonado por su viejo entusiasmo / el hombre es muy pequeño. / Huérfano de sí mismo, reedita sus temores / ubica por tamaños todas sus pretensiones. / Y se convence que, después de todo, / quizás el infinito no merezca la pena / y las uvas ansiadas estén verdes”.   
  Apenas un año después llega a las librerías Diario de un destello, tras conseguir un accésit del Premio Adonais en 2005. Los poemas sondean la relación entre personaje lírico y entorno; en el devenir, ni la luz ni la sombra tienen ubicaciones estables; las dos se conjugan con azarosa cronología y precisan la disposición natural del hablante para dar cuenta de sus incertidumbres, aunque sea a través de mínimas ranuras, de leves claridades incipientes. En el apartado inicial conviven subjetividad e intimismo. En él germina un paisaje emocional donde se constatan las modulaciones del acontecer con una voluntad que trasmite sensaciones de de epifanía, como resalta el poema “Evocación”. La sección central, “Tres antorchas” abre otro registro; en este tramo sobresalen protagonistas que personifican cualidades definitorias y singulares: un derrotado de aquella guerra incivil cobija pasos clandestinos monte arriba, sin amanecida y sin futuro; se hace arquetipo de empeños furtivos arrastrados por el destino. Otra figura central histórica es Doña Juana, paradigma de locura amorosa, que hace del sentimiento un viaje a lo desconocido. Son palabras de homenaje a quienes evitaron que los ideales mudaran en ceniza. El amor toma cuerpo en el último apartado donde la perspectiva idealista es palpable al ubicar los sentimientos en planos cortos. Los versos se tornan cálidos y vitalistas, hechos de acordes que conectan la piel y sus preguntas.
  En Diario de un destello también la indagación busca su espacio en composiciones con sustrato aforístico. El hablante define actitudes: “Aunque he cambiado mucho de color / sigo siendo camaleón / y no rama”. La luz queda a resguardo, para que alumbre limpia cualquier sueño y tenga una claridad afectiva y estival.
   Con su tercer fruto, Los ojos de la niebla, que obtuvo el XXII Premio Unicaja de Poesía, la poeta abre campo al intimismo.  Desde la entrañable dedicatoria inicial a sus padres, verdaderos ojos en la niebla, percibimos el recuerdo vivo de quienes horadaron la senda habitable por la que transitan los días. El monólogo dramático propicia una identidad mudable y una intensa expresión afectiva en la que el sujeto se posiciona frente a la realidad. El prolijo desfile de lo vivido desgaja sensaciones que encuentran sitio entre los pliegues del poema. La existencia depara descubrimientos e incertidumbres, exploración y desengaño, hallazgos y pérdidas. Son los meandros de travesías evocados en los soliloquios de personajes que dan vida a los interlocutores que habitan los poemas.
   En Los ojos de la niebla adquiere un papel relevante la voz femenina frente a sí misma. Esta sensibilidad encuentra cauce en composiciones como “La mujer herida”, cuyos versos comunican respuestas aseverativas frente al desengaño, esa forma de aceptar como un dibujo de la piel la textura de una cicatriz que recuerda un fracaso amoroso. También hallamos pautas emocionales femeninas en otros textos como “La mujer que reza”, “El hombre casado”, o “Una mujer mira un tren alejarse”. Todos comparten versos en los que resuenan los íntimos acordes de la conciencia.
   El poema “Beatriz Orieta. Maestra Nacional” evoca, con la calidez del homenaje, la actualidad de un tiempo colectivo cuya lección ética perdura.
   Croniria arranca su caminar lírico en 2009. El sugerente título –un acierto verbal de la autora- fusiona temporalidad y onirismo. Los poemas acogen referentes culturales para asentar una voz que enfoca una realidad diáfana, hecha de logros pequeños, pero exaltados por la celebración. Cada tránsito postula un paréntesis habitable en el que hay sitio para la alegría, el eros o la libertad de acortar las distancias que separan realidades y sueños: “Nunca le tengas miedo al horizonte / no hay placer más sabroso que el trayecto. / Acepta el pan servido en cualquier parte / disfruta del asilo que te ofrezcan / pero ten preparadas las maletas. / Aprende por tu bien el arte de marcharte / siempre un segundo antes de que te hayan echado.”
   Reconocido con el XIII Premio internacional de poesía Antonio Machado de Baeza en su primera aparición, Croniria se reedita por segunda vez en 2014, con formato bilingüe, siendo responsable de la traducción al inglés el poeta y profesor Gordon E. Mcneer. En su diverso discurrir encuentran acogida estados vitales polarizados; la existencia rompe cualquier monotonía superficial para encajar en el renovado espacio del alba los dedos de los sueños, el lienzo imaginario que engrandece la superficie encogida de lo cotidiano.
  En la estación Las pequeñas espinas son pequeñas, libro ganador del XXIX Premio Jaén de Poesía, se promueve una exaltación vitalista en la que tiene cabida el optimismo. Aquella aseveración de Jorge Guillén de que “el mundo está bien hecho” adquiere en la palabra de Raquel Lanseros una personal formulación. El diálogo convivencial entre sujeto y entorno exige un asentimiento armónico, capaz de superar desajustes y erosiones. Con una estructura meditada, cada sección aborda un avance argumental distinto que arranca con una indagación sobre la identidad. Los poemas centrales hacen del tiempo el sustrato a explorar, mientras que el apartado tercero define una mayor presencia de lo colectivo. “Croquis de la utopía” es un mapa del compromiso con actitudes de solidaridad y entrega, dos miradas ante el espejo de un yo común que en la parte final se convierte en balance vivencial. La palabra no es sino un himno a la claridad.
   La antología Con & versos, una propuesta de poetas andaluces para el siglo XXI coordinada por Antonio Moreno Ayora, permite una mirada amplia a la carpeta de inéditos de la poeta jerezana. En los textos seleccionados crece una poesía comunicativa y emocional que hace del soliloquio compartido una manera de adentrase en las paradojas de lo existencial, en esa amalgama de cosas elementales y etéreas superficies por concretar, de intrahistoria y aceras transitadas en común. El poema “Sigue doliendo España” es un destello limpio de su implicación ética y social.  
   Matria  marca una continuidad que establece vínculos con las claves estudiadas hasta el momento. Consigna esclarecedores aspectos de una poesía ajena a devaneos experimentales, pero tenaz en la modulación de un tono singular que revitaliza sustratos argumentales y estrategias expresivas. Siempre consciente de la machadiana condición de palabra en el tiempo, el verbo escrito de Raquel Lanseros supone una cosecha feraz, que captura reflejos en el río claro de la tradición para reconocerse. También poesía abierta al optimismo y al estar conforme del yo junto a los otros, que hace de la palabra un abrazo, un íntimo diálogo compartido.


