jueves, 26 de marzo de 2026

LA SEMILLA

Mañana fotográfico
de internet
Dreamstime
 

LA SEMILLA
 
En la fragilidad de la semilla
hay un rumor en curso,
donde pliega sus alas el prodigio.
En él escarban
futuro las raíces
y vislumbran los troncos
tercas ramas
que buscan en el aire
el golpe sostenido de la luz.
 
Somos en la semilla
reflujo de estaciones
y sombras anegando
un tragaluz con pájaros.
 
A resguardo, consigo,
suelo adentro,
en la semilla insiste
el pulso cardinal de otra semilla.

                     (inédito)



miércoles, 25 de marzo de 2026

INTERROGATORIO

Conversaciones sin voz
Archivo digital
Freepick

 

CASO CERRADO

 
   Pregunta otra vez, con el chisporroteo del cansancio. Sin mover los labios:
-¿Edad?
-No sé desde qué año mi madre sospechó que esta minúscula existencia tendría algún futuro…
  Calla y suspira. Cierra otra vez los ojos. La nueva pregunta tarda en abrirse paso. Cuando llega, arrastra sílabas inaudibles…
-Tampoco hay datos de tu vida laboral.
-No los hay, claro, es inexistente aunque, de cuando en cuando, el pensamiento urgía a inventar recorridos en la calle, al encuentro de un futuro oficio. No llegó nunca. Después me detenía en cualquier parque, esperando que la voluntad durmiese contraída.
   Agacha la cabeza y entreabre la boca humedecida. Se acerca un poco al empujar la voz:
-¿Sabes la fecha del suicidio?
Las palabras, a oscuras, responden por mí:
-Morí hace poco, cuando prescindí de la ingrata tarea de respirar; todavía escucho los restos náufragos de una conversación al otro lado. Las dudas gotean sin enigmas ni claves. En torno a mí, una página blanca sin tipografía ni extrañeza. Soy un caso cerrado.

(Fuera de guion. Casi cien microrrelatos, Editorial Lastura, 2024)







 

martes, 24 de marzo de 2026

ATARDECER EN EL NILO

El oro del crepúsculo
(Egipto, navegación por el Nilo, marzo de 2026)
Fotografía
de
Adela Sánchez santana

 

ATARDECER SOBRE EL NILO

 

Cuando decae la tarde sobre el río,  la realidad parece un decorado a punto de desmontarse.
 
Sueños en construcción entre el aparejo formal de los afectos.
 
Mis ilusiones sospechan que soy un escenario monótono y predecible.
 
En los espejos del Nilo los itinerarios del tiempo se bifurcan entre la antigüedad y el presente.
 
Descifro jeroglíficos, pero hay significados que nunca relleno con la palabra justa.
 
Sobre la cubierta del barco navegando plenitud existencial, entre las riberas del ser y la nada.
 
Si pides un favor al tiempo, las manecillas del futuro se atascan en lo inasible.
 
Cuando estoy solo, hablo demasiado.
 
Dejé de fantasear para centrarme en la imaginación.
 
Según todos los indicios, tampoco al despertarme desperté.
 
Durante el insomnio, aquella noche se contó a sí mismo la historia no vivida de su biografía.

Cuaderno de viaje





lunes, 23 de marzo de 2026

FRANCISCO JOSÉ MARTÍNEZ MORÁN. CUADERNO DEL QUE CALLA

Cuaderno del que calla
Francisco José Martínez Morán
La Garúa Editorial / Poesía
Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 2026


EN NOMBRE DEL SILENCIO

 

   Con título paradójico, prosigue senda poética con el libro Cuaderno del que calla Francisco José Martínez Morán (Madrid, 1981). Recuerdo a los posibles lectores los trazos biográficos esenciales del poeta: Doctor en Literatura Comparada, Licenciado en Filología, investigador literario, gestor cultural y docente en ejercicio. Su espacio creador levanta vuelo en 2006 con Variadas posiciones del amante, reconocido con el Premio Nacional de poesía Félix Grande. Desde entonces cultiva con pasión la poesía, publicando las entregas Tras la puerta tapiada (2009), Obligación (2013), Tacha (2018), Los cuadernos del frío (2021), No (2021) y Fábula del fragmento (2023). Como narrador incorpora a la editorial canaria Baile del Sol la novela Amistades comunes (2018). Colabora en revistas y radio y dirige la colección de poesía de la Universidad de Alcalá de Henares.
  Hablaba al comienzo del texto del carácter paradójico del título y explico brevemente mi consideración. El cuaderno es una herramienta de trabajo en la que el escritor reúne apuntes al paso y organiza la materia verbal; es, por tanto, el umbral de la palabra; una despierta vocación de memoria que se opone a la sílaba quebrada del que calla. Desde esa pauta y con una hermosa dedicatoria a la poeta Marina Casado, compañera sentimental y autora del breve texto de contraportada, se compilan ochenta y siete poemas breves, organizados en cinco secciones: “De un cuaderno sin luz”, “Parafernalia”, “De un cuaderno sin frutos”, “De un cuaderno cerrado” y “Tumbado”; todos con trazos meditativos de despojamiento y desnudez.
   El poema inaugural del apartado “Cuaderno del que calla” emparenta con el vislumbre lacónico del aforismo: “Terminará la luz / y no te habrá bastado.” Ese afán de definir el poema con la soledad habitable y el carácter íntimo del pensamiento moldean los versos con mínimos recursos. La voz, limpia y precisa, derrama transparencia. Es lenta y premiosa. Se adentra en las lindes de la noche hasta sentir el tacto de lo perdido, el frío de un cielo desmembrado. Sabe que el despertar supone aceptar la quiebra que conforma la perspectiva del yo poético: “Cuanto te gustaría que lo roto / ya no formase parte de quien eres, / que no fuera tu sangre y tu osamenta, / que no constituyese / el único sentido de tus años”. 
   El tono introspectivo de las composiciones hace del tiempo y sus certidumbres uno de sus vectores básicos. Los textos moldean soledad, ratifican sensaciones de hondura, asumen la caducidad, liberan sombras. Buscan respuestas, a través de la escritura, que hagan más habitable la casa, que aligeren la presión ominosa del pasado y diluyan la banalidad de quien percibe los puntos de cruce del entorno. Como si la representación hubiera concluido, toca bajar el telón, asumir las exactas dimensiones del teatro y abandonar las tablas para buscar sitio en otra parte: “vuelvo porque ya me he marchado para siempre”.
   Lo cotidiano forjó usos habituales. En torno a las cuerdas de sujeción del atardecer pende una monotonía hecha quietud, de la que conviene liberarse. Este afán se recoge en el segundo apartado, “Parafernalia”. Hay que recuperar la sensación de ser otro y estrenar un vacío en el que ya no este cobijado un pasado común, repleto de incisiones y recuerdos. Promesas e ilusiones conspiraron para ser Ícaro y habitar la caída, el error y el desengaño. Para ascender por los peldaños de un futuro imprevisible en el que no estarán los pasos del nosotros. ´Solo serán compañeros de viaje la “despresencia” y el olvido.
    Llega un tiempo de hastío y queda entre las manos, como enuncia el título del tercer apartado, la austera caligrafía de “Un cuaderno sin frutos”. Se impone, como tercos garabatos infantiles, la plenitud cansada de lo frágil. Los espejos resguardan quejas. Son apuntes de una realidad testimonial y objetiva que habla de soledad y carencia, de la triste penumbra del pasillo sin nadie. Todo el apartado amplifica con sus breves trazos la sensación de naufragio, ese dejarse arrastrar por un oleaje que no deposita en ninguna playa. Solo perduran algunas emociones como escueta terapia contra la conciencia de la ruina. Todo parece conspirar alrededor. El yo se hace refugio de sí mismo.   
   El apartado “De un cuaderno cerrado” atestigua un camino de vuelta. Otra vez el paso encuentra norte, una presencia firme que tiende la mano a la esperanza. La noche deja sitio al tacto rosado de la primera luz, aunque todavía perduren indicios de frustración y desconcierto, las reiteradas versiones de una misma decepción. Una orfandad cercana a la que conviene poner distancia, para que suene en el transitar de la mañana el rumor de la brisa que tiembla entre las ramas.
  La composición final de “Tumbado” reúne, con ritmo entrecortado, las huellas del yo frente a sí mismo: “Yo estoy tumbado / y así seguiré”. La quietud parece un horizonte estable y monocromo. Todo está en pausa. Espera, mientras el tiempo se desliza con vocación de ausencia. La realidad es un extraño hueco inhabitable. 
   Francisco José Martínez Morán vislumbra en las composiciones de Cuaderno del que calla el paisaje fallido de la realidad, sus luces mínimas, los trazos de un tiempo que se desvanece. Queda el silencio y la evocación, el parpadeo de la memoria, donde apenas se cobija el frío. Mas la vida persiste, reclama la mirada y pone en la ventana luz diáfana, la taza de café para el regreso.
 
 JOSÉ LUIS MORANTE





domingo, 22 de marzo de 2026

REGRESO

Cosecha

 REGRESO A RIVAS

Aquí pierdo la voz, contemplo Rivas,
un nombre propio escrito en el asfalto,
un árbol que resguarda la memoria;
pulcra ciudad de espacios habitables,
igual y diferente a cualquier sitio.
Cada jornada intento sin demora
la gesta cotidiana de aventar el cansancio
de los días comunes,
mientras bruñida y fragil, a lo lejos,
una luna de plata abre la noche,
dibuja su contorno en el regazo
del cielo envejecido de Madrid.
Crece la sed aquí, varado en Rivas.
Busco en vano la esencia de las cosas,
acumulo renuncias e inquietudes
y despide mi mano el tren vacío
de la vida que parte, no sé dónde.


  (Antología Ahora que es tarde, 2020)


 

jueves, 12 de marzo de 2026

LECTURA PERSONAL DE OFICIO DE CALLAR

Oficio de callar
José Luis Morante
Mahalta Ediciones
Colección Axiales, nº 3
Ciudad Real, 2026


CARTOGRAFÍA DE LA MADUREZ

 

Envejecí de golpe y cayeron las piedras

                    OSWALDO FLORES

 
   El poeta de Aguilar de la Frontera Vicente Núñez, tan aficionado al sofisma, escribió: “Cualquier lectura de un texto es válida. Excepto la de su autor”. Es una afirmación contundente que en mi caso genera un sosegado desconcierto. Defiendo exactamente la postura contraria: “El autor es el primer lector de su escritura. Conoce la raíz de cada renglón y las observaciones particulares de su contingencia”. Como admiro la obra del cordobés, mi disentimiento busca de inmediato entre ambas opiniones polares un ecuador conceptual, un eje de simetría en el centro: “Cada lectura es válida en sí misma; aporta una respuesta más, un reflejo, una certidumbre, aunque sea desvaída”
  Quien recorra los aforismos de Oficio de callar percibirá que esta recopilación de breverías se apoya en unos pocos núcleos de fuerza. Recalca la concepción existencial del yo pensante; muestra vínculos con el discurso de viva voz del tipo humano que protagoniza el andar biográfico. No hay despersonalización de la trayectoria vital; cultivo la dinámica continua de un aprendizaje que ha superado esa confrontación romántica entre escritura y vida. La identidad no es una aleación momentánea. Tampoco es un sendero lineal la expansión hacia el otro de la convivencia social.
   Desde el título, los aforismos cobijan una ironía sutil que desaloja certezas fósiles e inamovibles; escribí con la tranquila caligrafía de la madurez, en un intervalo temporal de grandes cambios sociales. En ese marco buscó sitio una mirada que tiende a la introspección. Quité sentimentalismo, fracturas afectivas y acepté que la amistad tiene una naturaleza efímera y tiende a diluirse en el tiempo.
  Me gusta pensar que el tipo humano que habita en mis aforismos se inserta en un paisaje cultural; forma parte de una tradición de valores que debe perdurar frente a la degradación. Abundan las reflexiones que sondean la cualidad ética de la escritura. El escritor está inserto en un marco histórico y sus enunciados definen un paréntesis cronológico convulso; adquieren, por ello, el carácter de una representación.
   Toda ontología personal supone un deslizamiento de onda variable. En esta superficie de abarcable diversidad el motivo amoroso constituye un núcleo central. El amor es un cristal- transparente o con niebla- que deja a descubierto el lenguaje contradictorio de la realidad. Entre la plenitud y la ausencia han ido escribiéndose textos cortos de una introspección que tiende a la solitaria quietud de la edad madura, a su carácter intimista y simbólico. Ellos ponen materia a un ideario estético que no es sino un puñado de certezas con límites difusos. Mis aforismos hablan de mí; son textos domésticos, si los dejo en la calle vuelven solos a casa. Buscan sitio en el lugar de siempre, ese rincón llamado yo.
  