miércoles, 13 de febrero de 2019

LA GRIETA

La cicatriz
Fotografía de Internet


LA GRIETA

Un muesca en la cal
una negra hendidura sin fondo y al acecho

RAQUEL LANSEROS


   Con terco sosiego, inadvertida, la grieta se adquirió una mañana a la pared frontal del dormitorio. Cuando la descubrí era solo una mota negra, un poso de sombra. Poco a poco aumentó su tamaño hasta convertirse en una acuarela impresionista. A través de su trazo puede verse un paisaje cambiante que en los días ventosos deja en el dormitorio arenas y hojarascas, ramas leves, esquejes de rosales.
   Sobre la pared, la grieta sigue aumentando su caligrafía. Concede a mis sentidos la fugaz sensación de abarcar todo. Hoy al despertarme mostraba un trozo de mar sobre el techo gris y versos de un poema escrito con la espuma.

(De Cuentos diminutos)



sábado, 22 de diciembre de 2018

GIOVANNA BENEDETTI. DESPUÉS DE LOS OBJETOS

Después de los objetos
Giovanna Benedetti
Prólogo de Raquel Lanseros
Ediciones Doce Calles, Colección Gnomon
Aranjuez, Madrid, 2018


POESÍA REUNIDA



   Nacida en la ciudad de Panamá y asentada en España desde hace unos años, Giovanna Benedetti, Doctora en Derecho y Ciencias Políticas, bifurca su capacidad creadora en una caligrafía plural que integra poesía, narración, ensayo, periodismo y artes plásticas. Su voz singular ha conseguido amplio reconocimiento internacional y en ella la poesía se convierte en núcleo central. Todo su legado poético se reúne en el volumen Después de los objetos (2017), con prólogo de la poeta Raquel Lanseros, quien percibe en el denso fondo de esta verdad estética un aporte repleto de significaciones, donde el espacio de la realidad se trasciende y enriquece con un espacio onírico cuajado de símbolos.
   Este itinerario se abre con Entonces, ahora, luego, obra reconocida en 1991 con el Premio Nacional de Literatura de Panamá Ricardo Miró. El libro se concibe como canto especular del hábitat originario, recreado a a través de sus características físicas, su ambiente vegetal y su notable fauna: Desde esa descripción el poema asciende hacia el devenir histórico, como ámbito de paso que ha ido creciendo en el empeño de una épica contingente. Así se confabula la senda de la memoria colectiva, en la que oyen rastros de civilizaciones y pueblos, hasta configurar una epopeya germinal que llega hasta el ahora, como un ojo onírico que fusionara estratos del tiempo. Se entrelazan los mitos legendarios con la incertidumbre de un estar presente y de un después en el que conviven palabras, formas, mitos, alegorías como un magma de asombros que hay que preservar. La voz poética sabe que cada elemento es un sistema de claves, un espacio para cobijar lo imaginario y ese círculo semántico de las palabras.
  El cierre poético no esconde su mirada social; ese estar tenebroso en manos del mercado que hace de cada territorio un zarandeo por la globalización y los intereses de los poderosos, capaces de hundir istmos y borrar vértices con la voracidad de las langostas.
   Repite premio en 2005 con Entrada abierta a la mansión cerrada. Un plano visual concentra el colmado laberinto de lugares en el que se cobija, como piedra angular, la paradoja: la casa no es un espacio vacío y externo sino un sentir vivo en el que se resguardan las vivencias y sensaciones que exploran sentimientos y reflexiones. La casa se ramifica en formas y contornos para albergar un estar transcendido que se muestra a la contemplación y que enciende curiosidad y asombro. Más allá de la observación subjetiva, las dependencias cobijan una íntima historia particular; como en aquellas moradas de Santa Teresa en las que había más y menos porque lo real no es una dimensión cerrada sino una propuesta de conocimiento que desvela al sujeto en su persistente definición de las formas.
  Con las composiciones integradas en cuatro libros con una concepción unitaria, Música para las fieras la poeta reitera su presencia en el palmarés nacional en 2013, se reafirma como voz cimera de Panamá, capaz de monopolizar la voz solista en el cauce poético nacional. El canto configura el eterno resplandor de una conciencia cuajada de recuerdos que se expande entre la memoria, como geografía que preserva consignas de un pretérito gastado, y el vacío, con su permanente aspiración a atar nudos con la nada. El canto celebratorio del comienzo deja turno a la tentación de los abismos, donde la noche y el misterio se convierten en superficies reflectoras que secuestran los sentidos y apagan el ruido de las luces. El lenguaje se convierte en vuelo interior que ignora los contornos ajenos de las cosas; se hace fábula y fantasía, quimera extraña que recuerda la locura tenaz de aquellos libros de caballería que nublaban la razón.
   La amplia extensión del libro coteja una trasversalidad de asuntos que se extiende desde la razón estética y el afán metaliterario hasta la actitud simbólica del poema como reflejo de estados de ánimo de la subjetividad, o como geografía onírica. Es una contingencia que también se percibe en la compilación final El tambor de la agonía y otros poemas, con poemas escritos en tres etapas vitales, y con enfoques literarios disímiles. Así el poema “Ascanio redivivo” es una elegía al héroe, que sumergió muy pronto su vitalismo generoso en la sombra. Similar textura tienen los poemas que reflejan la ira concentrada y los efectos bélicos de la invasión estadounidense de 1986, una tormenta de destrucción y dolor que convulsionó el tejido social panameño, que se hace aquí elegía y canto funerario. otros poemas buscan sus pretextos líricos en el discurrir transitorio de la existencia, en la condición de caminante del yo por la incertidumbre y en ese papel terapéutico de la fabulación que abre ventanas en las mustias paredes de lo rutinario.
    Después de los objetos permite completar un perímetro poético intenso y dilatado en el discurrir, que expone la coherencia intelectual de Giovanna Benedetti. En su trayecto identificamos un amplio despliegue argumental, expuesto a través de un lenguaje fértil, comunicativo y cuajado de imágenes, que atestigua el cauce continuo de la tradición. Los poemas muestran una subjetividad donde la memoria vuela de súbito para abordar el ámbito sensorial y reflexivo del sujeto con un entorno germinal y con la orografía lírica de un tiempo. Giovanna Benedetti nunca olvida la magia del lenguaje, ese destello de luz nueva que adelanta la amanecida, la implicación emocional del lector.