miércoles, 11 de marzo de 2026

LAS HORAS OCIOSAS

Desvelos
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


LAS HORAS OCIOSAS 


 
Se dispersan mis horas, exiliado en la buhardilla. Rodeado de libros y proyectos inacabados que saben de fracasos y carencias y me definen con precisión. Soy una trastienda repleta de soledad. Nunca he sentido nostalgia de la compañía. Colisiono conmigo.
 
Sin embargo, aquí en esta lejanía del ruido diario, en la que me sorprende el amanecer, soy un robinsón con isla utópica.
 
Ánimo depresivo cuando descubro patéticos ejemplares de egos desbordados. Escritores que para hablar de sí mismos necesitan un narrador omnisciente.
 
Entre tinieblas, la memoria activa del presente. Un ahora cada vez más sometido a la barbarie imprevisible de dos tiranos. Son perturbados, huidos de alguna página de Dostoievsky, epicentros de cualquier amenaza, aplicados hacedores de muerte y escombros.

(Páginas del diario)


 

 

martes, 10 de marzo de 2026

PRIMERA CLARIDAD

Nieve
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


PRIMERA CLARIDAD

 
1
 
Vivir la claridad del despojamiento, su estar limpio, su ascesis hasta la otra orilla. Abro las manos. De la quimera existencial me llevo casi nada.
 
2
 
Aunque esté lejos, qué trasluz cercano empareja al asombro.
 
3
 
La germinación de la belleza  requiere constancia; instantes con levedad de nube.
 
4
 
De  la voluntad, la respiración fatigosa de todo aquello que no pudo ser.
 
5
 
No ser nunca quien sobrevuela márgenes y levita sin estar dentro ni fuera.
 
6
 
Tengo una brújula para extraviarme en mí.


lunes, 9 de marzo de 2026

JOAN MARGARIT (RECUERDOS)

Joan Margarit
Arquitecturas de la memoria

 