viernes, 22 de diciembre de 2017

MANUEL GONZÁLEZ. ETAPAS

Etapas
Manuel GonzálezEditorial Renacimiento, Colección Mediodía
Sevilla, 2016

PORMENORES DEL YO 

   Con un quehacer cultural ceñido al plural ambiente de Valladolid, localidad de residencia  desde 1987 y donde su empeño literario recibió el empuje inicial del poeta y crítico Miguel Casado, quien fortaleció como docente su inclinación a las letras,  Manuel González (San Sebastián , 1971) da a conocer sus primeras composiciones en revistas de corta tirada, hasta que ve la luz en 2011 su poemario Eslabón roto. Desde entonces, en la estela de un paréntesis creador muy fecundo, suma las entregas Diario de una tristeza, Interiores, Cicatrices en los tobillos y Etapas, obra que cuenta con una breve reflexión crítica de  Raquel Lanseros.
   La poeta y antóloga alude de inmediato a la primera dimensión de esta poesía: el temporalismo, que ella define, con optimismo, como una victoria del recuerdo sobre el discurrir y como un acercamiento a la otredad en las pobladas calles de lo cotidiano.
  La dedicatoria y la cita inicial dejan otro nombre propio que sirve de basamento al ideario poético de Manuel González: Karmelo C. Iribarren, la identidad poética más representativa del realismo pensativo, una etiqueta cuyas notas singulares están sobre la mesa: poemas breves, minimalistas, que con selectos materiales consiguen un sorprendente desarrollo argumental y una fuerte solidez emotiva.
  El poema “Gafas”  lleva a la práctica esta teoría, añadiendo el toque personal de Manuel González, un cierre resolutorio que basa su eficacia en la ironía. De este modo, los residuos de la memoria se transforman en un patrimonio sentimental preservado contra las inclemencias del tiempo, que se empeña en hacer de la conciencia del sujeto un lugar triste y árido. Antes de que se eleve sombrío el árbol de la decepción, la infancia se conjuga como un refugio abierto donde las presencias cotidianas entrelazan itinerarios de conocimiento y percepción. Desde ese inicio en el estar arranca una experiencia biográfica que va encogiendo el ámbito de la esperanza. Los estímulos externos dejan entre las manos una fuerte sensación de incertidumbre y los días discurren con una claridad difusa. Queda la sensación de una angustia encogida que o puede apoyarse en nadie, que la felicidad es despojamiento. Cuando los recuerdos ubiquen ese tiempo el pasado regresa con la conmoción de haber habitado un tiempo crepuscular, donde era imposible alzar castillos de arena ni abrir libros. En el contexto de los años ochenta, cuando el poeta llega a la primera juventud y con ella el camino hacia los sentimientos y el encuentro con las voces del corazón.
 Cuando la iniciación sentimental aflora, el poema recorre núcleos temáticos que enaltecen la sensibilidad individual. En el viaje hacia la otredad el tiempo cobra una dimensión renacida, que añade a las formas de lo cotidiano una fachada de claridad y transparencia; ser es ahora habitar los puentes de la experiencia, tener una manera de nombrar tras un pensamiento propio, hecho de descubrimientos; de ahí emerge un nuevo autorretrato personal con trazos idealizados.
  Pero también los sueños se corrompen y tras el despliegue del medio día los relojes vitales marcan la puesta de sol.  Lo cotidiano entonces adquiere un contorno extraño. Es el tiempo de la mudanza y de buscar nuevos espacios habitables; se clausuran ciclos, se queman etapas, y solo queda limpiar los cristales opacos para percibir en la calle el suelo escarchado de lo contingente. Otra vez el discurrir va dando cauce a la necesidad de renacer y a ir asimilando que la felicidad es despojamiento. Y en ese desprenderse de lo vivido también el pasado se abandona  para dejar hueco a la posibilidad de otro comienzo. Con lúcidez aforística y casi con el lapidario decir de los epitafios, lo corrobora el poema “Tormenta”: “Después de cada tormenta / la ciudad vuelve a empezar de nuevo. / Como si alguien quisiera limpiar sus calles / y luego avisar: / mira, ¿ves? / Aquí no ha pasado nada”.





  
 


domingo, 3 de abril de 2016

ALÍ CALDERÓN. EN AGUA RÁPIDA

En agua rápida
Alí Calderón
Prólogo de Raquel Lanseros
Valparaíso Ediciones, Granada, 2013