 JOAN MARGARIT: EVOCACIÓN Y DESPEDIDA

                                
     Llegué muy pronto a la poesía de Joan Margarit (Sanaüja, Lleida, 1938), pero no fue hasta abril de 2003, en Cambrils, cuando conocí al poeta. Los dos estábamos invitados a un encuentro literario, coordinado y organizado por Ramón García Mateos, en el que también participaban Antonio Gamoneda, Jaime Siles, Félix Grande y Enrique Badosa, junto a poetas más jóvenes: Luis Felipe Comendador, Ada Salas,  María Ángeles Pérez López, Eduardo Moga y Mercedes Escolano... La tarde de nuestro primer encuentro tuvo un intimismo cordial que me sorprendió. El poeta me regaló el poemario Joana y me confesó la abrumadora contingencia biográfica que habitaba detrás de los poemas. Yo expliqué mi trabajo crítico, le regalé Causas y efectos y le pedí permiso para plantear una edición bilingüe de su obra poética para la colección Letras Hispánicas de Cátedra. Y el poeta aceptó encantado. Comenzaban tres años de trabajo con llamadas frecuentes, algunas cartas y una disposición colaboradora que adelantó el proyecto casi un año. En marzo de 2006 salía la primera edición de Arquitecturas de la memoria  y aquel libro selló para siempre nuestra amistad. Hubo presentaciones, entrevistas, encuentros en Rivas y Lucena, y visitas al instituto donde yo trabajaba. Joan leía con tal intensidad que fascinaba a los alumnos y la respuesta de los estudiantes era siempre la misma: largas filas para que el poeta les dedicara su ejemplar e intercambiara con ellos algunas palabras.
   Los encuentros se han repetido en el tiempo, ya que el poeta ha sido muy fértil y siempre presentaba sus libros en Madrid, en la librería Alberti, mientras su prestigio literario iba creciendo como una secuoya hasta obtener en plena madurez dos reconocimientos de gran repercusión cultural, el XXVIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio Cervantes 2019, que originaron un seísmo mediático y una estela de interpretaciones. Pero el poeta no cambió nunca su forma de estar en lo diario y su manera de sentir la poesía. Más allá del horizonte político peninsular y la fractura ideológica y social propiciada por el independentismo está la certeza, los ojos en el retrovisor del tiempo, de que en su dilatado recorrido poético nunca se ha generado hostilidad entre el catalán y el castellano. Así lo escribí en el prólogo de mi edición crítica Arquitecturas de la memoria (Cátedra, 2006). El arquitecto y profesor de la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona es un escritor bilingüe que crea en los dos espacios idiomáticos.
   Su obra forja pasadizos comunes entre ambas lenguas en un proceso creativo sometido a continua revisión, según queda constancia en El primer frío (Visor, 2004). La compilación recorre tres décadas, de 1975 a 1995, y contiene una severa poda selectiva. El prólogo recuerda que la voluntad de hacer poemas despierta en plena juventud en Tenerife, donde la familia se instalado en 1954, por asuntos laborales, inaugurando una etapa enriquecedora cuyas instantáneas serán rememoradas con frecuencia. Ya en Barcelona, se matricula en la Escuela Superior de Arquitectura pero el deseo de un destino literario es tan intenso que abandona las aulas para incorporarse a un trabajo editorial. Sin embargo, no se cumplen las inquietudes y vuelve a la universidad para concluir la carrera de Arquitectura, en la especialidad de Cálculo de Estructuras.
  Su formación científica arropa el planteamiento mental con que se acerca al material poemático: “Pienso que no es una coincidencia baladí que el Cálculo trate de lograr la máxima resistencia y estabilidad con el mínimo de materiales (en general acero y hormigón)  y que la poesía trate de decir el máximo con el mínimo de palabras: al igual que las matemáticas son las más exactas de las ciencias, la poesía es la más exacta de las letras”.
  El trayecto arranca en Crónica (1975), libro en castellano del que se recuperan varias composiciones reescritas y la etapa en esa lengua queda prácticamente abolida. Cinco años después, el autor regresa a la poesía utilizando el idioma vernáculo. Firma una decena de títulos y cosecha abundantes premios que lo convierten en protagonista relevante. También este segundo tramo ha sufrido un reajuste severo; del mismo se incluyen treinta y seis poemas bajo la denominación Restos de aquel naufragio. Será el poemario Luz de lluvia el que inaugure la etapa en la que el poeta reconoce plenamente la voz y en la que se integrarán Edad roja, Los motivos del lobo y Aguafuertes. El aserto “El primer frío” tiene como sustrato semántico el diálogo abierto entre camino existencial y escritura, eje orbital del ideario estético. El poema debe modelar un refugio para el protagonista verbal.
  En Llegas tarde a tu tiempo (Visor, 2010) se integra la cosecha escrita entre 1999 y 2002 que agrupa los libros Estación de Francia y Joana, un periodo donde se vislumbra una estricta concordancia entre el yo existencial y el sujeto poético: la palabra da fe de lo vivido; se utiliza el pasado como sustrato temático para que afloren los indicios de una realidad vital. El cúmulo de experiencias da paso a una meditación en la que predomina el sentimiento elegíaco y la certeza de una temporalidad ineludible que condiciona las distancias entre lo subjetivo y la otredad.
    La escritura cimenta un conjunto de obsesiones expandido mediante variables; el poema recurre a la clarividencia del matiz. En esta cercana exposición de la intimidad hay unos cuantos personajes referenciales. Cada uno cumple una función emancipadora del aporte sentimental del yo poético. Raquel – o Mariona- es la culminación de lo amoroso, el erotismo y la plenitud de una convivencia que no está libre de erosiones y envejecimientos, pero que ha proporcionado al yo un asidero, un puerto franco frente a la intemperie. Joana – la hija minusválida- es, en su fragilidad y en su condición vulnerable, el detonante de un aprendizaje que no concluye, ni siquiera con su desaparición; connota el fondo de invierno del dolor, el rostro de una belleza profunda y desconocida y la cercana presencia de la muerte. Tío Luis participó en la batalla del Ebro y tuvo un comportamiento heroico salvando a uno de sus compañeros; en la amarilla grisura de la posguerra es la figura donde lo ideal encuentra sitio, cuando el proceso de resignación y la renuncia a cualquier utopía parecen haber desvanecido la posibilidad de una causa. Tío Luis, por tanto, es la ética que se resiste a claudicar
   Con insólita fertilidad, los poemarios se suceden: Cálculo de estructuras, Casa de misericordia, No estaba lejos, no era difícil, Se pierde la señal, Amar es dónde, Misteriosamente feliz y Un asombroso invierno. Las entregas imbrican contenidos en los que la introspección se hace constante básica. Se recorren estratos indagatorios en lo vivencial, las travesías de la memoria y las sombras de espacios interiores como el vacío, la pérdida, el derrumbe y el cansancio. Además, siempre hay geografías afectivas para la música, el mar, los viajes, o la ciudad, como elementos conceptuales repletos de simbolismo.
   Desde una lucidez que objetiva la emoción, se busca en cada verso una expresión precisa, alejada del hermetismo, que se decanta por lo coloquial y propende a lo narrativo con una cuidada secuenciación rítmica en la que no hay cambios bruscos. La poesía de Joan Margarit articula una identidad moldeada en el devenir que busca su razón de ser en el poema. Aquí el arte no es distinto que la vida. En cada palabra está la huella del haber íntimo, la búsqueda de permanencia sobre la finitud y la ceniza.
   En la tarde del lunes 16 de febrero de 2021 fallecía Joan Margarit en el domicilio familiar de Sant Just de Desvern, en Barcelona, a consecuencia de un cáncer, diagnosticado un año antes. Su biografía es ahora un solo poema que deja como último verso la palabra quebrada de su ausencia. Descanse en Paz el hombre, el amigo, el poeta.


 JOSÉ LUIS MORANTE, poeta y crítico literario. Es editor de Arquitecturas de la memoria. Joan Margarit (Cátedra, 2006) 
 
 

domingo, 8 de marzo de 2026

CLARIDAD

Nacimiento de la Primavera
Sandro Boticelli

 

NUEVA CREACIÓN
 
Si me hallaras vacío,
solitario y absorto,
con el alma sin lastre
que asegure lo humano,
como grano de arena
al vaivén de la espuma,
frágil cometa leve
en los aires perdida,
ámame dulcemente,
sobre todas las cosas,
como si fuera barro;
una estatua olvidada
que requiere tu soplo
para vivir de nuevo.   

    (Del libro Rotonda con estatuas, 1990)




 

sábado, 7 de marzo de 2026

SERIE NEGRA

En el callejón
Imagen de
Archivo digital Freepick

 

EN EL CALLEJÓN 

  Me angustia la certeza de que algo no va bien. Hay detalles raros. Hasta ahora mi sombra asumía estar conmigo, callada y diligente. Desde hace días escucho sus quejas. La noto cansada, abstraída. Está  distinta cuando se proyecta sobre el pavimento. Con frecuencia, se pierde al cruzar los semáforos o en deshabitados callejones, lo que me obliga a vigilar mi espalda de continuo y a multiplicar trayectos que no llevan a ninguna parte.
  Cuando miré atrás, hace un instante, intuí en el difuso encuadre de la cabeza ojos de luz. Lo entiendo; tiene una decisión tomada. El recelo me impulsa a mirar otra vez; fundida en la silueta de su mano percibo una pistola. Se alza detrás, con lentitud autoritaria. Quiere asesinarme.
   Lo urgente es escapar de un acto impune. La policía no sospecha que mi sombra dispara.

(Del libro de guion. Casi cien microrrelatos)



viernes, 6 de marzo de 2026

TIPOLOGÍA DEL ENEMIGO

Se busca

 

TIPOLOGÍA

 

Aun generalizando, todos cabemos dentro
de la especie enemigo.
Unos -con buena estrella-
certifican sus actos como enemigos públicos.
Son el tótem sagrado de tribus marginales,
una pared escrita,
una fuga de cine,
una sentencia, un grito
y el blanco de las iras de honestos ciudadanos,
por razones más bien inconfesables.
El perfil de su rostro
adorna las pantallas de los televisores
y los editoriales de la prensa escrita.
Su búsqueda y captura constituye
una razón de estado.
Otros son meritorios,
enemigos vulgares,
y apuntan vocación a una infame existencia.
Sabiamente acogidos al murmullo
se hacen protagonistas secundarios
de alguna gesta ilusa.
Y se les reconoce
por su tenacidad en el derrumbe
y por el impudor con el que muestran
nuestras contradicciones.

   (Del libro Enemigo leal, 1992)




jueves, 5 de marzo de 2026

LARVA

Crecimiento

 

LARVA

 
 
   Atrapada en una soledad silvestre y en un oficio infame, su manera de estar en lo diario se agrietó con el tiempo, hasta destilar un carácter enfermo, inhabitable, oscuro, como un denso pasillo sin final. Fue un cambio irreversible.
  De cuando en cuando abre los ojos en la sombra y exige claridad, esa ilusión etérea de las cosas que muestran pujanza, tacto firme y cercanía. La luz, acurrucada, nunca acude. Resiste. Deja lejos su cáscara vacía. Tiene miedo también.

(De Cuentos diminutos)


miércoles, 4 de marzo de 2026

CON VOZ DE DIARIO ÍNTIMO

Evocaciones
Laguna de El Bohodón, Ávila
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

CON VOZ DE DIARIO ÍNTIMO

Escritura y docencia; un vecindario avenido, en régimen de bienes gananciales,  que paga en común los recibos de la incertidumbre diaria.

Resulta abrumador el número de escritores que sustituye la literatura por la Sociología. Se van y cuando regresan, desde las tinieblas de la realidad, son otros

Una certeza me mantiene apegado a los libros: la poesía no cae del cielo sino de las estanterías.

Nada azora tanto como encontrarse con nuestras limitaciones. Cada libro oculta un fracaso premeditado.

Huelga de formas métricas cerradas. Me llegan las reclamaciones de sonetos, décimas y haikus descontentos con sus límites formales.

 Vivir a campo abierto; las aceras congregan un contagio de prisas.

 Alguien habla en voz alta. Otro asiente a intervalos. Una multitud conectada con un oído atento en la distancia. Solo yo permanezco fuera de cobertura.

Elijo un mesa apartada que testifica el silencio incesante. Frente a mí los asientos vacíos del pasado  y esa caligrafía de la evocación que escribe en lluvia oblicua.


(Anotaciones)



martes, 3 de marzo de 2026

ENCUENTRO

Los otros que perdí
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 


ENCUENTRO

Aquel día gozaba de la lluvia
bajo la espesa fronda de un parque solitario
y tropecé conmigo.
Miré mi rostro
con curiosa sorpresa;
me hallé un poco más viejo, más cansado,
abrumado quizás
por un escepticismo prominente y asiduo
y una antigua tristeza
palpable, aunque recóndita.
Sentados en un banco prodigamos
leves toses, murmullos,
dilatados silencios y miradas furtivas.
El tiempo parecía detenido,
hasta que una acuarela de ceniza
ensombreció el crepúsculo.
En tanto se alejaba,
una temprana rosa depositó en su sitio
efímeros instantes de belleza
que, de común acuerdo, ambos no vimos.
Respiré hondo;
todos sabéis qué indecible fragancia
emana de la tierra cuando llueve.

     (Ahora que es tarde. Antología poética (1990-2020)




lunes, 2 de marzo de 2026

UN PASO MÁS ALLÁ

Espera

 

MÁS ALLÁ

 El final de ruta añade a la topografía habitual una fotografía desenfocada del paraíso.

 *

 La indecisión transforma cada paso en cruce de caminos.

 *

 El observador comprende cuando escucha la trama argumental del paisaje.

 *

 Romeros digitales en el Camino de Santiago; peregrinos musculosos con equipación deportiva, publicidad en el casco y todo tipo de artilugios tecnológicos.

 *

 Ítaca y el impulso del viaje. No la meta, sino el recorrido.

 *

 Se enamoró en plena escalada de la cara norte. Cota 2570. Músculos y nervios repetían que iba por buen camino.

 *

 Sin regreso el viaje es estéril.