LA POÉTICA DE ALÍ CALDERÓN

  La antología El canon abierto (Visor, 2015), con amplia introducción de Remedios Sánchez y selección textual de Anthony L. Geist, acercaba a las librerías la última hornada de autores en español en su doble contexto geográfico, peninsular e hispanoamericano.  El oportuno volumen difundía una fértil producción que mantiene parámetros personales y sobrepasa marcos localistas para vigorizar la herencia con renovados aportes y modelos. En ese grupo de identidades se integra Alí Calderón. Nacido en Ciudad de México, México, en 1982, es profesor de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Autónoma de Puebla y fundador de la revista electrónica de literatura Círculo de Poesía, asimismo es director del Encuentro Internacional de Poesía Ciudad de México. Su quehacer ensayístico se recoge en el libro La generación del 50 y su labor de antólogo en los muestrarios  La luz que va dando nombre (1965-1985), 20 años de la poesía última de México y El oro ensortijado, Poesía última de Méximo. Su obra está traducida a varios idiomas y figura en un amplio muestrario de antologías.
  La voz lírica de Alí Calderón tiene su carta de presentación en Imago prima, reconocido con el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde. Esta escritura encuentra continuidad en las entregas Ser en el mundo y Las correspondencias. De este discurso hallamos meditada muestra en el volumen En agua rápida. El trabajo concede la posibilidad de incidir en los principales rasgos identitarios, donde se entremezclan afán biográfico, pensamiento y estética. La impresión prologal está firmada por Raquel Lanseros, quien se refiere a esta salida como un nuevo libro, una aseveración que resalta el recorrido coherente y la sensibilidad unitaria. Desde tales luces de posición nos adentramos en Imago prima. El conjunto preserva el planteamiento autónomo, un fluir continuo pero remansado en apartados que arrancan desde una mínima nota que sirve como glosa o comentario. El sujeto verbal comparte momentos del ánimo.  De este modo, el poema “Pole Position” recupera un nombre propio de la lírica amorosa, Lesbia, para convertirlo en arquetipo atemporal del deseo, capaz de regresar a un mundo urbano con la pupila abierta a la ironía. Los versos se hacen canto y celebración de lo femenino, estaciones de amor y deseo. Pero el trayecto de Imago prima fluctúa entre contrastes; la claridad gozosa que nos lleva al otro se hace sombra y aparecen en la identidad las erosiones, esos contornos oscuros del yo que se dibujan con línea abierta en “Profanaciones” o dejan nuevas facetas de su identidad en otros poemas con una atmósfera velada por el desvalimiento y la inquietud.
  La miscelánea orgánica de Imago prima deja contrastes. La claridad transparente de “Sí mismo” para deambular por una geografía al paso, donde cualquier presencia es transitoria, se yuxtapone con el conjunto final que sorprende al lector porque recurre al castellano antiguo de la conquista y colonización del Nuevo Mundo, creando efectos de época.
  Refrendado en 2008 por el Premio Latinoamericano de Poesía benemérito de América, el siguiente libro, Ser en el mundo, busca en el amor su fuente argumental básica. Así se percibe en las composiciones antologadas donde sentir es sinónimo de claridad, de gesto firme para sacar al día la luz de amanecida. En esa transparencia, las palabras se hacen celebración de la belleza y proclaman la persistencia de los ciclos temporales para que en su acontecer irradie como núcleo el amor. Como en la lírica de Omar Jayyam, o en el modelo creativo de los trovadores medievales el amor se convierte en primicia vital ante la premura del tiempo.
  El anticipo de inéditos que clausura esta muestra presenta más de una docena de poemas. De nuevo emprende bifurcaciones hacia una lírica meditativa y con más aporte simbólico, para que la identidad del sujeto verbal indaga en la propia condición como ser introspectivo y como protagonista cívico. Son poemas donde resalta la riqueza léxica y un atinado empeño cultural que hace suyo el ideario de Baudelaire y sus correspondencias: el yo se mueve entre lo intuitivo y lo racional, busca la belleza y la transparencia, pero siente atracción por los remansos de sombra y los laberintos. Sobresale en esta parte la composición “Piedra de sacrificio”, cuyos versos trazan de manera ácida la realidad social, un inventario de desajustes que exige una literatura implicada. Conviene recordar que la sección final forma parte de Las correspondencias, editado en Visor en 2015.
 La antología En agua rápida marca con claridad una travesía creadora que apuesta por la renovación del lenguaje poético, por argumentos vitrales, por hacer de cada salida un compromiso de búsqueda y un alejamiento de lo transitado para ofrecernos un mirador de fondo, una perspectiva con luz. 