 *

 Empleaba la lentitud del sedentarismo en diseñar rutas marítimas con olas fijas.

 *

 De algunos viajes vuelven otros.

 *

 El exilio. Un bosque de árboles trasplantados y especies exóticas.

 *

 “Me gusta avanzar con paso firme”. Dijo frente al silencio de los acantilados.

 *

 Perseguir la estela del yo. Ir más lejos. Hacia dentro.

 *

 Ser testigo en el viaje de una realidad proteica, con haz y envés, ajena a la senda amañada del turista.

 *

Antes de partir se apunta a un taller literario sobre el arte de novelar. Los recorridos aproximan pormenores reales y ficción.

*

El trayecto largo altera la identidad. La imagen en los espejos del hotel nunca es fiel al original.

*


domingo, 1 de marzo de 2026

APARICIONES

DESDOBLAMIENTOS

 

APARICIONES

 

Como si necesitase propagar las nociones del miedo, su desastrada imagen regresa en el espejo de improviso. Recuerda un destello diluido que va perdiendo intensidad. Hay en los gestos un estar apocado. Su soledad conforme conjetura que está en ese tiempo en el que los fantasmas no son pesadillas sino compañía.

(De Cuentos diminutos)



sábado, 28 de febrero de 2026

SEQUÍA MENTAL

Después del incendio

 

SEQUÍA MENTAL

Las ilusiones salvaguardan los periodos de sequía mental, muestran una querencia natural por los proyectos inacabados.

A los fanáticos de las ideas incendiarias les viene bien la proximidad vecinal a un parque de bomberos.

La literatura dista de ser vida literaria a granel, ese mercadillo de intereses individuales.

Una obligación ineludible del cerebro formado es ser coherente. Si alguien pone púlpito y considera que España es un país periférico y subdesarrollado, es absurdo que se asiente aquí. El mundo de las opiniones sensatas no debe estar en conflicto con los itinerarios de la razón.

  

(Anotaciones del diario)



viernes, 27 de febrero de 2026

ALICE MUNROE: LA HUMILDAD DEL RELATO


 

ALICE MUNRO. LA HUMILDAD  DEL RELATO.

 
   La decisión del sanedrín literario sueco de conceder la antorcha del Premio Nobel de Literatura en 2013 a la canadiense Alice Munro prodigó en los medios de comunicación de todo el mundo abundantes informaciones biográficas. Nacida en Wingham, provincia de Ontario, en 1931, pasó su infancia en un ambiente rural del gélido interior canadiense, con severas dificultades económicas familiares. Tras establecerse en Vancouver ejerce distintos oficios y a partir de 1950 va cimentando un sólido trayecto escritural en el que el cuento se convierte en centro creador de su escritura.
   Como enunciara la escritora en entrevistas y tertulias literarias, su existencia sólo cobra sentido en la escritura, donde no pocas veces la letra pequeña de lo autobiográfico actúa como venero temático. Es en el cuento, un género mayor del siglo XX, donde habita lo esencial del sentir literario. En Alice Munro el cuento tiende a describir historias sin épica, con el énfasis apagado de lo cotidiano. Así sucede en su colección de cuentos Demasiada felicidad, cuyos trayectos accionales requieren un desarrollo temporal  de media extensión para precisar las circunvalaciones de actitudes vivenciales siempre de paso. Los cuentos abordan instantáneas de protagonistas y secundarios empeñados en una carrera de fondo de metas difusas. Lo contingente acecha. Siembra estados de angustia capaces de cambiar el rumbo de una voluntad que no se guía por ideas abstractas sino por motivaciones de escasa relevancia. Y lo mismo ocurre en su última entrega Mi vida querida, donde volvemos a percibir la estética singular en el aliento creativo de la escritora canadiense.
   Ni espacio ni tiempo precisan datos exactos. De esa atemporalidad emerge la geografía vivencial de  lo doméstico. Son territorios para supervivientes que reiteran tareas habituales en intervalos cronológicos en los que apenas cabe la sorpresa. Y, sin embargo, ésta reclama un espacio secreto de la intimidad individual como si fuera materia central de un submundo hermético.
   En los cuentos de Alice Munro cobran relieve los perfiles femeninos, siempre llenos de complejos estados emocionales, obstinados en la paciente espera de lo extraordinario. Mujeres atentas y receptivas crecen hacia dentro mientras muestran su cansancio ante una realidad manipuladora y llena de cicatrices, que de cuando en cuando se ilumina con una relación personal, con un deseo cumplido, con la calma resolución de un conflicto sin tregua, o con el espejismo de una felicidad que nunca dura demasiado.
   Cada género literario tiene un selecto grupo de voces mayores que ratifican la mena central de una estrategia expresiva. En el cuento estará siempre la humildad de Alice Munro, la incontestable honestidad de quien siembra el asombro con manos de mujer en la piel del desierto.
  
                                                          


jueves, 26 de febrero de 2026

PROBLEMAS AUDITIVOS

El cantar de los pájaros
Fotografía publicitaria

 

AUDÍFONOS

 

   Ausente habitual en el silencio, se puso a leer la carta personal  del dueño de la tienda con interés creciente. “Los audífonos serán una extensión del cuerpo, una abertura para recuperar en lo diario el canto de los pájaros, el gotear de un grifo mal cerrado, o el mismo caer inadvertido de las hojas…”. La cadena de precisiones saltó por encima de su incredulidad, advirtiendo que, cerca, ocurren maravillas insólitas, como en los dormidos itinerarios de la inocencia. No se desanimó ante la compleja instalación manual en el pabellón auditivo. Todo era difícil. Por el ventanal del salón percibió una mañana de luz oblicua, sesteando en el jardín. Salió fuera. Buscó un sillón y acogió distraído un libro de poemas de José Hierro para la espera. No recordaba el canto de los mirlos. Una hora después, el reloj comenzó a prodigar algún bostezo. No sucedió nada. En el jardín, los signos de reconciliación con el sonido se mantienen al margen. Suspiró sin exigir. Nada justifica la duda o el desengaño, todavía. A veces, la esperanza no es más que un intento de fuga.