sábado, 24 de enero de 2015

ÁNGEL PETISME. TREINTA AÑOS DE MÚSICA Y POESÍA



TESTIGO CON LÁPIZ: ÁNGEL PETISME EN EL ATENEO


    Ayer viernes, estuve en el Ateneo de Madrid, en el papel el papel de testigo con lápiz que ocupa un asiento difuso de las última filas. Desde allí, sin el micro encendido y el estrado con agualos actos literarios parecen más largos e imprevisibles, con un punto de tedio por la impuntualidad y la inquietud del calor tropical que tanto solivianta en aforos completos. Ángel Petisme, con treinta años de dedicación musical y literaria, presentaba, con nutrido acompañamiento, su poemario El lujo de la tristeza. El aragonés concita muchos afectos y la sala se llenó de inmediato. Los asistentes que no encontraron asiento reclamaban el traslado al salón de actos y un poco de luz para ver a los contertulios. Miguel Losada, responsable del ciclo de lecturas de la Cacharrería, puso excusas y orden y la presentación se inició con un cantautor feliz y con sonrisa grande. Estaba ufano con la respuesta del público, con el abrazo solidario de otros escritores y músicos, y con el verbo cálido de una mesa repleta. Mucha gente para hablar y más o menos prisa por plasmar en dos o tres pinceladas ingeniosas la relación personal y ese jugoso anecdotario de la memoria fiel. Tantos años en el camino han dejado una copiosa estela.
   En un acto tan emotivo, aumentó la temperatura sentimental del público el vídeo Mi gigante preferido, un trabajo muy bien resuelto dedicado a Alba, hija del poeta. Después tomaron la palabra Luis Eduardo Aute, Luis Antonio de Villena y Ángel Guinda. Aute, tímido, modesto y siempre al alba, recalcó afinidades con aquel joven cantautor seleccionado en la antología Postnovísimos que representaba la sensibilidad del rock y ensalzó la estatura de niño gigante; Ángel Guinda dejó una buena definición sobre el carácter del homenajeado: es un aglutinador de personas, comentó. Y Luis Antonio, con aire teatral, paró el reloj para viajar hasta los pasos de un Petisme juvenil que se ha ido haciendo autónomo y mayor entre libros y canciones. Luis Antonio es un conversador incansable y divertido.
  Llenaron los intermedios Ana Labordeta y Pilar Bastardes con una representativa selección de textos,  para clausurar con otra mesa formada, entre otros, por Fernando Beltrán y Raquel Lanseros. Fernando resumió el asunto en una troika aragonesa: “Goya, Buñuel, Petisme” (con permiso de otras troikas del valle del Ebro de igual altura), mientras que la belleza de Raquel Lanseros recurrió a la sensibilidad del hombre y a esa invitación a la alegría que aporta Ángel como razón de ser de cada encuentro. También hubo música en directo, móviles a pleno uso, foto de grupo, agenda abierta para citas cordiales y merecidas felicitaciones al autor de El lujo de la tristeza. Me traje además ese abrazo de Ángel Petisme al dedicarme su obra, mientras hablábamos de una lectura próxima en Rivas, programada en Covibar por Ricardo Virtanen.
   Después era muy tarde y hacía frío. Me refugié detrás de la bufanda y recorrí la luna de Madrid con Fernando Beltrán y la nostalgia común de amigos y viajes. En la autopista del regreso ví en el retrovisor la imagen de un acto para recordar. Ya en casa, abracé a Adela y puse en la mesa de trabajo de la buhardilla El lujo de la tristeza. Espera turno de lectura con mirada cómplice. He disfrutado estos años con la poesía de Petisme y  el poema "Ponle luz a este mundo" con el que cerró la cita del Ateneo me pareció extraordinario.
   En el azul de la cubierta, miro el título. Lo leo en voz alta y asiento. Es verdad, la tristeza todavía es un lujo al alcance de todos.