(Cuentos diminutos)



miércoles, 25 de febrero de 2026

FÉLIX MARAÑA (ABRAZO CON SONETO)

Los Invernaderos (Madrid-Río)

RETRATO CON NIEBLA
 
De nieve la cabeza, boca tensa,
ojos semicerrados, casi un viejo
que tiembla, tose, quiebra su entrecejo
y pincela de gris su niebla densa.
 
Terca sombra de mí, actor minúsculo
en las fugaces tablas de la vida.
Tiza y pizarra ayer, escuela huida;
iluso contraluz, pronto crepúsculo.
 
Oscuro grifo del amanecer.
Letras de luz en la palabra paz,
futuro por venir, renglón absorto
 
que busca recorrido para ser.
Pasos inciertos del sentir tenaz
en un soneto que se queda corto.
 
                          JOSÉ LUIS MORANTE 
 

 LECTURA DE FÉLIX MARAÑA

   El poeta sitúa al personaje, a la persona objetiva, en la vía esmarrita. Pero no se aturde, sino que encara el tránsito, el rito de paso con un exquisito sentido del humor: he ahí el último endecasílabo, que recuerda cultamente a su primogenitura, “un soneto me manda hacer Violante”, del padre Lope, también llamado Félix, será por algo. El poeta es profesor, marca, como el cantero en la piedra de las catedrales y palacios del Medioevo, su seña, que retrata su trayectoria, ahora que el jubileo se traduce por crepúsculo, por no llamarlo vejez. El poeta convive con su sombra terca, porque la sombra es un invento, como la conciencia, que viene de marca, al nacer, en la primera señal del cantero, y se adhiere como un herpes espiritual al sistema. Y hay en esa vejez, que antes se llamaba ancianidad, un plus de madurez, que le advierte que, entre la niebla, y con los ojos semicerrados, también se atisba algún rayo de luz. El poeta es contemplación, “renglón absorto”, que nos recuerda algún pasaje analítico de Gaston Bachelar. Y aspira a ser, a realizar en un recorrido, para el que un soneto (he ahí el rasgo de humor que remata y salva al soneto, y lo salva porque lo corona), recorrido, digo, para el que el soneto, se queda corto. 



martes, 24 de febrero de 2026

EL AFÁN DE SEGUIR

El afán de seguir
(Álbum personal)

 

FUTURO IMPERFECTO


Picoteo aquí y allá, páginas salteadas de La península de las casas vacías, de David Uclés. Un autor del que todo el mundo habla y cuya lectura parece una cuestión de estado. Novela abrumadora de setecientas páginas. Mi desazón es enorme porque el número de lecturas pendientes se ha desbordado en el comienzo del año. Así que abro la novela con el entusiasmo de quien hace cemento en un octavo piso. A ver si aguanto la embestida verbal de Uclés. Sospecho que no. pero aguanto mucho menos las polémicas que genera el autor. Uclés puede participar en los coloquios que desee y desechar sin problemas compañeros de mesa no deseados. Eso se llama libertad.

El desborde postal demanda criterios selectivos para reseñar los libros nuevos. Una aspiración revolucionaria. Desde hace años camino a tientas por el gusto lector.

Perdonen la tristeza.  En mi cara parece un manchón aterido que deja preocupados a los amigos que siempre están. Mis disculpas; este intervalo temporal en casa merece la sonrisa de quien guarda un sueño del que no quiere despertar.

Cada vez más convencido de que el uso permanente del sarcasmo es signo preclaro de estupidez, de un carácter descompuesto y oscuro al que duele ser rama baja, apéndice de luz escasa.

(Apuntes del diario)





lunes, 23 de febrero de 2026

MIRAR DETRÁS

Quietud
Fotografía publicitaria
Archivo de internet

 

MIRAR  DETRÁS

 

 
El pesimismo predice esos trayectos que acaban sin pasos.
 
*
 
Ser lo que uno es, sin fecha de caducidad.
 
*
 
Existir supone confianza en la racionalidad cartesiana del  caos.
 
*
 
En la prudencia de la poda, los huesos y cartílagos del crecimiento.
 
*
 
Soy un nómada obsesivo; me gusta huir de mí.
 
*



sábado, 21 de febrero de 2026

ROCÍO EXPÓSITO. ASOMBRO

Asombro
Rocío Expósito
Editorial La Garúa
Colección Poesía
Barcelona, 2026

  

INDICIOS

  