jueves, 27 de noviembre de 2014

RAQUEL LANSEROS. EN CLAVE POÉTICA

Raquel Lanseros
 
RAQUEL LANSEROS. EN CLAVE POÉTICA

   El cambio de siglo acoge una amplia conjunción de idearios poéticos. En él no se percibe una tendencia central que fije modas y directrices mayoritarias sino un cruce de caminos, una búsqueda de sitio que se fortalece al paso, con nuevas entregas. Este contexto es el umbral para la voz poética de Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1973).
   La escritora es licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de León, ciudad donde discurrió casi toda su infancia y juventud. Un uso idiomático plural ha impulsado las versiones como traductora de Edgar Allan Poe y Gordon E. McNeer. Es también colaboradora, con reseñas, versiones y artículos literarios, de algunos medios escritos y digitales. Tras un tiempo laboral como Asesora de Formación de Idiomas y Programas europeos en Murcia, en la actualidad ejerce la docencia en un instituto de Educación Secundaria y Bachillerato.
   Su amanecer, Leyendas del promontorio, editado en 2005, ofrece una mirada lírica proclive a la evocación; un verbo ajustado muestra las sensaciones que convoca  cualquier travesía temporal: la espera, la soledad, el aislamiento o la pérdida. Se indaga sobre una existencia que acostumbra a prodigar fragmentos de un pasado con aire de regreso. Nítido el ayer dibuja trazos que adquieren el cromatismo del ahora. La travesía cotidiana se vuelca en una tarea restauradora en la que hay sitio para una esperanza humilde, aunque sea costoso superar carencias: “Desnudo, abandonado por su viejo entusiasmo / el hombre es muy pequeño. / Huérfano de sí mismo, reedita sus temores / ubica por tamaños todas sus pretensiones. / Y se convence que, después de todo, / quizás el infinito no merezca la pena / y las uvas ansiadas estén verdes”.
 Apenas un año después llega a las librerías Diario de un destello, accésit del Premio Adonais en 2005. En la relación entre sujeto y entorno, ni la luz ni la sombra tienen ubicaciones estables; las dos se conjugan con azarosa cronología y precisan una disposición natural del hablante lírico para dar cuenta, aunque sea por  mínimas ranuras, de cualquier claridad incipiente. En el apartado inicial hay subjetividad e intimismo, un paisaje emocional en el que se constatan modulaciones del discurrir con una voluntad volcada en la sensación de epifanía, como resalta el poema “Evocación”. La sección central, “Tres antorchas” abre otro registro; en este tramo sobresalen protagonistas que personifican cualidades definitorias y singulares: un derrotado de aquella guerra incivil de 1936-39 cobija pasos clandestinos monte arriba, sin amanecida y sin futuro; se hace arquetipo de empeños furtivos arrastrados por el destino. Otra figura central histórica es Doña Juana, paradigma de locura amorosa que hace del sentimiento un viaje a lo desconocido. Son palabras de homenaje a quienes evitaron que los ideales mudaran en ceniza. El amor toma cuerpo en el último apartado, donde la perspectiva idealista es palpable al ubicar en plano corto a los sentimientos. Los versos se tornan cálidos y vitalistas, hechos de acordes que conectan la piel y sus preguntas.
    En Diario de un destello también la indagación busca su espacio en composiciones con sustrato aforístico donde el alter ego hablante define su actitud. “Aunque he cambiado mucho de color / sigo siendo camaleón / y no rama”. La luz queda a resguardo, para que alumbre limpia cualquier sueño y deje la claridad afectiva de la hora estival.
   Con  Los ojos de la niebla, que obtuvo el XXII Premio Unicaja de Poesía, la poeta abre campo al intimismo.  Desde la entrañable dedicatoria a sus padres, verdaderos ojos en la niebla, percibimos el recuerdo vivo de quienes horadaron la senda habitable por la que transitan los días. El monólogo dramático propicia una identidad mudable y una intensa expresión afectiva en la que el sujeto se posiciona frente a la realidad diaria. El prolijo desfile de lo vivencial desgaja sensaciones que encuentran sitio en el poema. La existencia depara descubrimientos e incertidumbres, exploración y desengaño, hallazgos y pérdidas. Son situaciones de travesías vitales que se evocan en los soliloquios de personajes que dan vida al hablante lírico.
   En Los ojos de la niebla adquiere un papel relevante la voz femenina frente a sí misma. Esta sensibilidad encuentra cauce en composiciones como “La mujer herida”, cuyos versos comunican la respuesta frente al desengaño, esa forma de aceptar como un dibujo de la piel la textura de una cicatriz que recuerda un fracaso amoroso. Tambíen hallamos pautas emocionales femeninas en otros textos como “La mujer que reza”, “El hombre casado”, o “Una mujer mira un tren alejarse”. Todos comparten versos en los que suena una conciencia íntima.
   El poema “Beatriz Orieta. Maestra Nacional” evoca, con la calidez del homenaje, la actualidad de un tiempo colectivo cuya lección ética perdura.
   Croniria sale a la luz en 2009. El título –un acierto verbal de la autora- fusiona temporalidad y onirismo. Los poemas acogen referentes culturales para asentar una voz que enfoca una realidad hecha de logros pequeños, pero exaltados por la celebración. Cada tránsito postula un paréntesis habitable en el que hay sitio para la alegría, el eros, o la libertad de decidir la distancia que separa realidades y sueños: “Nunca le tengas miedo al horizonte / no hay placer más sabroso que el trayecto. / Acepta el pan servido en cualquier parte / disfruta del asilo que te ofrezcan / pero ten preparadas las maletas. / Aprende por tu bien el arte de marcharte / siempre un segundo antes de que te hayan echado.”
   Reconocido con el XIII Premio internacional de poesía Antonio Machado de Baeza, Croniria se reedita por segunda vez en 2014, con formato bilingüe. En su diverso discurrir encuentran acogida estados vitales polarizados; la existencia rompe cualquier monotonía superficial para encajar en cada amanecida los dedos de los sueños, la realidad imaginaria que engrandece la superficie de lo cotidiano.
   La última estación hasta el momento es Las pequeñas espinas son pequeñas, libro ganador del XXIX Premio Jaén de Poesía. Su título promueve una exaltación vitalista en la que tiene cabida el optimismo. Aquel juicio de Jorge Guillén de que “el mundo está bien hecho” adquiere una nueva vigencia. El diálogo convivencial entre el sujeto y el entorno exige un asentimiento armónico, capaz de superar desajustes y erosiones. Con una estructura meditada, cada sección aborda un avance argumental distinto que arranca con una indagación sobre la identidad. Los poemas centrales hacen del tiempo un sustrato a explorar, mientras que el apartado tercero define una mayor presencia de lo colectivo. “Croquis de la utopía” es un mapa del compromiso con actitudes de solidaridad y entrega, dos miradas ante el espejo de un yo común que, en el tramo de cierre, se convierte en balance vivencial. La palabra no es sino un himno a la claridad.
   La antología Con & versos, una propuesta de poetas andaluces para el siglo XXI coordinada por Antonio Moreno Ayora, permite una mirada amplia a la carpeta de inéditos de la poeta jerezana. En los textos seleccionados crece una poesía comunicativa y emocional que hace del soliloquio compartido una manera de adentrase en las paradojas de lo existencial, en esa amalgama de cosas elementales y etéreas superficies por concretar, de intrahistoria y aceras transitadas en común. El poema “Sigue doliendo España” es un destello limpio de su implicación ética y social.  
   Siempre consciente de su machadiana condición de palabra en el tiempo, la lírica de Raquel Lanseros supone un cuajado itinerario, un trayecto continuo que se afianza sin cortes bruscos. Su pautada cadencia reflexiva hibrida temas, argumentos y rasgos distintivos para dejar ante el lector una poesía inconforme, de búsqueda, que captura reflejos en la transparencia de la tradición para reconocerse; una poesía abierta al optimismo de lo celebratorio, a ese estar conforme del yo frente a la alteridad, que hace de realidades y sueños íntimos territorios compartidos.     
 