   Rocío Expósito (Barcelona, 1984), Licenciada en Humanidades, Máster en Estudios Avanzados de Literatura española e Hispanoamericana, y profesora de francés en un instituto de Secundaria, comienza senda poética con la entrega Asombro, un despertar impulsado con mimo por el editor y poeta Joan de la Vega en la Colección Poesía de la Garúa.
  Asistimos pues a una epifanía literaria que traza los primeros rasgos con despojamiento y aparente sencillez.  Una cita de Santiago Alba Rico: “La literatura no es otra cosa que un delirio bajo control”, que tiene la precisión concisa del aforismo, sirve de pórtico a los poemas de Asombro, que organiza su contenido textual en tres secciones, cada una de las cuales se compone de once composiciones. Las tres partes, “La exacta belleza”, “Corazón central” y “El vuelo inmune”, emplean el mismo formato: poemas breves, de rápida resolución argumental, que comunican sensaciones e indicios sensoriales, un inventario de vivencias, más que enunciados conceptuales. El yo poético abre los ojos para dar identidad a un entorno en mutación constante, casi en una actitud cercana al zen y al abanico de creencias del pensamiento budista, que convierte el paisaje en latitud interior.
  Al cabo, la belleza, no es sino el cumplimiento del ideal, su percepción tangible. Por lo mismo, recuerda el vuelo leve de una libélula en el aire, o el descanso en silencio de un verso sobre el papel. Rocío Expósito renuncia a la poesía enunciativa, que se apoya en un pretexto anecdótico. Abre la pupila de la introspección para retener, con la escueta convicción del haiku, el instante que define el ahora: “Descansa sobre el suelo árido / como aquel verso antiguo / de Wang Wei”. Resulta clarificador que el primer nombre que aparece en el libro, como referencia cultural, tras el de Emily Dickinson, sea el del poeta clásico chino, Wang Wei. El maestro alternó su pulsión escritural con la pintura, eligiendo como tema central de sus dibujos la naturaleza. Su legado creador ejerció una intensa influencia en la tradición pictórica china, a pesar de que sus realizaciones plásticas no han sobrevivido a la erosión del tiempo.
  La realidad cercana se vacía para mostrar un espacio sin formas. Quien mira con atención descubre que en el lugar que ocupa no hay nadie, sino la ausencia. El espacio habitable es, al mismo tiempo, refugio e intemperie, un apagado discurrir que convierte al trayecto temporal en meditación y conocimiento, en viaje interior. Y en ese recorrido en soledad apenas late el pulso del recuerdo, una arritmia fuerte que sirve a la poeta para constatar un explícito homenaje al padre, dibujado con una intensa emotividad.
  La naturaleza cobra protagonismo en el poema, pero lejos de esa poesía bucólica que hace acto de presencia por la acumulación de elementos visuales yuxtapuestos; las formas se convierten en simples trazos, en una caligrafía de omisiones. En su quietud, apenas dejan la sensación de vida. Protagonizan ciclos de amanecida y crepúsculo, como si alentaran un discurrir pactado, casi ajeno a lo contingente. Solo mantienen la sobriedad de estar bajo el epitelio de la luz.
   La contemplación deja al testigo al borde. Como si esperase en su contemplación una posibilidad, un misterio que anima entre las manos la fragilidad contenida en el estar. El apartado “Corazón central” no cambia el paso de Asombro. Persiste esa comunión despojada entre paisaje y observador. El latido exterior y sus imprecisas dimensiones buscan su comunión con la mirada para asentarse como una realidad complementaria e hipnótica, a la que nadie puede ser indiferente. Tampoco lo hace "El vuelo inmune" como apartado de cierre. La escritura nombra y da forma; concede permanencia a la poblada estela de lo que se pierde cuando las horas gimen y se desbordan, rompiendo las costuras de los calendarios, para recordarnos la belleza, el lugar de lo insólito, lo escondido.
   Con una tangible economía expresiva, Rocío Expósito deja en Asombro una escritura impregnada de riqueza espiritual y contemplación. Las composiciones nacen al hilo de lo vivido para mostrar una sensibilidad cómplice. Para encerrar el callado estar de la belleza en el cuerpo efímero de las palabras. Poesía limpia, que salva de la intemperie; que confía en la elusión y el silencio como puntos de fuga.



viernes, 20 de febrero de 2026

FLORACIONES

Quinta de los Molinos, Madrid
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 
 
FLORACIONES
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
                                                                                                
Todo es siempre menos
 
JRJ
 
 
Extremó la prudencia verbal; no aventura palabras si no es en presencia de su diccionario.
 
***
 
Afrontar sin amargura, sin gestos de abandono,  que lo que pensamos oculta lo que somos.
 
***
 
Su cerebro contiene dos ideas; son tan opuestas que entre ellas cabe un sistema filosófico.
 
***
 
Al florecer el día  rompe la quietud del reloj un aforismo. Sorbos cortos.
 
***
 
Basta mirar la penumbra de alrededor para saber que no estoy.
 
***
El puño cerrado de quien corta rosas.
 
***
 
Una pobreza de hospitalidad irrefutable, capaz de ofrecer su vieja cama de faquir.
 
***
 
El silencio y su fuerza de convicción. Sabe quién responde cuando nadie llama.
 
***
 
 
El prudente convierte en coma cualquier punto final.



jueves, 19 de febrero de 2026

PASAR DENTRO SIN LLAVE

Clausura
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

PASAR DENTRO SIN LLAVE

 En la lectura habitual, una y otra vez compruebo que los indicios biográficos, impregnan la escritura. Parece que lo personal nunca encuentra una reclusión perfecta. No puede vencer su impulso por mostrarse.

 El pálpito de la huida. Viajo mucho para disimular mi apego excesivo a la vida sedentaria, esa quietud doméstica que tanta actitud paternalista hace crecer en los que me recomiendan programar la gimnasia en mis horarios.

Felipe González no es el enemigo; es solo un barco desanclado, a la deriva, que no supo sobrevivir a sus principios. No proceden los mensajes de odio. Hay que soportarlo a distancia, como se preservan las ruinas arqueológicas, con ironía, respeto y condescendencia.

 Aprendo a liberarme del sabotaje de los algoritmos. A no decir lo que pienso cuando me preguntan. A pensar, sin más.

Cuesta creerlo, ahora  que sufro a diario los estragos del insomnio. Hubo un tiempo en el que durante el libre discurrir de la noche también dormía.

(Apuntes del diario)


miércoles, 18 de febrero de 2026

PUNTOS DE LUZ

Interior día
Japón, largo recorrido
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

HAIKUS DEL DESPERTAR 

Puntos de luz
tus ojos. Cuando duermes
entro en la noche.
 
 
Tal vez amé.
El recuerdo ennegrece
lugar y tiempo.
 
 
Dónde mi orilla,
mi encuentro con la sombra
y  mi vacío.
 
 
Ninguna puerta
detiene el caminar
de la ceniza.
 
 
Aquel mendigo
mantuvo la mirada.
Era feliz.
  
El horizonte
se vuelve lejanía.
Punto de fuga.