                                                                

lunes, 4 de agosto de 2014

MARTÍN TORREGROSA. ARTE DE AMAR.

Setecientos versos para Maindra
Martín Torregrosa
Renacimiento, Sevilla, 2014

PALABRAS PARA MAINDRA
 

  En el ideario realista, autor y lector habitan una demarcación compartida; cada texto confía en la implicación y complicidad de un interlocutor; el mensaje se desvela a quien se hace depositario de los enunciados. Esta estética está presente en toda la producción literaria de Martín Torregrosa ( Albox, Almería, 1957), que ha firmado los poemarios Lazos de sangre, Azul es el color de los desheredados y los títulos más recientes, El tren de la lluvia y Setecientos versos para Maindra.
   La estrategia de enlazar sentimientos e intereses con los otros desemboca siempre en el compromiso de la palabra, en la necesidad de formular los caracteres del yo subjetivo como partes integrantes de un ser social con visibilidad ética. El poeta y periodista Daniel Rodríguez Moya, en las líneas introductorias de El tren de la lluvia, comenta esa condición solidaria del poema que siempre hace su viaje vivencial en compañía; como si la mano tendida de la conciencia fuese el método más atinado de luchar contra el olvido del tiempo y sus desajustes, de convertir en sitio de llegada “una estación llamada dignidad” donde coinciden la extrañeza, el exilio, el desarraigo  y los pasos perdidos de solitarios que no encontraron respuestas.
   En su última entrega, con prólogo de Raquel Lanseros, Martín Torregrosa vuelve la mirada hacia los paisajes  interiores para convertir el amor en centro del discurso. Setecientos versos para Maindra es un largo soliloquio confesional, un diario sentimental que vuelca sobre la mesa versos que confían en la vigencia del amor como íntimo resorte. Escribir sobre un topos asentado con solidez en la lírica, que acumula un exhaustivo primer plano en la tradición, puede generar desconfianza. Casi nada hay que decir sobre un motivo en el que han desembocado con variaciones y reincidencias los poetas de todas las épocas. Pero la voz lírica de Martín Torregrosa no busca el asombro; el yo poemático  no es un prestidigitador dispuesto a someter al lenguaje a juegos de mano vanguardistas; el escritor defiende que la escritura es siempre la revisión crítica de un legado.
   Quien lo probó lo sabe; el yo enamorado está lleno de efectos secundarios inocultables. La presencia del amor es una apuesta en firme por convertir la voluntad propia en una disposición natural a habitar un territorio común e incierto. Pero ese amor se hace con materiales, tangibles, temporales, cambiantes y el recorrido amoroso deviene un proceso en línea discontínua, hecho con alternancias de plenitud y ausencia, de cercano disfrute y de la cicatriz abierta del recuerdo, de propósitos cumplidos y de ilusiones y sueños que es necesario recomponer. Lo deja claro la composición de cierre, “Epílogo”, un texto que cambia el paso para mirar el amor desde la distancia, con el formato meditativo del versículo.
   La poesía de Martín Torregrosa verifica indicios reconocibles del devenir existencial. Sus poemas caligrafían con tinta sencilla los sentimientos, convierten la intimidad en un alegato coloquial y desnudo contra la soledad.